Etiquetas: 1988, no, plebiscito » Publicado: 05/10/2012
Sin la lucidez y el talento de la estrategia política del “NO”, la victoria no habría llegado; y sin la imaginación excepcional de los intelectuales y creadores las condiciones para doblarle la mano al inmenso aparato de poder dictatorial, tampoco hubieran existido.
Ganarle a la dictadura “con un lápiz” fue, en rigor, una proeza de las fuerzas democráticas y del pueblo de Chile. Un desenlace muy difícil de creer antes que así ocurriera; es decir, se dio aquella situación imprevista de que un dictador organizara un plebiscito para perderlo. Muchos pensaron que era imposible. Incluso muchas figuras de peso global así lo creían.
En la política, fue un acuerdo amplio y decisivo, entre las fuerzas de centro y de izquierda; que fue capaz de proyectarse al ámbito organizacional, instalándose en el país una estructura de control de la votación que impidió que se materializara un fraude, que hubiera dado el triunfo a Pinochet. Asimismo, el imán que se generó desde una amplísima unidad de la oposición, en lo social fue absoluto y en lo político casi total, se creó un polo de atracción con una fuerza formidable, capaz de agrupar a los mejores intelectuales y creadores del país, a las personalidades de la cultura y del arte con una potencia apabullante que hizo un uso formidable del tímido espacio televisivo de la franja del NO.
Casi un cuarto de siglo después, no hay que cansarse de insistir en que, el desenlace a favor de la restauración democrática, el 5 de octubre de 1988, en una situación institucionalmente tan desfavorable, fue lo que efectivamente merece el nombre de hecho histórico, que abrió una nueva etapa en Chile…
A propósito de la reciente película sobre el “NO”, se ha tratado de buscar diferencias en el grado de la contribución hecha desde la política o de los creadores de la franja. En mi opinión, tales ejercicios son innecesarios. Si no hubiera existido la unidad política que se dio en tal jornada no se habría reunido la fuerza intelectual que dio vida al concepto de “la alegría ya viene”, así como, sin el aporte esencial de esa capacidad creadora tampoco el entendimiento político hubiese alcanzado la profundidad de la convocatoria nacional que cobró vida en el país, con un alcance insospechado e imparable.
Fueron ambos factores insustituibles. Sin la lucidez y el talento de la estrategia política del “NO”, la victoria no habría llegado; y sin la imaginación excepcional de los intelectuales y creadores las condiciones para doblarle la mano al inmenso aparato de poder dictatorial, tampoco hubieran existido.
Chile enfrenta un nuevo desafío: reducir y superar la desigualdad que separa socialmente el país que, inevitablemente, afecta su convivencia interna, proyectando una indeseable sombra sobre el futuro de la nación chilena, constituyéndose como una severa encrucijada que el sistema político deberá ser capaz de abordar, sin eludirla, ya que postergarla indefinidamente no hará más que agravar la situación. Ante ello, hacer revivir el espíritu y la voluntad del “NO” en una amplísima convergencia de fuerzas que configuren un nuevo Pacto Social por un Chile más justo, es una tarea esencial para alcanzar las reformas institucionales que cristalicen en un Estado Protector de la dignidad de las familias chilenas. Esperamos, en consecuencia, que renazca el “NO” en este nuevo reto que vive la comunidad chilena.
Casi un cuarto de siglo después, no hay que cansarse de insistir en que, el desenlace a favor de la restauración democrática, el 5 de octubre de 1988, en una situación institucionalmente tan desfavorable, fue lo que efectivamente merece el nombre de hecho histórico, que abrió una nueva etapa en Chile, esta tierra que tanto amamos, de reencuentro, ejercicio de las libertades y progresos de las mayorías postergadas. Sin tales avances la convivencia de nuestra comunidad nacional habría caído en una senda de deterioro, polarización y paulatina confrontación. Ha sido el reconocimiento de los derechos de todas y todos lo que abrió el camino hacia la renovación, fortalecimiento y revitalización de la nación chilena.
Etiquetas: 1988, no, plebiscito » Publicado: a las 12:50 pm
Presidente del Senado
Etiquetas: concertacion, derecha, gobierno, politica » Publicado: 01/10/2012
La Carta Pastoral de los obispos es un estímulo valioso y alentador hacia esa amplia confluencia de fuerzas y sectores apuntando hacia un acuerdo nacional por la superación de la desigualdad en Chile.
La Carta Pastoral, entregada el 27 del presente, por la Conferencia Episcopal de Chile, es una mirada a la situación del país que no puede desatenderse.
¿Por qué razón? Porque de la carta de los obispos se desprende claramente la urgencia de avanzar hacia una Agenda de reformas de la vida del país que sean capaces de abordar “el lucro desmesurado” y la desigualdad que debilita la paz social.
