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Rolando Poblete

Encargado de Proyectos Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad Central de Chile.

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 10/03/2016

La pérdida del valor y sentido de lo público en Chile

Resulta insólito oponerse a la gratuidad en educación o a la posibilidad de fortalecer los sindicatos. Pero entre las profundas consecuencias y heridas que dejó la dictadura cívico militar, y que la democracia no logró restañar, está la pérdida absoluta del valor y sentido que como sociedad tenemos de lo público.

La encuesta Adimark de febrero aporta datos interesantes para la reflexión. Más allá de los resultados a los cuales ya estamos acostumbrados en torno a la popularidad del Gobierno y la Presidenta, hay dos preguntas cuyas respuestas llaman profundamente la atención, ambas sobre el acuerdo o desacuerdo que provocan la reforma educacional y laboral.

Es importante precisar que las preguntas no buscaban evaluar la forma en que el Gobierno las está llevando a cabo, ni su oportunidad o profundidad, sino simplemente si hay, o no, una opinión favorable a tales iniciativas.

Por eso, lo llamativo es que el desacuerdo para la reforma educacional alcance al 45% mientras que en el caso de la reforma laboral se empine al 48%. Por contrapartida quienes están a favor son el 46% y 36% respectivamente.

La pregunta que uno podría hacerse es por qué casi la mitad de la población (asumiendo de antemano que más allá de la posible manipulación o errores metodológicos, las encuestas en algo reflejan la realidad), está en desacuerdo con estos necesarios cambios.

Cómo podría alguien oponerse a la gratuidad en educación (lo lógico sería oponerse a que no sea derecho universal) o a la ley de inclusión que impide la selección en los colegios que son financiados por todos nosotros a través del Estado; o a la posibilidad de fortalecer los sindicatos y aumentar el poder de negociación de los/as trabajadores frente a los empresarios, precisamente en un país en que los abusos de algunas empresas son parte de lo cotidiano. De verdad resulta insólito.

La única revolución llevada a cabo en Chile, como califica Tomás Moulián a la “obra” del régimen, no sólo generó muerte y desolación, sino también un profundo cambio valórico que trastocó nuestra de forma de concebir la vida como colectivo y, particularmente, el rol del Estado en la satisfacción de nuestra necesidades y en el resguardo de los derechos sociales.

Entre las profundas consecuencias y heridas que dejó la dictadura cívico militar, y que la democracia no logró restañar, está la pérdida absoluta del valor y sentido que como sociedad tenemos de lo público.

La fuerte segmentación impuesta por la dictadura y defendida hasta hoy incluso por los propios “segmentados” (la Confepa fue un claro ejemplo, lo mismo quienes asumen y legitiman que la educación o salud son bienes de consumo que dependen de la capacidad de pago individual), generó la disminución y anulación de los espacios de encuentro, instalando en su lugar la desconfianza frente al otro/a y un miedo a lo colectivo del cual resultará difícil recuperarnos.

Por eso, en tanto no seamos capaces de entender lo que significa la vida en sociedad, lo que implica tener derechos sociales como ciudadanos y el rol del Estado como garante de ellos (y no como mero agente subsidiario que termina financiando a los privados), será complejo dejar de lado el individualismo que nos caracteriza y avanzar hacia una verdadera convivencia democrática basada en el valor de lo público y no del mercado.

Comentarios del artículo: La pérdida del valor y sentido de lo público en Chile - Publicado: a las 2:00 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 09/11/2015

Piñera y el éxito del “camino de los que han fracasado”

Deliberadamente el ex Presidente omite que son precisamente las naciones más desarrolladas y altamente competitivas a nivel mundial, las que han asumido que la educación es un asunto del Estado y un derecho que debe ser resguardado, que es precisamente el camino que ha emprendido Chile.

En un seminario en el centro de conferencias de la Sofofa, el ex Presidente Sebastián Piñera arremetió contra las reformas señalando que “Chile sigue el camino de los que han fracasado”. Incluso se dio el tiempo de afirmar que “un futuro Gobierno va a tener que hacer profundas reformas a las reformas”. Se refería, por cierto, al conjunto de transformaciones que ha impulsado el actual Gobierno y que han apuntado a lograr mayores niveles de equidad en el país especialmente en el ámbito educativo.

