" "
Blog de
  • Eduardo Giesen A.

Eduardo Giesen A.

Dirigente socio-ambiental, miembro del MAIZ.

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 25/11/2013

¡A recuperar Santiago!

Las autoridades y los profesionales del sector público continúan haciendo gestión urbana con anteojeras y siguen fielmente las pautas neoliberales de la ausencia estatal y el predominio del sector privado empresarial en las principales definiciones acerca del desarrollo de la ciudad; y se niegan -autoridades y profesionales- a impulsar e implementar políticas de gestión urbana sustentable, como las que se desarrollan exitosamente en muchas ciudades del mundo (no precisamente socialistas)

El recientemente aprobado Plan Regulador Metropolitano de Santiago (PRMS 100) apunta en sentido diametralmente opuesto a la sustentabilidad ambiental y social en nuestra cuenca.

Todas estas políticas de usurpación de recursos públicos y bienes comunes que van en directo beneficio de los grupos económicos y las corporaciones multinacionales.

Esta política urbana responde claramente a los intereses especulativos del sector inmobiliario y, como ha sido durante las últimas décadas de crecimiento expansivo de Santiago, tendrá graves impactos socioambientales. Entre ellos la intensificación de la segregación socioespacial; la pérdida de áreas silvestres y agrícolas (y el bienestar que brindan) alrededor de la ciudad; el aumento de la congestión vehicular, los tiempos de viaje y la contaminación atmosférica; la precariedad y el aumento de costo de los servicios públicos; el aumento, por pérdidas, de la demanda per cápita de agua y energía, así como de las emisiones de gases de efecto invernadero y de la vulnerabilidad del propio territorio urbano y su entorno natural ante el cambio climático.

La expansión horizontal de la ciudad es consistente y está explícitamente coordinada con las políticas de impulso a las autopistas -mal llamadas- urbanas (en perjuicio del transporte público de calidad y los modos no motorizados), la proliferación de malls y grandes supermercados (en perjuicio del comercio local), la privatización de servicios públicos básicos (agua potable, alcantarillado y tratamiento de aguas servidas; energía eléctrica; manejo de residuos sólidos; transporte público); todas estas políticas de usurpación de recursos públicos y bienes comunes que van en directo beneficio de los grupos económicos y las corporaciones multinacionales.

Las autoridades y los profesionales del sector público continúan haciendo gestión urbana con anteojeras y siguen fielmente las pautas neoliberales de la ausencia estatal y el predominio del sector privado empresarial en las principales definiciones acerca del desarrollo de la ciudad; y se niegan -autoridades y profesionales- a impulsar e implementar políticas de gestión urbana sustentable, como las que se desarrollan exitosamente en muchas ciudades del mundo (no precisamente socialistas), como por ejemplo:

  • La participación ciudadana vinculante en procesos de planificación territorial (nivel comunal y metropolitano);
  • el freno a la expansión urbana y el robustecimiento del carácter rural y natural del territorio interurbano;
  • la consolidación de sub-centros urbanos, la densificación a mediana altura con uso mixto del suelo (residencial, comercial, servicios);
  • el desincentivo al uso cotidiano del automóvil particular y el desarrollo de un sistema de transporte público de calidad y con protagonismo estatal;
  • la recuperación de servicios públicos básicos en manos del Estado, el Municipio o la propia comunidad.

Es fundamental que las organizaciones y movimientos sociales enfrentemos con altura de miras la problemática urbana y territorial y nos movilicemos con la misma fuerza que por la educación, para frenar el proceso de privatización de la ciudad y levantar las alternativas justas, democráticas y sustentables para Santiago y el resto de nuestras ciudades.

Comentarios del artículo: ¡A recuperar Santiago! - Publicado: a las 8:00 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 22/08/2013

Sentí en carne propia el desprecio a la clase política

Después de participar por más de una hora y media en la manifestación protagonizada por un grupo numeroso, festivo y a la vez combativo de pobladores, se me acercó un joven poblador a decirme que me fuera, debido a mi calidad de candidato. Y si no lo hacía, me echarían de mala manera. Y le creí.

El lunes 19 en la noche, después de la inscripción de nuestra lista parlamentaria en el SERVEL, me dirigí a la Av. Grecia, un poco al oriente de la rotonda, donde estaba convocada una manifestación de los vecinos de Lo Hermida en contra del proyecto de autopista Américo Vespucio Oriente, que los amenaza con expropiaciones.

Me alejé derrotado, obviamente no por los pobladores, sino por la manga de inescrupulosos que por décadas se ha adueñado de la política chilena y, subordinados a grandes o pequeños intereses privados, han manipulado  a las comunidades y sus organizaciones, transformando a los ciudadanos en clientes y a dirigentes locales en operadores locales de sus maquinarias partidistas.

Me entusiasmaba pensar que esta actividad era la primera después de inscribirme como candidato a diputado, coherentemente con mi insistente planteamiento sobre el valor de la calidad de luchadores sociales que no debemos perder cualquiera sea el lugar que nos toque ocupar en la política.