La Carta Pastoral sugiere con su solo título una orientación a largo plazo: “Humanizar y compartir con equidad el desarrollo de Chile”. Esta es una carta de navegación que requiere no sólo la definición de las políticas públicas que se hagan cargo de ese desafío-país, sino que necesitan la modificación del texto constitucional que impone un mercado desregulado y un Estado subsidiario; tales modificaciones deben impulsarse con vistas a la materialización de reformas institucionales que vayan instalando un Estado social y democrático de derechos en Chile.
La Carta Pastoral de los Obispos apunta al corazón de las transformaciones que son demandadas para un futuro en armonía y no con una confrontación estéril en el país.
Ante el “lucro desmesurado” debiese configurarse la unidad social y política necesaria para reponer una acción política con auténtico sentido histórico para asegurar la estabilidad futura de la nación chilena.
No obstante, lo hace con la sagacidad de situarse por encima de la contingencia partidista propia de un periodo electoral; con ello sus conclusiones hacen aun más inequívoca su convocatoria fundamental: un criterio de buen gobierno para el Chile del próximo periodo aconseja acometer rectificaciones de fondo en el modelo de desarrollo cuya centralidad desmesurada es el mercado. En mi opinión, construir la mayoría nacional para asumir esa tarea debiera ser el propósito central del bloque de oposición.
No se trata de retornar a la discusión política de los años previos al Plebiscito de 1988, en torno a la legitimidad de la Constitución como el tema fundamental y la supuesta línea divisoria entre la política correcta y la incorrecta. La historia ya zanjó ese debate. Hemos avanzado por un camino de sucesivos cambios democráticos institucionales, conformando paso a paso las inescapables mayorías requeridas a dicho objetivo. De lo contrario, el triunfo del NO nunca hubiese ocurrido.
Nuevamente se trata de avanzar gradualmente, de manera de alcanzar las reformas constitucionales que permitan un nuevo marco institucional que haga posible rectificar la estrategia de desarrollo del país, en un esfuerzo que por su envergadura, configurar un Estado protector y regulador, se puede proyectar por toda la primera parte del siglo XXI. Intentar rutas aceleradas puede ser simplemente un escapismo ante la magnitud de la tarea planteada.
Insisto en ello, ya que la encrucijada que enfrenta Chile no tiene ante sí una sola alternativa y un único interlocutor, esto no es así.
Además, está la derecha de la que algunos de forma voluntarista se olvidan, que para comenzar el debate hay que recordar que está en el gobierno, cuyo potente aparato mediático nadie osa desconocer y que ocupa un lugar decisivo en el actual escenario.
En efecto, la derecha es el soporte de las fuerzas libremercadistas que pretenden acentuar la centralidad del mercado y debilitar aun más el Estado, pues desde su punto de vista, este último, el Estado no debe “interferir” afectando el despliegue de la potencia de las fuerzas económicas con entorpecimientos “burocráticos”.
El uso que hacen de las políticas de Salud así lo confirma claramente, ya que utilizan los recursos públicos para potenciar el sector privado ¿Cómo? Subejecutan el Presupuesto (así fue el 2011 y así es otra vez el 2012) y traspasan pacientes a las Isapres que nunca habían obtenido las elevadas rentabilidades que tienen, según la propia Superintendencia de Salud.
La derecha, ante cualquier espacio que se produzca, sobre todo si la oposición se desvía hacia debates fuera de la Agenda, promoverá y provocará nuevas reformas ultra liberales que profundicen las que implantó Pinochet y anulen las que logro materializar la Concertación. Su criterio esencial sigue siendo el “chorreo”, si hay excedentes fruto de los gigantescos niveles de acumulación de los conglomerados controladores del aparato económico, habrá como aliviar y enfriar la irritación social que se ha extendido por el país.
Con este enfoque, si la actual oposición carece de un Programa de transformaciones prácticas, definidas y materializables hacia un Estado Protector, de reformas económicas y sociales que regulen, redistribuyan y reorienten el esquemas de acumulación hacia los fines de una sociedad inclusiva y cohesionada, si ello no se realiza, y ese necesario Programa reformador se reemplaza por consignas voluntaristas se arriesga una frustración social y política de largo alcance, ante la ausencia de una carta de navegación eficiente que impulse y dinamice un gobierno reformador del país desigual de hoy.
Ante el “lucro desmesurado” debiese configurarse la unidad social y política necesaria para reponer una acción política con auténtico sentido histórico para asegurar la estabilidad futura de la nación chilena.
En todo caso, la Carta Pastoral de los obispos es un estímulo valioso y alentador hacia esa amplia confluencia de fuerzas y sectores apuntando hacia un acuerdo nacional por la superación de la desigualdad en Chile.
