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  • René Jara

René Jara

Candidato a doctor en ciencia política, IEP de Grenoble.

Etiquetas: , , , » Publicado: 11/12/2013

Voto electrónico y participación electoral

El principal inconveniente que se observa en los países donde se introduce el sistema de voto electrónico no radica, como suele decirse, en problemas ligados a la seguridad informática; el problema clave es la transparencia del proceso electoral. A diferencia del sistema de voto por papel, el electrónico muestra serias dificultades para ser auditado por ciudadanos comunes y corrientes. Esta es una de las grandes virtudes de nuestro actual modo de votación, la cual podría verse afectada por una adopción apresurada e irreflexiva de un nuevo sistema.

Las elecciones del  17 de noviembre nos dejaron una enseñanza: no bastan los llamados ni de las autoridades ni de figuras públicas para movilizar a los abstencionistas. Mientras unos rasgan vestiduras frente a los magros niveles de participación obtenidos durante los últimos comicios, los profetas de la high tech no pierden tiempo en promocionar su nuevo producto: el voto electrónico, la nueva solución al problema de la participación electoral. Si bien la idea es bastante vieja – los primeros modelos de máquinas de voto datan de finales del siglo XIX en Estados Unidos y desde comienzos del XX en Francia-lo que caracteriza a este nuevo auge de la automatización del voto es la confianza injustificada en que el poder de las tecnologías pueda moldear nuestros comportamientos.

Ni tan opaco ni tan caro, ni tan lento ni tan inseguro, el voto de hoy posee eso si otro problema que debiera preocuparnos aún más: el marcado sesgo social y territorial. Este verdadero vicio se expresa de manera elocuente en la distribución  de los resultados electorales. La concentración de la abstención en las zonas urbanas, pero sobre todo, en las comunas más densamente pobladas del país, habla por sí sola.

Al igual como pasó con el voto obligatorio – del cual al parecer ya no existe ningún defensor- pensar que el voto electrónico por si solo hará votar más resulta iluso, en primer lugar, porque el voto electrónico no asegura un aumento de la votación. El  principal atributo de este sistema es la disminución de tres aspectos que se asocian al proceso electoral: en el número  de intermediarios que participan en el proceso, el tiempo que se emplea en las labores de conteo y la disminución de los costos asociados a la votación por papel y lápiz. Mientras en los dos primeros aspectos Chile parece no tener grandes problemas, en el tercero el argumento podría tener alguna cabida, pero la evidencia internacional reciente muestra que no necesariamente es un proceso con menores costos. En efecto, si se consideran los gastos asociados al mantenimiento y actualización de las máquinas, el sistema de voto en papel no resulta forzosamente más caro.

Pero sí el voto electrónico parece incapaz de incentivar por si sólo la participación, eso no impide que pueda dañar otros valiosos aspectos asociados a nuestro actual sistema de voto. Tal como afirma desde hace años Chantal Engelhardt, el principal inconveniente que se observa en los países donde se introduce el sistema de voto electrónico no radica, como suele decirse, en problemas ligados a la seguridad informática; el problema clave es la transparencia del proceso electoral. A diferencia del sistema de voto por papel, el electrónico muestra serias dificultades para ser auditado por ciudadanos comunes y corrientes. Esta es una de las grandes virtudes de nuestro actual modo de votación, la cual podría verse afectada por una adopción apresurada e irreflexiva de un nuevo sistema.

Ni tan opaco ni tan caro, ni tan lento ni tan inseguro, el voto de hoy posee eso si un otro problema que debiera preocuparnos aún más: el marcado sesgo social y territorial. Este verdadero vicio se expresa de manera elocuente en la distribución  de los resultados electorales. La concentración de la abstención en las zonas urbanas, pero sobre todo, en las comunas más densamente pobladas del país, habla por sí sola. Frente a este problema, el sistema de voto electrónico aporta bien poco, e incluso puede tender a agravar el problema. Como bien sabemos, las tecnologías de voto no son neutras, pues hacen interactuar a los contextos sociales  y a los individuos que las utilizan.

