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  • Jorge Gómez A.

Jorge Gómez A.

Director de contenidos de la Fundación Cientochenta.

Etiquetas: , , , , » Publicado: 22/11/2013

Cómo hacer que las insituciones realmente funcionen

La desconfianza en instituciones claves para cualquier sistema democrático, como son los partidos políticos y el sistema de elecciones periódicas, no surge de manera espontánea sino que es reflejo de un círculo vicioso, marcado por la falta de responsabilidad de los actores políticos en cuanto a dar valor y fluidez a las instituciones democráticas.

Desde hace bastante tiempo se ha hecho habitual escuchar la apelación a que las instituciones funcionen. Sin embargo, el valor que éstas adquieren depende de la responsabilidad política con que actúan los representantes y los representados en torno a las mismas. Es decir, depende de cómo las hacen funcionar para que generen confianza, adhesión, y legitimidad.

El desinterés y desconfianza en los mecanismos democráticos por parte de los ciudadanos, tienen su origen en la baja representatividad debido a falta de competencia al interior de los partidos políticos y en el sistema electoral mismo; la falta de cumplimiento una vez que los representantes son electos; la escases de vías de expresión y control democrático desde la sociedad civil, y las asimetrías de información y falta de transparencia en relación a los temas de interés público.

Según la “V Encuesta de Participación y Jóvenes de Periodismo UDP-Feedback 2013”, los partidos políticos y los parlamentarios de distrito son los que menos confianza generan entre los jóvenes. Cifra preocupante pues según la Octava Encuesta Nacional Bicentenario Universidad Católica-GFK de Adimark 2013, entre las instituciones que –según los encuestados- menos contribuirían a la democracia se encuentran los partidos políticos. Quizás por eso mismo, en el mismo sondeo, un 36% de los encuestados consideró como algo poco grave no ir a votar el próximo domingo en las elecciones presidenciales.

No es raro tampoco entonces que en la Séptima Encuesta de la Juventud del INJUV, un no menor 45,7% de los jóvenes considere que las votaciones no son factor de cambio y otro 61,4% crea que las redes sociales son mejor herramienta que el voto para dar a conocer demandas.

La desconfianza en instituciones claves para cualquier sistema democrático, como son los partidos políticos y el sistema de elecciones periódicas, no surge de manera espontánea sino que es reflejo de un círculo vicioso, marcado por la falta de responsabilidad de los actores políticos en cuanto a dar valor y fluidez a las instituciones democráticas.

El desinterés y desconfianza en los mecanismos democráticos por parte de los ciudadanos, tienen su origen en la baja representatividad debido a falta de competencia al interior de los partidos políticos y en el sistema electoral mismo; la falta de cumplimiento una vez que los representantes son electos; la escases de vías de expresión y control democrático desde la sociedad civil, y las asimetrías de información y falta de transparencia en relación a los temas de interés público.

El círculo vicioso entonces, que comienza con la irresponsabilidad de los representantes en relación a las instituciones democráticas –las llamadas malas prácticas- se cierra con la creciente irresponsabilidad de los ciudadanos, ya sea inhibiéndose de ejercer el voto o eligiendo cualquier opción, optando por el ostracismo, o peor aún optando por formas de acción no políticas sino violentas. Las instituciones democráticas entonces tienen el riesgo no sólo de verse crecientemente imposibilitadas de lograr canalizar nuevos temas e intereses, sino de deteriorarse profundamente, abriendo paso al caudillismo y el populismo.

En estos tiempos, son los jóvenes los llamados a cambiar aquello, no desdeñando de las instituciones democráticas –que siempre son perfectibles- ni llamando a patear el tablero, sino que ejerciendo de manera responsable sus derechos y libertades políticas en diversos ámbitos, disputando democráticamente los espacios, propiciando con ello una mayor democratización en y desde la sociedad civil, siendo además agentes activos en relación al desempeño de los representantes en el poder político. Ahí radica nuestra mayor responsabilidad.

