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Caterina Zeppetella

creadora del blog www.turuta40.com

Etiquetas: , , » Publicado: 25/04/2016

¿Miedo de partir o… de vivir?

No se puede vivir sin ver este pequeño mundo que tenemos y pienso que si viajáramos todos, tal vez lo cuidaríamos de mejor manera, que si conociéramos esos vecinos que tenemos, no les tendríamos tanto miedo. Por el momento quiero caminar por el mundo sin imaginármelo, quiero saber de que está hecho, de quienes está habitado.

¿Por qué tienes que partir otra vez? ¿Por qué no encuentras un trabajo fijo acá? ¿Cuándo pararás? ¿Ya tienes 27 años, cuándo piensas de tener una familia propia? ¡Vas a estar vieja cuando vuelvas!

Estas son sólo unas de las miles de preguntas o amenazas de mis padres antes de partir. En Italia parece que no es tan usual irse de viaje a 27 años y sólo por viajar. La crisis que nos golpeó fue fatal también para matar los sueños de muchas personas, encontrar trabajo se volvió más difícil en Italia desde el 2008-2009, sobretodo para los jóvenes, que sin experiencia o una educación universitaria no podían acercarse tan pronto al mercado laboral sin sentirse frustrados y perdidos.

El dinero no puede ser una limitación si se tienen ganas de partir. Menos se tiene a veces y más se disfruta. Más son las situaciones de encuentro con el otro, más las posibilidades de darse cuenta que el mundo no es tan malo, tan agotador como se piensa y que la gente tal vez ayuda, y mucho.

Miles de CV enviados y muy pocas las respuestas. Días de rabia, de no poder casi salir de casa para enviarlos lo más posible a cualquier empresa, hasta que encontré el programa de la Disney y decidí cumplir uno de mis sueños: trabajar afuera, hablar inglés todos los días, y finalmente volar.

¡Cuántas razones atrás de una partida! La única manera de sobrevivir, de trabajar, de experimentarse, huir de lo común, para satisfacer la sed de conocimiento o de liberar un escondido espíritu aventurero. Cuántas lágrimas, cuánta pena en dejar la familia y los amigos de una vida. Es lindísimo irse a conocer, pero no es tan fácil. Tienes que desearlo mucho.

Cecilia y yo nos fuimos de Italia por todo eso. Después de Disney y del crucero nos juntamos y planeamos empezar un verdadero viaje por Sudamérica. Lo que siempre había soñado: la aventura de lo desconocido, del conocimiento cotidiano del otro, de enfrentarme con una cultura distinta, de bailar entre las calles de Cali. Un VIAJE.

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Viaje. Esa palabra tiene su propio y específico sentido, pero a veces, también cuando nos preguntan qué hacemos, parece que siempre es visto como un paseo, como unas vacaciones. No es lo mismo. El turista no podrá nunca ser viajero, ni mochilero. El turista aprovecha y disfruta de los lugares: los utiliza para intentar descansar de las tareas del hogar, de la familia y del trabajo. Los que se encierran en los complejos “todo incluido” de las playas caribeñas o exóticas, entre gente de su misma tierra y que habla casi su mismo idioma, que no le da ganas de salir a ver que hay afuera, donde está y qué dice la población local, como cocinan las abuelitas, que cara tienen los niños, como van vestidos a la escuela… Ellos nunca podrán ser viajeros.

Es común pensar que viajar sea algo muy caro (para irse a unos de esos complejos paradisíacos, cierto que sí) pero no es así. Hay gente que viaja sin dinero, o nosotras, que hemos encontrado una manera barata de viajar, ahorrar y también de ganar algo trabajando. El dinero no puede ser una limitación si se tienen ganas de partir. Menos se tiene a veces y más se disfruta. Más son las situaciones de encuentro con el otro, más las posibilidades de darse cuenta que el mundo no es tan malo, tan agotador como se piensa y que la gente tal vez ayuda, y mucho.

Con Ceci, después de tanto viajar por trabajo, decidimos viajar por viajar. Y partimos. Un 7 de diciembre, cuando la gente en Italia ya pensaba en Navidad y Año Nuevo, nosotras pensábamos en qué llevarnos, cuántas cosas poner en la mochila, dónde ir y cómo organizar todo. La mochila como compañera de viaje, sería la única maleta, con olor de casa.

