" "
Blog de
  • Daniel Sepúlveda

Daniel Sepúlveda

Director Regional de la Agrupación Amor de Papá

Etiquetas: , , , » Publicado: 22/05/2013

¿Quién hace bullying a quién?

No son precisamente los parlamentarios o el Sernam los maltratados en este caso. En pocos días más se cumplirán 5 años de tramitación de la ley que propuso nuestra agrupación Amor de Papá y la discusión de un inciso, que supuestamente requería tan solo un ajuste técnico, se prolonga como consecuencia de indicaciones presentadas por el Ejecutivo. En esas circunstancias, ¿quién es el maltratado?

Una comisión mixta del Congreso Nacional se reunió el miércoles pasado en su segunda sesión de discusión de la Ley Amor de Papá. Más de 30 miembros de la agrupación que impulsó esta ley esperaban los resultados en la puerta de la sala. Al término de la instancia se nos informó que aún no resolverá hasta una o dos sesiones más y que parte de esta reunión se destinó a tratar el bullying que nuestra agrupación habría hecho a ciertas personas a lo largo de la tramitación de esta ley, esto solicitado especialmente por la profesora de Derecho Carmen Domínguez, de la PUC.

Nos miramos sorprendidos. ¿De qué bullying nos hablan? Nuestra agrupación jamás ha insultado en términos personales ni utilizado groserías, conducta que sí hemos visto en el hemiciclo, no sólo entre parlamentarios, sino también entre una ministra de Estado que saca la madre a un diputado y otra que descalifica a un senador con un epíteto de igual calibre mientras hace uso de la palabra.

Lo que sí hemos hecho es publicar con nombre y fotografía, por medio de afiches y redes sociales, la postura que ha expresado cada parlamentario integrante de la comisión mixta, y hemos llamando machistas a la ex ministra Carolina Schmidt y a los parlamentarios Claudia Nogueira e Issa Kort (designado), por pretender perpetuar los roles tradicionales de género en materia de cuidado de los hijos.

¿Es eso realmente bullying? ¿O es que nuestra clase política considera bullying que una agrupación ciudadana emita un juicio sobre la ideología que trasunta el discurso de una figura pública? Pues, parece ser que en un país en el que la política se mueve en el sórdido mundo de los blindajes y las “máquinas partidarias” para subir y bajar candidatos en cupos que resulten “sandias caladas” del sistema binominal, no es de extrañar que la peor agresión a un honorable sea que su foto circule por las calles con un epíteto que diga: “¡Se busca, diputada machista!”.

Con seguridad, que le saquen la madre en el hemiciclo tiene menos impacto electoral y resulta preferible, antes de aparecer siendo públicamente cuestionado por el contenido de las ideas que defiende en su trabajo parlamentario. En una democracia saludable se esperaría que el parlamentario aludido, haciéndose cargo de aquello de que “la política es sin llorar”, aparezca públicamente defendiendo sus puntos de vista, en lugar de destinar horas de discusión parlamentarias a victimizarse.

Bullying es definido como hostigamiento y matonaje escolar. De hostigar confesamos ser culpables, no sólo a los parlamentarios machistas que se oponen a la igualdad parental y a los que hemos denunciado en las calles y redes sociales, sino también a los senadores y diputados que defienden nuestras ideas, a los que no hemos dado momento alguno de tranquilidad. Confesamos haber sido insoportablemente hostigosos, porque cada día y cada mes que pasan son un día y un mes sin que nuestros hijos puedan crecer cerca de sus padres.

Pero de matonaje, nos declaramos inocentes. El matonaje implica estar en una condición de poder en un sistema asimétrico, y en este caso, la ley y los tribunales de justicia sistemáticamente nos han desfavorecido a nosotros y a nuestros hijos, pues han permitido que impunemente se nos niegue el derecho a visita, se nos imputen falsos actos de violencia y de abuso en contra de los que más amamos, se nos obligue a celebrar los cumpleaños de nuestros pequeños en un pasillo del tribunal de familia, o simplemente, se nos trate como delincuentes al pisar sus dependencias, sólo por ser hombres.

Bullying es también definido como maltrato. Pero no son precisamente los parlamentarios o el Sernam los maltratados en este caso. En pocos días más se cumplirán 5 años de tramitación de la ley que propuso nuestra agrupación y la discusión de un inciso, que supuestamente requería tan solo un ajuste técnico, se prolonga como consecuencia de indicaciones presentadas por el Ejecutivo.