Etiquetas: concertacion, derecha, gobierno, politica » Publicado: a las 12:28 pm
Presidente del Senado
Etiquetas: argentina, chile, cooperación » Publicado: 28/09/2012
Se recordó en este encuentro que ambas naciones pudieron caer en la confrontación fratricida hace ya casi 34 años, cuando no había democracia en nuestra tierra; sin embargo, tal designio parece ya una situación de un pasado tan remoto que no empaña los avances obtenidos en los últimos años. Con la llegada de la democracia se consolidó la paz.
En Puerto Varas ha tenido lugar, los días 26 y 27 del presente, un nuevo encuentro binacional de autoridades de Chile y Argentina, de las regiones vecinas correspondientes a las provincias que cubren desde Concepción hasta Palena, aproximadamente, con el objetivo de fortalecer y dinamizar la integración y las relaciones de confianza mutua entre los gobiernos regionales, los diferentes servicios públicos y las entidades pertenecientes ala Armada, Carabineros e Investigaciones y sus respectivos pares de la nación hermana.
Se trata de un proceso que refleja una nueva etapa en la perspectiva común de nuestros países. Esta es una interdependencia inesquivable para la política exterior de Argentina y Chile. En la globalización, el dinamismo de las relaciones internacionales ha adquirido un vigor sin precedentes; no obstante, el interés común entre ambos vecinos no sólo no se debilita sino que se ha hecho más necesario e insustituible.
En lo personal, tengo la convicción que nuestra política de Estado, aquella que atraviesa con su perdurabilidad en el tiempo a los gobiernos de turno, comienza con el entendimiento esencial entre Chile y Argentina. Nunca dejaremos de ser vecinos y no dejaremos, en consecuencia, de estar interconectados. Bloques mundiales que parecían inamovibles han desaparecido. A pesar de ello, perdura la necesidad de entendimiento entre Chile y Argentina. De manera que debiésemos ser capaces de hacer un lado los obstáculos que retrasan o entorpecen una misión común de ambas naciones para actuar de conjunto en el escenario global y de resolver, adecuadamente, con efecto de beneficio recíproco las controversias que pueden surgir en el camino.
Las dificultades, obviamente, no desaparecen ni desaparecerán en el curso de las próximas décadas, son propias del desarrollo. Es por ello que debemos estar siempre preparados para resolverlas con espíritu constructivo y mirando el interés común.
Se recordó en este encuentro que ambas naciones pudieron caer en la confrontación fratricida hace ya casi 34 años, cuando no había democracia en nuestra tierra; sin embargo, tal designio parece ya una situación de un pasado tan remoto que no empaña los avances obtenidos en los últimos años. Con la llegada de la democracia se consolidó la paz. Por ello, debemos robustecer las tendencias positivas que se han hecho preeminentes. Mientras más afirmemos esta senda de colaboración, más robusta será la paz y el entendimiento entre nuestras naciones hermanas.
Etiquetas: argentina, chile, cooperación » Publicado: a las 2:02 pm
Presidente del Senado
Etiquetas: concertacion, gobierno, politica, ps » Publicado: 24/09/2012
Se trata de un desafío ético ineludible. No jugar con las expectativas ciudadanas y re dignificar la política, ahora.
Una aparente coincidencia de opiniones ha rodeado las palabras del arzobispo de Santiago monseñor Ricardo Ezzati, en el Te-Deum ecuménico del 18 de Septiembre, en el sentido que el país vive una “crisis de confianza”; sin embargo, es lógico que haya distintas miradas y contenidos en torno al tema.
En mi opinión, en el país hay una fuerte irritación con los niveles de desigualdad que registra la sociedad chilena. Hay también una clara distancia respecto del sistema de Partidos políticos; hay cansancio, además, ante la ausencia de propuestas frente al largo plazo y una creciente fatiga ciudadana ante el persistente empeño de la autoridad gobernante de auto ensalzarse y dar por hechas promesas incumplidas.
Existe un divorcio entre lo que se dice y lo que se hace, que arrastra por su volumen y profundidad al conjunto del sistema político, pero cuyo centro de gravedad radica en la autoridad que promete y no cumple.
En efecto, en el tema de la seguridad ciudadana la autoridad aseguró: “se acabó la fiesta” y luego sucumbió con un lastimero: “tal vez nunca vamos a ganar la batalla contra la delincuencia”. Es decir, que de una propuesta exitista y arrogante se pasó a una posición enteramente derrotista.
Existe un divorcio entre lo que se dice y lo que se hace, que arrastra por su volumen y profundidad al conjunto del sistema político, pero cuyo centro de gravedad radica en la autoridad que promete y no cumple.
Del mismo modo, la soberbia encerrada en la frase “vamos a instalar la cultura de hacer las cosas bien”, fue desmentida en innumerables ocasiones: en las Fiestas Patrias por un “taco” automovilístico de proporciones nunca antes visto, por la aplicación de un Censo a la población lleno de reparos, por el uso distorsionado de las cifras sobre la pobreza, por un sistema de precios de los combustibles que no funcionó. En fin, muchos estropicios y nulas realizaciones.
