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  • Camilo Escalona Medina

Camilo Escalona Medina

Vicepresidente Nacional de Partido Socialista. Ex Presidente del Senado

Etiquetas: , , , , , , , » Publicado: 27/04/2016

Aylwin, más que un adiós

Ahora dictan cátedra algunos que llegaron cuando la mesa estaba servida. Pero la historia valora a quienes se hacen cargo de sus dilemas, como el ex Presidente Aylwin, y no se detiene ante los que no hacen más que comentarla.

La masiva despedida que la ciudadanía dio al ex Presidente Patricio Aylwin adquirió un carácter especial. Fue más que un adiós. Se constituyó en uno de esos escasos momentos en que convergen los sentimientos individuales en una motivación colectiva, fue un reencuentro moral y espiritual que hace tiempo no vivía la sociedad chilena.

En esta ocasión, el país se unió en torno al reconocimiento del aporte excepcional que logró realizar este chileno eminente, en la gran tarea de reinstalar la democracia, de modo de dotar al país de un régimen político que le permitiera convivir en libertad y paz social, premisas fundamentales para garantizar el pleno respeto a la dignidad de la persona humana.

La gente ha valorado su mirada de Chile y de la política, como un compromiso ético y tarea de una superior responsabilidad personal. Si Aylwin logró dar certera conducción en tan complejo periodo histórico fue porque no se reducía ni a su propio partido, aunque él en lo individual fuera profundamente DC, y porque tampoco se limitaba a la coalición que lo respaldaba, aunque fue artífice en la construcción de la Concertación por la Democracia y luego su más tenaz defensor.

Aylwin era de verdad capaz de tener una apreciación de Chile como país y de lo que requería como nación. En ese momento tan dramático, pocas veces vividos en su historia, ante la dura realidad del quiebre social y la confrontación generada por el afán de perpetuación del régimen, la situación exigía unidad nacional para salir de esa peligrosa encrucijada. El reto era ver Chile “como uno solo”, tal como fuera su vibrante frase en el Estadio Nacional, en su ya célebre discurso del 12 de Marzo de 1990.

Chile, como uno solo, significaba integrar en la acción de Gobierno desde la libertad de los presos políticos, en su mayoría militantes comunistas, pero también socialistas y del MIR, apresados todos ellos por su lucha en la clandestinidad, fuese armada, caso del FPMR, o no armada, como los ingresos ilegales al país para romper el exilio, hasta un mensaje institucional hacia los militares que, en democracia, ya no serían un factor represor, pero que tenían al ex dictador, todavía, como Comandante en Jefe.

Una de las afirmaciones más injustas en su contra, es que consagró la impunidad. Ello descalifica a todos los que le apoyamos y por eso, hay que ser categóricos: sin la Comisión Rettig y su posterior y universalmente reconocido Informe Rettig, que consagró una verdad histórica incontrovertible sobre las graves y sistemáticas violaciones a los Derechos Humanos sufridas en dictadura, estando Pinochet aún en la Comandancia en Jefe, los pasos posteriores en verdad, justicia y reparación, sencillamente no habrían sido posibles.

También, parte decisiva de la tarea emprendida era asumir la derrota de la pobreza, que constituía un peso vergonzoso en las espaldas del país. Ese esfuerzo requería combinar una reforma tributaria que se pactó con parte de la oposición (el partido RN) y asegurar el crecimiento económico, con vistas a confirmar que las fuerzas políticas de la civilidad democrática aseguraban la gobernabilidad y la estabilidad institucional, sin represión y sin las crueles violaciones de los derechos humanos de la dictadura.

Aylwin fue un estadista, no gobernó con sectarismo para los suyos; por sonoros que fueran los aplausos dirigió su acción hacia la tarea nacional que su sentido ético le demandaba: reinstalar la democracia, darle fuerza, cuidarla luego de su larga ausencia, evitar una regresión que hubiese sido catastrófica. No pretendió forzar el proceso. En la medida que la estabilidad del país no estuviera asegurada, no se impuso tareas voluntaristas.

Ese era el desafío. Comprender al país como un todo fue su mérito como estadista, pero actuar como gobernante en esa lógica no tenía nada de fácil, y en una vía llena de obstáculos el ritmo de la gestión podía contradecir las urgencias; de modo especial, en el pago de la deuda social, pero en lo esencial, lo consiguió. Se demostró que era viable crecer y reducir la pobreza.

Para ello tuvo claridad que había una condición esencial, mantener y asegurar una mayoría nacional que lo respaldara. El país tenía que unirse nuevamente. Se apoyó en la Concertación que lo respaldó con una lealtad irrompible, pero no se limitó a sus fronteras. La derecha parapetada en el Senado abusó del poder que le daban los senadores designados y especula con que primó el consenso que ella quiso. No fue así. El Estado de Derecho se fue rehaciendo paso a paso.

Lo esencial es que Aylwin se apoyó en sus prerrogativas presidenciales y recuperó la institucionalidad republicana, incluso donde el escenario le era desfavorable. Su respeto al principio de legalidad fue fundamental. El poder tiene límites y se deben resguardar. De la autoridad no se debe abusar y desde esa condición no se puede hacer cualquier cosa. Hay que respetar para ser respetado.

Por eso, fue un estadista, no gobernó con sectarismo para los suyos; por sonoros que fueran los aplausos dirigió su acción hacia la tarea nacional que su sentido ético le demandaba: reinstalar la democracia, darle fuerza, cuidarla luego de su larga ausencia, evitar una regresión que hubiese sido catastrófica. No pretendió forzar el proceso. En la medida que la estabilidad del país no estuviera asegurada, no se impuso tareas voluntaristas.

Empujar la civilidad democrática a una confrontación con los uniformados, intentando un enjuiciamiento como cuerpo a las fuerzas castrenses hubiese constituido un regalo inapreciable para Pinochet. Por ello, paso a paso fue avanzando en el esclarecimiento de la verdad, a pesar de la Ley de Amnistía de 1978, lo que posibilitó luego enjuiciar a los culpables.

Eso no era abandonar la lucha por los Derechos Humanos como lo demostró la formación de la Comisión Rettig y las Leyes Cumplido, de libertad a los presos políticos. Por el contrario, establecer la verdad histórica sobre las gravísimas violaciones a los Derechos Humanos en Chile, fue un auténtico pilar que sostuvo los avances posteriores. No hay entreguismo cuando no hay fuerzas para avanzar. Lo demás es pura imaginación.

Queda claro entonces que la política no era para él ni una entretención ni un pasatiempo en medio de los negocios. Tampoco una forma de escalar socialmente como lo piensan o hacen muchos arribistas, o un medio de hacerse de dinero indebido. Ahora se ha ido diluyendo, o simplemente se ignora, el sentido superior de responsabilidad política que no es otra cosa que una voluntad de servir al país y su gente, que no excluye las legítimas aspiraciones personales, pero que las subordina al interés nacional.

El verdadero político es aquel que sabe distinguir cuando por un logro menor se puede perder el objetivo mayor. En este caso, el dilema de fondo no admitía duda alguna, la reinstalación de la democracia como sistema político y forma de convivencia no se podía poner en peligro; muchos temas podían esperar un nuevo impulso o una consolidación institucional mayor, pero con la estabilidad misma del país no se podía jugar ni convenía hacerlo porque el gran ganador sería el ex dictador, aún al acecho.

Ahora dictan cátedra algunos que llegaron cuando la mesa estaba servida. Lo que puede ser inevitable en ciertos casos por la edad de cada cual; pero no se puede hablar desde la ignorancia y es inaceptable pretender dictar cátedra desde el desconocimiento de los hechos.

Una mínima rigurosidad reclama que las circunstancias históricas se analicen tal como fueron, y que no se abuse de ciertas categorías que 25 años después pueden aparecer como acertadas y que en tales momentos no hubiesen podido tener cabida, en el curso de lo que, efectivamente, eran los sucesos de entonces.

La historia valora a quienes se hacen cargo de sus dilemas y no se detiene ante los que no hacen más que comentarla. Aylwin llegó a la cita para la que fue requerido, con una idea inamovible: Chile es uno sólo. En estos días al reflexionar sobre la historia y valorar lo que hizo, hubo muchos que revaloraron su tarea y le entregaron más que un adiós.

Comentarios del artículo: Aylwin, más que un adiós - Publicado: a las 1:08 am

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 20/04/2016

El Presidente Aylwin

La historia sabrá reconocer en Patricio Aylwin al político por excelencia, aquel conductor capaz de anteponer el lucimiento personal ante el interés nacional (…) Su conducta ejemplar como Presidente de la República fue hacer lo que el país requería y no aquello que el aplauso fácil demandaba.

El deceso del ex Presidente Patricio Aylwin, por su larga trayectoria como dirigente político y figura pública, causa de inmediato un sentimiento de hondo pesar y también de sincero reconocimiento a su decisivo aporte al restablecimiento de la democracia en nuestra patria y, en especial, su esencial contribución al reencuentro de los demócratas chilenos.

En efecto, superando las agudas disputas del periodo previo al Golpe de Estado de 1973, y la dramática división de los Partidos y fuerzas democráticas que posibilitó la arremetida de la conjura golpista y la instauración de la dictadura de Pinochet, Patricio Aylwin estuvo presente en el liderazgo de las primeras iniciativas unitarias de  reagrupamiento de la civilidad, como lo fuera el llamado “Grupo de los 24″ para el diseño de una propuesta constitucional alternativa al diseño del tutelaje impuesto por la llamada “democracia protegida”.

Asimismo, como figura gravitante de una fuerza política, la DC, obligada a la ilegalidad por el régimen militar, respaldó el enorme y multitudinario movimiento ciudadano que exigía el retorno de la libertad, de la dignidad y el respeto a los Derechos Humanos en Chile, que fuera ampliando los espacios políticos y sociales hasta lograr la proeza de ganarla a la dictadura “en su propia cancha”, en el Plebiscito del 5 de Octubre de 1988, tarea en la que Patricio Aylwin asumió el liderazgo opositor en el Comando por el NO y luego en la Concertación por la Democracia.

Por otra parte, a lo largo de su extensa trayectoria fue un hombre recto y de intachable conducta personal, que hizo de la austeridad un sello distintivo de su identidad política, entregando una lección que lo enalteció ante el país, sobre todo ahora en un momento de afanes personalistas, fáciles de dejarse tentar por los oropeles de la riqueza mal habida y de la popularidad mal adquirida.

El ex Mandatario “hizo de la austeridad un sello distintivo de su identidad política, entregando una lección que lo enalteció ante el país, sobre todo ahora en un momento de afanes personalistas, fáciles de dejarse tentar por los oropeles de la riqueza mal habida y de la popularidad mal adquirida”.

Le correspondió encabezar, como candidato presidencial y luego como Jefe de Estado, el más amplio bloque social y el entendimiento político más fecundo, la Concertación de Partidos por la Democracia, el que llegó a ser actor principal en la reimplantación de la estabilidad democrática, desde la cual se proyectara además un periodo virtuoso de crecimiento económico y progreso social, el que durante dos décadas consiguió más que duplicar el Producto Nacional y enrumbar el país, desde el oscuro periodo dictatorial, a un vital proceso de reconstrucción de las instituciones democráticas.

Patricio Aylwin tuvo la valentía, desde su condición de Presidente de la República, de pedir perdón por el terrorismo de Estado y las crueles, sistemáticas y degradantes violaciones de los Derechos Humanos, sufridas por decenas de miles de compatriotas, por los crímenes y abusos de poder cometidos desde las instituciones castrenses, así como, por la herida abierta generada por la situación de los detenidos desaparecidos.

La historia sabrá reconocer en Patricio Aylwin, al político por excelencia, aquel conductor capaz de anteponer el lucimiento personal ante el interés nacional, de advertir con lucidez el curso futuro de la situación del país y no perder el rumbo en la seguidilla de hechos puntuales que marcan el día a día. Su conducta ejemplar como Presidente de la República fue hacer lo que el país requería y no aquello que el aplauso fácil demandaba.

Con su austeridad y sentido de la responsabilidad fue labrando una senda que lo transformó en un estadista, sobre la base del ejercicio del pluralismo político y de su identidad de humanista cristiano. En ese camino afianzó su liderazgo, respetando a quienes no pensaban como él y haciéndose respetar en su condición de Presidente de Chile.

En lo inmediato al apagarse su vida, se valora lo realizado en su mandato, pero en el porvenir se le valorará mucho más todavía, cuando se ponga de manifiesto en todo su alcance la perspicacia con que fue orientando la transición democrática, abordando con tino y delicadeza, con firmeza y sin demagogia, paso a paso la superación de la amenaza autoritaria, que se mantenía viva en torno a la permanencia de Pinochet, en la Comandancia en Jefe del Ejército.

Hoy, la figura de Patricio Aylwin permite situar en lo que son, como críticas exacerbadas por el maximalismo, ciertas teorías refundacionales, que pretenden desconocer que la transición democrática fue una etapa clave, que exigió una fuerte tensión política y también una alta cuota de flexibilidad y sabiduría para aislar los núcleos más duros del dogmatismo neoliberal y doblegar los intentos de regresión autoritaria, asegurando el camino de la sociedad chilena hacia grados crecientes de libertad y de justicia social que habían sido postergados durante más de una década.

Una vez concluido su periodo presidencial, Patricio Aylwin, supo dar una gran lección de servicio al país, evitando permanente y sistemáticamente intervenir en la contingencia política, dando muestra con ello de auténtica grandeza en su vocación de servicio público y su férreo compromiso como hombre de Estado.

En todo momento, en sus normas de vida y en su propia fisonomía como figura pública, Patricio Aylwin supo mantener la investidura republicana con que la ciudadanía lo distinguió al confiarle la Presidencia del país, en el primer periodo posterior a la dictadura. Por todo ello, quedará en la historia como el padre de la transición a la democracia en Chile.

Comentarios del artículo: El Presidente Aylwin - Publicado: a las 3:00 am

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 19/04/2016

El valor histórico de la política del PS en su 83° aniversario

En una etapa en que el desprecio hacia la política se extendió como mancha de aceite, vale la pena volver a mirar el sentido histórico de la política socialista a lo largo de cuatro décadas, con vistas a la plena reimplantación de la democracia. De paso, ello servirá para conmemorar con mayor objetividad lo que […]

En una etapa en que el desprecio hacia la política se extendió como mancha de aceite, vale la pena volver a mirar el sentido histórico de la política socialista a lo largo de cuatro décadas, con vistas a la plena reimplantación de la democracia. De paso, ello servirá para conmemorar con mayor objetividad lo que ha sido su contribución determinante a la justicia social en Chile, ahora que llegamos a su 83* Aniversario.

En efecto, la Dirección Política en la clandestinidad, encabezada por los recordados compañeros Exequiel Ponce, Carlos Lorca y Ricardo Lagos Salinas, señaló ya en Marzo de 1974, que derrotar la dictadura de Pinochet hacía necesaria la formación de un Frente Antifascista, en el que confluyeran las fuerzas políticas de izquierda y de centro en un esfuerzo estratégico que permitiera recuperar la democracia.

Como se sabe, la confrontación entre la Izquierda, agrupada en la Unidad Popular, y la Democracia Cristiana, constituyó un factor que coadyuvó en grado decisivo a la implementación de la estrategia golpista, diseñada por la derecha para acceder al poder mediante el cruento golpe de Estado del 11 de Setiembre de 1973.

Fue así que la reiterada violación de los Derechos Humanos y la crueldad del terrorismo de Estado, crearon los primeros encuentros de lo que vendría a ser, en la Concertación política que se forjó desde entonces, el ejercicio de ideas pluralista y de entendimiento estratégico entre fuerzas diversas, más importante de la historia de Chile, después de la Independencia Nacional.

Quienes no vivieron ese tiempo o no tienen esa vivencia o los que olvidan que Pinochet obtuvo en el plebiscito del 5 de Octubre de 1988, cerca del 45% en la votación nacional, sumado además el control del Ejército, y el respaldo fanático de centros clave del poder político y económico, como la UDI y poderosos grupos facticos; si tales factores son omitidos, se cae en la tesis refundacional que fuera de la historia tal como fue, se presenta como inobjetable. Además, la derecha logró retener después, en los comicios posteriores, una ancha base electoral, por encima del tercio de la representación electa.

Aunque resulte paradojal, ignorar tan compleja situación y la correlación de fuerzas que de ella surgió, conlleva creer que el dictador se fue porque así lo decidió, en un momento de “bondadoso” abandono de su afán de perpetuación y no por el impacto de su derrota institucional y política generada por la lucha del pueblo de Chile. Sin darse cuenta, la ultra izquierda enaltece a Pinochet.

Mi conclusión es que sin el quiebre que provocaron en el receso político y en el control dictatorial del país las jornadas nacionales de protesta social, así como sin la acumulación de fuerzas y la ruta de gobernabilidad que generó la Concertación por la Democracia, no habría sido posible la derrota de Pinochet, el que en otras condiciones habría maniobrado para ignorar el efecto institucional y el sentido político del triunfo del NO, generando cualquier variante de prolongación de su poder personal y del tutelaje militar que su régimen político pretendía imponer en Chile.

En tal periodo histórico, no obstante estar dividido en múltiples orgánicas, en el socialismo chileno no hubo duda alguna y todos los socialistas nos volcamos, con dientes y muelas, a entregar un grano de arena a fin de concretar el gran propósito de terminar la dictadura. Por eso, inmediatamente después del triunfo del NO, el socialismo chileno dio lo mejor de sí para el logro de los objetivos de los gobiernos democráticos de la transición chilena.

