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Carlos del Valle

Decano Facultad de Educación, Ciencias Sociales y Humanidades. Universidad de La Frontera, Temuco.

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 11/09/2015

El patriarcado político iconoclasta y el periodismo misógino

Dos registros antológicos expresados en la prensa de Chile y Argentina, sobre las Presidentas Bachelet y Fernández, son ejemplos de una estética periodística que usa la libertad de expresión como excusa para travestir la difamación impune y revela además la resistencia política observada en un mundo culturalmente patriarcal.

Aunque hoy uno de los deportes nacionales en Chile es criticar a la Presidenta, utilizando como trinchera la contingencia de las cifras a la baja de las encuestas y una más estructural misoginia delirante, me niego a entrar a esa cancha.

No es casual la presencia de las mujeres Presidentas en el conosur de América Latina, que se instala como la zona más progresista del continente con tres mandatarias actualmente en ejercicio: Dilma Roussef, Cristina Fernández y Michelle Bachelet.

En América del Norte no hay precedentes y sólo en algunos estados de Estados Unidos hay mujeres en las altas esferas del poder. Este itinerario alternativo y alterativo comienza, precisamente, con la primera elección de Bachelet en el año 2005 para los periodos 2006-2010 y 2014 a la fecha. Continúa con los gobiernos de Cristina Fernández 2007-2011 y 2012 a la fecha, y sigue con la elección de Dilma Roussef 2011-2014 y 2015 a la fecha, primera mujer elegida Presidenta en Brasil. A estos nombres se suman otros dos en la región: Isabel Martínez de Perón (1974-1976), Presidenta de Argentina, y Lidia Gueiler Tejada (1979-1980), Presidenta interina de Bolivia.

Pero el escenario no es tan simple en este conosur patriarcal y aburguesado.

Obviamente en una columna de opinión como ésta no es posible entrar en todos los detalles que un tema de esta importancia implica, especialmente por sus desafíos, razón por la cual me centraré sólo en la resistencia política observada en un mundo culturalmente patriarcal, que pugna por seguir siendo así infinitamente (o lo que en política sea más próximo a eso).

Convencido que los males del mundo no provienen de la prensa ni están presentes inexorablemente en ella (en forma exclusiva, claro) y que, por cierto, hemos superado la tradición frankfurtiana demonizadora de los medios masivos; me permito presentar dos registros antológicos de la resistencia antedicha, expresada en la prensa de Chile y Argentina.

El primer registro consiste en una imagen de la Presidenta Bachelet desolada caminando agotada por los “pasillos de palacio”, con sus manos en la espalda, con el título de “Enfermos de poder”. Lo anterior, para ilustrar con la más pura hidalguía republicana que la Presidenta es víctima del consumo excesivo de algún ansiolítico o afín. De los mismos que psiquiatras recetan a diario en este país y se compran como palomitas de maíz en la previa del cine. Esto es, un caso promedio del país. No creo necesario exhibir cifras nacionales para redundar en este punto y demostrar que vivimos en un país medicalizado y medicamentalizado hasta la saciedad. Más bien me conformo con esta reflexión sobre el uso mórbido general que hace cierta prensa para patologizar la imagen política y demostrar el mito burgués que sigue: “una mujer en la política sólo es posible a fuerza de estimulantes”. Motivada esta prensa de manera inconfesable en el mítico Watergate, expresión con la cual suele bautizar hasta el hartazgo cualquier escándalo, desde el Piñeragate hasta el milicogate.

Lo que observamos es una señal clara de patología mediática y de una estética periodística que usa la libertad de expresión como excusa para travestir la difamación impune, esgrimiendo los empolvados libros de ética periodística y casuística internacional “primermundista”.

El segundo registro corresponde a una imagen de la presidenta Fernández hipererotizada, emulando a Tomb Raider (con video hot incluido) con el título “El Goce de Cristina”. Esta erotización caricaturizada de la Presidenta argentina representa otro mito burgués, a saber: “una mujer en política sólo obtiene logros si explota abundantemente su sexualidad reprimida”; porque este mito tiene un correlato intelectualizado de cantina: “la mujer vive sexualmente reprimida y busca sublimar su histeria en los caminos piadosos del hombre, como en la monacal vida política”.