No puedo decir que enfrenté a mis padres contándole lo que cuento acá, con ellos tuve que ser un poco más cauta y decirles que me iba por poco tiempo, aunque ahora ya sean ¡4 meses! Es difícil para ellos entenderme, piensan que estoy desperdiciando mi tiempo, mi juventud, mis posibilidades de encontrar un buen trabajo en Italia. Pero eso se está volviendo un problema más para ellos que para mí.

Tampoco quiero decir que no pienso cada día en lo que estoy haciendo y que no me da también un poco de pena pensar que estén preocupados por mí o que mis amigos en Italia ya tengan familias o hijos y una vida más tranquila de la que estoy intentando yo, pero pienso también que la vida es una sola, que no me puedo hacer cargo de los miedos de ellos y detenerme.

No se puede vivir sin ver este pequeño mundo que tenemos y pienso que si viajáramos todos, tal vez lo cuidaríamos de mejor manera, que si conociéramos esos vecinos que tenemos, no les tendríamos tanto miedo. Trabajar será para toda la vida y algo voy a encontrar, no voy a vivir de sólo aire, eso es cierto, y al final encontraré mi camino. Por el momento quiero caminar por el mundo sin imaginármelo, quiero saber de que está hecho, de quienes está habitado.

La manera de viajar también dice mucho. Viajando solos, o con una persona se aprende muchísimo de sí mismo, de las relaciones, se aprende a compartir, a ver las cosas de manera diferente y enfrentarse, de ponerse en cada situación con lo mejor que se pueda, siempre con las ganas de conocer, de abrirse, de contar una historia más al final.

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Viajar es la mejor manera para enfrentar miedos, para crecer, responsabilizarse, desarrollarse como persona, vencer la timidez, manejar distintas situaciones que nunca y jamás nunca habrías pensado enfrentar. Los miedos son de otros, yo quiero vivir mi vida, tal cual como dice uno de mis cantantes favoritos, Marc Anthony (que fui a ver en Chile hace pocos días)… ¡Y hay que vivirla!

El couchsurfing es una de esas maneras de viajar que vale la pena experimentar, vamos a ver como fue imprescindible, necesaria y vital para nosotras, pero ¡en una próxima columna!

Comentarios del artículo: ¿Miedo de partir o… de vivir? - Publicado: a las 12:00 am

» Publicado: 08/04/2016

¡La vida es viajar en Sudamérica! (II)

Me encanta el español. ¡Me encanta el sonido, la música, las canciones y los bailes! Soy una fanática de la salsa, de la bachata y del merengue (ahora podríamos decir que también de la cumbia, después de Argentina y Chile, aunque me cueste admitirlo). Yo podría ir a bailar todas las noches sin cansarme y eso era también mi imagen de Sudamérica, de gente alegre, feliz cantando y bailando.

(Lea la primera parte de esta columna aquí)

Después de un viaje, uno vuelve a casa lleno de imágenes y de sueños cumplidos, y se da cuenta que soñar es fácil pero, al final, también vivir una vida que no se destaque demasiado de la que se sueña. Entonces… ¿Por qué darse fechas y limites? ¿Por qué no perseguir lo que nos hace felices? ¿Por qué decir que la vida tiene que ser sólo de una manera cuando hay miles de posibilidades y sólo esperan afuera a que se las descubra?

Fue por darnos cuenta de todo eso que, después de las dudas iniciales, ambas decidimos de partir otra vez. En dos barcos distintos de la misma compañía, probamos la experiencia única y casi indescriptible de trabajar en un barco, un crucero alrededor del mundo. Otra aventura, otros personajes, otro mundo en frente.

Es muy importante en la vida, nunca dejar los sueños a un lado y esconderlos, se tienen que revisar, que descubrirlos, que ponerlos al aire libre y empezar a cumplirlos.

Yo partí con otra amiga, Alice, que conocía desde Disney y compañera del “final Road Trip around the States”. No hay muchos italianos que trabajan en los cruceros, la mayoría de los “crew members” (los tripulantes) vienen desde Asia, Sudamérica y Europa del Este. Para nosotras fue muy fácil entrar a trabajar como meseras (waitress), una de las posiciones mejor pagadas entre la tripulación, y que usualmente requiere años de experiencia y de servicio en la compañía.

