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Hermes Domínguez

Twitter: @hermes_dv

Etiquetas: , , , , » Publicado: 30/12/2015

¡Las leyendas del rock no mueren!

El cuerpo de Lemmy Kilmister no aguantó más, y a días de cumplir 70 años de vida, su deceso se consumó. La conmoción fue -y sigue siendo- total para el mundo del rock and roll, pero su legado no se extinguirá.

Calificar de sorpresiva la muerte de Lemmy Kilmister es poco; definitivamente fue un balde de agua fría para todos los amantes de la música. Si bien desde hace algunos años se le diagnosticó un cáncer fulminante, la voz de Motörhead parecía inmune a toda lógica humana.

Si incluso una vez su médico le dijo ” usted ha dejado de tener sangre humana”, haciendo alusión a lo tóxico que se encontraba su cuerpo producto de las drogas y el alcohol. Pero a Lemmy nada de eso le importó, siguió con su dieta de anfetaminas y whisky, encarnando como nadie aquello de que los viejos rockeros nunca mueren.

Eso, hasta que la bomba explotó. Su cuerpo no aguantó más, y a días de cumplir 70 años de vida, su deceso se consumó. La conmoción fue -y sigue siendo- total para el mundo del rock and roll.

Es verdad, todos los días mueren personas. Muchas veces a nosotros nos ha tocado dialogar -de manera indirecta- con aquella dama de capucha negra. Sin embargo, es fuerte ver cómo sujetos, que bien podrían ser sacados de literatura fantástica o de historietas antiheroicas, se reducen a su condición de mortal y se transforman en no más que polvo.

Eso en cuanto a su estado físico, pues el legado de Lemmy no se extinguirá. Porque de seguro la gracia de Kilmister no está en su talento instrumental o calidad vocal, sino que su capacidad de encarnar a un antihéroe del rock, pero noble y leal a sus principios. ¡El rock and roll hecho persona!

Tuve la dicha de ser testigo de varias de sus presentaciones en tierras chilenas, incluso en su última visita en mayo de este 2015 junto los monstruos de Judas Priest. Aun con su desgastante estado físico, dio cátedra de cómo una bestia de los ruidos pesados debe pararse en el escenario, sacando a relucir su “we are Motörhead, and we play rock and roll”.

Pero esta pérdida fue un derechazo en la quijada para entender la realidad. La mía, la de todos los nacidos en los ’90. Somos la generación que llegó a la cola, los que no pudimos ver emerger a los que hoy son nuestros ídolos, aunque tuvimos la suerte de verlos en acción. Pero, lo más significante, seremos testigos de la muerte de todas esas leyendas que nos vuelven locos con su música.

El mazo de cartas ya perdió a su “As de Espadas” y las caídas serán cada vez más frecuentes. Llegará el día que enterremos a Johnny Rotten, Bruce Dickinson, Jello Biafra o Rod Halford, por nombrar a algunos, pero mientras los parlantes de nuestros estéreos sigan saturándose con sus ruidos, su legado seguirá vivo. ¡Las leyendas del rock no mueren!

Comentarios del artículo: ¡Las leyendas del rock no mueren! - Publicado: a las 9:42 am

Etiquetas: , , , » Publicado: 22/10/2015

Humberto Suazo: Una mochila cargada de fantasmas

El “Chupete” tenía méritos más que suficientes para alzarse como ídolo de una institución que históricamente le sobran jugadores dignos de llevar este epíteto. ¿Qué sucedió en el camino?

Corría el año 2006 y a Colo Colo llegaba un delantero que no necesariamente cumplía con el estereotipo físico de un futbolista de elite, pero su anterior campaña en Audax Italiano era suficiente crédito para arribar a uno de los equipos más importantes del fútbol chileno.

La falta de respeto hacia la autoridad es evidente, su bajo rendimiento y anemia de gol son palpables, pero por qué permitir que un ídolo sea despachado por la puerta de atrás.

Se trataba de Humberto Suazo, quien a punta de goles y obtenciones de títulos consiguió escribir su nombre en las páginas doradas del club, ganándose el respeto de los rivales y la admiración de toda la parcialidad alba, que más tarde trascendería al hincha nacional por sus actuaciones en la Roja.