Comentarios del artículo: Cómo hacer que las insituciones realmente funcionen - Publicado: a las 8:00 am

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 16/10/2013

Paradojas del caso Zamudio: igualdad y diferencia

En el brutal y horrendo asesinato de Daniel Zamudio no se respetó la igualdad a la que tenía derecho, ni a la diferencia a la que también tenía derecho como un ser único e irrepetible.

No se respetó su derecho a la igualdad en su sentido más básico, es decir en cuanto a que su vida debía ser respetada como lo merece la existencia de todo ser humano, en tanto dueño de su cuerpo, su voluntad y su vida. Si alguien no cuida ese aspecto básico de otro ser humano, no puede luego hablar de extender otros derechos, menos de igualdad.

Una cuestión aún más triste e irónica es que los criminales que golpearon y torturaron brutalmente a Daniel, no sólo no lo vieron como un igual en tanto ser humano, sino que en sus retorcidas mentes parecen tener como dogma central la idea de una sociedad donde presumen que todos deben ser, pensar, sentir, creer y actuar de igual manera.

Tampoco se tomó en cuenta su derecho a la diferencia. Es decir, de ser, pensar, sentir y actuar distinto a otros, y de ser considerado por ello de manera igual como un ser humano único desde esa misma diferencia. No se respetó su derecho a ser distinto y por tanto ser tratado de manera igual que el resto.

Una cuestión aún más triste e irónica es que los criminales que golpearon y torturaron brutalmente a Daniel, no sólo no lo vieron como un igual en tanto ser humano, sino que en sus retorcidas mentes parecen tener como dogma central la idea de una sociedad donde presumen que todos deben ser, pensar, sentir, creer y actuar de igual manera. Es decir, no aceptan ninguna diferencia. Desde esa concepción, claramente anti individualista y en extremo igualitarista, llevan a cabo su acto  de barbarie.

Lo interesante es que al pensar qué harían estos tipos si tuvieran poder político por  ejemplo, lo más probable es que impondrían por ley –por coacción- su pretendida homogeneidad racial o ideológica, persiguiendo a todo aquel que fuera desigual o que cuestionara su dogma de igualdad extrema. En otras palabras, y paradojalmente estarían quebrando el principio de igualdad ante la ley, pasando a imponer su criterio de igualdad particular, a través de la propia legalidad.

Lo anterior implicaría una cosa clara: Llevarían a extremos intolerantes y claramente totalitarios, la instauración de su paraíso igualitario. La igualdad perdería valor en sí, para volverse un instrumento del despotismo de unos cuantos, más iguales que el resto.

Por eso, al hablar y discutir sobre igualdad y diferencia, hay que tener presente que todos somos iguales en tanto seres humanos,  por tanto, tenemos derecho a pensar distinto y actuar distinto, incluso con respecto a ese tema. En ese sentido, tenemos derecho a ser diferentes.

Comentarios del artículo: Paradojas del caso Zamudio: igualdad y diferencia - Publicado: a las 10:52 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 21/08/2013

La lección que nos deja el Censo

En un régimen democrático, las tareas del Estado y de quienes ejercen el gobierno, siempre debe tener contrapesos y controles sobre todo desde la sociedad civil independiente, sin importar el carácter del gobernante o los fines que diga defender. La idea de un Instituto Nacional de Estadísticas absolutamente autónomo en cuanto a los gobiernos de turno, e incluso la idea de un Estado mínimo en diversas áreas tienen mucho sentido al respecto.

Por siglos y de manera fútil, el problema fundamental de la política ha girado en torno a resolver la pregunta sobre quiénes deben ejercer el poder.  A partir de las diversas respuestas a dicha duda (el pueblo, los mejores, los sabios, los técnicos, etc.) unos y otros han creído ingenuamente que en manos de su líder favorito, el mundo, el sistema, la vida, serán del todo distintas, mejores, idílicas. Mero voluntarismo e ingenuidad, porque tal como decía Karl Popper “cualquiera de estas respuestas, por convincente que pueda parecer -pues quién habría de sostener el principio opuesto, es decir, el gobierno del peor, o el más ignorante o el esclavo nato- es, como trataré de demostrar, completamente inútil”.

