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Egon Dabovich

Ingeniero Civil Industrial, MBA en Finanzas

Etiquetas: , , , , » Publicado: 27/11/2013

Algunas lecciones del Monopoly (*)

Jugué Monopoly todos los días, el día entero; y ese verano aprendí todo lo relacionado con el juego. Cantidad de propiedades, dinero total, hasta la forma en que mis amigos enfrentaban sus decisiones económicas; y comprendí que la única manera de ganar, era tener una dedicación total a la acción de adquirir. Comprendí que el dinero y las posesiones era la única manera de ganar.

Mi padre fue una de esas personas maravillosas que me trasmitió una infinidad de experiencias y sabios consejos, entre ellos, me enseño a jugar Monopoly. El entendía perfectamente el “juego”, sabía con claridad en qué consistía. Acumulaba todo lo que podía, hasta que finalmente, se convertía en la rey del tablero.

Y entonces, siempre repetía lo mismo: “¡Un día, aprenderás a jugar!”.

Y cuando tenía todo el tablero para mí, cuando era el amo y señor de todo, entonces, mi padre tuvo algo más que enseñarme. Él dijo: “Ahora todo eso vuelve a la caja. Todas esas casas y hoteles. Todos los ferrocarriles y empresas de servicios públicos, todas esas propiedades y todo ese maravilloso dinero, ahora todo eso vuele a la caja”.

El verano siguiente, jugué Monopoly todos los días, el día entero; y ese verano aprendí todo lo relacionado con el juego. Cantidad de propiedades, dinero total, hasta la forma en que mis amigos enfrentaban sus decisiones económicas; y comprendí que la única manera de ganar, era tener una dedicación total a la acción de adquirir. Comprendí que el dinero y las posesiones era la única manera de ganar.

Y al final de ese verano ya era el más despiadado entre todos mis amigos. No me importaban sus emociones, no me interesaban sus súplicas para evitar la bancarrota y generaba préstamos informales con altísimas tasas de interés. De tener que hacerlo, estaba dispuesto a torcer las reglas para ganar en ese juego.

Y un día de otoño, me senté a jugar con mi padre. Jugué como nunca, concentrado, apasionado, con la idea fija de ganar; finalmente, tomé todo lo que él tenía. Lo vi entregar hasta el último peso y retirarse en total derrota.

Y cuando tenía todo el tablero para mí, cuando era el amo y señor de todo, entonces, mi padre tuvo algo más que enseñarme. Él dijo: “Ahora todo eso vuelve a la caja. Todas esas casas y hoteles. Todos los ferrocarriles y empresas de servicios públicos, todas esas propiedades y todo ese maravilloso dinero, ahora todo eso vuele a la caja”.

Él dijo que nada de eso era realmente mío. El juego me inspiró y entusiasmó por mucho tiempo, pero todo estaba aquí mucho antes de que me sentara a jugar y estaría aquí después que me haya ido: “los jugadores van y vienen”, dijo.

Entonces, vi como viviendas y automóviles, títulos y suertes acumuladas, todo fue a parar a la caja, porque el hecho es que todo lo que obtuve, consumí y acumulé fue a parar nuevamente a la caja y lo perdí todo.

Así que mi padre me invitó a reflexionar sobre el momento cuando finalmente consiga el ascenso definitivo, cuando haya realizado la adquisición más importante, cuando compre la vivienda de mis sueños, cuando tenga suficiente seguridad financiera y haya subido en escalera del éxito hasta el peldaño más alto que pueda alcanzar, y sobre cuando, finalmente, toda aquella emoción desaparezca – ¡porque desaparecerá! – “Debes preguntarte: ¿entonces qué?”

¿Cuánto tiempo tendrás que caminar por ese sendero, antes de que sepas a dónde conduce?

Seguramente usted comprende “que nunca será suficiente”.  Así que lo invito a preguntarse lo siguiente: ¿Hasta dónde y cuándo es importante?

 
(*) Nota del autor: Basado en la película ZEITGEIST MOVING FORWARD.

