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Cristian Gutiérrez Tapia

Historiador. Docente e Investigador del Equipo de Educación de la Corporación Parque Por La Paz Villa Grimaldi

Etiquetas: , , , » Publicado: 25/06/2012

Del campo de concentración al Sitio de Memoria

“La existencia del museo representa el deseo de falsificar el pasado, en cuanto se enfoca en un acontecimiento singular, separado del resto de nuestra historia”. Con estas palabras, entre otras, se refería el historiador nacional Sergio Villalobos a la existencia del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de nuestro país.

Según las palabras del mencionado y octogenario autor, los hechos que se reflejan en la apuesta museográfica del Museo de la Memoria, solo se centran en un hecho que es ajeno a nuestra tradición nacional, como si olvidara las innumerables veces en que el Estado ha violentado, a veces tomando formas aniquiladoras, la disidencia y el descontento social. Demás está por lo demás, enumerar una a una las veces en que esa tradición republicana y democrática, ha sido puesta a lo menos en tensión.

En un aspecto se puede concordar con Villalobos, la dictadura civil y militar chilena se separa de nuestra historia ya que a diferencia de los otros y variados episodios de violencia política en nuestro país, esta buscó mediante la eliminación física y simbólica de sus enemigos, una trasformación completa de la sociedad chilena, inaugurando además –y por medio de la desaparición de los opositores- un modelo económico voraz y que está presente hasta nuestro días.

Ahora, tomándonos de los dichos del anciano historiador, podríamos preguntarnos ¿qué cuenta el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos? O quizás sea más interesante preguntarse ¿Qué calla dicho museo? Dentro del guion museográfico del mencionado museo, podemos encontrar en parte los sucesos posteriores al golpe militar, la represión política, la organización y defensa ciudadana, las víctimas y sus testimonios, etc. Con todo lo que esto aporta a nuestro país (acostumbrado a la memoria televisiva, esa que cada 11 de septiembre ve las imágenes del bombardeo a la Moneda, de Allende y su discurso final, los rostros de aquellos que entre el miedo eran tomados prisioneros, y claro, en los últimos años esas imágenes se confunden con “11/S” es decir, el ataque a las torres gemelas), con todo lo que este espacio promueve en relación al conocimiento de este pasado no tan pasado y en permanente movimiento, con todo lo que este lugar permite a los profesores que visitan sus instalaciones, trabajar o acercarse al menos a nuestra historia reciente, hay algunos silencios en sus salas que su sola presencia incomoda a muchos.

La tortura sistemática, rutinaria, burocrática y calculada no aparece en magnitud en el Museo. No hablo de educar desde el horror, puesto que no creo que sea la opción más viable, pero no por esto deben desaparecer aspectos tan complejos de nuestra historia reciente.

Villalobos habla de que el Museo de la Memoria falsea los hechos, ¿Por qué? ¿Acaso el secuestro, la tortura y la desaparición no existieron durante la dictadura civil y militar? ¿Donde dejamos a Londres 38, José Domingo Cañas, Nido 20, Nido 18, Villa Grimaldi, la Venda Sexy, el cuartel Borgoño, Simón Bolívar, solo por nombrar a los más cercanos? Estos campos secretos (entendiendo por campo como señala Agamben, la estructura en la cual el estado de excepción, sobre cuya posible decisión se funda el poder soberano, puede realizarse establemente) convertidos en verdaderos quirófanos donde se extirparía el cáncer marxista, fueron los lugares en donde se fraguó el poder desaparecedor del Estado, en donde se trató a quienes formaban parte del enemigo interno a eliminar y en donde hoy, transformados algunos en sitios memoria, podemos encontrar eso que Villalobos acusa de datos falsos y eso que no aparece en el Museo de la Memoria y menos aún el Museo Histórico Nacional: la experiencia concentracionaria de miles y miles de personas que transitaron por esos pasillos, celdas y salas de tortura.

Villalobos habla de que el Museo de la Memoria falsea los hechos, ¿Por qué? ¿Acaso el secuestro, la tortura y la desaparición no existieron durante la dictadura civil y militar?

Algunos de estos lugares forman parte hoy de nuestro patrimonio nacional en su calidad de monumento histórico, pero el paso de campo de concentración a sitio de memoria debería especificar una calidad diferente a estos sitios: su calidad de Patrimonio de los Derechos Humanos. La calidad de museo de sitio (pensando en el caso de Villa Grimaldi en donde funcionó entre 1974 y 1978 el ex Cuartel Terranova) de alguno de estos lugares, posibilita por ejemplo un acercamiento al complejo tema de la tortura como método eficaz de transformación de las relaciones sociales, de cómo conceptos como estereotipo, prejuicio y discriminación han estado presente a lo largo de nuestra historia –a diferencia de lo planteado por Villalobos-, como formas de violencia hacia los considerados peligrosos y que en el periodo abierto con el golpe, estos conceptos se hicieron carne de forma dramática y concreta con miles de personas.

En otras palabras, en estos sitios de memoria, ayer campos secretos de tortura, encontramos hoy estos silencios que incomodan al Estado y sus administradores por formar parte precisamente del Terrorismo de Estado que durante 17 largos años se encargó que ocultar las memorias divergentes. Es en estos sitios donde esos hechos falseados según algunos aparecen con toda su humanidad y en donde, en definitiva, aparecen esos aspectos de nuestra historia que paradójicamente, no se cuentan en los museos.

Comentarios del artículo: Del campo de concentración al Sitio de Memoria - Publicado: a las 9:18 pm

La Nación

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