Por eso, la tarea de movilizar electores a las urnas no pasa simplemente por la incorporación de más tecnología. Dejarse seducir por esta hipótesis significa sucumbir  al canto de sirenas de la democracia 2.0. Mucho más que “avanzar sin miedo” hacia una modernidad electoral incierta, conviene antes reabrir el nunca bien ponderado expediente del voto obligatorio, incorporando ahora si medidas reales dirigidas hacia quienes no votan. Ya sea por la vía de la incitación- es decir, dando un acceso preferencial a ciertos bienes públicos para quienes votan – o lisa y llanamente sancionando a quienes se abstienen, el voto debería nuevamente ser considerado una responsabilidad cívica. Hacer explicitas las facultades que cabe a cada organismo en su fiscalización y una adecuada asignación de recursos para hacerlo son tanto o más importantes que la simple incorporación de pantallas táctiles y lectores ópticos en el proceso de votación.

Comentarios del artículo: Voto electrónico y participación electoral - Publicado: a las 8:00 am

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 08/10/2013

Encuesta Ipsos: No sabe/ No responde

El real problema de los estudios de opinión es que son muy imprecisos midiendo a quienes no votan y a quienes anulan o votan en blanco. En efecto, las encuestas miden mucho mejor a quienes tienen una opinión y no sienten vergüenza de expresarla. Sin embargo, estos estudios capturan muy mal la real existencia, por ejemplo, de opiniones inconfesables, vergonzosas o socialmente condenables. Es por esta razón, además de por cuestiones de sesgo social, que tanto el voto nulo, el blanco y la abstención, aparecen permanentemente subrepresentadas en estos estudios.

En periodos de elecciones, la noticia suele centrarse en el candidato ganador. Después de la publicacion del segundo estudio Pulso de Ipsos, todos los medios de comunicación siguieron este mandamiento, celebrando los avances de Franco Parisi, la estabilización de la candidatura de Bachelet o a la subida que experimenta la intención de voto por Matthei. Pero por debajo de esta información evidente, lo que esconde esta encuesta – y en realidad, buena parte de los estudios de opinión que se realizan en el país- es la real importancia que juega el indicador “no sabe/ no responde” para establecer cualquier tipo de medición electoral.

Pero hoy, con la existencia de un voto voluntario, el principal desafío para las encuestas no es identificar la orientación del voto. Por el contrario, el desafío de hoy es intentar identificar y medir los comportamientos de protesta y de rechazo hacia la oferta electoral.

Por ejemplo, si tomamos los resultados del estudio Ipsos recién publicados, tenemos que la intención de voto habría disminuido en un 3 % respecto a la última medición del 17 de septiembre, sobre todo en los encuestados entre los 18 y los 29 años.  De ellos, un 14 % declara que no irá a votar y un 14 % igualmente responde que “no sabe o no lo ha decidido”. Sumando y restando,  tenemos que sólo un 72 % de los entrevistados declara tener intenciones de votar en noviembre próximo. Lo sorprendente no es, claramente, esta baja sostenida, sino que todos los indicadores estratificados por zona y a nivel nacional se cuadran con la oferta electoral. Como por acto de magia o por una especie de idealismo democrático muy exacerbado, los entrevistados se orientan cada vez más hacia los candidatos. Por esta razón el porcentaje de respuestas “No lo ha decidido/ Votará nulo o blanco” disminuye de 13 % a 12% en el Norte, de 12 % a 9 % en la Región Metropolitana y sólo en el Sur aumenta de 9% a un 10%. En el promedio nacional identificamos la misma tendencia general, pasando de un 12 % a un 10 % en esta última medición.

¿Cómo interpretar, en concreto, esta mágica pero sobre todo deseable disminución? Que los entrevistados, como buenos ciudadanos, estarían cada vez más identificados con la oferta de candidatos. Habría menos incertidumbre en el ambiente y mejor información. Y si bien podríamos estar de acuerdo con esta afirmación, no es posible sostener con seriedad que se esté midiendo bien el porcentaje de electores indecisos y de electores que declaran votar blanco o nulo.

El primer punto cuestionable es la forma en que se construye la categoría “No sabe/ No responde”. La pregunta es: ¿quiénes entran en la categoría de “No sabe/ No responde” o como prefiere enunciarlo el estudio de IPSOS, “No lo ha decidido/ Votará nulo o blanco”? Si en la primera frase se hace referencia a quienes no se manifiestan frente a la pregunta de ninguna forma, en la segunda la proposición es mucho más ambigua.  Lo extraño de esta fórmula es que mezcla en una categoría a los así llamados “indecisos” (es decir, quienes no saben aún por quien votaran pero que si declaran tener la intención de votar), y a quienes declaran que votaran blanco o que anularan su voto. Bajo esta etiqueta se estarían mezclando entonces, peras con manzanas. Si esto es así, el indicador no sirve de mucho, pues funciona como un saco en el que metemos todas las respuestas que no son fácilmente codificables.

