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Roberto Meza

Periodista, Magister en Comunicación y Educación de la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad Autónoma de Barcelona.

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 13/09/2012

Congreso y respeto

La promoción de la intolerancia, el irrespeto y el desprecio, parte con palabras desmedidas, con esa irritación incontinente que esparce furia y fastidio, sin procesamiento cognitivo alguno y continúa con la manifestación física de aquel estado de fiereza que, más temprano que tarde, llega a hechos que, como el mismo 11 de septiembre pasado, significó la muerte de un carabinero.

Un, hasta hace poco, apenas conocido diputado ha adquirido momentánea notoriedad pública a raíz de sus descomedidas expresiones en contra del ex Presidente Salvador Allende, formuladas públicamente en la Cámara, luego que un par pidiera un minuto de silencio por el ex Mandatario y “por todos los caídos el 11 de septiembre de 1973”.

A mayor abundamiento, ha señalado que no se arrepiente de sus dichos, asegurando, además, que su partido lo apoya “por completo”, no obstante que el propio presidente de la colectividad manifestara su descuerdo con los improperios, cuya desmesura no sólo han conmovido las relaciones civilizadas que deberían mantenerse en tan ilustre institución de la República, sino también ofenden gratuitamente a una hija del ex Presidente, quien ocupa un sillón en ese mismo Congreso, aunque en el Senado, y a varios de sus colegas con parientes cercanos que han acometido suicidio.

La foto de El Mercurio en 1972, en la que un muchacho de casco obrero golpeaba a un carabinero, los llamados a “incendiar Chile de norte a sur” y aquel mal trato público y desenfadado entre autoridades de la época fueron los prolegómenos de la crisis social que sobrevino.

Por sobre las calificaciones personales y privadas que cada quien tenga de la persona del ex Mandatario y de las consecuencias que acarreó su primera magistratura, no hay controversia en que la reconstrucción de la democracia en Chile implicó un alto costo para varias generaciones. El 11 de septiembre de 1973, no sólo cayeron miles de chilenos que apoyaban a ese Gobierno, sino también, otros tantos que formaban parte de las instituciones armadas y que el diputado peticionario, en justo trance reconciliatorio, pareció querer relevar dentro de una lógica que, por lo demás, las propias FF.AA. abreviaron con ese “nunca más” formulado hace unos años por un ex Comandante en Jefe del Ejército y que, vistos los resultados de la luctuosa lucha fratricida, nos invitan a todos a reencaminar la vida social y ciudadana por vías de reflexión y sensatez.

Las desafortunadas expresiones del diputado pueden ser interpretadas como las de una persona que sufrió las consecuencias de un Gobierno que, para una parte de los chilenos, fue un mal gobierno. Y desde una dificultosa empatía con la animadversión tan mal expuesta, bien podrían entenderse las opiniones y juicios cáusticos de quienes fueron o se sintieron víctimas de atropellos e indignidades durante esa administración, tal como, por lo demás, hay quienes sus padecimientos y agravios apuntan al gobierno militar. Cada uno de los chilenos tiene ya su juicio sobre ese período y difícilmente aquellos serán modificados. Las generaciones que los vivieron y que han buscado generosamente superar los resentimientos e inquina desatados por la virulencia de aquellos días, han debido tolerar y sobrellevar las diferencias, cuidando modos y formas para reconquistar cierta armonía y amistad cívica –no obstante las ofensas sufridas- mediante una nada fácil y hasta violenta autocontención, que ha permitido construir una sociedad más madura, plural y democrática.

Exabruptos emocionales como el comentado, lanzados en el principal foro democrático de la Republica, afectan gravemente la compostura, sobriedad e indispensable decoro del Congreso, transformándose, además, en una fuente de mal ejemplo que pareciera justificar la triste y pobre imagen de dicha institución y dan pábulo a la consolidación de un modelo de mal trato, grosero, hosco y vulgar, que tantas veces se critica a las nuevas generaciones, pero que se hace cada vez más habitual en el deporte, la farándula, los realities, las calles, los recintos educacionales y, en fin, amplios sectores de nuestra sociedad.

La promoción de la intolerancia, el irrespeto y el desprecio, parte con palabras desmedidas, con esa irritación incontinente que esparce furia y fastidio, sin procesamiento cognitivo alguno y continúa con la manifestación física de aquel estado de fiereza que, más temprano que tarde, llega a hechos que, como el mismo 11 de septiembre pasado, significó la muerte de un carabinero, haciendo realidad consignas rayadas en muros –como aullidos desbordados- instando “a matar un paco”.

La foto de El Mercurio en 1972, en la que un muchacho de casco obrero golpeaba a un carabinero, los llamados a “incendiar Chile de norte a sur” y aquel mal trato público y desenfadado entre autoridades de la época fueron los prolegómenos de la crisis social que sobrevino.

La indispensable templanza de la que debieran ser ejemplo nuestros dirigentes y elites, cuya conducta tendría que constituir modelo de prudencia y de esa “gravitas” romana, tan infaustamente olvidada en la noche de los tiempos pero tan necesaria en medio de la levedad de la “sociedad del espectáculo” en la que vivimos, son virtudes que convocan no sólo a cuidar lo que decimos, sino también, y muy especialmente, como lo hacemos, so pena de tener que revivir pasados que no hay que olvidar, pero que tampoco debiéramos repetir.

Comentarios del artículo: Congreso y respeto - Publicado: a las 4:32 pm

Etiquetas: , , , » Publicado: 17/02/2012

Los Indignados del Sur

La transversalidad de la reacción ciudadana en Aysén, muestra que más que movimientos inspirados en ideologías políticas tradicionales, se trata de expresiones de puro sentido común de quienes gallardamente viven las consecuencias de la evidente incapacidad del Estado chileno –y sus sucesivas autoridades- para copar con mayor dinamismo esa extensa zona del país.

