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  • Rodrigo Durán Guzmán

Rodrigo Durán Guzmán

Periodista y Magíster © Comunicación Internacional UDP. Diplomado en Comunicación Corporativa PUC. @rodugu

Etiquetas: , , , , » Publicado: 12/04/2016

Consensos, una oportunidad para restituir la confianza

Si algo marcó al Chile del retorno a la democracia, y recibió las loas desde diversas partes del mundo, fue la ejemplar transición democrática cuya base fue, precisamente, una política de acuerdos o consensos.

Si algo marcó al Chile del retorno a la democracia, y recibió las loas desde diversas partes del mundo, fue la ejemplar transición democrática cuya base fue, precisamente, una política de acuerdos o consensos.

Días atrás un grupo de ex ministros, economistas y políticos hizo un llamado a revalorizar los consensos. Entre las más de 30 personalidades, de todos los colores y sectores político – ideológicos, el diagnóstico actual del país es claro y transversal: existe un alto grado de desprestigio de la política; hay una evidente necesidad de fortalecer iniciativas que permitan expandir el empleo; y es urgente restituir el valor de alianzas público – privadas como motor de dinamismo social y que ha existido un excesivo crecimiento del Estado.

Todos estos elementos han marcado los últimos dos años de un país que vio la llegada de una retroexcavadora cuando la lógica, especialmente con miras a un desarrollo sostenido, con un crecimiento en libertad y equidad, apuntaba más hacia una sembradora que permitiera, en el mediano – largo plazo, sembrar para luego cosechar frutos de prosperidad en directo beneficio de las chilenas y chilenos.

Este escenario de pesimismo, polarización y desafección ha estado caracterizado por falta de escucha, de diálogo y de construir acuerdos o consensos que permitan el avance social y no su estancamiento o incertidumbre. Es efectivo que Chile necesita reformas que respondan a las necesidades actuales de la población pero éstas deben necesariamente ser bien pensadas, de forma colectiva, representativas del territorio y no formuladas a partir de sesgos, tozudez u otros que sólo aportan a entrabar los procesos y favorecen la improvisación.

En un contexto como el actual, los consensos aparecen propicios para tender puentes, favorecer la mejora continua de los instrumentos legislativos e iniciativas parlamentarias y la posibilidad de forjar, entre todos, el país que es de todos y no de unos pocos o según el color político que gobierne.

Pero claro, tanto para el oficialismo como la oposición tradicional este escenario de desencuentro nacional favorece sus propios posicionamientos, que han estado sostenidos por los viejos dogmas heredados de la dictadura como son el Sí y el No, izquierda – derecha, etc. Es mucho más fácil mantener el status quo que atreverse con proyectos nuevos y modernos, capaces de generar espacios de interacción y encuentro con los ciudadanos y con una mirada amplia, tanto de presente como futuro, del Chile que queremos. Pero esto conlleva valentía, arrojo, trabajo y capacidad de generar consensos que vayan más allá del ombligo.

Si algo marcó al Chile del retorno a la democracia, y recibió las loas desde diversas partes del mundo, fue la ejemplar transición democrática cuya base fue, precisamente, una política de acuerdos o consensos. Éstos permitieron dotar de estabilidad a un país convulsionado, que necesitaba reencontrarse, que requería de unidad para salir de la crisis sin perder el norte del desarrollo, de combatir la extrema pobreza y la desigualdad, entre otros.

Todo eso y más fue posible, entre otras variables, gracias a los consensos, esos espacios donde no existen izquierdas o derechas, donde entendemos que por definición todas las personas somos diferentes y que esa diversidad enriquece la discusión, donde los intereses individuales e ideológicos quedan a un lado en favor de un bien mayor que es la sociedad, la comunidad, en un marco de tolerancia y respeto donde opiniones contrarias logran converger en un espacio donde no hay cabida para personalismos, descalificaciones o los dimes y diretes propios del juego político.

De ahí en más que los consensos, además de otorgar estabilidad y fortalecer la democracia, se constituyen como una posibilidad inmejorable para recuperar algo que durante el último tiempo se ha extraviado y, como nación, necesitamos recuperar: me refiero a la confianza.

Tal es la importancia de esta última que está demostrado, en la literatura, que cuando existe confianza las acciones gubernamentales, por ejemplo, se harían más eficientes y eficaces, los costos de transacción e implementación disminuyen, la ciudadanía se adhiere en mayor medida al Estado de Derecho y valora las conductas cívicas como mecanismos de resolución de conflictos y legitimación, se hace posible la implementación de reformas estructurales con beneficios a largo plazo y ayuda a incrementar la confianza en la economía, facilitando la toma de decisiones que favorezcan el crecimiento. El concepto de confianza es tan fundamental que está revestido de normalidad. La confianza se da por obvia y evidente por sí misma aun cuando la realidad nos demuestra lo contrario entendiendo que su complejidad, sus posibilidades y su fragilidad hacen que sea un concepto de difícil comprensión e imposible de fabricar: si se impone, si se exige o si se apela a ella, entonces probablemente se contribuirá a su disminución.

La confianza requiere necesariamente tolerancia, consensuar posiciones, capacidad de escuchar, abrir espacios de diálogo y participación, de personeros políticos percibidos como honestos por parte de la opinión pública. A su vez, y en beneficio de la confianza, ésta requiere la salida inmediata de la escena pública de quienes estén involucrados en actos negativos tales como corrupción, tráfico de influencias, cohecho, abuso de autoridad y otros que menoscaban el ejercicio de la actividad pública recibiendo sanciones ejemplificadoras y no meros placebos judiciales.

¿Cómo se construye confianza? ¿Es posible construir confianza a nivel país? Estas preguntas nos interpelan como sociedad especialmente por las implicancias que tiene para el desarrollo de nuestro país. Con todo, y como oportunidad, comencemos por recuperar la capacidad de (re) encontrarnos unos a otros, de entender que existe un bien mayor que es Chile, que pensar distinto no es un crimen sino una enorme posibilidad para mejorar nuestras condiciones de vida, de valorar las diferencias entendiendo existen para generar sinergias, en lugar de conflictos, que nos beneficien y permitan construir sociedad.

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Etiquetas: , , , , » Publicado: 21/03/2016

Brasil, la alegría ya viene

Mientras algunos buscan ver fantasmas golpistas donde no los hay, la comunidad internacional debe entender que cada día que pasa aumenta la incertidumbre y la tensión social en el país gobernado por Dilma Rousseff.

Los tiempos del país con la población más feliz del mundo parecieran estar lejos. Actualmente la potencia sudamericana atraviesa momentos de tensión en una coyuntura donde han marcado la agenda temas como la corrupción, el abuso de la autoridad, el encubrimiento de delitos económicos, la recesión económica y la búsqueda constante de cualquier triquiñuela por zafar de la justicia.

Estos problemas han puesto a Brasil en el foco de la atención mundial dado el descontento ciudadano con su Presidenta Dilma Rousseff, quien ha sufrido el desplome de su respaldo a medida que avanza una investigación que alcanza a su círculo íntimo sobre los sobornos y arreglos políticos en torno a la petrolera estatal Petrobras (entre los años 2003 y 2010, Dilma presidió el Consejo Directivo de esta empresa).

El apoyo a Rousseff ha pasado de un 42% en diciembre a un 23% en febrero, y recientemente, como guinda de la torta, la justicia ha empañado la fiesta de asunción de Lula da Silva como nuevo ministro, en una llegada al gabinete que le permite obtener fueros y evadir, así, las causas por corrupción que enfrenta.

El clima está marcado por los duros enfrentamientos entre manifestantes pro – gobierno y opositores que se han tomado las calles y avenidas brasileñas en un contexto donde la economía brasileña se encuentra estancada en la peor recesión en una generación.

Con todo, no han faltado voces desde el oficialismo de ese país que han tildado a los opositores de “golpistas”, en algo muy similar a lo que acontece en Venezuela. Pero lo cierto es que en la comunidad internacional quedó instalada una señal de alerta ante un posible levantamiento de ciudadanos agotados y agobiados de políticos corruptos.

De paso, el conflicto ha puesto en el tapete el concepto de “impeachment”, el cual es una figura del derecho anglosajón (específicamente en Estados Unidos y Gran Bretaña) mediante el cual se puede procesar a un alto cargo público, en este caso, ni más ni menos que a la Presidenta de una otrora potencia mundial.

Como vemos, los brasileños opositores a Rousseff lo que buscan no es un golpe de Estado sino que simplemente se haga justicia y quienes tienen responsabilidades las asuman, con los costos y consecuencias que ello implica porque así lo demanda el Estado de Derecho… cuando se valida y se respeta.

Mientras algunos buscan ver fantasmas golpistas donde no los hay, la comunidad internacional debe entender que cada día que pasa aumenta la incertidumbre y tensión social. Ya se vislumbraron algunas pinceladas durante la realización de la Copa Mundial de Fútbol donde se gastaron millones de dólares en estadios, cuyos precios –según se descubriría posteriormente- fueron sobrevalorados en forma grotesca ante la mirada atónica de ciudadanos que veían cómo el Estado despilfarraba los recursos existiendo necesidades en áreas sensibles tales como salud, educación, seguridad ciudadana y generación de empleo, entre otros.

Lo que hoy acontece en el país no es algo que haya ocurrido de la noche a la mañana sino que, a modo de analogía, es una olla a presión que está alcanzando sus máximos de ebullición y que bien podría desencadenar hechos de violencia. Sin embargo, esta crisis tendrá una solución en la medida que sus líderes, puntualmente quienes ostentan el poder en Brasil, recapaciten y pongan la necesaria cuota de cordura. Aun cuando eso los lleve a dar un paso al costado.

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Etiquetas: , , , , » Publicado: 07/03/2016

Del “puta Jefe” al “Buena Gefe”: Liderazgo en tiempos modernos

En un entorno cada vez más dinámico las competencias, tanto profesionales como blandas, adquieren mayor realce en términos del liderazgo cualquiera sea el ámbito de acción. Bienvenidos a la época de los “Gefes”, o también conocidos como “gestores de la felicidad”.

A quién no le ha pasado. Por más comprometido que usted esté con la organización, sus resultados sean exitosos y fortalezcan la institucionalidad corporativa de la entidad para la cual usted presta sus servicios siempre existirá ese talón de Aquiles de la negatividad que encontrará todo malo, le aportará poco o nada en su desarrollo profesional, por ende en su felicidad, y lo responsabilizará de ser el causante del incumplimiento de las metas fijadas por la organización, entre otros.

En este contexto un buen liderazgo adquiere alta relevancia toda vez que puede ser quien impulse el desarrollo, tanto individual como colectivo, de su equipo de trabajo o bien termine por sepultar sus anhelos y aspiraciones generando reacciones similares a las de los protagonistas del filme “Horrible bosses” (“Quiero matar a mi jefe”) donde el denominador común (salvo el personaje de Charlie Day que es acosado por Jennifer Aniston… así cualquiera) nos muestra Jefes incapaces de reconocer el mérito o esfuerzo para obtener un ascenso y todo lo que ello conlleva (Jason Bateman versus Kevin Spacey) o bien líderes cuyo único fin es hacer mal uso de los recursos sin pasión, compromiso y dilapidando la fortuna familiar a costa de sus trabajadores (Jason Sudeikis versus Colin Farrell) lo cual forma parte de lo que en la actualidad se denomina como administración antigua o tradicional dando paso a un nuevo concepto orientado al bienestar y felicidad de los empleados: hablamos de los Gefes (o también conocidos como “gestores de la felicidad”).

Ya en el año 2011, en un estudio realizado por Harvard Business Review, se planteaba que el nivel de felicidad tiene un profundo impacto en la creatividad y compromiso de los trabajadores (actualmente también se les denomina colaboradores) constituyéndose en algo fundamental para la administración moderna. En cuanto a la relación Chile – Felicidad, y según el último informe que realizó la universidad de Columbia para las Naciones Unidas, Chile se ubica en el lugar 43 en base a una muestra que consideró 156 países. A nivel regional salió 12 sobre una muestra de 26 países. En esa ocasión, se preguntó qué tan felices eran los trabajadores con escala del 1 al 10. La respuesta nacional promedio fue 6.

Estos Gefes han ido ganando terreno gracias a variables y atributos que poco a poco las empresas han ido reconociendo tales como la capacidad para hacer sentir a sus colaboradores como “talento único” dentro de la empresa para sacar el trabajo adelante y proporcionar así el beneficio tangible. Así también es capaz de RENOVAR (REtomar la NObleza de los VAlores que Responden, a saber: honestidad, autenticidad, empatía, alegría, superación, mérito individual y esfuerzo colectivo). Lo anterior, ya sea en el corto, mediano o largo plazo, se traduce en nuevos conceptos tales como CLIMA (CLientes MAravillosos que valoran la experiencia de interacción y servicio de la institución) en una organización que dará muchos BESOS (BEneficios SOStenibles) a sus equipos los cuales se traducen no sólo en compensaciones económicas (que de paso se convierten en políticas que repercuten en la sostenibilidad de la empresa) sino también desarrollo de carrera al interior de la organización, posibilidades de perfeccionamiento mediante educación o formación continua, flexibilidad horaria permitiendo más tiempo con la familia e involucramiento de ésta en el quehacer de la organización posibilitando el sentido de pertenencia , etc.

De esta manera se entiende que dentro de los desafíos u objetivos corporativos de las empresas modernas existan acápites orientados a crear mejores ambientes de trabajo que promuevan empleados más realizados y felices entendiendo que éstos son más productivos, creativos y es menos probable que se vayan lo cual contrasta con aquellas organizaciones que no reconocen este tipo de acciones como parte de su balanced scorecard donde se constata, por ejemplo, una tasa de rotación alta además de falta de compromiso con la institución lo cual impacta no sólo en los estados de resultados sino también en la compenetración y formación de equipos de trabajo estables lo cual nos recuerda canciones emblemáticas tales como “Puta Jefe” de GLUP o también “Jefe” de Sinergia. De hecho, ¿existirá o conoce usted alguna canción que hable a favor de las jefaturas?

En un entorno cada vez más dinámico las competencias, tanto profesionales como blandas, adquieren mayor realce en términos del liderazgo cualquiera sea el ámbito de acción. En la práctica, aquellas empresas que realmente quieran sobrevivir y obtener beneficios sostenibles, deben estar capitaneadas por esta nueva figura: un líder buena persona, que reconoce a sus colabores y desarrolla su inteligencia emocional, capaz de medir el beneficio intangible de sus empleados para convertirlo en tangible. Los tiempos no perdonan, las necesidades mandan: bienvenidos a la era del “Buena (o “güena”) GEFE”.

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Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 23/02/2016

Política: ¿Emergentes o tradicionales?

Los partidos emergentes son una bocanada de aire fresco para una sociedad con ciudadanos que no lo están pasando bien a lo largo y ancho de Chile. Nunca olvide que es usted, a través de su voto, quien decide si tal o cual personaje en cuestión obtiene un escaño o alguna cuota de poder.

