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Pamela Ugalde Hidalgo

Socióloga, académica, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Central de Chile.

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 16/03/2016

¿Por qué queremos a Julita?

Julita no frecuentaba sólo fiestas, apareció también en la Semana contra la Homofobia, defendiendo los derechos de quienes sufren discriminación por su identidad y orientación sexual. Con eso mostró que ser de clase alta no implica ser tan conservador.

Este lunes por la mañana murió Julita Astaburuaga de un cáncer pancreático que la tuvo convaleciente pero con sus capacidades mentales activas a pesar de sus 96 años.

Esta conocida socialité de la cultura nacional era una figura bastante especial. Fue muy querida por quienes la conocieron y por quienes no. Su presencia en distintos eventos los elevaba a actos de alta alcurnia de un paraguazo, por eso siempre era invitada a todo lo que quisiera ser/parecer elegante y chic.

¿Por qué alguien que proviene de la clase alta, que bebe champán y usa trajes de diseñador es tan querida a través de los peldaños de la escala social?

Creo que se debe a que Julita era una persona común y corriente a la que le tocó nacer en una familia adinerada (que luego perdió la plata) y ella reconoció eso con hidalguía.

Reconoció que todos partimos de ubicaciones distintas en el mundo y que eso no es motivo de festejo, es sólo un punto de partida. Lo que vale la pena y diferencia a las personas es lo que hacemos a partir de esa instalación originaria. Es decir, Julita se sabía uno más, como todos, y construía desde ahí.

Julita hacía buenos mapas de la realidad y de la ubicación de las personas en ellos. Mapas tan claros como el que hizo al definirse políticamente “intermedia” y al mismo tiempo decir que era cercana al Partido Socialista. Muchos (aunque puede ser que cada vez sean menos) consideran al PS un partido de izquierda. Para la lúcida Julita no lo era tanto.

Julita no frecuentaba sólo fiestas, apareció también en la Semana contra la Homofobia, defendiendo los derechos de quienes sufren discriminación por su identidad y orientación sexual. Con eso mostró que ser de clase alta no implica ser tan conservador y que todos tenemos la capacidad de flexibilizar nuestros juicios y acoger a quienes son distintos a nosotros.

Julita no era mágica, pero parecía serlo. ¿Cuál era la magia? Reconocer lo accidental de la existencia, agradecer por lo recibido y trabajar por los propios sueños.

Julita afirmó con fuerza su cartera una vez que trataron de robársela en el centro. Terminó en el suelo, un golpe en la cabeza y unos huesos rotos, pero no la soltó. Luego agradeció el cariño junto con pedir que se reinsertara al joven que la había atacado. Nada de discursos sobre lo peligroso del mundo actual y el miedo creciente a todo lo desconocido.

Julita quería tanto la vida que le temía a la muerte, se preguntaba por el sentido de la acumulación de cosas frente al sino ineludible de la partida. Luego lo olvidaba y volvía a tomar champán y a bailar toda la noche.

Julita tenía un alma joven, a pesar de verse en el espejo como una “vieja de mierda” según sus propias palabras. Esa juventud la mantuvo lúcida hasta el final, sus ganas de ser siempre autovalente fueron más fuertes que el paso de los años.

Julita no era mágica, pero parecía serlo. ¿Cuál era la magia? Reconocer lo accidental de la existencia, agradecer por lo recibido y trabajar por los propios sueños. Eso te puede transformar en un ser egoísta y falsamente autosuficiente. La diferencia está en que los demás cabían en los sueños de Julita.

Comentarios del artículo: ¿Por qué queremos a Julita? - Publicado: a las 1:24 am

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 19/11/2015

El dinero, la acumulación y la colusión

Así como no me parece que el Simce sea la creación de nuestro excesivo nivel de competitividad, no creo que el dinero sea el origen de nuestro afán de competencia en la economía. La culpa es de quienes no reconocemos el valor trabajo en los bienes y servicios que consumimos.

En la última columna hacía alusión a nuestra falta de acciones colaborativas a las que echar mano en términos de los procesos a desarrollar en el sistema escolar, y decía que eso tiene que ver con el sistema en el que estamos inmersos. A propósito de lo anterior, recordé un graffiti en el que se sataniza al dinero como el inicio de todos los males.