Comentarios del artículo: Algunas lecciones del Monopoly (*) - Publicado: a las 8:00 am

Etiquetas: , , , » Publicado: 28/10/2013

Debates: El silencio es la réplica más aguda

A Chile le hace falta mejorar la cultura en materia de debates. Se debe trabajar en la calidad de las respuestas, pero también en la calidad de las preguntas, muy faranduleras.

Cerca de las 8:00 horas del viernes 25 de Octubre, comenzó a desarrollarse el encuentro político organizado por la Asociación de Radiodifusores de Chile (Archi). Lo curioso es el lugar donde éste se llevó a cabo: el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM). Curioso, porque de lo menos que se escucha en un debate político, es de cultura.

Pero el propósito de estas líneas no es evidenciar las curiosidades que se suceden producto de la incansable labor de nuestra clase política, de vestirse con un manto de cultura y erudición que hace mucho tiempo ya, dejaron de tener y, peor aún, dejó de interesarles cultivar.

 Se olvidan que un debate es un acto de comunicación, que se torna completo y complejo a medida que las ideas expuestas aumentan en cantidad y en solidez de argumentos. Un debate es en esencia la explicitación de posturas, bases y argumentos funcionales de las ideas y proyectos. Incluso puede cumplir un rol de aprendizaje y enriquecimiento para quienes participan del mismo debate.

Alrededor de 600 radioemisoras transmitieron el debate y, entiéndase por debate, la versión chilena: pantomima aburrida representada por cada candidato y que lo único que pretende es hacer creer a los electores que sus oponentes son incompetentes, corruptos, flojos, ignorantes mentirosos, donde toda descalificación personal cabe; o bien, apela a los miedos ocultos de una buena parte de nuestra sociedad, reflotando y estigmatizándose entre sí, de fachos, nazis, amarillistas, comunistas, anarquistas y un largo etcétera. Por lo demás, ello no debiera ser objeto de crítica o juicios de valor, sobre todo por parte de quienes postulan a la Presidencia del país, donde el ejemplo de la tolerancia hacia el otro precisamente debe darlo quien ocupe dicho cargo.

Se olvidan que un debate es un acto de comunicación, que se torna completo y complejo a medida que las ideas expuestas aumentan en cantidad y en solidez de argumentos. Un debate es en esencia la explicitación de posturas, bases y argumentos funcionales de las ideas y proyectos. Incluso puede cumplir un rol de aprendizaje y enriquecimiento para quienes participan del mismo debate.

¿Usted cree por un minuto, que alguno de los candidatos le dirá al otro “tienes razón, tus argumentos son buenos, y desde ahora, los hago míos”? ¡Verdad que no!

Ahora bien, tome nota por favor de algunas de las preguntas de la prensa. Tendríamos que decir, que son más parecidas a un programa de farándula.

Un ejemplo: Panelista a un candidato: “¿Por qué se distanció del Presidente Piñera?”

Respuesta del candidato: “Nunca he sido de la Alianza, una vez fui a las reuniones (del grupo Tantauco) y no me gustó.

Panelista al mismo candidato: “¿Usted debería estar apoyando a (otro candidato)?”

Respuesta del candidato: “No, no confío en… (otro candidato)”.

En el texto anterior, no encontramos una sola idea, ningún argumento asociado a un proyecto, nada que le sirva al país. Frases vacías cuya única utilidad, si es que puede dársele alguna, es para conocer mejor a quien las dice, ¡¡ y entrar en desesperación!!

Otro ejemplo:

Panelista a un candidato: “Usted dice que hay que eliminar las AFP. ¿Por qué?

Respuesta del candidato: “Cualquier candidato que dice que va a cambiar el país en minutos, está mintiendo…”

Dos reflexiones al respecto:

1.- Nos hace falta como país mejorar nuestra cultura en materia de debates y confrontación de ideas. Se debe mejorar la calidad de las respuestas, pero también en la calidad de las preguntas. Ambas acciones, son elementales y básicas para construir un diálogo de contenido, explicativo y coherente.

