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Ramón Mallea Araus

Administrador público Universidad Central. Encargado nacional de Formación JDC.

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 22/02/2016

Subsecretaría de la Juventud, ¡ya!

El Injuv debe pasar de ser una productora de eventos, con muchos recursos para ello, a ser un verdadero actor de las políticas públicas del Gobierno sin importar el color que éste tenga.

Considerando el efecto mediático que ha provocado la salida del ex director del Instituto Nacional de la Juventud (Injuv), Nicolás Preuss, me parece interesante aprovechar la relevancia que ha tomado este tema en la agenda para reflexionar sobre los retos en el ámbito de juventud, especialmente siendo alguien que participó en la elaboración del programa de Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet en esta área.

Luego de la creación del Injuv durante el Gobierno del Presidente Patricio Aylwin y el escaso desarrollo que ha tenido este instituto en más de 20 años, es evidente que existe un desafío de maduración de la institucionalidad, para que quienes estén a su cabeza puedan efectivamente ser actores reconocidos tanto al interior del Gobierno, como por otras ramas del Estado y la sociedad civil.

La institucionalidad asociada a la juventud debe tener una figura visible y activa, que pueda efectivamente no sólo opinar sobre las políticas públicas dirigidas a los jóvenes, sino que además tenga un efectivo rol coordinador, articulador y empoderado que permita integrar la perspectiva de quienes conforman este grupo etario.

El Programa de Gobierno de la Presidenta Bachelet dice: “Reforzaremos la institucionalidad pública, de manera que el Instituto de la Juventud (Injuv) pueda realizar una efectiva coordinación de las políticas multisectoriales, y crearemos en el Ministerio de Desarrollo Social una Subsecretaría de la Juventud”.

La idea de que la institucionalidad logre estos objetivos es que también fortalezca el proceso democrático y articulador tomando en cuenta las nuevas formas de participación de los jóvenes en la sociedad civil, en la que tienen mucho que aportar, tanto desde las transmisión de sus experiencias como desde la definición en una lógica botton up –de abajo hacia arriba- de lo que son sus intereses para que estos sean representados por la institucionalidad juvenil.

De este modo, efectivamente Injuv podría pasar de ser una productora de eventos, con muchos recursos para ello, a ser un verdadero actor de las políticas públicas del Gobierno sin importar el color que éste tenga.

Soy partidario de seguir un camino similar al de Sernam, que hoy es un ministerio y que ha logrado instalar una figura con capacidad de sentarse a la mesa con otros ministerios, parlamentarios, gremios, trabajadores y diversas expresiones de la sociedad civil organizada, estableciendo resultados con mayor rapidez, fuerza y legitimidad en la discusión de los grandes temas que afectan a las mujeres, en este caso, orientado a los jóvenes.

Hoy el Injuv se dedica principalmente a realizar eventos masivos para jóvenes, regalar entradas al cine, generar grandes eventos de verano, entregar una tarjeta joven, implementar algunos mecanismos de participación y desarrollar la Encuesta Nacional de la Juventud, que es una importante fotografía de la realidad de la juventud en sus distintas etapas.

Pero la idea es que si hablamos de juventud exista una institucionalidad capaz de ser parte de los procesos que transversalmente ocurren al interior del Gobierno y sus sectores, abordando temas trascendentales para la agenda de gobierno como justicia juvenil, educación en todas sus etapas, salud, acceso al trabajo y su regulación, vivienda, familia, género, identidad sexual, origen étnico, participación civil y política, entre otras tantas temáticas que hoy carecen de la perspectiva de juventud, considerando además que vivimos en un mundo altamente dinámico en que los jóvenes se integran con facilidad, no así las instituciones e incluso –sin ánimo de descalificar- las generaciones que han administrado el poder en todas sus expresiones.

Es necesario modernizar y mejorar la gestión, para eso un avance relevante es incorporar a Injuv al Sistema de Alta Dirección Pública, que permita establecer un piso asociado a mérito y nivel académico para quienes lo dirigen.

Por lo anterior, he sido partidario de seguir un camino similar al de Sernam, que hoy es un ministerio y que ha logrado instalar una figura con capacidad de sentarse a la mesa con otros ministerios, parlamentarios, gremios, trabajadores y diversas expresiones de la sociedad civil organizada, estableciendo resultados con mayor rapidez, fuerza y legitimidad en la discusión de los grandes temas que afectan a las mujeres, en este caso, orientado a los jóvenes.

Pero se ha priorizado la idea de crear una subsecretaría de la Juventud, lo que es bueno, ya que cumple con el objetivo de ser un generador de políticas y abre el espacio para pensar en un futuro auspicioso para los jóvenes y sus problemáticas. Pero la posibilidad de que esto no se concrete en esta gestión, es algo preocupante.