La responsabilidad de hacer un buen gobierno y dar estabilidad a los cambios, evitando la improvisación y el populismo, se articuló con la voluntad de actuar con la mayoría, de eludir el espejismo que ve una multitud donde no la hay y solo se capta el grito incondicional de los más cercanos adherentes. Para que las reformas estructurales sean duraderas y el cambio social sea sólido, se requerirá la mayoría social y política que los sostengan.

Con tal convicción, el socialismo chileno evolucionó y se configuró en un protagonista central de la transición, como articulador de la voluntad democratizadora de un arco de fuerzas sin precedentes en la vida política del país.

Desconocer el carácter del régimen político, caricaturizando como “post dictadura” o semi-democracia lo que es una democracia propiamente tal, resulta ser una idea definitivamente fuera de la realidad. Parece que hay personas que aún no se informan que el Partido Comunista participa a título pleno en el gobierno del país.

Que el proceso fue más lento de lo pensado, calculado o deseado por los demócratas chilenos, no cabe ninguna duda. Hay que reconocer también que hubo algunos que le tomaron el gusto al modelo, cayendo en el afán utilitarista propio de la soberbia del dinero.

Pero, de ahí a desconocer el carácter del régimen político, caricaturizando como “post dictadura” o semi-democracia lo que es una democracia propiamente tal, resulta ser una idea definitivamente fuera de la realidad. Parece que hay personas que aún no se informan que el Partido Comunista participa a título pleno en el gobierno del país.

Lamento que diversos dirigentes históricos, con fuerte presencia en este proceso, ahora no puedan defender y realzar en su mérito, objetivamente y sin exageración ninguna, el valor que adquirió la política socialista de lucha y no sumisión al régimen dictatorial y de amplia unidad democrática, la que posibilitó una alternativa política cuyos logros son manifiestos e indudables en este periodo histórico.

Se ha llegado a la paradoja que en la derecha, con gran oportunismo por cierto, haya quienes se quieran vestir una vez más con ropa ajena. Muchos que fueron obsecuentes hasta el final con el dictador se pretenden cubrir ahora con los aciertos del proceso de reinstalación de la democracia.

Son méritos que a la derecha no le pertenecen, pero advierten el vacío creado por la presión refundacional que inhibe a muchos que debiesen hablar y no lo hacen. Se nota el espíritu de secta y la intolerancia que se ha difundido desde la ultra izquierda, que trata como neoliberal o entreguista todo lo que no sea de su agrado. Muy por el contrario, en el socialismo chileno la política de unidad y lucha, le permite contar con un patrimonio histórico al que no podemos renunciar y el que tampoco podemos abandonar.

Desde Luis Emilio Recabarren en adelante, en las luchas de la izquierda chilena se tuvo presente su historicidad, es decir, su anclaje al periodo histórico en que ocurren y la determinación que el mismo contexto impone a la teoría y la práctica de los actores involucrados en el curso de ese proceso histórico. No hay seres sobre dotados o Mesías infalibles que  adivinen lo que va a pasar y tenga respuesta a todo, cuando algún individuo se presenta con tales ínfulas no resulta ser más que un charlatán o un vendedor de ilusiones.

Ante las jóvenes generaciones de luchadores es válido citar al escritor chileno, Manuel Rojas, libertario en su propia definición, que nos dejara en una de sus obras una precisa sentencia: “la historia no se hace a gusto de uno y a la hora que uno pide”; (en “La oscura vida radiante”).

En suma, mi afirmación es clara: sin la unidad de los demócratas chilenos no habría sido posible concluir la etapa dictatorial y restaurar la democracia. Por ello, reivindico el valor de la lucha de los socialistas en este periodo histórico y rechazo la tesis refundacional de los que miran la historia, desde la auto referencia y la ven desde cuando ellos llegaron, desconociendo la contribución, heroica y decisiva, de quienes en la clandestinidad, desde el once de septiembre en adelante, abrieron el camino a la libertad en Chile.

Comentarios del artículo: El valor histórico de la política del PS en su 83° aniversario - Publicado: a las 12:56 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 28/12/2015

Valoremos nuestra identidad

Al cumplirse un año más desde la reunificación del Partido Socialista, el vicepresidente de la colectividad arremete contra la “tesis refundacional” y la “nociva expresión de arrogancia” de sus ideólogos.

La tesis refundacional, aquella que señalaba que se partía de cero en el proceso de reformas democráticas a implementar en la actual segunda administración de Michelle Bachelet, provocó un serio daño no sólo a la definición de sus prioridades, desconociendo la gradualidad de las transformaciones a realizar, sino también generó un grave desprecio a la identidad de las propias fuerzas del bloque de Gobierno.

Al igual que en la vida personal, las fuerzas políticas que no valoran ni defienden su identidad, es decir, aquel conjunto de factores sociales, ideológicos y políticos que las definen, en suma, que no rescatan su propia historia de la que surge su carácter, fisonomía y los rasgos distintivos que la hacen diferente y proyectan su personalidad, sin ese necesario aprecio y valoración a lo que han hecho y sin la defensa del patrimonio forjado por aquellas miles de personas que determinaron su continuidad en el tiempo, sin esa apropiación de su propia identidad, no podrán esperar que el país, al que aspiran dirigir o representar pueda entregarles su apoyo y confianza.

En otros términos, la tesis refundacional alimentó el desprecio a la tarea de reimplantación de la democracia, realizada durante un cuarto de siglo por los partidos y fuerzas populares de izquierda y de centro, que unieron sus esfuerzos o que coincidieron en esta decisiva tarea nacional. En variados textos se descalifica la tarea realizada en su momento por la Concertación, como alianza política y fuerza de Gobierno.

En dicho afán democratizador se pueden distinguir dos grandes etapas, el Golpe, la etapa de la cruenta represión posterior, la imposición del esquema institucional y del modelo económico hasta la gran crisis de 1983; y desde allí hasta las protestas nacionales y la derrota dictatorial en el plebiscito de octubre de 1988. El costo social y la dura experiencia que afectó a los partidos populares todo ese periodo, del 73 al 90, fue determinante del ciclo posterior.

No cabe duda que los ideólogos refundacionales han tenido un gran aprecio de sí mismos y de sus afanes intelectuales, asunto que puede ser materia de cada cual y no resultar dañino, pero que en este caso se proyectó en una mirada soberbia y autosuficiente que llevó a conductas sectarias y excluyentes que afectaron la marcha de las reformas en curso, al pretender reducir su conducción a un grupo de iluminados, cuya lógica paradojal es el menoscabo de la política y la sobrestimación de la tecnocracia.

Por muy radicalizada o “izquierdista” que haya sonado o aparecido en las imágenes mediáticas la idea que hacia atrás no había nada que rescatar y que, por tanto, lo que se debía hacer era comenzar desde cero, con esa propuesta se falseó la realidad, y desconoció en el hecho, el largo esfuerzo de lucha y movilización del pueblo y la nación chilena para recuperar la democracia primero, y luego ir sucesivamente consolidando y ensanchando sus límites políticos e institucionales.

La tesis refundacional, en cuanto mirada histórica, favorece a la UDI y a la derecha, ya que omite o desvanece en la memoria histórica la lucha por la reconstrucción democrática y, por tanto, la cerrada y cruenta brega que dieron los que mantuvieron la dictadura, por evitar su derrota política y desplazamiento.

Aunque no sea la intención expresa, en el punto de vista refundacional parece que la dictadura se extinguió por su propio deseo y no por que las condiciones históricas, forjadas por la lucha democrática de los partidos populares y de muy amplias fuerzas sociales se lo impidieron.

De ese modo, se daña o imposibilita la formación de una memoria histórica fundada en un patrimonio histórico tan esencial, como resulta ser, ni más ni menos, que la opción histórica por la libertad para Chile. Muy por el contrario, la derecha siempre ha pretendido, falsamente, que ese alto mérito le pertenezca. No fue así: alcanzar la libertad en Chile es un valor que está enraizado en la infatigable lucha de los demócratas chilenos contra la dictadura.

La ciudadanía aspira al pluralismo y no a la uniformidad. Tal vez este aspecto sea lo más delicado en el sector refundacional, cual es haberse dotado de rasgos notorios de un “nuevo”, pero viejo autoritarismo ideológico, sentirse por encima de los demás, verse y considerarse superiores, dejar de lado la idea de que la verdad se construye entre todos, que su presencia y eficacia es el resultado de un esfuerzo colectivo.

Al arribar un año más desde la reunificación del Partido Socialista, valoremos la identidad socialista que se ha forjado en décadas de lucha, con el arrojo y sacrificio de sus mártires y el aporte invaluable de sus intelectuales y militantes, los que han luchado toda la vida, haciendo de este partido un actor clave, histórico, esencial, y no sólo ocasional, de la reconstrucción democrática en Chile.

Aceptar la diversidad significa convencerse que en cada uno de los protagonistas del proceso social hay una partícula, un grano de la verdad histórica que va brotando, armando y configurando en el esfuerzo creador, que vive y surge de la lucha de los pueblos, de las organizaciones sociales y políticas, y también de figuras individuales sobresalientes, de sus aciertos y errores.

Lo riesgoso del refundacionismo es que retrocede al dogmatismo; a la soberbia intelectual de creerse dueño de la verdad y que la historia se inicia cuando se llega, lo cual es una nociva expresión de arrogancia que resta objetividad y amplitud en la tarea de cambiar la realidad social.

No es extraño que el concepto refundacional surja en los momentos iniciales de un movimiento, cuando aún se transita por las primeras etapas de la propia experiencia, pero no es deseable que ese criterio se eternice en grupos que pueden gravitar y que aspiran a la edificación de una sociedad mejor. La experiencia ha castigado, una y otra vez, la soberbia arrogante del dogmatismo, que se instala bajo la cubierta intolerante de quién desecha las ideas y valores anteriores a su existencia. Más aún, cuando se ha vivido de ellos y llevado una apacible rutina burocrática durante décadas, gracias a tales espacios de poder.

Además, se sabe que luego de la euforia que generan cálculos sobredimensionados, que se han enquistado en la conciencia por el mesianismo que empapa a quienes se sienten dueños de la historia, luego de ello, frente a las dificultades viene el desengaño, la frustración y no pocas veces este tipo de grupos deviene en minorías sectarias que incuban malas prácticas y conductas amicales, altamente perjudiciales para la transparencia y la rectitud que debe presidir la acción política.

De manera que al arribar, este 29 de diciembre, a un año más desde la reunificación del Partido Socialista, concretada en esos días de fines de 1989 al recuperar la libertad perdida, valoremos la identidad socialista que se ha forjado en décadas de lucha, con el arrojo y sacrificio de sus mártires y el aporte invaluable de sus intelectuales y militantes, los que han luchado toda la vida, haciendo de este partido un actor clave, histórico, esencial, y no sólo ocasional, de la reconstrucción democrática en Chile.

Comentarios del artículo: Valoremos nuestra identidad - Publicado: a las 12:04 pm

Etiquetas: , , , » Publicado: 22/12/2015

La gratuidad tiene mayoría

La postura de la derecha a favor de la gratuidad universal es una voltereta oportunista. Y lo ridículo y paradojal es que ese sector ha entrado en abierta competencia con la izquierda más radical, exigiendo que se materialice de inmediato una meta que sólo es posible cumplir de manera gradual, quemando etapas.

El total de los estudiantes de la educación superior en nuestro país supera ampliamente al millón de personas. Ellas y sus familias esperan encontrar en sus aulas la preparación técnica y profesional que les permita tener una vida digna y prospera, así como también, recibir la formación científica y cultural necesaria para abrirse paso en el futuro, desde sus potencialidades personales y como ciudadanos activos de la nación.

La meta esencial que los jóvenes puedan estudiar sin depender del dinero, es decir, independientemente de su origen social, teniendo la voluntad y las condiciones educacionales para hacerlo, es uno de los propósitos más nobles y también más difíciles de alcanzar en la situación actual del país y, en particular, de la disponibilidad de recursos fiscales para concretarlo. Pero ese es el objetivo nacional.

Llegar a ese objetivo sólo es posible de manera gradual, quemando etapas, ampliando consistentemente el universo de estudiantes que se van abarcando hasta alcanzar la meta. Se trata de un derecho social que el Estado democrático hará realidad, avanzando en etapas sucesivas.

Ahora bien, la derecha que impuso el actual sistema segregado, implementado durante las llamadas modernizaciones del régimen militar, cuya pretensión era trasladar el financiamiento a los padres y/o apoderados de los estudiantes, ha saltado ahora a la arena política con la bandera de gratuidad inmediata, sin etapas ni gradualidades.

Este temerario vuelco en su posición política no tiene otro origen que no sea una voltereta oportunista, adoptada apresuradamente, luego que las encuestas de opinión, indicaran que la mayoría del país ha hecho suya la idea de la gratuidad universal en la Educación Superior.

Con ello, la derecha le da la razón al economista de pensamiento liberal, Sebastián Edwards, quien sostuvo en un debate de esta semana, que los defensores del modelo “han fallado”. Ahora ocultan su identidad. Resulta sintomático y aleccionador que la regresión ultraconservadora de la dictadura, que tan dolorosa huella dejara en nuestra patria hoy no tenga quienes se hagan cargo de ella.

Efectivamente, la añorada y perdida popularidad es la que desvela a los actuales caudillos neoliberales; los esquivos votos son los que les quitan el sueño; quedó en el olvido la etapa legada por Jaime Guzmán, aquella en que marcaban opinión, aunque fuera minoritaria. A la supuesta nueva derecha no se le pasa por la mente que la política exige coherencia y que su ejercicio no puede ser un baile de máscaras, en que cada cual esconde su identidad y hace de los principios un simple estorbo.

Ahora, lo ridículo y paradojal, es que la derecha ha entrado en abierta competencia con la izquierda más radical, exigiendo que se materialice de inmediato una meta que, es posible sólo si se la considera como un objetivo nacional a conseguir luego de un enorme esfuerzo del país, y no simplemente, como una bandera demagógica que se dejara de lado tan pronto como aparezca otra, con la cual intentar ganar los aplausos de la galería. Sin embargo, tienen el descaro de acusar a la izquierda de “populismo”.

La “nueva derecha” mira la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, los  demás serán los “chavistas”, en cambio, ellos serán los dueños de la verdad y del buen criterio. Habrá que tomarse las cosas con humor, ya que hacerlo en serio, ante este desborde de demagogia no vale la pena.

Lo que no debe ocurrir es que las diferencias que se aprecian en las fuerzas de la Nueva Mayoría, sean mal procesadas y provoquen pugnas o escindan el bloque político de Gobierno; eso sí que sería hacerle un favor gratuito al populismo que inunda hoy la posición de la derecha.

En un proceso gradual, nadie puede ser excluido a priori, salvo aquellos que sólo quieren lucrar con utilidades desproporcionadas y excesivas, ello debido a que se está concretando un derecho social de valor universal; al mismo tiempo que avanzar en la gratuidad se debe asegurar la calidad de la enseñanza. Los estudiantes y sus familias no pueden ser defraudados y recibir títulos que sean simples diplomas, y que ante las exigencias laborales sean dejados de lado por carencias formativas.

El Estado debe orientarse con la voluntad que en sus instituciones la gratuidad sea una realidad y que su enseñanza sea de primerísimo nivel. La correcta gestión de los recursos fiscales, que son de todos y todas, es una obligación social y moral ineludible.

La responsabilidad social de las instituciones de educación superior pasa a ser fundamental, y los derechos deben ser inseparables de los deberes, que se anudan en el gran propósito de alcanzar una visión inclusiva, humanista, de excelencia, para la educación superior en Chile.

Comentarios del artículo: La gratuidad tiene mayoría - Publicado: a las 10:17 am

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 15/12/2015

Hay que compartir la abundancia

Hoy los financistas que les dieron vida a los “barras bravas” del fútbol están escandalizados, piden mano dura y la acción enérgica del Estado. Pero parece que los vándalos son el negocio.

Este año sucedió lo espectacular, lo tantas veces deseado, que Chile fuera el campeón. Así fue, como en un sueño, en la Copa América. Pero, los escándalos de corrupción y el vandalismo descontrolado se ocupan de hacer olvidar lo bueno, aquel momento irrepetible y quede sólo lo malo, lo que da vergüenza y estupor.

Lo que pasa es que los futbolistas y la hinchada han sido reemplazados como figuras centrales, ahora los actores principales son los que van a forrarse de dinero rápido y fácil de un lado y los grupos que provocan el vandalismo, por el otro. A veces se unen, otras se repelen, en ocasiones se rechazan, en otras son aliados.

La historia viene de antes que se crearan legalmente las “sociedades anónimas deportivas”. Los antiguos clubes dirigían lo que era ya un hecho, el fútbol profesional se había convertido en una actividad rentada, es decir, un producto con el fin de obtener utilidades, pero reproducía, a su modo, un acervo cultural que entregaba a esos clubes un patrimonio y una razón de ser.

Llegó “el cambio”. El propósito de ganar dinero y maximizar utilidades pasó a ser primordial, e incluso excluyente en la legislación que creó las nuevas entidades; los clubes tradicionales fueron desplazados por poderosos controladores financieros, que tomaron su popularidad para capturar las elevadas utilidades del negocio.

Por ello, se vio cómo los más ansiosos en alcanzar ganancias, mudaron velozmente de camiseta, trocando sus amores de niños por el rendimiento de sus inversiones.

