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  • Jorge Montealegre Iturra

Jorge Montealegre Iturra

Director de Extensión. Universidad de Santiago de Chile.

Etiquetas: , , , » Publicado: 06/07/2016

La otra artesanía en la Universidad de Santiago

Recorrer la exposición “Libres en Prisión, la otra artesanía”, es conocer la faceta creativa, resiliente y esperanzadora de una experiencia que, sabemos, también está marcada por la memoria del horror. En esta línea, la investigación que sustenta la muestra (y que realiza un análisis de unos 400 objetos) llena un vacío de conocimiento respecto de las prácticas artísticas, que tenían un carácter de resistencia política al interior de las prisiones de las dictaduras latinoamericanas.

“Libres en Prisión, la otra artesanía” es el nombre de la exposición que se exhibe en estos días la Vicerrectoría de Vinculación con el Medio (VIME) de la Universidad de Santiago. Las imágenes y textos surgen del proyecto de investigación encabezado por Ruth Vuskovic, que valora las artesanías producidas en la prisión política entre los años 1973-1990.

Recorrer la exposición “Libres en Prisión, la otra artesanía”, es conocer la faceta creativa, resiliente y esperanzadora de una experiencia que, sabemos, también está marcada por la memoria del horror. En esta línea, la investigación que sustenta la muestra (y que realiza un análisis de unos 400 objetos) llena un vacío de conocimiento respecto de las prácticas artísticas, que tenían un carácter de resistencia política al interior de las prisiones de las dictaduras latinoamericanas.

El enfrentamiento de la adversidad y la dignidad política en la prisión se expresa en gran parte en los discursos –explícitos e implícitos- que se vehiculizan en sus artesanías y artefactos culturales en general. La sola existencia ya era significativa, con su carga simbólica. En la reproducción de una lanigrafía podemos ver la figura del Presidente Allende; y hay otras figuras que tienen un significado casi misterioso porque significaban un guiño en el circuito (en)cerrado de las personas prisioneras. Es el caso de las diversas versiones de hipocampos –caballitos de mar– que empezaron a circular desde el campo de prisioneros de Tres Álamos. Hechos en hueso o tallados en madera para colgantes tenían una hermosura enigmática, pero también una razón que los convertía en un recuerdo simbólico de la peor experiencia. Recordaba un recinto de tortura e incomunicación. El único momento en que las víctimas podían sacarse la venda de los ojos –o mirar hacia abajo– era cuando las llevaban al baño; estos no tenían puerta y mientras los prisioneros permanecían ahí no tenían intimidad. Al sacarles la venda, aumentaba la sensación de humillación. Sin embargo, también era un minuto de luz y alivio. Cabizbajos miraban al suelo y en él se encontraban con la rejilla de bronce del desagüe, en ella veían un hipocampo (el isotipo troquelado de la empresa sanitaria). Por ahí se escurría el agua libremente “¡Qué ganas de irse por ahí junto al agua!”, exclamó una prisionera. El hipocampo se fijaba en la memoria. Era una de las pocas imágenes que se podían retener y luego registrar en diversas piezas de artesanía. Es un recuerdo del horror y también de ese minuto de luz. El caballito de mar salió de la prisión tallado en los huesos que sobraban de la comida y grabado en la memoria. También en figuras de madera de nogal, tallados con gubias hechizas, que eran simplemente clavos machacados con piedra.

Con diversos materiales, en la comunidad cautiva se fabricaban otros símbolos tangibles que cumplían la función de señas de identidad local de las comunidades de cada recinto; recuerdos de prisión y desde la prisión, tipo mascotas, como lo eran el Quiriquinito, un personaje hecho en madera en el campo de detención de la Isla Quiriquina, que se multiplicó tallado por diversas personas; en Puchuncaví y Tres Álamos hacían otro personaje característico: el Soporopo, un muñeco chascón, pecoso y con nariz de payaso hecho con restos de lanas y ropa vieja; y el “Negro José”, que era un regalo tejido que representaba la canción del mismo nombre con que se daba ánimo a las detenidas y detenidos cuando llegaban a libre plática desde la tortura o cuando salían en libertad. Estos muñecos a veces cumplían la función de “barretín” o escondrijo para sacar información, escrita en los pedazos de tela de relleno.

En otras prisiones, como Chacabuco, la identificación era con el lugar, con “vistas tipo” de la oficina salitrera registradas principalmente en los tallados. En su polivalente significado y en su diacronía, estos recuerdos son objetos de memoria: “recuerdos” físicos y artefactos con valor simbólico, nacidos de un virtuoso mecanismo de adaptación a la nueva cotidianidad; el hallazgo de un recurso que se revela durante y para el enfrentamiento de la adversidad. La primera gratificación, más que la excelencia, es “poder hacer” vinculando ese quehacer con la situación común; luego, es natural la búsqueda de perfeccionamiento en el oficio y mayor calidad estética e incluso la sofisticación técnica y artística. Formas de resistencia que son parte de una historia incompleta. En el Coloquio, en la Universidad de Santiago de Chile, podemos seguir esta conversación.