Entre sus logros portando la “26” de los blancos destaca el tricampeonato obtenido en la “Era Borghi”, siendo goleador en dos de esos tres torneos. Además, fue el artillero supremo de la Copa Sudamericana 2006, donde Colo Colo llegó a la final, mismo año en que fue condecorado como goleador del mundo.

Méritos más que suficientes para alzarse como ídolo de una institución que históricamente le sobran jugadores dignos de llevar este epíteto. ¿Qué sucedió en el camino?

Ya con la consolidación internacional, principalmente por el buen desempeño que tuvo con la Selección chilena durante las Clasificatorias rumbo al Mundial de Sudáfrica 2010 y en los “Rayados” de Monterrey, “Chupete” retornó al Cacique con una maleta cargada de ilusiones, pero también con una mochila llena de fantasmas.

Cuando Suazo se reestrena con la tricota alba, los fanáticos esperaban reencontrarse con aquel artillero capaz de aprovechar cualquier habilitación o aguantar un balón de espalda al arco para sorpresivamente girar e inflar redes. Que hiciera al menos dos goles por partido y que conformara una dupla letal con Esteban Paredes.
Sus magras presentaciones y las necesidades que tenían sus técnicos -Héctor Tapia y José Luis Sierra- lo llevaron a ocupar distintos puestos dentro de la cancha, pasando del tradicional “9” hasta incluso ser considerado como un “10”. Algo pocas veces visto.

Con el correr del tiempo, y pese a que su estado físico evidenciaba cada vez más deterioro, logró subir su nivel y tener uno que otro buen partido. Pero no fue suficiente, el hincha y el medio futbolístico querían al artillero, al “26” versión Claudio Borghi, al hombre del planeta gol.

Cada fin de semana las críticas en torno al ariete oriundo de San Antonio se agudizaban en los medios, pero la prensa es la prensa, sólo publica para vender. Lo más impactante era la reacción de los colocolinos, quienes utilizaban las diversas tribunas que otorga la tecnología para “reventar” al mismo que endiosaban temporadas atrás.

“Pelado tal por cual”, “sólo te queda el retiro” y “viniste a puro robar” son algunas de las frases que se masificaban en las redes sociales cada vez que Suazo no rendía. Situación que llegó a su apogeo en los últimos dos partidos de Colo Colo en el Torneo de Apertura, contra Universidad Católica y San Marcos de Arica.

Es que se hace innegable que ante los cruzados estuvo vagando durante los 60 minutos que pisó cancha, realidad que no varió demasiado en los 76′ que sumó frente al cuadro “Santo”. Razón que llevó al “Coto” a sustituirlo y gatillar este quiebre entre ambas partes, llegando a los extremos de insultar duramente a parte del staff técnico.

No se justifica por ningún motivo la reacción de “Chupete”, incluso en los clubes de barrios se enseña que las decisiones del entrenador -erradas o no- son sagradas, por lo que la determinación de desvincularlo del equipo parece ser la correcta, dejando de lado las distintas teorías en torno a su partida y sólo aludiendo a los hechos confirmados.

Pero… ¿Por qué hacer leña del árbol caído? La falta de respeto hacia la autoridad es evidente, su bajo rendimiento y anemia de gol son palpables, pero por qué permitir que un ídolo sea despachado por la puerta de atrás.

La primera vez que Humberto Suazo partió del Monumental dejó una vara difícil de alcanzar para los delanteros que llegasen, exigencia que incluso le pasó la cuenta a sí mismo al competir con su pasado. En lo personal, y sin ser simpatizante del Cacique, me quedo con la imagen del jugador que llevaba sus dedos índices a sus oídos en señal de triunfo, el que daba espectáculo en la cancha que fuese, el multicampeón, el hombre del planeta gol.

Comentarios del artículo: Humberto Suazo: Una mochila cargada de fantasmas - Publicado: a las 9:59 am

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 16/10/2015

El respeto no se impone

Nos hacemos los sorprendidos y nos ofendemos cuando nos pegan, pero empuñamos la mano como roca cada vez que tenemos la chance de golpear, aunque sea en esporádicas oportunidades.