2.- Y usted deberá perdonarme, pero se me vino a la cabeza la siguiente reflexión: “Se desea la pereza de un malvado y el silencio de un tonto (Chamfort)”.

Comentarios del artículo: Debates: El silencio es la réplica más aguda - Publicado: a las 12:31 pm

Etiquetas: , , , » Publicado: 09/07/2012

Economía chilena: ¿motivo de orgullo nacional?

Se debe romper el mito del auge económico chileno. Es un hecho claro que la desigualdad en Chile no sigue la tendencia de los ciclos económicos. Sepa usted que durante la segunda mitad de la década de los 80, Chile experimentó un fuerte crecimiento económico acompañado de un aumento en la desigualdad.

Si usted revisa los últimos indicadores económicos del país, notará con agradable sensación, que son alentadoramente positivos. Observará cifras tales como el Índice Mensual de Actividad Económica (IMACEC), que en el mes de mayo registró un crecimiento de 5,3%, demostrando la fortaleza de la economía en tiempos de crisis y a la vez, posicionando a Chile por sobre la mayoría de los países de la OCDE.

Verá también cómo el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una variación de -0,3% mensual. Le parecerá agradable saber que el costo de la vida de los chilenos es menor al mes anterior. Lo anterior no es un logro menor, dado que ubica la inflación chilena en torno al 3,15% anual, casi en el centro de la meta del Banco Central. Todo un triunfo económico, tal y como están las cosas. Nuevamente, Chile se posiciona entre los mejores del mundo.

Y así, veremos un desfile de indicadores económicos sobresalientes. Tasa de desocupación del trimestre marzo-mayo del 6,7%. Es decir, una economía trabajando a “pleno empleo”. Otra victoria.

No son motivo de orgullo las cifras económicas que se exhiben a diario, si ellas no son representativas de una mejor calidad de vida. Los chilenos no estamos al servicio de la economía, por el contrario, es la economía la que está al servicio de los chilenos. No es justificable que el sueldo mínimo no experimente alzas razonables, porque las variables macroeconómicas se verán distorsionadas. No tiene ningún sentido, sobre todo cuando las mismas variables macroeconómicas que intentamos cuidar, sólo benefician directamente al 20% de la población.

Se enterará de que Chile está entre los top 3 de la lista de países con mayores montos de inversión extranjera directa (IED) durante el año 2011, con valores cercanos a los US$17 mil millones. Del mismo modo, en salida de capitales, Chile le arrebató a México el primer lugar como principal inversionista en el exterior, con flujos cercanos a US$12 mil millones de dólares en 2011.

Y la lista sigue. Primeros en innovación en América Latina y el Caribe, según INSEAD, escuela internacional de administración de empresas, y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, organismo especializado de las Naciones Unidas. Chile tercero, tras Canadá y EEUU, en Calidad Institucional en América, según el Índice de Calidad Institucional 2012.

¡Hagamos un alto!

Según la OCDE, un 18,9% de los chilenos son pobres y Chile es uno de los países con la peor distribución del ingreso de América Latina (2011). El primer Quintil (20% más pobre) recibe 17 veces menos ingresos que el 20% más rico (quinto quintil).

Se debe romper el mito del auge económico chileno. Es un hecho claro que la desigualdad en Chile no sigue la tendencia de los ciclos económicos. Sepa usted que durante la segunda mitad de la década de los 80, Chile experimentó un fuerte crecimiento económico acompañado de un aumento en la desigualdad.

Las cifras macroeconómicas que nuestras autoridades se esfuerzan con tanto esmero en mantener y mejorar, independiente de la tendencia política a la que pertenezcan, no son un sinónimo de bienestar social real. Las personas, en su gran mayoría, no están recibiendo el beneficio de un país económicamente sano.

