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Sofía Carrasco Moraga

Psicóloga Universidad Central y terapeuta familiar acreditada. (psicologasofiacarrascomoraga.blogspot.com)

Etiquetas: , , , » Publicado: 10/12/2015

¿Qué hacen las parejas felices para ser felices?

No es fácil estar en pareja. Construir una relación requiere de un esfuerzo constante y estar consciente que nada es tan natural y espontáneo como se pinta en el imaginario social. ¿Cómo llegar a esto? Mira los consejos del terapeuta Elliot Connie, quien identificó los cinco hábitos que sacarán lo mejor de su matrimonio.

Dice George Bernard Shaw: “Del mismo modo que no tenemos derecho a consumir riqueza sin producirla, tampoco lo tenemos a consumir felicidad sin producirla”. En esta cita, el escritor deja relucir algo que toda pareja busca y eso es tanto reciprocidad como la necesidad de ser y hacer feliz. Qué complejas que son las relaciones de pareja. En ellas, confluyen dos mundos y se embarcan en la ardua tarea de crear el propio. Pero cabe decir que justamente es esa complejidad lo que las hace una experiencia tremendamente enriquecedora.

No es fácil estar en pareja. La confluencia de dos mundos que negocian un espacio en común, muchas veces desde escenarios culturales, vivenciales, de crianza e incluso hormonales muy diferentes es tarea difícil. Más aún, al alero de las construcciones sobre el ser pareja que ofrece la sociedad: “es algo natural, se da”; “si realmente nos queremos, entonces todo va a funcionar”; “él es mi príncipe azul y ella, la mujer perfecta”. ¿A quién no le caen esas imposiciones externas como un peso tanto de exigencia a nuestro compañero/a y como un estándar imperioso de cumplir? ¿Cómo podemos lograr hacer de esta relación algo nuestro, prescindir del qué dirán y del cómo debiese ser?

Elliot Connie, autor de “The solution focused marriage: five simple habits that will bring out the best in your relationship” (El matrimonio enfocado en soluciones: cinco hábitos que sacarán lo mejor de su relación), ha reunido lo que en su experiencia como terapeuta de parejas hacen las parejas felices.

Revisemos los cinco hábitos:

1. Nuestras metas son…: A menudo cuando las personas quieren lograr algo en sus vidas, el paso más crítico es establecer una meta clara y alcanzable. Esto consiste en formular de manera explícita un plan para su futuro. Algunos planifican vacaciones o simplemente un viaje; otros planifican comprar una casa o cuántos hijos van a tener. Cada pareja define lo que ambos quieren (ojo que ambos está en negritas, concluya usted) y se van ajustando a su plan con determinación y flexibilidad ante las circunstancias.

2. Sigamos con la “luna de miel” hasta el fin: Cuando dos seres humanos se conocen y comienzan a gestar una relación de pareja, hay un encuentro consciente donde cada cuál observa con atención al otro y pone todas sus energías para comprender a esta persona que le resulta tan atractiva. Cuando la relación ya tiene sus años, esta consciencia se va perdiendo, por lo que a veces se requiere re-transformar a la pareja “de años” en aquella que hizo el trabajo de enamorarse, reviviendo en la historia los detalles de todo aquello que se hizo para llegar a un compromiso más profundo en la relación. Algunas parejas retoman salir a bailar, o el “date night”, que consiste en dejar una noche a la semana, al mes, cada dos meses (lo que usted pueda) como una noche en que irrevocablemente se van a dar el tiempo de cortejarse. No necesariamente deben salir a comer, o al cine. He escuchado a muchos que prefieren quedarse en casa, acostar a los niños y prepararse un rico picoteo mientras conversan en un ambiente distendido.