Lo anterior podría estimular una risa pueril, pero todo discurso cómico encubre una verdad inconfesa. O bien podría parecernos demasiado “grave” escribir esta columna de opinión sobre un tema tan futil. O simplemente optar por felicitar el acierto del encuadre fotográfico, en un caso, o la creatividad, en el otro. Pero todos sabemos que lo que se oculta es más de fondo como para pasarlo por alto: “la política aburguesada y el periodismo plebeyo están dispuestos a suprimir el liderazgo de la mujer, con un aparente iconoclasticismo que oculta una misoginia militante, considerada necesaria para sostener el cada vez más frágil patriarcado”.

Comentarios del artículo: El patriarcado político iconoclasta y el periodismo misógino - Publicado: a las 8:00 am

Etiquetas: , , , , , , , , » Publicado: 25/08/2015

Reforma educacional: De expectativas frustradas, movilizaciones y violencia

Hoy nos encontramos sin reforma real, con más incertidumbres que nunca, y con violentas movilizaciones al interior de las universidades con el objetivo de destruir su frágil institucionalidad en nombre de la democracia. Así no se construye la Universidad, ya sea la actual, la aspiracional o la utópica.

La Reforma Educacional en Chile pasará a la historia como un excelente ejemplo de promesa diferida (Baudrillard). Esto es, una iniciativa que se sustenta y sostiene sólo por su incumplimiento, el mismo que va nutriendo, con retórica y estética, su existencia.

Me cuento entre quienes pensábamos, al calor de las primeras propuestas, que eran necesarias transformaciones estructurales importantes. Hoy nos preguntamos si lo que faltó, precisamente fue iniciar con decisión dichas transformaciones, porque las tibias y erráticas acciones implementadas terminaron diluyéndose al final entre las connaturales vacilaciones de los partidos políticos (consensos, cónclaves y “nuevos” partidos) y la rebeldía de las calles. Nada coherente puede salir de esta dialéctica puramente maniquea. Las calles son impías y los partidos son eternos moralistas del statu quo. ¿Qué podíamos esperar?

De ahí que hoy estemos como estamos. Sin reforma real (sólo algunos cambios cuyo impacto no se observa con claridad), con más incertidumbres que nunca (aunque vivimos un mundo de incertidumbres, las políticas públicas al menos deberían ser explícitas y con menos esquizofrenia que hasta ahora); sin un anhelado fortalecimiento estatal y público, sino más bien con violentas movilizaciones al interior de las universidades con el objetivo de destruir su frágil institucionalidad en nombre de la democracia.

En este convulso escenario, no sólo hemos visto cómo se aleja la reforma, sino también cómo se fragiliza la democracia. Porque cuando la democracia y la participación son fines en sí mismos y principios de las relaciones sociales, no pueden ser utilizados como argumentos y como medios para obligar a otros e imponer ideas. La frontera entre medios y fines es sutil, especialmente por las mediaciones políticas y del poder, de tal suerte que en sus espacios intersticiales suelen alzarse héroes y villanos, defensores y opositores, aunque normalmente son historias contingentes, en las cuales se imponen ciertas moralidades sobre el poder… y poco más.

Las recientes movilizaciones estudiantiles -que en la Universidad de La Frontera se extendieron unos 80 días, entre paros y tomas- dejan secuelas que debemos saber abordar como comunidad. Con un amplio petitorio estudiantil inicialmente acordado en la mesa de negociación, pero rechazado por la dirigencia estudiantil, para firmar 15 días después un acuerdo bastante menor en sus alcances; y con más de 100 millones de pesos en pérdidas por robos y daños durante las tomas.

Ahora bien, las recientes movilizaciones estudiantiles -que en la Universidad de La Frontera se extendieron unos 80 días, entre paros y tomas- dejan secuelas que debemos saber abordar como comunidad. Con un amplio petitorio estudiantil inicialmente acordado en la mesa de negociación, pero rechazado por la dirigencia estudiantil, para firmar 15 días después un acuerdo bastante menor en sus alcances; y con más de 100 millones de pesos en pérdidas por robos y daños durante las tomas.

Es necesario reflexionar con urgencia sobre la violencia en todas sus formas y niveles, porque en las circunstancias vividas se corre el riesgo de caer en una profunda indolencia hacia los hechos violentos, lo cual amenaza gravemente la vida universitaria. Muchos de esos hechos (agresiones físicas y verbales, robos y daños) son absolutamente inaceptables -aunque habrá quienes los justifiquen (el “oprimido” hace uso legítimo del recurso de la violencia contra el “opresor”)- y contravienen los principios de la razón y el diálogo. Así no se construye la Universidad, ya sea la actual, la aspiracional o la utópica.