Para ser franco, no podemos reprochar este problema práctico y metodológico solo al estudio de IPSOS. Recordemos que inconvenientes de este tipo han tenido en tela de juicio la labor que realiza la encuesta CEP, generando más de alguna controversia en el campo político. La cuestión de las no respuestas ha cobrado un tal interés, que fue el propio director de Adimark, Roberto Méndez, quien hace unos meses apareció anunciaba la suspensión de la encuesta debido a que durante el trabajo de terreno se detectaron un numero intolerable de no respuestas.

El real problema de los estudios de opinión es que son muy imprecisos midiendo a quienes no votan y a quienes anulan o votan en blanco. En efecto, las encuestas miden mucho mejor a quienes tienen una opinión y no sienten vergüenza de expresarla. Sin embargo, estos estudios capturan muy mal la real existencia, por ejemplo, de opiniones inconfesables, vergonzosas o socialmente condenables. Es por esta razón, además de por cuestiones de sesgo social, que tanto el voto nulo, el blanco y la abstención, aparecen permanentemente subrepresentadas en estos estudios.

Mientras el cuerpo electoral se mantuvo relativamente estable, las encuestas pudieron medir con más o menos cierta precisión las actitudes, la orientación y el comportamiento de voto. Pero hoy, con la existencia de un voto voluntario, el principal desafío para las encuestas no es identificar la orientación del voto. Por el contrario, el desafío de hoy es intentar identificar y medir los comportamientos de protesta y de rechazo hacia la oferta electoral. Pero antes de eso, los institutos de opinión publica deben reconocer y hacer  públicas sus tasas de no respuesta, de rechazo y de sustitución de entrevistados, todo esto con el fin de hacer visible ese número importante de chilenos que guardan silencio frente a las encuestas.

Comentarios del artículo: Encuesta Ipsos: No sabe/ No responde - Publicado: a las 5:02 pm

Etiquetas: , , , , » Publicado: 03/10/2013

Chilenos en el extranjero: del “avión de papel” al voto efectivo

Es necesario partir por una confesión: no conocemos a ciencia cierta cuántos son ni dónde viven los chilenos radicados en el exterior. Una estimación vieja y bastante aproximada habla de unos 800 mil, la mayor parte de ellos viviendo en Argentina. Fuera de esta estimación, no existen padrones ni listas completas que contengan sus nombres y sus domicilios.

Con la elección de noviembre a la vuelta de la esquina, el voto de los chilenos en el extranjero se postergó de manera automática para las elecciones del 2017. Para ser franco, me parece que es lo mejor, pues muy pocos de los aspectos esenciales de este derecho han sido objeto de una verdadera discusión.  A diferencia de la larga y áspera disputa sobre si debieran o no tener derecho a voto quienes viven en el exterior, o el mezquino debate sobre las condiciones que debe cumplir un chileno para gozar de este derecho, las preguntas: cuántos, quiénes, dónde, cómo y por quién podrán votar nuestros compatriotas aparecen como el detalle y no como lo fundamental de esta iniciativa. Lejos de ser accesorias o simplemente “técnicas”, estas cuestiones tocan la esencia misma del sufragio.

Algunos sugieren que la elección se realice en los consulados y embajadas del país repartidas por el mundo. De ser así, serian los funcionarios del cuerpo diplomático quiénes tendrían en un comienzo el control de las elecciones. El problema aquí es de orden logístico: darán abasto estos servicios para cumplir esta misión, sobre todo en aquellos países donde existen un número importante de nacionales residentes.

En primer lugar, es necesario partir por una confesión: no conocemos a ciencia cierta cuántos son ni dónde viven los chilenos radicados en el exterior. Una estimación vieja y bastante aproximada habla de unos 800 mil, la mayor parte de ellos viviendo en Argentina. Fuera de esta estimación, no existen padrones ni listas completas que contengan sus nombres y sus domicilios. Incorporarlos en cualquier tipo de elección debiera considerar al menos una inscripción previa o una validación de sus datos personales. Muy poco se ha dicho sobre este aspecto procedimental, el cual demanda cuando menos una mínima coordinación entre los servicios de extranjería y del Servel.

