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  • Cornelio Westenenk

Cornelio Westenenk

Decano Facultad Educación, Universidad Mayor.

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 11/07/2014

Verdades incómodas en Educación

Para construir una reforma educacional de verdad, no hay que callar y hay que arriesgarse a decir palabras que pueden no ser políticamente correctas. Como las de esta columna.

Las dificultades que enfrenta la reforma educacional se deben a que nadie se atreve a decir algunas verdades:

Decirles a los estudiantes que la educación de calidad requiere de su esfuerzo a través del estudio y que esa es su principal responsabilidad. No existe aprendizaje sin voluntad de aprender y las tomas no demuestran esa voluntad, sino todo lo contrario.

Decirles a los padres que la educación sólo es un complemento de la formación valórica que han recibido en casa y que los resultados académicos de sus hijos dependen en buena medida de sus hábitos fuera del colegio. La calidad educacional comienza en casa.

Decirles a los profesores que la formación que recibieron no es suficiente para enseñar a jóvenes nativos digitales y que si quieren ejercer la docencia, deben actualizarse. El rol del profesor cambió.

Decirles a los sostenedores que la educación debe priorizar la calidad y que cualquier proyecto educacional que desvía recursos en perjuicio de ésta, es éticamente dudoso. Educar es un servicio al país.

Decirles a los políticos que la educación no es un instrumento para fomentar ideologías, sino un espacio para lograr autonomía de pensamiento. Educar es ampliar perspectivas, no limitarlas.

Decirles a los expertos que lo mínimo que necesitamos es ponernos de acuerdo en el significado de la calidad educacional. La calidad no sólo se puede medir, también se puede sentir.

Decirles a las facultades de educación que la formación docente debe reinventarse para darle al profesor nuevas competencias. No se puede esperar mejores resultados en el aula, si seguimos haciendo lo mismo. Educar es preparar para el cambio y la incertidumbre.

Decirle al Mineduc que la educación debe ser una política de Estado, con un mínimo de consistencia para lograr una perspectiva de largo plazo. Educar es proyectarse al futuro.

Decirle al Gobierno que es necesario consensuar la reforma con una mayoría sustancial de los chilenos, debemos pensar entre todos, el tipo de sociedad que queremos construir. Educar es un proyecto colectivo.

Decirles a nuestros ciudadanos que si perdemos la oportunidad de diseñar la sociedad en que vivirán nuestros hijos y corregir los problemas de nuestra época, demostraremos nuestra falta de cultura cívica. Educar es progresar desde el interior.

Nadie quiere decir esto, porque no es políticamente correcto. Todos sabemos que estas verdades duelen y por eso callamos. Pero no decirlo, nos convierte en cómplices.

Comentarios del artículo: Verdades incómodas en Educación - Publicado: a las 9:16 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 02/07/2014

Una luz de esperanza en educación

Si queremos “calidad” dentro del aula, debemos ser rigurosos. Por eso el dictamen de Contraloría que prohíbe a los IP dictar carreras de pedagogía a nuestro juicio apunta en la dirección correcta.

Nadie duda que Chile necesita un cambio profundo en la educación. La mayoría sin embargo, espera cambios orientados hacia la calidad. Casi todas las señales que ha dado el ministro Nicolás Eyzaguirre hasta el momento, apuntan en otra dirección. Creemos que tiene sus razones, pero estamos confundidos.

Una reciente señal nos da cierta esperanza. El dictamen de Contraloría que prohíbe a los IP dictar carreras de pedagogía a nuestro juicio apunta en la dirección correcta: la docencia del siglo XXI es una profesión en extremo compleja y su importancia debe ser reconocida. Estamos hablando de formar profesionales que moldean la sociedad del futuro. Si queremos prestigiar al docente, si queremos atraer a los mejores, si queremos “calidad” dentro del aula, debemos ser rigurosos y lo mínimo que podemos exigir es que los profesores sean profesionales universitarios.

El hecho de que tengamos un indicio que apunta hacia la calidad, nos da una luz de esperanza: si el proyecto de carrera docente también se orienta a ella, podríamos transformar a nuestros profesores en verdaderos maestros para nuestros hijos. Ojalá sigamos hablando de calidad

Primero, porque la profesión ha cambiado drásticamente: hoy la formación docente va más allá de su disciplina, debe incorporar temas como la neurociencia, las ciencias de la complejidad, la teoría de sistemas, el desarrollo de la personalidad, las habilidades socio-emocionales, la biología cultural, la negociación y resolución pacífica de conflictos, el trabajo en equipo, internet y redes sociales, la biomímesis, la globalización y la sustentabilidad, entre otras materias. Todas, disciplinas que sólo se estudian a fondo en universidades complejas.