Así como no me parece que el Simce sea la creación de nuestro excesivo nivel de competitividad, no creo que el dinero sea el origen de nuestro afán de competencia en la economía.

El dinero, tal como las evaluaciones cuando nos referimos a sistemas educativos, son medios simbólicos de intercambio. A través de ellos podemos entender de manera simple, resumida y rápida lo que el otro nos quiere decir. Cuando pasamos del trueque al uso de la moneda, estamos ampliando la escala de los intercambios que podemos hacer. Esto sucede no sólo cuando surge la moneda acuñada en metales nobles, sino también cuando utilizamos algún material que nos señale el valor de ciertas cosas, en términos del valor social de dicho bien y su correlato en términos del interés social que despierta para el intercambio, es decir, cuán apreciado es dicho bien en el mercado.

Al definir el valor de los bienes según su nivel de “deseabilidad” aparece un primer problema, puesto que su valor ya no depende de quién lo “creó”: el artesano que transformó la materia prima en un bien distinto a través de su trabajo, sino que el valor viene dado desde fuera, desde la demanda. ¿Es culpa del uso de la moneda? No. Es culpa de quienes no reconocemos el valor trabajo en los bienes y servicios que consumimos.

¿Cómo hace la industria para invisibilizar dicho trabajo? Pauperizando a los trabajadores, pagándoles lo mínimo para subsistir y alimentando el discurso de “no morder la mano que te da de comer”. Como todos estamos metidos en el mismo sistema el proceso empieza a naturalizarse, y nos resulta obvio que todo el mundo quiera minimizar sus costos, aunque eso implique pagar sueldos de hambre, esclavizar (lo digo literalmente) personas, recurrir al trabajo infantil.

La otra opción es subir los precios de venta. ¿Cómo? Obligando a los pequeños proveedores a venderme al precio que yo, gran intermediario, quiero pagar, obligándolos a vender sus productos por menos que sus precios de costo con tal de no perder la producción. Algo así como el valor de los impuestos cobrados por el señor feudal a sus vasallos, que los despojaban de la cosecha que les permitía su propia subsistencia. ¿De qué otra forma? Asociándome con otros vendedores para cobrar todos el mismo elevado precio, así todos ganamos. ¿Y el libre mercado? Ese es un invento para la pequeña empresa y los emprendedores.

A esto además le sumamos los subsidios del Estado a la gran empresa. ¿Una locura? No, es bastante cuerdo. Es la base de la acumulación: “Nosotros tenemos que tener más”. El problema es que ese nosotros cada vez nos queda más lejano.

Comentarios del artículo: El dinero, la acumulación y la colusión - Publicado: a las 7:00 am

Etiquetas: , , » Publicado: 30/10/2015

No más SIMCE: no culpemos al mensajero

Es culpa de nosotros que queremos que nuestros hijos no se junten con otros de peor Simce, que queremos hacer clases sólo a niños seleccionados, que queremos un equipo docente que ejercite sistemáticamente a los alumnos para Simce.

Más revuelo que otros años ha provocado la nueva aplicación del Simce. Sin duda la consolidación del movimiento Alto al Simce ha tenido impacto en el posicionamiento del tema en la agenda mediática y en la percepción que los distintos actores educativos tienen sobre la medición.

Si las políticas educativas tienen como foco la colaboración y reflexión pedagógica conjunta, ¿por qué insistirían en la aplicación de una prueba que va en el otro sentido?

Que la prueba es discriminatoria, que estimula la competencia entre establecimientos, que estresa a los docentes y a los alumnos, son algunas de las razones para oponerse a la ella.

Pero, ¿por qué la aplicación de una prueba logra tanto poder?

Claramente, no por la prueba en sí, sino por las lógicas de acción de los actores que se relacionan con la aplicación de la prueba. Hemos asistido a la descripción de una serie de irregularidades asociadas a la aplicación y posterior uso de la prueba: alumnos a los que se les prohíbe rendir la prueba, alumnos que se niegan a rendirla, docentes que dicen a sus alumnos que la prueba es con nota, directivos que castigan o premian a los docentes según los puntajes obtenidos, etc.