Aunque no sabemos muy bien cuáles son los países que han fracasado ni cuál es el criterio que de acuerdo a Piñera permite distinguir nítidamente entre éstos y los más exitosos, me parece que deliberadamente el ex Presidente omite que son precisamente las naciones más desarrolladas y altamente competitivas a nivel mundial, las que han asumido que la educación es un asunto del Estado y un derecho que debe ser resguardado, que es precisamente el camino que ha emprendido Chile.

En efecto, basta hacer un rápido recorrido por distintos modelos educacionales para comprobar que el estado tiene una alta presencia en todos los niveles, reduciendo la participación de los privados a un espacio mínimo y acotado fundamentalmente a escuelas o colegios confesionales.

Por ejemplo, en Finlandia cuyo modelo es admirado en el mundo entero, se abolió la selección de las escuelas en el año 1978 y aunque se hizo en forma gradual (¿les suena la gradualidad de las reformas?) se lograron reducir de manera significativa las desigualdades en el rendimiento entre estudiantes de orígenes sociales diversos. De hecho, hoy se encuentran y comparten ricos y pobres en los mismos centros educacionales, con lo cual no sólo se democratiza el acceso a la educación, sino también el acceso al conocimiento y se avanza hacia una sociedad menos segregada. Por otro lado, todos los niveles educativos son gratuitos, incluida la educación superior tanto para los propios finlandeses como para los extranjeros.

Tal vez sea necesario que el ex Presidente Piñera revise sus declaraciones, porque él y su sector empecinados en mantener un sistema a todas luces inequitativo y de mala calidad, son precisamente quienes nos llevarán irremediablemente por el camino de los que han fracasado.

Podríamos seguir enumerando modelos exitosos en diferentes regiones del mundo y con seguridad lo que encontraríamos como elemento común, es que en todos ellos la educación es asunto del Estado, con una presencia mínima de gestores privados, sin selección y con gratuidad en todos los niveles.

¿Qué ocurrió en Chile entonces que hicimos todo lo contrario? Precisamente, utilizando la brillante metáfora del ex Presidente Piñera, seguir el camino de los que han fracasado. En efecto, la dictadura cívico militar impuso un modelo educacional de mercado cuyas consecuencias han sido la alta segregación de la educación, las profundas brechas de aprendizajes y rendimiento entre estudiantes de mayores y menores ingresos y, como consecuencia de la privatización, los altos niveles de endeudamiento de las familias, sin que eso sea a su vez una garantía de calidad. Al parecer hicimos todo mal.

Por lo mismo, tal vez sea necesario que el ex Presidente Piñera revise sus declaraciones, porque él y su sector empecinados en mantener un sistema a todas luces inequitativo y de mala calidad, son precisamente quienes nos llevarán irremediablemente por el camino de los que han fracasado.

Comentarios del artículo: Piñera y el éxito del “camino de los que han fracasado” - Publicado: a las 8:09 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 02/11/2015

Participación y cambio constitucional

Quienes argumentan que no es necesario contar con una nueva Constitución no quieren abandonar su seguridad cómoda y abrirse a un debate verdaderamente democrático. Y en este proceso de educación cívica relevante, las universidades y particularmente las Facultades de Educación tienen mucho que aportar.

Una reciente encuesta de opinión muestra que cerca del 70% de la población está de acuerdo con el cambio constitucional (Radio Cooperativa, Imaginacción y Universidad Central). Al margen de las dudas que puedan generar los sondeos de opinión pública de esta naturaleza o sus eventuales márgenes de error, es indiscutible que marcan una tendencia. Lo relevante, sin embargo, es que éste y otros instrumentos que van en la misma línea, echan por tierra los permanentes cuestionamientos que sectores políticos interesadamente han hecho acerca de la necesidad, o más bien la ausencia de ella, de contar con una nueva Constitución, argumentando que no es prioridad de los/as chilenos/as porque son otros los temas que nos preocupan.

Cómo no va a ser prioridad pensar en el país, modelo de desarrollo, sistema educación, de salud que queremos. O la relación que tendremos con el medio ambiente, el rol del Estado e incluso, el del mercado.