No son motivo de orgullo las cifras económicas que se exhiben a diario, si ellas no son representativas de una mejor calidad de vida. Los chilenos no estamos al servicio de la economía, por el contrario, es la economía la que está al servicio de los chilenos. No es justificable que el sueldo mínimo no experimente alzas razonables, porque las variables macroeconómicas se verán distorsionadas. No tiene ningún sentido, sobre todo cuando las mismas variables macroeconómicas que intentamos cuidar, sólo benefician directamente al 20% de la población.

Se debe distinguir el beneficio real del beneficio marginal, se debe construir una sociedad igualitaria, donde todos sientan la responsabilidad y el beneficio de cuidar las cifras macroeconómicas, de lo contrario, no serán más que discursos vacios de políticos expertos, que pretenden convencer a toda costa a la población de que la tierra es plana, en circunstancias de que hace rato ya se sabe que es redonda.

Comentarios del artículo: Economía chilena: ¿motivo de orgullo nacional? - Publicado: a las 12:35 pm

Etiquetas: , » Publicado: 27/06/2012

Florituras

En la medida que las personas ingresan a la adultez, coincidentemente cuando acceden al mundo laboral, van perdiendo la capacidad de ser claros, precisos, concretos y por sobre todo, escuetos, breves; por demás está mencionar, que se nos exige (todos lo exigimos), los máximos niveles de verdad.

Es bastante común, al punto de ser irritante y desagradable, cómo toda conversación por muy trivial que resulte, sea envuelta en el manto de las florituras. En otras palabras, las conversaciones están cargadas de exageraciones, frases grandilocuentes, conceptos complejos de entender y un sin fin de accidentes que dificultan en extremo, el poder llegar a entenderse de una manera simple y sencilla.

Si observamos la forma de comunicación de los niños y adolescentes, apreciamos una sencillez en el uso del concepto del lenguaje de una manera notable. Los niños, por lo general, son muy concretos en el planteamiento de sus ideas; en el mismo sentido, los adolescentes van directo al meollo de cualquier asunto, sin rodeos innecesarios. Igualmente, nos exigen en nuestras respuestas, un alto nivel de exactitud, veracidad, sencillez y brevedad.

Los niños y los adolescentes se aburren de las explicaciones rebuscadas, que por muy oportunas y atingentes que sean a la cuestión planteada, no hacen más que extender y complejizar una conversación.

Y así nos llenamos de florituras en la conversación ordinaria. Ya no decimos “fracasé”; ahora decimos “postergué el éxito”. Ya no se habla de “problemas”, ahora son “oportunidades de mejora”. Existe un exacerbado recelo a ser concretos, a asumir una postura y defenderla con argumentos concretos y comprobables. Ahora todo “depende” del punto de vista, de los intereses en juego y de la habilidad para no comprometerse.

Lo curioso, es que, en la medida que las personas ingresan a la adultez, coincidentemente cuando acceden al mundo laboral, van perdiendo la capacidad de ser claros, precisos, concretos y por sobre todo, escuetos, breves; por demás está mencionar, que se nos exige (todos lo exigimos), los máximos niveles de verdad.

Por otro lado, expertos locales e internacionales, gurús en administración de empresas, recursos humanos y marketing, se esmeran en cambiar el lenguaje empresarial de lo negativo, hacia lo propositivo y, con ello, realizan una migración de conceptos de administración empresarial, al mundo coloquial de la comunicación diaria.

Y así nos llenamos de florituras en la conversación ordinaria. Ya no decimos “fracasé”; ahora decimos “postergué el éxito”. Ya no se habla de “problemas”, ahora son “oportunidades de mejora”. Existe un exacerbado recelo a ser concretos, a asumir una postura y defenderla con argumentos concretos y comprobables. Ahora todo “depende” del punto de vista, de los intereses en juego y de la habilidad para no comprometerse.

La comunicación es uno de los pilares básicos en los que se apoya cualquier tipo de relación humana y social; es provechosa en prácticamente todas las esferas de la actividad humana. Es importante para el bienestar personal, para las relaciones íntimas, nos ayuda a superar situaciones delicadas, resolver conflictos, expresar sentimientos, defender nuestros intereses, evitar malas interpretaciones.