Al comienzo, para ganar popularidad, estos inversores transformados en inusuales y a veces patéticos fanáticos, se congraciaron con las “barras bravas”; con tal propósito el dinero bajo cuerda cooptaba sus líderes, para pagar desplazamientos u otros “gastos ad-hoc”, como hacer propaganda electoral a un candidato que fuera dirigente o hacer de matones contra los que se opusieron a tales reprobables acciones.

La “buena onda” no podía alargarse en el tiempo y esta alianza inicial se trocó en dura confrontación. Platas más, platas menos, el hecho es que los exaltados que componen tales grupos de choque se convirtieron, aparentemente, en incontrolables.

Hoy, son los actores de la violencia en el fútbol, los “delincuentes” de los que reniegan, al parecer, sus protectores de ayer.

Ahora, los financistas que les dieron vida están escandalizados, piden mano dura y la acción enérgica del Estado. Pero, quieren mantener el negocio al tope, sin molestos controles, sin repartir la torta, muy crecedora por lo demás, de varios centenares de millones de dólares.

En efecto, así como hubo quienes cambiaron el “club de sus amores” por pura avaricia, también existen los que usan doble vestimenta, son ávidos camaleones que cambian de color para atrapar dinero. Por un lado usan la camiseta de la ANFP, es decir, la entidad que dirige esta actividad y, por otro, la del canal del fútbol, cuya adjudicación es decidida y entregada por la primera. Son juez y parte de un negocio abundante, altamente concentrado, que se debe repartir.

Al producirse los graves incidentes, del domingo pasado, en la ciudad de Valparaíso, una de las primeras reacciones que se conoció, sin confirmarse después, fue la de hacer los partidos “de alta complejidad” sin la hinchada visitante e incluso sin público; aquello no sería más que aumentar las ganancias de estos mismos controladores, ya que el público no tendría más que pagar el alto costo de la TV de cable, que encarece el acceso a estas emisiones de altísima audiencia e interés.

En el caso que así ocurriera, que la autoridad no pudiera controlar al lumpen que genera esta violencia, no pueden pagar justos por pecadores, obligando a gastar más a los hinchas que quieran ver los partidos de fútbol. En realidad, la solución no es que las transmisiones sean emitidas por un canal público de TV abierta, lo que obliga a declararlas como un bien público, que no podría ser comercializado en la oscuridad como lo es ahora. La tarea es entonces crear un Canal Deportivo Público, que realice esta labor.

Esto sería lo justo, ya que el Estado desembolsa cuantiosos recursos que posibilitan el “espectáculo” deportivo. Se trata de instalar un pago social, la justa retribución a la sociedad de una actividad que es pública, que pertenece a todos, pero cuyas utilidades son privadas.

La sola movilización de centenares de carabineros cada fin de semana, no sólo a los estadios, sino que también a las calles a garantizar el tránsito y la seguridad de las personas. Los gastos de aseo, reparación de bienes de uso público e infraestructura, tanto urbana como de autopistas, debiese ser reembolsada al patrimonio fiscal y de todas las personas y entidades perjudicadas y, para ello, emisiones públicas por la TV abierta podrían financiar tales costos y terminar con la usura actual en las transmisiones.

En todo caso, la situación así como está no puede seguir, pues se presta a las peores sospechas y a los más dudosos manejos, dado las redes desconocidas e indescifrables de las bandas violentistas que se han dado como norte violar el orden público, así como el obvio afán de parte de los controladores financieros de obtener ganancias desmesuradas de aquello que, alguna vez, fue una sana actividad deportiva.

Desde el fútbol profesional no se ve la solución, cada cual defiende lo suyo, el dinero lo es todo, no hay un interés colectivo, parece que los vándalos son el negocio. Por eso, en algún momento, hay que ponerle el cascabel al gato. Puede ser…ahora.

Comentarios del artículo: Hay que compartir la abundancia - Publicado: a las 10:36 am

Etiquetas: , , , » Publicado: 19/11/2015

La libertad está primero

El llamado Estado Islámico representa un despiadado intento de regresión civilizacional, una teocracia neonazi. Hay que salir al paso de esta barbarie para defender la libertad, como valor supremo de la civilización humana.

El asesinato cruel, despiadado y masivo de más de un centenar de personas indefensas, en la ciudad de París, el viernes 13 en la noche, es un crimen de lesa humanidad. Se trata de una acción terrorista perpetrada por una organización política estrictamente jerarquizada, aunque autónoma en sus comandos operativos, armada y financiada, con el objetivo de usar el terror, con vistas a la imposición de un orden social absolutista, bajo el mando de una secta religiosa, ultra dogmática, fanática e intolerante.

El terror es el instrumento del fanatismo y la intolerancia. Son crímenes que se prepararon y programaron con la fría determinación e implacable voluntad, de castigar a quienes se considera infieles o herejes, y de acometer con el sacrificio de estas víctimas la conquista de objetivos decididos por la más alta jerarquía organizacional de esa agrupación criminal.

En esta tragedia, el llamado Estado Islámico, asume la representación de una visión intolerante y fanática del islamismo como justificación religiosa para dar la orden de matar, siendo la masacre de las víctimas el medio utilizado tras el objetivo de sembrar el terror y el caos, en los países y ciudades definidos como enemigos por quienes ejecutan la barbarie en nombre de Dios.

Estamos ante un despiadado intento de regresión civilizacional, este fundamentalismo que pretende instaurar el “califato”, un régimen de dictadura absoluta y pretensión expansionista; de instauración de un régimen patriarcal de dominación y humillación de la mujer, de morbosas y sádicas formas y métodos de sujeción y dominio de los más fuertes y poderosos, los escogidos, por sobre los débiles y sometidos.

Esta teocracia neonazi apunta a imponer aberrantes prácticas de dominación exigiendo por la fuerza policiaca y la coerción religiosa, la total sumisión de quienes sean sus dominados; es decir, mediante la entrega irracional de la propia vida y de la dignidad al Estado Islámico, ya que Dios actuaría desde el mismo; lo que está detrás de esta representación ideológica es la renuncia a la libertad, de hombres y mujeres que sean sus cautivos.

El integrismo islámico es el dominio extremadamente violento y sin límites de la peor forma de dominación social. Esclavizar y subyugar es su designio. Es la expresión ideológica de una sociedad sin democracia, sometida, clasista y discriminatoria que vuelve a interponerse en el desarrollo de la humanidad. El ser humano hace ya milenios inventó que ante estas tiranías opresivas, la libertad está primero.

Los hechos son evidentes. No hay razón alguna que permita justificar una matanza tan terrible como la que ha conmovido la ciudad de París y al mundo. Ni el nombre de Dios, ni el de una causa, ni el de un líder o de un partido puede convocar a tales extremos de criminalidad e irracionalidad.

No cabe duda, se trata de un crimen de lesa humanidad, al que la comunidad internacional debe responder con la mayor convicción, energía y lucidez, a fin que no se sigan utilizando soldados sin alma, enceguecidos por el salvajismo, para cometer los peores asesinatos. Hay que salir al paso de la barbarie para defender la libertad, como valor supremo de la civilización humana.

Comentarios del artículo: La libertad está primero - Publicado: a las 9:00 am

Etiquetas: , , , » Publicado: 16/11/2015

El gran déficit

En la actual discusión del Presupuesto, en un contexto de múltiples solicitudes y estrechez fiscal, se inflaman los discursos con una retórica populista y la demagogia de muchos.

En la actual discusión del Presupuesto, en un contexto de múltiples solicitudes y estrechez fiscal, se inflaman los discursos con una retórica populista y la demagogia de muchos.

Al analizarse el Presupuesto para el año 2016, presentado por el ministro de Hacienda en representación del Gobierno, queda claro para todos los protagonistas de la vida del país que se vivirán estrecheces incómodas e indeseables en las arcas fiscales.

Es la realidad que se debe enfrentar, la fuerte desigualdad existente en Chile ha configurado un contexto de elevadas demandas y expectativas, tanto sociales como regionales y territoriales.

Además, pareciera existir la idea que la reforma tributaria, aprobada en septiembre del 2014, por su sola promulgación y no por los ingresos recaudados, ha creado un Estado rico con una abultada disponibilidad de recursos, lo que permite a muchos demandar reajustes y beneficios que provocan un descontrol que presiona al Fisco por capacidades y recursos que no tiene. Se mezclan peticiones legítimas y ansiedades desbocadas.

En este contexto, de múltiples solicitudes y estrechez fiscal, se inflaman los discursos con una retórica populista y la demagogia de muchos, cuyo propósito no es otro que alimentarse de reivindicaciones que el Estado no está en condiciones de atender. Algunos repiten las malas prácticas, especialmente, esa de prometer lo que no se puede cumplir.

En suma, se está ante una situación difícil, nada fácil de armonizar en la multiplicidad de aspectos que interactúan y se cruzan entre sí, complejizando al máximo las respuestas que se entreguen desde el sistema político del país. Hay un claro des balance entre derechos y obligaciones en el imaginario social. Al Estado se le pide como si fuese un saco sin fondo y se le regatea la más mínima contribución de cada cual.

En la mezcla de quienes piden todo tipo de beneficios y la codicia de aquellos que sólo amasan más fortuna, se ha ido perdiendo y hoy se encuentra muy debilitada, la voluntad nacional de compartir un proyecto común. Como la que hubo muy  al retomarse la senda democrática en los años 88 – 89 y 90.

Muy probablemente, los casos de corrupción y de faltas a la probidad aumentaron este grave problema de deterioro de la ética social; no podría ser de otra manera, si es el propio sistema político el que falla se instala la nefasta conducta del “agarra Aguirre”, aquella en que cada cual pretende tomar lo que pueda, en la medida que no existe un proyecto nacional que le obliga a un actuar solidario, de objetivos compartidos.

El gran déficit es el descompromiso con la perspectiva-país, ese es el resultado inevitable de la exacerbación del consumismo y del ambiente del “agarra Aguirre”. Ante la colusión de los poderosos y el descrédito de la política, se va extendiendo una conducta social en que las personas no tienen razón para sentirse unidas a las tareas comunes, aquellas tan simples y necesarias que surgen de la inesquivable realidad de compartir el mismo suelo y ser parte de una misma nación.

Como nadie “paga”, como las malas prácticas políticas se diluyen en una nebulosa de excusas leguleyas y como el sector empresarial protege a los suyos. Como los partidos políticos se ven condicionados por una telaraña de intereses creados, el descrédito y la desconfianza no se debilitan y se alimentan de nuevos incidentes casi a diario.

Ha entrado en escena un desencanto que desvanece el sentido de la responsabilidad social que toda persona debe tener, nutrir y atesorar como parte de su propia riqueza individual. Si cada cual se recluye a los límites estrechos de su “metro cuadrado”, se disuelve la perspectiva de país y son escasas las fuerzas para sostener un proyecto nacional.

Aunque haya reconvención pública de los “pecadores”, pero no un cambio efectivo de las conductas, extensos grupos sociales se activan exigiendo del Estado más de lo que puede asumir y se presentan pliegos inabarcables. Ha entrado en escena un desencanto que desvanece el sentido de la responsabilidad social que toda persona debe tener, nutrir y atesorar como parte de su propia riqueza individual. Si cada cual se recluye a los límites estrechos de su “metro cuadrado”, se disuelve la perspectiva de país y son escasas las fuerzas para sostener un proyecto nacional.

La crisis de legitimidad que está en curso, debilita el sentido mismo de vivir en democracia para resolver, adecuadamente, con un criterio de justicia social e inclusión, las diferentes perspectivas e intereses que entran al debate. La discusión por las asignaciones presupuestarias más parece una riña de enconados adversarios que un diálogo democrático para asignar recursos que son limitados.

Tal es el gran déficit. Un desencanto que disgrega la sociedad civil. Ante este vacío moral y espiritual, el momento de “unión nacional” se produce tras las banderas de la selección. Más aún, luego de llegar a ser por primera vez Campeón de América. Así, en el fútbol, se vuelca el fervor patrio que de otra forma no logra expresarse.

Sin embargo, no basta, hay que avanzar en la reconstitución de una idea de país que entregue la mística y el entusiasmo, como parte de la voluntad de hacer patria, abrazando un sentido de pertenencia, y confluyendo con el ejercicio y manifestación del pluralismo y la diversidad, propio de la democracia.

La izquierda siempre levantó la idea de lograr una patria para todos, sin distinciones odiosas ni discriminaciones de ninguna naturaleza, fue así como camino y creció durante décadas, hasta lograr ser parte de una amplia mayoría nacional, que hizo suyo el horizonte de un país solidario, cuya democracia con lucidez y tenacidad fuese capaz de derrotar la desigualdad.

Las nuevas promociones de luchadores sociales deben rescatar esta maciza idea-fuerza, propia de quienes aman su tierra por encima de sus intereses individuales, dando sentido estratégico a las movilizaciones sociales que protagonizan y, de ese modo, estas no se pierdan ni diluyan en la exclusiva resonancia de las consignas y logren trascender y aportar al Chile de mañana.

Comentarios del artículo: El gran déficit - Publicado: a las 7:05 pm

Etiquetas: , , , , , , , , » Publicado: 21/09/2015

Justicia social y crecimiento

Para la conducción del Estado la actitud frente al crecimiento económico es un tema primordial. En esa materia no puede haber complejo alguno. Cuando la izquierda ha desdeñado ese factor, el resultado ha sido catastrófico.

En sectores de izquierda se ha instalado como una especie de última palabra la idea de que el crecimiento económico no es un dato sustancial, estructural, en un proyecto de sociedad que busque derrotar la desigualdad que afecta a nuestra democracia, uno de los factores que más daña la legitimidad del sistema político en el país.

Con ese criterio se desconoce que los países que no crecen aumentan la desigualdad que les aflige. En su libro “El capital en el siglo XXI”, que nadie acusa de neoliberal (muy por el contrario, es una contribución a las ideas de la izquierda), el economista francés Thomas Piketty, lo demuestra claramente. En el caso de menores ingresos se reducirá aún más la parte que recibirán los sectores de más baja participación en el Producto Nacional de un determinado país. Entonces, hay que convencerse que, al igual que la democracia que se edifica paso a paso, la justicia social se construye mediante un esfuerzo consciente y tenaz de los países.

Con ello, ni por un segundo pierde importancia el factor corrupción, dentro de los graves problemas actuales. Por el contrario, si algún hecho o fenómeno ha impactado en la manera en que el hombre o mujer de a pie, aquella persona que no tiene militancia, pero que sabe los grandes temas-país, en esa “mayoría silenciosa”, los casos de corrupción han sido decisivos para que asumiera la desaprobación que le caracteriza.

Para la conducción del Estado la actitud frente al crecimiento económico es un tema primordial. En esa materia no puede haber complejo alguno. Cuando la izquierda ha desdeñado ese factor, por considerar que es una traba tecnocrática o una concesión a la derecha neoliberal, el resultado ha sido catastrófico.

La historia reciente no admite dudas. En efecto, enormes Estados que parecían realidades geopolíticas invulnerables, como la ex Unión Soviética, se desplomaron al ser incapaces de solventar sus propios gastos y de financiar las obligaciones contraídas con las sociedades que dirigían. Así fueron quedando atrás. Los derechos sociales reconocidos quedaban sólo en palabras.

Cuando se afirma que garantizar derechos sociales no está sujeto al crecimiento económico se logra un buen efecto ante un público que quiere escuchar eso. Sin embargo, se cae en una grave inconsistencia que indica incapacidad de reconocer que si no se crece y no se cuenta con la preparación necesaria las reformas sociales no logran perdurar.

Lamentablemente es así, porque no habría nada mejor que un mundo en que bastara detectar el lugar donde determinados derechos sociales no se ejercen y proceder, de inmediato, a dictaminar su cumplimento. Pero la vida no es tan fácil, esa instrucción o decreto requieren tener el sustento material que lo realice. Al dictarse una ley sobre alguno de los derechos a ser garantizados, de no cumplirse con el financiamiento requerido, en el mejor de los casos, se entrega una solución temporal, lo que es en el hecho atender una demanda transitoria y no concretar ese derecho como definitivo.

Cuando se habla de la conducción política, la clarificación de cómo se alcanzarán tales históricos desafíos es una responsabilidad que no se puede eludir, porque requieren transitar por un periodo arduo y complejo que los hace posible.

Además, son incontables las veces en que la insolvencia del Estado llevó a deshacer en minutos, leyes que costaron arduos años de lucha. Es cosa de informarse, mínimamente, de la tragedia económica y social en Grecia y de cómo un líder de izquierda, el Primer Ministro Alexis Tsipras, tuvo que tramitar con la Unión Europea, tanto el llamado “rescate” para evitar el colapso monetario, como el refinanciamiento de la deuda, negociación que ha llevado a compromisos que dañan las conquistas sociales en ese país.

A pesar que pareciera que en Europa las cosas se toman con calma y serenidad, no ha sido así. Por mucho que el horror de la Segunda Guerra Mundial motivara la formación de las Naciones Unidas y la suscripción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tales negociaciones desventajosas para las naciones más débiles provocan graves retrocesos sociales.

No obstante, la comunidad internacional distingue entre derechos de primera generación, es decir, los derechos civiles y políticos, a la vida y la libertad en sus diversas dimensiones, a la propiedad y la dignidad de las personas; para luego definir como de segunda generación, los derechos económicos, sociales y culturales; después de ellos se han definido los derechos de tercera generación o derechos de los pueblos, vale decir, la paz, la autodeterminación, la identidad nacional y cultural y un ambiente sano y sustentable.