Comentarios del artículo: Subsecretaría de la Juventud, ¡ya! - Publicado: a las 12:00 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 18/12/2014

El conflicto por los DC-Fuerza Pública: Dialogar, decidir y actuar

Tras el Consejo Nacional del partido, es necesario que cada cual tome las decisiones que correspondan. No es ético servir a dos casas y es perjudicialmente incompatible participar de dos expresiones políticas opuestas.

En los últimos meses se ha incubado un proceso complejo al interior de la Democracia Cristiana. Militantes activos y destacados han evidenciado su comprometida participación en el cuasi-partido político “Fuerza Pública”, encabezado por el ex candidato presidencial Andrés Velasco.

Las consecuencias de dicha participación han tenido dos aristas. Primero, una interna, que tensiona la relación partidaria por el evidente y contradictorio apoyo explícito al liberal Andrés Velasco. Otra, que alcanza a la definición de nuestro rol en la Nueva Mayoría, y que deriva de la férrea oposición que han desplegado contra la reforma educacional del Ejecutivo.

Sobre lo anterior, los deberes militantes exigen que la participación en partidos y movimientos sea coherente. No de manera única desde la perspectiva de lo normativo, sino también y de sobremanera en lo ético: no es ético servir a dos casas y es perjudicialmente incompatible participar de dos expresiones políticas opuestas, como lo son Fuerza Pública y la Democracia Cristiana. Ello, porque los principios comunitaristas y el humanismo cristiano son inconciliables con el liberalismo absoluto, lo que se expresa en las diferencias que se pueden apreciar si se revisan la doctrina y los acuerdos ideológicos del Partido.

En lo segundo, la reforma educacional se afirma y legitima en el programa de Gobierno con el cual la DC apoyó a la Presidenta Bachelet. Incluso, su compromiso es mucho anterior, pues viene a cumplir de manera coherente los planteamientos establecidos por el congreso ideológico de 2007 y la comisión de educación democratacristiana. En ésta participaron tanto el presidente del partido como el actual presidente de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados Mario Venegas.

El conflicto ha tenido un desarrollo dañino para todos. Unos se adelantaron al debate interno solicitando que operen los organismos disciplinarios y exigiendo ¡la expulsión! de Mariana Aylwin y Sebastián Sichel. Otros, como el presidente del partido Ignacio Walker, han eludido usar el diálogo fraterno y evitado el funcionamiento de la institucionalidad existente para conseguir una salida definitiva y legítima a la crisis generada.

En este conflicto tienen responsabilidad los organismos directivos del partido. Han sido varias las ocasiones en que distintos actores, incluida la Juventud, desde hace tiempo han solicitado abordar el tema y aquéllos han hecho oídos sordos: la responsabilidad también cabe en quien conduce, en este caso la directiva nacional y su presidente.

La situación planteada habla por sí misma del desgaste de las relaciones internas y de la debilidad de un lenguaje político racional, justamente cuando es más necesario. Un elemento que es preocupante para el futuro de la DC, considerando que -si se tomaran distintas fotografías en el tiempo-, en muchas ocasiones ha existido falta de comunicación, predominando la incapacidad de negociar y careciendo, por tanto, de autoridades que pacten aquello que obedezca al interés del país antes que al de un sector de la economía o un grupo social. Parece, a estas alturas, que a algunos les da miedo el debate y cierran toda posibilidad a la misma democracia que dicen defender.

No es bueno que los canales internos se desechen como instrumento para la solución de los conflictos. Si no se es capaz de dialogar, si sólo se imponen las mayorías, los estatutos o se abusa del poder de dirección y las formas, no habrá destino común, y en lo inmediato, se dificultarán más aún los grandes cambios que Chile necesita y de los cuales la Democracia Cristiana debe ser protagonista.

Es necesario hacer la observación sobre la responsabilidad que cabe a los organismos directivos del partido. Han sido varias las ocasiones en que distintos actores, incluida la Juventud, desde hace tiempo han solicitado abordar el tema y aquéllos han hecho oídos sordos: la responsabilidad también cabe en quien conduce, en este caso la directiva nacional y su presidente.

En fin, más vale tarde que nunca. Las declaraciones del Consejo Nacional del día lunes son positivas. El aprendizaje, y lo que se esperaría para este proceso, es que las instituciones funcionen y que el diálogo interno permita acuerdos que sinceren las posiciones. En suma, que los actores que hacen daño a la DC tomen una decisión definitiva que dé una salida a su comportamiento irregular y contradictorio. Finalmente, es necesario que cada cual tome las decisiones que correspondan y ocurra lo que tenga que ocurrir. Es decir, tomar la opción de militar en la DC, participar de los debates internos y someterse a las definiciones oficiales, o bien, terminar con su vinculación partidaria y buscar otros horizontes en el mundo liberal, a fin de que los órganos disciplinarios hagan lo suyo cuando no haya más herramientas racionales disponibles.