Ha tanto a llegado el hecho de no poder comprender lo que otra persona nos dice, que utilizamos con mayor frecuencia otras vías de comunicación, como por ejemplo, la mirada, la expresión facial, el tono de voz.

Interpretar la realidad y comunicarla es parte de las claves para entender y vivir la complejidad de nuestros días. “Nosotros somos nuestras acciones, son nuestras acciones las que nos justifican, nosotros condenados a ser libres y que tenemos miedo de la libertad”, decía Sartre. El uso correcto del lenguaje, sin adornos innecesarios, con respeto y empatía por el otro, pero claro y preciso, siempre nos dará la oportunidad de ser libres y en esa libertad, ganar el respeto de aquellos que nos rodean.

Comentarios del artículo: Florituras - Publicado: a las 11:41 am

Etiquetas: , , » Publicado: 02/05/2012

El derecho a mentir

Si las personas comienzan a dudar de sus creencias y verdades, relativizando el valor de la interacción social y optando por verdades sistémicas basadas en número y estadísticas, con el objetivo de crear credibilidad y acuerdos, finalmente, desarrollaremos una sociedad que sólo se base en aquello que es capaz de comprobar y ver.

Cuando nos detenemos y observamos la naturaleza, notamos que la mentira es parte esencial en el juego por la vida. La mentira está presente como un derecho inalienable de la presa por sobre el predador. ¿Un ejemplo? El camuflaje que utilizan ciertos animales, con objeto de aparentar ser lo que no son y con ello, engañar a sus atacantes. Esto pareciera entregar un mensaje claro: “mentir o morir”.

Desde un punto de vista natural, entonces, sería válido y hasta vital el uso de la mentira.

Nietzsche, en su escrito sobre Verdad y Mentira, plantea que la verdad, es una ilusión, de la que se ha olvidado que lo es. Metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible… Plantea que, a veces, necesitamos la ceguera y debemos permitir que ciertos errores y artículos de fe no del todo ciertos, permanezcan intactos en nosotros, mientras ello nos mantenga con vida.

En otras palabras, mentir es permitido, en tanto no seas descubierto. Si la mentira está presente en la naturaleza, filosóficamente es inherente al ser humano y espiritualmente es necesaria para mantener la vida y prolongarla más allá de la misma muerte. Entonces ¡debe ser legítimo mentir! ¡Todos tienen derecho a mentir! ¿Y?, ¿qué nos queda? Finalmente, a mi juicio nos queda que relativizar las verdades, que no son otra cosa que nuestros principios, sólo nos llevará a dudar al momento de tener que tomar una posición y respecto de ella, una acción.

Luego, si no existen verdades, si al parecer son múltiples ilusiones, si la filosofía humana, relativiza y deslegitima la verdad como una sola, entonces desaparece de la cotidianeidad de nuestras vidas el valor intrínseco que otorgamos a decir la verdad.

En la lógica empresarial, en la lógica de los negocios, la mentira tiene distintos “sinónimos”. Se le conoce como puntos de vista divergentes; interpretaciones de una misma situación; o bien, diferencias de opinión respeto de los alcances. Lo cierto es, que una verdad, tiene variadas presentaciones, dependiendo de los intereses que estén en juego.

En otras palabras, mentir es permitido, en tanto no seas descubierto.

Si la mentira está presente en la naturaleza, filosóficamente es inherente al ser humano y espiritualmente es necesaria para mantener la vida y prolongarla más allá de la misma muerte. Entonces ¡debe ser legítimo mentir! ¡Todos tienen derecho a mentir!

¿Y?, ¿qué nos queda?

Finalmente, a mi juicio nos queda que relativizar las verdades, que no son otra cosa que nuestros principios, sólo nos llevará a dudar al momento de tener que tomar una posición y respecto de ella, una acción.