Los primeros son indisolubles, son inherentes al ser humano y no debieran depender de traba alguna ni del progreso social anterior; los segundos son derechos universales que sí deben contar con un sostén que permita ejercerlos y realizarlos, ya que constituyen y representan una conquista civilizacional que necesita un desarrollo que los sostenga. Los terceros, no en orden de jerarquía o prelación, son expresión de una comunidad internacional capaz de asegurar tales grandes objetivos humanizadores.

Las sociedades no son idénticas y se tensan en debates y controversias respecto del “quehacer” en una etapa determinada del ciclo histórico. No se trata sólo de levantar o exigir determinada consigna. La antigua frase que “en el pedir no hay engaño”, sirvió sólo como buena intención o para experiencias populistas que crearon más conflictos y pobreza a su paso.

Ahora bien, el solo crecimiento no basta. Eso está también muy demostrado. Hablar exclusivamente de crecimiento es resignarse a la desregulacion del mercado. Ante ello, la gran tarea de los gobiernos con sentido de futuro es hacerse cargo de formular una conducción económica que asegure inclusión e integración social, con justas y correctas medidas redistributivas.

Esa visión es la que asegura la paz social y la estabilidad democrática. Es la articulación de ambas tareas tan complejas y difíciles de alcanzar lo que se constituye en una política progresista capaz de conducir el Estado, con vistas a una sociedad mejor, más libre e igualitaria.

Comentarios del artículo: Justicia social y crecimiento - Publicado: a las 12:15 pm

Etiquetas: , , , , , , , » Publicado: 31/08/2015

Un Congreso crítico y propositivo

En este artículo, el actual vicepresidente del PS reitera su postura a favor de una agenda “paso a paso” de las reformas y defiende que algunos liderazgos busquen instalarse en la carrera presidencial.

Ha sido convocado el Congreso General de nuestro Partido Socialista para el próximo mes de enero. Se trata de un periodo marcado por la deliberación política, el intercambio de criterios y la reflexión acerca de las tareas y del horizonte de las luchas del socialismo chileno.

En primerísimo lugar, el Congreso deberá definir la línea política que permita derrotar el permanente afán de la derecha política y económica de tener una posición preponderante, ayer brutalmente con la dictadura y ahora, en democracia, manipulando la voluntad del sistema político con prebendas o lisonjas. El episodio de las boletas fraudulentas que financian ilegalmente campañas electorales, refleja una derecha resuelta a corromper conductas oportunistas para imponer sus designios.

Ese es el factor clave que se cruza en la lucha contra la desigualdad, la derecha que pretende anular los avances logrados en este periodo. En particular, en la UDI, han sido categóricos en su propósito de revertir la reforma tributaria. Además, los ultras de derecha, entre ellos algunos detrás de la marcha de los camioneros, azuzan un clima desestabilizador usando métodos de presión totalmente deplorables.

En este contexto, el desafío de las reformas debe encararse afianzando la unidad en nuestras filas. En un momento político como el actual, lleno de tensiones y dificultades, cerrar filas es fundamental.

Pero no basta, esa voluntad de cohesión es primordial, sin embargo debe ser encauzada en una perspectiva más amplia, pues lo que se requiere de este Congreso General es claridad y una nítida resolución de hacía donde se orientara la acción política socialista en los próximos años, en lo que queda de este Gobierno y en cómo orientaremos nuestra conducta ante la elección de un nuevo Gobierno, con todas las consecuencias que ello implica.

La estabilidad democrática forjada desde los gobiernos democráticos fue decisiva para hacer fracasar el plan pinochetista de regresar al poder. Tal conquista no era conservadurismo como es la crítica del sector refundacional. Lejos de ello la estabilidad institucional constituye la base que hace posible el proyecto de reformas propuesto a Chile. De modo que hay que cuidarla, revalorar su importancia y fortalecerla.

Ahora se deben superar las prácticas parasitarias, de tantos que se aprovechan con fines personales de una lucha tan justa, como es la consolidación democrática. Reponer la voluntad colectiva y el sentido de país, es una cuestión crucial que tendrá este Congreso Socialista.

Con vistas a nuestro Congreso, se pueden distinguir tres grandes tipos de conducta:

a) Pensar con un exclusivo criterio de reafirmación y chovinismo partidario; ir al Congreso para aplaudirnos mutuamente, proclamar lo magnífico que somos y dar una ovación cerrada a los discursos de inauguración.

b) Adoptar una posición contestataria encontrando todo malo y rechazar cualquier idea constructiva que se sugiera. Es decir, asociarse con los aires de antipartidismo anarquizante que se han hecho presente, desde la llegada de los llamados “díscolos”.

c) Asumir la responsabilidad que nos corresponde como socialistas y participar con el ánimo de reflexionar, de hacer de este momento una gran ocasión para la deliberación política, para contribuir a clarificar el rumbo del próximo periodo.

Si conseguimos esto último, vale decir, que desde una posición de lealtad sin conformismo, tanto de apoyo al Gobierno de la Presidenta Bachelet como de fortalecimiento del pensamiento político del socialismo, para dar continuidad en el nuevo periodo a  la brega contra la desigualdad y para reimpulsar la profundización democrática en Chile, el Partido Socialista podrá hacer de este evento, que algunos miran con escepticismo, un gran Congreso de los socialistas chilenos.

Sin embargo, ciertas ideas tendientes a hacerlo todo de una sola vez, que coincidieron con el financiamiento irregular de las campañas, han creado una situación desfavorable, al no contar las reformas con la mayoría requerida para sustentarlas sólida y perdurablemente en el tiempo. La tarea es reconstituir esa mayoría.

Entonces, la misión es instalar las reformas con gradualidad y enfrentar la corrupción, dando respuesta a las exigencias que hoy la situación nacional demanda y ser capaces de proyectar, nuevamente, una opción sólida y viable para el próximo periodo.

En lo fundamental esto se refiere a:

1- La necesidad de enfrentar la crisis de legitimidad que hoy afecta al sistema político del país, de cómo los partidos populares se hacen cargo del descrédito que hoy lo afecta, que puede llegar a dañar la estabilidad democrática del país.

2- La sanción de las prácticas corruptas resulta ser una condición vital para restablecer la legitimidad de los Partidos y del sistema político.

3- A reimpulsar un crecimiento sostenido que dinamice la economía y asegure la base material de las reformas que la ciudadanía espera.

4- A poner en marcha un camino institucional que permita avanzar hacia una nueva Constitución Política del Estado.

5- A reforzar una agenda social que responda al desafío de frenar la desigualdad, cuyo pilar esencial radica en la reforma educacional que levanta el actual Gobierno.

Asimismo, este Congreso Socialista debe preocuparse con seriedad y a fondo de la situación del propio partido; hay que reconocer que la orgánica partidaria se ha debilitado y que el distanciamiento desde la ciudadanía al sistema político, también lo afectan dañando sus lazos y vínculos con la sociedad civil.

Es la hora de rehacer la convivencia partidaria, politizando los debates internos, dejando atrás los juicios que sólo buscan las descalificaciones personales. Hay que practicar el pluralismo aceptando la diversidad de opiniones y superando el encierro en los exclusivos límites de los grupos internos.

En este periodo si el partido se limita exclusivamente a un ejercicio de clientelismo electoralista, a fin de asegurar una cuota de congresistas, se estará haciendo un flaco sabor a sí mismo e involuntariamente estará ayudando a acrecentar la crisis de legitimidad y de confianza que abarca al sistema de partidos.

La formulación de la alternativa para la sucesión presidencial será una tarea decisiva. Tanto en sus contenidos programáticos como en el liderazgo que encarne nuestra propuesta. Aun cuando no es la hora de definir nombres, tampoco sirve una actitud de intolerancia hacia la presencia pública de las figuras que pueden asumir el liderazgo. Una opción presidencial no se construye de un día para otro y tampoco es válido que mientras que unas opciones puedan desplegarse públicamente se intente coartar que las demás lo hagan. En lugar de reprimir hay que respaldar nuestros liderazgos.

La tarea de la reconstrucción política de la institucionalidad del socialismo es fundamental. Hay que rectificar y reconstituir una orgánica socialista deliberativa, crítica, comprometida, que ejerza una actitud de lealtad sin conformismo en el proceso de reformas estructurales que vive Chile.

Convencimos al país que el destino de la democracia chilena estaba unido inseparablemente a la lucha contra la desigualdad. Por eso, la candidatura de Michelle Bachelet logró el 62% de respaldo electoral. Fue una victoria potente.

Sin embargo, ciertas ideas tendientes a hacerlo todo de una sola vez, que coincidieron con el financiamiento irregular de las campañas, han creado una situación desfavorable, al no contar las reformas con la mayoría requerida para sustentarlas sólida y perdurablemente en el tiempo. La tarea es reconstituir esa mayoría.

Algunos quieren insistir y sugieren seguir adelante no importando como, incluso aunque se agraven los problemas de impopularidad del gobierno. Parece increíble que haya actores en la Nueva Mayoría para los cuales sea indiferente si las reformas tienen apoyo social o no. Tal es su voluntarismo que empujan hacia una actitud temeraria: intentar imponer las reformas independientemente de si contamos o no con la mayoría para ese propósito.

Otros quieren renunciar a todo y caen en el mayor escepticismo. Hay que reagrupar las fuerzas y reponer, paso a paso, las mayorías necesarias para que las reformas no se detengan y se enfrente la desigualdad. No obstante, no habrá simultaneidad en el proceso y  es un error intentar hacerlo todo de una vez y en condición de minoría.

Avanzar paso a paso, gradualmente, es el camino que propuse hace ya varios meses. Las cosas no se hacen todas de una sola vez. El Estado democrático debe hacerse cargo de la sociedad en que actúa, porque la política tiene límites éticos y políticos, no se puede pensar en acciones cuyo alcance no tenga fronteras, aunque sea ingrato para algunos reconocerlo. El concepto de las condiciones objetivas para avanzar, no surgió porque si en las filas de la izquierda, es una constatación de las limitaciones históricas del accionar de las fuerzas políticas, en sus respectivas realidades.

La experiencia del Partido Socialista es vital para la solución de los retos de esta encrucijada. Para ello, los militantes deben ser respetados y reconocidos en sus derechos y el Congreso deberá ser participativo, unitario y sin cortapisas para que el debate sea profundo y la reflexión fecunda.

Comentarios del artículo: Un Congreso crítico y propositivo - Publicado: a las 3:14 pm

Etiquetas: , , , , » Publicado: 03/08/2015

Lo que no se debe ser

No hay otro criminal como Manuel Contreras en las cárceles de Chile y del continente. Tampoco hay registro de un victimario semejante en nuestra historia. La sola sugerencia de rendir honores a tan caracterizado criminal es una ofensa inadmisible.

El deterioro del estado de salud del principal represor y ejecutor material del terrorismo de Estado, el ex director de la DINA, Manuel Contreras, abrió un debate inesperado acerca de sí es acreedor o no, a que al morir, se le rindan honores militares correspondientes al grado de General que alcanzara a lo largo de su permanencia en el Ejército de Chile.

Se trata de un reo ya condenado por sus crímenes a más de 500 años de presidio y, que de recibir nuevas penas por las causas que tiene pendientes y que están en proceso, superaría la cifra de más de mil años de cárcel. En definitiva, consideró que sus acciones criminales quedarían impunes y se equivocó rotundamente.

No hay otro criminal como Manuel Contreras en las cárceles de Chile y del continente. Tampoco hay registro de un victimario semejante en nuestra historia. No existe otra muestra de crueldad y sadismo como la que constituye su conducta inhumana y su aberrante brutalidad. No hubo otro componente que ensamblara de manera tan perfecta y que jugara un rol tan esencial para Pinochet, como lo fue el ex jefe de la DINA, el más tenaz y sanguinario impulsor del terrorismo de Estado, encubierto como “doctrina de la seguridad nacional”.

La sola sugerencia de rendir honores a tan caracterizado criminal es una ofensa inadmisible a la memoria de las víctimas y una increíble provocación a la conciencia democrática de la nación chilena. Una situación como esa atentaría grave y torpemente contra la paz social en el país.

En la conciencia de la humanidad no sólo perduran las buenas obras y los ejemplos que enaltecen; no es así, también permanecen en el tiempo los actos y hechos más vergonzosos; aquellas situaciones o individuos cuya sola mención provoca repulsión y asco, así como la convicción que aquel nombre o término indica lo más bajo y asqueroso en que se pueda caer o llegar a vivir. Esa palabra se asociará a lo más siniestro y tenebroso, lo más ruin y canallesco, aquello que no se debe ser. Así ocurrirá con el que fuera rostro de la represión en Chile.

De año en año habrá una flor para las víctimas y el recuerdo se expresará en homenajes, versos y palabras que impedirán el olvido; por el contrario, una maldición perpetua seguirá a aquel que se ensañó, que torturó y atormento a sus semejantes, que desconoció y atropelló la dignidad de otros seres humanos, que además se encontraban indefensos. Toda la maldad que le caracterizó y todo el dolor que provocó no lo abandonarán jamás.

Comentarios del artículo: Lo que no se debe ser - Publicado: a las 2:28 pm

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 27/07/2015

Las víctimas no descansan

En esta columna, el vicepresidente del PS defiende del papel de la Concertación en el proceso de recuperación de la democracia. Y aunque asume que “fue una tarea imperfecta”, dispara contra los promotores de la teoría “refundacional” y de la tesis de la “retroexcavadora” señalando que estos “desconocen el duro bregar que costó devolver a Chile un Estado de Derecho acorde a lo que es la civilización actual”.

Un antiguo soldado conscripto ha develado, después de casi tres décadas, cómo se ejecutó el crimen de Rodrigo Rojas de Negri y las gravísimas quemaduras sufridas por Carmen Gloria Quintana, las que la tuvieron al borde de la muerte durante semanas. Con ello, ha dado a conocer la verdad sobre el llamado “Caso Quemados”, un acto brutal, cometido con el propósito de reprimir para quebrantar la protesta social que sacudía al régimen dictatorial, en el curso de 1986.

Esta revelación ha estremecido al país, al conocerse la fría decisión de asesinar a los manifestantes por el mando militar comprometido, y por la terrible versión que Pinochet y otros entregaron en declaraciones que desnudaron su miseria humana. A pesar del paso del tiempo, la verdad entrega alivio a las familias de las víctimas y es una reparación moral e histórica a los sufrimientos y a la integridad de esos jóvenes chilenos, cuya humanidad fue desgarrada por la locura represiva.

Asimismo, la sociedad chilena al rememorar tan intensamente los hechos, puede corroborar una vez más, que el camino de retorno a la democracia no fue un alegre paseo primaveral, sino que una lucha ardua, áspera, cruenta muchas veces, en la que el propio pueblo de Chile fue forjando un camino que posibilitara que la libertad se recuperara y que los derechos fundamentales de las personas se restablecieran, haciendo posible una convivencia en paz y sin aquellos hechos atroces que dañaron tan profundamente el alma nacional.

La dictadura no terminó porque quiso abandonar la escena con una renuncia voluntaria. Muy por el contrario, ese régimen concluyó porque su carácter represivo resultaba incompatible con la tradición chilena, y porque fue derrotado social y políticamente por las fuerzas que exigían paz, justicia y respeto a los Derechos Humanos. La democracia no fue un regalo, es una conquista de los demócratas chilenos.

La rebeldía de Rodrigo Rojas y la fortaleza que tuvo Carmen Gloria Quintana para soportar el dolor y sobrevivir, fueron expresión de una vocación arraigada de modo inquebrantable en la médula del país, de no someterse a la sumisión que pretendía el régimen y de luchar con la fuerza de la juventud y la razón libertaria que les animaba, para acabar con ese periodo ajeno a la voluntad democrática de la nación.

Es lamentable que esa memoria histórica tan valiosa se haya ido desdibujando y se lograran implantar dos criterios unilaterales que distorsionan gravemente la transición democrática ocurrida en Chile.

Uno de esos enfoques embellece la dictadura señalando que todo fue “el cronograma” del mismo régimen, la exaltación extrema de esta idea dice que el propio Pinochet fue el artífice del retorno a la democracia. Hace poco su último ministro del Interior, Carlos Cáceres, publicó un libro con una versión que exculpa el régimen y se autoelogia sin rubor. Omite entre otros temas decisivos, los intentos  del 5 de octubre de 1988 en la noche, tendientes a desconocer el resultado del Plebiscito que obligó a las elecciones presidenciales de diciembre de 1989, las que sellaron la devolución del poder a la autoridad electa por la soberanía popular.

La otra versión que subvalora el alcance de la lucha democrática del pueblo de Chile es la idea del “transformismo”, cuyo núcleo argumentativo es que sólo hubo un cambio cosmético, que nada cambió en lo esencial y que hoy se vive bajo una dictadura disfrazada. Incluso, aunque el Estado es dirigido por un amplio bloque político que incluye desde la Democracia Cristiana al Partido Comunista, integrando a socialistas, radicales y pepedés, se insiste que vivimos simplemente en una “post-dictadura”. Con esa teoría sectaria se nutren los llamados ultrones y los grupos “anarcos”.

En el fondo, estas tesis confluyen en el menoscabo del proceso de reimplantación de la democracia. Se niegan a aceptar o desprecian el valor del entendimiento estratégico de un arco de fuerzas, que abarca desde el centro hasta la izquierda, comprometidas en la gobernabilidad democrática del país.

