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Diego Avaria

Doctor en relaciones internacionales, Ph.D. The Graduate Institute Geneva.

Etiquetas: , , » Publicado: 17/07/2014

La lucha de los exiliados contra la dictadura

En Chile aún se ignora la magnitud de la solidaridad internacional contra la dictadura, obtenida gracias al trabajo incansable de los exiliados. Sin su compromiso, probablemente la dictadura militar habría sido mucho más duradera.

He seguido con mucho interés las Conversaciones sobre el Exilio que se realizan en el Museo de la Memoria. Para aquellos que se han perdido las presentaciones y para los que vivimos en el exterior se puede acceder a las grabaciones a través de la página web del museo.

Quisiera sumarme al debate, centrándome en un aspecto sobre el cual no se ha escrito suficientemente: la contribución de los exiliados para que Chile volviera a la democracia. En efecto, realizaron una destacada labor de denuncia y solidaridad en el exterior para derrotar a la dictadura.

La represión contra el liderazgo de la Unidad Popular, así como el intento fallido de varios partidos de resistir como organizaciones clandestinas (debido a que fueron diezmados), transformaron a los exiliados en el más efectivo frente de lucha contra la dictadura, al menos hasta 1982.

Pinochet usó el destierro para sofocar la acción política, pero una vez afuera los exiliados se organizaron y crearon asociaciones de solidaridad con Chile en los países de acogida. La principal actividad fue, sin duda, la de denunciar a la dictadura y las violaciones a los derechos humanos en Chile, a través de marchas, actos públicos y cartas a los diarios. Gracias a toda esta estrategia mediática, los comités de solidaridad consiguieron movilizar a las sociedades,  los gobiernos y los parlamentos de los países de acogida a favor de su causa.

Ayudaron a salvar a prisioneros o compatriotas perseguidos, mediante campañas ante gobiernos y organismos internacionales. Muchas veces financiaron directamente la salida de esos chilenos en peligro de muerte. Realizaron huelgas de hambre como expresión de protesta ante algún hecho inaceptable que ocurría en Chile o para salvar vidas de nacionales presos y en peligro de muerte o desaparición.

En innumerables ocasiones se realizaron peñas, recitales, presentaciones de teatro u otras actividades, a las que asistía numeroso público, que arrojaban beneficios considerables. El dinero recolectado luego era enviado a Chile, para sustentar a familiares de prisioneros políticos, a viudas o hijos de desaparecidos, así como para costear el trabajo de los partidos políticos y las actividades que se realizaban contra la dictadura militar.

Los exiliados crearon y establecieron vínculos con organizaciones políticas, culturales, religiosas, sociales, entre otros, y se insertaron en ellas para aportar al desarrollo de la causa chilena. La amplia gama de actividades mezclaba muchas veces la acción propiamente política con las actividades culturales, sindicales, deportivas u otras.

En efecto, gracias a las diversas manifestaciones culturales se dio a conocer Chile a un público más masivo y se logró sensibilizar a la opinión pública internacional respecto a las violaciones de los derechos humanos, lo que mantuvo y aumentó la solidaridad en múltiples países.

Por otro lado, los exiliados realizaron innumerables marchas de protesta, por las calles de múltiples ciudades del mundo, contra la dictadura y en solidaridad con los chilenos que en el país luchaban por la democracia. Los tradicionales desfiles de protesta los días 11 de septiembre de cada año se realizaron por todas las capitales del mundo frente a las embajadas y consulados chilenos.

Fue muy importante el lobby que realizaron los exiliados en varios países con los organismos internacionales para mantener la vigilancia de los derechos humanos. Consiguieron que la Asamblea General de la ONU condenara, por amplia mayoría, la violación de los derechos humanos en Chile. Las condenas sucesivas a lo largo de los 17 años de dictadura contribuyeron al aislamiento internacional de la junta militar.

Por cierto, la solidaridad de los exiliados se mantuvo con el plebiscito de 1988 y la subsiguiente elección presidencial.  Colaboraron con dinero para estas campañas y efectuaron un cabildeo intenso y eficaz ante organismos internacionales, gobiernos y parlamentarios de todo el mundo, para que participaran como testigos y garantizaran la realización limpia de estos procesos eleccionarios.

En Chile aún se ignora la magnitud de la solidaridad internacional contra la dictadura, obtenida gracias al trabajo incansable de los exiliados. Sin su compromiso con la suerte del país, probablemente la dictadura militar habría sido mucho más duradera. Es más, la constante lucha de los exiliados aportó considerablemente a la derrota de la dictadura, lo que debiera ser debidamente reconocido.