Si las personas comienzan a dudar de sus creencias y verdades, relativizando el valor de la interacción social y optando por verdades sistémicas basadas en número y estadísticas, con el objetivo de crear credibilidad y acuerdos, finalmente, desarrollaremos una sociedad que sólo se base en aquello que es capaz de comprobar y ver. Perderá algo más que magia, perderá la oportunidad de cimentar una sociedad basada en la confianza y honradez y con ello, se distanciará de aquellas sociedades que sí son capaces de entenderse y creerse tan sólo con la palabra.

El perjuicio que lo anterior supone, radica sin duda, en la escasa valoración que una sociedad globalizada tenga de nuestras experiencias, en otras palabras, lo que Chile diga, a nadie le importará. No debemos permitir, que el derecho a mentir de los inescrupulosos, oportunistas y egoístas, termine socavando y estropeando nuestra sociedad y con ello, la capacidad de creer los unos en los otros.

Comentarios del artículo: El derecho a mentir - Publicado: a las 12:07 pm

Etiquetas: , » Publicado: 26/03/2012

Todo sube

Si usted realiza una comparación a nivel mundial de los precios de la gasolina, observará que Chile tiene los precios más elevados que en EEUU, Canadá, Argentina, México, China, Rusia, India o Australia…

Resulta casi imposible sostener una conversación coloquial, trivial, sin que el tema del aumento del costo de la vida en Chile esté presente.

Todo sube. En 2011, Santiago subió del lugar 123º al 75º en el listado de las ciudades más caras del mundo (según el índice del costo de la vida de Mercer). En otras palabras, es más caro vivir en Santiago que en Los Ángeles (EEUU); o que en Buenos Aires (Argentina) o Montreal (Canadá) ¿Qué tal?

Si usted realiza una comparación a nivel mundial de los precios de la gasolina, observará que Chile tiene los precios más elevados que en EEUU, Canadá, Argentina, México, China, Rusia, India o Australia…

Pagamos caro servicios mediocres, pagamos mucho por poco, y lo peor de todo, es que socialmente nos acercamos al “default”. Vivimos en un país, que ha mercantilizado todo, pero no se preocupa de generar calidad de vida a sus habitantes. Todos quieren su parte en la “pasada”, pero son muy pocos los que piensan en futuro, en mantener los negocios sobre la base de la buena calidad de sus productos o servicios y por sobre todo en generar confianza y precios justos.

Cierto es que en Europa los precios son más altos, pero cierto es también que los europeos ganan (PIB) a valores de paridad de poder adquisitivo (PPA) per cápita; entre 30 y 40 mil dólares, comparados con los 16 mil dólares en Chile. (Fuente: Banco Mundial).

Al analizar la educación y preparación de los estudiantes chilenos para enfrentar los retos del siglo 21, observamos que estamos muy lejos de los países que llevan la vanguardia. Ocupamos el lugar 32º de los 33 países componentes de la OCDE (The OECD Programme for International Student Assessment (PISA). Lo curioso es que todos los centros educacionales aumentaron sus tarifas más allá del IPC, en algunos casos, de manera abusiva, en especial los particulares, y ¿quién regula precio–calidad?

Podría continuar con una serie de ejemplos, de lo costoso que es vivir en Chile, sin embargo, el énfasis no está realmente en el precio, está en la calidad. Chile se está transformando en un país excesivamente caro para vivir, porque la relación precio-calidad está seriamente dañada.

Pagamos caro servicios mediocres, pagamos mucho por poco, y lo peor de todo, es que socialmente nos acercamos al “default”. Vivimos en un país, que ha mercantilizado todo, pero no se preocupa de generar calidad de vida a sus habitantes. Todos quieren su parte en la “pasada”, pero son muy pocos los que piensan en futuro, en mantener los negocios sobre la base de la buena calidad de sus productos o servicios y por sobre todo en generar confianza y precios justos.

Aysén, Calama, Santiago, no son hechos aislados. Son expresiones de descontento profundo, de engaños permanentes, de estafas sociales reiteradas. Si permanecemos en la misma senda del “yo gano, tú pierdes”, lo más probable es que paguemos un precio muy alto para recuperar nuestra paz social. Por ahora, todo sube.