Comentarios del artículo: El conflicto por los DC-Fuerza Pública: Dialogar, decidir y actuar - Publicado: a las 9:27 am

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 20/10/2014

El voto que Chile necesita

Los jóvenes demócratas cristianos no podemos restarnos de la discusión sobre la disyuntiva voto obligatorio/voto voluntario. Sin embargo, ésta es sólo una de las aristas de la política que debemos resolver y que apunta en definitiva a debatir sobre qué modelo de participación ciudadana queremos para Chile.

En los últimos días hemos visto al senador Jorge Pizarro en los medios de prensa abriendo el debate sobre la reinstauración del voto obligatorio. Se trata de una discusión en la cual los jóvenes demócratas cristianos no podemos restarnos, más aún si tomamos en cuenta las estadísticas de participación juvenil elaboradas desde el 2012, año en que se aprobó el voto voluntario y la inscripción automática. En ese tiempo, el cambio de sistema fue considerado un triunfo para la libertad política de la ciudadanía, una conquista que nos situaba al lado de los países con mayor desarrollo económico.

Hoy, sin embargo, la coyuntura del movimiento social, la aprobación de una Ley de Lobby poco exigente, la tramitación de un proyecto sobre aportes reservados a las campañas políticas y el escándalo del financiamiento ilícito de Penta, nos sitúa en otro contexto. Aún persisten las trabas al ejercicio libre del voto, que es un derecho y no un deber público. Un problema derivado particularmente de la desigual estructura de financiamiento de campañas, lo que debe motivarnos a plantear la urgencia de una ley que establezca mecanismos de garantías electorales o ciudadanas.

La coyuntura del movimiento social, la aprobación de una Ley de Lobby poco exigente, la tramitación de un proyecto sobre aportes reservados a las campañas políticas y el escándalo del financiamiento ilícito de Penta, nos sitúa en otro contexto.

En efecto, la cuestión del voto obligatorio versus el voto voluntario es sólo una de las aristas que debemos resolver. Así, luego de enfrentar varias elecciones presidenciales, parlamentarias, municipales, Cores y primarias y como lo plantea Jorge Navarrete “el voto voluntario acerca el proceso electoral a las elites ilustradas y le resta  poder de elección ─e indirectamente, de decisión─ a las clases menos favorecidas”. Dicho sesgo en términos económicos y geográficos podemos ratificarlos según datos que demuestran que, en las últimas votaciones, las cinco comunas más ricas y urbanizadas del país poseen una tasa de 41.8% de electores promedio. En tanto, otras comunas igualmente grandes y urbanas, pero pobres, cuentan con una participación promedio de 32,7%. Este es el caso de Renca, El Bosque, Lo Espejo, San Joaquín y La Pintana, es decir un tercio menos de ciudadanos ejerciendo su derecho.

Además, considerando que el voto voluntario aumentó la abstención, ─contrario al incentivo para los jóvenes que en ello veían los defensores del sistema─, la puesta en marcha de la nueva ley evidenció la relación entre el electorado y la institucionalidad política. Mientras más transparencia se exige a los políticos, más cuestionamientos surgen en contra del inmovilismo del régimen político.

Es así que no debemos olvidar; la política es imprescindible y que el desinterés por la participación y lo comunitario genera un triste debilitamiento de la democracia. Por eso es necesario replantearnos lo que algunos de nuestros pares defienden como su derecho a no participar de las elecciones, porque la actual política no los representa; o la reivindicación de aquellos que piden que el voto sea consagrado como deber de todo ciudadano,

Todo lo anterior debe guiar el accionar de nuestros parlamentarios. Nunca antes fue tan manifiesta como ahora la condición de vulnerabilidad del votante/ciudadano, quien sabe que el problema de fondo es la débil situación de sus garantías de ejercicio. Por ello es necesario modificar, entre otros, tanto el actual sistema electoral, como la composición del Senado y de la Cámara con una representación más equitativa, pues sabemos que la mayor abstención se  produce por motivos coyunturales y estructurales que constituyen barreras o cerrojos a la democracia a la que debiera aspirar este Chile de la OCDE. En esta línea, también resultaría útil que nuestros líderes se pronunciaren sobre una reforma al sistema de financiamiento de las campañas que asegure un aporte mayor del Estado y sancione el dinero ilícito involucrado.

Por tanto, nuestro desafío es entrar de manera definitiva, y de cara al país, en la discusión sobre qué modelo de garantías de ejercicio y participación ciudadana queremos: la mantención del statu quo o la construcción de un sistema electoral más justo. Lo segundo, será más complejo, pero más cercano a nuestra ideología: la prevalencia de los derechos humanos y su garantía. Ello nos conducirá a cuestiones relativas a  la descentralización y la creación de espacios de participación para todos los chilenos y chilenas; a la transformación de los mecanismos de representación del sistema electoral; al fortalecimiento de la comunicación entre el Estado y los ciudadanos, la educación cívica y el voto obligatorio; y, a afrontar las debilidades de los partidos políticos como el financiamiento de las campañas electorales, incluyendo los aportes reservados.

Comentarios del artículo: El voto que Chile necesita - Publicado: a las 9:48 am

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