Después de participar por más de una hora y media en la manifestación protagonizada por un grupo numeroso, festivo y a la vez combativo de pobladores, se me acercó un joven poblador a decirme que me fuera, debido a mi calidad de candidato. Y si no lo hacía, me echarían de mala manera. Y le creí.

El motivo era que ellos no querían relacionarse con los partidos ni nada que se relacionara con el sistema político, y que mi calidad de candidato, aún cuando yo no representara a ningún partido, validaba este sistema. Además, la presunción de que lo que yo buscaba era mostrarme ante la gente con la finalidad de obtener votos.

De nada servía que argumentara que yo estoy en esta lucha (contra esta autopista, contra todas las autopistas urbanas, por los derechos en la ciudad) desde mucho antes que fuera candidato, desde hace muchos años; ni tampoco que mi perspectiva es de justicia social y soberanía territorial, que coincide con su opción clasista y autonomista. Mucho menos servía decirle que tampoco yo creo en este sistema político-económico y que mi candidatura persigue y se enmarca en un proyecto colectivo de transformaciones sistémicas.

El poblador no aceptaba que le llamara “compañero”, porque -aseguraba él- no podemos serlo. Sin embargo, agradezco que -quizás sin darse cuenta- él me trataba de “hermano”. Pero “ándate ahora”, y no me dejó volver a acercarme al grupo, que ya se preparaba a terminar la manifestación.

No insistí ni forcé la situación, pues no tenía sentido generar un conflicto secundario y desviar la atención del foco de la genuina protesta popular.

Me alejé derrotado, obviamente no por los pobladores, sino por la manga de inescrupulosos que por décadas se ha adueñado de la política chilena y, subordinados a grandes o pequeños intereses privados, han manipulado  a las comunidades y sus organizaciones, transformando a los ciudadanos en clientes y a dirigentes locales en operadores locales de sus maquinarias partidistas.

Fue y es muy duro sentir en carne propia el merecido desprecio que el mundo popular, sobre todo las organizaciones de jóvenes pobladores, siente por la clase política y el sistema político en su conjunto.

Pero al mismo tiempo, reconforta sentir la energía y la disciplina de estos jóvenes que se organizan para defender su territorio, su pobla, su gente, de manera autónoma y con plena conciencia política.

Como en los jóvenes mapuches que luchan por recuperar sus tierras, en los estudiantes por la educación pública, en los jóvenes sindicalistas por el trabajo digno, en las mujeres jóvenes por la igualdad de género y la soberanía sobre sus cuerpos, en ellos está la esencia del cambio social y el germen de una nueva sociedad justa y solidaria.

Comentarios del artículo: Sentí en carne propia el desprecio a la clase política - Publicado: a las 1:20 pm

Etiquetas: , , , , , , , » Publicado: 16/05/2013

Américo Vespucio Oriente: La codicia contra la ciudad

Mienten, porque, al contrario, son ellos quienes sólo hablan y actúan en favor del gran interés del sector inmobiliario y de la industria automotriz, cuando privilegian obras orientadas al uso del automóvil particular, como la autopista Américo Vespucio Oriente y la vía rápida de Vicente Pérez Rosales – Pepe Vila, en la Reina.

No se equivocan, sino que MIENTEN descaradamente el presidente de la Cámara Chilena de la Construcción, Daniel Hurtado, y el presidente de todos los grandes empresarios, Sebastián Piñera, al expresar que es el interés de unos pocos vecinos el que se impone frente al bien común cuando se desecha la expropiación de terrenos para la construcción de la autopista Américo Vespucio Oriente (AVO).

Mienten, porque, al contrario, son ellos quienes sólo hablan y actúan en favor del gran interés del sector inmobiliario y de la industria automotriz, cuando privilegian obras orientadas al uso del automóvil particular, como la autopista AVO y la vía rápida de Vicente Pérez Rosales – Pepe Vila, en la Reina, en perjuicio de los millones de habitantes que sufren la contaminación atmosférica y acústica, la congestión, la pérdida de espacios públicos provocada por este modo de transporte, así como la inseguridad, inconfortabilidad y la pérdida de tiempo asociadas a un deficitario transporte público, también diseñado para el lucro empresarial.

 Pero a estos pocos sólo les interesa llenar la ciudad de más y más autos, que demanden más y más infraestructura vial, en un cuento -un gran negocio para ellos y un gran desastre para la ciudadanía- de nunca acabar.

No los mueve el bien común: fue, es y siempre será la CODICIA de unos pocos, -estos sí- MUY POCOS, PERO MUY PODEROSOS.

Y a la codicia de estos pocos se suma la subordinación y el conservadurismo de las autoridades y los profesionales a cargo de las políticas de desarrollo urbano y transporte.