Comentarios del artículo: Todo sube - Publicado: a las 12:45 pm

Etiquetas: , » Publicado: 07/03/2012

Cambiar por cambiar

Cambiar con sentido y con propósito claro, es deseable, sano y necesario. Hay muchos proponentes del cambio, pero muy pocos de aquellos, tienen visión de largo plazo rentable, sustentable y sostenible. Cambiar por cambiar, es excitante, pero peligroso y en la mayoría de las veces, resulta en un error.

Durante el año 2011, el tema principal fue el cambio. Foros, seminarios, charlas magistrales, ferias, eventos y un largo etcétera, al que asistí, concluía de la misma reflexión: “debemos cambiar o morir”.

¡De acuerdo! Concedo que cambiar; adaptarse; reinventarse; o como Ud. quiera llamarlo, es necesario, vital. Pero cuidado, sólo cuando existen alternativas mejores.

El ejercicio del cambio, tiene varios supuestos que lo hacen complejo. Uno de ellos, relevante a mi entender, indica que todo cambio está asociado al hecho de perfeccionar, es decir; cambiamos lo no tan bueno, por algo mejor. Entonces, surgen interrogantes, ¿quiénes son los impulsores, los ejecutores y los evaluadores del cambio? En general son los mismos que, hasta antes del cambio, defendían la situación anterior. Luego, tendría serias dudas y aprensiones, de estar frente a una propuesta de cambio real y no de una prolongación del estado actual, en formato diferente. Misma diferencia que se presenta entre Innovación y mejora de la eficiencia operacional.

También está la duda sobre la necesidad de cambiar. ¿Es realmente necesario?, a la luz de los resultados; o es un problema de enfoque; diseño; acentos de acción organizacional; tal vez incluso de la definición de objetivos. Finalmente un problema de personas y no de organizaciones (procesos, sistemas, estructuras). Muchos líderes desconocen el potencial real de sus propias organizaciones, y en tal ignorancia, van por el camino de cambios y fracasos, que no tan sólo afectan los resultados de la empresa, sino la vida de aquellos relacionados; y por sobre todo, a los clientes.

Traumatizar las organizaciones con cambios sin sentido, sólo trae caída en la productividad, ineficiencias operacionales, caídas en la satisfacción de los clientes y baja de los climas organizacionales.

¿Quiere que le dé un tips’ de lo que sería un cambio real y profundo en la industria chilena, y que además es necesario y urgente?

Los altos ejecutivos, deben dejar de pensar en cómo insertan al cliente en sus cadenas de valor organizacional y evitar gastar considerables sumas de recursos en mantener formulas ya probadas de éxito pasado. Sugiero, se concentren, en cómo adaptar a las organizaciones, a la cadena de valor de sus grupos objetivos, invirtiendo esas mismas sumas de dinero, en maximizar la cadena de valor de todos los consumidores, sean estos clientes o no.

Traumatizar las organizaciones con cambios sin sentido, sólo trae caída en la productividad, ineficiencias operacionales, caídas en la satisfacción de los clientes y baja de los climas organizacionales. Adicionalmente, el cambio constante y sin sentido, no permite a las organizaciones madurar sus cambios anteriores, de manera de ver reflejados los beneficios de haberlos llevado a cabo.

Los ejecutivos actuales piensan que mostrarse pro cambios, es una excelente plataforma para avanzar en la jerarquía de sus diferentes empresas. Promover todo tipo de cambios en la organización, sólo la afecta negativamente, la imposibilita de determinar cuál de las mejoras introducidas ha sido efectiva, y dado que los resultados se mezclan y no es posible discriminar entre medidas, tampoco se es posible conocer quiénes están acertados en sus estrategias y quiénes simplemente se equivocan. Es frecuente encontrar líderes que no consideran que el cambio necesite una gestión previa del mismo y por sobre todo, una gestión posterior inclusiva y reflexiva.

Cambiar con sentido y con propósito claro, es deseable, sano y necesario. Hay muchos proponentes del cambio, pero muy pocos de aquellos, tienen visión de largo plazo rentable, sustentable y sostenible. Cambiar por cambiar, es excitante, pero peligroso y en la mayoría de las veces, resulta en un error.