Durante el último tiempo hemos visto una caída abrupta en el respaldo ciudadano hacia los partidos políticos. Con todo, no digamos que las tradicionales coaliciones de la política nacional han hecho mucho por enmendar el camino o aportar su granito de arena para favorecer la reconstrucción de lazos y vínculos, especialmente en materia de confianza, con la comunidad.

Sin ir más lejos, y basta con revisar diversos sondeos de opinión, tanto la Nueva Mayoría como Chile Vamos (o izquierda y derecha si lo prefiere) no alcanzan siquiera cifras de popularidad y adhesión que visualicen una salud óptima de cara a los procesos eleccionarios tanto de 2016 como 2017.

Cierto, probablemente los partidos tradicionales obtengan triunfos electorales porque simplemente cuentan con sus bases en algo que, entiéndase bien, no se traduce necesariamente en la captación o reclutamiento de nuevos adherentes o militantes. Son los mismos de siempre, ese votante propio de la escuela de Columbia, el que se manifiesta y hace campaña por una cuestión más bien de tradición, de herencia, que necesariamente por ideas o proyectos.

Este escenario ha posibilitado el surgimiento de nuevos referentes políticos, ya sea a través de la conformación de partidos o movimientos, que han venido a sacudir en algo la pasividad de los bloques imperantes desde el retorno a la democracia. Con todo, uno de los grandes desafíos de los emergentes apunta a convocar y congregar a independientes y desencantados de la política tradicional. Y para ello argumentos sobran y van. Desde la corrupción, tráfico de influencias, abuso en el ejercicio del poder, malversación de fondos públicos, sobornos y otros tantos que podrían ser propios de la serie “House of Cards”, pero aquí es cuando recordamos que la realidad puede superar perfectamente a la ficción. No obstante quizás hay aún más por conocer, todavía hay patria.

Los partidos emergentes son, efectivamente, una bocanada de aire fresco para una sociedad con ciudadanos que no lo están pasando bien a lo largo y ancho de Chile. Han logrado, con bastante esfuerzo y en un escenario adverso para el ejercicio de la política, consolidar proyectos e instalar ideas que hoy ponen en vilo los escenarios triunfalistas de los partidos tradicionales. Pero cuidado: si bien los emergentes traen nuevos bríos para la actividad política ocurre que muchos de sus integrantes provienen de partidos tradicionales y, ante el desencanto y la imposibilidad de avanzar a través de una mirada de presente – futuro que propicie el progreso y bienestar de las personas (al menos en el ethos), se han desmarcado de sus colectividades de origen generando nuevos espacios, mas no necesariamente con prácticas “emergentes” sino más bien “tradicionales”.

He ahí quizás uno de los puntos a cuidar por parte de estos nuevos referentes y coaliciones que están surgiendo, porque por muy nuevos que sean, en la medida que sus dinámicas sean tradicionales, es probable que su vida útil sean tanto o menos breve que el respaldo ciudadano que proclamó a Bachelet como Presidenta por segunda ocasión.

Mientras tanto, es probable que las chilenas y chilenos sigamos siendo testigos del desencanto ciudadano, de nuestro desencanto, hacia los políticos tradicionales, hacia las malas prácticas, hacia la corrupción y demases.

También es probable que sigamos siendo testigos de cuestiones que aportarán al aumento de la desilusión en esa delgada línea que hoy hace malabares para subsistir como es no caer en populismos y valorar la democracia como mecanismo de gobernabilidad y brindar bienestar a la población a partir de un justo equilibrio que esté por sobre las cargas histórico – ideológicas de antaño.

De seguro usted también esbozará más de una grosería al día en contra de nuestra denostada clase política, de nuestros legisladores, de nuestros representantes. Pero nunca olvide que es usted, a través de su voto y entendiendo que se informa aunque sea un mínimo, quien decide si tal o cual personaje en cuestión obtiene un escaño o alguna cuota de poder. Independiente de la oferta, serán los electores quienes siempre tendrán la última palabra y, por ende los responsables de elegir a quienes lideren las urgencias que permitan al país avanzar, desde sus cimientos, hacia una sociedad emergente y pujante capaz de garantizar oportunidades y que reconoce el valor de las personas como garantes de una nación que prospera y avanza en libertad para el bienestar de sus individuos.

Comentarios del artículo: Política: ¿Emergentes o tradicionales? - Publicado: a las 12:04 am

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 12/02/2016

El 14 F en tiempos de las apps

Revisando material para esta columna encontré más de 15 aplicaciones, gratuitas en su gran mayoría, que tienen como denominador común la posibilidad de flirtear. Pero, ojo, la tecnología si bien nos facilita la vida en algunos aspectos, también nos convierte en seres indecisos y dependientes…

La llegada del 14 de febrero no sólo marca que el verano comienza paulatinamente a decir adiós sino también es la fecha, por excelencia, donde se realza el amor especialmente en las parejas.

Aquí enfatizar dos cosas: esta fecha no es el acabose de los (as) solteros (as) ni mucho menos el aumento exacerbado de estados depresivos. Y, lo otro, el amor lo puede vivir todos los días y no sólo en una fecha en particular.

Dicho lo anterior pasemos a lo que nos convoca que es, nada más ni nada menos, que el amor en tiempos de las apps. Sí, esas aplicaciones que de seguro usted tiene y mantiene en su dispositivo móvil como forma de interacción bajo excusas del tipo “no tengo tiempo para citas”, “no busco compromisos, sólo algo casual”, etc, etc, etc.

Fíjese que revisando material para esta columna encontré más de 15 aplicaciones, gratuitas en su gran mayoría con posibilidad de acceder a un upgrade o estatus premium, las cuales tienen como denominador común la posibilidad de flirtear, o más concretamente aún, algún encuentro casual que culmine en sexo.

Sí, yo sé que usted en estos momentos está esperando que le nombre algunas de esas aplicaciones así que aquí le dejaré las siguientes: Good2Go; Love Park; Ashley Madison; Social Flirt; OKCupid; Happn y, por supuesto, esa suerte de ícono en estas lides llamado Tinder.

Cada una de estas aplicaciones apunta a la búsqueda rápida de encuentros, de conocer y ampliar las oportunidades de satisfacer necesidades más bien del tipo fisiológicas que emocionales. Si se da una amistad, bienvenido sea, pero claramente el fin inmediato está lejos de eso. Pero lo curioso es que todo esto se origina en ambientes virtuales, en base a imágenes, escuetas bios y otros que forman parte del vértigo en el cual vivimos los seres humanos.

De esta manera, esa capacidad de generar procesos de interacción presenciales hoy en día han dado paso al acto de la co – presencia, de lo virtual, privilegiando lo tecnológico en algo que también podría generarnos estados constantes de insatisfacción por una cuestión bastante simple: Cuantas más opciones tenemos, mayores son las probabilidades de lamentarnos por lo decepcionante que pudieran ser las opciones seleccionadas dado que nunca estaremos del todo satisfechos pensando que “siempre habrá o existe algo (alguien) mejor”.

Por lo mismo cabe preguntarse si el hecho de contar con más herramientas o aplicaciones se traduce en más facilidad para encontrar pareja o encuentros casuales y la respuesta es: No necesariamente. Porque la tecnología, además de facilitarnos la vida en algunos aspectos, también nos convierte en seres indecisos y dependientes. Por ejemplo, cuando vamos a un restaurante, un concierto o un viaje, hacemos una búsqueda exhaustiva (leemos cientos de reseñas que parten de la subjetividad y experiencia de otros usuarios) para asegurarnos de que nos quedamos con el mejor producto, servicio o “persona”.

Y, en el caso de estas apps, eso se traslada a la búsqueda de pareja en lo que el psicólogo Barry Schwartz bautizó como la “paradoja de la elección” la cual nos dice que esa apertura no necesariamente nos hará más felices, sino probablemente más insatisfechos entendiendo que la emoción de tener cada día una experiencia nueva hace que nunca se cierre la posibilidad de seguir buscando para ver si encontramos algo que supere la experiencia previa o del momento.

Por ende, si hacemos de la búsqueda del amor algo tan racional, podríamos finalmente no encontrarlo, mucho menos entenderlo, y nunca estar satisfechos de lo que tenemos o de quienes somos quedándonos finalmente con una agenda, elaborada en Excel, para coordinar encuentros, números de contacto, email y gustos o preferencias en lo que bien podría ser denominado el “amor líquido” en un concepto acuñado por el sociólogo Zygmunt Bauman.

En la vida real, las formas más comunes de conocer personas es a través de amigos que están en pareja y quieren presentarnos a alguien, en lugares públicos, en conciertos, eventos deportivos, realizando voluntariado, en plazas o parques, en un café o en el gimnasio. Y si bien nada reemplaza una conversación presencial que se desarrolle en el mismo espacio físico, lo anterior implica trasladarse, prepararse física y anímicamente, gastos económicos adicionales y otros que, por cierto, bien pueden simplificarse en un “like” o “no like”.

No obstante lo anterior, y aun cuando la vida ya es lo suficientemente compleja como para sumar nuevas disyuntivas a existencias vertiginosas y propias de una sociedad moderna, lo importante es que cada uno de nosotros encuentre y alcance esa felicidad en un mundo que, por muy acelerado que sea, cuenta con humanos que sienten, laten, se encuentran y enamoran… aunque sea mediante un “touch”.

Comentarios del artículo: El 14 F en tiempos de las apps - Publicado: a las 2:00 am

Etiquetas: , , , , , , , , » Publicado: 04/02/2016

Control preventivo de identidad: Coartar la libertad

Esta medida, que bien podría ser propia sólo de sectores conservadores, ha sido fervorosamente patrocinada desde el Gobierno, de esa Nueva Mayoría seudo progresista que arribó con la retroexcavadora bajo el brazo para romper las bases del modelo neoliberal pero lo único que ha hecho es romper las ideas y espíritu de una sociedad libre.

Una de las iniciativas que ha generado mayor revuelo el último tiempo ha sido la que apunta a establecer el control preventivo de identidad por parte de las policías, aprobada por la comisión de Constitución, Legislación, Justicia y Reglamento del Senado.

Y curiosamente esta medida, que bien podría ser propia sólo de sectores conservadores que buscan imperiosamente restringir la libertad de sus ciudadanos, ha sido fervorosamente patrocinada desde el Gobierno, de esa Nueva Mayoría seudo progresista que desde su mandato arribó con la retroexcavadora bajo el brazo para romper las bases del modelo neoliberal pero lo único que ha hecho es romper las ideas y espíritu de una sociedad libre.

Ya lo han dicho desde todos lados y en todos los tonos. Incluso la ONU salió al ruedo para ver si logra colocar algo de cordura ante la tozudez de algunos sectores que empecinados por establecer el orden, y bajo la excusa de la seguridad, han propiciado esta medida arbitraria.

La indicación sólo contribuye a aumentar la segregación, profundizar el clasismo, el resentimiento social y los prejuicios, pero en cuanto a seguridad o prevención, poco o nada; en términos de eficiencia en la gestión de control de posibles actos delictuales, poco o nada.

En lo personal, cuestiones tales como Penta, SQM o Caval me asustan más que un grupo de jóvenes, de contextos vulnerables, que por el sólo hecho de nacer en ese lugar ya vienen condicionados en cuanto a educación y oportunidades de ascenso social: al menos ellos son capaces de agradecer y entender que delinquir no es el camino para alcanzar la felicidad y no privilegian la acumulación desmesurada de riqueza, donde el fin justifica los medios en una errónea comprensión de Maquiavelo, como forma de gratificación social.

Entiéndase bien. A diferencia de la detención por sospecha, donde las policías pueden actuar ante la posibilidad de un eventual delito, el control preventivo de identidad implica que las policías puedan solicitar los antecedentes de cualquier ciudadano aunque no estén cometiendo delito alguno.

Probablemente uno podría pensar, ante ese tipo de acciones, que invocar la Ley Zamudio como garante del resguardo de la libertad propia de un Estado de Derecho podría equilibrar el asunto, pero la cuestión de fondo es: ¿Cuáles serían las razones, por ejemplo, para solicitar a un sujeto sus documentos de identidad? ¿Bajo qué criterios?

Más aún, el hecho siquiera de vislumbrar la posibilidad de usar la Ley Zamudio ya conlleva que el acto en sí mismo es discriminatorio, por lo tanto hablamos de una política pública erróneamente pensada y que en vez de aportar a la disminución de la delincuencia perfectamente podría operar a la inversa fomentando espacios de canalización de la ira y frustración social ante un Estado y sectores conservadores de la sociedad, que son incapaces de tener una mirada holística del mundo quedándose sólo en sus sesgos, opresores y persecutores de la libertad, de la integración, de la diversidad.

Es cierto: la relación del mundo de la izquierda con la libertad no es de las mejores. Y en ese afán de control ya hemos visto globos de vigilancia, drones y ahora el control preventivo de identidad, lo que además representa un declive en nuestra valoración como personas racionales y capaces de tomar decisiones.

Todas, por cierto, forman parte de un abanico de acciones reactivas más que preventivas entendiendo que el foco para una sociedad más segura radica en la construcción social más que en el control, en la confianza y desarrollo de los individuos, que aportan desde sus fortalezas a la conformación de un todo social más amplio, inclusivo e integrador, donde son los mismos sujetos, en derecho, quienes establecen el marco regulatorio en el cual se van a desenvolver y cuáles serán las sanciones que recaerán sobre aquellos que transgredan las normas.

Sin embargo, para lograr esto necesariamente se requiere un cambio cultural, e idiosincrático, que valore a las personas como sujetos, respetando su libertad y capacidad de discernir. Cuando existe desconfianza hacia los individuos, en este caso desde visiones absolutistas o totalitarias, es cuando comienzan a desencadenarse conflictos sociales, irrumpiendo actos de violencias, que controles preventivos de identidad serán incapaces de frenar o prever por una cuestión simple y que la ciudadanía ha ido comprendiendo paulatinamente con el pasar, y no en vano, de los años: cosechas lo que siembras.

Comentarios del artículo: Control preventivo de identidad: Coartar la libertad - Publicado: a las 4:00 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 22/09/2015

Todos somos Bonvallet

Ninguno de nosotros está ajeno a ser víctima de esta enfermedad que es la depresión. Porque por más que uno enfrente la vida con optimismo, con mentalidad de triunfo y regalando una sonrisa día a día no debemos olvidar que somos seres humanos.