Comentarios del artículo: La lucha de los exiliados contra la dictadura - Publicado: a las 9:15 am

Etiquetas: , , , » Publicado: 12/11/2013

Egipto: La revolución que no fue

Las fuerzas armadas egipcias que gobernaban el país desde 1952 nunca cedieron el poder. Los respectivos jefes de Estado Muhammad Naguib, Gamal Abdel Nasser, Anwar Sadat y, luego, Hosni Mubarak eran todos oficiales de alto rango. Sus regímenes constituían dictaduras militares, a pesar de que las ropas de Mubarak eran civiles, así como su retórica.

A fines de 2010 fuimos sorprendidos por los alzamientos populares en varios países de África del Norte y del Medio Oriente. Las revueltas se siguen desarrollando hasta hoy, las conocemos como “Primavera Árabe” y lograron, incluso las caídas de los gobiernos en Túnez, Egipto, Yemen y Libia.

Hasta entonces había mucho escepticismo respecto a la democratización en el mundo árabe, que en su gran mayoría estaba gobernada por dictaduras. La Primavera Árabe constituyó la esperanza de que las demandas por dignidad, libertad, democracia y justicia social lograran ser satisfechas.

Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie. (Giuseppe Tomasi di Lampedusa, El Gatopardo)

Gran parte de la opinión pública, de la prensa internacional y de los propios actores hablan de “Revolución democrática árabe”. Cuando seguimos las noticias podemos leer u oír el término “revolución” a diestra y siniestra.

A casi tres años del inicio de los levantamientos populares, quisiera centrarme en Egipto, el país más poblado del mundo árabe y ciertamente uno de los más importantes desde el punto de vista estratégico.

A los egipcios y a la opinión pública internacional les encanta hablar de revolución para calificar los sucesos. De hecho, los comparan a la revolución de 1919 que originó la independencia y la de 1952 que puso fin a la monarquía e instauró la república.

Pero, ¿qué es una revolución? Hay distintas definiciones, pero principalmente se considera que “es un cambio radical, profundo y permanente, respecto del orden establecido anteriormente.” Analicemos los acontecimientos en Egipto a partir de esta definición.

Cabe cuestionar el término “revolución” que ha sido usado incorrectamente respecto a los sucesos en Egipto. En realidad no hubo un cambio del orden socio-político ni se desarrolló un sistema nuevo.

De hecho, las fuerzas armadas egipcias que gobernaban el país desde 1952 nunca cedieron el poder. Los respectivos jefes de Estado Muhammad Naguib, Gamal Abdel Nasser, Anwar Sadat y, luego, Hosni Mubarak eran todos oficiales de alto rango. Sus regímenes constituían dictaduras militares, a pesar de que las ropas de Mubarak eran civiles, así como su retórica.

Los levantamientos que comenzaron en enero de 2011 y llevaron a la caída de Mubarak el 11 de febrero de 2011, en realidad fueron un golpe de los militares contra uno de sus filas en nombre de la democracia. Una vez que Mubarak ya no era su líder, los militares gobernaron a través de una junta militar (Supreme Council of the Armed Forces – SCAF) hasta el 30 de junio de 2012 cuando el representante de la Hermandad Musulmana Mohamed Morsi asumió la presidencia de Egipto.

Morsi, quien fue el primer presidente democráticamente electo en la historia de Egipto, fue derrocado por un golpe militar el 3 de julio de 2013. Desde entonces las fuerzas armadas volvieron al poder a través del general Abdel Fattah el-Sisi, a pesar de que existe una fachada civil.

En realidad las fuerzas armadas nunca abandonaron el poder y siempre tuvieron las riendas de Egipto, incluso durante la presidencia de Morsi. Lo que ocurrió es que durante el gobierno de Morsi los militares ejecutaron un golpe interno, “silencioso”, contra la vieja guardia militar simbolizada por el mariscal Mohamed Hussein Tantawi el 12 de agosto de 2012. Éste fue reemplazado por el-Sisi como ministro de defensa y también como comandante en jefe del ejército.

Durante la presidencia de Morsi las fuerzas armadas conspiraron contra el gobierno electo, esperando el momento oportuno para meterse, el que se presentó con las incesantes y masivas manifestaciones populares contra Morsi.

Egipto se encuentra bajo estado de emergencia, con toque de queda y persistentes violaciones a los derechos humanos. Los militares mataron a más de 600 manifestantes en un solo día, algo que no había sucedido ni en los peores momentos de Mubarak.

¿De qué revolución estamos entonces hablando?

 

 

 

Comentarios del artículo: Egipto: La revolución que no fue - Publicado: a las 10:06 am

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 10/10/2013

El rol de Estados Unidos en el plebiscito de 1988

El papel de Estados Unidos merece especial atención. Desde 1987 Washington ejerció abierta presión contra la dictadura, para que respetara los derechos humanos y transitara a la democracia. Esa presión no hizo más que aumentar a medida que se acercaba la fecha del plebiscito.

 Cuando se analiza el plebiscito de 1988 y la victoria del NO contra la dictadura de Pinochet, generalmente se alude a la política doméstica. Por cierto, los elementos internos, en  particular la movilización del pueblo chileno, jugaron un rol preponderante.