Asumir que eso no es relevante es de una profunda mezquindad, más cuando nos dicen que deben ser unos pocos quienes tomen esas decisiones por nosotros. Lo que queda claro con ese tipo de argumentos, es que no es de interés de ellos, porque cómplices como fueron de una Constitución que carece de legitimidad de origen, no quieren abandonar su seguridad cómoda y abrirse a un debate verdaderamente democrático.

Como sea, es indiscutible que estamos frente a una oportunidad histórica y acaso única para pensar como colectivo -como sociedad que se reconoce en la diversidad- el país que queremos. Sin embargo, se debe tener claro que debemos vencer un conjunto de obstáculos para alcanzar ese fin. Por lo mismo tiene sentido que una de las etapas del proceso sea la educación cívica, porque requerimos herramientas para integrarnos a una discusión de esta envergadura. La participación es una relación de doble vía, como señalaba un querido profesor: la oportunidad que se abre desde la política y la capacidad de tomar esos espacios. Hoy tenemos un déficit en ambos.

En ese marco, las universidades y particularmente las Facultades de Educación tienen mucho que aportar, reconociendo y reivindicando el sentido profundamente político del acto de educar. Y no puede ser de otra forma cuando lo que está en juego es la formación de quienes en un futuro cercano serán los responsables de conducir el desarrollo de nuestro país o de educar a nuestros/as niños y niñas.

Por lo mismo mirarnos, revisarnos y recuperar nuestro rol social y político, como instituciones formadoras es de la mayor relevancia, porque en la era de la información y el conocimiento la técnica y la transmisión de datos se han erigido en la finalidad del acto educativo. Sin embargo, sabemos que eso no basta. Menos cuando requerimos que sea la ciudadanía la que tome los espacios y el protagonismo en la generación de los cambios que nos conviertan en una sociedad desarrollada, en que la justicia social, los derechos humanos y la democracia sean valores irrenunciables.

Comentarios del artículo: Participación y cambio constitucional - Publicado: a las 7:00 am

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 08/09/2015

Ley de Inclusión Educativa, la consagración de un derecho

Resulta curioso que ninguno de los agoreros del mal como la Confepa, la derecha política y otros actores sociales, hoy levante la voz o hagan videos para insistir en su férrea oposición a la gratuidad.

El Mineduc dio a conocer que en el marco de la aplicación de la Ley de Inclusión aprobada en enero pasado, 783 colegios particulares subvencionados pasarán a ser completamente gratuitos el 2016 y sólo 20 permanecerán como particulares pagados. Incluso algunos colegios, con el aporte del Estado, recibirán muchos más recursos de los que percibían de las familias de sus estudiantes, con lo cual contarán con mayores posibilidades de invertir en áreas o ámbitos que impacten en la calidad educativa.

Es cierto que estos colegios corresponden a aquellos con menor copago y que representan un porcentaje bajo en relación a los más de 6.000 que están en la misma condición: así lo determina la gradualidad en la implementación de la ley. Sin embargo, nadie podría dudar que para las cerca de 240 mil familias favorecidas en esta primera etapa -probablemente muchas de ellas vulnerables- la gratuidad significará un gran avance y por cierto un ahorro.

Aunque resulta pronto para elucubrar en torno al comportamiento futuro del resto de los colegios, es importante señalar que al menos para estos primeros la gratuidad no supuso la obligación de cerrar, ni tampoco una amenaza para la libertad de elección de las familias o el desarrollo de los proyectos educativos por los cuales han optado. Simplemente ha significado, ni más ni menos, la consolidación y restitución de un derecho ciudadano.

Por lo mismo resulta curioso que ninguno de los agoreros del mal como la Confepa, la derecha política y otros actores sociales, hoy levante la voz para insistir en su férrea oposición a la gratuidad, argumentando que ésta ponía en riesgo la continuidad de los colegios. Curioso que no inviertan dinero, realicen videos ni organicen marchas para explicarles a las familias de estos 783 colegios que la gratuidad es una acción propia de un estado totalitario destinada a conculcar su posibilidad de elegir.