Los errores del Censo, nos dejan una lección importantísima en ese sentido, no sólo a quienes aspiran a ejercer el gobierno en algún momento, sino a aquellos que eligen como ciudadanos. Pero sobre todo, al carácter que concedemos a las instituciones.

Búsqueda infructuosa porque tal creencia obvia, no sólo los diversos aspectos que envuelven el ejercicio del poder –y sus efectos muchas veces perversos sobre quienes lo detentan- sino la fortuita naturaleza humana en cuanto a su relación con el bien y el mal. Porque el ser humano no es naturalmente ni bueno ni malo, sino algo incierto. Si fuera bondadoso, no habría necesidad de gobiernos, y si fuera malvado, sería una estupidez concederle a cualquier ser humano el poder de gobernar al resto.

La confianza ciega y devota en los gobernantes, obvia aspectos esenciales relativos al modo en que se desenvuelven aquellos seres humanos que ejercen el poder político del Estado. La historia completa demuestra que como no hay grupos o clases esencialmente virtuosos para dicho ejercicio, y que la existencia de un gobernante sabio es realmente una lotería.

Los errores del Censo, nos dejan una lección importantísima en ese sentido, no sólo a quienes aspiran a ejercer el gobierno en algún momento, sino a aquellos que eligen como ciudadanos. Pero sobre todo, al carácter que concedemos a las instituciones. Los primeros deben tener siempre presente las limitaciones, tanto del cargo como las propias, a la hora de ejercer. Los segundos, deben asumir una posición de constante desconfianza frente en los gobernantes, sean quienes sean, dejando atrás su actitud devota y de fan club hacia los mismos.

Los primeros deben entender que no existen las estadísticas perfectas y que aunque se acercarán a algo así, la sociedad es más compleja y dinámica que las mismas. Por tanto, deben evitar caer en la fatal tendencia de todo líder de caer en la arrogancia de presumir que personifican al gobierno sabio y que por tanto, pueden planificar y crear la sociedad perfecta desde el poder coactivo del Estado. Existen muchos y variados ejemplos desastrosos, como la falta de papel higiénico debido a la excesiva planificación de la economía.

Los segundos, los ciudadanos, deben entender que el Estado no es un agente benévolo ni infalible, sino una estructura institucional manejada por una diversidad de seres humanos tanto o más imperfectos que cada uno de nosotros, que cometen errores y fallan. Por tanto, deben entender que en un régimen democrático, las tareas del Estado y de quienes ejercen el gobierno, siempre debe tener contrapesos y controles sobre todo desde la sociedad civil independiente, sin importar el carácter del gobernante o los fines que diga defender. La idea de un Instituto Nacional de Estadísticas absolutamente autónomo en cuanto a los gobiernos de turno, e incluso la idea de un  Estado mínimo en diversas áreas tienen mucho sentido al respecto.

La lección más importante en ese sentido, es que hay que recuperar el sentido liberal frente al poder político, es decir, aquel escepticismo constante frente al mismo y sus vicios asociados: el culto a la personalidad, el caudillismo, el populismo, el estatismo, el autoritarismo y la demagogia. Para ello, el foco debe dejar de centrarse en la ciega confianza en los líderes o el Estado, y centrarse en el desarrollo de una pluralidad de instituciones en la sociedad civil.

No hay que olvidar lo que decía Karl Popper: “me parece simplemente colindante en la locura basar todos nuestros esfuerzos políticos en la frágil esperanza de que hayamos de contar con gobernantes excelentes o siquiera capaces”.

*Citas extraídas de La sociedad abierta y sus enemigos (1945)

Comentarios del artículo: La lección que nos deja el Censo - Publicado: a las 12:01 pm

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