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  • Jonás Figueroa

Jonás Figueroa

Arquitecto urbanista. Académico de la Universidad de Santiago y de la Universidad de Chile.

Etiquetas: , , , , » Publicado: 26/04/2016

El Mapocho no está para la necedad edilicia ni las codicias inmobiliarias

A ningún parisino se le ocurriría disminuir el lecho del Sena para ejecutar el trazado de una autopista urbana; a ningún romano por atrevido que fuese se le ocurriría construir una gigantesca araña de puentes sobre el Tíber para resolver conexiones viales.

Benjamín Vicuña Mackenna señala que los principales sucesos que alteran la quietud colonial de la que por aquel entonces es Santiago, están relacionados con las violentas avenidas del río Mapocho, que arrasa casas, anega conventos e iglesias, inundando calles y labores agrícolas, llegando no pocas veces las aguas hasta la propia Plaza de Armas.

El resurgimiento de las colonias que promueven los reyes borbones en el Siglo XVIII, en la gobernación de Chile se manifiesta  a través de la fundación de nuevas ciudades y ejecución de obras públicas, incluyendo trabajos de protección de las orillas del río. Dicho papel es asumido por ingenieros militares de la talla de Ambrosio O´Higgins, Juan Garland, Leandro Badarán y José Antonio Birt, cuyos desempeños y habilidades les valen a algunos de ellos ascender a importantes cargos  de Gobierno.

El Puente de Calicanto y los tajamares demuestran las preocupaciones edilicias coloniales y también son señales de que el violento aluvión de agua y barro, que desbordó el pequeño  pretil de hormigón este abril de 2016 ha estado presente a lo largo de la historia urbana de la ciudad.

El río tiene comportamientos violentos de aguas bravas, producto de las lluvias caídas al interior de la cordillera y que merecen una consideración diversa y diferente a los continuos angostamientos que registra el lecho fluvial a partir del siglo XX: unas veces para canalizar su disminuido caudal, otras para cumplir con las expectativas de modernidad de la urbe y permitir la construcción en su lecho de autopistas urbanas y parques; en otras, brindar espacios para actividades deportivas y domésticas. Cuestiones que se unen al escaso conocimiento y registro meteorológico que disponemos de las zonas cordilleranas.

El río y la cordillera constituyen elementos telúricos fundamentales en la configuración de suelo idóneo para ofrecer alojamiento a las poblaciones indígenas y posteriores ocupaciones humanas del valle del Mapocho; sus oficios y beneficios agrícolas surgidos a partir de ello, transforman el lugar  en la frontera transcultural de los muchos pueblos que ocupan el territorio. Datos que registra el ojo del fundador hispano para emplazar la futura población europea. Durante miles de años, el viejo río cordillerano (Ma de mayu río y apo o picchu montaña o cerro), ha trasladado el material mediante el cual se ha construido el valle, diluyendo la cordillera y trasladándola al llano, de similar envergadura a lo que hace desde antiguo el Mississippi mudando sin apuro ni tregua el continente norteamericano hacia el Golfo de México, como bien señala Walt Whitman.

El río es nuestro sulcus primigenius, similar al que mediante buey y arado traza Rómulo para fundar Roma. La diferencia es que este surco originario es anterior a la propia presencia del hombre en el valle del Mapocho. Esa es su importancia inaugural y que define huellas interiores que se han proyectado a la ciudad moderna, incidiendo en la forma urbana de Santiago. También señala tareas a desarrollar en el futuro, tal cual es el diseño de los lugares donde lo urbano entra en colisión con las orillas, sean éstas de naturaleza hidráulica, topográfica, agrícola, funcional, etc. Entonces, todo lo que ha hecho el hombre en las últimas décadas sobre la vega, el lecho, la madre o caja del río es desconocer la donación que nos hace la naturaleza y donde sus eventos episódicos son la expresión y la puesta a prueba de que el río no es un campo propicio para la necedad edilicia ni las codicias inmobiliarias.