3. Hablemos y luego hablemos un poco más: En el comienzo de una relación, ambos hacen sus mejores esfuerzos por tener una comunicación efectiva. Cada cual trabaja a su máximo para comprender, así como para ser comprendido, además de comunicar de tal forma que la relación se vea fortalecida. Esto se logra mediante dos hábitos sencillos. El primero es notar, o bien, darse cuenta de qué aspectos de sí mismo, del otro, de la relación son positivos y luego traer esos aspectos a la rutina de la conversación. Se trata de evidenciar y agradecer mutuamente aquello que gusta, sirve y trae dicha a la relación. El segundo hábito es simplemente practicar, lo cual requiere de esfuerzos continuos de la pareja de búsqueda de interacciones positivas. Lo anterior apunta a poder llevar a la pareja a enfocarse a sus modos de comunicación recíproca, especialmente en aquellos aspectos que son positivos de la comunicación.

4. Igual al primer día de pololeo: En los comienzos de una relación, se seleccionan cuidadosamente las palabras y las acciones con las que se corteja al otro, lo que da como resultado la felicidad del compañero y el crecimiento y cercanía afectiva de la relación. Establecer una reconexión con la mentalidad de la fase del cortejo consiste en poder replicar el estado mental en donde ambos se miran a sí mismos con amor, se hablan con la suavidad de una primera cita y actúan con la felicidad y la emoción de los primeros encuentros. Una pareja me comentó que su compañero hasta el día de hoy le llevaba desayuno a la cama.

5. Somos un equipo: Las parejas no sólo despliegan un repertorio de conductas referentes a su amor y necesidad de cercanía emocional. También deben ponerse de acuerdo en temas relacionados con la convivencia, como el manejo del dinero, los horarios, las labores domésticas, y la interacción con la familia, entre otros. Todas estas temáticas para ser resueltas deben estar precedidas por una comunicación honesta y eficiente. Y esto se logra trabajando en bloque, como equipo, entendiendo que todas las personas pueden tener defectos y virtudes. Sin embargo, la ventaja de trabajar en equipo es llegar a ocupar las propias fortalezas para superar los defectos de la pareja y viceversa, superar los propios defectos mediante las fortalezas de la pareja.

Como se puede inferir, construir una relación de pareja requiere de un esfuerzo constante y de permanecer consciente sobre diversos aspectos. Es decir, nada es tan natural y espontáneo como se pinta en el imaginario social. Como decía Gabriel García Márquez en “El amor en los tiempos del cólera”, “el problema del matrimonio es que se acaba todas las noches después de hacer el amor, y hay que volver a construirlo todas las mañanas antes del desayuno”.

Comentarios del artículo: ¿Qué hacen las parejas felices para ser felices? - Publicado: a las 8:00 am

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 17/11/2015

Terminando el año escolar: Qué hemos aprendido

El aprendizaje va más allá de las calificaciones del niño (a) o si logró o no memorizar las fechas importantes de la Guerra del Pacífico. Una comunicación fluida con nuestros hijos puede ayudar a sacarle el mayor provecho a sus experiencias.

En estas fechas, muchas familias comienzan a sopesar el término del año escolar. Curiosamente, algunos se sorprenden de los resultados de sus hijos, pensando que su desempeño académico ha sido deficiente. Algunos padres se muestran incluso defraudados y ciertamente se lo hacen saber a sus niños. Aparentemente esta actitud de los padres expresa un genuino interés por el éxito de los hijos, pero también hay un condicionamiento del cariño. Niños y niñas interpretan su nivel de logro en términos del cariño que lograrán recibir. “Con esas notas, mis padres me van a querer”; “con este promedio, no”, piensan.

Muchas veces, esta actitud viene de una idea muy rígida de lo que es el éxito y de lo que significa triunfar. En nuestro sistema escolar, el éxito va a estar definido por un buen promedio final de año, o bien, un promedio por sobre el del curso; o que los profesores nos señalen lo bien comportado y responsable que es nuestro hijo.

Pero, lamentablemente en esta definición del éxito escolar, no caben los aprendizajes que nos pueden entregar las experiencias “negativas”, como por ejemplo cuando se sacaron una mala nota, cuando tuvieron un problema con un compañero, tal vez con un profesor o cuando la falta de responsabilidad les jugó una mala pasada. Es muy importante repasar con los niños qué han aprendido durante el año en términos de su experiencia. Una simple conversación puede llevarlos a una forma de hacerse cargo de sus propios procesos de aprendizaje que va más allá de si logró o no memorizar las fechas importantes de la Guerra del Pacífico.