En esas circunstancias, ¿quién es el maltratado? Cada día que pasa sin promulgarse una ley que consagre la igualdad parental, se prolonga el maltrato en contra de nosotros, pero sobre todo en contra de nuestros hijos. Cada día que pasa, muchos de nosotros tenemos que soportar que nuestros pequeños, a los que amamos con toda el alma, sean programados para odiarnos y tenemos que oírlos reproducir palabras de repudio inculcadas por un adulto. Cada nuevo día se prolonga el maltrato de tener que mirar a nuestros hijos desde la distancia, sin poder abrazarlos, de tener que seguir guardando sus regalos de cumpleaños y Navidad por estar impedidos de entregárselos, de tener que verlos bajo supervisión de la familia materna por mera arbitrariedad, de tener que seguir tratando de ubicar su paradero, pues han sido virtualmente secuestrados por su madre para alejarlos de nosotros.

Cada día de estos 5 años de tramitación, es un día más de su infancia y adolescencia que nos han robado y les han robado a ellos y ellas de contar con padres, abuelos y tíos que les entregaran amor, valores y conocimientos. Cada día que el Parlamento prolonga su discusión es un día que tenemos que esperar para volver a abrazarlos, para volver a conocerlos y a recuperar su cariño, y cada día aumenta el riesgo de perderlos para siempre. Cada día transcurrido nos recorre el terror de que nuestro pequeño o pequeña termine decidiendo acabar con su vida como hace pocos años lo hizo aquel adolescente alejado de su padre.

¿No es acaso el Estado chileno el que realmente hace bullying y no las hostigosas agrupaciones ciudadanas como la nuestra? ¿No son las dilatadas discusiones sobre una norma que ya se encontraba consensuada el verdadero maltrato? ¿No es un ministerio que tiene la facultad de poner o quitar indicaciones y lo hace a su arbitrio, sin consistencia y sin respetar acuerdos, el que ejerce verdadero matonaje?

La Agrupación Amor de Papá no hace bullying, sino que simplemente es parte del Chile que ha cambiado y con el cual nuestra clase política tendrá que aprender a convivir. Sabemos que incomodamos, somos demasiado ruidosos y andamos “apatotados”. Tal vez nos parecemos demasiado a un grupo de escolares intimidantes y por eso nos acusan de bullying. Entre nosotros reina el buen humor, pero lo que nos une es el sufrimiento. Nos reímos fuerte, pero estamos indignados.

Defendemos nuestras ideas con energía, pero nos sentimos impotentes frente a la injusticia cotidiana. Somos demasiado hostigosos y nada simpáticos para los que no quieren la igualdad parental. Y si algunos consideran que hacer bullying es alertar a la ciudadanía para que no vote por un parlamentario, cuyas ideas prolongan el maltrato a nuestros hijos, estaremos orgullosos de seguir haciendo aquello.

Comentarios del artículo: ¿Quién hace bullying a quién? - Publicado: a las 12:32 pm

Etiquetas: , , » Publicado: 19/04/2013

Que no te engañe la ministra Schmidt

No obstante su molestia con la Ministra por haber tergiversado la ley y haberle hecho perder consistencia, la Agrupación AmordePapá.org evalúa que no existen las condiciones políticas en este instante para reponer la facultad del juez para decretar el Cuidado Compartido y menos para establecerlo como un régimen por defecto. Hemos preferido contar a la mayor brevedad posible con una “Ley de Igualdad Parental”, aunque aún no podamos tener una “Ley de Cuidado Compartido”.

A diferencia de otras, la Constitución chilena no contempla la posibilidad de iniciativa popular de ley. Por eso el año 2008, para promover una modificación del Código Civil con respecto al cuidado de los hijos en caso de padres que viven separados, la Agrupación Amor de Papá solicitó apoyo al entonces diputado Esteban Valenzuela (PPD/CHP).

Él acogió el llamado y convocó a otros nueve colegas para patrocinar el proyecto y promoverlo como iniciativa parlamentaria, proceso al que se dio inicio el 11 de junio del 2008, cuando la agrupación encabezada por su creador, el periodista David Abuhadba, ingresó la Ley Amor de Papá a la Cámara de Diputados.