Resulta paradojal que ciertas figuras y personeros, promovidos durante años en las administraciones de la Concertación y luego encaramados en diversas y altas responsabilidades en la Nueva Mayoría, se inclinaran hacia la teoría “refundacional”, la que postula que recién ahora comienza la transformación del país.

Afirmaciones arrogantes como la “retroexcavadora” y que no estaban para “reformitas” se asociaron, en el hecho, a las ideas que menoscaban o que, simplemente, desconocen el duro bregar que costó devolver a Chile un Estado de derecho acorde a lo que es la civilización actual, ruta que definía un camino contradictorio, de avances y retrocesos, de aciertos y errores y, en ningún caso, una línea recta, constituida sólo de logros, porque la historia de una nación no ocurre de esa manera.

Ningún sacrificio fue en vano y su huella perdurará en el tiempo, para que nunca se olvide que un Estado de Derecho no es un regalo ni es fruto del azar; no es así, es el resultado de un proceso histórico con sus aciertos y miserias, en definitiva, expresa lo que fuimos capaces de hacer y de lograr como país, como tarea y proyecto de nación, con arrojos heroicos, como el de aquella mañana de julio de 1986, en que dos jóvenes chilenos como Rodrigo y Carmen Gloria se enfrentaron a la ira irracional de una dictadura que inútilmente trató de perpetuarse en el poder.

De qué fue una tarea imperfecta no cabe duda que lo fue. Algunos esperaron que todo se arreglara sin arriesgar ni aportar al gran esfuerzo nacional. Es cierto que también hubo “colaboracionistas” con el régimen, unos de cuello y corbata, como los jueces que negaban su deber de hacer justicia en los tribunales y otros burdos y bufonescos como el grupo que intentó inscribir, a fines de los 80, un así llamado “partido socialista chileno” que fuera títere de las últimas maniobras pinochetistas. Pero nada de ello pudo detener la irrevocable voluntad democrática de la nación chilena.

Esa es la razón de fondo, por la que nunca se podrá desconocer, que desde que se bombardeó el Palacio de La Moneda, el 11 de septiembre de 1973, hasta que Patricio Aylwin se terció la banda presidencial el 11 de marzo de 1990, se registró una lucha irreconciliable entre la libertad y la opresión, que tuvo amarguras y costos, pero que logró prevalecer hasta culminar con la victoria. En esa brega, las fuerzas históricas de la izquierda y el centro políticos, no obstante sus diferencias, cumplieron un papel y fueron capaces de asumir una responsabilidad primordial.

Por eso, nutrir, cultivar y mantener una sana memoria histórica es fundamental. El crimen del caso “quemados” desnuda el atroz afán del poder dictatorial para eternizarse. Ante esa violenta pretensión, el país fue capaz de imponer su propio camino, la vuelta a la democracia.

Ningún sacrificio fue en vano y su huella perdurará en el tiempo, para que nunca se olvide que un Estado de Derecho no es un regalo ni es fruto del azar; no es así, es el resultado de un proceso histórico con sus aciertos y miserias, en definitiva, expresa lo que fuimos capaces de hacer y de lograr como país, como tarea y proyecto de nación, con arrojos heroicos, como el de aquella mañana de julio de 1986, en que dos jóvenes chilenos como Rodrigo y Carmen Gloria se enfrentaron a la ira irracional de una dictadura que inútilmente trató de perpetuarse en el poder.

Comentarios del artículo: Las víctimas no descansan - Publicado: a las 3:31 pm

Etiquetas: , , , , » Publicado: 22/07/2015

Realismo sin conformismo

En los momentos de dificultades que vive el Gobierno es realmente un contrasentido intentar crear una suerte de resistencia a la decisión presidencial de aplicar el criterio estratégico de “realismo sin renuncia”. ¡Ojo! con el populismo y la demagogia que promete inescrupulosamente una solución inmediata cuando ella no es posible.

Luego del intercambio de opiniones surgido una vez realizado el cónclave del Gobierno, en el cual la Presidenta Michelle Bachelet dijera que las reformas establecidas en su programa no son posibles de realizar simultáneamente, se expresó la diversidad de fuerzas y opciones que es propia del bloque de la Nueva Mayoría, en un necesario y legítimo debate de quienes están comprometidos con la suerte del actual Gobierno y sus proyecciones.

Sin embargo, en los momentos de dificultades que vive el Gobierno es realmente un contrasentido intentar crear una suerte de resistencia a la decisión presidencial de aplicar el criterio estratégico de “realismo sin renuncia”, a partir del hecho confirmado que las reformas comprometidas con el país, no son simultáneas y requieren un Estado sólido que las realice.

Aunque muchas personas se hubiesen convencido que los cambios se precipitarían de inmediato, las transformaciones estructurales son graduales, por cuanto se apoyan y retroalimentan entre sí.

Incluso más, el elevado financiamiento que asegura su viabilidad condiciona su desarrollo y el ritmo de las mismas, en definitiva, su propia implementación a largo plazo. Sería lamentable que las reformas se cayeran por que el Estado no es capaz de soportar el esfuerzo y su base institucional se fracturara en su desarrollo.

Se han conocido frases impactantes, como que estamos ante una rendición o un abandono generado por el chantaje empresarial; no hay que deslizarse por una pendiente que exacerba la retórica ya que ese hábito de intoxicarse en los propios dichos, es un tobogán sin fin.

Hay quienes insinúan que la solución a la estrechez derivada del bajo crecimiento y la disminución de los recursos provenientes del cobre es un mayor endeudamiento del país, se imaginan a la autoridad económica viajando a Wall Street colocando un nuevo bono soberano, en medio de las sonoras campanillas con que los banqueros festejan tales sucesos que  engordan sus activos.

Ese es pan para hoy y hambre para mañana. La actual generación no tiene derecho de dejar endeudado el país y que luego se tenga que ceder, incluso en aspectos claves de la soberanía nacional, como ahora le ocurre a Grecia, cuando llega la hora de pagar lo que parecía tan fácil. Antes, venían los inspectores del FMI y dictaban lo que se hacía y lo que no se hacía con los recursos del país; en los años ‘80 esta fue una práctica habitual. Uno de los mayores logros de la Concertación, desde los ‘90 en adelante, fue sacarle a Chile esa soga asfixiante. Sería lamentable volver a tal situación.

Puede ocurrir que ciertos personeros no den la debida importancia al déficit de 3% que se calcula para este año, pues se habla que basta un “bono soberano” y asunto arreglado. El problema es que financiar la política social que acerque a Chile, paso a paso, hacia un Estado social y democrático de Derecho es una tarea que se presentará todos y cada uno de los años venideros, porque precisamente las reformas tienen como sentido revertir la inequidad que viene desde la cuna, con una Educación que permita que las personas desplieguen plenamente sus potencialidades.

Desde luego que financiar más de 800.000 mil millones de pesos deficitarios este año, de acuerdo al Informe entregado esta semana en la Cámara de Diputados, más los costos financieros que esa carga genera y los nuevos gastos sociales provocados de una sola vez sería imposible en el corto plazo, debido a que también, el ministro Rodrigo Valdés estimó que habrán ingresos inferiores a los calculados para este año en más de 1.500 millones de dólares.

Además, nunca se debe olvidar que cuando se trata de reformas estructurales hay que tener recursos permanentes, ya que los mayores gastos no son desembolsos para una sola ocasión,  sino que obligaciones que año a año el Estado deberá cubrir, salvo que no pueda hacerlo y las reformas se desplomen por la incapacidad de sostenerlas.

Con las esperanzas ciudadanas no se puede jugar, por tanto, deben visualizarse desde ya los recursos necesarios, y de modo especial, hay que asegurar el financiamiento de la reforma educacional a largo plazo.

Así que, ¡ojo! con el  populismo y la demagogia que promete inescrupulosamente una solución inmediata cuando ella no es posible. Esas falsas promesas derrumban finalmente la confianza en las políticas sociales y desploman la credibilidad del sistema político. La derrota a evitar es que una presión  cortoplacista inviabilice las transformaciones que Chile necesita.

De modo que la responsabilidad fiscal nada tiene que ver con la ideología neoliberal, para la que todas estas demandas no debieran ni siquiera plantearse, ya que se resuelven por la mano invisible del mercado. En cuanto a la tesis de que hay que gastar no más porque es una “necesidad política”, sólo se debe recordar que ese es un breve entusiasmo que se termina a la hora de recortar o suprimir gastos sin ninguna posibilidad de financiarse.

Se han conocido frases impactantes, como que estamos ante una rendición o un abandono generado por el chantaje empresarial; no hay que deslizarse por una pendiente que exacerba la retórica ya que ese hábito de intoxicarse en los propios dichos, es un tobogán sin fin. De hecho, el camino de las reformas se vio decisivamente entorpecido por las malas prácticas y los escándalos de corrupción que situaron al Gobierno en la situación política más delicada que se ha producido desde la restauración democrática en 1990.

Claro que no se trata de la sumisión ante la desigualdad económica y social que tanto afecta la fortaleza y legitimidad de la democracia chilena. En tal sentido, es fundamental un camino estratégico  que asegure la viabilidad del proceso de reformas.

No es un realismo conformista que abandone la meta de avances civilizacionales que Chile, con sus progresos sostenidos y meritorios, está en condiciones de alcanzar. No hay que temer al proceso de reformas, pero tampoco se puede creer que se haga de un día para otro, y aún menos se debe olvidar que el costo fiscal que las garantiza es permanente.

Desde esa mirada no se advierten razones fundadas para lesionar la tan necesaria unidad de las actuales formaciones políticas gobernantes en el país. Aún más, constatando que el pluralismo y la diversidad, que es un valor del bloque de la Nueva Mayoría, significa también legítimas diferencias de opinión en su seno, hay que colocar el acento en lo que une y no en lo que divide, con vistas a que prevalezca su unidad y logre asumir como corresponde su responsabilidad de gobernar Chile.

Una perspectiva de realismo sin conformismo es hacerse cargo coherentemente, a largo plazo, de la gran tarea de derrotar la desigualdad, ese resulta ser el desafío esencial. Hay que superar las dificultades y lograr que las reformas estructurales se afiancen y articulen con un crecimiento económico sustentable. Así lo hace necesario la estabilidad democrática de la nación chilena; por ello, no se trata de mera compasión social que mitigue el dolor de algunas familias ocasionalmente.

Con tal propósito se debiese entregar instrumentos eficaces al conjunto de los sectores sociales del país y valorar su trabajo, con vistas a que construyan y aseguren un espacio de dignidad y prosperidad a los suyos, con una justa y equitativa  distribución de la riqueza que Chile es capaz de producir y crear, a fin de garantizar la cohesión social que permita seguridad y crecimiento como nación.

Comentarios del artículo: Realismo sin conformismo - Publicado: a las 11:08 am

Etiquetas: , , , » Publicado: 14/07/2015

El antipartidismo anarquizante

En la situación actual los partidos aparecen o, intencionalmente se trata de hacerlos aparecer, como las responsables fundamentales del enorme deterioro político. En este menoscabo han actuado redes subterráneas de poder, como el llamado G 90. Pero una acción de corte conspirativo de tal entidad no podía sino fracasar, como de hecho ocurrió.

A medida que la alegría desbordante provocada por la obtención de la Copa América, por primera vez en la historia del fútbol profesional de Chile, va cediendo paso a los temas cotidianos de preocupación ciudadana, retorna la mirada y el análisis a la situación que cruza al sistema político del país y, de modo especial, a la severa tensión que afecta a los partidos políticos que forman parte del mismo.

En efecto, en la situación que se ha creado las fuerzas políticas aparecen o, intencionalmente se trata de hacerlas aparecer, como las responsables fundamentales del enorme deterioro de la legitimidad y de la credibilidad que, en la actualidad, afectan al sistema político en su conjunto.

Este no es un fenómeno nuevo, ni en Chile ni en otras naciones, que atraviesan por una etapa en que se debe revalidar el mandato de los actores que están o, que aspiran a estar, en la conducción de los asuntos del Estado en el país.

Los partidos políticos son una tarea y un producto histórico determinado; no son ni perfectos ni inmutables, son el reflejo de las capacidades de una época, con las limitaciones y defectos de una obra humana, que debe actuar desde la voluntad, el talento, las convicciones, la potencia y fuerza organizacional de los grupos humanos que los constituyen; de la profundidad de sus ideas y la adecuada renovación de las mismas, en correspondencia con los retos y desafíos no sólo de cada época sino que también respecto de cada situación histórica concreta, que por su naturaleza es necesariamente desigual de muchas otras que se le puedan asemejar.

La acción política de los partidos contiene aspectos objetivos, con fundamento científico, vinculados a la realidad social que tratan de transformar, así como, arte, sutileza y esfuerzos mediáticos, que desplieguen para acometer los desafíos que se proponen. Requieren firmeza y rigor, pero también, perspicacia para captar las modificaciones que alteran la realidad que buscan cambiar, la que a su vez, influye y transforma a esos mismos partidos, que remueven y son removidos en cada ciclo o periodo histórico.

Gracias a la audacia mesiánica de algunos se ha provocado una reacción anti partidaria, con efectos enormemente anarquizantes sobre el sistema político del país. Al desconocer el papel de los partidos en democracia y debilitarse sus orgánicas, los grupos amicales y subterráneos de poder, han traído consigo el fenómeno de la corrupción y otras malas prácticas.

Con vistas a este gigantesco esfuerzo, las formaciones políticas requieren una proyección estratégica que organice y oriente sus acciones; asimismo, necesitan una táctica como expresión de los pasos concretos que realizan su mirada estratégica, y deben dotarse o ir desarrollando en el tiempo, la capacidad o arte organizacional y operacional para lograr hacer coherentes entre sí sus previsiones estratégicas con sus tareas tácticas.

Sin embargo, lo esencial es que quienes abracen los ideales de una fuerza partidista nunca olviden que los partidos políticos son hijos de una época; algunos de ellos, no todos, logran trascender en el tiempo, convirtiéndose en fuerzas precursoras de las renovaciones societales que marcan la historia; en otros casos no alcanzan tal condición y desaparecen sin que de ellos permanezca una huella mayor.

Sea como sea la historia de cada uno de ellos por separado; en una visión de largo plazo, la presencia y contribución de los partidos políticos a la construcción democrática es un aporte esencial, irremplazable e insustituible. Sin ellos, no hay perspectiva de estabilidad institucional posible. Los partidos no se miden por las personas que los constituyen, se miden por lo que son capaces de hacer por sus países y sus respectivas sociedades.

Para adquirir plena conciencia de lo que son los partidos políticos deben atesorar su experiencia en una memoria colectiva, capaz de admirar sus aciertos y entrega a los ideales, como también contar con una mirada crítica hacia sus insuficiencias y yerros históricos. Ese esfuerzo obliga a que los suyos sean capaces de pensar en profundidad y no repetir consignas o caer en una retórica sectaria, de exclusiva autoafirmación.

Hoy en Chile atraviesan por una situación difícil, controvertida al máximo; en que el parlamentarismo se impone sobre ellos, por ejemplo, cuando es evidente que debe reducirse la dieta de los honorables, los intereses de corto plazo de algunos no lo hace posible y cuando en las regiones se impone lo que quieren las oficinas parlamentarias de tales figuras y se pasa por encima de los militantes y adherentes de las fuerzas políticas. Al imponerse la demanda local por sobre el interés nacional, se atomiza la organización de las fuerzas políticas.

Luego, agravando el menoscabo de los partidos actúan las redes subterráneas de poder, los “grupos informales”. El caso reciente más conocido es el llamado G 90, que desde una cápsula hermética y sectaria pretendió controlar el proceso político-institucional, con una tesis “refundacional” de la realidad nacional que no obedecía más que a su exclusivo saber y entender.

La práctica del grupo indica que se pensaba que lo realizado no servía, que había que dejarlo atrás, olvidar un ciclo histórico y no reflexionar y analizar lo valedero de aquel periodo, lo que de él era posible aprender para tener una acción más fecunda, con sentido de país y no de grupo. Se ha demostrado que los pueblos y las naciones avanzan desde su propia experiencia histórica, lo que en Chile significa contar con las mayorías sociales que permitan el cambio político e institucional del país, a través de reformas sucesivas y graduales que no son simultáneas.

Se decía que llegaba una nueva época, cuyos contenidos esenciales, sus orientaciones estratégicas, acciones articuladoras y pasos prácticos se desconocían y se auto atribuían y radicaban exclusivamente en el mismo grupo que se arrogaba tal pretensión. Una acción de corte conspirativo de tal entidad no podía sino fracasar, como de hecho ocurrió.

Pero el daño ha sido profundo. Gracias a la audacia mesiánica de algunos se ha provocado una reacción anti partidaria, con efectos enormemente anarquizantes sobre el sistema político del país. Al desconocer el papel de los partidos en democracia y debilitarse sus orgánicas, los grupos amicales y subterráneos de poder, han traído consigo el fenómeno de la corrupción y otras malas prácticas.

Ahora bien, hay que hacer un esfuerzo de grandes dimensiones para reinstalar partidos que estén a la altura del desafío que se presenta ante la democracia chilena. En tal sentido, la propuesta hecha desde el gobierno de reinscripcion de sus miembros es una buena opción, de modo que quienes formen parte de los partidos sean personas que, de verdad, estén de acuerdo con sus postulados y perspectivas. Revisar los padrones colaboraría a reducir el clientelismo que ahoga los partidos.