En segundo lugar, existe una controversia real sobre dónde y quiénes deben organizar esta votación. Algunos sugieren que la elección se realice en los consulados y embajadas del país repartidas por el mundo. De ser así, serian los funcionarios del cuerpo diplomático quiénes tendrían en un comienzo el control de las elecciones. El problema aquí es de orden logístico: darán abasto estos servicios para cumplir esta misión, sobre todo en aquellos países donde existen un número importante de nacionales residentes. Y por otro lado, ¿es apropiado que esta responsabilidad recaiga en manos del personal diplomático, cuando normalmente estas labores son desempeñadas por la propia ciudadanía?

En seguida es necesario afrontar el espinoso problema de la emisión del voto. Entre quienes viven en el extranjero, una gran parte vive en ciudades alejadas de la capital. Si se vota sólo en las embajadas, muchos electores deberán invertir tiempo y dinero para trasladarse hacia capitales como Paris, Madrid, Londres, Berlín, Washington o Buenos Aires. Frente a este problema, el voto en el extranjero podría facilitar el derecho a ejercer su derecho a estos ciudadanos, evitando con ello producir sesgos indeseables. Por otro lado, es necesario además, tomar en cuenta el caso de aquellos chilenos que viven en lugares donde no existe una representación nacional. ¿Cómo emitirán sus votos estos ciudadanos?

Muchos países han implementado sistemas de voto postal para evitar este tipo de inconvenientes. En el llamado voto por correspondencia, los votantes reciben su boletín de voto por correo postal. Dentro del sobre, el elector encuentra su voto así como un nuevo sobre pre pagado para depositar su voto. Enseguida el elector envía el sobre de regreso a la embajada o consulado sin costo alguno. Son finalmente las embajadas quienes trasmiten estos sobres directamente al país de origen, para que sean objeto de un conteo anterior o posterior al día en que se realiza la elección en el país.

Pese a su aparente transparencia, este sistema no garantiza, según sus detractores, el secreto del sufragio. Con el fin de reducir estos inconvenientes, se han incorporado variadas formas de identificación: firma de los individuos, incorporación de las huellas digitales u otros sistemas de codificación, todo esto con el fin de asegurar que sea solamente el elector indicado quien emita su voto.

Finalmente, queda aún pendiente saber en qué elecciones podrán participar. El proyecto de ley actualmente en trámite autoriza el voto solo para elegir Presidente, impidiendo así el derecho de voto en las elecciones de diputados, senadores, consejeros regionales, alcaldes y concejales. Quienes apoyan este proyecto sostienen que el derecho de voto está asociado a la residencia o a la inscripción en un distrito específico. ¿Por cuáles distritos o municipalidades votarían entonces los chilenos que hace un buen tiempo no viven en Chile?   La solución no parece fácil. Una alternativa posible es la creación de escaños parlamentarios que tengan como última finalidad representar los intereses de los residentes en el extranjero.

Si tomamos en cuenta este conjunto de elementos, es fácil concluir que mucho más que voluntades, el voto de los chilenos en el extranjero necesita de una serie de cambios previos que aun no se han discutido. Lejos de ser excusas para impedir el voto a quiénes viven lejos de su patria, estos elementos debieran ser irrenunciables, pues de estos aspectos “técnicos” dependerá, finalmente, si los avioncitos de papel que se lanzaron el 21 de septiembre en Europa, en Norte América o en Asia llegarán a ser mañana verdaderos votos.

 

 

 

 

 

 

Comentarios del artículo: Chilenos en el extranjero: del “avión de papel” al voto efectivo - Publicado: a las 11:04 am

Etiquetas: , , , » Publicado: 29/08/2013

Voto marcado = voto rebelde

Ser rebelde es sexy. Lo saben quienes están entrando en la política. Lo han olvidado quienes llevan ya bastante tiempo en sus cargos. Esta sencilla convicción puede explicar el éxito de la campaña Marca Tu Voto.