Para comenzar dicha reflexión, que no sólo atañe a los niños, sino también a los padres como agentes activos en el desarrollo de sus hijos, repasemos algunas áreas de importancia:

1.- Comunicación fluida con el/la profesora sobre lo que se espera de nuestro hijo. Lo primero a sopesar es qué tan fluida fue la relación con el o la profesora jefe u otros profesores de relevancia. ¿Cuántas reuniones uno a uno hubo? ¿Qué acuerdos se tomaron? ¿Las partes cumplieron dichos acuerdos? Lo relevante de este proceso es que tanto padres como alumnos tengan una idea clara de lo que sus profesores esperan de ellos. Muchas veces se dan por sentado ciertos procesos, pero los profesores son capaces de diferenciar de un individuo a otro y esperan cosas diferentes de cada uno. Así, las familias pueden planificar con más información sus procesos de estudio, saben dónde enfatizar más los aprendizajes, pero por sobre todo, se genera un vínculo de trabajo claro y explícito con el o los profesores.

Hay un cuento japonés donde un padre que meditaba con un maestro Zen, le cuenta a su mentor que está preocupado por su hijo puesto que su profesora le señaló que su hijo tenía notas deficientes en matemáticas y notas sobresalientes en artes. El maestro le pregunta “¿y qué harás?”, a lo que el padre se queda pensativo. Luego de un rato, responde: “ya lo sé, le contrataré el mejor maestro de matemáticas”. Su maestro tiernamente le corrige, “matemáticas, no. Artes, sí”.

2.- Conocimiento de nuestro hijo: qué puede hacer y qué debe mejorar. Todos somos diferentes y tenemos diferentes habilidades. Es tarea nuestra coo padres estar atentos a conocer a nuestros retoños y abiertos a explorar sus gustos y habilidades. Hay un cuento japonés donde un padre que meditaba con un maestro Zen, le cuenta a su mentor que está preocupado por su hijo puesto que su profesora le señaló que su hijo tenía notas deficientes en matemáticas y notas sobresalientes en artes. El maestro le pregunta “¿y qué harás?”, a lo que el padre se queda pensativo. Luego de un rato, responde: “ya lo sé, le contrataré el mejor maestro de matemáticas”. Su maestro tiernamente le corrige, “matemáticas, no. Artes, sí”. Como padres debemos estar abiertos a que nuestros hijos exploren sus talentos, incluso si dichos talentos no están en nuestros repertorios de éxito. Potenciar a nuestros hijos tendrá un enorme beneficio para su autoestima y desarrollo personal. Esto no quiere decir que ciertas áreas de aprendizaje quedarán vacías, sino más bien que lo que vale la pena potenciar es aquello por lo que nuestro hijo demuestra gusto, amor y talento.

3.- Ojo con la autoestima: Como padres y figuras de apego de nuestros niños, lo somos todo para ellos y la opinión que nosotros nos formamos de ellos será la que ellos tendrán de sí mismos. Es por esta razón que una actitud positiva y de aceptación hacia ellos es fundamental. Lo que necesitan de sus cuidadores es saber que por el solo hecho de existir, los respetamos y amamos. Que no necesitamos que sean como su compañero, su hermano, su primo, nadie; sólo queremos que sea sí mismo y que lo sea con plena confianza. Si nosotros lo amamos tal cual es, él o ella se amará y ese amor será la energía que lo impulsará a llevar a cabo grandes proyectos.

4.- El aprendizaje no sólo es lógico-matemático. Hay que darle importancia a la socialización como forma legítima de crecimiento y desarrollo. Somos en el juego. Por ello, debemos favorecer las instancias en que nuestros hijos puedan juntarse con sus compañeros y amigos fuera de las instancias del colegio. En países anglosajones utilizan un término muy adecuado: el Playdate. Es decir, tener una cita de juego. Cada madre, padre y cuidador se organizan y juntan a sus pequeños para que jueguen solamente, nada de tareas ni de colegio. Y esta práctica debe mantenerse cuando ya son más grandes, aunque los adolescentes organizan ya solos sus playdates.