A ningún parisino se le ocurriría disminuir el lecho del Sena para ejecutar el trazado de una autopista urbana; a ningún romano por atrevido que fuese se le ocurriría construir una gigantesca araña de puentes sobre el Tíber para resolver conexiones viales. Por el contrario, los ropajes que han construido los hombres de estas ciudades vistiendo sus entornos paisajísticos, siempre se ha dirigido al embellecimiento del río, mejorando sus cualidades naturales; nunca anteponiendo las necesidades infraestructurales que demanda el crecimiento de la ciudad, restando entidad y volumen tal como ha padecido el bendito Mapocho, que apenas se comporta como tal unos cinco días al año, quedando reducido el resto del tiempo a un mar de piedras y a una madeja de acequias, sin dejarlo exhibir aquella virtud que siempre echamos en falta: ser el río de todos.

Comentarios del artículo: El Mapocho no está para la necedad edilicia ni las codicias inmobiliarias - Publicado: a las 3:25 am

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 22/04/2016

La Alameda, calle mayor de Santiago

La impresión que nos deja la lectura del proyecto seleccionado en el concurso internacional convocado por el Intendente Regional para el diseño de los 12 kilómetros de extensión del eje Nueva Alameda – Providencia es la falta una propuesta estructurante y estratégica de diseño urbano.

El Papa Sixto V, promotor de la restauración de la Capilla Sixtina, resolvió el problema de congestión que se producía en la Roma renacentista por la llegada masiva de peregrinos, mediante la apertura de la Piazza del Popolo que se conecta con un tridente de calles que aún vincula con acierto y belleza  las 7 basílicas de la ciudad.

Después de cinco siglos se encuentran imperturbables las importantes vías di Rippeta, del Corso y del Babuino, reforzando la estricta naturaleza cívica de la vialidad del casco histórico de la ciudad eterna.  Naturaleza de arte cívico que se encuentra ausente en el concurso de remodelación denominado Nueva Alameda, más interesado en la operación arterial que en el aporte peatonal y paisajístico de las estrategias urbanísticas.

La impresión que nos deja la lectura del proyecto seleccionado en el concurso internacional convocado por el Intendente Regional para el diseño de los 12 kilómetros de extensión del eje Nueva Alameda – Providencia, es dejar de lado esa naturaleza cívica presente en el tridente romano, condenando las propuestas a borrar hitos tan importantes como el óvalo de la Plaza Italia, olvidando el origen de este interesante salón urbano de la ciudad, construido en los albores de la República. Es la misma naturaleza arterial que comienza a gestarse de la mano del crecimiento metropolitano de Santiago, con un fuerte sesgo de obra pública, que autoridades y modernos le confirieron a partir de la segunda mitad del siglo XX a la principal explanada urbana de Santiago. Habiendo miles de calles, es incomprensible que en una sola vía se pretenda  resolver el problema de congestión metropolitana, dejando de lado su espacialidad cívica.

En el proyecto seleccionado como finalista, echamos en falta una propuesta estructurante y estratégica de diseño urbano, que recupere el protagonismo del espacio público por sobre la funcionalidad vial, que atienda las relaciones transversales del tejido, enfatizando sus actuales propiedades de calle mayor de la ciudad. Cuestión no reconocida por ninguno de los proyectos preseleccionados y que se igualan a otras intervenciones traumáticas que han experimentados interesantes paisajes de actividades de ciudades latinoamericanas, como por ejemplo el Paseo de la Reforma de Ciudad de México, hoy convertido en una vulgar autopista urbana al igual que la Avenida Presidente Vargas de Río de Janeiro o la Avenida Arequipa de Lima.

En el otro lado se ubican las transformaciones que se han propuesto recuperar el destino cívico de ejes viales, tal como el Paseo de El Prado y  la Gran Vía de Madrid, y la Avenida 20 de Noviembre de Ciudad de México. También, Anhangabaú de Sao Paulo, High Line Park de Nueva York y Greenway Park de Boston que han modificado su naturaleza de transporte, deviniendo en espacios públicos peatonales, todo lo contrario de nuestra disminuida Alameda.

Y eso es lo que echamos en falta en estos proyectos: las virtudes que confiere la valoración de las actividades urbanas de nuestra Broadway particular, que corta en diagonal la cuadricula fundacional. Pero a diferencia de la huella neoyorquina que va  articulando cada ciertos tramos momentos singulares del tejido urbano de Manhattan, anudando un rosario de situaciones seductoras (Union Square, Madison Square, Times Square, Columbus Circles, etc.), esta huella nuestra pasa como si nada por la ciudad. Al menos así la ven los proponentes, desconociendo valores que se asoman a ella: los parques, las plazas y los paseos como espacio de vida y paisajes sociales mediante los cuales se expresa la ciudadanía, sin vallas papales ni candados.