Monje, fakir y guerrero. Motivador sin filtro por excelencia y con ganas de incomodar a cuanto establishment existe, independiente de color político u otros, eran parte del sello de un personaje que tuvo mucho de eso, pero también de chileno. Fiel a su estilo, un 18 de septiembre de 2015, será recordado como el día en que el gurú, ese personaje creado en la mente de un loco lindo, dio su último respiro: por la prensa nos enterábamos del fallecimiento, producto de suicidio, de Eduardo Guillermo Bonvallet Godoy. Él pudo, y de paso ayudando a otros, sortear cuanta adversidad se cruzó por su camino. Pero hubo una que fue siempre su compañera hasta el final de sus días: la depresión. Una enfermedad que no mide estratos sociales, poder adquisitivo, nivel educacional u otros porque, simplemente y una vez manifestada, impacta no sólo en la vida de quien lleva consigo ese yugo sino también en su entorno familiar, sus amigos y seres queridos. Y para lograr la profundidad del presente escrito, entre cada párrafo, intercalaré fragmentos de la canción “everybody hurts” (o en español “todo el mundo hiere”) que tanto gustaba al “Gurú” y que servía de fondo para sus monólogos más profundos.

“When your day is long and the night, the night is yours alone, when you’re sure you’ve had enough of this life, well hang on. Don’t let yourself go, ’cause everybody cries and everybody hurts sometimes” (Cuando tu día es largo y la noche, la noche es tuya solamente. Cuando estás seguro de que has tenido suficiente de esta vida, resiste. No te dejes ir, porque todos lloran y todos hacen daño algunas veces).

Fíjese que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en todo el mundo unos 350 millones de personas tienen depresión y, que para el año 2030, esta condición será la que más gastos por discapacidad y pérdida de años de vida generará, superando a los accidentes, las guerras, el cáncer o los infartos. En el caso de Chile, y según la última Encuesta Nacional de Salud (ENS), el 17,2% de la población tiene depresión, una prevalencia más alta que el promedio mundial, de un 15%. A esto se suma el alto índice de suicidios, que en casos extremos es consecuencia de esta patología y que ha aumentado un 60% en los últimos 10 años, según un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que agrupa a 34 países, incluido Chile. En tanto, y según cifras del Ministerio de Salud nacional, el año 2010 la tasa de suicidios por cada 100 mil habitantes era de 11,7%.

“Sometimes everything is wrong. Now it’s time to sing along. When your day is night alone, hold on if you feel like letting go, if you think you’ve had too much of this life, well hang on” (A veces todo sale mal. Ahora es hora de cantar. Cuando tu día es una noche solitaria, resiste si te sientes como soltándote, si piensas que has recibido muchos golpes de esta vida, resiste).

Complementando los datos, y desde una perspectiva teórica, el sociólogo francés Émile Durkheim establece el suicidio como un fenómeno social rompiendo, de paso, la tendencia tradicional de considerarlo como un fenómeno estrictamente individual y por ende sólo como objeto de la psicología o de la moral. Para ello Durkheim establece categorías (egoísta, altruista, anómico y fatalista) en base a la definición de que “se llama suicidio a todo caso de muerte que resulte directa o indirectamente de un acto positivo o negativo, ejecutado por la propia víctima, a sabiendas de que habría de producir este resultado”. Al respecto, desde ya le extiendo la más cordial invitación a adentrarse en esta teoría social para ahondar en su comprensión y, de paso, aprender a enfrentarla.

“Don’t throw your hand. Oh, no. Don’t throw your hand. If you feel like you’re alone, no, no, no, you are not alone” (No lances tu mano. Oh, no. No lances tu mano. Si sientes que estás solo, no, no, no, no estás solo)

Cuando propongo en el título de esta columna que “Todos somos Bonvallet” lo que trato de refrendar es que ninguno de nosotros está ajeno a ser víctima de esta enfermedad. Porque por más que uno enfrente la vida con optimismo, con mentalidad de triunfo y regalando una sonrisa día a día no debemos olvidar que somos seres humanos y, como tales, estamos expuestos a situaciones que afectan, valga la redundancia, a seres humanos.

Chile es un país con altos índices en la materia y las preguntas que caben entonces son: Sí estamos en conocimiento de esta información, ¿Qué estamos haciendo como país, desde las políticas públicas, para su prevención? ¿Qué situaciones o acciones nos están llevando a tener una ciudadanía propensa a estados depresivos? ¿Nuestro sistema de salud reúne las competencias, tanto humanas como técnicas, para responder a las urgencias de una población inserta en un mundo de inmediatez, largas horas de trabajo, escaso tiempo para el ocio y altos índices de endeudamiento? Cierto, el fallecimiento de Bonvallet coloca nuevamente el tema en la palestra pero, ¿Qué pasa con aquellos compatriotas que no gozan del reconocimiento público, de espacios de notoriedad para sacar la voz y expresar, entre otros, que simplemente no tienen ganas de nada?

“If you’re on your own in this life, the days and nights are long, when you think you’ve had too much of this life to hang on” (Si vas por tu cuenta, en esta vida, los días y las noches son largos. Cuando piensas que has recibido muchos golpes de esta vida como para aguantar)

Ciertamente el hecho no pasó inadvertido en una semana marcada no sólo por nuestros festejos patrios sino también por un nuevo terremoto que causó estragos en las vidas de las chilenas y chilenos. En este sentido, pareciera que la tónica de nuestro país fuera pasar de la alegría a la tristeza. Basta con salir a las calles y constatar que mientras unos sonríen otros no lo están pasando nada de bien. No obstante, lo anterior seguimos en pie, batallando y dando la pelea por más empinada que sea la colina. Eso es parte de nuestra identidad, de lo que nos define como chilenos, pero también un síntoma de que algo como sociedad nos está pasando y no tenemos ni tiempo ni ganas de seguir esperando porque la alegría, más temprano que tarde, llegue a todos y cada uno de los habitantes de esta larga y angosta faja de tierra. Mientras, chilenas y chilenos, resistan, no bajen los brazos, busquen ayuda si la necesitan y continúen luchando por su felicidad.

“Well, everybody hurts sometimes everybody cries. Everybody hurts, sometimes. Everybody hurts, sometimes. So, hold on, hold on” (Bueno, todos hacemos daño algunas veces. Todos lloramos. Todos hacemos daño algunas veces. Todos hacemos daño algunas veces. Así que resiste, resiste, resiste)

Comentarios del artículo: Todos somos Bonvallet - Publicado: a las 7:00 am

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 29/07/2015

La vieja no ha pasado

Aun cuando hay quienes anhelamos una reconciliación real para que Chile salga de una buena vez adelante con principios tales como equidad y justicia social, esa idea de “el país está en otra” no es verdad.

Algo que cualquier personaje “influyente” debe considerar en la era de la comunicación digital es que no sólo se hace preso de sus palabras o afirmaciones, sino que también éstas serán parte del escrutinio ciudadano.

En esa arena, tanto a favor como en contra, la opinión pública construirá sus percepciones y “análisis” desde un sitial que no precisamente abarca la objetividad sino más bien lo contrario. Es una regla de oro de la cual los influyentes podrán o no hacerse cargo, considerar o no considerar, pero ciertamente algún coletazo, repercusiones y réplicas traerán consigo.

Esto fue lo que le ocurrió a Fernando Villegas en Tolerancia Cero donde no encontró mejor afirmación que “Pasó la vieja, el país está en otra”. Algo que podría pasar sin pena ni gloria, y a lo cual muchos podríamos adherir y respaldar. Pero aquí es donde el tacto, tino y criterio no pueden fallar: eso se lo dijo nada más ni nada menos que a Carmen Gloria Quintana, víctima del atentado del 2 de julio de 1986 (en plena decadencia dictatorial) en el que fue rociada con combustible por una patrulla militar, mismo hecho que le costó la vida al fotógrafo Rodrigo Rojas.

Eso que Gobierno tras Gobierno se han esmerado por llamar “reconciliación nacional” no es tal por una cuestión bien sencilla: una reconciliación real, de reencuentro, de cerrar las heridas, de entregar la información completa sobre los hechos ocurridos y de ofrecer el consiguiente perdón no le conviene al establishment tanto de derecha como de izquierda.

¿Resultados de tal afirmación? Una serie de epítetos y demases que no dejaron títere con cabeza en la red social del pajarito. Así también le costó el retiro momentáneo de la venta de sus libros en una reconocida librería que nos remonta icónicamente a esa clásica novela del escritor británico Anthony Burgess.

En fin, tras esa afirmación Villegas se graduó de facho, de momio, de UDIboy y un casi seudo sobrino – hijo – nieto y heredero del apellido Pinochet. Si lo que trató de expresar es que Chile no puede seguir anquilosado a las lógicas del SÍ y el NO, o que a la Nueva Mayoría se le acabaron los argumentos de gobernar y por eso su única salida es reabrir las heridas del pasado retornando una y las veces que sean a esa historia negra de nuestro país, claramente su objetivo fue un epic fail.

Porque si Villegas piensa que vive (o vivimos) en un país moderno, reconciliado, tolerante y capaz de avanzar con equidad se equivoca rotundamente y la razón es bien simple: ocurre que la vieja no ha pasado y no tiene, especialmente para quienes vivieron esa época y lucharon contra la dictadura para el retorno a la democracia, por qué pasar.

Porque eso que Gobierno tras Gobierno se han esmerado por llamar “reconciliación nacional” no es tal por una cuestión bien sencilla: una reconciliación real, de reencuentro, de cerrar las heridas, de entregar la información completa sobre los hechos ocurridos y de ofrecer el consiguiente perdón no le conviene al establishment tanto de derecha como de izquierda.

Es, para estos conglomerados, una especie de balanced scorecard que cada cierto tiempo hay que reflotar para alinear a sus bases ya que, y a falta de no tener algún proyecto concreto que ofrecer a Chile y sus ciudadanos, mejor seguir entrampados en lo mismo, marcando el paso y retrotraernos a tiempos oscuros cada vez que sea necesario.

Es mucho más fácil apelar a lo emocional que dedicarse a trabajar y pensar en la construcción del país no sólo que queremos hoy sino para los años venideros. Qué importa que las brechas de desigualdad se mantengan y cada vez se hagan más morbosamente elocuentes. Qué importa que las promesas realizadas en campaña no se cumplan. Qué importa evadir impuestos si la justicia no hará su trabajo de manera eficiente. Qué importa seguir haciendo negocios a costillas del trabajo y los impuestos que pagan la inmensa mayoría de compatriotas que no necesariamente son parte importante del PIB nacional. Siempre habrá alguna excusa, algo en la agenda, algún tema de coyuntura que desviará la atención con su consiguiente “Paso”.

Fíjese que la expresión “pasó la vieja” se usa cuando una situación ventajosa, en general de breve duración, ya ha terminado y no se puede sacar provecho de ésta sea cual sea el contexto. Ejemplo de lo anterior es que, al día siguiente de su participación en Tolerancia Cero, Carmen Gloria Quintana recibió los espaldarazos por parte de todos los sectores políticos, incluso de quienes respaldaron la dictadura. Y es que habría que estar muy deschavetado, desde el rol político, para no empatizar con su persona considerando la altísima desaprobación de la cual gozan nuestros representantes demostrando su “oportuna” capacidad. No olvidemos tampoco su mediático round con Enrique Correa en un toma y dame que quedó sólo en eso.

En el marco del mismo denominado caso Quemados, resulta imposible pasar por alto las detenciones de los cinco militares en retiro (la funa a Julio Castañer es simplemente memorable) que fueron detenidos para ser interrogados por el juez Mario Carroza en el marco del proceso investigativo. Y esto, que está comenzando, prepara un escenario propicio para las pretensiones divisionistas (el clásico “Divide et impera” usado en su momento por Julio César y Napoleón) de cara a la conmemoración de un nuevo 11 de septiembre pero que no es cualquier 11: la institucionalidad política está por el piso, la aprobación de la presidenta en mínimos históricos, la Derecha – Alianza o como se llame no existe y el 2016 hay elecciones municipales calentando motores para lo que sucederá el 2017.

Por eso y tantas otras razones, y aun cuando hay quienes anhelamos una reconciliación real para que Chile salga de una buena vez adelante con principios tales como equidad y justicia social, esa idea de que “pasó la vieja” o “el país está en otra” no son verdad. Y no lo serán porque quienes deciden, por quienes usted legitima con su voto en cada elección, no quieren que esto cambie.

Probablemente podríamos seguir enumerando cosas, hechos, contextos y situaciones pero cuidado: no vaya a ser cosa que por dedicarse sólo a criticar y cuestionar, se le vaya a pasar la vieja.

 

Comentarios del artículo: La vieja no ha pasado - Publicado: a las 8:03 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 08/07/2015

Voto Voluntario: la libertad de ejercer un derecho

Pareciera que la demanda por el retorno del voto obligatorio que plantean algunos políticos fuera una medida de anticipar una eventual debacle eleccionaria superior incluso a lo ocurrido durante 2013. Pero ellos evitan hablar de mejores prácticas, probidad y otros aspectos necesarios para el ejercicio del poder.

Llama poderosamente la atención el interés de algunos sectores por restablecer el voto obligatorio. Probablemente, y a la luz del desencanto y desconfianza ciudadana hacia la actividad política, pareciera mucho más sencillo recurrir a aspectos normativos que regulen el comportamiento cívico de los ciudadanos (mas no así el de quienes ejercen el poder) en desmedro de realizar el ejercicio de convocar y orientar los esfuerzos hacia un trabajo que se ocupe por reencantar al electorado considerando los comicios venideros durante 2016 y 2017. Pareciera que la demanda por el retorno del voto obligatorio fuera una medida de anticipar una eventual debacle eleccionaria superior incluso a lo ocurrido durante 2013, pero sólo eso: de mejores prácticas, probidad y otros aspectos necesarios para el ejercicio del poder mejor ni hablar.

Y es que el voto voluntario significa alejarse del paternalismo democrático. Lo anterior no significa que con esto no haya una virtud valiosa, casi romántica, que implica participar de la vida pública votando. Pueden existir, incluso, deberes cívicos y morales para hacerlo. Pero lo que no puede haber es un deber jurídico de votar considerando que éste hace mutar el carácter del voto como derecho, transformándolo en un deber. Esto, además de contrariar el origen histórico liberal del derecho a voto, arriesga peligrosas consecuencias político-constitucionales que se resumen en la siguiente afirmación: Si es un deber, el poder del gobernante aumenta enormemente sobre los ciudadanos. En cambio, si es un derecho, no. Esto último considera que el gobernante, o en este caso la figura presidencial, tendría una capacidad de maniobra mucho más limitada y estaría necesariamente supeditado a actuar en conciencia, de cara a sus ciudadanos, promoviendo la justicia y orientando su trabajo en base a intereses colectivos por sobre sus fines particulares.

