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  • Patricio Segura Ortiz

Patricio Segura Ortiz

Periodista

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 07/02/2013

Asamblea Constituyente: El silencio de los comunistas

El problema en este momento es saber, claramente, cuanto está dispuesto el Partido Comunista a restringir el cerco de sus convicciones para ser parte de la institucionalidad. Porque según lo informado, ya han acordado abordar unidos, junto a la Concertación, la elección presidencial y las parlamentarias, a pesar de las reticencias de algunos grupos concertacionistas que se sienten cómodos con el modelo institucional, social y político vigente.

Menuda batahola se armó en el mes de agosto de 2012 cuando el presidente de la DC, Ignacio Walker, se lanzó la siguiente frase para el bronce: “si no las cambiamos [las cosas], yo me cambio de caballo, me cambio a la Asamblea Constituyente y haremos un movimiento ciudadano para plebiscitar, porque no hay otra alternativa”. Fue en un seminario en la Universidad de Chile sobre el sistema binominal.

Aunque algunos se sorprendieron, otros se molestaron y más de alguno se alegró (abría un flanco para debatir un tema pendiente de la transición), para quienes conocen la crítica visión de Walker sobre lo que llama despectivamente “democracia plebiscitaria” (algunos la calificamos de participativa), el destinatario de su mensaje era claro. No eran sus aliados, sino sus circunstanciales socios de RN, Carlos Larraín más específicamente, con quienes había establecido el pacto “Un nuevo régimen político para Chile” para “mejorar” la institucionalidad, pero sin alusión alguna a tocar la Constitución. Quiso dar a entender que “si no se abren a acotados cambios nos sumaremos a las hordas que buscan asaltar La Moneda, derribar las estatuas de los padres de la Patria y apagar la llama de la Libertad”. En el ideario conservador, el terror a seguir la vía chavista, bolivariana, donde según ellos las instituciones no son respetadas.

Pero este artículo no trata de quienes sabemos no están disponibles a cambios de fondo al sistema socioeconómico chileno que nos mantiene con el mayor coeficiente de Gini (que mide la desigualdad) entre los países de la OCDE. Tampoco los que justifican (o miran hacia el lado) las vergonzosas utilidades de las Isapres a costa de la salud de los chilenos, de las AFP a costa de su vejez en plenitud, de las eléctricas a costa de las tarifas, y la calidad de vida de comunidades locales y de la biodiversidad, y de la educación a costa del endeudamiento de millones de familias, por dar unos pocos ejemplos. Y que se entienda, esto no es estar en contra de la actividad económica privada. Es definir como sociedad la inviabilidad de que una pequeña parte de la población abulte su patrimonio a través de bienes y servicios esenciales para vivir en dignidad. Explico: si alguien quiere vender jeans a $ 500.000 y alguien los quiere comprar, me da lo mismo. Pero no así con la salud y la previsión (más aún cuando son impuestos obligatorios), la educación, el agua potable, la energía, la vivienda, etc.

Este artículo trata, esencialmente, de quienes se supone sí quieren esos cambios profundos. Aquéllos que por mucho tiempo caminaron por la vereda del frente de la institucionalidad vigente y que gracias a que se han abierto a acuerdos ya tienen, no sólo un pie dentro del Congreso, sino que varios, gracias a los diputados Hugo Gutiérrez, Lautaro Carmona y Guillermo Teillier, anhelan tener más de la mano de las nuevas generaciones: Camilo Ballesteros, Camila Vallejo, Karol Cariola. Y esta aspiración es comprensible. A veces cansa caminar solo por el desierto del ideal.

Difícil es saber a ciencia cierta, por parte de la ciudadanía, cuáles son las transacciones que se están realizando en pos de alcanzar una cuota de poder institucional. El silencio actual de los comunistas sobre una materia que no es accesoria, siembra dudas. Más aún considerando los demonizadores artículos editoriales que El Mercurio nos ha prodigado en los últimos días. Y las respuestas que ha recogido.