Al parecer la porfiada realidad les ha mostrado -es de esperar que sea así- que después de todo consagrar derechos no es un acto que coarta la libertad de pensamiento ni menos la posibilidad de emprender, por el contrario es un avance en la democratización y en la generación de una sociedad más justa y equitativa.

Comentarios del artículo: Ley de Inclusión Educativa, la consagración de un derecho - Publicado: a las 6:00 am

Etiquetas: , , , , , , , » Publicado: 15/07/2015

Chile: Crisis y cultura del miedo

Freud en su clásico texto El Malestar en la Cultura, declaraba que “el precio del progreso cultural debe pagarse con el déficit de dicha”. Y algo le pasa a Chile. ¿Cómo entender los rumores sobre un posible desabastecimiento de combustibles, sobre la morgue de Copiapó sobrepasada de cuerpos del aluvión, la paranoia por la lluvia o el colapso de la economía?

¿Qué le pasa a Chile? es la pregunta que hasta la propia Presidenta de la República se ha hecho en diferentes medios de comunicación para intentar entender lo que ocurre en nuestro país. La duda tiene una vigencia insospechada cuando vemos situaciones como las vividas a propósito del rumor infundado que ocurrió recientemente sobre un posible desabastecimiento de combustibles: curioso, por decir lo menos, que seamos capaces de correr a las estaciones de servicio -aumentando de paso las ventas y las ganancias de sus dueños- y soportar largas filas porque alguien dijo a través de una red social que venía un paro indefinido.

Insólito que una persona entrevistada diga a un medio que “estamos casi como en la UP”, y más raro todavía es que se constituya en una noticia de interés nacional, opacando la nueva alza de los combustibles que se vivirá esta semana.

Como olvidar el rumor difundido a través de medios electrónicos sobre la morgue de Copiapó sobrepasada de cuerpos o el container con trabajadores desaparecidos en medio del aluvión, como si no fuese suficiente la tragedia vivida para seguir sumando incertidumbre y dolor.

Qué decir de la paranoia que emana incluso desde los órganos oficiales a propósito del frente de mal tiempo que se avecina, recomendando tomar precauciones ante una lluvia que lo único que debiera provocarnos es alegría y el justo alivio por una de las peores sequías de las cuales tengamos memoria. ¡Como si nunca hubiese llovido sobre Santiago!

Y por si fuera poco -basta ver los titulares de las noticias- distintos sectores nos hablan del eventual colapso de la economía que generará una crisis sin precedentes en Chile, lo que obliga a repensar las tan esperadas reformas e incluso postergarlas para un mejor momento que quién sabe cuándo llegará.

En efecto, algo le pasa a Chile.

Al parecer se ha instalado una verdadera cultura del miedo confundida e imbricada con una sensación de crisis que copa buena parte de los espacios en los cuales transcurre nuestra cotidianeidad. Freud en su clásico texto El Malestar en la Cultura, declaraba que “el precio del progreso cultural debe pagarse con el déficit de dicha”. Esa relación entre progreso y felicidad anunciada casi un siglo atrás parece cobrar pleno sentido cuando observamos, precisamente, que son las sociedades más desarrolladas las que albergan en su seno bajos niveles de satisfacción de sus ciudadanos. Curiosa tendencia que pone entredicho los pilares que sustentan la sociedad del consumo y la felicidad prometida que se asoma junto a ella.

Lo paradójico es que nunca en la historia de la humanidad, ni en la nuestra en particular, se había alcanzado tal nivel de progreso científico y tecnológico; nunca habíamos logrado tener a nuestro alcance grados de información siempre crecientes e inmediatos (quién podría dudar de las ventajas del WhatsApp o Twitter); y nunca pudimos comprar como hoy, por cierto a través del crédito, tantos bienes de consumo que no hace mucho requerían toda una vida de ahorro y esfuerzo para su adquisición.

Y pese a eso, al cumplimiento de la promesa de la modernidad acerca del progreso material (aunque desigualmente distribuido), pensamos y sentimos que algo nos falta para estar seguros, para dejar de tener miedo frente a un futuro cada vez más incierto y a un mercado que colma invariable e implacablemente todos los ámbitos de nuestra vida.

Y el miedo paraliza, y lo que es peor, anula nuestra mínima capacidad crítica para comprender que alguien se beneficia invariablemente con nuestros temores.