El voto voluntario refleja, en la forma más nítida, el carácter del voto como un derecho asignando correctamente los incentivos en el juego de la política. Éste es el origen histórico del sufragio y la razón por la cual es tan valioso para los liberales convirtiéndose en una herramienta frente al poder políticamente organizado. En concreto, si un Gobierno goza de buena salud es muy probable que el elector, ejerciendo su derecho, lo reconozca con su voto a través de una reelección o la mantención de la coalición de turno en el poder. Por el contrario, si un Gobierno no es saludable y ha generado una suerte de metástasis negativa en las vidas de sus ciudadanos es probable que los votantes legitimen la alternancia en el poder buscando más y mejores oportunidades para su bienestar posibilitando la competencia de diversos actores que deberán tener presente que sus promesas, compromisos y todo aquello que manifiesten durante sus períodos de campaña deberá ser cumplido a cabalidad y sin improvisaciones porque serán los ciudadanos quienes, en caso de incumplimiento a los compromisos o expectativas, tendrán la posibilidad de rotar el poder. Si el voto es voluntario, los candidatos tienen mayores incentivos para tratar de seducir, cautivar y motivar a los ciudadanos generando más competencia y participación.

Por ésta, entre otras razones, el voto debe mantenerse como un derecho jurídico, dado que ésta es la última garantía que tienen los individuos frente al poder que ejercen los gobiernos y coaliciones al administrar el Estado en consideración a que los derechos siempre tienen un núcleo incombustible e intangible ante el cual el aparato estatal debe detenerse. En cambio, y tal como añoran algunos sectores, si el voto se define como un deber jurídico (obligatoriedad) ese núcleo desaparece. A diferencia de los derechos, los deberes pertenecen por completo al Estado, el que puede agravarlos y manipularlos con bastante discrecionalidad. Por esto, y siendo fieles al origen e historia liberal del voto, debemos concebirlo como un derecho. Y como todo derecho, su ejercicio debe ser voluntario.

Comentarios del artículo: Voto Voluntario: la libertad de ejercer un derecho - Publicado: a las 8:30 am

Etiquetas: , , , , , , , , » Publicado: 19/06/2015

Agenda Copera: Una cortina necesaria

Y llegó el momento más esperado para los amantes del fútbol, y también para las autoridades políticas que aprovecharán el receso para reordenar sus fuerzas. ¿Y usted? No se deje obnubilar por las luces del fútbol y manténgase informado.

Por fin, y tras varios años, nuestro país alberga una Copa América congregando a lo más selecto del fútbol mundial en nuestro país con figuras de la talla de Lionel Messi, Neymar, James Rodríguez y los locales Alexis Sánchez, Arturo Vidal y Claudio Bravo, entre otros.

Y mientras ellos tienen el objetivo de campeonar en el certamen, hay otros que aprovecharán (o al menos deberían) el momento para reordenar sus fuerzas y lograr la tan esquiva estabilidad que les permita retomar el rumbo.

Porque tanto oficialismo como oposición no lo han pasado nada de bien durante el último tiempo. Y es que sumado a los escándalos por el financiamiento irregular de campañas se han ido conociendo antecedentes vinculados a conflictos de intereses, sobresueldos, pagos irregulares por trabajos no realizados y otros que sólo nos retribuyen un extenso etcétera, etcétera, etcétera.

Lo anterior, era que no, ha generado un escenario donde algunos hablan de crisis institucional mientras otros le bajan el perfil a una cuestión que, guste o no, representa un escenario crítico para el establishment político de cara a los comicios tanto de 2016 (municipales) como fundamentalmente 2017 (parlamentarias – presidenciales). Y en una agenda mediática marcada incesantemente por noticias vinculadas a estos temas, la Copa América Chile 2015 aparece como un respiro, descanso y oportunidad muy necesaria para reordenar y reconfigurar el rumbo de nuestro país en una mancomunión y unidad que vaya más allá de la conveniencia de ambos sectores para no innovar en cuanto a las investigaciones por financiamiento irregular, porque ya es tiempo que nuestra clase política y dirigencial se tome en serio el rol por el cual fueron mandatados por la ciudadanía para desempeñar su trabajo y no sólo sus intereses particulares.

Quienes piensen que la Copa América, o un buen resultado de nuestra selección, cambiará el rumbo de nuestro país se equivocan y no han aprendido nada de lo ocurrido durante la realización de la Copa Mundial Brasil 2014 donde las manifestaciones y protestas eran diarias, constantes y empañaron en parte la imagen país del ícono del fútbol mundial.

Pero cuidado. Quienes piensen que la Copa América, o un buen resultado de nuestra selección, cambiará el rumbo de nuestro país se equivocan y no han aprendido nada de lo ocurrido durante la realización de la Copa Mundial Brasil 2014 donde las manifestaciones y protestas eran diarias, constantes y empañaron en parte la imagen país del ícono del fútbol mundial. Y para peor, la selección del país organizador terminó vapuleada por Alemania en semifinales acrecentando el malestar y descontento ciudadano a partir de cuestiones tales como una alta inflación, estancamiento y bajo crecimiento, corrupción en el aparato estatal, mal uso de recursos fiscales, encarecimiento del costo de vida, aumento del desempleo y una serie de protestas sociales por temas tales como educación, salud y seguridad ciudadana, entre otros. Si a todo lo anterior le agregamos que el 10% de la población más rica concentra el 41,9% del ingreso en Brasil, mientras el 40% más pobre se reparte el 13,3%, sumado a que, y según cifras de Cepal, 18,6% de los 200 millones de habitantes vive en la pobreza y 5,4% en la miseria, encontramos parte de las razones que desencadenaron una fiesta social donde la gente hizo de la calle su plaza pública para dar a conocer su descontento. Sin embargo, esto no se tradujo en soluciones concretas y reales por parte del Ejecutivo y finalizado el torneo, que coronó a Alemania como campeón y Argentina subcampeón, las aguas retomaron su nivel y la agenda mediática su ritmo tradicional.

Un evento de alta envergadura y notoriedad puede ser una oportunidad o también simplemente un descanso, pero no perdamos el foco: este tipo de eventos son esporádicos y contribuyen al levantamiento de una cortina de humo que por un tiempo acotado genera un olvido momentáneo, un cambio en los hábitos y costumbres de los ciudadanos, un reordenamiento de la pauta informativa en torno al tema que marca la agenda, pero sólo es eso, nada más.

Por lo mismo les aseguro que, tras la final del 4 de julio, puede que algunos temas lo tomen por sorpresa. Pero eso tiene solución: no se deje obnubilar por las luces del fútbol y manténgase informado, aproveche la infinidad de fuentes noticiosas a su alrededor y verá cómo el humo que actualmente lo rodea se comienza a disipar y se va construyendo como un ciudadano activo que es capaz de aportar a la discusión y debate público desde la mejor ubicación del estadio: la realidad.

Comentarios del artículo: Agenda Copera: Una cortina necesaria - Publicado: a las 8:00 am

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 07/05/2015

¿Qué le está pasando a Chile?

Da la impresión que Chile está despertando, la brecha entre lo público y lo privado poco a poco se ha ido derribando, y la “olla a presión” ciudadana está llegando a su clímax. La pregunta de fondo surge espontáneamente en la calle: “¿Hasta cuándo?”.

Don Francisco (o Mario Kreutzberger si lo prefiere) regresó a la televisión abierta nacional sacando a relucir sus dotes de entrevistador al interpelar cara a cara a ex mandatarios (Lagos y Piñera) y a la actual Presidenta Bachelet. Todo con el fin de descubrir o determinar ¿Qué le pasa a Chile?

Y es que en el último tiempo a nuestro país le han pasado varias cosas. En realidad, desde hace años que vienen ocurriendo. Pero la diferencia es que antes muchas de éstas quedaban en la impunidad de las sombras, en el ejercicio privado del poder, en el resguardo de interés particulares.

Hoy, y en gran medida gracias al desarrollo de las tecnologías de la información y plataformas comunicacionales, esa brecha entre lo público y lo privado poco a poco se ha ido derribando contribuyendo no sólo a democratizar los contenidos sino también a construir una incipiente opinión pública que se informa, que se atreve al ejercicio de la reflexión, que es capaz de cuestionar, que critica, que aporta, que exige justicia, transparencia y probidad, entre otros.

En la actualidad, nuestro país cuenta con ciudadanos más protagonistas, más activos y que buscan un equilibrio entre derechos y deberes que les permitan otorgan sentido a las cosas que ocurren a su alrededor.

Por eso, situaciones como la investigación denominada fraude al FUT, que abrió toda una arista insospechada a través de Penta y SQM, terminó por develar una serie de cuestiones ocultas, con una data añeja y reiterada, de hechos que se encontraban en la más absoluta impunidad y que, tras los esfuerzos de algunos por dilatar los procesos a la espera de la prescripción de algunas causas investigativas ocurrido el pasado 30 de abril, pareciera que poco o nada cambiará.

Porque una cosa es que las informaciones se den a conocer y otra muy distinta son, definitivamente, sanciones que le duelan al poder, especialmente al político y económico, para que no les queden ganas de incurrir nuevamente en actos o conductas que atenten a la probidad y sentido ético.

Da la impresión que Chile estuviera despertando. Que esta suerte de “olla a presión” ciudadana estuviera llegando a su clímax tras contener, durante años, infinidad de situaciones deleznables que poco y nada se solucionan con la aceptación de las culpas y responsabilidades por parte de quienes han incurrido en actos que afectan a las chilenas y chilenos.

Cierto, es un paso importante pero ¿se imaginan nos pasáramos la vida ofreciendo disculpas o asumiendo nuestras equivocaciones sin tener el menor ápice de hacer las cosas bien hechas favoreciendo a toda la población y no sólo a nuestros stakeholders o segmentos de interés? Porque las acciones, especialmente en materia de políticas públicas y ejercicio del liderazgo, no se solucionan simplemente con frases de buena crianza como “disculpas por la embarrada que dejamos” o “asumimos nuestra responsabilidad”.

¿Cómo esperan, por ejemplo, que los usuarios del Transantiago acepten dichas excusas si cada día deben enfrentar el caos y complicaciones que exhibe el transporte público en la capital? ¿Cómo le explicamos a la gente en regiones la postergación de un transporte público de calidad y que cubra sus necesidades por solventar y utilizar los fondos en el financiamiento del Transantiago? ¿Cómo le explicamos a la ciudadanía que gana el sueldo mínimo, la tramitación exprés de aumentos en la dieta parlamentaria o las cifras millonarias, correspondientes a boletas o facturas ideológicamente falsas (pagar por trabajos que nunca fueron realizados) y que de paso nos recuerdan un hecho similar ocurrido en el caso MOP – Gate? ¿Cómo le explicamos a la gente que los recientes anuncios hechos por la Presidenta Bachelet, en materia de transparencia y probidad, ya habían tenido su génesis en noviembre de 2006 con un anuncio muy similar al realizado y que, como hemos constatado, terminó quedando en nada? ¿Cómo le explicamos a nuestros compatriotas, que solicitan algún tipo de crédito a un banco y la entidad se lo niega, un préstamo por 6 mil 500 millones a la empresa (Caval) de la nuera de la Presidenta? ¿Cómo les explicamos a las chilenas y chilenos el acuerdo tácito del mundo político en torno a la investigación del Ministerio Público sobre platas políticas? Y así podríamos estar mencionando innumerables hechos o situaciones. Pero la pregunta de fondo surge espontáneamente y es cosa de tomarle el pulso a la calle: ¿Hasta cuándo?

Para encontrar evidencia de lo anterior basta con observar sondeos de opinión pública los cuales, independiente del sector, reflejan una baja considerable en cuanto a la confianza y aprobación de nuestros líderes por parte de la ciudadanía de forma transversal. Sin ir más lejos, la prueba contundente de este desencanto, radica en el proceso eleccionario del año 2013 donde sólo un 41,98 % de los electores participó en la instancia registrando una abstención histórica que podría verse acrecentada en comicios venideros o, al contrario y a la luz de los acontecimientos, ser el gatillante para incentivar la participación cívica, buscando sacudir al establishment, generando cambios que favorezcan a nuestro país durante los años venideros.

Lo que le pasa a Chile es que su gente, esa que no proviene de castas y que valora el mérito como motor de oportunidades y ascenso social, ha ido perdiendo el temor de cuestionar, a ser protagonista de los cambios sociales que nuestro país merece y a dejar atrás el legado de la dictadura. Esto aún mantiene guetos que sustentan su hegemonía en base a las lógicas del SÍ y el NO, las cuales cada cierto tiempo afloran como banderas de luchas ideológicas que poco o nada tienen relación con avanzar y convocar a todos los actores a trabajar, mancomunadamente y con sentido país, hacia una nación moderna y desarrollada construida en base a principios tales como la ética, equidad, libertad y justicia social. Porque a Chile no sólo le están pasando cosas sino que está ocurriendo, en paralelo, un fenómeno de mayor envergadura: Chile está comenzando a despertar.

Comentarios del artículo: ¿Qué le está pasando a Chile? - Publicado: a las 8:07 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 24/04/2015

Buenos profesores, malos profesores: Una pugna injusta

El proyecto de carrera docente volvió a poner en el tapete la discusión sobre los buenos y malos profesores. Pero limitar la discusión a esta dicotomía implica un ejercicio injusto al entregarles toda la responsabilidad a nuestros maestros por el presente y futuro de niñas, niños y jóvenes.

Una buena noticia para Chile, especialmente en el ámbito educacional, es el proyecto que propone una nueva carrera o institucionalidad docente la cual contempla, entre otros, la creación de un sistema de escala para los profesores, la adopción de una causal de despido para los maestros que no cumplan con las exigencias académicas, el aumento de horas no lectivas y el alza en los puntajes de ingreso a las carreras de pedagogía, entre otros.

Hasta ahí todo bien y se agradece el esfuerzo por reivindicar un oficio que en países desarrollados goza de un alto estatus, pero que en nuestro país ha abierto nuevamente el debate en torno a buenos y malos profesores. Sin embargo, ¿es justo asignarles la responsabilidad sólo a nuestros maestros? El tema, en lo personal, me toca y muy de cerca dado que soy hijo de profesora.

Partamos por comprender, si es posible, qué sería un buen o un mal profesor. En lo general podríamos decir que un buen profesor sería aquél que tiene conocimientos sobre la materia que imparte, es responsable, inteligente, organizado, comprometido, puntual, tolerante, respetuoso, y sabe comunicar. Por el contrario, un mal profesor podría definirse como irresponsable, impuntual, desorganizado, prepotente e injusto.

Seguramente aquí usted ya comenzó el debate, pero permítame complementar con el siguiente fenómeno que se da en la sala de clases: cuando un profesor define reglas y las sanciones que correspondan en caso de incumplimiento para muchos estudiantes ese profesor es malo porque, aun cuando aprendan y sus clases sean buenas, no es un(a) “profe buena onda”.

Por otro lado, existen profesores que, aún demostrando nulo interés por enseñar y que sus alumnos aprendan, son catalogados como “buena onda” porque les permiten hacer lo que ellos quieran al interior del aula.