¿Son estos comportamientos la finalidad de la política de medición de aprendizajes? No. Las conductas descritas y otras similares son producto de nuestra inmersión en una sociedad exitista, competitiva y discriminadora.

Las distintas pruebas Simce intentan (como todo instrumento) medir logros de aprendizaje en distintas asignaturas, con las restricciones que este tipo de pruebas tienen. Simce no pretende hacer competir a nadie, al contrario, las políticas de fomento del mejoramiento educativo estimulan la participación de toda la comunidad educativa, en el consejo escolar, en la formulación del PEI, en el diseño de los PME, en la generación de reglamentos internos de convivencia escolar, etc. Si las políticas educativas tienen como foco la colaboración y reflexión pedagógica conjunta, ¿por qué insistirían en la aplicación de una prueba que va en el otro sentido?

Porque el problema no es de la prueba. Que la prueba Simce sea censal permite que cada escuela tenga información sobre su situación, en distintos niveles y asignaturas (un punto a seguir discutiendo es cuántas evaluaciones se necesitan dentro del proceso de educación escolar). Esta información debiera servir de insumo para el debate y la reflexión interna sobre la escuela que somos, la escuela que queremos, los insumos con los que contamos y los procesos que debemos desarrollar para lograr nuestros fines educativos. En vez de eso, en muchos lugares sucede lo descrito arriba. Cada vez que se entregan los resultados Simce nos comportamos como si hubieran entregado la lista de los que se van a subir al arca antes del diluvio. ¿Es culpa del arca?

No, es culpa de nosotros que queremos que nuestros hijos no se junten con otros de peor Simce, que queremos hacer clases sólo a niños seleccionados, que queremos un equipo docente que ejercite sistemáticamente a los alumnos para Simce.

Eliminar la prueba sería como eliminar el espejo que nos permite ver, más allá del puntaje, nuestras maneras y modos, nuestro estilo de hacer las cosas. Si competimos no es porque tenemos tal o cual puntaje, si competimos es porque así hemos sido formados. Asumamos que nuestro repertorio de acciones colaborativas es estrecho y hagámonos cargo de aumentarlo. Ya el sólo hecho de andar ese camino nos permitirá hacernos de cualquier instrumento como de un aliado, y no como de un enemigo.

Comentarios del artículo: No más SIMCE: no culpemos al mensajero - Publicado: a las 7:26 am

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 22/09/2015

Cuando un amigo se va

Claramente Alberto Cortez tenía razón al decir que el vacío que deja la partida de un amigo no puede ser llenado por la llegada de otro.

In memoriam Katherine Donoso Leiva 18 Noviembre 1983 – 19 septiembre 2015

Esta semana hemos asistido a la partida de muchas personas: el terremoto y posterior tsunami o la conducción masiva fuera de Santiago por el fin de semana largo, sumada a la ingesta de alcohol, han dejado a varios de nosotros sin alguno de nuestros amigos.

Esta semana recién pasada partió también Eduardo Bonvallet, criticado por muchos y adorado por otros tantos. Durante su carrera como comentarista deportivo fue acusado de racista y “facho” por sus detractores y defendido como buen amigo, sincero y “que dice las cosas como son” por sus seguidores. Sin entrar a polemizar sobre su carácter de ángel o demonio, sin duda Bonvallet fue un amigo para muchos, así como lo fueron todos aquellos que murieron esta semana.

Por eso saco a colación la frase de Cortez, porque cuando perdemos a alguien querido no se va un ser inmaculado y sin defectos, se va un ser humano como nosotros, con aspectos positivos y con debilidades, y nosotros gozamos y sufrimos ambas. Con los amigos no todo es bueno, bello y verdadero, con los amigos se pasan periodos de estrés, de tristeza, de descubrir las propias zonas oscuras y las ajenas.