Se ha extendido un disvalor perverso: la idea que ingresar a un partido es para medrar y enriquecerse, esta pretensión mezquina, propia de un clientelismo primitivo los está destruyendo y debe ser erradicada. La militancia es para servir y no para ser servido.

Junto a ello, decisiones que aporten más transparencia a sus actos y decisiones, como la elección directa de sus liderazgos, mesas directivas y bancadas parlamentarias, son ideas que se perfilan como pasos inaplazables de una voluntad de hacerse cargo y resolver los más graves cuestionamientos que les afectan. En el mismo sentido, se requiere que sus finanzas sean entera y totalmente públicas, tanto en su origen como en el gasto, de forma que no haya zonas opacas o de dudas, acerca de las fuentes de financiamiento.

Sin embargo, lo más importante es el cambio cultural en sus prácticas; en particular, se ha transformado en esencial el reclamo para controlar el canibalismo político que corroe y/o desgasta sus estructuras; si se toma como tarea principal la destrucción de aquellos que piensan distinto dentro de un mismo partido, ello está señalando que se ha trastocado, muy hondamente, el sentido de la acción política de quienes así actúan.

Pensar en una idea programática, derrotar la desigualdad como un gran objetivo-país no es compatible con un reiterado discurso público, en que lo que se intenta no es más que la descalificación humana de quienes piensan distinto. Hay que restablecer una ética de acción conjunta y servicio a la comunidad como valores fundamentales de la pertenencia a una fuerza política.

Se ha extendido un disvalor perverso: la idea que ingresar a un partido es para medrar y enriquecerse, esta pretensión mezquina, propia de un clientelismo primitivo los está destruyendo y debe ser erradicada. La militancia es para servir y no para ser servido. Retomar los ideales constitutivos de las fuerzas políticas, fusionar tales valores con las nuevas y grandes demandas de la hora actual, en permanente interacción con la ciudadanía, ese es el reto decisivo de la política en Chile.

Frente a ello la conclusión es simple: hay que detener el antipartidismo anarquizante que está afectando tan decisivamente la propia legitimidad del sistema político del país.

Comentarios del artículo: El antipartidismo anarquizante - Publicado: a las 8:01 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 23/06/2015

Un desafío a la dignidad nacional

El Comité Central del Partido Socialista aprobó una resolución de respaldo al proceso que la Corfo ha puesto en marcha de poner fin al contrato de arriendo a SQM en el Salar de Atacama. Ya no hay tutelaje que obligue a entregar las riquezas nacionales a precio vil.

Se ha informado que el Consejo Directivo de la Corporación de Fomento (Corfo), ha resuelto poner término al contrato de arriendo de las pertenencias mineras que le pertenecen en el Salar de Atacama, que se encuentran arrendadas desde 1993 a SQM, la tan controvertida empresa de la minería no metálica, ahora ampliamente conocida por la opinión pública.

Como es sabido su principal controlador, Julio Ponce Lerou, ha repletado muchas páginas con la información acerca de su cuota de responsabilidad en la emisión de boletas ideológicamente falsas, para lograr el financiamiento irregular de campañas electorales y defraudar el pago tributario correspondiente.

Recurriendo a este expediente y utilizando la razón jurídica de una de sus filiales, SQM Salar, pareciera ser que las “eminencias grises” del negocio pensaron haber descubierto un verdadero filón de oro, a través de instrumentalizar con óptimo rendimiento la entrega de una ayuda en dinero, aparentemente abultada, pero irrelevante si se compara con sus utilidades, a un grupo de parlamentarios y figuras políticas influyentes a fin de extender ilimitadamente en el tiempo el dominio sobre amplios territorios, los que le otorgaban la explotación de una parte decisiva de la riqueza de la minería no metálica del país.

Hay perplejidad y rabia en tantas personas que ven que en alguna parte del camino, la ceguera política y una distorsión en los valores esenciales de algunos partícipes de este tramado, provocó que fueran cooptados por un mecanismo perverso, alimentado en la avidez simultánea de dinero e influencia en el Estado.

De forma que se anudaron así ilegítimamente intereses que configuraron una alianza espuria que ha dañado muy profundamente la fortaleza del régimen democrático que tanto costó restablecer en Chile, al provocar al sistema político un daño del cual no se recuperará en un largo tiempo.

No cabe duda que, ante estos hechos, hay perplejidad y rabia en tantas personas que ven que en alguna parte del camino, la ceguera política y una distorsión en los valores esenciales de algunos partícipes de este tramado, provocó que fueran cooptados por un mecanismo perverso, alimentado en la avidez simultánea de dinero e influencia en el Estado. Quienes fueron parte de ese núcleo de poder llegaron a sentirse intocables e infalibles pero tenían pies de barro.

El Salar de Atacama es una de las reservas de litio más importantes del planeta. En esa tierra salina de miles de kilómetros cuadrados se deposita un componente esencial para la construcción de los medios tecnológicos de la era digital. Es increíble que a Chile su explotación le signifique tan mínimo beneficio. Eso es lo que debe rectificarse con urgencia.

Lo que arrendó Corfo a SQM, hasta el 2030, es de una riqueza invaluable, aun así la empresa no cumplió con sus obligaciones contractuales. Es decir, que el escaso pago al Estado, a través de Corfo, no fue pagado como correspondía. Parece que estos mega operadores, que amasaron una fortuna incalculable, se pensaban cubiertos por un espeso blindaje protector y no veían razones para cumplir sus obligaciones con el país.

Pero, Chile ya no es el mismo, la democracia llegó para quedarse, el tiempo de las privatizaciones de la dictadura quedo atrás; ahora el Estado debe actuar resguardando su interés, ya no hay tutelaje que obligue a entregar sus riquezas a precio vil, como ocurrió por lo demás, con la misma SQM a fines de los años ochenta. Por ello, en el Partido Socialista se adoptó en su Comité Central una resolución de respaldo al proceso que la Corfo ha puesto en marcha.

Por eso, es tan importante que la Corfo haga respetar el interés nacional y se explote esta riqueza para bien de Chile y no de propósitos mezquinos e inconfesables. Es un desafío a la dignidad nacional.

Comentarios del artículo: Un desafío a la dignidad nacional - Publicado: a las 7:00 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 16/06/2015

Hacia una Ley de Pesca legítima y limpia

Nunca me pareció un buen síntoma la permanente presencia de ejecutivos y asesores del sector pesquero industrial en las tribunas y en la cafetería del Senado hasta altas horas de la madrugada.

La arista Corpesca en las pesquisas vinculadas al financiamiento irregular de la política, a través de la entrega de boletas “ideológicamente falsas”, vuelve a remecer el escenario político y judicial en el país.

No obstante, en este caso, no se trata sólo de la responsabilidad de dirigentes políticos de primer nivel en estos hechos, sino que debido a que los aportes en dinero fueron realizados durante largo tiempo, lo que hace imposible la tesis de un aporte electoral, se plantea la muy delicada situación de una indebida e ilegítima interferencia de un grupo o sector empresarial, en el trámite y aprobación de la llamada Ley de Pesca, que cubrió un extenso tiempo legislativo, entre los años 2011, 2012 y 2013, determinando con sus disposiciones la suerte de las riquezas del mar, a lo menos, para un periodo proyectado de dos décadas.

Nunca me pareció un buen síntoma la permanente presencia de ejecutivos y asesores del sector pesquero industrial en las tribunas y en la cafetería del Senado hasta altas horas de la madrugada, era a lo menos un exceso de celo, en realidad se ejercía una presión indebida; tampoco fue válido el esfuerzo del entonces ministro Pablo Longueira de dividir a la organización de los pescadores artesanales, quienes fueron los perjudicados más directos, junto a toda la comunidad nacional, por lo que entonces se legisló.

En tal contexto, como presidente del Senado, tuve el orgullo de acoger en Valparaíso, en la sede del Congreso Nacional, a más de medio millar de representantes de la pesca artesanal, provenientes de todo el país, los que constituyeron el Consejo Nacional de Defensa de la Pesca (Condepp), que hizo múltiples esfuerzos para detener la entrega del mar a un reducido grupo de controladores financieros.

Asimismo, fui parte de la minoría parlamentaria que no pudo detener la máquina que articuló el Gobierno de Piñera y que, simplemente, arrasó, dotada de una voluntad inequívoca: imponer la ley como fuera. Incluso recurrimos al Tribunal Constitucional y también nos derrotaron, aunque logramos algo importante: el TC declaro que así como se aprobó se modifica, de manera que una mayoría ahora puede rectificar sus disposiciones más injustas o falta de transparencia.

La justicia debe sancionar a quienes incurrieron en los delitos de soborno o cohecho; pero además el Congreso Nacional debiese legislar, ahora sin la presión del dinero encima, para así resguardar efectivamente el interés nacional, en una materia de tanta trascendencia geoeconómica, como lo son las riquezas marítimas del país.

Las indagaciones del Ministerio Público, que afectan a legisladores de ambas Cámaras del Parlamento, indican una etapa superior de la cohabitación entre política y negocios, la de intervenir en el curso mismo de la aprobación de esta ley, afectando severamente la legitimidad de este cuerpo legal. No cabe duda que por ello la misma normativa esta irreparablemente dañada. Los que actuaron de esa forma lo hicieron con el grave descriterio de “pan para hoy y hambre para mañana”.

Quienes lo advertimos no fuimos escuchados. Como en la mitología griega, los dioses se enceguecieron, probablemente, un negocio superior a más de mil millones de dólares anuales, por veinte años renovables, les encandiló de tal manera que no midieron riesgos y abandonaron toda prudencia. No pensaron que podrían ser descubiertos.

La justicia debe sancionar a quienes incurrieron en los delitos de soborno o cohecho; pero además el Congreso Nacional debiese legislar, ahora sin la presión del dinero encima, para así resguardar efectivamente el interés nacional, en una materia de tanta trascendencia geoeconómica, como lo son las riquezas marítimas del país. Ahora la tarea es trabajar para contar con una ley legítima y limpia.

Ello también es parte del gran dilema, que está en el centro de la preocupación nacional, concretar la agenda por la transparencia y la probidad, a fin de restaurar la plena legitimidad de la institucionalidad democrática en Chile.

Comentarios del artículo: Hacia una Ley de Pesca legítima y limpia - Publicado: a las 7:00 am

Etiquetas: , , , , , , , , » Publicado: 01/06/2015

Hay que levantar la mirada

En esta columna, el actual vicepresidente del Partido Socialista analiza el descrédito actual de la política, cuestiona tanto las “camarillas” como la “retroexcavadora” y la generosidad de Piñera. En este escenario, plantea que las distintas fuerzas deben ser capaces de afrontar este desafío ético porque lo que está en juego es la propia gobernabilidad democrática de la nación chilena.

Definitivamente no es buen momento el que atraviesa la así llamada “clase política” del país. La pasada semana las manifestaciones estudiantiles, reimpulsadas por el grave estado de salud de Rodrigo Avilés que lucha por su vida desde el 21 de mayo, así como las largas horas de Giorgio Martelli declarando ante el Ministerio Público y diversas movilizaciones gremiales crearon, nuevamente, una situación política en que el malestar social y el descrédito del sistema político vuelven a predominar.

Como si de malas prácticas no se conociera ya más que suficiente, una última noticia viene a colmar el vaso. Se ha hecho público que, ni más ni menos que el ex Presidente Sebastián Piñera, al vender algunas “propiedades” en centenares de millones de dólares, hizo una donación de 2000 millones de pesos al partido Renovación Nacional, que éste hubo de restituirle como pago por deudas impagas. De ese modo, cualquiera es generoso.

En este ambiente enrarecido, los frutos positivos del mensaje presidencial del 21 de mayo, de modo especial su contenido social, parecen ser superados por reconcomios no exteriorizados que cruzan el alma nacional.

Las fuerzas políticas se ven desorientadas ante los sucesos que se mueven y fluyen desde las profundidades de la nación. Tampoco los llamados “opinólogos” y otros extrovertidos comentaristas se distinguen por su lucidez y claridad. En todos y todas hace falta más humildad.

Definitivamente hay que levantar la mirada, se requiere una reflexión más de fondo acerca de los desafíos y de las tareas políticas del próximo periodo. No es posible la actitud de seguir actuando como si nada pasara. Muy por el contrario, en el momento político que se vive, esa inercia puede ser temeraria.

Hay que asumir crudamente que la imagen de negociados y corruptela esté intencionalmente exagerada o no, ha pasado a ser un factor que hiere agudamente el sentido mismo, el ser constitutivo, del conglomerado de fuerzas que ha llevado adelante la reinstalación de la democracia.

En consecuencia, insisto una vez más en señalar que el primer paso es dignificar la política, generar un espacio que abra definitivamente la conciencia sobre la necesidad de superar las malas prácticas y los brotes de corrupción. La política empapada de dinero mal habido se desnaturaliza y pasa a jugar un rol definitivamente perverso.

Por cierto que sacar ese vicio de las prácticas instaladas hace ya tiempo no se consigue justificando el financiamiento irregular de las campañas electorales, recurriendo al falaz argumento que “todos” lo hacían. Esa generalización denigra al conjunto de los actores partidarios y mete en un mismo saco a las personas honradas con aquellas que no lo son, debilitando aún más la legitimidad y la fortaleza institucional del sistema político.

Definitivamente hay que levantar la mirada (…) Hay que asumir crudamente que la imagen de negociados y corruptela esté intencionalmente exagerada o no, ha pasado a ser un factor que hiere agudamente el sentido mismo, el ser constitutivo, del conglomerado de fuerzas que ha llevado adelante la reinstalación de la democracia.

Luego, viene la tarea de interpretar lo que “quiere” la gente, cuestión que no es tan simple ni tan fácil como piensan algunos. El clientelismo puede ser fatal. En mi opinión, las personas de “a pie” quieren honradez y cambios con estabilidad; es notoria la distancia que se ha producido con aquel “discurso” rimbombante pero vacío, resumido en la idea de la retroexcavadora; la gente necesita ser apreciada por lo que hace, es decir, requiere que su trabajo sea valorado como parte del esfuerzo del país para crecer y progresar.

Por el contrario, la sociedad mediática en que vivimos premia al que figura, no importando como lo haga. El ansia extrema de figuración radica ahora en ser parte de las tomas televisivas de asaltos o saqueos a farmacias, supermercados o bancos. Hay que promover un cambio de mentalidad y entregar valor al trabajo de las personas,  esfuerzo que adquiere una dimensión ética y un sentido cultural de relevante trascendencia.

Otro propósito debiese ser el respeto a uno mismo y a la tarea de las fuerzas sociales y partidarias. Se ha creado la ansiedad por aparecer, lo que en la política ha conducido a una creciente superficialidad en el mensaje, a una vulgarización de las expresiones y un empobrecimiento del lenguaje que han ido debilitando el ascendiente de los actores políticos; y a la postre, se fue configurando un circuito en que predominan intereses subalternos o de grupo, incitadas por pequeños afanes y apetitos de corto alcance, se arman camarillas que muestran un panorama mediocre y de techo bajo.

Además, se ha producido una dramática confusión entre la necesidad que tiene la acción política de realizarse desde firmes convicciones con la vana pretensión de muchos de sentirse “iluminados”, como los portadores de una nueva verdad, que los lleva a un doble error, a sentirse “refundadores” de la nación e intolerantes hacia quienes piensan distinto.

Promover el carácter universal de los derechos sociales no puede significar caer en un burdo y equívoco clientelismo, en que se concibe el Estado como un saco sin fondos, que debe proveer de manera inmediata la totalidad de requerimientos,  de la más variada naturaleza, que se le formulan. Esa desviación paternalista y, al mismo tiempo, ese aprovechamiento oportunista de las políticas sociales, lleva a la ruina cualquier pretensión de edificar un Estado social y democrático de derechos en nuestro país.

En definitiva, sostengo que ante las diversas fuerzas políticas lo que está planteado es un desafío ético. Se trata de la derrota de la cultura del “cómo voy ahí”,  de bloquear y hacer retroceder el uso de la función pública con fines exclusivamente personales, que concibe la política como simple instrumento de arribismo social, para escalar peldaños y obtener privilegios que de otra manera jamás se podrían obtener.

No soy ingenuo. Cuando se toma el gusto del poder y de las prebendas, esos hábitos se enraízan profundamente; sin embargo, en una sociedad democrática deben ser posibles de abandonar: es lo que corresponde ahora, ya que lo que está en juego es la propia gobernabilidad democrática de la nación chilena.

Nada de ello se consigue arrastrando una actitud soberbia. Lo que hoy debe prevalecer, por encima de cualquier otra consideración, es la humildad y el diálogo, para retomar el camino de las reformas que permitan el pleno ejercicio de los derechos democráticos en nuestro país.

Comentarios del artículo: Hay que levantar la mirada - Publicado: a las 9:26 am

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 19/03/2015

La clave es la transparencia

Para reinstalar la credibilidad, el señor director del SII debe poner en manos del Ministerio Público la información requerida y el Tribunal Constitucional no debe interferir de ninguna manera en el curso de la investigación. La fortaleza de la institucionalidad democrática lo hace necesario.

La atención política se ha centrado en cómo el sistema de partidos, los diferentes actores y fuerzas interesadas en la marcha y conducción del Estado, se hacen cargo del debilitamiento de la confianza ciudadana y la situación crítica por la que hoy atraviesan, ante hechos que transgreden gravemente la probidad que debe marcar la vida de tales figuras de la vida nacional.