Concluidas las dos primeras fechas de las Clasificatorias para sacar boletos al Mundial de Rusia 2018, una conclusión respecto a la Selección chilena se hace irrefutable: El nivel futbolístico de la Roja ha incrementado de manera importante y, actualmente, nos podemos dar el lujo de decir que somos uno de los combinados que de seguro dirá presente en la próxima cita planetaria celebrada en el gélido país.

Pero… ¿aquello será suficiente para pecar de soberbia?

¿Por qué no actuar como verdaderos campeones dentro y fuera de la cancha? No debemos olvidar que antes de alzar la corona disputada en nuestras tierras, las vitrinas chilenas sólo exhibían logros morales, y en lo concreto muy poco.

Luego de la trabajada victoria ante Perú en el estadio Nacional de Lima, y teniendo como excusa las pifias recibidas al momento de entonar el himno chileno, el plantel rojo plasmó en una pared del camarín un mensaje cargado de altanería, de la nueva altanería criolla.

“Respeto!!! Por aquí pasó el campeón de América!!!”, pedían los kamikazes de Sampaoli. Fiel reflejo de lo mal que nos hace conquistar logros donde recurrentemente guardamos heridas. En este caso, el fútbol.

Sólo basta recordar la noche del 12 de octubre de 1997, en la que el elenco incaico visitó Santiago para enfrentar a la Roja, donde un triunfo le aseguraba su participación en la Copa del Mundo de Francia ’98. A la postre, Perú no sólo se devolvió con un 4-0 en contra, además, los foráneos fueron violentamente atacados por los fanáticos locales y no se les permitió cantar su canción nacional al ser interrumpidos con los miles de abucheos que caían desde las gradas. ¿Antes sí era válido? ¿Qué ha cambiado?

De seguro más de alguien pensará en esa falsa superioridad moral que adquirimos con las “tarjetitas verdes” promovidas por Unicef durante la Copa América. Pero todo aquello es mentira, una de ésas que relata con exactitud lo que es Chile. Nos hacemos los sorprendidos y nos ofendemos cuando nos pegan, pero empuñamos la mano como roca cada vez que tenemos la chance de golpear, aunque sea en esporádicas oportunidades.

Y con esto no culpo a los jugadores. No en exclusiva. Aquellas palabras plasmadas en ese muro no hicieron más que recordarnos nuestra esencia; esa que nos insta a poner la “pata” encima, dar golpecitos en la oreja del otro apenas se nos presente la ocasión. En definitiva, enrostrar aquella supremacía de la forma más exhibicionista (y vulgar) posible.

Actitud que nos ha valido hacernos de más enemigos que aliados en Sudamérica, pues nuestros vecinos ya perciben el narcicismo artificial con el que nos presentamos ante nuestros pares, porque más allá de una porción más o una porción menos, siguen siendo nuestros pares. Pero como dice el viejo refrán, y a riesgo de sonar cliché, “el respeto se gana, no se impone”.

Volviendo a lo netamente futbolístico, ¿por qué no actuar como verdaderos campeones dentro y fuera de la cancha? No debemos olvidar que antes de alzar la corona disputada en nuestras tierras, las vitrinas chilenas sólo exhibían logros morales, y en lo concreto muy poco. Perú, Uruguay, Argentina y Brasil, todos países con los que nos hemos agrandado a raíz de la historia más reciente, todos ellos se pueden jactar de tener más trofeos que el nuevo “respetable”.

Está bien, ganamos la Copa América y estamos entre las mejores cinco selecciones del mundo, al menos eso afirmará próximamente el ranking FIFA (cuestionado muchas veces). Importantes victorias que todos seguimos, celebramos y hasta nos emocionamos. Pero al día siguiente, no siempre el pan es tan crujiente, no mientras sigamos encadenados a nuestra injustificada soberbia.

RESPETO

Comentarios del artículo: El respeto no se impone - Publicado: a las 7:10 am

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