El uso abusivo de promesas para ganar popularidad está agotado. No obstante, se insiste en él, lo que redunda en que aumenta la lejanía de los ciudadanos hacia el sistema político. Este dilema va mas allá de la disyuntiva electoral entre gobierno y oposición. Por el bien del país, hay que revalorizar la palabra comprometida en la acción política.
Por el lado de las fuerzas opositoras también se produce una pérdida de confianza cuando parte de sus voceros reniegan de lo hecho durante 2 décadas en el gobierno. Ante la sociedad se proyecta un discurso carente de sustancia, en su esencia irreparablemente contradictorio que no logra fundamentar el amargo arrepentimiento de quienes lo formulan.
No es coherente ni cuenta con base sólida una conducta que después de cuatro o cinco períodos parlamentarios se vuelca hacia una retórica ultra radicalizada que más que posiciones firmes y sustentables muestra cierta angustia para empatizar con los liderazgos estudiantiles. Tal práctica sólo aumenta el descrédito en lugar de disminuirlo.
En definitiva, el país requiere que sus fuerzas políticas tengan coherencia, que no prometan lo que no pueden hacer, que no se empeñen en la búsqueda de popularidad a través de consignas rimbombantes que gritan mucho y dicen poco ,que la autoridad no se dedique a auto elogiarse.
Asimismo, para la conducción del gobierno se necesitan Programas de acción debidamente fundamentados, capaces de hacerse cargo del desarrollo futuro de Chile, tanto en lo referente a las políticas públicas como a las reformas institucionales para que la nación recupere la confianza en el régimen democrático.
Se trata de un desafío ético ineludible. No jugar con las expectativas ciudadanas y re dignificar la política, ahora.
Etiquetas: concertacion, gobierno, politica, ps » Publicado: a las 4:07 pm
Presidente del Senado
Etiquetas: asamblea, concertacion, constituyente, no, pc, ps » Publicado: 20/09/2012
Este no es sólo un tema de la contingencia. Se expresan en este dilema diferencias que se manifiestan desde la campaña del “No”, en 1988. En efecto, en esa lucha épica del pueblo chileno, los comunistas se restaron, pues dijeron hasta el cansancio que era “bailar la música del tirano”. Pensaban en una sublevación popular que no ocurrió.
Una vistosa arremetida ha lanzado el comunismo chileno en mi contra, desconociendo la lucha que llevamos adelante durante décadas por reformas constitucionales que avancen hacia una nueva Constitución en Chile. Me culpan, de manera gratuita, de no facilitar una “Asamblea Constituyente”, como si las cosas fueran tan simples y el destino de los países tan fácil.
La acusación comunista llega a lo absurdo. Se olvida que las fuerzas reaccionarias de ultraderecha son aquellas que han apostado a la solución extra-constitucional de las encrucijadas históricas vividas por nuestro país. Así fue el alzamiento contra el Presidente José Manuel Balmaceda, en 1891; lo fueron los cuartelazos contra Arturo Alessandri, en los años ’20 del siglo pasado, acusándolo de populismo; lo fue el llamado “ariostazo”, contra el Frente Popular, poco más de una década después; también lo fue el “Tacnazo” de Viaux contra el Presidente Frei Montalva, en 1969; así como la conspiración de ultraderecha que condujo al asesinato del Comandante en Jefe del Ejército, general René Schneider, en octubre de 1970, para impedir la asunción de Salvador Allende a la Presidencia; y lo fue, por supuesto, el golpe de Estado de 1973, contra el mismo Presidente Salvador Allende.
Me atrevo a citar a un líder comunista que nadie podría desconocer en su condición de tal, ni en su capacidad como gobernante, Deng Xiao Ping, con su terminante conclusión: “no importa el color del gato, lo importante es que cace ratones”. Mientras se dispersen las fuerzas populares en propuestas acerca de cómo es el gato, perderemos un tiempo político precioso y no se logrará que cace ratones.
Después, en los años ’90, también Pinochet hizo cuartelazos, como el “boinazo” y el “ejercicio de enlace”, pero ya en su etapa de decadencia definitiva.
Es decir, el quiebre institucional en Chile ha sido propiciado por las fuerzas ultraconservadoras contra el proceso de avance de las corrientes progresistas, independientemente de la diversidad de sus orígenes y propuestas.
Sostengo, en consecuencia, que desde la izquierda no se puede hacer lo mismo. Es decir, propiciar una línea de conducta que, como no tenemos la mayoría necesaria para reemplazar la actual institucionalidad con los votos necesarios en el Congreso Nacional, entonces se levanta la bandera de una “asamblea constituyente”. Una política de esa naturaleza no logrará la mayoría necesaria para sustentarse en nuestro país.