Por otra parte, las negociaciones y Asambleas nos dejan una lección, a saber, la universidad no sólo debe “producir consensos”, sino también debe salvaguardar la libertad de conciencia, como lo hizo en otras épocas frente a los “consensos” de diferentes ideologías (religiosa, política, económica, etc.). En este sentido, las Asambleas sólo “producen acuerdos” de minorías que luego se imponen como consensos vinculantes. No creo en esos consensos ni en su carácter vinculante.

“La invocación del consenso como autoridad trascendente a los individuos, preconizada por las teorías contemporáneas de la justicia de Rawls y de Habermas, no es una excepción a la regla. En lugar de ver ahí una solución, se debe aceptar y reconocer que las teorías contractualistas y consensualistas han producido los obstáculos ético-políticos a los que pretenden escapar.” (Poulain, Jacques, 2012: 189 y 190. Universidad de París 8, Francia)

En mi opinión, nada ni nadie puede estar por sobre la conciencia individual. Ningún grupo, ideología o institución puede estar por sobre los individuos. Una cosa es aceptar las decisiones de la mayoría y otra muy distinta es aceptar sin más una imposición procesal de las ideas. De lo contrario, no lograremos advertir que sólo se nos lleva desde un sistema que se critica a otro sistema que jamás hemos discutido y que se trata de imponer con la fuerza. Porque la democracia sólo se justifica si asegura las libertades.

Comentarios del artículo: Reforma educacional: De expectativas frustradas, movilizaciones y violencia - Publicado: a las 7:00 am

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 07/04/2015

TV en Chile: El dilema de construir audiencias o relaciones sociales

En el Chile de los consensos y concertaciones, con una televisión altamente empresarizada y con nuestro mayor referente de la “TV pública” en permanente riesgo de caer en la más absoluta irrelevancia, el decano de la Facultad de Educación, Ciencias Sociales y Humanidades de la UFRO reflexiona sobre la transformación del sector de los medios de comunicación.

La TV en Chile se caracteriza principalmente por formar parte de una estructura de medios rígida y altamente concentrada en su propiedad y contenidos. Por lo mismo, es una televisión con una estructura altamente empresarizada. Razón por la cual es extraño que no se haga referencia explícita a Chile en la reciente demanda de la Sociedad Interamericana de la Prensa, SIP, a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH.

Si revisamos los últimos años, no observamos políticas públicas relevantes en el área de las comunicaciones por parte del Estado. Más bien son políticas orientadas al relevamiento de datos para la comprensión de la industria en su conjunto. En este sentido, el fondo para investigación del pluralismo de Conicyt, aunque es una excelente iniciativa sólo ha sido útil para recoger evidencias sobre la consabida falta de pluralismo informativo, sin generar propuestas. La pretendida pero malograda ley de medios es una buena señal política, pero hasta ahora sólo eso. Una señal…

Ahora bien, en este contexto, ¿qué rol juega nuestro mayor referente de la “TV pública”? Ninguno. TVN sólo sigue la lógica del mercado. Su modelo de TV es el comercial, por lo tanto centrado en la mercantilización de la audiencia para su transacción en el mercado de la publicidad. En lo tecnológico, sus avances se sustentan sólo en la competitividad, en agregar tecnología para un mejor servicio al cliente y no en la mejora de la relación social con su público; por lo tanto, en lo comunicacional sólo se observan políticas de segmentación de la audiencia, con programas cada vez más “espectaculares” y menos relevantes.

Si entendemos lo comunicacional como relaciones sociales y no puramente económicas, TVN está en un permanente riesgo de caer en la más absoluta irrelevancia, en medio de una constelación de canales eminentemente comerciales junto a la amplia parrilla programática de la TV por cable e internet. ¿Su mayor error? No construir socialmente públicos activos con los cuales interactuar, sino simplemente seguir el modelo de mercado orientado a la producción de audiencias para vender al mercado publicitario. En otras palabras, vende a su público en tanto audiencia… y éste actuará del mismo modo, castigando al canal con bajas audiencias, como ya lo hemos visto y seguiremos viendo.

A esta altura del artículo, es necesario precisar que en Chile no existen “medios de comunicación públicos y estatales” -como tampoco existen universidades públicas y estatales. El actual escenario debemos entenderlo, entonces, desde un modelo posneoliberal, porque la ideología y acción capitalista se expresa en una ideología de la empresarización, esto es, presente en todos los ámbitos de las relaciones sociales, con la concurrencia del Estado.