Nuevamente, un movimiento ciudadano -que se ha venido “indignando” desde hace años- ha emergido sorpresivamente en el Sur del país, visibilizándose para el resto de los chilenos merced a publicitados enfrentamientos con la policía, bloqueos de rutas, violencia y paro de actividades, una metodología que, ingratamente, parece cundir en Chile como la “nueva forma de hacer política”.

Se trata, por lo demás y según declaraciones de autoridades parlamentarias y administrativas locales, de manifestaciones que habían sido previstas e informadas a las autoridades nacionales, pero que, por diversas razones, aquellas parecen no haber considerado entre sus prioridades y que, por consiguiente, ahora deberán abordar con ánimos caldeados y voluntades tensionadas por la irritación, haciendo más difícil la tarea de gobernar, en la medida que la molestia desbordada suele llevar a la maximización de posturas, tal y como sucedió hace un año en Magallanes.

¿Cuánto cuesta el petitorio? Seguramente una cantidad que Hacienda justificará racional y económicamente que podría afectar los equilibrios macro en un año en el que la recesión europea y el lento crecimiento de EE.UU. aconseja gastar con prudencia.

Como se sabe, la reacción ciudadana se originó en el malestar de pescadores artesanales de Aysén ante la nueva Ley de Pesca, los que, tras varios intentos aislados, iniciaron reuniones con otras agrupaciones ciudadanas y gremiales de la región para coordinar un petitorio amplio y único. Las protestas se iniciaron en Melinka, donde los pescadores se tomaron el aeródromo y parte de las instalaciones portuarias de la isla y continuaron en Puerto Aysén con corte del puente y la carretera a Puerto Chacabuco, para sumarse luego el resto de las organizaciones, incluidos los alcaldes de Puerto Aysén, Marisol Martínez (PS), y Gaspar Aldea (RN), de Lago Verde, y finalmente, la Cámara de Comercio de Puerto Aysén, colectiveros y transportistas de la región.

Conformado de esa forma el llamado “Movimiento Social por la Región de Aysén”, que lideran 25 organizaciones y en las que los partidos políticos tradicionales no tienen influencia alguna, se estableció un petitorio que va desde exigencias de la CUT y ANEF locales por más estabilidad para los funcionarios públicos, sueldos y jubilaciones regionalizadas, hasta las de “Patagonia Sin Represas”, que insta por una consulta ciudadana sobre la instalación de represas en la zona.

Mirado el petitorio “política o ideológicamente”, aparece un conjunto de propuestas que si bien apuntan hacia la lógica aspiración de una “mejor calidad de vida”, su materialización trasunta las diferentes visiones de mundo de los convocados, pues mientras varias de ellas buscan mayor presencia del Estado, más aporte fiscal nacional y/o gestión pública en diversos ámbitos (salud, educación, conectividad, previsión, estabilidad laboral, protección medioambiental), otras desean perfeccionar derechos de propiedad que no están debidamente protegidos, tales como cuotas de pesca, regionalización del agua, de recursos mineros, hidrobiológicos y silvoagropecuarios locales, reducción de impuestos, o, simplemente, más acceso al consumo mediante subsidios que emparejen  la cancha de la oferta de bienes y servicios locales con los del centro del país.

¿Cuánto cuesta el petitorio? Seguramente una cantidad que Hacienda justificará racional y económicamente que podría afectar los equilibrios macro en un año en el que la recesión europea y el lento crecimiento de EE.UU. aconseja gastar con prudencia.

Sin embargo, hay circunstancias en las que más allá de la racionalidad económica deben analizarse también aspectos geopolíticos, políticos y sociales involucrados en el fenómeno, especialmente cuando se trata de zonas extremas o “fronteras interiores”, en las que la cooperación público-privada es la estrategia adecuada –y utilizada por las principales potencias mundiales- para asegurar soberanía sobre territorios de expansión económica de enormes perspectivas, ricos en materias primas, agua, bellezas turísticas, pero con una escasa población dispuesta a hacer presencia local.

La transversalidad de la reacción ciudadana en Magallanes antes, y ahora en Aysén, muestra que más que movimientos inspirados en ideologías políticas tradicionales, se trata de expresiones de puro sentido común de quienes gallardamente viven las consecuencias de la evidente incapacidad del Estado chileno –y sus sucesivas autoridades- para copar con mayor dinamismo esa extensa zona del país, pero cuya potencialidad ven con envidiable preclaridad los miles de visitantes e inversionistas extranjeros que la admiran año a año y que desearían hacerla crecer y progresar.

Con igual sentido común, en este caso se requiere de la imprescindible función detonante del Estado (es decir, del esfuerzo del resto de los contribuyentes del país para generar las condiciones de mayor poblamiento), no sólo mediante su indispensable función subsidiaria, sino además, de acelerar las decisiones de una diletante clase política que más allá de añejas ideologías, legisle para liberar realmente las fuerzas productivas y creativas de los particulares, derrumbando las barreras burocráticas que limitan la capacidad de las personas para innovar y emprender en esas áreas, generando así la actividad y riqueza que las hasta ahora exiguas políticas del Estado han estado mezquinando a esos chilenos que construyen patria en esa lejana y hermosa finis terrae.

*El autor es periodista, Magister en Comunicación y Educación de la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad Autónoma de Barcelona.

Comentarios del artículo: Los Indignados del Sur - Publicado: a las 12:31 pm

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