Cuando centramos la discusión en buenos y malos profesores estamos realizando un ejercicio injusto al consignarles toda la responsabilidad a nuestros maestros por el presente y futuro de niñas, niños y jóvenes. Más aún cuando existen apoderados que envían a sus hijos al colegio bajo la premisa de que “el establecimiento es el responsable de la formación y crianza”.

Ya quisiera ver a muchos de quienes piensan de esta manera enfrentarse a cursos de 30, 40 o más personas donde cada individuo es único en sí mismo, donde le precede una historia, una realidad, hábitos, costumbres y anhelos, y cuentan con capacidades cognitivas diversas que desafían diariamente a aquellos profesores que buscan que sus estudiantes aprendan en un ejercicio que, por cierto, no siempre se logra.

Dejemos algo en claro: la crianza de los hijos es responsabilidad de los padres, madres, apoderados y no de los profesores quienes, en gran medida, también resultan ser padres, madres y a veces, inclusive, sicólogos, terapeutas, magos, auxiliares de aseo y un sinfín de otras actividades que nos hacen olvidar la génesis por la cual aceptaron el desafío que implica la formación de personas.

De ahí que el relato en términos educacionales no se debe circunscribir sólo a nuestros profesores. También debe existir una interrelación entre el rol de las familias en el proceso educativo, el compromiso de los propios estudiantes con su formación y el respeto que deben tener hacia sus maestros. A esto se deben sumar políticas públicas que impacten positivamente en el sistema y no sigan acrecentando nuestras brechas de desigualdad en base a una educación de calidad para todas y todos, una sociedad garante de la equidad y justicia social que provea oportunidades para el mérito y la movilidad a través de un nuevo pacto social que implique colaboración, generosidad, sentido de urgencia y una muy necesaria visión de país, inclusivo y dialogante, que sea beneficioso para todas y todos.

Comentarios del artículo: Buenos profesores, malos profesores: Una pugna injusta - Publicado: a las 8:25 am

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 13/04/2015

El “tejado de vidrio” político de los acuerdos

No se trata de hacer acuerdos porque sí, por la simple razón de querer tapar el sol con un dedo. El “caiga quien caiga” debe ser mucho más que una frase de buena crianza en tiempos de crisis.

No cabe duda que los casos Penta, Caval y muy especialmente la arista SQM, de la cual aún se siguen conociendo nombres, ha sido uno de los golpes más duros y letales para la clase política, especialmente en cuanto a la relación con los ciudadanos y la opinión pública en general. Y si a lo anterior le agregamos el reciente hallazgo de que la estatal Codelco también habría realizado “aportes” a entidades políticas la historia pareciera nunca acabar.

Pero paradójicamente son este tipo de hechos, que traspasan sesgos e ideologías, los que unen transversalmente a todos los actores en pos de acuerdos institucionales que otorguen cierto grado de estabilidad a un convulsionado sistema político. Y es que si con la creación de la Nueva Mayoría no dejó de ser llamativa la convergencia tanto del PC como la DC en un mismo conglomerado, lo cierto es que un acuerdo, que va desde la UDI hasta el PC, ciertamente es para no quedar indiferente.

Pero seamos claros: una cosa son los acuerdos instrumentales y otra muy distinta los cambios en el comportamiento y conductas humanas de quienes ejercen el poder.

En el caso de nuestro país, la historia desde el retorno a la democracia no ha estado exenta de episodios vinculados a casos de corrupción, que han terminado en grandes acuerdos, tales como la “ley del amarre”, esa que fue convenida entre Pinochet y Aylwin en la cual se establecía que ninguno de los ex funcionarios de confianza del régimen militar podía ser despedido por los gobiernos democráticos, y si estos decidían renunciar, entonces se les tenía que pagar una indemnización millonaria, muy superior a la que era hasta entonces vigente. Sobre el fallecido general, imposible no recordar además los famosos “pinocheques”, el denominado caso Riggs y el caso de tráfico de armas entre Chile y Croacia.

Continuando este superficial barrido histórico, llegamos al denominado caso Inverlink el cual consistió en defraudar tanto al Banco Central como a la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo). Y sin lugar a dudas, uno de los más emblemáticos, corresponde al caso MOP-GATE en el cual la cartera ministerial de Obras Públicas pagó sobresueldos a 129 funcionarios por trabajos que jamás se habían llevado a cabo (¿le suena conocido?) al mismo tiempo que la empresa Gestión Administrativa y Territorial (GATE) recibió pagos injustificados por autopistas concesionadas y proyecciones desde el año 1997. Dicho sea de paso destacar que el MOP-GATE salió a la luz pública como resultado de las investigaciones realizadas por el Caso Coimas. Y así podríamos seguir nombrando otros casos tales como el caso Toldos, los “empleos brujos”, el caso Publicam y un largo etcétera.

Este tipo de prácticas o situaciones no son, desafortunadamente, nuevas en el quehacer político. Lo que sí ha cambiado es el escenario informativo donde hoy sí existe una incipiente opinión pública que no sólo buscar estar informada del acontecer sino que además opina y exige conductas mínimas de probidad, vocación y transparencia a sus representantes. En la actualidad aquello que era propio del mundo privado ha dado paso a la instalación de una esfera pública donde hay todo por descubrir.

Por esta razón, e independiente si se concreta o no el acuerdo de casi todos los sectores y actores políticos, lo relevante del actual contexto es sacar lecciones y conclusiones. Porque aquí no se trata de hacer acuerdos porque sí, por la simple razón de querer tapar el sol con un dedo o por el simple hecho de apelar a la mala memoria histórica que, podríamos suponer, iría en retirada. Lo importante de todo esto es establecer un categórico “nunca más”, un acuerdo nacional que implique sanciones

a los involucrados y no impunidad. Que quienes están siendo investigados no vuelvan a ejercer cargos públicos ni de representación popular y donde el “caiga quien caiga” sea mucho más que una frase de buena crianza en tiempos de crisis. Hoy la clase política tiene una oportunidad inmejorable para comenzar a reconstruir el vínculo de confianza con la ciudadanía en acuerdos, que revistan la seriedad y sentido país que Chile se merece, o caer en las lógicas simplistas de acuerdos por el simple hecho de acordar el resguardo de intereses particulares por sobre el bien común.

Comentarios del artículo: El “tejado de vidrio” político de los acuerdos - Publicado: a las 9:03 am

Etiquetas: , , , , , , , » Publicado: 19/03/2015

Después de Penta y Caval, ¿qué?

El caso Penta fue como una olla a presión, mientras el caso Dávalos-Luksic/Caval/Nueragate (llámele como quiera, total el fondo es el mismo) terminó siendo una retroexcavadora letal contra los principales bastiones del Gobierno. Después de ambos escándalos, nada garantiza que el sistema recupere su equilibrio y mantenga su estabilidad.

Recientemente las chilenas y chilenos han sido testigos de que “los poderosos también caen” en un clamor que no necesariamente proviene de ese mundo de “poderosos” sino del “power to the people”, uno donde la ciudadanía alza la voz y exige justicia. Y es que el caso Penta ha sido sólo el comienzo de una olla a presión que poco a poco deja entrever a la opinión pública lo que se ha venido cocinando desde hace largo rato, en nuestras narices, no dejando espacio incluso para “raspados”.

En el caso de Penta la justicia ha hecho lo suyo, ni más ni menos. Quienes han cometido fraude hoy se encuentran encarcelados y otros, gracias a su “disposición y colaboración”, hacen lo propio pero con arresto domiciliario y orden de arraigo nacional. Porque seamos honestos: entre pasar los días de detención en el anexo Capitán Yáber o en la comodidad de sus hogares, preferentemente ubicados en el sector oriente de la capital, no hay donde perderse. Pero bueno, justicia es justicia.

Como sea, y en virtud de dar una señal clara a la ciudadanía, el Gobierno promovió la creación de una Comisión Asesora para regular la relación entre dinero y política. Esta comisión, que bien podría ser como un “back to school” para la clase política en términos de lo (in)debido, (in)correcto y cómo ser personas de intachable probidad, pareciera ser casi un chiste de mal gusto, un stand up propio de la comedia negra: Porque es ni más ni menos el Ejecutivo quien busca promover las buenas prácticas en la actividad público-política, luego de vivir su mayor crisis a partir del (y llámele como quiera, total el fondo es el mismo) caso Dávalos–Luksic / Caval / Nueragate. Recordemos, de paso, lo que ocurrió con el último otrora paladín y pregonero de “terminar con las malas prácticas”… pero así es la política.

En el caso particular de Caval (donde quienes esperan que el hijo más cercano de Bachelet devuelva los $ 2.500 millones sería mejor que se fueran a encrespar sus cabelleras o algo por el estilo) lo que se mancilló no sólo fueron los principales bastiones del actual Gobierno, como la lucha contra la desigualdad, sino que el hecho terminó siendo una retroexcavadora letal que sustentaba, en un hilo muy delgado, la relación de confianza entre el mundo político y la ciudadanía. Para muestra, basta con revisar los sondeos de opinión pública donde, hoy por hoy, no existe un sólo sector que congregue adhesión, generando que los conglomerados políticos se disputen las migajas en vez de trabajar por reconstruir las confianzas.

Si revisamos nuestra historia, de la cual basta sólo hacer un chequeo desde el retorno a la democracia en adelante, varios han sido los casos donde se ha puesto en tela de juicio la relación entre dinero, política y confianzas. Pero lo importante de toda crisis es que siempre representa una oportunidad para hacer las cosas bien y, en el actual contexto en particular, renovar los vínculos ciudadanos. No olvidemos que durante las elecciones de 2013 el sistema constató que un 60% de los votantes no quiso participar en el proceso. En este sentido pensar que el culpable de aquello sería el voto voluntario obedece al afán político de querer tapar el sol con un dedo y no entender que la acción de sufragar requiere necesariamente de candidatos que representen a sus electores, que los motiven y para eso los primeros tienen que hacer su trabajo no sólo durante el período eleccionario sino también una vez ungidos en sus cargos porque de eso trata el servicio y la vocación pública.

En los hechos, y tras los casos Penta y Caval, nada garantiza que el sistema recupere su equilibrio y mantenga su estabilidad. Por lo mismo, las interrogantes surgen espontáneamente porque no se trata de la primera o la última vez que somos testigos de cuestiones similares. De aquí en más bien vale preguntarse: Después de todo esto que ha ocurrido y donde el quiebre de las confianzas resulta evidente ¿Qué vendrá después?

Comentarios del artículo: Después de Penta y Caval, ¿qué? - Publicado: a las 7:30 am

Etiquetas: , , , , , , , » Publicado: 18/02/2015

¿Vocación de servicio o de servirse?

Dávalos no comprendió la gravedad del hecho que revolucionó las redes sociales. Además, actuó con deslealtad hacia su madre, la Presidenta de la República. Pensar que no hubo ilícito en cuanto a influencias o uso de información privilegiada, entre otros, es pecar de ingenuidad o subestimar a ciudadanos cada día más empoderados.

Tras días intensos, y que de paso enlutaron un exitoso cierre legislativo para el oficialismo, el primogénito de Michelle Bachelet presentó su renuncia al cargo de director Sociocultural de la Presidencia tras el bullado caso referente a la solicitud de un crédito, concedido por una entidad bancaria, por 6.500 millones de pesos a la sociedad Caval, cuya propietaria es nuera de la actual Mandataria.

El préstamo tuvo como objetivo la compra de terrenos, en la comuna de Machalí, los cuales serían posteriormente vendidos en $9.000 millones dejando la friolera de $2.500 millones cash para las finanzas de la pareja.

Todo lo anterior, que podría ser perfectamente percibido como una muy buena “pasada”, se vio enlodado por la presencia de Dávalos en la reunión que sostuvo su mujer con Andrónico Luksic durante el período de campaña presidencial en el cual participó la entonces candidata Bachelet quien tenía las mayores chances de acceder a La Moneda cosa que, en la práctica, se concretó haciendo que, al día siguiente, Caval recibiera el crédito solicitado en sus arcas para la realización del negocio.

Este caso, sumado a otros hechos que han puesto en jaque la credibilidad, confianza y mermado la relación entre políticos-ciudadanos, nos lleva a preguntarnos si finalmente el ejercicio de la política es una cuestión de vocación de servicio, hacia los ciudadanos, o de servirse, para fines y ambiciones personales.

La vocación (latín “vocatio”) es la inclinación a cualquier estado, carrera, profesión o inspiración divina que atrae a una persona hacia un gusto, interés y/o aptitud. En cuanto al concepto de servidor público (lato-sensu) entenderemos a toda persona que, en virtud de la relación laboral establecida con el Estado mediante nombramientos expedidos por la autoridad competente o contrato celebrado entre las partes, presta sus servicios en el desempeño de una función social, orientada de manera directa o indirecta al servicio de la sociedad, bajo principios de legalidad, imparcialidad, eficiencia, resguardo del interés colectivo, honradez y lealtad a la institución gubernamental y a la ciudadanía.

Adicionalmente el servidor público es un ente que forma parte de la sociedad al actuar como instrumento de un sistema jurídico regulador de las acciones gubernamentales en su contacto con el ciudadano priorizando el interés común por sobre los fines individuales conforme a los valores y principios propios del Estado de Derecho con el propósito de servir, en el caso de nuestro país, a la sociedad chilena en su conjunto.

El caso Dávalos y otros que han puesto en jaque la credibilidad, confianza y mermado la relación entre políticos-ciudadanos, nos lleva a preguntarnos si finalmente el ejercicio de la política es una cuestión de vocación de servicio, hacia los ciudadanos, o de servirse, para fines y ambiciones personales.

En este sentido, quienes asumen el servicio público como una oportunidad para servirse no están cumpliendo ni la vocación ni el mandato por el cual fueron electos o designados, en base a la confianza depositada en ellos, propiciando conductas clientelistas que impiden avanzar hacia la construcción de una democracia plena y participativa.

Cuando Dávalos Bachelet comenzó su intervención realizando una escueta cuenta pública de su gestión, cabeza gacha y cual bólido de Fórmula 1, entendemos que el personaje en cuestión no comprendió la gravedad del hecho que revolucionó las redes sociales, enmudeció a los principales defensores de la probidad en el oficialismo y le trajo más de una crítica tanto al interior de la Nueva Mayoría como desde la Alianza (que, dicho sea de paso, dio cuenta de su tejado de vidrio y malentendido oportunismo propio del manejo en torno al caso Penta).

Lo que se le cuestionó al hijo de la Mandataria fue su proceder, su falta de sentido común en un Gobierno que aboga por la igualdad y lucha contra la desigualdad como estandartes pero desde la comodidad del establishment bajo la lógica del “juntos, pero no revueltos” o “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”.

Pensar que no hubo ilícito en cuanto a influencias o uso de información privilegiada, entre otros, es pecar de ingenuidad o subestimar a ciudadanos cada día más empoderados y que cuentan con multiplicidad de canales informativos para la comprensión de su realidad.