Comentarios del artículo: Cambiar por cambiar - Publicado: a las 11:05 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 16/01/2012

El país de los tontos

Hacerse el tonto, parece ser inocente, pero no lo es. Es un acto violento, cruel, que va en perjuicio de otras personas y de nosotros mismos. Institucionalizar dicha conducta, claramente nos retrocede como sociedad.

Hace ya bastantes años, cuando aún era estudiante, tuve un profesor nada de brillante, pero que introdujo en mi formación una frase que recuerdo y aplico constantemente. Él repetía: “Si no quiere que le digan tonto, no actúe como tonto”.

Chile se ha trasformado en el país de los tontos. Todos los días, actuamos como tontos y la escena se repite, con una constante y brutal regularidad. No existe situación cotidiana donde no aparezca el típico personaje y su corte complaciente de trasnochados bufones.

Suba a una micro y encontrará varios de esos personajes. El que va cómodamente sentado simulando dormir, estar leyendo o sencillamente abstraído en sus pensamientos; también encontrará a la mujer embarazada, el anciano, el discapacitado o sencillamente a una de las tantas personas necesitadas de lograr un asiento; finalmente, está la corte de los mirones que percatándose de la situación, no levantará la voz, no dirán nada. La vergüenza se impone al abuso y el final clásico, todos haciéndose los tontos. Es mejor así que preocuparse u ocuparse del otro.

En la familia, aquel que se ofusca, se irrita y descarga sobre sus hijos, cónyuge, padres o amigos, balbuceando sus desahogos y tras purgar sus emociones, todos deben hacerse los tontos, ya que ¡hay que mantener la armonía familiar!

Qué decir de las empresas. Es insultante ver sendos carteles en sus estacionamientos de autos, indicando que no se hacen responsables de los daños, hurtos y pérdidas en los vehículos particulares, cuando en rigor sí lo son. Expresamente la ley indica que así es. Pero, es mejor hacerse los tontos, a ver si algún incauto cae.

Es inquietante observar cómo nuestra sociedad aparentemente racional, ordenada y organizada, en realidad disfraza una constante conducta cargada de tontera, crueldad, maldad, mezquindad, locura, miseria y  brutalidad. Aún más, a mi juicio, lo perverso es que la racionalidad, el orden y la organización, se ponen al servicio de poderes cínicamente destructivos.

Empresas que contaminan ríos; que construyen casas que se caen solas o se filtran de agua; corporaciones que no previenen lo que dicen prevenir, por ejemplo el fuego; bancos en el límite de la usura; farmacias y un largo etcétera.

Podría enumerar un sinfín de situaciones cotidianas donde la ley de hacerse el tonto, está presente. El filósofo francés G. Deleuze escribió: “La estupidez es la bestialidad propiamente humana”.

No es posible pasar inadvertido de las situaciones actuales. Es inquietante observar cómo nuestra sociedad aparentemente racional, ordenada y organizada, en realidad disfraza una constante conducta cargada de tontera, crueldad, maldad, mezquindad, locura, miseria y  brutalidad. Aún más, a mi juicio, lo perverso es que la racionalidad, el orden y la organización, se ponen al servicio de poderes cínicamente destructivos.

Lo que entendemos como “hacerse el tonto”, no refleja escasez de inteligencia o un error involuntario, no es que la persona que lo hace, no se dé cuenta de lo que hace; lo terrible, es que responde a estructuras del pensamiento como tal, por lo que somos conscientes que estamos realizando actos de maldad, de crueldad, de locura…

Hacerse el tonto, parece ser inocente, pero no lo es. Es un acto violento, cruel, que va en perjuicio de otras personas y de nosotros mismos. Institucionalizar dicha conducta, claramente nos retrocede como sociedad. Pero… tal vez, es mejor hacerse el tonto…

Comentarios del artículo: El país de los tontos - Publicado: a las 12:10 pm

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