Aún más, el propio Ministro del Interior declaró en un reciente encuentro empresarial que “Chile no es un país corrupto”. Es decir, el debate está instalado y todo indica que no hay fórmulas milagrosas que convenzan  de lo contrario a lo que dice el señor ministro, o sea que no imperan las malas prácticas en el sistema político y que la primacía en la “cosa pública” radica en la buena política.

Para reinstalar la credibilidad habrá que trabajar sistemáticamente y los resultados no serán inmediatos. Más que nunca es fundamental que las instituciones funcionen. Pero hay que definir bien por donde transitar. A mi juicio, la punta del camino está en la transparencia, especialmente cuando parecen haberse instalado en el subconsciente colectivo ciertos juicios que parecen definitivos.

Para reinstalar la credibilidad habrá que trabajar sistemáticamente y los resultados no serán inmediatos. Más que nunca es fundamental que las instituciones funcionen. Pero hay que definir bien por donde transitar. A mi juicio, la punta del camino está en la transparencia.

Uno de ellos, muy repetido y de alto riesgo para la gobernabilidad democrática es que “todos” los políticos son corruptos y están de una u otra manera manchados por las malas prácticas que se han conocido con lujo de detalles en los últimos meses.

Por eso es que la información de la llamada arista SQM del caso Penta ha dejado de ser un tema de índole tributaria, para pasar a ser un desafío a la propia legitimidad del camino institucional que el Gobierno se ha propuesto seguir para reinstalar su propia autoridad y la valía del Estado de Derecho como el instrumento esencial e insoslayable para asumir y enfrentar la situación que se ha creado.

De acuerdo a este criterio, el señor director del SII debe poner en manos del Ministerio Público la información requerida y el Tribunal Constitucional no debe interferir de ninguna manera en el curso de la investigación.

La fortaleza de la institucionalidad democrática lo hace necesario.

Comentarios del artículo: La clave es la transparencia - Publicado: a las 9:28 am

Etiquetas: , , , » Publicado: 05/10/2014

5 de octubre: Una hazaña del pueblo

En el siguiente artículo, el ex senador Camilo Escalona reivindica el peso histórico del 5 de octubre donde –según sus palabras- “la fuerza bruta fue derrotada por un lápiz” y donde se produjo en torno al No “el más importante ejercicio de soberanía popular y autodeterminación desde la independencia nacional”.

Las encrucijadas históricas, aquellas que marcan un antes o un después en la vida de una nación, merecen el nombre de tales si la perspectiva posterior confirma o no que se constituyeron en un momento decisivo, de aquellos que trascienden en el tiempo. Es decir, si lo que allí sucedió marco ese periodo, si lo que estuvo en juego resulto o no de alcance determinante o si sólo fue un hecho más, rutinario y puntual.

Es mi convicción que lo ocurrido hace 26 años, en el Plebiscito del 5 de octubre de 1988 fue un hecho histórico, cuyo resultado provocó una derrota política decisiva al afán de la dictadura de Pinochet de permanecer  en el poder.

En aquellas circunstancias, se desarrollaba una dura brega para restablecer la democracia en Chile. Las protestas populares que se iniciaron en mayo de 1983 daban cuenta de un extenso movimiento social que reclamaba Pan, Trabajo, Justicia y Libertad, rompiendo con aquel triste periodo denominado por el cardenal Raúl Silva Henríquez como “la paz de los cementerios”, que caracterizara la cruenta represión con que se consolidó la dictadura.

Al calor de esas luchas democráticas y populares, en muy difíciles condiciones se desplomó la proscripción de las fuerzas políticas, se instalaron medios de prensa e información independientes y se reinstalaron los agrupamientos y organizaciones que, finalmente, derrotaron el régimen militar. En tal contexto, todos los esfuerzos y una potentísima  diversidad de fuerzas confluyeron tras el tan ansiado objetivo de recuperar para Chile la libertad perdida.

El Plebiscito del 5 de octubre en su origen cumplía una función de simple confirmación de Pinochet. Así fue el diseño del dictador en 1980. Sin embargo, el país había cambiado, la censura derrotada y la civilidad reactivada, así como los partidos políticos lograban estar reorganizados, con ello se hizo posible enfrentar y derrotar el plan de perpetuación. Pinochet ya no controlaba lo que creía controlar. Fue una situación paradojal e irrepetible. Advertir esta singularidad del escenario nacional fue mérito de las fuerzas que se agruparon en la Concertación. No obstante, el conjunto de los opositores al régimen convergieron en el No haciendo posible la victoria.

En la noche del 5 de octubre, Pinochet intentó un autogolpe de Estado que ahora parece irrisorio, pero cuyo costo social habría, una vez más, sido pagado por las fuerzas populares. En ese momento, los uniformados en los que había sostenido su dictadura terrorista le dieron la espalda. Ahora sí que tenía que conocer el gusto amargo de la derrota.

De imponerse la opción del Sí, es decir,  la eternización de un pinochetismo  sin otro proyecto que contener la demanda democrática a fuerza de represión, mezclada con un autoritarismo populista que no era más que la atomización del movimiento social con un asistencialismo barato. En tal caso, sin mayores perspectivas, Chile habría caído en una etapa de decadencia en que las fuerzas opositoras hubieran afrontado severas dificultades para mantenerse unidas y seguir bregando tras el objetivo democrático. El triunfo de Pinochet con el Sí era impedir el retorno a la democracia por un periodo indefinido.

Para bien de Chile no ocurrió así. La fuerza democratizadora de la opción del No unió a los más vastos sectores ciudadanos, germinando una alternativa política que se expresó primero, en el Comando del No, y luego en la Concertación por la Democracia. Al mismo tiempo, el impulso popular generó en los partidos que se unían una potente capacidad organizacional que anudó en la base social, mesa a mesa, el control del Plebiscito en los lugares más alejados del territorio nacional, haciendo imposible un fraude que desconociera la voluntad popular. La fuerza bruta fue derrotada por un lápiz.

La unidad en torno al No creo una mística, cantos, emblemas, símbolos e imágenes que se extendieron masivamente con una energía incontenible, sin que pudieran ser frenadas ni anuladas desde el aparato estatal, ni con la CNI ni con las maniobras vergonzosas de la campaña del Sí.

En tal contexto, la derecha amarrada a la suerte de Pinochet sufrió una derrota de carácter histórico.

Al movilizarse la voluntad del país, tras una misma comprensión de cuál era el interés general de la nación se produjo el más importante ejercicio de soberanía popular y autodeterminación desde la independencia nacional.

Ante ello,  en la noche del 5 de octubre, Pinochet intentó un autogolpe de Estado que ahora parece irrisorio, pero cuyo costo social habría, una vez más, sido pagado por las fuerzas populares. En ese momento, los uniformados en los que había sostenido su dictadura terrorista le dieron la espalda. Ahora sí que tenía que conocer el gusto amargo de la derrota.

Aquel día fue testigo y escenario de una formidable hazaña popular y nacional, que liquidó el plan de perpetuación institucional de la dictadura y cambió el curso de la historia de Chile.

Comentarios del artículo: 5 de octubre: Una hazaña del pueblo - Publicado: a las 10:52 pm

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 11/09/2014

La presencia de Allende en el proceso de reformas

En esta columna cuando se cumplen 41 años del Golpe, Camilo Escalona defiende su tesis de “unidad en la diversidad” y hace el nexo del actual momento de la Nueva Mayoría con la figura de Salvador Allende.

Llegó el mes de septiembre y, con razón, se rinde homenaje a la memoria de las víctimas y de los caídos en el duro esfuerzo que significó restablecer la democracia en Chile. En muchos hogares las familias rememorarán al padre o la madre, hijo o hermano ausente, a quien permanece como detenido desaparecido, al joven que perseguido se fue al exilio, a la muchacha que fue violada o al abuelo que fue exonerado de su trabajo y cayó en la pobreza.

En este marco, las emociones se desatan. Septiembre es un mes de congoja por el derrumbe de la democracia, y también de festejos por la celebración de la independencia nacional. Este es un mes de insalvables contradicciones, de velatones y misas, de fondas y cuecas.

Además, en este septiembre de 2014, se conmemora el 50° aniversario del triunfo del Presidente Eduardo Frei Montalva en 1964, que dio inicio a la reforma agraria y acometió la chilenizacion del cobre, así como el 44° aniversario de la elección de Salvador Allende en 1970. Ambos, junto a Pedro Aguirre Cerda están entre los presidentes visionarios del siglo XX que impulsaron el progreso social de Chile, de aquellos que supieron marcar un rumbo cuando la nación lo necesitaba.

En las dos elecciones presidenciales con liderazgo entre el centro y la izquierda (1964 y 1970), ambos conglomerados se empinaron a una fuerza mayoritaria de dos tercios del electorado nacional. Sin embargo, su lamentable distanciamiento fue, a la postre, decisivo en el cuadro político en que se abrió paso la conjura golpista de 1973.

Las consecuencias de ello, señalan que no hay excusa ni argumento que valide el desencuentro entre los demócratas chilenos, errando históricamente los que piensan que es mejor que se ponga término a la colaboración en tareas de Gobierno entre el centro y la izquierda. Creen que de ese modo se tomaría “el camino correcto”, como insinúan debió ser desde el primer momento el proceso de reinstalación del régimen democrático, una ruta sin la complejidad de actuar en alianza generando mayorías para avanzar, una línea de acción purista pero estéril, sin tomar debidamente en consideración las condiciones históricas concretas que ha vivido el país.

“Si primara el criterio estrecho de que mientras menos mejor, el bloque de la “Nueva Mayoría” rápidamente pasaría a ser minoría (…) He insistido en la idea que ello sería fatal, ya que la ausencia de la mayoría social y política necesaria para los cambios, generaría un vacío político que vendría a ser ocupado y utilizado por los grupos o fuerzas disgregadoras que se empeñarían en imponer propuestas populistas”

Si primara el criterio estrecho de que mientras menos mejor, el bloque de la “Nueva Mayoría” rápidamente pasaría a ser minoría. En esa idea se cree que llegó la hora de poner término al periodo de unidad en la diversidad que ha perdurado ya durante más de un cuarto de siglo, en la Concertación y ahora en la Nueva Mayoría. Si ese enfoque prevaleciera sería fatal para el proceso de reformas en curso en nuestro país. La mejor manera de impedir las reformas es hacer minoría a la mayoría.

He insistido en la idea que ello sería fatal, ya que la ausencia de la mayoría social y política necesaria para los cambios, generaría un vacío político que vendría a ser ocupado y utilizado por los grupos o fuerzas disgregadoras que se empeñarían en imponer propuestas populistas, haciendo imposible la conducción de la agenda contra la desigualdad, propiciando la confusión y la dispersión de las fuerzas hoy aliadas, agrupadas y orientadas en un objetivo común. La unidad es la clave para enfrentar las tareas pendientes.

Más aún, Chile necesita ejercitar su diversidad cultural y política. La conducta del fenómeno de anarcofascismo que marca las manifestaciones, en que los llamados “encapuchados” quieren agredir físicamente a todos quienes no les simpatizan, da cuenta de un resabio de intolerancia en la cultura nacional que es sumamente peligroso. En democracia se requiere la interacción, la colaboración y la influencia recíproca entre fuerzas que son diferentes. Vencer al sectarismo y los rezagos dogmáticos del autoritarismo lo hacen indispensable.

En 1970, la idea estratégica del líder que encabezaba la coalición de la Unidad Popular, Salvador Allende, apuntaba en la dirección de lograr la más amplia unidad. Su insistencia era sumar y no restar. Ir más allá de las fronteras del movimiento popular y proyectar una auténtica alternativa nacional. Algunos desean ignorar esa característica básica del liderazgo de Allende. O, tal vez, simplemente no conocen su personalidad política en todas sus múltiples dimensiones.

La Unidad Popular aspiraba a ser la convergencia de quienes, en los más amplios sectores, abrazaban un proyecto común y no una elite de iluminados. Su propósito era la transformación de Chile en democracia. El sectarismo y el abuso con el verbalismo ultra revolucionario con que se actuó por parte de algunos en su coalición, fueron sus más tenaces adversarios.

La actitud permanente y la inclinación natural de Allende era hacia la amplitud y hubo de bregar en el seno mismo de las fuerzas de izquierda en contra de la estrechez, saliendo tantas veces al paso de aquel errado enfoque que concibe las escisiones y proliferación de grupos dispersos, pero bulliciosos, como “crisis de crecimiento”. Nadie se fortalece dividiéndose.

La Unidad Popular aspiraba a ser la convergencia de quienes, en los más amplios sectores, abrazaban un proyecto común y no una elite de iluminados. Su propósito era la transformación de Chile en democracia. El sectarismo y el abuso con el verbalismo ultra revolucionario con que se actuó por parte de algunos en su coalición, fueron sus más tenaces adversarios.

Un Chile más justo, como centro articulador de la propuesta allendista,  es una idea plenamente convergente con las reformas contra la desigualdad que hoy se impulsan en nuestro país.

El proyecto político de la vía chilena al socialismo, “en democracia, pluralismo y libertad”, adelantándose visionariamente en el tiempo al derrumbe de la ex Unión Soviética, no tenía como propósito la estatización del conjunto de la economía y tampoco generar un sistema político de partido único que asumiera el control del debate público y el monopolio de las ideas. Su pilar esencial se puede resumir en la idea de avanzar hacia la justicia social en democracia.

Muchas veces en sus discursos, Allende reiteraba su gran objetivo: “Que el pueblo tomara en sus manos su propio destino”. Esa idea estaba fundida a la defensa del pluralismo y la diversidad, al esfuerzo por la evolución de las instituciones democráticas y republicanas como la base de la construcción del Chile que soñaba.

Por eso, no me cabe duda que hoy Allende estaría activamente presente en la lucha contra la desigualdad, en el esfuerzo de configurar la mayoría nacional que se requiere para lograr hacer realidad un proceso de reformas necesario e indispensable para la estabilidad democrática, tarea que se hunde y emerge de las luchas históricas por el progreso social en Chile.

Comentarios del artículo: La presencia de Allende en el proceso de reformas - Publicado: a las 3:55 pm

Etiquetas: , , , , » Publicado: 21/04/2014

Unidos por Chile

La fuerza multitudinaria de la solidaridad hacia Valparaíso, indica firmemente que el reencuentro nacional es un hecho instalado profundamente en el corazón de las nuevas generaciones.

Hace una semana, la tragedia del enorme incendio en la ciudad de Valparaíso, conmovía a Chile entero. Horas después, sin llamamiento previo, por su propia inspiración e iniciativa, una vastísima movilización de jóvenes voluntarios surgía con una mística incontenible.

El estado de catástrofe decretado para responder más eficazmente a los requerimientos generados por la emergencia, permitió observar la fusión de la energía de miles de jóvenes de las aulas universitarias y secundarias con los jóvenes provenientes de las diferentes instituciones de la Defensa Nacional.

Meses atrás, a raíz de cumplirse cuatro décadas desde el derrumbe de la democracia y la implantación de la dictadura, en muchos foros, una vez más, se hizo la pregunta acerca de sí Chile, era o no, un país reconciliado consigo mismo y capacitado para mirar el futuro, sin el riesgo de una fractura en su ser nacional.

Chilenos y chilenas sentimos que se debe socorrer y levantar al hermano en desgracia, y la juventud chilena tomó el liderazgo de ese esfuerzo.

La fuerza multitudinaria de la solidaridad hacia Valparaíso, indica firmemente que el reencuentro nacional es un hecho instalado profundamente en el corazón de las nuevas generaciones, que independientemente de las posiciones divergentes sobre nuestro pasado histórico reciente, existe en el alma nacional una actitud común, una visión que nos hermana y reúne cuando una tragedia golpea al país.

Chilenos y chilenas sentimos que se debe socorrer y levantar al hermano en desgracia, y la juventud chilena tomó el liderazgo de ese esfuerzo.

En la aldea global que nos cobija se vive de manera tan vertiginosa, se suceden los hechos en una dinámica imparable, que provoca una realidad tal que las personas se distancian de sus respectivos desafíos como país.

Además, no pocos Estados están tan debilitados que sus naciones se dividen y sucumben ante nuevos y radicalizados separatismos, creados por el resurgimiento de antiguos nacionalismos.

En Chile, no obstante la necesidad de encarar el desafío de la desigualdad, frente al cual hay diversas visiones, se registra una convergencia de quienes constituimos el país, de estar unidos en lo esencial, de fortalecer la democracia y superar sus carencias.

Chile se define desde sus hijos, no desde el mercado, la nación se forma desde un compromiso de pertenencia, básico e irreemplazable que, ante la desgracia y la catástrofe que ha sacudido a Valparaíso se ha manifestado con una potencia y envergadura que permite tener confianza en el futuro.

Comentarios del artículo: Unidos por Chile - Publicado: a las 9:05 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 25/03/2014

El obispo Camus

Hombres valientes como Carlos Camus se irguieron incalificables ante la degradación del Estado de Chile. Pero su partida no logró el recogimiento que debió haber tenido en la comunidad nacional.

Luego de una larga y dedicada existencia a la Iglesia Católica y a la defensa de los Derechos Humanos ha fallecido el obispo Carlos Camus.

Su extenso paso por la provincia de Linares, sirviendo como pastor y guía de su diócesis, así como, su coraje y valentía como Secretario General de la Conferencia Episcopal de Chile en el momento más duro de la represión dictatorial, en los años ‘74 al ‘76, son el testimonio concreto de un ser humano profundamente entregado a su patria y su pueblo.