Para italianos y franceses (por los relativos restaurantes) eso es un pequeño detalle, porqué solo necesitan un poco de experiencia y ya se pueden volver meseros y mandar a gente de otros países, como Honduras, Filipinas, India, con muchos años de experiencia y tal vez también de edad más madura. Darse cuenta de ser una privilegiada sólo por el lugar de nacimiento o el tipo de pasaporte fue muy triste, y al principio pudo ser razón de incomprensiones, peleas o discusiones por parte de gente a las que eso no le parecía. Sobre todo recién llegadas, me acuerdo que había gente muy buena onda que nos ayudó mucho en entender el sistema y el trabajo o también otra más envidiosa, que se portaba mal, que en vez de ayudar no compartía el saber y la experiencia. Eso fue al principio, junto con el mucho, demasiado, trabajo de cada día, al que no estábamos acostumbradas, razón de mal humor y de querer casi irnos en seguida de ese barco de infierno.

En Disney teníamos nuestra casita, departamento, teníamos piscinas, seis horas de trabajo con uno o dos días libres cada semana, la entrada a los parques siempre disponibles, carretes cada noche diferentes, las playas de la Florida y… ¡Miami! En el barco la privacidad es un lujo, se comparte una cabina muy pequeña, las horas de trabajo son 10 o más al día, ningún día libre por seis meses, a menos que uno se enferme (¡cosa que suele pasar bastante!). Por otro lado, hay un montón de cosas para probar a trabajar en un crucero: primera entre todas, la oportunidad de viajar trabajando, de ver cada día lugares maravillosos, puertos siempre distintos (bueno, casi siempre) y tener el mar, el océano, esa inmensa masa color del cielo siempre delante de los ojos. Mi barco tuvo un accidente después de 4 días y por eso me cambiaron de barco, y desde un itinerario que daba la vuelta al mundo tuve que ir en un crucero hacia el Caribe y el Mediterráneo, entonces recorrí todas las islas del Caribe y se la sé a memoria. Es una experiencia indescriptible, que podría ser distinta para cada uno pero que puede ser algo parecido a una montaña rusas de emociones, como bien dijo un amigo chileno que también pasó por lo mismo.

En el crucero tuve otras posibilidades de ampliar mi conciencia del mundo latinoamericano. Conocí a un chico de Córdoba, en Argentina, de Santiago de Chile, de Ciudad de Guatemala, de Trujillo en Perú, y muchos hondureños, que eran mayoría en el barco. Entonces además de hablar italiano con mi amiga, el otro idioma básico para mí era español, porqué siempre andaba con amigos latinos más que de otros países: los encontraba más cercanos a mi cultura, a mi manera comportarme con las personas. Se trabaja mucho en los barcos pero también se carretea mucho, así que por las mismas razones ¡nunca se duerme! Una vida de lugares paradisíacos, de bailes nocturnos, de charlas entre un turno y otro, de atardeceres y amaneceres que no tienen comparación, de noches de estrellas alegres en el medio de la nada más obscura. Seis meses de infierno y de paraíso al mismo tiempo, de nunca poder llamar a casa por el poco tiempo o por no tener internet (la tripulación también paga wi-fi) de horas contadas de libertad cada día.

Fue eso mismo, la falta de libertad que nos hizo tomar la decisión final de partir. Ese verano volvimos las dos a Italia, yo en junio y Cecilia en julio y nos vimos para contarnos las respectivas experiencias vividas en los siete mares. Ambas éramos muy felices por la experiencia, de haberla hecha, de poder decir que logramos terminar los seis meses de contrato (muchos amigos italianos se fueron después de un mes), de haber conocido a muchas personas de todo el mundo (ambas conocimos dos chicos de Córdoba que se conocían desde antes), de los espectaculares lugares que pudimos ver cada día.

Yo soñaba con viajar por Sudamérica desde siempre y se lo transmití a Cecilia: empezamos a soñar de ir a ver a nuestros amigos en Córdoba, de conocer Buenos Aires (de bailar tango), de ir a Colombia (de bailar salsa y conocer Cali) de recorrer con todo el tiempo y la libertad posible, de vivir y conocer las culturas parecidas a la nuestra, descendientes de nuestros antepasados, los que conquistaron con la sangre esas tierras en épocas lejanas y los más recientes que huyeron de las guerras en Europa, en búsqueda de una vida mejor. Un continente en que se mezclan culturas indígenas y europeas.