Incluso más, una de las grandes críticas emotivas hacia Dávalos fue la deslealtad hacia su madre, la Presidenta de la República, mancillando su reputación, en un control de daños liderado por el ministro Peñailillo, que comenzó en un blindaje y terminó por deslindar la responsabilidad hacia el cuestionado ex “primer damo” porque seamos claros: los ministros de Estado, al igual que todos los funcionarios públicos, no son guardianes ni cuidadores de niños rebeldes o malcriados, sino que son servidores para las chilenas y chilenos.

Como sea, lo de Dávalos Bachelet es sólo un ejemplo de varios donde hemos constatado cómo la vocación pública, ejercida por personas dedicadas a la actividad política (recordar la “condición humana” de Hannah Arendt), puede terminar derivando en una coyuntura donde la satisfacción de interés individuales y la ambición malentendida, bajo la premisa de que el fin justifica los medios, ponen en tela de juicio al sistema político. Acá terminan pagando justos por pecadores en un contexto marcado por la desconexión con la ciudadanía, acrecentando la desafección y cimentando las bases para un escenario que bien podría verse reflejado en las urnas durante los comicios de 2016 – 2017 ante la carencia de servidores públicos, que sean percibidos como tales por parte de la opinión pública, para Chile.

Comentarios del artículo: ¿Vocación de servicio o de servirse? - Publicado: a las 9:26 am

Etiquetas: , , , » Publicado: 29/12/2014

Las verdades de Nicolás

A propósito de educación, clasismo y segregación, una columna sobre la reforma educacional “entre patines e idiotas”, como diría el ministro Eyzaguirrre.

Durante el 2014 varias han sido las discusiones, opiniones, análisis y frases en torno a la educación, particularmente en lo referente a lucro, selección y copago. Pero sin lugar a dudas fue el ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, quien marcó el debate con sus declaraciones sobre los “idiotas” y los “patines”.

En el caso de la primera afirmación, que realizó en el contexto de un encuentro de jóvenes del PPD, Eyzaguirre afirmó: “Fui a un colegio cuico. Fui al Verbo Divino, y les puedo decir que muchos alumnos de mi clase eran completamente idiotas; hoy día son gerentes de empresa. Lógico, si tenían redes. En esta sociedad no hay meritocracia de ninguna especie”.

Su declaración, que le acarreó una serie de críticas y cuestionamientos varios, no deja de ser la cruda verdad y realidad de nuestro país. Seamos honestos, para muchos la meritocracia sustenta sus bases en la educación, esa que nos permite ser profesionales para insertarnos en el campo laboral. Una cuestión loable pero tristemente condicionada por una mixtura entre clasismo y segregación.

Sin ir más lejos, la OCDE calificó el año 2011 a Chile como el país con mayor segregación socio-económica escolar. Y el año 2013, en un informe realizado por Espacio Público, se estableció que Chile tiene uno de los sistemas escolares más segregados del mundo, donde las escuelas parecieran ser más bien clubes sociales o “de iguales”.

Es decir, y más allá de acceder o no a una buena educación, el capital social configura una suerte de firewall que garantiza la reproducción y mantención de las elites imposibilitando la movilidad social a través de espacios que favorezcan la inclusión de otros actores que, aun teniendo las competencias, conocimientos y habilidades, terminan siendo marginados del sistema porque no son parte del establishment social.

Sobre este último punto podríamos considerar que nuestra sociedad sigue ostentando un alto grado de clasismo, donde el “dime cuánto tienes, dónde vives, en qué lugar estudiaste, cuál es tu apellido, quiénes son tus padres, con quién te casaste, etc.” parecieran ser diálogos extraídos de una novela de Balzac, pero no: es Chile en el siglo XXI. En este sentido, y si nos remitimos a la investigación “La voz de los niños. Educación en Chile y Reforma Educacional” realizado por Unicef se constata que el 63% de los encuestados asegura que en Chile hay mucha desigualdad en la educación impartida, por ejemplo en Santiago, respeto al resto del país añadiendo una nueva variable como es el caso del centralismo.

Además, el estudio constató que el 54% piensa que la educación chilena no ayuda a que todos tengan las mismas oportunidades y el 50% opina que el modelo educacional está en crisis en un análisis que considera además a los profesores y la infraestructura de los establecimientos educacionales, entre otros.

Por otro lado, la afirmación de los “patines” propuesta por el ministro, y que graficaría en teoría el objetivo de la actual reforma educacional, se podría sintetizar en lo siguiente: hay personas que van en patines a alta velocidad y otros a pie pelado- Por lo tanto, lo primero es bajar de los patines a los que van muy rápido.

Nuestra sociedad sigue ostentando un alto grado de clasismo, donde el “dime cuánto tienes, dónde vives, en qué lugar estudiaste, cuál es tu apellido, quiénes son tus padres, con quién te casaste, etc.” parecieran ser diálogos extraídos de una novela de Balzac, pero no: es Chile en el siglo XXI.

En la práctica, la frase de Eyzaguirre implica quitarles a otros para darle a los que tienen menos, algo que ciertamente habla de una gran generosidad pero no necesariamente de conciencia social por lo siguiente: ¿Qué pasaría si en vez de quitarle a otros (educación privada) comenzamos a fortalecer e inyectar recursos, tanto humanos como económicos, a quienes están descalzos (educación pública), potenciamos a sus entrenadores (profesores) y complementamos su trabajo con equipos multidisciplinarios de profesionales y proveemos una buena infraestructura asegurando además las condiciones mínimas para su desarrollo (buenas salas de clases, áreas verdes, alimentación)? Es cierto, la apuesta puede sonar ambiciosa e idealista pero ciertamente, y pensando en el mediano – largo plazo, resulta mucho más efectiva que esa mirada asistencialista y facilista a la cual está mal acostumbrada la Nueva Mayoría.

Como vemos, el ministro Eyzaguirre conoce perfectamente la realidad socioeducativa y por eso sus afirmaciones, quizás algunas desafortunadas, están lejos de ser fortuitas, porque simplemente son y reflejan el Chile de hoy.

De hecho, y durante su participación en Icare, el titular de Educación sorprendió a los asistentes empleando nuevamente la comparación de los patines, enfatizando “la injusticia de las condiciones de la carrera”. En otro ejercicio retórico, dijo que el sistema educacional chileno pondría a los niños en “taburetes de distinta altura” la cual vendría determinada por el origen socioeconómico y cultural de los niños. La consecuencia sería que la sociedad no seleccionaría talentos sino taburetes. Dicho de otra manera, privilegiaría a sus ex compañeros del patinódromo Verbo Divino en desmedro de los “pies descalzos”, mientras tanto Chile continúa farreándose la gran oportunidad de contar con un Centro de Alto Rendimiento educativo que contribuya a formar “deportistas” (personas) de elite que compitan de igual a igual en cualquier parte del mundo.

Comentarios del artículo: Las verdades de Nicolás - Publicado: a las 9:27 am

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 17/11/2014

Reforma educacional: Así, Chile no la quiere

La reforma debió haber comenzado por conocer la realidad desde la sala de clases. Pero no, para el Gobierno fue mucho más relevante mantener aquietadas las aguas del movimiento estudiantil y satisfacer sus demandas antes que hacer una reforma en sintonía con la realidad tanto nacional como global.

Durante las últimas semanas hemos visto cómo los sondeos de opinión pública, procedentes desde los más diversos ámbitos y vinculados a todos los sectores políticos, han sido categóricos en la opinión ciudadana que rechaza, así tal y como está, la Reforma Educacional.

Sin ir más lejos, en el oficialismo, se han convertido en un argumento o excusa para posicionar las diferencias y almas que convergen en una coalición incapaz de escuchar, convocar y abrir el debate sobre algo fundamental como es el derecho a una educación digna, de calidad y que propicie oportunidades para todas y todos.

De hecho, tal ha sido el nivel de los dimes y diretes que tanto el ministro Rodrigo Peñailillo como la Presidenta Michelle Bachelet han tenido que hacer, reiteradamente, llamados al orden al interior del conglomerado, llevándose todo el peso político ante la irreverencia e intereses de quienes constituyen la Nueva Mayoría. Eso en cuanto a lo político.

¿De qué sirve compararse con Finlandia, Dinamarca, Polonia u otros casos de éxito, en materia educacional, si todo aquello que hagamos debe ser aplicado a nuestra realidad?

Porque en lo educacional la reforma debió haber comenzado por hacer un diagnóstico o levantamiento de las necesidades inmediatas y actuales, y conocer la realidad desde la sala de clases, los establecimientos educacionales, las vivencias y ejercicio del trabajo docente en el aula; también debió poner en agenda los procesos cognitivos, cómo nivelamos los trastornos de aprendizaje, y qué pasa con la enseñanza de la inteligencia emocional para enfrentar la vida. Asimismo, tenía que incluir el factor del determinismo socioeconómico y cultural que rige actualmente nuestra sociedad, la precaria infraestructura, la educación cívica y el tan anhelado fortalecimiento de la educación pública, entre otros.

Pero no, para el Gobierno fue mucho más relevante mantener aquietadas las aguas del movimiento estudiantil y satisfacer sus demandas que hacer una reforma educacional, necesaria para el país, y que estuviera en sintonía con la realidad tanto nacional como global. De hecho, ¿de qué sirve compararse con Finlandia, Dinamarca, Polonia u otros casos de éxito, en materia educacional, si todo aquello que hagamos debe ser aplicado a nuestra realidad?

Cuando un estudiante “saborea” el aprendizaje, y lo que eso implica para su vida, nadie lo va a poder parar. Lo mismo ocurre cuando un profesor cuenta con un equipo multidisciplinario de profesionales a su alrededor que lo apoyan para el logro de un objetivo fundamental: hacer que el aprendizaje ocurra.

Nadie dice que Chile no necesita una reforma educacional, pero una buena y bien hecha que se haga cargo de las falencias y propicie las oportunidades. Una donde, por ejemplo, nuestros estudiantes tengan plena conciencia de sus derechos y deberes, donde los docentes ocupen un estatus social que vaya más allá de lo económico siendo complementado con posibilidades para perfeccionarse a través de diplomados, magíster o doctorados financiados por las entidades educativas, el Estado o a través de becas. Donde los sostenedores inviertan en sus establecimientos educacionales, donde la familia juegue un rol protagónico en los procesos formativos de sus hijos y sepa qué está pasando con ellos, donde seamos capaces de tolerar en la diversidad las opiniones y exista el compromiso país por avanzar hacia una educación de calidad favorable para nuestras niñas, niños y jóvenes.

Comentarios del artículo: Reforma educacional: Así, Chile no la quiere - Publicado: a las 8:27 am

Etiquetas: , , , » Publicado: 09/10/2014

Cambio cultural y educación

Como ha sido la tónica, la actual reforma educacional ha puesto desde su génesis un especial énfasis en el lucro y la gratuidad. Todo, por cierto, con la noble intención de sentar las bases para una educación gratuita y ¿de calidad?

A la fecha ninguna de las medidas de la reforma educacional pareciera ir encaminada hacia la calidad, cuestión no menos relevante si realmente existe una planeación e intención veraz y concreta de emparejar la cancha, contribuir a la disminución de las brechas de desigualdad existentes en nuestro país y brindar oportunidades a la meritocracia partiendo de un derecho fundamental como es la educación.

En este sentido bien vale reflexionar en torno a los cambios culturales que hemos vivido como sociedad durante los últimos años donde, por ejemplo, la aparición de las Tics (revolución digital) han redibujado los paradigmas de la interacción social y la construcción del conocimiento facilitando el tránsito a una esfera pública que antes estaba disponible sólo para unos pocos.

Eso ha hecho que los ciudadanos mejoren ostensiblemente su acceso a la información permitiendo, de paso, aumentar el nivel del debate en los temas públicos mediante la edificación de sentido. Esto va acompañado del consiguiente empoderamiento, en una tónica que tal como debe ir acompañada de derechos también tiene que serlo en el de los deberes.

Estos cambios, que probablemente no se constataban desde la revolución industrial, están directamente vinculados con los ejes asociados tanto a costumbres como mentalidad que, como país, hemos ido experimentado ya sea de manera consciente e inconsciente.

Porque en un mundo en que la cultura está enfrentando profundas y vertiginosas transformaciones, la educación no puede más que verse envuelta en múltiples desafíos.

En concreto, la calidad de la educación está íntimamente relacionada con la calidad de la cultura de una sociedad o país. No en vano ésta, a través de este siglo, ha tenido una evolución pasando por cuestiones tales como la economización de la vida, la realidad virtual y la globalización, en un asunto que podría generar un clima de inseguridad y confusión. Estos problemas son parte de nuestra actual realidad cultural y deben ser enfrentados mediante una mejor calidad de la enseñanza en cuanto a sus contenidos, metodologías y redefiniendo la cultura de la democracia la cual, y en opinión personal, no podemos concebirla con otro objetivo que no sea el de colocar al ciudadano en la situación más ventajosa para el ejercicio de su libertad.

Para lograr esto, y visto desde la sociología weberiana, es necesario salir a la calle, constatar e insertarse en la realidad que vive cada establecimiento educacional, cada familia y cada comunidad. Esto requiere no sólo una mirada holística de la situación sino también algo fundamental para responder a las necesidades y demandas ciudadanas: vivir, respirar, conocer, comer, palpitar, amar y, muy especialmente, pensar Chile.

Comentarios del artículo: Cambio cultural y educación - Publicado: a las 9:25 am

Etiquetas: , , , » Publicado: 26/09/2014

Cultura del despelote

Las cosas a medias, desordenadas, improvisadas y mal hechas han sido la tónica en nuestro país. Pero nuestro país se encuentra en un punto de inflexión donde no resiste más conformismo y mediocridad, y la cultura de hacer las cosas bien, en forma seria y de manera eficiente, ha ido ganando terreno.

Recientemente el contralor Ramiro Mendoza acusó una “cultura del despelote” respecto a la rendición de cuentas de los dineros de la Subvención Escolar Preferencial en el sector municipal. Más allá de la crudeza y escaso protocolo en su afirmación la autoridad no deja de tener razón, especialmente si hacemos la analogía con aquellas célebres afirmaciones que justifican incluso lo injustificable: “hacer las cosas a la chilena” o “estamos en Chile”.

Si hay algo que pareciera ser común en nuestra sociedad es esa búsqueda incansable por hacer las cosas a medias, desordenadas, improvisadas y mal hechas. A lo anterior se agregan cuestiones tales como sacar la vuelta en el trabajo cada vez que se presente la oportunidad, envidiar al de al lado o chaquetear al compañero de trabajo, o a quien sea, si es que logra algún éxito o desempeña su labor de manera exitosa. Ciertamente cada uno de estos últimos puntos parecieran ser inverosímiles, pero no lo olvide: ¡Estamos en Chile!