Comentarios del artículo: La otra artesanía en la Universidad de Santiago - Publicado: a las 8:00 am

Etiquetas: , , , » Publicado: 24/02/2016

Víctor Jara en la huella cultural de la Universidad de Santiago

El artista es una de las 88 personas, entre muertas y desaparecidas -que están consignadas en nuestro Libro Memorial-, a las que debemos honrar y que forman parte del imaginario cotidiano de la Universidad de Santiago. Para cada una de ellas tenemos un respeto equivalente, y tras la imagen de Víctor también están sus hermanos en la tragedia.

La Fundación Víctor Jara vive un promisorio proceso que reimpulsa, revitaliza, su misión. En ese contexto ha firmado un convenio de colaboración mutua con la Universidad de Santiago de Chile.

Más allá de las formalidades, podemos decir que desde al menos medio siglo existe un pacto afectuoso, fraterno, de cariño genuino, entre la comunidad universitaria y la figura de Víctor Jara, porque el artista fue y sigue siendo parte de dicha comunidad.

Es elocuente una fotografía, que conserva nuestro Archivo Patrimonial, donde Víctor Jara está en un grupo de trabajadores de la UTE. En primer plano está Pablo Neruda que visitaba la universidad. Víctor Jara era uno más, en tercera fila, fotografiándose en grupo con el Premio Nobel. Apenas se ve. Era parte de la comunidad, un trabajador de Extensión.

Desde esa labor contribuyó –con los Parra, Inti Illimani, Quilapayún, Isidora Aguirre- a llevar una diversidad expresiones artísticas a todos los rincones. Valga recordar que la UTE sostuvo en gran medida al Movimiento de la Nueva Canción Chilena. En esos tiempos la universidad tenía sedes a lo largo de todo el país. En septiembre de 1973 preparaba la apertura de su canal de TV.

Así, Víctor Jara es evocador de una época, de sus personas y obras. El 11 de septiembre debía cantar en esta casa de estudios, llamada entonces Universidad Técnica del Estado, en la inauguración de una exposición antifascista titulada “Por la vida siempre”. En la ocasión hablaría el Presidente Allende. Víctor Jara tenía programado cantar una de sus últimas creaciones: “Manifiesto”. En su letra nos recuerda que el cantar tiene sentido y razón. Es parte de su enseñanza. Entonces compartió la suerte con nuestro rector de entonces y el presidente de la Federación de Estudiantes en campos de prisioneros, con nuestra casa de estudios como blanco de morteros.

Es elocuente una fotografía, que conserva nuestro Archivo Patrimonial, donde Víctor Jara está en un grupo de trabajadores de la UTE. En primer plano está Pablo Neruda que visitaba la universidad. Víctor Jara era uno más, en tercera fila, fotografiándose en grupo con el Premio Nobel. Apenas se ve. Era parte de la comunidad, un trabajador de Extensión.

En el Estadio Chile, que en justicia hoy lleva su nombre, compartió con los estudiantes, académicos y funcionarios que fueron llevados como “prisioneros de guerra” a ese recinto.

Es parte de esa historia. Víctor Jara es una de las víctimas de esta casa: es una de las 88 personas, entre muertas y desaparecidas -que están consignadas en nuestro Libro Memorial-, a las que debemos honrar y para cada una de ellas tenemos un respeto equivalente. Cada víctima simboliza a las otras. Se contienen significativamente. Así, tras la imagen de Víctor Jara también están sus hermanos en la tragedia.

Se les recuerda en la universidad, que también es un sitio de memoria. La escultura frente a la Casa Central, la “Sala de las Artes Víctor Jara”, los murales con su imagen, son parte de las marcas que hacen de Víctor Jara –así como de Isidora Aguirre, Goyo Mimica, Michelle Peña, Enrique Kirberg- parte del imaginario cotidiano de la U. de Santiago que recuerdan la sinergia en el compromiso, la creatividad, el estudio, la sonrisa ancha que –por la vida siempre- toman nuevas expresiones en la comunidad universitaria de hoy que construye futuro.

Esta huella hace absolutamente natural que la Universidad de Santiago de Chile tenga una relación estrecha con la Fundación –con Joan, Manuela y Amanda- que proyecta la obra y los sueños de Víctor Jara.