La Alameda es un vestigio arqueológico construido por miles, tal vez millones de desbordes del río Mapocho; construida capa a capa como un registro mítico que nos conecta con la telúrica original, es el salón urbano, la pérgola y la explanada de iglesias y conventos sepultada bajo cientos de toneladas de tierra por la modernidad tecnológica.

Siendo cartográficamente una sola Alameda, en el imaginario urbano hay muchas Alamedas mínimas: tal como la de San Francisco hoy transformada en un estacionamiento de hotel, la de Santa Lucía, la Alameda Neoclásica, la Alameda de las Estaciones, la Alameda de Pila del Ganso y la de Plaza Italia.  Junto a ello están las explanadas laterales que nacen como articulaciones de los tejidos interiores: el Parque Bustamante, Calle Ahumada, el Paseo Bulnes, Plaza Argentina y General Velásquez, entre otras.

Habiendo muchas otras Alamedas en ciudades de la región, que requieren con urgencia de mejoras, sugiero que el proceso de debates y participación pública actualmente en curso, se constituya en una actividad provechosa y no simples consultas o periodos de información, atendiendo la opinión de los vecinos sobre los cambios estructurales que se proponen para esta calle mayor, la madre de todas las avenidas y explanadas santiaguinas, evitando que las transformaciones contenidas en el citado proyecto de la Nueva Alameda, precaricen el destino cívico que motiva su creación en el siglo XIX.

Comentarios del artículo: La Alameda, calle mayor de Santiago - Publicado: a las 1:00 am

Etiquetas: , , , » Publicado: 12/04/2016

El decálogo de prevención ante la lluvia

En el pasado, Santiago se inundaba con 60 litros de aguas lluvia. Hoy, con el aumento exponencial de la superficie pavimentada y la propia ocupación urbana de las antiguas áreas agrícolas, se inunda con 20 o menos litros de precipitación por metro cuadrado. Por eso es necesario contar con una estrategia de prevención para hacer frente a un otoño que se prevé lluvioso.

Frente a las noticias que anuncian un  otoño lluvioso, es necesario aplicar un conjunto de acciones que prevengan los daños en las personas y sus bienes materiales, anticipándonos a las inundaciones y anegamientos derivados de las precipitaciones meteorológicas.

En el pasado, la ciudad se inundaba con 60 litros de aguas lluvia. Hoy con el aumento exponencial de la superficie pavimentada y la propia ocupación urbana de las antiguas áreas agrícolas, la ciudad se inunda con 20 o menos litros de precipitación por metro cuadrado.

En nuestra ciudad capital, al menos existen tres tipos de inundación, teniendo cada una de ellas expresiones de causas y consecuencias diversas.

En las zonas del piedemonte andino, la ocurrencia de posibles aluviones de quebradas es altamente dependiente de la temperatura que se registre en el interior de la cordillera, pudiendo precipitar, nieve, agua nieve o lluvia.

Ya en la zona interior de la ciudad, las inundaciones y anegamientos de vivienda son dependientes de la vialidad, de la obturación de alcantarillas y del aumento progresivo de pavimentación del suelo,  careciendo de normativas sobre áreas naturales de infiltración que cada nueva edificación de magnitud debiese disponer.

En la zona poniente y norte, el tipo de suelo arcilloso y de ceniza, junto al escurrimiento de material solido que provocan los esteros desde el norte de la región, promueve extensas inundaciones en las zonas bajas del valle.

