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Marcos Prats

Country Manager de Falcon.

Etiquetas: , , , , » Publicado: 05/02/2015

La reputación como barrera o facilitador de productividad en Chile

Es difícil para un gerente convencer a sus equipos a “comprar” la idea de aumentar la eficiencia para mejorar la rentabilidad de la empresa, si los empleados de la compañía ven que sus dueños actúan de manera “cuestionable” o derechamente ilegal.

La “reputación” de la clase empresarial en Chile se ha visto negativamente impactada por la seguidilla de casos Penta, Bilbao, Cascadas, La Polar, colusión de farmacias, colusión en la industria avícola, etc. La lista es larga y pega duro en la “reputación” tanto de los empresarios como de sus ejecutivos.

A nuestro juicio, este deterioro en la reputación empresarial dificulta la materialización de mejoras en eficiencia y productividad de las organizaciones. Y en un contexto pesimista para el crecimiento de ventas, como se ve el 2015, la eficiencia y productividad son de importancia capital si las empresas desean mantener sus ventajas competitivas.

El daño a la reputación aumenta los costos de transacción en toda negociación (y los gerentes deben negociar todo el día). Tanto es así, que a la fecha de esta columna, Banco Penta aumentó sustancialmente su costo de fondos luego de conocidos los detalles de la actuación de sus dueños.

Una encuesta realizada por Deliotte a más de 130 ejecutivos de las Fortune 1000 reveló que la tasa de falla de iniciativas internas de Ahorro de Costos aumentó de 14% a más de 35% en dos años. Es decir, más de un tercio de los proyectos de reducción de costos simplemente fracasan.

Una explicación para este deterioro en la efectividad de los ejecutivos para lograr sus metas de ahorro, es que luego de ejecutar los proyectos “fáciles”, con baja tasa de falla (los de impacto claro y fácil implementación) los Gerentes deben enfocarse en proyectos más “difíciles” con foco en eficiencia y productividad. Y bueno, al enfrentar los proyectos difíciles, aumenta la tasa de fracaso.

El desafío de los proyectos de eficiencia y productividad, es que requieren de una capacidad de movilización interna que no es fácil de materializar. Se requiere de capacidad negociadora, de análisis y visualización de escenarios, de movilización de gente. Para que estas capacidades se desplieguen de manera efectiva, se requiere una característica institucional y personal que también es difícil de construir, y más aún de mantener. La “reputación”.

Es difícil para un gerente convencer a sus equipos a “comprar” la idea de aumentar la eficiencia para mejorar la rentabilidad de la empresa, si los empleados de la compañía ven que sus dueños actúan de manera “cuestionable” o derechamente ilegal.

En cualquier iniciativa de mejora interna, la reputación está en la esencia, sin embargo, parece ser que en Chile y en la mayoría de los países latinoamericanos, la reputación está siempre en un equilibrio muy inestable. Esto es así porque el tejido social todavía está dividido en “clases” que son claramente identificadas. La dualidad “rico-pobre” y “empresario-empleado” tiene una presencia muy fuerte en el ecosistema social y empresarial.

Si a esto se suma una permanente tensión del binomio “sindicatos-empresarios”, aumentada por una reforma laboral imprecisa en sus detalles y con un claro objetivo de aumentar el poder de negociación de los sindicatos (parece más una reforma “sindical” que “laboral”), vemos que la “reputación” de cada parte (a los ojos de la otra) se encuentra tan estable como un cubo de hielo en el desierto.

El daño a la reputación aumenta los costos de transacción en toda negociación (y los gerentes deben negociar todo el día). Tanto es así, que a la fecha de esta columna, Banco Penta aumentó sustancialmente su costo de fondos luego de conocidos los detalles de la actuación de sus dueños.

En nuestra práctica de eficiencia y productividad, nos hemos visto impulsados a desplegar toda nuestra capacidad de fuego en negociación para lograr que los equipos de las empresas con las que trabajamos sean responsivos a los cambios que se deben generar a la hora de aumentar el rendimiento de la organización. Hemos aprendido que los cambios no se implementan por decreto gerencial, hay que convencer y movilizar a la gente. Y en esa tarea, la reputación de los dueños y gerentes facilita o dificulta el “costo de transacción” o “costo de transición” hacia un mejor modelo de operación de la empresa.

Por esta razón, creemos que los casos como Penta, imponen un desafío adicional a los gerentes que este año deseen implantar iniciativas de eficiencia o productividad en sus organizaciones. Habrá que incorporar un renovado énfasis en la reputación del equipo (interno o externo) que esté liderando esas iniciativas y un renovado discurso de negociación que instale una claridad diáfana en cuanto a la ganancia que estos cambios tienen para la gente que trabaja en estas empresas.