Además, porque la oferta de programas de pedagogía ha crecido indiscriminadamente y es razonable limitarla: la formación inicial docente de “tiza y pizarrón” propia del siglo pasado, es barata y genera ingresos atractivos, transformándose en un incentivo perverso para algunas instituciones. El título de profesor debe garantizar una formación acorde con la enorme complejidad de la tarea a desarrollar y el futuro profesor debe conocer los avances de la ciencia y tecnología, empaparse del capital académico de una universidad y relacionarse con la elite intelectual del país.

La señal también afecta a las universidades. Deberán modernizar y perfeccionar sus programas y comprometerse con la calidad, porque sólo las que formen profesores de excelencia se acreditarán y mantendrán sus facultades de educación.

El hecho de que tengamos un indicio que apunta hacia la calidad, nos da una luz de esperanza: si el proyecto de carrera docente también se orienta a ella, podríamos transformar a nuestros profesores en verdaderos maestros para nuestros hijos. Ojalá sigamos hablando de calidad

Comentarios del artículo: Una luz de esperanza en educación - Publicado: a las 9:54 am

Etiquetas: , , » Publicado: 26/06/2014

Profesores integrales para la reforma

Los cambios que impulsa el ministro de Educación no deben olvidar a los profesores, porque sin ellos cualquier mejora en la educación fracasará. Sin embargo, para ello se requiere docentes inspiradores, con mentalidad ganadora, interconectados y que operen como agentes de cambio.

El ministro de Educación se ha dado cuenta de que necesita apoyo transversal para implementar la reforma educacional. Por el momento, ha priorizado el diálogo con los estudiantes, los catalizadores de la crisis. Pero no puede olvidar a los profesores: sin ellos, cualquier mejora en la educación fracasará. El ministro necesita transformar su resistencia al cambio por una clara disposición hacia la evolución si es que pretende modificar la topografía del territorio educacional chileno.

En todo sentido, se requiere como contraparte a profesores flexibles, no sólo para gestionar el cambio, sino también para evolucionar junto a él y para aventurarse -a pesar de la incertidumbre- en un escenario desconocido. Esto hace necesario que sean profesores con mentalidad ganadora y altas expectativas, no sólo para forjar cambios significativos, sino para conseguir aprendizajes profundos en sus estudiantes.

La mentalidad ganadora debe ir siempre acompañada de capacidad de trabajo en equipo, con profesores con sentido de trabajo colaborativo, conscientes de que la educación es un proyecto colectivo con poder para cambiar la sociedad chilena y donde cada uno debe aportar su grano de arena. Deben ser también profesores con pensamiento complejo, que trasciendan la mirada lineal de la relación causa-efecto propia del pensamiento cartesiano y que se adecuen a las necesidades de un mundo global interconectado. Esto, sin dejar de lado las cada vez más relevantes habilidades socio-emocionales y la comprensión de que el ambiente emocional es fundamental en los procesos educativos, contribuyendo a generar condiciones adecuadas para una educación exitosa.

En todo sentido, se requiere como contraparte a profesores flexibles, no sólo para gestionar el cambio, sino también para evolucionar junto a él y para aventurarse -a pesar de la incertidumbre- en un escenario desconocido.

Deben ser también profesores interconectados, es decir, no sólo compenetrados con el mundo real y el virtual, sino que capaces de cooperar colectivamente para derrotar la fragmentación de la educación.

Este grupo de profesores capaz de aportar a una mejor educación comprenderá el valor del respeto y tratará desde ese valor a sus alumnos, entendiendo que cada uno es fruto de su propia historia, debe ser guiado con afecto, consideración e integridad. Deben ser profesores capaces de generar acuerdos y solucionar conflictos: avanzar hacia la excelencia siempre requiere que se solucionen nuevos problemas.

Finalmente, deben ser docentes de personas, no de disciplinas. Esto es, educadores que permitan a sus alumnos ser niños, curiosos, inocentes, equivocarse, tener sueños, jugar, reír, imaginar, crecer y convertirse en jóvenes únicos. Para ello, se requiere que sean inspiradores, agentes de cambio, conscientes de que lo que ellos hacen es menos relevante que lo que hacen sus estudiantes y que logren transferir la responsabilidad del aprendizaje a sus alumnos.

Estas son algunas características de un Profesor Integral, ese maestro capaz de hacernos tomar conciencia de los matices de la realidad y de que sólo podremos vivir en armonía si aceptamos que existen otros matices y los conocemos para enriquecer nuestra mirada.

Es indispensable contar con un profesorado de estas características para impulsar mejoras en la educación. De lo contrario, la tarea del ministro es difícil, muy difícil.

Comentarios del artículo: Profesores integrales para la reforma - Publicado: a las 2:25 pm

La Nación

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