Con el fin de adelantarnos a dichas situaciones, nos atrevemos a proponer una estrategia de la prevención mediante la aplicación de las siguientes operaciones y comportamientos:

1.- Que los organismos pertinentes mantengan a la población informada de las medidas a tener presente para evitar el anegamiento de las viviendas y la inundación de las principales arterias: disponer de sacos de arena, tener diques de madera, ofrecer alternativas de circulación vehicular, etc.;

2.- Establecer un programa municipal de limpieza de alcantarillas y cunetas para permitir el libre escurrimiento de las aguas hacia los colectores subterráneos. Santiago es una ciudad altamente polvorienta que obstruye las bocas de inundación;

3.- Transformar los antejardines de las viviendas, las industrias y los edificios institucionales en paños de absorción de aguas lluvia;

4.- Establecer una normativa que posibilite disponer en los predios de los edificios por construir un determinado porcentaje de suelo libre que permita la absorción de las aguas lluvia;

5.- Recuperar y adaptar los pozos subterráneos con el fin de que absorban las aguas lluvias;

6.- Construir plazas de absorción de aguas que mitiguen en parte los caudales que discurren por las calles, utilizando para ello los sitios eriazos disponibles;

7.- Construir reservorios de aguas que permitan recuperar caudales generados por la lluvia, con el fin de utilizarlo en labores de riego de parques y jardines;

8.- Programar la renovación del parque arbóreo de las ciudades mediante la plantación de especies de hoja perenne, con el fin de evitar la obstrucción de las alcantarillas causadas por la hojarasca de otoño y de paso enfriar el suelo urbano;

9.- Formular estudios sobre la capacidad de filtración de los distintos tipos de los al menos principales tipos de suelos existentes en la ciudad de Santiago: grava, ceniza volcánica y arcilla; y

10.- Confeccionar cartas de cuencas de inundación para el conocimiento y decisión de las autoridades y los ciudadanos.

Comentarios del artículo: El decálogo de prevención ante la lluvia - Publicado: a las 11:11 am

Etiquetas: , , , » Publicado: 04/04/2016

Carta abierta a la alcaldesa Tohá

Nadie, ni usted ni sus funcionarios a juzgar por los ejemplos señalados, cautela los derechos del peatón y del habitante sobre el espacio del sol, de la sombra, del encuentro, de la espera, de la mora, de la dignidad del caminar en el espacio público.

El urbanismo que se aplica en Chile puede entenderse como un conjunto de normas que estipulan usos, coeficientes, especificaciones varias y estándares diversos. Pero es un urbanismo que no cautela lo principal que debiese definir un instrumento que se da la sociedad para determinar las condiciones de habitabilidad privada y pública del suelo. Es decir, del espacio interior o propio como derecho y del espacio público o del otro como deber. O mejor dicho, la mismidad y la otredad y la ciudad como expresión articulada de ambos.

Nuestro urbanismo se encuentra demasiado cargado de normas, estándares y definiciones varias, pero carente de virtudes espaciales. Y las personas no habitan las normas, ni los estándares, ni las especificaciones; las personas habitan el suelo y los vacíos interiores y exteriores que se derivan de los artefactos construidos.

Se llega al extremo que el municipio se siente con pleno derecho de entregar usos comerciales, es decir privados, en el espacio público, inundando de letreros publicitarios que afean el paisaje y distrayendo a los conductores, marcando desfiladeros de mensajes de mal gusto, tal como sucede en el tramo occidental de la Alameda.

Al recorrer la comuna de Santiago surge por sí solo un repertorio de cómo los derechos se imponen por sobre los deberes; cómo la veredas, expresiones mínimas del espacio público, han sido vulneradas en función y beneficio de obtener el máximo rendimiento del espacio privado, aun a costas del sentido común que indica que las veredas no pueden tener 80 centímetros de ancho, aunque lo diga o maldiga el plan regulador o el instrumento normativo encargado de fijar estándares. Porque en 80 centímetros de veredas que es posible encontrar en el Barrio Yungay y las calle interiores situadas al sur de la Alameda, hay algo que indica que cuando dos personas se cruzan, una de ella deberá dejar paso a la otra o simplemente deberá bajar a la calzada para continuar con su diario trajín. Entonces, para qué tantas normas y coeficientes si no tiene presente el cuerpo y las medidas requeridas para contener sus necesidades de permanencia y movimiento.

Los antiguos alcaldes de la comuna madre tuvieron la inteligencia y virtud de definir una espacialidad pública que aún hoy dignifica el caminar y fueron los modernos -autoridades, funcionarios y empresarios- quienes establecieron que sobre unas veredas de 80 centímetros se podrían proyectar el enrejado y las segundas y las terceras plantas de un edificio, suprimiendo la masa arbórea, la luz solar, la sombra, en fin, dejando de lado el sentido común.