Me refiero a Eduardo Bonvallet no sólo por ser una figura pública, sino también porque es parte de “la familia del fútbol”. Una familia en la que se hacen amigos de manera particular, con ciertas reglas, porque el fútbol tiene sus reglas, porque se juega en equipo, porque tiene hinchada. Desarrollar actividades colectivas con un fin propio, para el que todos deben contribuir desde sus habilidades, capacidades y disposiciones genera un vínculo que es particular, puesto que todos renuncian a parte de su individualidad para poder aportar a lo colectivo.

Algo similar pasa en el mundo de la música. La cuadratura, la afinación, el empaste, requieren de disciplina, renuncia y entrega. Disciplina en el estudio y ensayo, el entrenamiento diario. Renuncia a la necesidad propia de escenario y luces personales, dejar en casa ese lindo vibrato que no va con el estilo del coro. Entrega de la mejor versión de uno mismo en cada presentación, por el bien del resultado final y colectivo.

Hacer todo eso junto no es fácil ni en el fútbol ni en la música, además la hinchada y el público están ávidos de un buen resultado. Con esa tarea por delante es esperable que los lazos entre los miembros de dichos equipos sean particulares, conocerse en la cancha y en el camarín es como conocerse en el escenario y en bastidores. Saber de la lesión crónica del compañero, de sus debilidades y miedos, de sus puntos fuertes que dan confianza al resto, de los lujitos, y de tantas cosas que suceden en grupos de personas unidas por un fin por supuesto que genera un vínculo especial.

En esas instancias se construyen amistades como la de Cortez, cuyo vacío nunca podrá ser llenado con la llegada de amigos nuevos.

 

Comentarios del artículo: Cuando un amigo se va - Publicado: a las 8:00 am

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 01/09/2015

El trauma de ¿los camiones?

El señor Peña declara que 13 camiones hicieron que el Gobierno reviviera el trauma. Pero al parecer el Gobierno no es el único traumado. La derecha también revive a sus fantasmas cuando escucha la palabra “reforma”.

Según lo señalado por Carlos Peña en la prensa este fin de semana, el Gobierno de Bachelet, junto a los dirigentes de la Nueva Mayoría, se sienten herederos del Gobierno de Allende, lo que los hace situarse en un contexto del que seleccionan hechos y los releen como si estuviéramos a principios de los ’70. Con esto en mente, al Gobierno le resulta evidente que un paro de camioneros (13) es la expresión inequívoca de las intenciones de la derecha de dar un Golpe de Estado.

¿Hubo un mal manejo de la situación por parte del Gobierno? Creo que sí, pero no por los argumentos que plantea el señor Peña.

El señor Peña declara que 13 camiones hicieron que el Gobierno reviviera el trauma. Puesto así parece desproporcionado, y claramente una lectura desde los fantasmas individuales y colectivos. Sin embargo, creo que el Gobierno no hizo una lectura muy errónea. No fueron 13 camiones solitarios en caravana por la carretera. Fueron 13 camiones esperados, replicados en sucesivas notas de prensa, debatidos, explicados, escuchados, interpelados. En este orquestaje mediático también participó el Gobierno, tenía partes importantes dentro del guión. Así se configuró el día de la llegada a Santiago, con noticieros, matinales, y cuanto programa de producción propia estuviera disponible transmitiendo la “situación”. Pantallas subdivididas en 4, transmisiones en vivo, opiniones, proyecciones, comparaciones con el trauma original…

¿Eran 13 camiones? Me parece que eran más que eso, y un “más” con poder, con recursos importantes a los que echar mano: un discurso reivindicatorio cada vez más inespecífico, de esos que tratan de sumar seguidores por cualquier motivo; un dispuesto respaldo por parte de los medios: rostros muy comprometidos con las noticias “recogidas”, “como son”, “verdaderas” sobre la situación, horas y horas de transmisión, drones sobrevolando todo lo que se pareciera a un camión o al “desastre” que puede generar el enojo de los camioneros; políticos poniendo el tema como lo más relevante de la semana/mes/año/situación país; familias “bien” dispuestas fuera de La Moneda.

Visto así, claro que hace recordar el trauma. ¿Es sólo culpa del Gobierno vivir con ese fantasma? Claro que no, es culpa también del que usa el trauma para amedrentar, para amenazar, perdón: para hacer pensar en la posibilidad de volver a vivir el trauma.