Posteriormente, el diputado Gabriel Ascencio (DC) presentó un segundo proyecto de características similares que se sumó en su tramitación al anterior. Es por este origen, y no por otra razón, por el cual esta agrupación de padres reivindica el proyecto con su propio nombre, sin intención alguna de desconocer que también ha habido aportes muy significativos de numerosos actores a lo largo del proceso como académicos y expertos, asociaciones de abogados de familia, jueces de familia y parlamentarios que se han comprometido con esta modificación legislativa con toda su energía y capacidad, como los senadores Alvear, Chahuán, Tuma, P. Walker, Pizarro, Letelier, Lagos y muchos otros.

Esta agrupación de padres quiso saltar desde el siglo XIX al XXI, lamentablemente la Ministra Schmidt nos ha obligado a hacer escala en el siglo XX. Sin embargo, los Ministros pasan, las organizaciones sociales quedan y AmordePapá.org no bajará los brazos hasta conseguir que en Chile los niños tengan el derecho indiscutido a crecer junto a ambos padres, sin importar que ellos vivan juntos o separados.

Sin embargo, en su larga tramitación el proyecto debió enfrentar una férrea resistencia. La principal fue la ejercida por la Ministra del SERNAM, Carolina Schmidt y algunos parlamentarios que la secundaban. Por medio de diversas indicaciones, ella fue alterando el sentido original del proyecto, con el propósito de que el cambio legal no tuviera el efecto jurídico buscado y se mantuviera, en lo posible, la tuición materna tradicional como estaba concebida en el Código de Bello, discriminando injustamente a los padres.

AmordePapá.org (www.amordepapa.org) debió enfrentar una defensa en bloque entre la Ministra y algunos parlamentarios, sin posibilidad de participar en forma directa en el debate, y haciendo conocer su voz sólo a través de otros congresistas que se sensibilizaron con su causa. Llegó a ser irrisorio cómo varios parlamentarios oficialistas repetían en las sesiones, literalmente, el tenor de las minutas del SERNAM, demostrando estar “pauteados” por la Ministra, sin ser siquiera capaces de expresar, con sus propias palabras, ideas nuevas en estas materias, entre ellos el diputado designado UDI Issa Kort y la diputada UDI Claudia Nogueira. En ese contexto, evidentemente, el resultado fue que el proyecto original terminó siendo seriamente tergiversado.

El proyecto “Ley Amor de Papá” buscaba en su origen dar plena igualdad a padres y madres con respecto al cuidado de los hijos, estableciendo que, aunque vivan juntos o separados, SIEMPRE deben compartir la responsabilidad y tener los mismos derechos y obligaciones. Se establecía el Cuidado Compartido como régimen preferente, que regía por el mero imperio de la ley, salvo que por decisión judicial se estableciera el cuidado unipersonal, por demostrarse inhabilidad de uno de los progenitores, se constataran conductas que pusieran en riesgo al niño, o no existiera colaboración con el otro progenitor en las tareas del cuidado. El régimen de Cuidado Compartido, que se aplica en la gran mayoría de los países europeos, implica que ambos padres comparten la autoridad parental, es decir, ambos pueden decidir en conjunto sobre aspectos de la vida del menor, y, a la vez, pueden alternar la residencia del niño con cada uno de ellos de forma paritaria.

Sin embargo, el régimen de Cuidado Compartido era demasiado avanzado para nuestra Ministra Schmidt, quien buscó siempre argumentos para sostener que constituía una amenaza para el bien superior del niño. Al comienzo intentó demostrar, sin evidencia científica alguna, que la alternancia en la residencia es sinónimo de inestabilidad, sin reparar que la estabilidad es básicamente un asunto afectivo y radica más en la permanente presencia de ambos progenitores que en el espacio físico en el que se desenvuelve la vida del niño. Y finalmente consiguió imponer el criterio, que muchos parlamentarios aceptaron sin mayor reflexión, de que el Cuidado Compartido sólo es posible si se arriba a él por mutuo acuerdo de las partes, sosteniendo que no puede imponerse por el imperio de la ley, ni por resolución judicial, incluso en caso de que uno de los progenitores lo solicite. Su argumento para restringir el Cuidado Compartido sólo al acuerdo de las partes –algo absolutamente innecesario de ser legislado, pues el acuerdo ya existe-, es que si los padres no pueden ponerse de acuerdo en “lo macro”, es decir instaurar un régimen de cuidado compartido, difícilmente se podrán poner de acuerdo en “lo micro”, las decisiones cotidianas que significan compartir el cuidado. Se trata, sin duda, de un argumento falaz, pues supone que el ser humano es incapaz de llegar a acuerdos, salvo que participe en la definición de las reglas del juego, lo que contradice toda la historia social de la humanidad. Evidentemente, si los progenitores saben que la falta de colaboración con el otro, los pone en riesgo de perder su participación en la tuición, tendrán que adoptar una disposición al acuerdo que no tienen en un escenario en el que existe sólo un padre tutor.