Comentarios del artículo: Chile: Crisis y cultura del miedo - Publicado: a las 9:00 am

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 26/06/2015

Nuevos instrumentos para el Simce, una responsabilidad docente

Por estos días en que los profesores mantienen un paro para mejorar la carrera docente y cuestionan los procedimientos de evaluación propuestos, es conveniente que se detengan a reflexionar como gremio acerca de los resultados del Simce 2014.

Los estudios realizados en educación establecen que los factores que explican el desempeño académico de los/as estudiantes son múltiples y que con distintos grados de influencia está el capital cultural de las familias, el contexto social del cual provienen y ciertamente la gestión que realiza la propia escuela.

Algunas perspectivas, como la denominada “escuelas efectivas” ponen el énfasis precisamente en la capacidad de los centros educativos, sus directivos y docentes -al margen de la situación propia de los hogares de los cuales provienen- en obtener logros académicos, demostrando que pese a las adversidades y las condiciones de vulnerabilidad en la cual desarrollan su labor formativa “se puede”.

Para sostener esta afirmación existe un conjunto de evidencias relacionadas con escuelas que en efecto han mejorado sustantivamente sus resultados en las pruebas estandarizadas, las mismas que el Colegio de Profesores tanto ha cuestionado.

Por estos días en que los/as maestros/as mantienen un paro para mejorar la carrera docente y cuestionan los procedimientos de evaluación propuestos, me parece que sería conveniente que se detengan a reflexionar como gremio acerca de los resultados del Simce 2014.

Tanto Lenguaje como Matemática tuvieron una baja, aunque sólo en el primer caso significativo. Como sea, no es posible que la mera descalificación del instrumento sea argumento para desestimar la responsabilidad que les cabe en estos resultados. A estas alturas no basta con insistir en la necesidad de una formación integral, cosa que nadie podría cuestionar, señalando que el Simce está lejos de medir las competencias que los/as estudiantes pueden desarrollar en ese ámbito porque tiene una mera vocación mercantil. Sin embargo, es obvio que nuestros niños/as deben aprender matemática o ser capaces de comprender lo que leen y eso también es parte de una formación integral. Por lo mismo, sería conveniente que el propio Colegio de Profesores proponga un instrumento de medición que asegure los estándares que ellos mismos reclaman.

Mientas eso pasa y bajo el supuesto que no son los únicos que deben rendir cuentas por la calidad de nuestra educación, sugiero que como gremio también puedan hacer una autocrítica frente a resultados que hablan a todas luces de serias deficiencias. Tal vez eso les otorgue mayor legitimidad para negociar nuevas formas de evaluación o incrementos salariales.

Comentarios del artículo: Nuevos instrumentos para el Simce, una responsabilidad docente - Publicado: a las 9:17 am

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 05/06/2015

El valor de la política, ¿una acción colectiva?

El académico Ricardo Poblete analiza en este artículo la verdadera cultura del miedo instalada en el país, la práctica del “salvarnos solos” y la desconfianza hacia la política. Y asegura que la acción del movimiento estudiantil revela que sólo se puede salir de la crisis con más y mejor política.

En una reciente columna publicada en un medio, el profesor Rodrigo Larraín hace una comparación entre la Alemania pre nazi y el Chile actual, concluyendo luego de la enumeración de diversos hechos que “el fascismo ya llegó (a nuestro país) y no se lo quiere ver.” Muchos de los elementos que el profesor Larraín esgrime para llegar a tan tajante conclusión pueden ser acertados, partiendo por el hecho indiscutible que ya vivimos una experiencia de fascismo entre nosotros y que tuvo y tiene partidarios.

Sin embargo, más allá del acuerdo o desacuerdo que la columna y su arriesgada conclusión pueden generar -que por cierto no comparto- me parece que es interesante profundizar en el diagnóstico que se esboza y que nos sitúan en una especie de “crisis social.”