El problema en este momento es saber, claramente, cuanto está dispuesto el Partido Comunista a restringir el cerco de sus convicciones para ser parte de la institucionalidad. Porque según lo informado, ya han acordado abordar unidos, junto a la Concertación, la elección presidencial y las parlamentarias, a pesar de las reticencias de algunos grupos concertacionistas que se sienten cómodos con el modelo institucional, social y político vigente.

En eso están hoy, en pleno proceso de negociación. Y tal proceso, está claro y lo ha dicho el PC, involucra no sólo caras, lugares y procederes, sino también fortalecer los puntos de encuentro. Pero también dejar en claro los de desencuentro.

Y es en este último ámbito –el de las diferencias de fondo, no las anecdóticas- donde un extraño silencio público ha cubierto el despliegue medial de la dirigencia comunista. Omisión sobre un tema que muchos creíamos les era esencial: cambiar la Constitución. Pero no mediante cualquier procedimiento sino a través de uno legítimo, que sólo es asegurado por un proceso constituyente político-ciudadano.

Cuando algunos piden no enredarse en el método (emulando al político chino Deng Xiaoping que decía “da lo mismo el color del gato, lo importante es que cace ratones”), obvian que la democracia real es, esencialmente, un sistema en que los procedimientos no son meros trámites sino son parte de su esencia. Los mejores ejemplos de ello son el sistema binominal y los quórum calificados para cambiar la Constitución (entre muchos otros enclaves que vulneran el sentir de las mayorías) que hacen difícil aplicar las transformaciones que Chile demanda. De otra forma, daría lo mismo vivir en dictadura si crecemos al 10 %, más allá que personalmente no crea que el PIB sea la medida de todas las cosas. O incluso podríamos evitarnos elegir presidente, y que éste sea chileno: mejor contratemos a una consultora que realice un concurso internacional para contratar a un Gerente de la República. De eso precisamente se trata la política.

Difícil es saber a ciencia cierta, por parte de la ciudadanía, cuáles son las transacciones que se están realizando en pos de alcanzar una cuota de poder institucional. El silencio actual de los comunistas sobre una materia que no es accesoria, siembra dudas. Más aún considerando los demonizadores artículos editoriales que El Mercurio nos ha prodigado en los últimos días. Y las respuestas que ha recogido.

Está claro que los comunistas no temen a El Mercurio. Los recados que “El Decano” les pueda enviar debieran resbalarles. No es ése su problema. Lo son quienes debieran ser sus aliados en los cambios de fondo que necesita Chile.

Porque luego que el presidente socialista del Senado devenido en estadista garante de la estabilidad institucional heredada de Pinochet las emprendiera contra la idea de cambiar la Constitución mediante un sistema democrático de verdad, sepulcral silencio se ha instalado en la tienda de la hoz y el martillo. No así entre quienes desde otras opciones políticas y ciudadanas mantienen vigente este ideal, y por eso el destinatario de estos párrafos es el PC.

En esto no me pierdo. Claro estoy que la política implica construcción colectiva. Y hoy son muchos, demasiados, quienes tienen aún abiertas las heridas del destino de la Unidad Popular y la dictadura. Muchos que temen ser responsables del fracaso de los procesos o, peor aún, de quiebres institucionales. Pero aunque tal temor es comprensible no justifica paralizarse, más aún con los niveles de desigualdad que ha alcanzado Chile, de concentración de la riqueza, de autoritarismo y de falta de democracia efectiva. Hacerlo también es un riesgo, donde la marea puede pasar por encima, hoy más que nunca luego del fraude del oficialismo en torno a terminar con el binominal.

Los estudiantes, entre quienes Vallejo, Ballesteros y Cariola fueron protagonistas, así lo entendieron. Dejaron atrás el temor y se atrevieron a dar el salto para construir un Chile mejor.

Basta ya del secuestro bajo el cual una minoría (poderosa, pero minoría al fin y al cabo) ha mantenido a Chile.

Hoy más que nunca es preciso saber con quiénes aún se cuenta para avanzar en las transformaciones que exigen las llagas abiertas de nuestro Estado civil mas no democrático.

Comentarios del artículo: Asamblea Constituyente: El silencio de los comunistas - Publicado: a las 6:13 pm

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