5.- Asistencia. Puede resultar espurio preguntarse por la asistencia. Sin embargo, la asistencia a clases dice mucho sobre el esfuerzo de nuestros hijos y su familia. Primero que todo, es importante asistir a clases porque denota nuestro compromiso y responsabilidad. Pero a veces, puede pasar que faltamos a clases y es necesario tener presente cómo recuperamos el tiempo ausente. Muchas veces los niños se enferman, especialmente en época de invierno y el desafío en dichos casos consiste en conseguirse la materia y conectarse en clases con materia ya tratada. Otras veces, hay ausencias simplemente porque la organización familiar falló y nadie fue a dejar al niño o niña al colegio, o porque como cuidadores decidimos no mandarlos. Ese tipo de situaciones hay que sopesarlas cada una en su particularidad y reflexionar si vale la pena la ausencia en virtud de los esfuerzos posteriores que hay que hacer para ponerse al día.

6.- Presupuesto y tiempo para estimular el aprendizaje. El colegio es un buen punto de partida para desarrollar el aprendizaje de nuestros hijos, pero ciertamente no es el único ni menos presenta una propuesta completa. Esto porque cada niño tiene sus intereses y no necesariamente esos intereses los puede desarrollar en el colegio. Hay tantas opciones, muchas pagadas y otra, no. Sin embargo, aunque el taller lo dicte la municipalidad, la junta de vecinos, la Biblioteca de Santiago, lo cierto es que siempre se necesitaría invertir en materiales, transporte y sobre todo tiempo. Un pasatiempo requiere una inversión de tiempo considerable: los fines de semana en el fútbol, clases de guitarra en la tarde, dibujo, pintura, escritura, manualidades. Todas aquellas actividades requieren que nosotros como padres llevemos y acompañemos a nuestros hijos. Pero resulta una inversión que devuelve justos intereses en todas las esferas de desarrollo de nuestros hijos.

Tal vez, conversar acerca de estos aspectos con nuestros hijos y con nosotros mismos nos tome solo unos momentos. O puede ser que nos demos un espacio más extenso para reflexionar. Pero tengan por seguro que será tiempo bien invertido y saldrán a la palestra muchos aprendizajes. Nuestros hijos sabrán cómo es que aprenden y cómo sacarle el mayor provecho a sus experiencias, pues el conocimiento más gratificante es el que podemos lograr sobre nosotros mismos.

Comentarios del artículo: Terminando el año escolar: Qué hemos aprendido - Publicado: a las 9:00 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 03/11/2015

Mi futuro no lo decide la PSU, lo decido yo

La PSU es presentada como un momento que llevará a una elección que parece irrevocable y a veces nos desesperamos con las imposiciones que vienen desde afuera. Mi consejo a los adolescentes es que planifiquen estos días que restan con cuidado y tranquilidad.

Falta poco menos de un mes para que los adolescentes de Chile rindan la PSU. Esa prueba que algunos interpretan como aquello que definirá sus vidas, mientras que otros la ven como un reflejo de los años que han pasado. A decir verdad, es un poco cierto y un poco no cierto.

Los adolescentes que rendirán la PSU tienen alrededor de 17 y 18 años mayoritariamente. Pareciera ser que han pasado toda una vida en el sistema escolar, preparándose para el resto de sus vidas. Con este paso tomarán una decisión que los llevará a elegir un camino vocacional, una carrera universitaria, un lugar laboral donde ubicarse en esta sociedad. Pareciera ser que esa elección es irrevocable, que de aquí en adelante ya no habrá espacios para las dudas. La vida universitaria admite pocos errores y la vida laboral, ninguno.

Sin embargo, no es tan así. La verdad de las cosas es que la PSU sólo define lo que cada cual quiere definir POR AHORA. Es cierto, tal vez AHORA, un adolescente puede tener muy claro que quiere ser enfermera o prevencionista de riesgos. Y claro, se ha venido preparando para ello desde hace un par de años. Ha investigado en www.psu.demre.cl cuáles son sus opciones, ha planificado cómo llegar a obtener el puntaje que en años anteriores ha cortado la selección de alumnos, incluso puede que se haya cambiado de colegio para ajustar su puntaje ranking.