A estas alturas nadie medianamente sensato podría poner en duda que el paso por la experiencia traumática de la dictadura cívico-militar, apoyada por un porcentaje no despreciable de chilenos y chilenas, ha dejado profundas consecuencias en el tejido social. Ya en el año 1998 el Informe de Desarrollo Humano en Chile del PNUD señalaba claramente que en nuestra sociedad se había instalado un miedo al otro en que “resuenan otras inseguridades; aquellas provocadas por el debilitamiento del vínculo social, del sentimiento de comunidad y, finalmente, de la noción misma de orden.”(PNUD; 1998: 128).

La fuerte segmentación impuesta por la dictadura y defendida hasta hoy incluso por los propios “segmentados” (la Confepa es un claro ejemplo), generó la disminución y anulación de los espacios de encuentro entre diversos, instalando en su lugar la desconfianza frente al otro/a y un miedo del cual resultará difícil recuperarnos. Más claramente, el informe del PNUD citado afirma que entre los años 70 y 80 la sociedad chilena se encontraba dominada por una “verdadera cultura del miedo”: miedo al comunista, al subversivo, al represor, al delator.

No tengo dudas que algunos/as de los que enrostran con ira la corrupción de los políticos son los mismos que sin asomo de culpa o vergüenza evaden el pasaje en el Transantiago; compran en las farmacias o supermercados cuando sus trabajadores están en huelga

Poco los gobiernos de la Concertación hicieron para revertir esa situación. Por el contrario, la incapacidad para reformar de verdad el modelo neoliberal ha generado un individualismo extremo y ha trasladado los miedos de antaño hacia otros sujetos (inmigrantes; homosexuales; indígenas; jóvenes; grafiteros) y ciertamente hacia un conjunto de situaciones que hoy nos afectan en distinta medida: miedo de perder el trabajo, porque sabemos que del otro lado está la posibilidad de llegar a un punto insostenible, una especie de “default” individual que nos enfrentará a las terribles penas que el mercado establece para quienes no se adecuan a sus exigencias; miedo a enfermarnos, porque mejorarnos depende en gran medida de nuestra capacidad de pago; miedo de envejecer, conscientes que nuestras pensiones nos condenarán a una inevitable precariedad; miedo que nos roben aquello que hemos comprado y nos hace ser parte de una “comunidad de usuarios”; tenemos miedo, y esto es lo terrible, de que nuestra seguridad se caiga al suelo y se rompa al estrellarse contra una realidad que no perdona ni ayuda a ponerse de pie. Imposible juntar las partes hecha trizas, porque ni el mercado, ni el Estado, ni nadie nos ayudarán a recuperar esa seguridad mínima que requerimos para poder vivir: hoy todos somos vulnerables.

La desconfianza hacia la política es parte de lo mismo. Es cierto que nuestra clase política deja mucho que desear, pero en el fondo la mala calidad de la política también habla de la poca o escasa capacidad ciudadana para tomar los espacios, reducidos por cierto, en que podemos tener alguna incidencia. No tengo dudas que algunos/as de los que enrostran con ira la corrupción de los políticos son los mismos que sin asomo de culpa o vergüenza evaden el pago del pasaje en el Transantiago; estacionan en los espacios reservados para personas en situación de discapacidad; no respetan los pasos de cebra; se saltan la fila en el supermercado o se instalan en las cajas rápidas con sus carros llenos; compran en las farmacias o supermercados cuando sus trabajadores están en huelga; organizan redes a nivel de carreras universitarias para copiar en las pruebas; evaden impuestos o sin ir más lejos pueden disparar a dos jóvenes a mansalva.

Honestamente entre unos y otros no hay mucha diferencia, porque en todos ellos persiste la indiferencia absoluta hacia el otro, hacia lo que implica vivir en sociedad y respetar reglas mínimas de convivencia. Siendo así únicamente nos queda “salvarnos solos”. Por eso tenemos serias dificultades para pensarnos como un colectivo que incluye e integra, que respeta la diversidad. Y la política es eso precisamente: el valor de la acción colectiva.

Estoy consciente que en este negro panorama hay excepciones. Probablemente el movimiento estudiantil lo sea. La lección que nos dejan es que solo se puede salir de la crisis con más y mejor política, y eso, nos guste o no, es responsabilidad de todos y todas.

Comentarios del artículo: El valor de la política, ¿una acción colectiva? - Publicado: a las 8:31 am

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