Así como pude realizar el sueño de ver con mis ojos las bellezas americanas, quería empezar a soñar otra vez, para poderme despertar en frente del Cristo Redentor de Rio de Janeiro o de las cataratas de Iguazú, o de muchas otras imágenes símbolo de Sudamérica. Sobre todo me encanta la gente, siempre.

Me encanta el español. ¡Me encanta el sonido, la música, las canciones y los bailes! Soy una fanática de la salsa, de la bachata y del merengue (ahora podríamos decir que también de la cumbia, después de Argentina y Chile, aunque me cueste admitirlo). Yo podría ir a bailar todas las noches sin cansarme y eso era también mi imagen de Sudamérica, de gente alegre, feliz cantando y bailando.

Bueno no hace falta explicar más: con el dinero que ganamos en Disney y en el crucero partimos. Teníamos el sueño, lo decidimos, planeamos y compramos un boleto de sólo ida de Milán a Sao Paulo, en Brasil. No fue tan fácil para mí decírselo a mis padres. Ellos son del sur de Italia, muy conservadores y tradicionalistas, me quieren mucho y les gustaría poderme ver así como ven a muchas chicas de 27 años en Italia, ya casadas o con proyectos de casarse, siendo pololas desde tiempo con buenos chicos, o tal vez también ya con hijos (¡la verdad es que quieren volverse abuelos!). Tuvieron que verme partir ya muchas veces y fue siempre por trabajo antes, nunca así sólo para viajar, para conocer, algo que ellos no pudieron entender y no sé todavía si lo entenderán.

Si pienso ahora en todo lo que hicimos estoy muy orgullosa de nosotras, porqué pudimos volver un sueño en realidad: partir, conocer mucha gente buena, ver lugares espectaculares y hacerlo de manera diferente, contándolo con palabras e imágenes, con el blog Turuta40.com y los videos en youtube y eso quiere decir mucho: es muy importante en la vida, nunca dejar los sueños a un lado y esconderlos, se tienen que revisar, que descubrirlos, que ponerlos al aire libre y empezar a cumplirlos.

Comentarios del artículo: ¡La vida es viajar en Sudamérica! (II) - Publicado: a las 5:47 pm

Etiquetas: , , » Publicado: 01/04/2016

¿La vida es sueño? ¡La vida es viaje (en Sudamérica)!

Uno vuelve a casa lleno de imágenes y de sueños cumplidos, y se da cuenta que soñar es fácil pero, al final, también vivir una vida que no se destaque demasiado de la que se sueña. Entonces… ¿Por qué darse fechas y limites? ¿Por qué no perseguir lo que nos hace felices? ¿Por qué decir que la vida tiene que ser sólo de una manera cuando hay miles de posibilidades y sólo esperan afuera a que se las descubra?

Antes de partir, hace cuatro meses, no podíamos imaginarnos todo lo que íbamos a vivir desde ahí en adelante, sólo viajando. Siempre nos ha gustado a ambas, de maneras distintas, la idea de partir, de ir a conocer, de satisfacer esa antigua, primitiva curiosidad, esa fuerte sed de conciencia del mundo. Son cuatro meses que viajamos juntas, que recorremos este gigante continente sureño y latino, que se parece y distingue de muchas maneras a nuestra pequeña y querida Italia.

Mi nombre es Katia y por los que suelen leer La Nación podría ser que se acuerden de mí como la italiana a la que le robaron acá en Santiago. Creo que hay mucho más que decir sobre nuestro viaje que reducirlo a la peor cosa que nos ha pasado, y agradezco mucho a la redacción por la oportunidad de poder escribirlo ¡en primera persona! Hoy les voy a presentar también a mi compañera de aventuras y de este viaje maravilloso a través de Sudamérica y más.

Uno vuelve a casa lleno de imágenes y de sueños cumplidos, y se da cuenta que soñar es fácil pero, al final, también vivir una vida que no se destaque demasiado de la que se sueña. Entonces… ¿Por qué darse fechas y limites? ¿Por qué no perseguir lo que nos hace felices?

Cecilia y yo nos conocimos hace tres años, de manera poco ortodoxa. Ella es de Milán, la capital de la moda mundial, y yo de un pueblito de la provincia de Bergamo, a 30 minutos de distancia de Milán. Fue trabajando por una de las compañías más importantes y entretenidas del planeta, en uno de los lugares en el que todos los niños del mundo han soñado estar una vez en la vida: World Disney World en Orlando, Florida, en Estados Unidos, país de sueños antiguos y modernos.