La seguidilla de errores comunicacionales del Servel permitió que los objetivos se difundieran copiosamente por los medios de comunicación. Y la intervención de conspicuos abogados ayudo a aclarar las dudas. Pero si por alguna razón seduce esta iniciativa, es por su tinte rebelde – en un país donde el inmovilismo y lo políticamente correcto se habían vuelto intocables.

Así las cosas, queda claro que la idea de marcar un voto supone un uso alternativo de la cédula, o si se prefiere, la expresión de una rebeldía ‘controlada’. Pero para que este gesto sea algo más que un saludo a la bandera, deberá además ser bien identificado y  contabilizado. De ahí toda la importancia de la labor que realizarán los vocales de mesa y los observadores voluntarios.

En primer lugar, conviene recordar el hábil principio sobre el cual se basa la campaña: un voto marcado, en la medida que no impide la expresión de una preferencia electoral clara, es un voto válido. Pero para que esto sea así  es necesario que el elector haga un uso inteligente de la cédula. Se trata de expresar un descontento, pero sin perder la voz. Nada de garabatos ni diatribas.  La marca se convierte así en una expresión fuertemente política.

No tardaron en aparecer los opositores a esta iniciativa. Su voz se hizo eco de una visión bastante normativa, por no decir lisa y llanamente conservadora, del acto de voto. Dentro de este imaginario, cualquier modalidad de voto que se sale de la norma es considerada como desviada o fraudulenta. Bajo este signo,  es comprensible- aunque no justificable- el colérico rechazo que provocan medidas como el voto de los chilenos en el extranjero o para aquellos ciudadanos que están en las cárceles cumpliendo penas no aflictivas.

Así las cosas, queda claro que la idea de marcar un voto supone un uso alternativo de la cédula, o si se prefiere, la expresión de una rebeldía ‘controlada’. Pero para que este gesto sea algo más que un saludo a la bandera, deberá además ser bien identificado y  contabilizado. De ahí toda la importancia de la labor que realizarán los vocales de mesa y los observadores voluntarios. De ellos dependerá si el fenómeno tenga una traducción concreta en cifras, así como un testimonio oficial estampado en las actas de cada mesa.

Finalmente, y como de rebeldía se trata, no se puede olvidar que, al igual que muchas cosas en la vida, la rebeldía no está igualmente distribuida en la población. Frente a este problema, las investigaciones que estudian la competencia política resultan elocuentes. Aquellos electores que provienen de medios sociales desfavorecidos votan menos y, cuando lo hacen, suelen estar menos informados. Su conocimiento fino de las alternativas y etiquetas políticas es bajo, y se relaciona fuertemente con su nivel de estudios y el barrio en el que viven. Por lo tanto, sería “normal” que los  votos marcados con la sigla AC se concentren en los sectores más acomodados. Si esto es así, la iniciativa corre el riesgo de demostrar justamente lo que quería negar: que la AC no es más que una excentricidad política urdida por las clases medias y los intelectuales. Dependerá de estos votos rebeldes demostrar lo contrario.

 

Comentarios del artículo: Voto marcado = voto rebelde - Publicado: a las 11:52 am

Etiquetas: , , » Publicado: 30/07/2013

Voto electrónico: el debate que viene

¿Qué es el voto electrónico? A diferencia del voto por internet (que puede ser considerado una variable de voto por correspondencia), el voto electrónico consiste en la implementación de un sistema de voto asistido por computadoras.

Una vez que se apruebe la reforma al sistema electoral, la discusión se tornara probablemente hacia las formas de modernizar el sistema de votación. Dentro de las alternativas que se barajan, la decisión de adoptar un sistema de votación electrónico parece ser una de las opciones que concita mayor interés.

Las principales críticas al sistema se centran en sus aspectos técnicos, prueba de que muy por el contrario de lo que dicta el sentido común, las máquinas sí se equivocan.

¿Qué es el voto electrónico? A diferencia del voto por internet (que puede ser considerado una variable de voto por correspondencia), el voto electrónico consiste en la implementación de un sistema de voto asistido por computadoras. En ellas los electores siguen una serie de protocolos de autentificación personal (a veces gracias al uso de una tarjeta magnética), el cual permite emitir un voto sobre una pantalla táctil, bastante similar a la de un cajero automático. Estos votos son inmediatamente computados, mientras la maquina imprime en paralelo una boleta en papel que se deposita en una urna transparente situada a un costado de la maquina. Esto permite a larga contrastar el cómputo digital con el resguardo en papel.