Las reformas constitucionales son necesarias y posibles. Fijar como política de izquierda que debe haber una “asamblea constituyente” para realizarlas significa que tales reformas difícilmente se alcanzarán o que, incluso, no se alcancen en ningún caso. Es decir, quienes se autotitulan o se consideran revolucionarios son los inmovilistas y conservadores. No importan los epítetos de “irresponsable” y “antidemocrático” que me asigna el señor Teillier; el diputado comunista, en entrevista pública, ha manifestado su convicción de que llegó “la hora” para “terminar con toda aquella institucionalidad que fue establecida bajo la dictadura”. Con ello, el líder comunista hace explícito un voluntarismo, un deseo muy arraigado, pero no una carta de navegación, es decir, una estrategia política coherente que oriente los pasos de las fuerzas progresistas en el próximo período y que permita resolver la encrucijada que bloquea el desarrollo nacional para las próximas décadas.
Esa bifurcación de los caminos se da entre quienes impulsamos reformas para resolver la desigualdad que asfixia la atmósfera y genera la crisis de desconfianza o el desencanto hacia el sistema político; y los que esperan, desde la derecha, que la disyuntiva se resuelva con un nuevo y más fuerte despliegue de la potencia del mercado. Es decir, en el seno de la sociedad chilena hay dos grandes impulsos: reformas democrático-institucionales hacia un Estado protector; o reformas neoliberales para otra etapa de auge del libremercadismo.
Me atrevo a citar a un líder comunista que nadie podría desconocer en su condición de tal, ni en su capacidad como gobernante, Deng Xiao Ping, con su terminante conclusión: “no importa el color del gato, lo importante es que cace ratones”. Mientras se dispersen las fuerzas populares en propuestas acerca de cómo es el gato, perderemos un tiempo político precioso y no se logrará que cace ratones. En otras palabras, si en un nuevo período de gobierno, después de Piñera, no avanzamos firmemente hacia un Estado protector capaz de limitar el descontrol, los abusos y la desregulación de la economía y no impedimos que se precipite un nuevo ciclo de libremercadismo, terminaremos con una sociedad desigual, polarizada y quebrantada, que afectará los cimientos mismos de la convivencia en el país. En tal circunstancia, no podremos eludir nuestra responsabilidad política por la impotencia con que habremos actuado en el curso de estos años.
En consecuencia, el cambio institucional que propiciamos hacia un Estado protector que supere las carencias del Estado subsidiario y enfrente el desafío de la desigualdad es una tarea que no se logra con una consigna o a través de un mero acto de voluntad, que conducen, irremediablemente, a alejarnos y separarnos de millones de personas cuyas propuestas y anhelos quedan a merced de lo que la derecha diga, haga u omita. Por algo la derecha le quiere colgar el tema de la “constituyente” al liderazgo de Bachelet. Su capacidad de manipular esta consigna resulta evidente. De allí lo importante de no facilitar la confusión entre las reformas constitucionales pendientes y esta idea de una “asamblea constituyente”. No son la misma cosa. Son caminos estratégicamente distintos.
Sin embargo, hay que anotar que este no es sólo un tema de la contingencia. Se expresan en este dilema diferencias que se manifiestan desde la campaña del “No”, en 1988. En efecto, en esa lucha épica del pueblo chileno, los comunistas se restaron, pues dijeron hasta el cansancio que era “bailar la música del tirano”. Pensaban en una sublevación popular que no ocurrió. Con su participación, el empuje del “No” habría sido mayor, dado la organicidad que se reconoce tiene ese partido. No lo hicieron. Al final de la campaña, llamaron a sumarse cuando las cartas ya estaban echadas. No fueron capaces de advertir el multitudinario movimiento social que surgió alrededor de la política del “No” y, sobre todo, de valorar la formidable fuerza unitaria que se generó en torno a la derrota de Pinochet en el plebiscito. Ahora, nuevamente, ante demandas multitudinarias, como una educación gratuita y de calidad, se confunden, pensando en una solución extra-institucional que no es lo mismo que las reformas constitucionales pendientes que avanzan, a largo plazo, hacia una nueva Constitución en nuestro país.
Esta idea de una “crisis institucional” de los comunistas no se corresponde con la estrategia de una “vía no armada” que llegó a compartir con Salvador Allende, de sucesivas reformas y transformaciones institucionales que significaran una “vía chilena” frente al modelo monopartidista que se vino abajo en 1989, en la entonces Unión Soviética y su área de influencia.
Los socialistas, en cambio, asumimos el camino de las reformas, que es una senda compleja, con avances y retrocesos, no escondemos nuestra política ni pretendemos disfrazarla de ser ultra-revolucionaria, cuando el objetivo que buscamos es crear una mayoría nacional que pueda sostener transformaciones de largo plazo hacia cambios democráticos profundos, que puedan levantar en nuestro país un Estado social y democrático de derechos que libere a la familia y a la sociedad chilena de la inseguridad y la incertidumbre que provocan el descontrol sin regulaciones de un libremercadismo a ultranza. La política socialista se sustenta en la confianza en las mayorías nacionales. Podría parecer que este camino no resulta ni tan épico ni tan heroico, pero es el camino que ha seguido la nación y el pueblo de Chile para tener democracia y libertad.