La Ministra tuvo la posibilidad de desbaratar el Cuidado Compartido como régimen preferente porque la agrupación AmordePapá.org (www.amordepapa.org) debió destinar toda su energía y escasos recursos a defender un principio mucho más esencial que inspiraba el proyecto: la igualdad entre padres y madres a la hora de optar por el cuidado personal de los hijos. El centro de la propuesta legislativa, que el SERNAM procuró desmoronar a toda costa, apuntaba a superar la discriminación que establece el Código Civil en favor de la madre, sólo por ser mujer y “porque la tradición así lo dictaba”. Afortunadamente la indicación del ejecutivo en esta materia no tuvo acogida en el senado. Gracias a ésto, la “Ley Amor de Papa” que hoy se perfecciona en cuarto trámite en Comisión Mixta, a pesar de los intentos de la Ministra, da un paso histórico en materia de igualdad de género.

Tras los sucesivos cambios promovidos por las indicaciones del ejecutivo al proyecto, finalmente, la redacción final quedó con un aspecto contradictorio. El artículo que antecede al referido al cuidado de los hijos, establece como principio general que siempre tendrá que regir el principio de corresponsabilidad. Esta norma se concibió originalmente en el marco de que el Cuidado Compartido constituía el régimen preferente, que sólo se perdía justificadamente por decisión judicial. Sin embargo, ese principio de corresponsabilidad es contradictorio con la actual redacción, que favorece la tuición monoparental, en la cual existirá un padre o madre tutor y un padre o madre que posee derecho a un régimen regular y permanente, pero carece del derecho de autoridad parental ¿cómo se interpreta la corresponsabilidad para el progenitor no tutor entonces? ¿Puede el padre no tutor ser verdaderamente corresponsable si no puede decidir sobre aspectos importantes de la vida del niño: educación, religión, ciudad de residencia? Por cierto, los jueces podrán colaborar al ejercicio de la corresponsabilidad accediendo a otorgar un régimen de visitas suficientemente amplio. Pero aun así, seguirá siendo contradictorio el ser corresponsable sin tener derecho a ejercer la autoridad parental. Esto significa, por ejemplo, que si el padre tutor decide someter al niño a una operación médica riesgosa, el padre no tutor no tiene facultad para oponerse, sin embargo seguirá siendo corresponsable de lo que le ocurra al menor.

No obstante su molestia con la Ministra por haber tergiversado la ley y haberle hecho perder consistencia, la Agrupación AmordePapá.org (www.amordepapa.org) evalúa que no existen las condiciones políticas en este instante para reponer la facultad del juez para decretar el Cuidado Compartido y menos para establecerlo como un régimen por defecto. Hemos preferido contar a la mayor brevedad posible con una “Ley de Igualdad Parental”, aunque aún no podamos tener una “Ley de Cuidado Compartido”. Impulsarla deberá ser tarea de un nuevo proyecto. Esta agrupación de padres quiso saltar desde el siglo XIX al XXI, lamentablemente la Ministra Schmidt nos ha obligado a hacer escala en el siglo XX. Sin embargo, los Ministros pasan, las organizaciones sociales quedan y AmordePapá.org no bajará los brazos hasta conseguir que en Chile los niños tengan el derecho indiscutido a crecer junto a ambos padres, sin importar que ellos vivan juntos o separados.

Comentarios del artículo: Que no te engañe la ministra Schmidt - Publicado: a las 6:20 pm

Etiquetas: , , » Publicado: 08/04/2013

¿Palabra de mujer?

