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Juan Carlos Torres

Director Extensión Académica Universidad Central

Etiquetas: , , » Publicado: 29/04/2014

Los desafíos de la lectura en Chile

A la lectura se le sigue reconociendo socialmente junto con la educación como uno de los pilares estratégicos del desarrollo, pero “no goza de buena salud”, advierte Alberto Mayol. Según la periodista Vivian Lavín, la clave es “desempolvar el libro y sacarlo a la calle, dándole el lugar que se merece”.

Resulta  de particular importancia conocer con claridad los hábitos lectores de los chilenos, si consideramos que varios estudios indican que un porcentaje relevante de los estudiantes, incluso universitarios, no entiende lo que leen.

Toda política pública que se emprenda para enmendar esta situación demanda un buen  diagnóstico. Y aunque probablemente no son suficientes, los estudios que se están desarrollando significan un avance.

Una de ellos es la investigación del sociólogo  Alberto Mayol sobre “La lectura como práctica social: condiciones de fortalecimiento y debilitamiento de la lectura en Chile”. Una de sus   primeras conclusiones es que a la lectura se le sigue reconociendo socialmente junto con la educación como uno de los pilares estratégicos del desarrollo, pero “no goza de buena salud”, porque es uno de los hábitos que se ha debilitado y en muchos casos podríamos decir abandonado.

Hay factores que han ido gatillando esta situación. De partida, el placer de la lectura es un  hábito solitario, adquirido muchas veces de manera gradual y en el transcurso de los años. Es necesario leer para crear y fortalecer un pensamiento crítico, pero nos demanda una actitud y una voluntad de construir un mundo interior que muchas veces entra en pugna con una  sociedad interconectada, que demanda respuestas inmediatas, más emocionales que reflexivas.

Los jóvenes pueden sentirse más motivados por la rapidez de internet frente a la placidez y lentitud de repasar las hojas de un libro. Pero no se trata de plantear una contradicción, que no existe, entre tecnología y lectura, porque si queremos utilizar la primera como un instrumento de conocimiento, debemos ser capaces de distinguir en ese mar de información,  lo relevante de lo que no lo es, y diferenciar lo importante de lo superficial. Y para eso debemos entender lo que leo en el computador.

Las conclusiones de las investigaciones sobre el hábito de lectura en Chile nos indican que el rito lector se ha ido perdiendo porque parece no ser  prioritario, y hay una falta de proximidad con la práctica lectora y una desmotivación para ejecutarla.

La derrota del ocio y la pérdida de espacio para los libros son algunas de las situaciones que más le llaman la  atención a Alberto Mayol.  El tiempo está enajenado, le pertenece a otros, o a nuestro empleador o a las convenciones sociales, siempre hay que hacer cosas para otra gente y por lo tanto los momentos de intimidad son cada vez más escasos.

La periodista Vivian Lavín ha planteado la necesidad de reencantarse con la lectura,   revelando los tres soportes del libro que son claves para el acceso al público: el mundo del soporte, del texto y del lector.

Este último, que es el más desconocido pero quizás el más importante, nos debería llevar a  evaluar  las prácticas cotidianas de los chilenos y  redefinir las condiciones que se deben cambiar,  de manera de acercar el libro a los chilenos.

No obstante, Vivian Lavín llamó a dar vuelta la situación y lograr un reencantamiento con la lectura. “Lo que hay que hacer es buscar la mayor cantidad de herramientas para encantarnos, incluso nosotros mismos. Creo que lo que nos falta es tener otra actitud con la lectura, y lo relevante es que todavía el libro tiene una cosa muy sacra, y lo que tenemos que hacer es desempolvarlo y sacarlo a la calle, dándole el lugar que se merece”, plantea.

Si lo logramos seremos capaces de rescatar al libro de su ausencia en nuestros escritorios.

Comentarios del artículo: Los desafíos de la lectura en Chile - Publicado: a las 9:10 am

Etiquetas: , , , , , , , » Publicado: 30/01/2014

La desigualdad según Davos

Desde elegantes salones y aplaudidas conferencias, los ricos reconocen que la desigualdad es el gran problema del mundo actual. ¿Y por qué no se ha hecho nada para solucionarlo?

En la exclusiva cumbre de Davos, Suiza, que congrega a políticos y unas mil multinacionales con un volumen de negocios equivalente a casi la mitad del Producto Interno Bruto (PIB) de Estados Unidos, la  creciente desigualdad fue identificada como una de las principales amenazas para la economía global.

Un informe de la organización humanitaria Oxfam aportó una comparación escalofriante: las 85 personas más ricas del planeta ganan lo mismo que los 3.500 millones más pobres.

El  dato no pasó desapercibido entre los ricos de Davos,  quienes  de manera  sorprendente y quizás alentadora, reconocieron la desigualdad como el gran problema del mundo actual.

Cabe preguntarse, si hay acuerdo en este punto ¿por qué no se ha hecho nada para solucionarlo?

Según el informe, las elites más ricas han “secuestrado” el poder político y establecen las reglas económicas para su beneficio, lo que se traduce en políticas tributarias injustas y prácticas corruptas.

