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Daniel Sánchez Brkic

Psicólogo, académico de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Central.

Etiquetas: , , , , » Publicado: 07/09/2015

Sobre renuncias, derechos y libertad

¿De qué se trata el realismo sin renuncia? Hemos renunciado a ser un país justo, con memoria y sin vacilaciones, que defiende y promueve ideas, valores y principios. Los nuevos aires gubernamentales nos impulsan a seguir prioridades que no hemos fijado los ciudadanos y, por lo mismo, las aceptamos como mandato irrefutable de normalidad.

A decir verdad hemos renunciado a la seguridad en las calles, a un transporte público al menos regular, a las Isapres concertadas en retroexcavadoras de nuestra salud y bienestar. Hemos renunciado al respeto de derechos sociales y adquiridos. Renunciamos también a una educación pública de calidad. Hemos renunciado a una justicia que ejerza su soberanía cuando se viola, se asesina y se olvida, Renunciamos a la defensa de la diversidad, al escandaloso y promiscuo trabajo parlamentario. A las bencinas que nos exprimen el bolsillo a más no poder, renunciamos cuando nos han mancillado las farmacias, la Constitución y las corporaciones empresariales; hemos renunciado de manera inentendible a plebiscitar decisiones nacionales y hasta cuando, sin preguntarnos, se erigió un grotesco edificio en Santiago que violó toda posibilidad de contemplar el valle de la ciudad sin violencias.

Renunciamos dolorosamente a un debate social y cultural, que permita la liberación de ideas y posturas para construir un país multiversado, impregnado de diversidad y que no refute la otredad. Ante ello, el debate se centra en índices de aprobación, búsqueda de candidatos y circulación de camiones quemados; y nosotros callamos sin siquiera expresar posturas.

Este realismo del que nos hablan subyuga todo proceso de cambio al crecimiento de nuestro país. Dicho discurso evidencia un Estado capturado por corporaciones y, en consecuencia, una ciudadanía presa de la economía. Resulta extraño hablar de aborto, educación y seguridad en función de costos, dólar y euro. Tal parece que es a ese realismo al que hemos renunciado, hacer de nuestra vida una vida con sentido y profundidad.

Basta ver la intención en la educación superior al educar personas para el trabajo que, en colusión con los actores del mundo empresarial, estarán capturados por este realismo al que se pretende no renunciar y así sucesivamente hasta formar una sociedad descrita hace muchos años como los perplejos según Noam Chomsky.

No renunciar a este axioma del realismo nos transforma en corderos, presos de la abulia y el cinismo. Por el contrario, yo no quiero renunciar a esta realidad tan esquiva y llena de oportunidades de transformación.

Este escrito no es bajo ningún punto de vista un llamado de insurrección ni una propuesta Marmaduke Grove; más bien un llamado a oír que, sin darnos cuenta, quizás hemos sido abandonados. Renunciar al olvido y la justicia resultarían errores que llevaríamos durante años. Al menos desde aquí se defiende la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

 

Comentarios del artículo: Sobre renuncias, derechos y libertad - Publicado: a las 8:00 am

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 04/08/2015

Aborto, libertad de escoger

Los valores, en verdad, no se discuten ni transan, menos aún en el Congreso, por senadores y diputados electos bajo un régimen de insignificante representatividad y dudosa calidad.

Escribo desde una mirada que promueve y defiende la vida, la libertad, la inclusión y el respeto, la promoción de la emancipación de nuestros estudiantes y desde el desafío irrestricto de formar ciudadanos responsables, promotores de la igualdad y felices de su vida; desde allí, su respeto debido.

El aborto requiere al menos dos miradas: una lejana a mis escritos desde donde se esgrimen infinidad de argumentos técnicos y, otra, que pretende revitalizar la idea central del derecho a la libertad de escoger.

El Gobierno ha promovido un debate respecto de la despenalización del aborto bajo tres condiciones fundamentales: inviabilidad del feto, peligro de vida de la madre o violación. Ninguno de estos abre un debate significativo respecto de las libertades individuales, las mismas que requieren toma de decisión, valentía y sagacidad.

Muchos han argumentado respecto de sus razones para decidir; la iglesia ha reiterado una vez más su visión inspirada en las doctrinas religiosas instalando el concepto del derecho a la vida; los juristas han divagado respecto de cuando se es persona; los médicos (que han quedado virtualmente libres de esta decisión) han calculado cuantos días y horas se requieren para convertirse en persona. Nada de ello sin embargo apunta a lo central: a promover leyes que permitan el pleno ejercicio de las libertades ciudadanas y decidir respecto de la vida, la libertad, los derechos reproductivos y la continuidad de la especie.

Quizá el principal escollo reside en este interés absolutista por instalar lo que han llamado una “agenda valórica”; es decir: hablar, discutir y negociar los valores que guían nuestras conductas. Nada de ello resuelve la principal característica que tiene la decisión de abortar y que dice relación con hacerse cargo de la propia vida.

Los valores, en verdad, no se discuten ni transan, menos aún en el Congreso. Lamentablemente suele desviarse la discusión hacia temas valóricos; los que claramente, por su naturaleza afectiva, moral y doctrinal, no pueden ser discutidos.

Allí radica el principal problema: intentar regular un tema tan profundamente personal como es el aborto y la carga ideológica que trae como si fuese un artículo de intercambio; con ello nunca se llegará a acuerdo al respecto.

Los mismos senadores y diputados que hoy defienden dichas iniciativas son los mismos que han sido electos bajo un régimen de insignificante representatividad y dudosa calidad; y son ellos los que intentan decidir respecto de lo que es bueno o no para nuestra sociedad; ahí otro problema mayúsculo.

Ellos han sembrado temor sobre una ciudadanía que cada vez los escucha menos; han indicado que entraríamos en una suerte de desvirtuación de las instituciones sociales y que caeríamos en profunda crisis de aprobarse proyectos como el divorcio, AUC, legalización de la marihuana, etc. Los mismos discursos que se tramaron cuando se pensó en darles voto a las mujeres, en la ley de la silla o en el derecho a sindicalizarse. Se ha dicho que para ser responsables se debe educar a la ciudadanía… ¡por favor! Dicho argumento tardío, bizantino y mezquino atenta también contra las propias capacidades de una ciudadanía que hoy quiere decidir; prueba de ello, la innegable fuerza de los movimientos estudiantiles. Cuando decimos que el “tema” es educativo, en verdad es signo que perdimos argumentos de análisis.

Promover en las personas la libertad de decidir por sus vidas de manera democrática, volitiva y personal no puede bajo pretexto alguno imponerse como ley. De ahí la decisión respecto del aborto es una decisión individual, difícil, intrincada y sentida; sin embargo, personal y no colectiva.

La tarea es decidir cómo queremos construir nuestra sociedad, si en la libertad de escoger y hacernos responsables de nuestros actos, o en la senda habitual de ocultar, callar, y simplemente golpear cacerolas desde la comodidad, cambiando de foco cuando se parlamenta al fin de Rodrigo Rojas, los crímenes de Karadima, y llenamos nuestra mesa con el triunfo de “La Roja” mientras dejamos a parlamentarios decidir respecto de cuán partícipes nos hacemos del ejercicio de nuestra libertad….¡¡Por favor!!

Comentarios del artículo: Aborto, libertad de escoger - Publicado: a las 10:41 am

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