Sin embargo, no hay que olvidar la presión internacional, que tuvo una importante influencia. El papel de Estados Unidos merece especial atención. Desde 1987 Washington ejerció abierta presión contra la dictadura,  para que respetara los derechos humanos y transitara a la democracia. Esa presión no hizo más que aumentar a medida que se acercaba la fecha del plebiscito.

Washington efectuó operaciones diplomáticas e incluso de espionaje para realizar presión sobre Pinochet, con el fin de que respetase los procedimientos democráticos. Tras bambalinas, el director de operaciones de la CIA disuadió a la CNI de ejercer violencia contra la oposición. A su vez, los oficiales del Comando Sur dieron recomendaciones similares a sus contactos en el ejército chileno. (“Conversation with General Sinclair”, 1988-10-05, Declassified).

Es curioso porque en Estados Unidos gobernaba Ronald Reagan, quien consideraba a Pinochet un aliado en la lucha global contra el comunismo. A inicios de su presidencia en 1981, un portavoz afirmaba:

“…Somos (…) países que hemos defendido valerosamente nuestras libertades contra la subversión comunista; (…) somos amigos y aliados naturales en un mundo cada vez más peligroso…”  (“Task for US Policy in the Hemisphere”, 1981-06-03).

Era la época de la “diplomacia silenciosa”, es decir, la comunicación privada de gobierno a gobierno y no las condenas públicas. Según ese enfoque, una presión excesiva sobre el “gobierno autoritario” no llevaría a la instauración de la democracia, sino que abriría la vía a un régimen totalitario, léase, marxista-leninista. En un contexto de Guerra Fría, ésa era la principal preocupación. Por ende, la democracia y los derechos humanos pasaban a segundo plano.

¡Tanta era la simpatía de Reagan por Pinochet, que deseaba invitarlo en visita oficial a Washington en 1986! Esto se sabe por documentos desclasificados. La invitación no alcanzó a concretarse gracias a la disuasión del Secretario de Estado George Shultz. Era el período de revisión de la relación que luego derivó en un distanciamiento, seguido de la presión en contra de la dictadura a partir de 1987.

Entonces, ¿por qué Washington abandonó a Pinochet? El temor a una revolución marxista seguía siendo el mismo. ¿No que Pinochet era un aliado en la lucha contra el comunismo? Sucede que Pinochet se convirtió en el problema y no en la solución. La testarudez del general y las violaciones a los derechos humanos no hacían más que polarizar al país. Las protestas populares estaban a la orden del día. Por otro lado, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez mantenía su compromiso con la lucha armada, a pesar del fallido atentado contra Pinochet. Fue justamente el miedo a la polarización el que llevó a Washington a cambiar de política.

Otra razón de la cercanía con Pinochet era la importancia de la economía de libre mercado. Pero, ¿realmente era necesario un régimen autoritario para conservarla? Washington apostaba a una transición a la democracia en que se mantuviera la economía de libre mercado y se excluyera a los comunistas del gobierno.

A medida que se acercaba la fecha del plebiscito, Washington aumentó la presión. Estados Unidos hizo a Pinochet lo que había sido acusado de haber infligido a Allende: La National Endowment for Democracy contaba con más de un millón de dólares para “apoyar la democracia en Chile”.  Por medio del National Democratic Institute for International Affairs entregó a la oposición 600 mil dólares para contrarrestar a Pinochet. El general denunció en varias oportunidades la intervención del “imperialismo yanqui”. (“The Facts of the NED Grants to the Chilean Opposition”, 1988-06-15, Declassified).

Washington efectuó operaciones diplomáticas e incluso de espionaje para realizar presión sobre Pinochet, con el fin de que respetase los procedimientos democráticos. Tras bambalinas, el director de operaciones de la CIA disuadió a la CNI de ejercer violencia contra la oposición. A su vez, los oficiales del Comando Sur dieron recomendaciones similares a sus contactos en el ejército chileno. (“Conversation with General Sinclair”, 1988-10-05, Declassified).

La noche del plebiscito, la posición del general Fernando Matthei fue significativa en que reconoció la victoria del NO y preconizó la aceptación de la derrota de parte de la dictadura. Matthei tenía una relación privilegiada con Estados Unidos. Washington apeló a su patriotismo y argumentó que la mejor manera de luchar contra el comunismo en Chile era a través de la democracia. Esto lo cuenta Elliott Abrams, quien era Secretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos en esa época. (“The Gringos Are with Us”, April 2013).

Para Estados Unidos, Pinochet y su dictadura eran peones listos a ser sacrificados, siempre que se mantuviera la economía de libre mercado y se excluyera a los comunistas del poder.

Comentarios del artículo: El rol de Estados Unidos en el plebiscito de 1988 - Publicado: a las 12:05 pm

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