Los argumentos que justifican la introducción del voto electrónico son recurrentes: reducción en el costo de las elecciones, mayor rapidez en el sistema de entrega de cómputos y más transparencia en el sistema de conteos y agregación de votos. Sin embargo, esta forma de votar ha corrido una suerte disímil según los países en los que ha sido implementada. Exitosa ha sido la experiencia en Suiza, Brasil y Venezuela; polémica y contestada en el caso de Estados Unidos (donde se está volviendo paradójicamente al voto en papel), Francia (en franco retroceso), Holanda y Alemania (actualmente en moratoria).

Las principales críticas al sistema se centran en sus aspectos técnicos, prueba de que muy por el contrario de lo que dicta el sentido común, las máquinas sí se equivocan. En efecto, varias auditorías realizadas en diferentes países han descubierto fallas en el funcionamiento del dispositivo, entre las que destacan errores en el conteo, en la emisión de comprobantes o en el resguardo del secreto de voto. La vulnerabilidad de los dispositivos ha sido puesta prueba por varios hackers, los cuales ridiculizan los filtros de seguridad de los sistemas exhibiendo los múltiples flancos por los cuales es posible manipular los cómputos.

Finalmente, y aún cuando su funcionamiento sea correcto, la introducción del voto electrónico trae consigo nuevas interrogantes. Se hace necesario, por ejemplo, un mantenimiento regular de los dispositivos, lo que hace menos evidente la reducción de los costos de las elecciones. A ello se agrega además una mayor exigencia de certificación del sistema. Esto último no solo compete a las empresas que van a proveer los dispositivos y los software asociados, sino además a las organizaciones de la sociedad civil y a los tribunales, los cuales buscan cada vez mas certificar de cara a la fe publica la transparencia y legalidad de estos procesos.

Comentarios del artículo: Voto electrónico: el debate que viene - Publicado: a las 11:12 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 18/07/2013

Los sobrevivientes del Binominal

Hay otro fin del Binominal que es mucho más incierto. Pues si bien es perfectamente plausible esperar el reemplazo de una fórmula electoral por otra que modifique sustantivamente las relaciones de fuerza al interior del campo político, esto no impedirá la expresión formal del Binominal en otras esferas de la sociedad

Un sistema electoral es una manera de relacionar votos y escaños. Es verdad, pero sólo en parte, es a la vez algo más, y lo saben bien quienes han estudiado el inédito sistema electoral que se instauró en Chile por más de 20 años. Más para mal que para bien, esta forma de distribución de los escaños, aparte de generar efectos perversos en la representación de las minorías políticas y consolidar una suerte de status quo (o un duopolio como prefieren llamar algunos), estableció ampliamente el qué, cómo y cuándo de la política. Y en la medida que tuvo éxito, ya no fue solo una forma de distribuir cargos parlamentarios, sino una manera de concebir la actividad política misma.

Pensamos aquí en todas esas formas de distribución, de negociación de nombramientos y cargos -desde miembros de jurados, de programas de discusión televisados, de comisión de estudio o de consejo- todas ellas hechas a imagen y semejanza de un sistema que consagra la paridad (y una supuesta neutralidad) como forma predilecta de lograr acuerdos políticos.

Hoy, cuando todo parece indicar que este sistema será reformado, es legítimo preguntarse si estamos realmente presenciando el fin del Binominal o al menos de qué fin se trata.

Hay un fin posible del Binominal en la letra. Aun cuando algunos comentaristas sostienen, no sin razón, la tesis lampedusiana del “todo cambia para que nada cambie”, parece ser que hoy en día el escenario legislativo se ha evolucionado lo suficiente como para pensar en una reforma. Quienes se aferraban con fuerza al viejo sistema parecen haber desaparecido, e incluso el propio Presidente Piñera declara que el Binominal “ya cumplió su labor”. Por lo tanto, el sistema, al menos tal como lo conocimos hasta ahora, parece tener sus días contados.