En esta “cultura del despelote” también existen personas que día a día se esfuerzan por hacer bien su trabajo, que respetan y toleran en la diversidad, que construyen con ahínco y espíritu propositivo un sendero orientado hacia la calidad, la excelencia, la equidad y la justicia social.

Bajo este escenario podríamos pensar que estamos ante una realidad macabra. Pero tranquilos compatriotas y lectores, que aún hay patria. Porque los nativos de esta larga y angosta faja de tierra también poseemos otras características mucho más loables tales como la amabilidad, generosidad y solidaridad, entre otros. Los chilenos somos de juntarnos en familia o con amigos a celebrar por cualquier razón; excusas no faltan. Apreciamos y admiramos la geografía y naturaleza de nuestro país, considerando lugares tales como la Cordillera de Los Andes, la Isla de Pascua, el Desierto de Atacama, los lagos y volcanes, las caletas pesqueras, la Isla de Chiloé y la Patagonia chilena como lo más representativo de nuestra identidad. Y, muy especialmente, somos capaces de reconocer y apreciar un espíritu colectivo de lucha, solidario y optimista frente a las dificultades que presenta la naturaleza, las que por nuestra topografía (habitamos entre la Cordillera de Los Andes y el Océano Pacífico), sumado a nuestra situación respecto a las placas de Nazca y Sudamericana, son muchas y muy frecuentes.

En esta “cultura del despelote” también existen personas que día a día se esfuerzan por hacer bien su trabajo, que respetan y toleran en la diversidad, que construyen con ahínco y espíritu propositivo un sendero orientado hacia la calidad, la excelencia, la equidad y la justicia social. Personas de esfuerzo que día a día luchan por alcanzar sus metas en una realidad a ratos incómoda e injusta, pero donde cada uno de nosotros ejerce su opción sobre cómo enfrentarla, de saber y aprender a vivirla.

Nuestro país se encuentra en un punto de inflexión donde no resiste más conformismo y mediocridad. Por fortuna, la cultura de hacer las cosas bien, en forma seria y de manera eficiente, ha ido ganando terreno dejando atrás el mal llamado “ChileanWay”.

Comentarios del artículo: Cultura del despelote - Publicado: a las 9:47 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 26/08/2014

Con los pies en la sala

El movimiento estudiantil no sólo debe tener los pies en el Congreso o en las marchas, sino más bien en el aula, donde realmente se está dando la batalla por las oportunidades y disminución de las brechas.

Los últimos acontecimientos en materia de educación hacen necesario reflexionar en torno a lo que ha sido el devenir de la relación entre el gobierno y el movimiento estudiantil, quienes han terminado por imponer su agenda priorizando el fin al lucro, el fin a la selección y el término del copago. Temas no menos relevantes, pero que no necesariamente se condicen con las necesidades inmediatas en educación y el sentir de las comunidades educativas quienes han manifestado, y en más de una oportunidad, la exclusión, carencia de diálogo y falta de participación en el debate.

No cabe duda que los jóvenes hemos sido factor, en la historia de nuestro país, de importantes y trascendentales cambios que han contribuido a mejorar nuestra calidad de vida. Por lo mismo, sería bueno que todo el ímpetu, energía y convicciones que demuestran en cada marcha estudiantil la volcaran a las salas de clases, a impactar positivamente en la formación de nuestros educandos, a conocer la realidad que viven día a día los profesores y alumnos en el aula, a mejorar la precariedad en infraestructura de algunos establecimientos y a reivindicar la educación como factor de movilidad social.

Sería bueno que todo el ímpetu, energía y convicciones que los jóvenes demuestran en cada marcha estudiantil la volcaran a las salas de clases, a impactar positivamente en la formación de nuestros educandos, a conocer la realidad que viven día a día los profesores y alumnos en el aula.

La construcción del Chile de todos radica en que, precisamente, se construye entre todos, dejando de lado las mezquindades ideológicas priorizando el interés común. Para ello debemos insertarnos en la realidad, conocer sus deficiencias, las oportunidades y no seguir postergando o entramparnos en un debate que no beneficia a nadie y sólo contribuye a aumentar el descontento social.

De ahí en más que el llamado sea no sólo a tener los pies en el Congreso o en las marchas, sino más bien donde realmente se está dando la batalla por las oportunidades y disminución de las brechas. Pongamos de una buena vez los pies en la sala de clases y empaticemos con nuestros con estudiantes, profesores, padres y apoderados.

Comentarios del artículo: Con los pies en la sala - Publicado: a las 8:15 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 01/08/2014

Inteligencia emocional y educación

Una construcción social de calidad entre estudiantes y profesores es un imperativo para mejorar la educación.

Recientemente el semanario británico The Economist publicó una crónica titulada “Eyes on the classroom” donde analiza la educación pública en Chile y en el resto de la región. En el texto se afirma que “el problema es que los latinoamericanos no aprenden lo suficiente” al interior de las salas de clases, cuestión que entra de lleno en el aspecto formativo y los procesos de mediación humana que se establecen en la relación docentes– estudiantes.

Desde hace algunos años, especialistas en la materia vienen observando que los procesos educativos no sólo tienen que poner atención en los objetivos  académicos, sino también en lo emocional y en lo actitudinal. Considerando el día a día de la labor docente notaremos que es en el proceso de enseñanza-aprendizaje–evaluación donde el aspecto afectivo surge como mediador en la relación que establece el profesor con sus estudiantes; y no se le puede negar ni excluir porque tal proceso es un suceso humano intersubjetivo que ocurre en un sistema social complejo como lo es, en su sentido más amplio, la escuela o el establecimiento educativo, considerando las características propias de cada cultura y pudiéndose dar de manera directa o indirecta.

Por esta razón, un profesional de la docencia no sólo debe “saber hacer”, conocer las materias que explica y saber enseñarlas,  sino que también debe “saber estar”, de manera que no se centre sólo en lo que el alumno ha de aprender, sino que lo considere una persona que siente, que vive emociones y que por ende el trabajo no se restringe sólo a los contenidos. El profesor, al interior del aula, ejerce no sólo un rol formativo sino también de liderazgo convirtiéndose en un agente de cambio social para sus estudiantes quienes observan en su figura un modelo o guía veraz para su crecimiento y desarrollo. El profesor, bajo una mirada constructivista, desempeña un rol mediatizador que redunda en la adquisición de aprendizajes significativos, que son parte de las competencias sociafectivas, que favorecen el desarrollo emocional y la convivencia pacífica dentro y fuera del aula como la emocionalidad del propio docente y la eficacia de su labor.

De ahí que el docente deba estar presente y ser cercano a sus estudiantes, intentar comprenderlos, implicándose emocionalmente con ellos, contribuyendo a la formación de personas integrales con plena conciencia de sus derechos y deberes, maduros y equilibrados en sus emociones, con habilidades para tomar decisiones, dar sentido a su entorno, participar en los procesos sociales, además de prepararlos para la vida dotándolos de herramientas que les permitan soslayar las adversidades convirtiéndose en líderes propositivos que impacten de igual manera en su entorno y comunidad.

Comentarios del artículo: Inteligencia emocional y educación - Publicado: a las 11:57 am

Etiquetas: , , » Publicado: 28/07/2014

Debate educacional en Chile: Números antes que personas

Chile necesita un cambio de mentalidad y disposición por parte de cada uno de los partícipes en el proceso educativo. Difícilmente podrán encararse estos desafíos si la atención continúa puesta sólo en temas numéricos y económicos.

Las declaraciones del ministro Nicolás Eyzaguirre sobre financiar sólo los primeros 4 años de estudios superiores con recursos del Estado dan cuenta de un debate que, además de las incongruencias entre las promesas de campaña y la realidad actual del Gobierno, ha estado marcado desde el Ejecutivo por la importancia de las cifras en desmedro de una cuestión vital y clave para el logro de todo objetivo como son las personas o capital humano.

Porque, mientras algunos continúan teorizando y buscando fórmulas para cumplir con la gratuidad en educación, las niñas y niños de Chile, además de profesores, padres y apoderados, continúan esperando un debate serio, con altura de miras y que propicie de una buena vez una definición clara en torno a calidad de la educación, en una cuestión que está por sobre el origen económico o social y que se focaliza en las potencialidades de nuestros jóvenes y el fomento de sus habilidades o talentos a través de los procesos de enseñanza – aprendizaje permitiendo, por ejemplo, la tan anhelada y muchas veces esquiva movilidad social.

Es en el aula donde podemos comenzar a ganarle la batalla a la desigualdad y a generar oportunidades que repercutan directamente en la disminución de las brechas de desigualdad, contribuyendo a la disposición de una sociedad más justa, amplia y con oportunidades para todos.

Cuando el ministro Eyzaguirre menoscaba, entre otros, el rol en la sala de clases como instancia transformacional denota su falta de sensibilidad y conocimiento al respecto, porque es precisamente allí donde el profesor interactúa y conoce a sus estudiantes y viceversa. Es en el aula donde se generan las confianzas, se establecen los vínculos y se plantean las metas educativas que van más allá del aprendizaje de las asignaturas, complementándose con las denominadas competencias o habilidades blandas, entre otros.

Son esos metros cuadrados donde podemos comenzar a ganarle la batalla a la desigualdad y a generar oportunidades que repercutan directamente en la disminución de las brechas de desigualdad, contribuyendo a la disposición de una sociedad más justa, amplia y con oportunidades para todos.

Uno de los objetivos de la educación es proveer a las personas de instrumentos para su desarrollo. Por esta razón es fundamental que, desde temprana edad, los individuos cuenten con una preparación en el aula que les brinden esas capacidades y, a la vez, fomente rasgos de raciocinio que los preparen para hacer frente a diferentes etapas, situaciones y contextos a lo largo de sus vidas.

Chile necesita un cambio de mentalidad y disposición por parte de cada uno de los partícipes en el proceso educativo en virtud de un compromiso real con la educación como un pilar social clave para el crecimiento y equidad de nuestro país. Difícilmente podrán encararse estos desafíos si la atención continúa puesta sólo en temas numéricos y económicos como los que hoy se discuten y se promueven soluciones que apuntan a uniformar la educación bajo la administración del Estado, lo cual además de coartar la libertad tanto de elección como de enseñanza, amenaza con hacer que el país retroceda en términos de la calidad del aprendizaje que reciben nuestros estudiantes, con el consiguiente deterioro al prestigio del ejercicio y profesión docente.

 

 

Comentarios del artículo: Debate educacional en Chile: Números antes que personas - Publicado: a las 9:19 am

Etiquetas: , , , » Publicado: 03/07/2014

El llanto no tiene patrimonio

A propósito de la emotiva reacción de los jugadores de la Roja tras ser eliminados del mundial, no deja de llamar la atención esa idea arcaica, retrógrada o sinsentido respecto del patrimonio sobre quienes pueden y tienen derecho a llorar. Más aún en un país y sociedad que se precia de ser moderno.

Tras la dramática eliminación de Chile a manos del anfitrión de la Copa Mundial de Fútbol fueron varios quienes no ocultaron su frustración e impotencia de haber estado a escasos minutos de conseguir una hazaña histórica para el balompié nacional. Más aún, y en la forma que se desarrolló el trámite del encuentro, la Roja mereció haber dado el golpe a la cátedra dejando fuera de la competición a los pentacampeones.

Hasta ese minuto Chile había tenido un desempeño que acaparó las miradas de la prensa internacional y sorprendió a quienes daban por seguro el paso de Holanda y España, en el denominado “Grupo de la Muerte” dejando fuera a Chile y Australia.

Pero el fútbol tiene sus cosas y el cuadro nacional no sólo eliminó a los actuales campeones (España), sino que además demostró coraje, pasión, compromiso, disciplina, perseverancia y ese espíritu que Alexis Sánchez le impregnó a todos y cada uno de sus compañeros: ser campeones del mundo.

Por eso no extrañó que, tras la emotiva eliminación del cuadro nacional, las imágenes de los jugadores chilenos llorando y lamentando la derrota surgieran en forma espontánea. Hombres que lo dejaron todo en la cancha, destacando el caso de Gary Medel y su desgarro, y que fueron capaces de llegar hasta las últimas consecuencias por alcanzar su sueño.

Dicho esto, y en virtud del recibimiento que el pueblo chileno les otorgó tras regresar al país, ¿alguien podría poner en duda que los hombres también lloran por la sencilla razón de que son personas y, como tales, tienen sentimientos y emociones?

La acción de llorar forma parte de las emociones humanas en forma transversal y se manifiesta independiente de la condición de género, edad, estrato social u otros. En rigor son múltiples los estímulos que podrían gatillar esta acción, como amor, injusticias, maltrato, menoscabo, el nacimiento de un hijo, la pérdida o enfermedad de algún ser querido, el triunfo, la derrota, un enlace o compromiso, la noticia de un ascenso o un despido injustificado, etc.

La acción de llorar es parte intrínseca de la condición humana en una cuestión que va más allá de ser bueno o malo, porque simplemente es. De ahí que no deje de llamar la atención esa idea arcaica, retrógrada o sinsentido respecto del patrimonio sobre quienes pueden y tienen derecho a llorar, a emocionarse. Más aún en un país y sociedad que se precia de ser moderno, tolerante y progresista, donde temas tales como el aborto terapéutico, el acuerdo de vida en pareja o un conjunto de reformas se discuten de forma natural, pero no así la simpleza y honestidad del acto de llorar.

Algunas voces, con escasez de centímetros de frente, osaron mofarse de ese llanto. Uno que se justifica en una historia ingrata, con capítulos desilusionantes y frustrantes, además de párrafos donde destacan una larga lista de “victorias morales”. Es cierto que Chile perdió y quedó eliminado del mundial. Pero también es verdad que el hambre de triunfo y gloria de nuestros seleccionados debiera ser el puntapié inicial para ese necesario cambio de mentalidad país que nos invite a pensar en grande, a alcanzar objetivos o metas que parecían inverosímiles y a sentir que, para quienes hemos nacido en esta larga y angosta faja de tierra, nada es imposible.

Comentarios del artículo: El llanto no tiene patrimonio - Publicado: a las 9:00 am

Etiquetas: , , , » Publicado: 10/06/2014

El Mundial y la Imagen País

La organización de un mundial no permite cabos sueltos. Pero el torneo dura tan sólo un mes y deja una serie de interrogantes. Una de ella es cómo se capitaliza la inversión realizada en beneficio de la comunidad nacional.

En medio del fervor y ambiente mundialero, el presidente de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP), Sergio Jadue, sorprendió a todos con su idea de postular a Chile para la realización de la Copa Mundial del año 2030. A juicio del timonel del futbol chileno, el país está preparado para organizar una cita planetaria de esta envergadura y aseguró que es algo que ya ha tenido la oportunidad de conversar con la Presidenta Michelle Bachelet.

Hasta ahí todo bien y sería fantástico concretar este anhelo. Pero aquí aparece una variable que tal vez el mandamás del fútbol chileno y sus asesores no han considerado aún: La imagen país.