Se llega al extremo que el municipio se siente con pleno derecho de entregar usos comerciales, es decir privados, en el espacio público, inundando de letreros publicitarios que afean el paisaje y distrayendo a los conductores, marcando desfiladeros de mensajes de mal gusto, tal como sucede en el tramo occidental de la Alameda. En el peor de los casos, los kioscos se adueñan de las veredas por donde los viandantes a duras penas deben caminar para cumplir con sus obligaciones y necesidades.

Sra. alcaldesa, estamos abarrotados de buenas intenciones contenidas en políticas, planes y programas. Usted ha bregado con fuerza para mejorar la calidad y extensión de las ciclovías. Pero nadie, ni usted ni sus funcionarios a juzgar por los ejemplos señalados, cautela los derechos del peatón y del habitante sobre el espacio del sol, de la sombra, del encuentro, de la espera, de la mora, de la dignidad del caminar en el espacio público.

Documentos como la Política Nacional de Desarrollo Urbano, colmada de buenas intenciones, quejumbrosa y abstracta, pero sin instrumentos ni programación ni recursos, olvida que las ciudades están habitadas por seres humanos más que por edificios, que vale más un árbol sobre la vereda que un letrero publicitario y un kiosco, por sus virtudes sobre el habitar climático que repercute sobre los estados de ánimo del ser humano, sobre el paisaje, las distancias y las cercanías. Y si estos artefactos son necesarios por aportar recursos e influir en el empleo, que se integren dignamente en el paisaje urbano.

Comentarios del artículo: Carta abierta a la alcaldesa Tohá - Publicado: a las 7:40 am

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 27/01/2016

Planificación urbana en Santiago: Cualquier cosa en cualquier parte

Los urbanistas del siglo XIX fueron inteligentes al situar a sotavento usos peligrosos tales como hospitales y cementerios; parque y áreas recreativas, a barlovento. Después de ello, se ha aplicado el modelo cualquerista, cualquier cosa en cualquier parte.

El anuncio del Minvu de reactivar el desarrollo inmobiliario de los terrenos de reconversión del aeropuerto de Cerrillos y el incendio del vertedero Santa Marta son dos situaciones distantes,  que lamentablemente se encuentran encadenadas por el sistema que gobierna las condiciones climáticas de la cuenca del Santiago, el receptáculo físico final de los equívocos y despropósitos en que incurren las administraciones públicas cuando hay que formular y gestionar el modelo de ocupación del territorio.

El modelo en uso por los organismos ministeriales y municipales para resolver las demandas de suelo provenientes de usos residenciales, infraestructuras, equipamientos, etc. sólo toma en cuenta la disponibilidad física del terreno urbanizable, instalando cualquier cosa en cualquier parte, tal como se intenta aplicar en el aeropuerto de Cerrillos, a pesar de las más 5 mil hectáreas aún disponible sin desarrollo urbano existentes en el área metropolitana sujeta a afectación urbanística. Nunca considera otros valores tan o más importante que la disponibilidad física, tal cual son los climáticos, por ejemplo. Los usos urbanos propuestos para los terrenos del campo de aviación afectarán el único canal de ventilación de baja altura que posee la ciudad y que en época invernal reduce dramáticamente su flujo.

Y el incendio del vertedero de Talagante pone en jaque este modelo parcializado que condiciona el curso de los desastres ambientales y sanitarios que se producen en esta radial suroeste, revertiendo tal como hoy lo padecemos, en graves problemas de salud para la población afectada al quemarse materiales tóxicos. Pero, las autoridades y los políticos no trabajan para el futuro sino sólo para la próxima elección, tal como hacen los intendentes y alcaldes cuyas preocupaciones se encuentran más bien en la emergencia que en la corrección de las causas de las mismas, como si el sistema sanitario, sólo se preocupasen de los accidentes y nunca del tratamiento e intervención de las enfermedades.

Los urbanistas del siglo XIX fueron inteligentes al situar a sotavento usos peligrosos tales como hospitales y cementerios; parque y áreas recreativas, a barlovento. Después de ello, se ha aplicado el modelo cualquerista, cualquier cosa en cualquier parte.

Comentarios del artículo: Planificación urbana en Santiago: Cualquier cosa en cualquier parte - Publicado: a las 2:00 am

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