Etiquetas: asamblea, concertacion, constituyente, no, pc, ps » Publicado: a las 12:13 pm
Presidente del Senado
Etiquetas: 11, 1973, septiembre » Publicado: 11/09/2012
El punto inamovible sobre el cual se debe levantar y reposa la existencia de nosotros como sociedad y el futuro de la nación chilena debe ser el respeto irrestricto a la persona humana; sobre esa base, debemos fundamentar una democracia sólida y el reencuentro entre chilenos y chilenas.
Esta semana arribamos a un nuevo aniversario desde el quiebre institucional del 11 de septiembre del año 73, son 39 años, estamos prácticamente a cuatro décadas desde aquella situación que conmocionó profundamente a chilenos y chilenas, y que rompió y quebró nuestro sistema democrático, desplomándolo en mil pedazos.
Considero que esta semana debiese ser vivida por chilenos y chilenas como una semana del “nunca más”, vivida con un momento de reflexión en que todos afirmamos nuestra convicción democrática que no existe ninguna consideración ni de sistema económico, ni de régimen político ni creencia religiosa que pueda estar por encima del valor de la persona humana.
Debiésemos tener la firme convicción que nunca más podemos llevar la polarización política al extremo y que ello signifique el derrumbe de la democracia, desatándose una tragedia como la que vivió el país hace casi 40 años. Son muchas las tareas que tenemos como nación y las podemos enfrentar sobre la base de un sistema democrático y de un régimen político, en que la persona esté en el centro, y que por tanto toda la preocupación de la sociedad, del Estado, cultura y de las instituciones, esté concentrada en que el hombre sea capaz de ser hermano del hombre y no sea su adversario o enemigo.
Después que se desplomó la democracia, se inició una etapa de las más duras y violentas violaciones a los derechos humanos que hayan ocurrido en nuestra historia; el terrorismo de Estado se desató y en particular nuestro país vivió el drama de los detenidos desaparecidos.
Las secuelas y consecuencias de ello perduran hasta hoy y, en consecuencia, lo que las generaciones actuales debiesen reafirmar como un compromiso inalterable es que por encima de cualquier circunstancia, está la persona humana; si no actuamos de esa manera podemos fácilmente incurrir en los errores que vienen del pasado, porque siempre habrá un motivo para considerar que un credo religioso puede reclamar más verdad que el otro y esas son las semillas de la intolerancia; podría ocurrir que alguien fundamente que su idea económica tiene más valor que la de su interlocutor o que sus convicciones políticas son por cierto mejores que la de sus oponentes. En consecuencia, del punto de vista de la razón humana, todos estos temas son opinables y nadie puede pretender contar con la verdad absoluta.
El punto inamovible sobre el cual se debe levantar y reposa la existencia de nosotros como sociedad y el futuro de la nación chilena debe ser el respeto irrestricto a la persona humana; sobre esa base, debemos fundamentar una democracia sólida y el reencuentro entre chilenos y chilenas.
Por eso, debiésemos tener la firme convicción que nunca más podemos llevar la polarización política al extremo y que ello signifique el derrumbe de la democracia, desatándose una tragedia como la que vivió el país hace casi 40 años.
Son muchas las tareas que tenemos como nación y las podemos enfrentar sobre la base de un sistema democrático y de un régimen político, en que la persona esté en el centro, y que por tanto toda la preocupación de la sociedad, del Estado, cultura y de las instituciones, esté concentrada en que el hombre sea capaz de ser hermano del hombre y no sea su adversario o enemigo.
Ojalá que las lecciones del 11 de septiembre del 73 maduren en la conciencia de todos y todas, nosotros, chilenos y chilenas.
Etiquetas: 11, 1973, septiembre » Publicado: a las 3:47 pm
Presidente del Senado
Etiquetas: auge, contraloría, mañalich, salud » Publicado: 27/08/2012
En este caso se ha configurado un abuso de poder inaceptable. El Estado deja de ser protector y pasa a convertirse en un vulgar estafador. Así es, se informan al país cosas que no son. Se entrega comunicacionalmente una realidad que no es, o sea, se ejecuta un engaño, una estafa.
El informe de la Contraloría General de la República acerca de la eliminación por vía administrativa de los pacientes de las listas de espera AUGE, da cuenta de procedimientos altamente censurables que la autoridad no sólo no logra explicar sino que, además, se empeña en ocultar, con el reiterado método de atacar a los denunciantes y levantar una cortina de humo que esconda esta vergonzosa situación.
Pero no se puede tapar el sol con un dedo.