Es de esperar que nuestras mujeres líderes preserven aquel valor universal en el cual se funda la confianza humana y el respeto mutuo, lo que en este caso se expresa en que la Ministra promueva la ratificación del consenso que suscribió.

Tras cuatro años de tramitación, el 12 de marzo todas las bancadas del Senado concordaron una redacción para modificar el Código Civil en lo relativo al cuidado personal de los hijos cuando los padres viven separados, la llamada Ley Amor de Papá, en honor a la agrupación que el 11 de junio del 2008 ingresó una moción sobre esta materia con el respaldo de 10 diputados de la República y que ha trabajado incansable, integral y exitosamente con el objetivo de hacerla realidad.

En representación del Gobierno concurrió con su firma la Ministra del SERNAM, Carolina Schmidt. Se daba un paso significativo para superar una legislación con 158 años de antigüedad y reconocer los cambios en los roles de género que ha vivido Chile. Fue un acuerdo difícil, exigía enfrentarse a temores sobre potenciales riesgos a los que la nueva legislación podría someter a lo más preciado de la sociedad: sus niños.

Se modificaba el rol histórico de la mujer, en cuanto madre dedicada a las tareas domésticas, y del hombre, en cuanto padre ausente y proveedor, y a la vez, había que enfrentarse a la evidencia, que una de las pocas discriminaciones positivas de nuestra legislación en favor de las mujeres, ha sido causante de dolor para miles de niños apartados de su padre como consecuencia de conflictos entre adultos y madres disfuncionales que aprovechan dicha norma para satisfacer su rencor.

Si la Ministra pretende cambiar los términos del acuerdo alcanzado en el Senado, el proyecto pasará a Comisión Mixta, y en lugar de una norma de consenso tendremos una disputa de redacciones maximalistas. Se enfrentará una redacción “gatopardista” que busca mantener la esencia del Código Civil de Andrés Bello, con una cuyo carácter progresista va mucho más allá que la norma consensuada, por ejemplo, estableciendo el Cuidado Compartido como el régimen por defecto. La discusión se prolongará por meses, continuando la separación de miles de niños y padres

En tiempos en los que el mundo se empeña en superar los abusos del machismo y toma conciencia de la lacra de la violencia de género y el femicidio, no resultaba fácil despojar a las mujeres chilenas de una discriminación positiva. Y menos aún, hacerse conciente que esa aparente granjería femenina es un arma de doble filo, que también convierte a las féminas en esclavas de su propio rol histórico, al restringir que mujeres separadas o solteras puedan desplegar en plenitud sus posibilidades de desarrollo individual por tener que llevar solas el peso cotidiano del cuidado de los hijos.

Tras largas sesiones de análisis en ambas cámaras y extensas exposiciones de expertos y de la propia agrupación Amor de Papá (www.amordepapa.org), se llegó a una legislación satisfactoria, que daba a nuestro país una condición de igualdad de género que países europeos como España o Alemania aun no consiguen.

Para las visiones involucradas, la redacción final no satisfacía en plenitud sus aspiraciones, son los costos de los consensos que siempre exigen transar. Sin embargo, este acuerdo permitía contar con una buena Ley Amor de Papá y promulgarla en forma oportuna, favoreciendo que padres y madres se hagan co-rresponsables de la crianza a partir de ahora, y no en tres o seis años más cuando los niños de hoy ya dejen de serlo, y terminar de inmediato con el drama de niños que crecen sin ver a su papá en años y/o que son psicológicamente programados para odiarlo, y de adolescentes y padres que se suicidan al no poder superar el daño causado. Tras el acuerdo, sólo faltaba una consulta a la Corte Suprema y una ratificación de la Cámara de Diputados, la que se veía como muy factible dado el amplio consenso suscrito en el Senado.

Estando así las cosas, todo marchaba viento en popa, hasta que, repentinamente, la Ministra Schmidt le quitó la suma urgencia al proyecto y anunció por twitter que propondría cambios en “temas técnicos de redacción”. ¿Qué hay detrás de la actuación de la Ministra? Si observamos su conducta a lo largo de toda la tramitación, existen fundadas aprehensiones para suponer que lo que busca es desconocer el acuerdo que firmó y proponer a la cámara una nueva redacción.