Estos pocos saben que ninguna ciudad del mundo ha resuelto sus problemas de movilidad (congestión, tiempos de viaje, contaminación) mediante el aumento de la capacidad vial para el transporte privado. Ellos saben, y la experiencia internacional lo demuestra, que esto sólo es posible con políticas enérgicas de mejoramiento del transporte público, con un fuerte involucramiento estatal (nivel central o metropolitano), en la planificación, en la operación, en el financiamiento y/o en la propiedad, tanto de la infraestructura como de la flota vehicular; complementado con el fomento del transporte no motorizada (bicicleta y caminata) y otras políticas de planificación urbana, así como con el desincentivo al uso cotidiano del automóvil particular.

Pero a estos pocos sólo les interesa llenar la ciudad de más y más autos, que demanden más y más infraestructura vial, en un cuento -un gran negocio para ellos y un gran desastre para la ciudadanía- de nunca acabar.

Sin embargo, esto sí puede acabar cuando las comunidades toman la decisión de hacerse escuchar, se movilizan en contra de la codicia y el abuso de unos pocos, y exigen políticas públicas y leyes que realmente persigan el bien común y la sustentabilidad.

Es esta determinación ciudadana de Peñalolén y La Reina la que irrita al gran empresario inmobiliario y a su servil presidente, y la que en el futuro elegirá a otras autoridades, movidas realmente por el bien común, para construir esa ciudad y ese país donde se realicen los sueños colectivos de justicia y sustentabilidad.

Comentarios del artículo: Américo Vespucio Oriente: La codicia contra la ciudad - Publicado: a las 11:46 am

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 15/02/2013

Donde empieza una autopista muere la ciudad

Un conjunto cada vez más numeroso y comprometido de vecinas y vecinos de las comunas de Peñalolén y La Reina se está movilizando en contra de la amenaza del MOP de construir una autopista -Américo Vespucio Oriente- por el medio de barrios consolidados y mediante la expropiación de cientos de viviendas.

Con el respaldo de sus respectivas municipalidades, estas comunidades exigen que la obra se realice bajo tierra (“túnel minero”) y respetando la trayectoria de la vía principal (Américo Vespucio-Av. Ossa).
Pero, aún más, los vecinos organizados han generado y protagonizado un amplio debate sobre las llamadas “autopistas urbanas”, cuestionando su real efectividad en el ámbito del transporte urbano y denunciando el rol que juegan en favor de intereses privados.

Y es que el pecado original se cometió años atrás, cuando el gobierno central de turno optó como política pública por la construcción de autopistas dentro de Santiago, al mismo tiempo en que -de manera contradictoria- se hacía esfuerzos para mejorar el transporte público capitalino.

Como en tantos ámbitos de política pública -en este caso, la movilidad urbana-, estas mega infraestructuras son falsas soluciones, que acentúan los problemas en lugar de resolverlos. Mientras las empresas inmobiliarias y automotoras sacan jugosas cuentas, la población paga el costo en pérdida de espacios públicos y tiempo, segregación social y deterioro de la salud.

Como en tantos ámbitos de política pública -en este caso, la movilidad urbana-, estas mega infraestructuras son falsas soluciones, que acentúan los problemas en lugar de resolverlos. Mientras las empresas inmobiliarias y automotoras sacan jugosas cuentas, la población paga el costo en pérdida de espacios públicos y tiempo, segregación social y deterioro de la salud.

Así es, pues, lejos de resolver los problemas de transporte, las “autopistas urbanas” generan un aumento en el uso del automóvil y una mayor congestión en toda la ciudad, especialmente en su entorno inmediato, con la consiguiente agudización de los ya graves problemas de accidentabilidad y contaminación de nuestra ciudad.

El colmo es que, bajo el supuesto falso de que las “autopistas urbanas” son de interés público, los reclamos de los vecinos potencialmente expropiados de Peñalolén y la Reina, que legítimamente defienden los hogares y barrios que les ha costado años y décadas construir, son mostrados no más que como el interés privado a sacrificar.

Por esto resulta tan relevante que junto con defender sus hogares y barrios, la población rechace este tipo de mega intervenciones y reclame para Santiago un sistema de transporte -eminentemente público- orientado a las personas, y no a los automóviles; a la calidad de vida, la sustentabilidad y el bienestar público, y no a la competitividad y la rentabilidad de los grandes negocios privados.

Y que entiendan el Gobierno y los grandes empresarios que el tiempo en que podían hacer y deshacer con los bienes comunes (educación, salud, agua, territorio, patrimonio) para su antojo y su lucro, ese tiempo, se acabó. La ciudadanía está despertando y no piensa volver a dormirse.

Comentarios del artículo: Donde empieza una autopista muere la ciudad - Publicado: a las 11:43 am

La Nación

Av. Nueva Providencia 1860, Oficina 183, Providencia
Teléfono: 56 2 - 2632 5014

Director Responsable: Patricia Schüller Gamboa
Representante Legal: Luis Novoa Miranda

© Comunicaciones LANET S.A. 2014
Se prohíbe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.