Sobre todo, ha estudiado y no sólo el último semestre del año en curso, sino desde hace, tal vez, dos años atrás cuando decidió cuál era el camino que probablemente tomaría. Esto, como digo, POR AHORA. Y está bien que sea así, pero nada dice que mañana pueda cambiar de parecer y tiene todo el derecho de cambiar. Tal vez una experiencia de vida puede hacernos cambiar el foco de nuestros intereses y llevarnos a otros caminos y aprendizajes. Tal vez, simplemente nos aburrimos y ya no podemos sacarle más partido a una misma experiencia.

Cuando miro a los adolescentes, veo la sensación de angustia que provoca estar frente a ese papel que supuestamente a sus precoces 17 años decidirá sus vidas. Pienso ojalá hubiese una forma de hacerles saber que no es para tanto, que se pueden equivocar, que pueden cambiar de parecer y que inclusive aquello puede terminar siendo una experiencia de aprendizaje y de crecimiento.

Cuando miro a los adolescentes, veo la sensación de angustia que provoca estar frente a ese papel que supuestamente a sus precoces 17 años decidirá sus vidas. Pienso ojalá hubiese una forma de hacerles saber que no es para tanto, que se pueden equivocar, que pueden cambiar de parecer y que inclusive aquello puede terminar siendo una experiencia de aprendizaje y de crecimiento.

Claramente, si nos basamos en el qué dirán, en el discurso social, todo tiene que ser pauteado y cronológico: sales del colegio, rindes la PSU, eliges y estudias una carrera, consigues empleo en esa carrera, te casas, tienes hijos, sigues en la misma carrera hasta que jubilas y ya está. Pero estamos lejos de poder llevar todos esa pauta a los hechos. Algunos sí lo pueden y bien por ellos. Pero quiero enfatizar que no es el único camino de crecimiento y formación. Existen ciertamente más opciones. Lo importante es que cada persona pueda estar atenta a ver sus opciones y que sepa que si se equivoca, puede hacer ajustes en su planificación y seguir adelante.

Ahora bien con esto no llamo a los adolescentes a que se tomen el tema a la ligera. Con mayor razón, la idea clave acá es hacer un esfuerzo considerable a desconectarse del resto y a conectarse con sí mismos: planificar con el proverbio chino en su corazón “planifica como si tu vida fuera eterna, y vive cada día como si fuera el último”. A veces nos desesperamos con las imposiciones que vienen desde afuera, la misma PSU y lo que quiere nuestra familia, olvidando completamente que la vida es nuestra y que el mayor sentido de responsabilidad es hacia nosotros mismos.

En coherencia, adolescentes, planifiquen estos 30 días con cuidado y tranquilidad. Encuentren su espacio de retiro, puede ser un parque, su habitación, el patio, una caminata, quién sabe. Una vez que ya tienen su espacio, úsenlo para reflexionar, denle vuelta a las preguntas ¿qué he aprendido en estos años de colegio? ¿Qué aspectos de mi comportamiento he podido valorar? ¿Cómo me veo en 5 años más? ¿Qué quiero construir para mi desarrollo personal? ¿Qué puedo replicar de éstas enseñanzas para lograr lo que me he propuesto? Y junto con ello planifiquen estas 4 semanas: ¿quiero repasar algo? ¿Qué información necesito para rendir mi prueba en tranquilidad? Tal vez conversar con algún adulto de su confianza para que los ayude en este proceso, es decir, informarse con responsabilidad y tranquilidad. Y por último, es necesario descansar adecuadamente. No transen horas de sueño por nada, al igual que comer saludablemente. Tanto la mente como el cuerpo son los que van a rendir esta prueba, los dos se merecen lo mejor de ustedes. Suerte, la vida es suya, háganla suya.

Comentarios del artículo: Mi futuro no lo decide la PSU, lo decido yo - Publicado: a las 9:00 am

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