Comentarios del artículo: Víctor Jara en la huella cultural de la Universidad de Santiago - Publicado: a las 1:00 am

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 29/12/2015

Libres en prisión: Artesanía creada en dictadura

Los objetos forjados por los presos políticos cruzaron las alambradas de los centros de represión de la dictadura y hoy día son ejemplo de resiliencia y de resistencia. Su historia es recogida en la obra de Ruth Vuskovic y Sylvia Ríos, que sin duda es un gran aporte tanto para tener una visión global como para contribuir a nuevas y futuras investigaciones.

Cada objeto da cuenta de una historia, de una cultura, y su lectura será más pertinente si conocemos cómo se construyó y qué significaba para las personas que lo compartieron en su momento de creación. Especialmente significativos son los artefactos culturales hechos en prisión política bajo dictadura. Es el tema de investigación y testimonios de la obra Libres en prisión, la otra artesanía. Arte-factos creados en dictadura en Chile 1973-1990, de Ruth Vuskovic y Sylvia Ríos, publicado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes bajo el sello de la Editorial de la Universidad de Santiago de Chile.

En la precariedad de la prisión política, cuando el hambre es parte de la vivencia, entre las personas puede surgir la disyuntiva entre comerse todo el escaso pan o dejar un poco de miga para hacer algo con las manos y convertir esa miga en un objeto bello, amable, cuya terminación proporcionará un poco de felicidad. Su creación, por primitiva que sea, eleva o refuerza la autoestima del productor –el artesano/a casual– que se reviste con la dignidad del trabajo y la constatación de una obra que connota una satisfacción vital. En algunos casos, los objetos perduran como recuerdos materiales que a la vez son fuentes de memoria. El desarrollo de la artesanía de prisioneros y prisioneras se expresó desde la ensoñación y la creación espontánea hasta el uso de técnicas sofisticadas.

Según las necesidades de los prisioneros y prisioneras, y las condiciones de la prisión, el trabajo artesanal y las manualidades evolucionaron desde la recurrencia a la apreciada comida -migas de pan y huesos- hasta la fabricación en serie de recuerdos para comercializar en el exterior. Evoluciona en calidad y complejidad, también en el sentido de que en un principio es una expresión individual, solitaria, que crecientemente se asocia con actividades cooperativas que potencian la sensación de autovalencia en la situación de indefensión.

En los diversos recintos y desde el primer momento, los lugares fueron vistos con una mirada nueva que buscaba en cada elemento una función adicional: cada “cosa” se podía resignificar como soporte de “algo” o herramienta para hacer “algo”. Se despertó la capacidad de (re) descubrir y, así, cada clavo era una herramienta en potencia; una gubia, por ejemplo; y cada madero o hueso, el material para tallar con esa gubia. Como en el origen, la piedra volvió a ser martillo; y cada semilla podía lucir en una joya. Los metales (tuercas, latitas, tarros, el alambre de púas), la madera (astillas, palitos de helados o de fósforos), las telas (retazos, hilos, un bolsillo guacho). Todo podía reinventarse al cambiar el aprecio por objetos que alcanzaron, con una nueva mirada, una nueva dignidad. Nada era desechable y cada ocurrencia llamaba naturalmente a la técnica que correspondía para su realización. Así, lo informa este libro, se practicó la carpintería, el tejido, la cestería, la forja, el repujado. Las autoras contabilizan aproximadamente 80 tipos de artefactos hechos en madera, hueso, tejido, semilla, metal, cuero, cobre, cromo-níquel, mimbre, papel, piedra, suela , alambre y cáñamo; trabajados en las más diversas técnicas, reciclando y renombrando pedazos de llantas de auto, papel de diario, semillas de los árboles, trozos de madera, clavos desclavados, pedazos de telas de su ropa, calcetines usados, cabellos, hilos de las frazadas, astillas de los muebles, palos de fósforos, baldosas, muebles desarmados, tornillos y fierros abandonados. Todo ello fue resignificado y adquirió otra vida. Este conocimiento Ruth Vuskovic y Sylvia Ríos lo sistematizan, señalando lugares, técnicas, materiales y autores; ofreciendo una taxonomía y agregando amables cuadros de clasificación y síntesis. Un gran aporte tanto para tener una visión global como para contribuir a nuevas y futuras investigaciones.

¿Había permiso para esto? Dependía de una autoridad absolutamente discrecional, de un comandante que podía autorizar o prohibir las actividades. La “conquista” de la autorización para tener herramientas de trabajo, podía perderse sorpresivamente en un allanamiento y cada cambio de guardia dejaba las autorizaciones anteriores en suspenso. La suspicacia de los militares respecto del simbolismo de materiales, figuras y colores dependía de la mayor o menor astucia de los uniformados. Sin embargo, los objetos cruzaron las alambradas y hoy día son ejemplo de resiliencia y de resistencia: los objetos siguen resistiendo.

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