Por lo tanto, la primera lucha del Estado en Chile es contra sí mismo, contra su propia empresarización. La “televisión pública y estatal” es un ejemplo más de la esquizofrenia del modelo. Lo público está en un Chile empresarizado, lo que significa que sólo es posible si sobrevive a las reglas del mercado. En el caso de la TV esto significa que si se financia a través de la publicidad continúa.

No hay públicos, sino sólo audiencias que tuitean y retuitean noticias, o colman los medios en línea de comentarios tan superficiales como inútiles. Primero necesitamos recomponer las relaciones sociales que están rotas. Luego pensar los actores sociales.

Pero, ¿cuál es el desafío? En Chile no es posible pensar una transformación real de la actual estructura de los medios sin una ruptura entre el Estado y los medios que controlan el sector. La ley es un paso importante, pero insuficiente; porque el dilema siempre es desde dónde construimos y potenciamos la relación social, desde dónde logramos fortalecer la ciudadanía y la participación, como lo demuestra el caso argentino. Desde el mercado no es posible, porque su tendencia a reducir todo a una mercancía sólo ha producido audiencias para el mercado de la publicidad donde tendríamos que fomentar relaciones sociales; por lo tanto es el Estado quien debe asumir un rol activo que permita transitar hacia una comunicación social y pública, aunque la SIP denuncie ante la CIDH.

La ley se centra en lo procedimental, es decir, en establecer los mecanismos de concesión de señales, las formas de control de los contenidos de los programas transmitidos, etc. Una cosa es pensar que la ley regulará el sector y otra muy diferente es pensar que la ley logrará cambios en las relaciones sociales y de poder. La ley puede ser empleada para diversificar o para concentrar aún más. Como sabemos que las sanciones en Chile no son posibles (“hecha la ley, hecha la trampa”), tendremos una ley que intentará regular y una industria poderosa que intentará actuar con impunidad. El problema es el mismo. En el Chile de los consensos y concertaciones no es posible seguir eludiendo la confrontación del Estado con los grandes medios. El primer tramo del itinerario para las transformaciones del sector sólo tiene un camino. Y no es precisamente el de una ley. El resto del trayecto tiene varios caminos. A veces pienso que en el sector de los medios de comunicación el modelo a aplicar ha de ser similar al de la reforma agraria, basado en la expropiación del control abusivo de la propiedad y su redistribución. No veo otras alternativas.

En este contexto, la incorporación de nuevos actores no es parte del modelo de innovación en ningún sentido relevante. Recordemos que no hay públicos, sino sólo audiencias. Las audiencias no son actores sociales, sino económicos. En este sentido, las audiencias tampoco son capaces de construir relatos sociales. Sólo tuitean y retuitean noticias. O colman los medios en línea de comentarios tan superficiales como inútiles. Primero necesitamos recomponer las relaciones sociales que están rotas. Luego pensar los actores sociales. O más bien que se piensen a sí mismos como tales y no como meros voceros escondidos en el anonimato impune de las interminables listas de comentarios.

Comentarios del artículo: TV en Chile: El dilema de construir audiencias o relaciones sociales - Publicado: a las 8:52 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 09/03/2015

Por qué no hay justicia en La Araucanía

La sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos del 17 de mayo de 2014, a favor de un grupo de dirigentes y activistas del pueblo mapuche, en contra del Estado de Chile, constituye un hito histórico, y pone de relieve tanto la discriminación étnica en los tribunales de la región como la prisión ideológica de las palabras que sentencian en La Araucanía.

Después de años de estudio de juicios y especialmente sentencias en los tribunales de la región de La Araucanía, sumado desde luego a la discusiones teóricas correspondientes, me asisten dos convicciones: la imposibilidad ontológica y epistémica de la justicia, y que la tan necesaria como reclamada independencia institucional y formal de los tribunales es menor que la evidente dependencia de las ideologías de las palabras en las sentencias. La tragedia en los tribunales es doble: su exceso de regulación desde el derecho nunca producirá más justicia y su prisión ideológica permanente mediante las palabras que sentencian y devienen en estereotipos, prejuicios y discriminación.

En este sentido, la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos del 17 de mayo de 2014, a favor de un grupo de dirigentes y activistas del pueblo mapuche, en contra del Estado de Chile (contra el cual se falla por violación a los derechos de los imputados), constituye un hito histórico, al menos en los siguientes sentidos: se reconoce  el estatus de los estudios y análisis del discurso (en este caso, de las palabras que son sentencias y devienen estereotipos, prejuicios y discriminación) como pruebas válidas, al menos, por ahora, en los tribunales internacionales; valora el rol del análisis de las discursividades como una forma productiva de crítica social con resultados concretos frente a la supuesta “improductividad” de este tipo de análisis; considera la naturaleza compleja de la discriminación, especialmente desde el lenguaje; supera la comprensión aséptica de los tribunales -dedicados sólo a la inobjetable gestión y administración de la justicia-, porque los reconoce como productores de decisiones que reproducen las ideologías propias del contexto sociocultural y político al cual pertenecen sus productores (jueces); y permite romper con un tipo de estrategia histórica y hegemónica desde los tribunales, basada en el uso de la diferencia como una forma de exclusión discriminatoria.