Pero hay un otro fin del Binominal que es mucho más incierto. Pues si bien es perfectamente plausible esperar el reemplazo de una fórmula electoral por otra que modifique sustantivamente las relaciones de fuerza al interior del campo político, esto no impedirá la expresión formal del Binominal en otras esferas de la sociedad. Pensamos aquí en todas esas formas de distribución, de negociación de nombramientos y cargos -desde miembros de jurados, de programas de discusión televisados, de comisión de estudio o de consejo- todas ellas hechas a imagen y semejanza de un sistema que consagra la paridad (y una supuesta neutralidad) como forma predilecta de lograr acuerdos políticos.

Son probablemente estas prácticas inspiradas en la lógica Binominal – además de sus reformadores, claro está- quienes sobrevivan a esta reforma. Una vez que el Binominal deje de tener una vida en la letra, en la ley, habrá que conformarse, al menos por un tiempo, a vivir con estos espectros. Sólo el tiempo – y no una reforma- nos mostrará cuán acostumbrada estaba nuestra clase política a esta forma de repartirse la torta.

Comentarios del artículo: Los sobrevivientes del Binominal - Publicado: a las 12:11 pm

Etiquetas: , , , , » Publicado: 09/07/2013

¿De quién son los abstencionistas?

A diferencia de otros comportamientos electorales, el cálculo de la abstención no puede ser entendido de buenas a primeras ni como un rechazo a la clase política y al sistema ni como un voto de protesta. La dificultad de observar esta “no acción”, a diferencia de otras formas de expresión de rebeldía electoral como marcar el voto o emitir votos blancos, hace bien difícil su interpretación mecánica

Parece broma. Pero no. Hay gente que se hace realmente esta pregunta.  Y peor aún. Hay gente que cree tener la respuesta. Lo cierto es que, lejos de los pronósticos fáciles y las proyecciones estadísticas, el fenómeno del abstencionismo, tanto en Chile como en otros países, es un fenómeno que se presta para la especulación. Y el escenario post-primarias chilenas no ha sido la excepción.

Resulta urgente recordar que quienes no votan crecieron en un contexto histórico de desmovilización, donde existía cero estimulo a la participación. Entonces, en realidad lo que sucederá es que quienes han votado siempre -desde 1989 en adelante-, lo seguirán haciendo, puesto que el voto es ante todo un hábito que se construye en el tiempo.

Algunos han afirmado que existen “diez millones de voto disponibles” a conquistar. Otros han sacado cuentas alegres considerando que, con el 80 % de abstención, “todo será posible” en  las elecciones presidenciales de noviembre. Fuera del noble deseo de solicitar el voto, estas afirmaciones parecen pasar por alto algo una pregunta fundamental: ¿están disponibles estos votos? Es a este nivel en el que creo se produce un malentendido.

En primer lugar, resulta urgente recordar que quienes no votan crecieron en un contexto histórico de desmovilización, donde existía cero estimulo a la participación. Entonces, en realidad lo que sucederá es que quienes han votado siempre -desde 1989 en adelante-, lo seguirán haciendo, puesto que el voto es ante todo un hábito que se construye en el tiempo. La existencia de un sufragio obligatorio desde 1962 inculcó en los ‘viejos’ votantes la cultura del voto como un deber y un derecho; imagen que, hoy por hoy, es discutida y revisada por los votantes más “jóvenes”.

En segundo lugar, se ha intentado identificar a quiénes no votan por medio de encuestas de opinión. En concreto, lo que han hechos estos estudios es reproducir el adagio “dime de dónde vienes y te diré cómo votas”. Obviando el sesgo que introduce el conocido fenómeno de sub-declaración del abstencionismo, el problema aquí es que las encuestas no pueden explicar el no-voto, sino solo señalar las características (algunas, en cualquier caso) que poseen los abstencionistas, lo que no es lo mismo. Pues si bien todos los abstencionistas comparten el hecho de no votar, lo hacen por diferentes razones.

A diferencia de otros comportamientos electorales, el cálculo de la abstención no puede ser entendido de buenas a primeras ni como un rechazo a la clase política y al sistema ni como un voto de protesta. La dificultad de observar esta “no acción”, a diferencia de otras formas de expresión de rebeldía electoral como marcar el voto o emitir votos blancos, hace bien difícil su interpretación mecánica. No hay detrás del abstencionismo ni puro rechazo ni pura anomia social.  Por lo tanto, los abstencionistas no son de nadie. Al menos por el momento.

Comentarios del artículo: ¿De quién son los abstencionistas? - Publicado: a las 9:36 am

La Nación

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