Estamos ante una burla a la fe pública que hubiese precipitado, en todo gobierno que asuma cabalmente sus obligaciones, el inmediato abandono de sus responsabilidades de todos aquellos funcionarios involucrados en el escándalo, incluida por cierto, la autoridad política del sector.
Por eso en Chile se habla del desprestigio de la política. Se puede realizar una enorme operación mediática para desvirtuar el cumplimiento de las mínimas responsabilidades de una autoridad sectorial y luego, ante el escándalo que se produce, al conocerse la dura realidad, por un informe de un tercero como es la Contraloría, simplemente denostar, ofender e insultar a quienes rechazan tales prácticas vergonzosas.
No puede ser de otra manera, ya que se comprometió directamente al propio Presidente de la República en el despliegue mediático y los bombásticos anuncios que proclamaban una solución espectacular, cuasi milagrosa, de una deficiencia arrastrada por el sistema de salud durante un largo período, que se lograba resolver como por encanto.
Hoy, chilenas y chilenos, saben que eso era un espejismo, una triste y penosa falsedad.
Lo que verdaderamente ocurría es que por decisión de un puñado de personas con la autoridad para hacerlo, estas nóminas se reducían sin que los pacientes hubiesen recibido la atención médica comprometida por ley. De esa forma, ¿quién no hace milagros?
En este caso se ha configurado un abuso de poder inaceptable. El Estado deja de ser protector y pasa a convertirse en un vulgar estafador. Así es, se informan al país cosas que no son. Se entrega comunicacionalmente una realidad que no es, o sea, se ejecuta un engaño, una estafa.
Resulta difícil observar que el Jefe de Estado deje obrar sin adoptar las sanciones correspondientes hacia los subordinados que, con tal conducta, ponen en duda su credibilidad.
Mientras tanto, los responsables actúan como si nada. Ni se arrugan. Defendiéndose desde el mismo Palacio de gobierno y azuzando a que ciertos parlamentarios digan que se pase a la Comisión de Ética a quienes cumplían con su deber de condenar públicamente estos hechos. Nuevamente la censura y el amedrentamiento para esconder la verdad.
Por eso en Chile se habla del desprestigio de la política. Se puede realizar una enorme operación mediática para desvirtuar el cumplimiento de las mínimas responsabilidades de una autoridad sectorial y luego, ante el escándalo que se produce, al conocerse la dura realidad, por un informe de un tercero como es la Contraloría, simplemente denostar, ofender e insultar a quienes rechazan tales prácticas vergonzosas.
Así, con ese estilo, bien fácil resulta para algunos hacer políticas públicas. Lo malo es que lo sufren millones de personas.
Etiquetas: auge, contraloría, mañalich, salud » Publicado: a las 5:44 pm
Presidente del Senado
Etiquetas: binominal, electoral, politica, sistema » Publicado: 16/08/2012
No cabe duda que el factor fundamental para desplomar este maquiavélico instrumento de sobrerrepresentacion electoral de la derecha, en particular, de la UDI, serán millones de chilenas y chilenos que vayan a votar, que se hagan presente y que anulen con su voluntad cívica la perversa situación que se ha generado en el ámbito institucional.
Son muchas las personas, especialmente jóvenes, que prefieren no ir a votar antes que hacerlo en el marco del actual sistema electoral binominal. Consideran que hacerlo legitima un instrumento espúreo, del cual deben mantenerse alejados o ante el que no se puede hacer nada. De este modo, se toma una actitud desde un estado de ánimo en que se mezcla rebeldía con desencanto. El efecto final es la no participación, una modalidad de abstención.
Los sostenedores del sistema binominal, gente de frío cálculo electoral, incluyen en sus deliberaciones la certeza que genera este efecto, saben que el rechazo al binominal provoca ese repudio en amplios sectores de votantes.
Como se ha dicho tantas veces, el binominal es un traje a la medida de concepciones autoritarias, pero ha sido eficaz en ese propósito y, lo peor es acentuar su capacidad perversa restándose de participar en las urnas.
Así lo esperan. Para ellos, mientras menos personas concurran a las urnas, mayor será el peso de sus designios mercantilistas y autoritarios. Resulta obvio que la movilización de sus adeptos, aquel “voto duro” que manejan repartiendo farándula, mezclada con paquetes de fideos o arroz, desatando promesas populistas sin escrúpulos y motivando sus círculos de fanáticos integristas, rendirá más dividendos, en la misma proporción que más escasos sean los participantes en las respectivas elecciones.
De forma que el “abstencionismo”, es decir, esta opción de no votar viene a ser una ayuda, involuntaria pero objetiva, a la perpetuación del binominal.
No cabe duda que el factor fundamental para desplomar este maquiavélico instrumento de sobrerrepresentacion electoral de la derecha, en particular, de la UDI, serán millones de chilenas y chilenos que vayan a votar, que se hagan presente y que anulen con su voluntad cívica la perversa situación que se ha generado en el ámbito institucional, en que la minoría del país, con un respaldo cercano al tercio del electorado se queda con la mitad de los electos al Congreso Nacional y adquiere poder de veto a través de dicha distorsión de la representación; en ese momento, la derecha consigue lo que busca, imponerse ilegítimamente en el curso del tramite legislativo.