En síntesis, este peritaje muestra tres estrategias empleadas por los tribunales: el uso de expresiones propias de los medios de comunicación, con fuertes cargas valorativas, tanto políticas como morales; la reproducción de estereotipos y prejuicios sociales y culturales sobre las comunidades mapuche, siempre desfavorables a ellas; y la abierta vulneración de derechos mediante el uso de razonamientos discriminatorios.

En la sentencia se considera este peritaje como base de la “Alegada utilización de estereotipos y prejuicios sociales en las sentencias penales internas” (p. 77); destacando en este caso particular que: “[se] hizo un análisis del ‘discurso jurídico-judicial’ con el fin de determinar la eventual ‘existencia de estereotipos, prejuicios y discriminación en las sentencias penales’ de las presuntas víctimas de este caso. Al respecto, [se] concluyó que las sentencias ‘utilizan expresiones discursivas cuya carga valorativa, moral y/o política, denota la aceptación y reproducción de estereotipos que incluyen fuertes prejuicios sociales y culturales contra las comunidades mapuche y elementos valorativos en pro de la parte acusadora’. [se] indicó que ‘una parte importante de la argumentación jurídica’ de dichas decisiones judiciales se desprende de ‘estereotipos y prejuicios que recaen nocivamente sobre estas comunidades, […] sin que se desprenda de hechos probados en el proceso’. Además, [se] sostuvo que ‘en diversos extractos de las sentencias [… se] usa[n] argumentos discriminatorios hacia las comunidades mapuche’ y que ‘en diversas ocasiones se sustentan decisiones jurídicas perjudiciales para miembros o dirigentes mapuche en cadenas de razonamientos que se sustentan, a su vez, en expresiones discriminatorias, estereotipos o prejuicios preconcebidos, en relación al caso examinado’. [Se] analizó distintos extractos de las sentencias internas que [se] considera ‘dejan en evidencia’ tal ‘asimilación de estereotipos y prejuicios y el empleo recurrente de razonamientos discriminatorios’ por parte de los tribunales internos”. (p. 78)

En consecuencia, con estos y otros argumentos, la Corte declaró por unanimidad que “El Estado violó el principio de igualdad y no discriminación y el derecho a la igual protección de la ley, consagrados en el artículo 24 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos”. (p. 151)

La gravedad del asunto es que la justicia (en tanto institución) no puede garantizar la justicia (como promesa y utopía) ni cualquier forma de verdad que no sea una tautología o tecnicismo; y, en consecuencia, lo único que debe garantizar, a saber el trato igualitario y no discriminatorio ante la ley, no lo hace. Por lo tanto, no queda más que infraestructura y burocracia.

Producir una sentencia nunca ha sido ni podrá ser un acto fuera de las condiciones ideológicas de la palabra y el sentido que desde ellas queremos otorgar a la realidad social y cultural en la cual y desde la cual se actúa. La realidad jurídico-judicial no es menos ideologizada que cualquier otro tipo de realidad construida socialmente. Por esta razón, el principal argumento es el derecho mismo (del tipo: “la ley lo establece así”, “es el Estado de derecho”, etc.), pero como éste ha sido social y políticamente construido en algún momento histórico (prueba de ello es su particularidad y modificaciones constantes según los distintos contextos) no es más que la conformación de una prisión desde el lenguaje, lo cual queda de manifiesto por el cada vez mayor descreimiento en el cual se encuentra la justicia en la sociedad; y la justicia no es más ni menos que la promesa, la utopía del “Estado de derecho”, siempre pretendido y nunca logrado. Por lo mismo, la sociedad, a través del sentido común, muy lógico por lo demás, considera que no siempre a más derechos y leyes hay más justicia, sino que al contrario, parece haber menos justicia. En este escenario, los tribunales se especializan en producir juicios desde el derecho, pero no justicia. Nunca ha sido así.

Comentarios del artículo: Por qué no hay justicia en La Araucanía - Publicado: a las 9:11 am

La Nación

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