En lo inmediato reflexionemos en torno al caso de Brasil 2014. Lo positivo, hasta el momento, sería el ambiente de la torcida, sus paradisíacas playas, su naturaleza y ese estado de carnaval que se vive en el país originario de la samba y el jogo bonito.

La otra cara de la moneda nos muestra un país con altos índices de inseguridad y criminalidad en las calles, problemas sanitarios ante un posible contagio de dengue o enfermedades de transmisión sexual, protestas por parte de la ciudadanía que reclama la falta de criterio de las autoridades ante cantidades de dinero invertidas que pudieran parecer excesivas en contraste con la marginalidad y pobreza existentes en el país. Sólo para la remodelación y construcción de estadios se invirtieron US$13 mil millones, siendo el de Brasilia uno de los más costosos con US$900 millones.

Otro factor a considerar es que un mundial dura tan sólo un mes y, posteriormente, surgen una serie de interrogantes tales como ¿Qué hacer con los recintos deportivos en términos de su utilidad/funcionalidad? ¿Cómo se capitaliza la inversión realizada para el torneo en beneficio de la comunidad nacional? ¿Favoreció o no, por ejemplo, a sectores emprendedores y exportadores en cuanto a la generación de nuevos mercados, o mejorar el posicionamiento, para la colocación de sus bienes o servicios en el extranjero? ¿Cuál es la percepción de imagen país, considerando las oportunidades para atraer inversionistas extranjeros que contribuyan a dinamizar la economía nacional? ¿Qué ocurre con los puestos de trabajo creados para el torneo, que contribuyeron a la disminución de las cifras de desempleo, una vez terminada la competición? ¿Cuáles son las políticas públicas que permitirán fomentar el deporte y consiguiente desarrollo formativo para futuros deportistas de elite o alto rendimiento?

Por eso también sería interesante conocer la posición de Brasil post mundial en el Nation Brands Index (NBI), ranking que valora la percepción de marca de 113 países del mundo. En el año 2013, Brasil aparece en el lugar 20. Esto sólo para tenerlo como antecedente.

Una Copa del Mundo o cualquier evento o actividad que revista las características de globalidad, implica una sobreexposición mediática que no permite cabos sueltos y, para ello es fundamental realizar un buen diagnóstico y levantamiento de información, anticipar posibles focos de contingencia y estimar la relación costo – beneficio para el país a través del ensayo en la organización de otras instancias tales como, en el caso de Chile, podrían ser la Copa América o el Mundial sub 17, los cuales permitirán hacer análisis estimativos sobre la realidad presente y futura para la posible realización de eventos deportivos de mayor envergadura.

Cuando eres el organizador, en este caso de una Copa Mundial de Fútbol, el planeta te está observando, los turistas llegan a conocer tus ciudades y costumbres, los medios de comunicación realizan coberturas incluso con meses de antelación y las personas hablan e intercambian información a través de las redes sociales u otras herramientas propias de la comunicación digital.

Como anfitriones, se debe invertir grandes sumas de dinero en construir o remodelar estadios, generar campañas publicitarias y merchandising en torno al evento deportivo, además de establecer relaciones de cordialidad y justa competencia con las marcas.

Otra arista es la preparación de áreas también importantes tales como la gastronomía, la industria hotelera, los recintos patrimoniales y turísticos, la capacitación en idiomas para los trabajadores a fin de responder a las necesidades de los visitantes extranjeros, etc.

La construcción de experiencia debe ser lo más provechosa y positiva, teniendo en cuenta que quienes arriban al país serán nuestros mejores representantes, o embajadores cuando regresen a sus naciones, y ojalá con ganas de regresar prontamente, relatando los detalles de sus vivencias, posicionando la imagen de Chile en el mundo a través de sus relatos.

Comentarios del artículo: El Mundial y la Imagen País - Publicado: a las 9:06 am

Etiquetas: , , , » Publicado: 23/05/2014

La pugna por la calidad en la educación

En la formación de alumnos, resulta clave el desarrollo y fortalecimiento no sólo de las asignaturas del plan de estudios sino también de habilidades como el liderazgo al interior del aula y en su comunidad.

Tras el envío, por parte del Ejecutivo, de los proyectos de ley de educación parvularia y fin al lucro, a la selección y a copago se dio inicio a la primera fase de la reforma educacional cuyo costo está previsto en unos US$2 mil millones anuales teniendo como plazo de implementación un período de 12 años.

La medida implica que los colegios subvencionados deberán convertirse en corporaciones y ser dueños de sus inmuebles. En el caso de 50 de los denominados liceos emblemáticos, éstos serán 50 y podrán acceder sólo los estudiantes del 20 por ciento de mejor rendimiento.

La educación de calidad es clave para la igualdad entre los géneros, la seguridad humana, el desarrollo de las comunidades y el progreso de las naciones. Es un reto enorme, pero también una oportunidad.

Aquí llegamos a un punto delicado y poco debatido como es el caso de la calidad. A esto debemos añadir el elemento de la diversidad, que implica reconocer que cada uno de nosotros es distinto. En términos educacionales, es un factor inserto en contextos educativos que se refleja en el trabajo de las destrezas y potencialidades individuales tanto de los educandos como los educadores, logrando el cumplimiento de las metas establecidas en forma colectiva para beneficio de la comunidad educativa.

Por otro lado, y en términos de la formación de alumnos, resulta clave el desarrollo y fortalecimiento no sólo de las asignaturas del plan de estudios sino también de otras habilidades, como por ejemplo el liderazgo al interior del aula y en su comunidad, convirtiéndolos de paso en agentes de cambio social.

De esta manera, y en base a estudios de organismos internacionales como el PNUD y la OCDE, contribuimos con evidencia empírica y replicable para la disminución de las brechas de desigualdad.

La educación de calidad es clave para la igualdad entre los géneros, la seguridad humana, el desarrollo de las comunidades y el progreso de las naciones. Es un reto enorme, pero también una oportunidad. Como el motor de un coche o las alas de un avión, representa la diferencia entre permanecer inmóviles y avanzar hacia el futuro.

Comentarios del artículo: La pugna por la calidad en la educación - Publicado: a las 8:17 am

Etiquetas: , , » Publicado: 20/05/2014

La parrilla mundialera

El Mundial de fútbol cambia no sólo la agenda informativa sino también el comportamiento del público, en una correlación interesante y que verá su ocaso una vez finalizada la competencia cuando la función periodística de los medios vuelva a la normalidad.

A medida que se acerca el inicio del mundial de Brasil 2014 hemos podido constatar, especialmente en el caso de la televisión, el aumento de la cobertura informativa y noticias vinculadas al fútbol. Lo anterior cobra sentido si consideramos que esta competición se realiza sólo cada 4 años en una industria que mueve millones, tanto de masas como dinero. Ejemplo de esto último es el merchandising existente, las transacciones entre clubes por jugadores o los cerca de 13 mil millones de dólares que el Gobierno brasileño desembolsó para la construcción de estadios, cuestión que nos explicaría las razones que han gatillado multitudinarias y constantes movilizaciones ciudadanas en el país de la samba. Pero tranquilos, para eso está el fútbol y el jogo bonito.

Desde el 12 de junio al 13 de julio de 2014 no escatime grandes esfuerzos en informarse de alguna otra cosa que no sea fútbol y disfrute de las emociones y jornadas que despierta esta pasión de multitudes.

En el caso de Chile hemos visto también esta suerte de fenómeno mediático donde hechos tales como la cirugía a la rodilla de Arturo Vidal, si Alexis Sánchez se va o no del Barcelona, las posibilidades de la Roja en el denominado “grupo de la muerte”, o la desafección de tres jugadores de la selección por parte del técnico Jorge Sampaoli, adquieren relevancia concitando, en mayor medida, el interés por parte de las audiencias en desmedro de los habituales robos, asesinatos u otros que forman parte de la habitual crónica roja periodística.

La copa mundial de Brasil 2014 altera la tradicional agenda noticiosa imponiendo su propia agenda. Pero además genera un fenómeno social donde el concepto de grupo o asociatividad adquiere importancia transformándose en un acto masivo – colectivo donde, por ejemplo, hinchas de equipos rivales como Colo Colo y la Universidad de Chile, dejan a un lado sus diferencias ideológicas para alentar a la selección compartiendo espacios y emociones comunes dejando de manifiesto un sentimiento patriótico – nacionalista pocas veces visto en Chile y sólo en contextos de tragedia o la Teletón.

Así que ya lo sabe. Desde el 12 de junio al 13 de julio de 2014 no escatime grandes esfuerzos en informarse de alguna otra cosa que no sea fútbol y disfrute de las emociones y jornadas que despierta esta pasión de multitudes, teniendo siempre la certeza que una vez finalizado el campeonato mundial la función periodística de los medios volverá a la normalidad y continuará con su habitual parrilla informativa, una que no necesariamente congrega a la familia, los amigos y personas en general en torno a las noticias.

 

 

Comentarios del artículo: La parrilla mundialera - Publicado: a las 9:10 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 28/04/2014

Reforma educacional versus movilidad social

La discusión de la reforma educacional debe ir más allá del debate en torno a la gratuidad, lo público contra lo privado e incluso la calidad. Como país debemos tener una visión que vaya más allá.

No cabe duda que los avances en educación y acceso a ésta han sido notables durante las últimas décadas. Las cifras son elocuentes y nos hablan de que, al año 2009, la cobertura bruta por nivel alcanzaba  un 40% en jardines infantiles (2 y 3 años), un 75% en pre-kinder y kinder,  prácticamente un  100% en educación básica, un 95% en educación media y un 38% en educación superior. En esta última, la  matrícula total ha tenido un alza sostenida en los últimos años.

Cabe destacar, además, que desde principios de los años ‘90 el sistema de educación superior alcanzó un tamaño tal que, internacionalmente comparado, adquirió características de un sistema masivo.

Sin embargo, y a pesar de las alentadoras cifras respaldas incluso en informes del Banco Mundial, aún persisten falencias que adolecen e impactan negativamente nuestra sociedad manteniendo, y en algunos casos ampliando, las brechas de desigualdad.

De hecho existe constatación de que la segregación educacional estaría directamente vinculada a la segregación residencial, dejando en evidencia las trabas impuestas por estructuras rígidas sustentadas en el capital social, el nepotismo y las redes, dejando de lado aspectos básicos para una sociedad aspiracionalmente desarrollada tales como la meritocracia y la movilidad social.

Esta última, dicho sea de paso, no se logra sólo a través del acceso a una educación “pública y gratuita”, sino que necesariamente va de la mano con el ingreso de profesionales, técnicos u otros al mercado laboral.

Laa movilidad social no se logra sólo a través del acceso a una educación “pública y gratuita”, sino que necesariamente va de la mano con el ingreso de profesionales, técnicos u otros al mercado laboral.

Es aquí donde, finalmente, la persona puede mejorar sus condiciones de vida accediendo a bienes o servicios que antes le eran ajenos a su realidad. Lo anterior no es en absoluto descabellado o un sinsentido. Pregúntese solamente ¿cuántos profesionales conoce usted que, a pesar de tener grado académico de magíster o doctorado, están desempleados? ¿Cuántos profesionales no logran acceder a mejores puestos de trabajo o cargos por el sólo hecho de haber estudiado o vivir en un determinado lugar?

Por lo tanto, y en virtud de lo expuesto anteriormente, entendemos que la educación es una herramienta importante que posibilidad y mejora las oportunidades, al menos en términos formativos.

Pero no necesariamente su impacto se traduce en generar la movilidad social necesaria que permita disminuir las brechas de desigualdad y mejorar los procesos de integración o de acceso a más y mejores opciones laborales. En concreto, el mérito personal, la educación y el trabajo deben ir de la mano entendidos como los principales instrumentos de la movilidad social.

En este sentido, la discusión de la reforma educacional debe ir más allá del debate en torno a la gratuidad, lo público contra lo privado e incluso la calidad, un aspecto muy poco tratado por lo demás. Como país debemos tener una visión que vaya más allá del qué y nos sitúe en el para qué.

De lo contrario, lo único que conseguiremos es aumentar los indicadores de “cesantes ilustrados” y gente frustrada toda vez que las estructuras sociales, en algunos estratos, resultan impermeables al acceso de hombres y mujeres quienes, por más que se trate de profesionales de altísima excelencia y calidad tanto académica como humana, estarán condicionados por su origen social, educación y capital social, debilitando las oportunidades para el crecimiento sostenido orientado hacia el desarrollo y bienestar social de las chilenas y chilenos.

Comentarios del artículo: Reforma educacional versus movilidad social - Publicado: a las 8:31 am

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 15/04/2014

El descabellado “tsunami de fuego”

La cobertura informativa del incendio de Valparaíso puso nuevamente de manifiesto la necesidad de cuidar tanto la forma como el fondo del acto noticioso y respetar a los ciudadanos.

Con pesar hemos constatado que la tragedia nuevamente asola a nuestros compatriotas. Porque no saliendo aún del terremoto que afecto a la zona norte ahora los habitantes de Valparaíso sufren las consecuencias del incendio más grande de su historia. Ambos hechos ciertamente lamentables y que dejan en evidencia la desigualdad y pobreza que aún está latente en nuestra sociedad.

Las preguntas en terreno con los damnificados tampoco han sido muy empáticas toda vez que, y ante una persona que lo ha perdido todo, aparece el innecesario “¿cómo se siente?”.

En este sentido llama la atención la cobertura informativa, especialmente por parte de canales de televisión, quienes han utilizado adjetivos tales como “terremoto de fuego” o “tsunami de fuego”. Este último por cierto descabellado y de un profundo contrasentido.

A lo anterior se agrega que las preguntas en terreno con los damnificados tampoco han sido muy empáticas toda vez que, y ante una persona que lo ha perdido todo, aparece el innecesario “¿cómo se siente?”.

Quienes hemos trabajado en medios de comunicación de seguro hemos caído en este tipo de situaciones en más de una oportunidad. Sin embargo la experiencia permite adquirir herramientas, tanto de contexto como de conciencia, que contribuyen a mejorar el relato de los hechos sin caer en el sensacionalismo, respetando la objetividad y teniendo siempre presente tanto a la persona como las audiencias.

Los periodistas tenemos un rol importante en nuestra sociedad y hay cuestiones que, definitivamente, no se aprenden en la escuela de periodismo sino que en el día a día.

De ahí en más, y especialmente por la masividad y el rol de la televisión, es de suma importancia cuidar y respetar tanto la forma como el fondo del acto noticioso porque no olvidemos que los periodistas también somos personas y, por ende, no estamos exentos de sufrir embates tanto naturales como de otra índole. Y, cuando eso ocurra, querremos ser tratados como ciudadanos, con el respeto que cada uno de nosotros se merece.

Comentarios del artículo: El descabellado “tsunami de fuego” - Publicado: a las 11:00 am

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