Como se ha dicho tantas veces, el binominal es un traje a la medida de concepciones autoritarias, pero ha sido eficaz en ese propósito y, lo peor es acentuar su capacidad perversa restándose de participar en las urnas.
Hay que esperar nuevamente que la UDI movilice toda la fuerza de su presión política dentro del gobierno para asfixiar cualquier propósito de cambio del binominal y someter al partido Renovación Nacional a esa voluntad perpetuación. En consecuencia, no hay que evadirse del desafío, hay que ir a votar, esa decisión es el más poderoso abrelatas para terminar con esta deformación institucional que distorsiona completamente la realidad democrática de nuestro país.
Para que la derecha no siga imponiendo el veto de una sobrerrepresentacion enteramente injustificada, anacrónica y autoritaria.
Etiquetas: binominal, electoral, politica, sistema » Publicado: a las 12:50 pm
Presidente del Senado
Etiquetas: impuestos, reforma » Publicado: 08/05/2012
El problema de fondo es que no debiésemos caer en las distorsiones y costos que conlleva el extremismo ideológico. Nadie puede ignorar que Chile tiene una economía abierta, lo que ha posibilitado su inserción internacional y asegurado niveles de crecimiento que el esquema de “desarrollo hacia adentro” no producía.
Ha comenzado el intercambio de opiniones en relación con la propuesta de perfeccionamiento tributario presentada al Congreso Nacional por el actual Gobierno. En reunión sostenida por mi invitación entre parlamentarios de oposición y el señor ministro de Hacienda, Felipe Larraín, se expresaron los temas de fondo que preocupan a dichos parlamentarios y que se refiere a la ampliación de la brecha entre ricos y pobres, dado la rebaja del impuesto a las personas en el tramo del grupo de mayores ingresos; a la disminución del llamado impuesto de timbres y estampillas, que significa dejar sin ningún impuesto a las operaciones financieras, beneficiando a enormes conglomerados económicos; y al artículo que deja en “arancel cero”, es decir, sin arancel, el ingreso de importaciones al país.
Me detendré en este último artículo, dado que escuché intervenciones que “glorificaban” la idea señalada, como el máximo ideal del libre comercio, dando entre otros ejemplos, el caso de Hong Kong, la colonia inglesa hoy bajo soberanía China.
Hace poco estuvo en Chile el Jefe de Gobierno de dicho peculiar país, que no es parte de un Estado independiente. En el diálogo que sostuvimos, entre otros factores, señaló que su presupuesto no tiene gasto en Defensa, ya que está bajo la autoridad del Ejército de China. Es decir, la ex colonia inglesa, hoy territorio chino, es una plataforma de negocios del gigante asiático. Resulta evidente, en consecuencia, que su problema no es tener aranceles, sino que sus interlocutores en el mundo sean los que carezcan de ellos.
Dicho de otro modo, los chilenos, dando innumerables ejemplos, pretendemos ser muy versados en nuestros argumentos, pero, al final de cuentas, estamos pretendiendo de igualar economías que, por cierto, no son iguales.
El problema de fondo es que no debiésemos caer en las distorsiones y costos que conlleva el extremismo ideológico. Nadie puede ignorar que Chile tiene una economía abierta, lo que ha posibilitado su inserción internacional y asegurado niveles de crecimiento que el esquema de “desarrollo hacia adentro” no producía.
Sin embargo, una delgada franja de productores se resguarda en el bajo arancel que aún se aplica al ingreso de importaciones. Suprimir el arancel es eliminar un sector de la industria nacional que por su capacidad de generar empleo y el rol que juega hoy, sin lugar a dudas, que tiene una relevancia en el sistema productivo.
Cancelar las posibilidades de ese sector de industriales nacionales significa favorecer directamente a los consorcios que generan más volúmenes operacionales, pero menos empleo. Es decir, el resultado final sería que el Fisco tendría menos recursos y más cesantes; y como, además, el país se ha inundado de trabajo precario, sin que la autoridad haga nada al respecto y sólo festeje las cifras que esconden esa realidad, sería muchísimo mejor para el país que este artículo de la propuesta del Ejecutivo se suprimiera en el curso del debate legislativo.
Etiquetas: impuestos, reforma » Publicado: a las 4:02 pm
Serrano #14 Casilla 81-D Santiago
Teléfono: 562+787 01 00
Fax: 562+698 10 59
Director Responsable: Álvaro Medina J.
Representante Legal: Francisco Feres Nazarala
© Empresa Periodistica La Nación S.A. 2005 - 2011
Registro 136.898 - Se prohibe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.