Cuando partí tenía 24 años, en un momento en que Europa, y sobre todo mi Italia, no se llevaban bien con la economía mundial, y para los jóvenes, irse parecía casi la única solución para asegurarse un futuro mejor, aprender idiomas e intentar la suerte en otro lado, como muchos de nuestros ancestros ya habían hecho. Mi propia mentalidad era muy diferente de la que tengo ahora: creía que esa podía ser mi única, última posibilidad, de vivir una experiencia similar al extranjero, de irme, de intentar, porque ya tenía 24 años y después hubieran seguido todas las otras cosas de la vida: un trabajo fijo, un hombre, hijos. Me equivocaba.

Entre lindísimas princesas de Disney, los queridos Mickey Mouse, Minnie y todo el cuento de hadas del parque -y también las reglas estrictas- nos conocimos Cecilia y yo, trabajando como representantes italianas en Epcot, uno de los cuatro parques de Disney, en el que se encuentran 11 partes dedicadas a 11 países del mundo, entre ellos, Italia. Nos volvimos amigas, de las que se aprecian mutuamente por el humor, el espíritu, la sonrisa y la cara de felicidad antes que todo. De esas amigas que se llevan bien pero no siempre salen juntas, que hacen partes de grupos de amigos distintos y que si alguien le hubiera dicho que se iban de viaje juntas a Sudamérica por 4 meses, les habría provocado gran risa.

Disney fue una locura, un verdadero sueño que se volvió realidad. Fue irse y conocer al mundo, abandonar los prejuicios y abrirse a la gente, dejar los miedos para empezar a vivir de verdad. Disney fue el principio de todo. En Milán, cuando hicimos las entrevistas con los manager de Disney, ellos nos dijeron que esa experiencia nos iba a cambiar la vida. Era toda la verdad.

Viví unos de los momentos más lindos de mi vida, conocí a personas que todavía no dejan de hacerme reír y a quienes quiero mucho. Después de tres años de estudio de español, al final pude practicarlo, me enamoré de un colombiano y bailamos salsa en todas las maneras posible. Claro que también me enamoré de Sudamérica y de los latinos (aunque el final con él no resultó todo tan lindo). Recorrí lugares mágicos al final del programa de Disney, viajando por 45 días en automóvil con cuatro amigos entre Estados Unidos, México y Canadá.

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Fue el “Road Trip” que todo el mundo sueña hacer una vez en la vida, recorriendo miles de kilómetros por las largas carreteras estadounidenses, admirando desde las ventanillas sus ricas y distintas bellezas paisajísticas: New Orleans, Texas, Gran Canyon, Monument Valley, Los Angeles, San Francisco, Chicago, Washington, Philadelphia, para llegar en la ciudad que nunca duerme, Nueva York. Y también, pasando por pueblos mexicanos de madera y paja, ciudades de piedra sumergidas por forestas de árboles verdes, ver un reino de antiguas civilizaciones precolombinas, lugares como Chichen Itza, o admirando las espectaculares cataratas canadienses del Niágara.

Uno vuelve a casa lleno de imágenes y de sueños cumplidos, y se da cuenta que soñar es fácil pero, al final, también vivir una vida que no se destaque demasiado de la que se sueña. Entonces… ¿Por qué darse fechas y limites? ¿Por qué no perseguir lo que nos hace felices? ¿Por qué decir que la vida tiene que ser sólo de una manera cuando hay miles de posibilidades y sólo esperan afuera a que se las descubra?

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Fue por darnos cuenta de todo eso que, después de las dudas iniciales, ambas decidimos de partir otra vez. En dos barcos distintos de la misma compañía, probamos la experiencia única y casi indescriptible de trabajar en un barco, un crucero alrededor del mundo. Otra aventura, otros personajes, otro mundo en frente.

Pero eso, eso da para seguir en otra columna. Si quieren saber más, lo que allí pasó y cómo terminamos en Chile, esperen la próxima semana con la continuación de mi relato.

Comentarios del artículo: ¿La vida es sueño? ¡La vida es viaje (en Sudamérica)! - Publicado: a las 11:30 am

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