En efecto, en las diversas instancias de discusión, procuró preservar la discriminación que establece la ley vigente. Al parecer, ha entendido que, en su rol de Ministra de la Mujer, no puede avalar la pérdida de un privilegio corporativo femenino, sin importar que en ese privilegio se esconda una trampa machista en contra de las propias mujeres. Quizás por una visión mariana de la maternidad que le impide valorar la necesidad de realización personal de la mujer en otros planos. Se resistió, en todo cuanto pudo, a favorecer la figura del Cuidado Personal Compartido, aportando argumentos de dudosa seriedad sobre el supuesto daño psicológico que causaría al niño el traslado entre las casas paternas. Procuró que, sin una aceptación voluntaria de la madre no pudiera materializarse el Cuidado Compartido, buscando con ello que la modificación legal perdiera todo efecto práctico. Sostuvo que el cuidado debía ser materno, porque en la mayoría de los casos era el padre varón quien abandona el hogar, sin indicar, que aquello es consecuencia de la legislación vigente.

Finalmente, se atrincheró en el argumento de que la tuición debía ser de la madre “por tradición”. Al no poder convencer, defendió la existencia de una norma transitoria, según la cual el niño debía permanecer bajo el cuidado materno mientras no resolviera el juez, así se prolongara esa transitoriedad por años. Finalmente, todos sus argumentos fueron desechados por una abrumadora mayoría de senadores, quienes sí reconocieron que la Ley Amor de Papá debe evitar una situación de inestabilidad para el menor en tanto no exista un régimen de cuidado definitivo, y acordaron fijar un plazo máximo a la resolución de los tribunales de familia.

Si la Ministra pretende cambiar los términos del acuerdo alcanzado en el Senado, el proyecto pasará a Comisión Mixta, y en lugar de una norma de consenso tendremos una disputa de redacciones maximalistas. Se enfrentará una redacción “gatopardista” que busca mantener la esencia del Código Civil de Andrés Bello, con una cuyo carácter progresista va mucho más allá que la norma consensuada, por ejemplo, estableciendo el Cuidado Compartido como el régimen por defecto. La discusión se prolongará por meses, continuando la separación de miles de niños y padres, y, de paso, el Presidente Piñera perderá la posibilidad de promulgar la nueva Ley Amor de Papá. Es allí donde la suspicacia aumenta, y hace pensar que la Ministra forma parte de aquella quinta columna ultraconservadora, que no le importa demasiado el éxito del actual gobierno, con tal de imponer su visión de la sociedad.

Chile se encuentra próximo a alcanzar un cuarto de siglo desde que recuperó la democracia. Fue un proceso complejo que exigió acuerdos delicados, basados en pragmatismo, tolerancia y generosidad, que implicaron frustraciones en asuntos que para muchos eran de importancia vital. Es cierto que hoy hay agotamiento con respecto a muchos de los consensos alcanzados entonces, pero ellos permitieron recomponer una convivencia nacional dañada y poder dedicarnos hoy a la tarea de emprender una nueva fase. Eso fue posible porque los actores que más debieron transar, respetaron siempre los acuerdos. En esta nueva fase, las mujeres cumplen un liderazgo en la política chilena que no tenían en los 90 y han demostrado que su aporte es insustituible, justamente en el ámbito de favorecer la construcción de acuerdos. Su innata capacidad a empatizar y seducir las sitúa en una situación privilegiada para dirigir un mundo en que predomina la colaboración. Pero ello supone también mantener un código ético básico, que la cultura machista tradicional ha simbolizado en la caballerosidad masculina: ”hacer honor a la palabra empeñada”. Es de esperar que nuestras mujeres líderes preserven aquel valor universal en el cual se funda la confianza humana y el respeto mutuo, lo que en este caso se expresa en que la Ministra promueva la ratificación del consenso que suscribió.

Comentarios del artículo: ¿Palabra de mujer? - Publicado: a las 11:25 am

Etiquetas: , , » Publicado: 17/12/2012

El acto reparatorio pendiente

El mismo desgarro sufrido por la jueza Atala lo sufren millones de hombres, pero han tenido que conformarse de “ver crecer a sus hijos a zancadas”, como graficaba Atala, sin tener siquiera la opción de acusar discriminación y arbitrariedad, puesto que en ese caso la ley misma establece explícitamente que debe ser así.

lados. Pero probablemente, al mencionar el sufrimiento que debe vivir un padre alejado de sus hijos, al lector de estas líneas se le cruzó de inmediato el pensamiento de que no es comparable el sentimiento de una madre privada del cuidado de sus hijos que el de un padre.

