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Jorge Cabrera Ditzel

Director Escuela Obstetricia y Ginecología de la Universidad Andrés Bello.

Etiquetas: , , , , » Publicado: 23/07/2013

El sexo y la modernidad

La evolución de varias generaciones de aparatos ecográficos permitió que ganara adeptos resueltamente, y en la actualidad ha terminado casi definitivamente con la magia y sorpresa que encerraba nuestra reproducción. Ahora la solicitud de las actuales e impacientes gestantes es saberlo todo y lo antes posible, incluido el sexo.

Algunas de las gestantes de otrora acudían a charlatanes o adivinos para conocer el sexo de su descendencia. Uno de estos personajes, avecindado en la capital a mediados del siglo pasado, con vasta clientela de diversas aprensiones y reales males, predecía con gran despliegue de sus dotes la ansiada incógnita. Una vez observado con acuciosa mirada el tamaño y forma del vientre de la mujer, aunque no tuviera aún el suficiente desarrollo, emitía su veredicto. Un porcentaje bastante menor a la mitad, le reclamaba una vez producido el parto, ya que el sorprendido y aficionado galeno no había acertado en su diagnóstico. Revisaba su libro frente a la ofuscada puérpera, donde aparecía escrito el sexo de su hijo. El malandrín que le había vaticinado oralmente que sería una niña, camufladamente anotaba en su libro lo contrario, varón, dejando el testimonio para las pocas que acudirían en busca de su dinero mal invertido, que por supuesto seguía a su buen recaudo, argumentando que la ansiedad del momento, le había provocado la lamentable confusión y que sus escritos eran la verdad irrefutable, por lo que el reclamo no tenía lugar.

Ya nadie teje, ya nadie elige el celeste o rosado por intuición, es el precio de la inexorable modernidad, que de paso restringió de manera drástica el campo de trabajo de los charlatanes que aún existen.

A los pocos años de este verídico relato, en los albores de la técnica de ultrasonografía, mujeres con gestaciones avanzadas solicitaban a incipientes especialistas en el manejo de la ecografía, saber el estado de salud de sus futuros hijos y unas pocas conocer el sexo, quizás porque se sabía de errores y sorpresas una vez producido el nacimiento.

La evolución de varias generaciones de aparatos ecográficos permitió que ganara adeptos resueltamente, y en la actualidad ha terminado casi definitivamente con la magia y sorpresa que encerraba nuestra reproducción. Ahora la solicitud de las actuales e impacientes gestantes es saberlo todo y lo antes posible, incluido el sexo. Ya nadie teje, ya nadie elige el celeste o rosado por intuición, es el precio de la inexorable modernidad, que de paso restringió de manera drástica el campo de trabajo de los charlatanes que aún existen.

La evolución que ha sufrido esta ancestral incógnita, deja de manifiesto la interdependencia de la Medicina con la cultura de una sociedad, como varios otros ejemplos que las nuevas generaciones lo asumen sin cuestiones, porque así es. A los que nos ha tocado vivir lo suficiente, no perdemos la capacidad de espanto, con los continuos aportes de la ciencia y la tecnología, no sólo en esta área, sino en variados campos, como la alimentación con los transgénicos, la revolución tecnológica de las comunicaciones, la creación de robots, la biotecnología, la nanotecnología  y muchos otros inventos que auguran una nueva revolución industrial, que inciden y lo seguirán haciendo en nuestras vidas y el medio ambiente, provocando cambios en nuestra cultura; algunos beneficiosos, otros cuestionables y unos que serán considerados francamente negativos con el juicio del tiempo. Sólo resta confiar en la inteligencia y razón del hombre, para que los avances que se sigan logrando permitan disfrutar de una buena herencia. Es la contribución ética obligada de nuestra generación.

Comentarios del artículo: El sexo y la modernidad - Publicado: a las 1:54 pm

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