Pero Oxfam cree que la alarmante desigualdad se puede revertir si se evita utilizar los paraísos fiscales para evadir impuestos, si hay una mayor regulación de los mercados, si se respaldan los impuestos progresivos sobre la riqueza y si las empresas pagan salarios dignos a sus trabajadores, entre otros.

Según el informe Oxfam, las elites más ricas han “secuestrado” el poder político y establecen las reglas económicas para su beneficio, lo que se traduce en políticas tributarias injustas y prácticas corruptas.

Reiteramos entonces la pregunta, ¿por qué no se ha hecho nada para solucionarlo?

Quizás porque  la única entidad que  puede  reducir la desigualdad a nivel nacional es el Estado. Y para hacerlo necesita recursos con los que financiar   inversiones en salud, educación o seguridad social.  Y acá,  se acaban las coincidencias con Davos y las multinacionales reunidas en Suiza.

La globalización  financiera, la desregulación  y la capacidad de mover la producción de un país  a otro posee el poder  para torcer el brazo de los gobiernos y nadie está dispuesto a ceder ese dominio.

Es probable que en Davos se sigan lamentando  por la desigualdad mundial, desde los elegantes salones y las aplaudidas conferencias.

Comentarios del artículo: La desigualdad según Davos - Publicado: a las 8:36 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 24/01/2014

Cultura, ¿un bien de consumo?

Debemos avanzar hacia el acceso gratuito de actividades culturales para sectores más vulnerables de la sociedad, siempre y cuando estos no sean eventos aislados sino que sean sustentables como política.

El  dramaturgo y académico Raúl Osorio   plantea  las exigencias  que debemos  asumir  si queremos    ser capaces  de sacar  conclusiones sobre el estado de la cultura en Chile y definir políticas de largo plazo.

Le llama la atención que a pesar que existe un bajísimo  porcentaje de la población  en nuestro país que declara asistir al teatro, el informe  Cultura  y  Tiempo, editado por el INE y el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, nos entregó  la “buena noticia”  que la cantidad de  espectadores  había crecido  el 2012, en relación al 2011.

Las autoridades no demoraron en destacar el  avance,  que se expresaba en un aumento del “consumo cultural”,  particularmente  medible   en la cantidad de espectadores  a conciertos  y al cine chileno.

Pero cabe preguntarse: ¿Es así como debemos medir el  desarrollo cultural del país?  ¿Nos podemos dar por satisfechos sólo con las cifras?

El profesor Osorio nos advierte -con razón- que  a pesar que vivimos en una sociedad de mercado, no  podemos asimilar las  artes  a un  bien  de consumo, porque esa aproximación es estéril, y  nos dice poco  y nada del impacto que debe tener la experiencia  artística en el consumidor  de cultura.

Se debe evaluar hasta qué punto estamos siendo capaces de dejar una  huella en el espectador,   integrándolo a una “experiencia vital”.  Este no sólo debe consumir un espectáculo, sino incorporarlo  como un factor de crecimiento y belleza.

Cuando presentó  el  9° informe anual  de Cultura realizado  por el Instituto  Nacional de  Estadísticas (INE), el ex ministro Luciano Cruz- Coke señaló  que “fue un año muy positivo para la cultura y las artes en nuestro país”. Destacó  el 8,6%  de aumento  en el número de asistentes a espectáculos públicos, y los 912 mil personas que  congregó el cine, un 163 por ciento  que  el año anterior.

La directora del Observatorio de Políticas Culturales, Bárbara Negrón recalcó que  a pesar  que el crecimiento  es positivo, es una tendencia que se ha registrado desde años anteriores y que  la producción  nacional continúa con bajas cifras en relación  a los  productos extranjeros.

Se debe evaluar hasta qué punto estamos siendo capaces de dejar una  huella en el espectador,   integrándolo a una “experiencia vital”.  Este no sólo debe consumir un espectáculo, sino incorporarlo  como un factor de crecimiento y belleza.

Por su parte, el subdirector de la revista del Magíster en Gestión Cultural de la Universidad de Chile, Fabián Retamal, cuestionó el positivo balance que se hizo para el cine chileno. “Cuando uno mira con lupa cuáles son las producciones nacionales que acarrean más público, se da cuenta que hay un género que prima, que es la comedia más bien comercial”, reflexionó.

Mientras, un grupo importante de la población  sigue  sin acceso, no sólo por recursos económicos, sino también por el capital cultural que posee. Y las cifras no se hacen cargo de lo que pasa en términos más específicos: “Si se hiciera un análisis comparativo, por ejemplo en la Región Metropolitana, sobre todas las comunas en las que se exhiben estas manifestaciones artísticas, esta actividad que se ve pujante se focaliza en 3 ó 4 comunas”, subrayó Retamal.

Esta misma situación se vive de manera descarnada en las regiones extremas de nuestro país, donde el porcentaje de asistencia y desarrollo de actividades culturales es mucho más bajo que en otras zonas del país.

Debemos avanzar hacia el acceso gratuito  para sectores más vulnerables de la sociedad, siempre y cuando estos  no sean eventos aislados sino  que sean  sustentables como política, de manera que las actividades artísticas  se complejicen  y lleguen a ser  un hábito cultural incorporado como forma de vida.

Comentarios del artículo: Cultura, ¿un bien de consumo? - Publicado: a las 10:05 am

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