Todos pudimos ver la emoción y empatía de nuestras autoridades ante los sufrimientos relatados por la jueza Atala, quien muy delicadamente lo graficó en pequeñas pinceladas, dejando a la imaginación de los asistentes el resto. Con seguridad, si el relato hubiese sido hecho por un varón privado de la tuición de sus hijos habría tenido que recurrir a recursos narrativos bastante más dramáticos para conseguir la misma consideración.

Tan arraigado están entre nosotros los roles de padre proveedor y ausente, y madre dedicada al hogar y presente, que estamos ciegos a los cambios culturales que se han producido en nuestras narices. En la actualidad, suponer que el vínculo afectivo que un padre establece con un hijo es menor que el que establece una madre, es tan erróneo como suponer que la dedicación intelectual que una mujer otorga a su trabajo es menor que la de un hombre.

El mismo desgarro sufrido por la jueza Atala lo sufren millones de hombres, pero han tenido que conformarse de “ver crecer a sus hijos a zancadas”, como graficaba Atala, sin tener siquiera la opción de acusar discriminación y arbitrariedad, puesto que en ese caso la ley misma establece explícitamente que debe ser así.

Pero más importante que el sentimiento parental, es el sufrimiento de los hijos, para quienes separarse de cualquiera de sus progenitores significa desgarrar su identidad profundamente.

Los niños están hechos de la fusión de dos metales y marginar a uno de ellos de sus vidas, es violentarlos en su naturaleza biológica. En la búsqueda de la igualdad de derechos y de la corresponsabilidad de ambos progenitores, la agrupación Amor de Papá (www.amordepapa.org) presentó un proyecto de ley que favorezca el cuidado compartido de los hijos como opción preferente. Lamentablemente, y sólo dando por argumento la tradición, el SERNAM presentó una indicación estableciendo que mientras no haya acuerdo entre los progenitores, el niño debe permanecer bajo el cuidado de la madre. Con ello, se desnaturaliza por completo el sentido del proyecto, imponiéndole la misma orientación discriminatoria y sexista de la norma actualmente vigente, y se neutraliza la posibilidad práctica de contar con la tuición compartida.

Esto, porque la negativa de la madre a llegar a acuerdo, será condición suficiente para impedir que se comparta el cuidado del menor. La disposición propuesta por la ministra Carolina Schmidt mantiene al niño en la condición de botín en disputa dentro del conflicto de la pareja, favorece maltrato físico y psicológico de él durante períodos transitorios que pueden eternizarse en procesos judiciales, y limita gravemente el contacto normal y saludable con ambos progenitores.

La única forma de contar con una regulación justa en esta materia, es establecer que la situación por defecto debe ser el cuidado compartido de los hijos y la corresponsabilidad parental, salvo en aquellos casos en los que los padres o el juez determinen lo contrario.

Dar a una de las partes una condición de beneficio a priori en virtud de su sexo, es discriminatorio, limita las posibilidades de acuerdo y favorece la judicialización de la disputa. El SERNAM ha confundido su rol de entidad que persigue la igualdad de género con el de una asociación gremial que defiende intereses corporativos femeninos, incluso reproduciendo una orientación machista.

Esperamos que el Senado, que tendrá que ver en sala dicho proyecto próximamente, rechace la disposición propuesta por el ejecutivo (inciso 4 del artículo 225 del Código Civil) y se imponga la concepción moderna de corresponsabilidad y cuidado compartido como situación generalizada tras la ruptura de la pareja.

Ese sería el mejor acto reparatorio que podría hacer el Estado de Chile a los millones de padres y niños que han debido padecer el mismo sufrimiento que la jueza Atala como consecuencia de una ley vigente, pero no por ello menos discriminatoria e injusta.

Comentarios del artículo: El acto reparatorio pendiente - Publicado: a las 1:29 pm

La Nación

Av. Nueva Providencia 1860, Oficina 183, Providencia
Teléfono: 56 2 - 2632 5014

Director Responsable: Patricia Schüller Gamboa
Representante Legal: Luis Novoa Miranda

© Comunicaciones LANET S.A. 2014
Se prohíbe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.