Comentarios del artículo: La reputación como barrera o facilitador de productividad en Chile - Publicado: a las 8:10 am

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 04/11/2014

Metrogas: La eficiencia está desprestigiada en la “nueva mediocridad”

Existe una larga historia de abusos empresariales que ha generado condenas masivas de la ciudadanía. Y éstas no distinguen a las empresas que con toda justicia generan rentabilidad para sus accionistas, como ocurre con Metrogas. Acá se ha condenado al “mateo del curso”.

Se ha generado en Chile una polémica infantil en torno a las utilidades de la empresa de distribución de gas natural Metrogas.

Según la Comisión Nacional de Energía, Metrogas no debería tener una rentabilidad superior al 6%, medido como la Tasa de Costo de Capital (TCC). Es decir, se le permite a estas empresas rentar 6% sobre el capital empleado.

El problema con este tipo de regulación es que desincentiva el aumento de eficiencia en las operaciones, exacerbando así la “herencia” de empresas estatales o monopólicas. ¿Para qué aumentar la eficiencia si luego el Estado me va a sancionar por ello?

Hay una manera muy fácil de mantener la rentabilidad en los niveles que a la autoridad (y parece ser que a la ciudadanía) le agrade. Aumentar sueldos de los ejecutivos, invertir en proyectos no rentables, comprar activos innecesariamente caros, contratar servicios innecesarios… En fin, la creatividad no tiene límites.

Pero parece ser que Metrogas no estuvo disponible para operar ineficientemente. Tanto es así, que en el último Ranking de Eficiencia elaborado por Falcon Management Partnerts, resultó ser la empresa más eficiente de una muestra de 133 empresas chilenas.

Comparamos los resultados de estas 133 empresas con sus equivalentes en EE.UU., ajustando los números por sector y anatomía empresarial. En la muestra, hay bancos, retail, energía, minas, inmobiliarias, etc. Metrogas, comparada con sus pares en el país del norte, obtuvo el menor gasto en “administración” como porcentaje de sus ganancias netas.

Sí, es cierto que a todos nos gustaría tener gas gratis en casa. Pero, también es cierto que, en materia de servicios básicos, nos gusta tener proveedores que sean ágiles, que presten buen servicio, que no exista interrupción y que la atención a nuestros requerimientos sea rápida y cordial. ¿De cuántas empresas de servicios básicos (gas, agua, luz, telefonía y otras) podemos decir que lo anterior se cumple?

Como consumidor, nos debería importar muy poco si Metrogas o Aguas Andinas tienen mucha o poca utilidad. Lo que nos debería importar es que el precio que se paga por el servicio sea competitivo y que éste sea eficiente.

Sin embargo, en el mundo mágico de la “Nueva Mediocridad”, palabras como “Lucro”, “Utilidad”, “Ganancia” o “Rentabilidad” están muy desprestigiadas. Parece ser que el nuevo ciudadano no tolera que se genere el “excedente empresarial”.

La pregunta es ¿Por qué? ¿Por qué la ciudadanía no tolera la “utilidad” de las empresas?

La razón fundamental está en la pérdida de confianza. Casos como el de Cascadas, Farmacias, Productoras Avícolas, Transporte Interurbano, Universidades mediocres, etc., generan un problema de pérdida de confianza que es muy difícil de remontar.

Por otro lado, existe una larga historia de abusos empresariales a una masa de empleados con bajo nivel de educación. Ejemplos sobran en sectores como retail, agrícola, construcción, minería, etc. Debemos recordar que fue necesario imponer una “Ley de Piso” para obligar a los dueños de comercio a que dispusieran de una silla o similar para que las cajeras de las tiendas se pudieran sentar durante su período de trabajo (¡¡8 horas!!).

Todo lo anterior genera conductas irracionales en los sindicatos y condenas masivas a empresas que con toda justicia generan rentabilidad para sus accionistas.

En el caso de Metrogas, tenemos una empresa eficiente, rentable y que ha ganado en varios años el Premio Nacional de Satisfacción de Consumidores.

Si se ha violado alguna regulación en cuanto a límite máximo de rentabilidad, parece ser que la “acción más rentable” para todos, es cambiar la regulación para motivar la eficiencia empresarial y no condenar al “mateo del curso”.

Comentarios del artículo: Metrogas: La eficiencia está desprestigiada en la “nueva mediocridad” - Publicado: a las 7:07 pm

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