Al parecer el Gobierno no es el único traumado. La derecha también revive a sus fantasmas cuando escucha la palabra “reforma”. Los proyectos de ley al respecto distan de ser efectivamente reformas a lo que actualmente existe, pero sin embargo generan anticuerpos que hacen pensar en el trauma de un Gobierno socialista en el poder. Los camiones, en la otra vereda, hacen pensar en el trauma de un Golpe de Estado de derecha.

Al final, asistimos a las reacciones amplificadas de los protagonistas ricos pero antagónicos mientras los extras de esta teleserie esperamos la hora de que alguien nos haga salir en pantalla.

Comentarios del artículo: El trauma de ¿los camiones? - Publicado: a las 8:00 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 24/08/2015

Evaluación docente entre pares ¿un sueño posible?

Desde los docentes, la observación de aula entre pares empieza a levantarse como una opción más pertinente que la observación de un externo, lo que indica que el horno empieza a estar para los bollos del mejoramiento continuo colectivo.

La evaluación docente es un mecanismo compuesto de varias instancias evaluativas: la filmación de una clase y un portafolio de evidencias, entre otras. A través de estas y otras actividades se pretende dar cuenta de ciertos criterios que caracterizan el desempeño de un docente.

Al respecto surgen voces críticas: se puede entrenar cómo completar un portafolio o se puede ensayar una muy buena y única clase de 30 minutos. Sin embargo, estos dos hechos no van en contra de la mejora en la formación de los profesores, ni en contra de la efectividad de la evaluación; aprender a completar un portafolio implica el desarrollo de una serie de habilidades de los docentes, así como el aprender qué es y cómo se hace una “buena clase”. Por otro lado, encontrar un buen portafolio o una buena clase, hayan sido entrenados o no, no es posible si esas capacidades no están instaladas en los docentes.

Pero, esta evaluación ¿da cuenta completamente del trabajo que hacen los docentes en el aula?

Claramente no. Claramente la labor de los docentes no se reduce al aula y a la gestión de ella. Sin embargo, un modelo nacional de evaluación de los docentes no puede hacerse cargo de esa completitud y debe, más bien, focalizarse en aquellos aspectos que resultan fundamentales para asegurar un buen proceso de enseñanza aprendizaje en las escuelas.

Hace poco, hablando con un gran amigo, profesor, me decía que sería más confiable que el docente fuera observado varias veces durante el año, para tener una buena imagen de su desempeño en aula. Mi respuesta fue que eso era muy caro, y que era más bien una labor de los equipos pedagógicos de las escuelas. Su respuesta a eso fue que esos equipos muchas veces no tienen tiempo, ni tampoco las capacidades pedagógicas para dar una buena retroalimentación a los docentes. Además, cuando se programaban visitas pedagógicas, se hacía para las asignaturas “principales”. En este contexto, le parecía lógico que la mejor opción era la visita al aula entre pares.

Curiosa conversación, considerando que la observación de aula entre pares es una estrategia muy valorada desde la literatura, pero muy difícil de implementar en las escuelas, debido a las reticencias de muchos docentes. Al parecer la sensación respecto de tener un par observando una clase se ha ido moviendo y hoy comienza, desde los docentes, a levantarse como una opción más pertinente que la observación de un externo.

Esta es una gran noticia, puesto que posibilita a los establecimientos hacerse cargo de la gestión pedagógica de las escuelas, y que esta gestión salga del equipo central y se desplace hacia el cuerpo docente. Sólo las escuelas que ponen el aprendizaje en el centro y hacen de la reflexión sobre su práctica un ejercicio continuo pueden, de manera sostenida y robusta, avanzar en el logro de aprendizaje de sus alumnos.

Así las cosas, parece que el horno empieza a estar para los bollos del mejoramiento continuo colectivo, y se enfría lentamente el funesto horno de la zanahoria y el garrote personalizado.

Comentarios del artículo: Evaluación docente entre pares ¿un sueño posible? - Publicado: a las 6:00 am

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