Tal vez no imaginó el obispo Camus la trascendencia de la misión que emprendió cuando comenzó su tarea. En sus dependencias se reunía la información que develaba los crueles y alevosos crímenes y feroces atropellos a los derechos humanos. Esas acciones no eran hechos aislados.

Por el contrario, las súplicas de las víctimas y el dolor de los vejámenes se configuraban como una vergüenza sin parangón en nuestro país. Así sería reconocido por las propias Fuerzas Armadas un cuarto de siglo después.

Hombres valientes como Carlos Camus se irguieron incalificables ante la degradación del Estado de Chile y lograron dar a conocer y conmover con la verdad al conjunto de la conciencia universal.

Hombres valientes como Carlos Camus se irguieron incalificables ante la degradación del Estado de Chile. Pero su partida no logró el recogimiento que debió haber tenido en la comunidad nacional.

Por eso que Pinochet no pudo en 1988 imponer un Plebiscito sin garantías, como sí lo había conseguido en 1978 y 1980, sino que las condiciones impuestas por la comunidad internacional hicieron inevitable el reconocimiento del triunfo del NO que el 5 de octubre, inició el término de la dictadura.

Mi sensación personal es que su partida no logró el recogimiento que debió haber tenido en la comunidad nacional.

El torbellino de las imágenes, la farandulización de los hechos noticiosos, el creciente desconocimiento del costo social y moral que hubo que pagar para rehacer la democracia es por momentos preocupante e influyen en que cuando despedimos a uno de los grandes, como el obispo Camus, quedamos en deuda como país.

Hoy la tendencia a pensar que las cosas pasaron sin lucha y de manera enteramente fácil, a la postre, ha venido instalando una suerte de filosofía de baja altura en que se desconoce la historia y existan quienes presumen que la vida del país comenzó con ellos.

Ante el debilitamiento de los valores que ello significa, liderazgos morales y de país como el entregado por el obispo Camus toman una dimensión decisiva.

Son esos seres humanos, de carne y hueso, que enseñan que es posible vencer el miedo que provoca el terror y que se puede derrotar la intolerancia, que mientras existan aquellos que se atreven a oponerse y denunciar el terrorismo de estado y el intento de domesticar las conciencias será posible seguir confiando en el porvenir de la civilización humana.

Comentarios del artículo: El obispo Camus - Publicado: a las 9:08 am

Etiquetas: , , » Publicado: 17/03/2014

Desafiantes perspectivas

Son enormes las dimensiones del desafío por lo que no hay margen para el escapismo de consignas rimbombantes, fruto de la sobre ideologización o del voluntarismo. Exigir poner en el centro el tema de una Asamblea Constituyente es un camino directo al escapismo.

Se ha cumplido con el veredicto democrático de la soberanía popular y se ha producido el cambio de gobierno, de acuerdo con las normas constitucionales que rigen el país. De este modo, se abre una nueva etapa en Chile.

Hace años que sostengo que la desigualdad existente en el país, se ha constituido en el principal obstáculo interpuesto ante la nación chilena para la armonía de su convivencia interna, la ética social que la distinga, su fortaleza institucional y la vitalidad que tenga el sistema político para dar justa respuesta a los fenómenos de desencanto que se expresan en franjas significativas de la sociedad.

Asimismo, contradiciendo la teoría neoliberal, de que se crece como país cuando cada cual se las arregle como puede, la desigualdad entorpece severamente los esfuerzos hacia un nuevo ciclo de crecimiento económico al horadar la legitimidad social de tal objetivo fruto de las consecuencias generadas por una desatada concentración de la riqueza.

No cabe duda que las perspectivas son desafiantes, pero la correcta priorización de las iniciativas centrales del periodo permitirán afianzar la mayoría nacional capaz de respaldar el proceso de reformas que se haga cargo de la desigualdad y logre que Chile avance, que llegue a una nueva etapa de desarrollo que fortalezca el sistema político y permita afianzar el régimen democrático en Chile.

Hoy se observa una etapa superior de la desigualdad por la impotencia de frenar los abusos e injusticias que afectan a la población.

Desde que la votación concertacionista descendió en las elecciones parlamentarias de 1997 en cerca de un millón de votos, he sostenido este punto de vista. Ahora esta idea se ve ratificada por la recién asumida Presidenta al indicar que, precisamente, el gran adversario es la desigualdad.

Se trata que en la sociedad chilena en su conjunto se haya extendido esta convicción. La paz social y la estabilidad democrática están unidas a una pronta disminución de la desigualdad. Asumir esta conclusión significa actuar en coherencia con ella, es decir, que la carta de navegación gubernativa está determinada por esta idea.

En tal sentido, la agenda económica y social se juega en la voluntad y eficacia gubernativa de estos primeros meses. Las expectativas ciudadanas son elevadas y exigentes. De manera que el empuje para sacar adelante la reforma tributaria que financie la anhelada reforma educacional resultan ser un hito ordenador. Son los brazos sustantivos del proceso reformador.

Asimismo, están en la agenda los temas que la ciudadanía expresó en tantas jornadas durante el 2013: la recuperación de la dignidad en la salud pública, las reformas laborales para aumentar la participación del mundo popular en la distribución del ingreso, la urgencia de otorgar al sistema de pensiones las condiciones básicas para que la condición de adulto mayor no sea sinónimo de pobreza y aislamiento, la necesidad de una respuesta a la demanda indígena que se ha agudizado en los últimos años, la reinstalación de una política de vivienda con auténtico sentido social, la creación de un nuevo horizonte en el ámbito de la política energética, la generación de una política de seguridad pública que realmente frene a la delincuencia y la consecución de una estrategia que salve a las micros, pequeñas y medianas empresas, son todas cuestiones que no se podrán eludir y deberán tener su sitio en la tarea que se ha iniciado.

Lugar especial es la acción de fiscalización y regulación tendiente a poner término a los abusos y la colusión en servicios esenciales para la población.

De manera que son enormes las dimensiones del desafío por lo que no hay margen para el escapismo de consignas rimbombantes, fruto de la sobre ideologización o del voluntarismo de quienes se sienten dueños de la verdad y quieren imponerla al país aun cuando sean minoría y su maximalismo contradiga las tareas primordiales del ejercicio de un buen gobierno.

En tal sentido, exigir poner en el centro el tema de una Asamblea Constituyente es un camino directo al escapismo, a que los grandes temas para hacerse cargo de la desigualdad no se enfrenten y queden indefinidamente pendientes.

La izquierda siempre ha impulsado el progreso social, desde Valentín Letelier hasta Recabarren, desde Clotario Blest hasta Salvador Allende; no hay ninguna razón para abandonar este camino estratégico. Ello se enmarca en los desafíos que el país impondrá en la agenda.

No cabe duda que las perspectivas son desafiantes, pero la correcta priorización de las iniciativas centrales del periodo permitirán afianzar la mayoría nacional capaz de respaldar el proceso de reformas que se haga cargo de la desigualdad y logre que Chile avance, que llegue a una nueva etapa de desarrollo que fortalezca el sistema político y permita afianzar el régimen democrático en Chile.

Comentarios del artículo: Desafiantes perspectivas - Publicado: a las 10:07 am

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 10/03/2014

Mi paso por el Senado

La tarea democrática del Senado es, por esencia, de carácter, alcance y naturaleza nacional, aunque algunos demagógicamente exageran su acción clientelística con diversas demandas de grupos locales.

Ha concluido mi período de ocho años como senador de la República de Chile. Arribo al momento del término de mi mandato agradecido de quienes me eligieron, de los funcionarios que con irrestricto profesionalismo despliegan sus labores en la corporación, del apoyo de mis colegas de la Concertación que me eligieron como Presidente de tan distinguida institución republicana, de todos quienes me colaboraron a que ejerciera dicha responsabilidad a la altura del cargo, de mi esposa que siempre me ha acompañado, de mi hija de la que sólo he recibido comprensión y del Partido Socialista, que para mí es como un padre subyacente que guía mis pasos.

Nada es eterno y lo que vale es hacer la labor de cada cual con la dignidad necesaria. Así me empeñé en hacerlo. Por eso, suscribí e impulsé más de cien proyectos de ley.

Propuse el “Plan Chiloé”, a mediados del 2006, en medio del desconcierto que se generó por la postergación de la construcción del puente que uniera la provincia chilota con el continente; por ello me esforcé en conformar instancias de formación y capacitación de los dirigentes sindicales de la región de Los Lagos, especialmente de Chiloé, para enfrentar las duras condiciones laborales y obtener una mejor distribución de la riqueza creada por su incesante esfuerzo.

Del mismo modo, respaldé las justas movilizaciones del sector público por su carrera funcionaria y contra las persecuciones sectarias de la autoridad.

En la lucha contra la desigualdad que aflige al país, estuve permanentemente del lado de la pesca artesanal para evitar su extinción, los abusos del sector industrial y la privatización de nuestras aguas y mares.

Con ese mismo propósito luché por la calidad de la salud pública, impulsando y concretando el financiamiento, bajo el gobierno de Michelle Bachelet, del hospital regional en Puerto Montt y, de acuerdo con esa orientación de lucha contra la desigualdad, trabajé año a año la discusión del presupuesto para mantener y/o aumentar los recursos de la Corporación Nacional para el Desarrollo Indígena, Conadi, de modo especial para resolver las demandas de tierras del pueblo huilliche, en particular de la comunidad de Compu, en la comuna de Quellón.

Asimismo, logré que la entonces ministra de Vivienda, Patricia Poblete, elevara sustancialmente el monto de los subsidios para los hogares que requerían una vivienda social digna y capaz de resistir el clima de la región.

Luché por la conectividad hacia la provincia de Palena, de modo especial, con la comuna de Chaitén, con la cual se avanzó con más decisión, luego de la erupción volcánica, para vencer el aislamiento histórico que ahoga su desarrollo.

Me jugué los cuatro años del gobierno de Michelle Bachelet porque esa primera experiencia de una mujer en la Presidencia, en la Jefatura del Estado, alcanzara las metas y los objetivos que en el país se esperaban. Eso se logró plenamente.  Tanto es así, que luego de este período presidencial de la derecha, nuevamente se le entregó por la ciudadanía el mandato para dirigir el país. Hoy es fácil subirse al carro de la victoria

Impulsé el subsidio escolar para el transporte marítimo de Chiloé, el mejoramiento del transporte colectivo con la aplicación directa del mismo subsidio que se aplica para el Transantiago y, en medio de la crisis de la industria del salmón, promoví y se materializaron mil subsidios para trabajadoras desplazadas por la contracción que se generó en ese sector.

Así también, promoví una ley para resolver el problema ya muy antiguo de la carencia de títulos de dominio por parte de las familias y emprendedores de los palafitos en Castro y otros lugares, que los requieren para el despliegue de la industria turística. Esa tarea quedó pendiente.

Sin embargo, como es evidente, la actividad de un senador no puede reducirse a sus límites regionales, aunque algunos demagógicamente exageran su acción clientelística con diversas demandas de grupos locales.

La tarea democrática del Senado es, por esencia, de carácter, alcance y naturaleza nacional. En tal sentido, me jugué los cuatro años del gobierno de Michelle Bachelet porque esa primera experiencia de una mujer en la Presidencia, en la Jefatura del Estado, alcanzara las metas y los objetivos que en el país se esperaban. Eso se logró plenamente.

Tanto es así, que luego de este período presidencial de la derecha, nuevamente se le entregó por la ciudadanía el mandato para dirigir el país.

Hoy es fácil subirse al carro de la victoria, porque en Chile se reconoce la extensa tarea de protección social que en su período se llevó a cabo. Pero en el curso de esa etapa, a muchos actores no les resultaba tan claro lo que estaba pasando.

Surgieron los llamados “díscolos”, que se empeñaron en hacerle la vida difícil a la Presidenta en su primer mandato. En mi caso, las dudas nunca me asaltaron y me mantuve firme en mi posición de respaldar a la Presidenta Bachelet y su gobierno, contra viento y marea. El tiempo dio su veredicto respecto de quién tuvo la razón.

En mi período de senador, mantuve una especial preocupación por la construcción de una memoria histórica sana, capaz de reivindicar el legado de las víctimas que sufrieron la violación de sus derechos humanos, bajo el régimen dictatorial, que entregaron lo mejor de sí por la conquista de la libertad y la democracia para Chile.

Esa perspectiva de justicia y paz, de reparación y reencuentro, representa una voluntad de entendimiento y construcción democrática enteramente distante del odio, la descalificación visceral de personas o instituciones y del enceguecimiento que alimenta represalias insensatas o irracionales.

Me esforcé en la promoción de un proyecto de ley, que el Senado aprobó en general, para que la prohibición del uso de las llamadas “sociedades espejo” cerrara la puerta al principal instrumento de lucro ilícito e ilegítimo en la educación superior.

Así, también participé de la iniciativa “Amor de Papá”, que establece la responsabilidad compartida de los hijos de la pareja en caso de divorcio o separación; del proyecto de identidad de género; presidí la Comisión de la Reforma Previsional el año 2007 y rechacé la nefasta Ley de Pesca, entre otras tantas iniciativas legislativas.

Luego de que ganara la derecha y se instalara Sebastián Piñera en La Moneda, se creó-en las filas de aquellos que estando en el gobierno pasaban a la oposición- una situación de acentuada perplejidad, de fuerte tensión y desconcierto, de temor a tener que actuar sin el respaldo del gobierno de turno que había pasado a manos de la derecha.

Muchos quisieron tirar todo por la ventana, una actitud equívoca de “arrancar para adelante”, en que primaba un espíritu de desunión y de ánimos de atomización. La tarea fue hacerse cargo de esa nociva y confusa conducta, que no tenía objetivos claros ni servía para asumir la realidad de la derecha de vuelta al control total del poder.

En su confusión, tales actores conocidos en la jerga mediática como el “discolaje”, se pasaban de una extrema y radical oposición a un entreguismo sin pena ni gloria. Se confundían los conceptos y valores con los procedimientos. En fin, una situación nada fácil y sin claridad estratégica.

Frente a ello dije “Basta”, en una columna de opinión que causó impacto, en la que señalé que se dejara de tirar todo por la borda, en especial el esfuerzo democratizador realizado en Chile desde la campaña del NO en adelante.

Defendí sin complejos la tarea realizada y me expuse a las descalificaciones del canibalismo político, pero no me rendí ni me sometí a la confusión y tuve siempre la perspectiva de mantener la unidad entre la izquierda y el centro, como acuerdo político central que permitiera levantar y cohesionar una mayoría nacional capaz de derrotar a la derecha.

El desánimo fue derrotado por las potentes movilizaciones sociales que, encabezadas por el estudiantado, solicitaron no sólo al gobierno sino que al sistema político en su conjunto, una educación pública, gratuita y de calidad, como parte de un programa más amplio de transformaciones que se hicieran cargo de la injusticia y la desigualdad social.

Como suele ocurrir con estos procesos sociales de gran envergadura, muchos que estaban agotados pensando que no se podía hacer nada, reemergieron requiriendo hacerlo todo, repitiendo con otro lenguaje el gravísimo error de quienes piensan que la historia comienza cuando ellos entran en escena.

Fui elegido Presidente del Senado, realizando una labor que diera completa garantía a mis pares, del correcto uso de tan decisiva investidura. Al mismo tiempo, promoví un amplísimo diálogo, transversal, acerca del flagelo de la desigualdad que afecta a Chile.

Foros, seminarios y el trabajo de la Biblioteca del Congreso Nacional, con el título de “Retrato de la desigualdad” fueron testimonio material de esa tarea fructífera, que se expresó, incluso, en los programas de diversas candidaturas presidenciales y parlamentarias presentadas en el curso del segundo semestre del 2013.

Tengo el orgullo de ser el primer militante socialista que asumiera tal responsabilidad, con posterioridad a la que ella fuera ejercida por el Presidente Salvador Allende y el primero que se hiciera cargo de la misma luego del restablecimiento de la democracia.

Defendí sin complejos la tarea realizada y me expuse a las descalificaciones del canibalismo político, pero no me rendí ni me sometí a la confusión y tuve siempre la perspectiva de mantener la unidad entre la izquierda y el centro, como acuerdo político central que permitiera levantar y cohesionar una mayoría nacional capaz de derrotar a la derecha.

Así ocurrió y creo, sin falsa modestia, que tampoco me equivoqué en actuar con esa orientación, respaldando en todo momento el esfuerzo realizado por el Partido Socialista con ese propósito.

Con la realización de las elecciones municipales, a fines del 2012, se derrotó la arremetida populista, de promesas fáciles y de abusos de poder con fines mediáticos, ejercida por la administración piñerista. Se pudo comprobar que se cerraba un ciclo político. La derecha no iba a mantenerse en el gobierno de la nación.

El camino para un nuevo mandato de Michelle Bachelet quedó abierto con el efecto político generado por ese resultado electoral. La larga campaña del año 2013 así lo confirmó.

Para mí, de lo alcanzado en esta etapa, lo más importante es que la lucha contra la desigualdad puede hacerse ahora, contando con la iniciativa social respaldada por un nuevo gobierno que goza de una clara mayoría para emprender reformas que son necesarias para el país.

Consolidar la paz social en Chile significa una profunda renovación institucional y un esfuerzo concreto y a fondo para superar la desigualdad.

Aunque el resultado en mi postulación senatorial me fue desfavorable, mi esfuerzo fue fructífero porque es parte del enorme avance democrático que se abrirá paso con la instalación del nuevo gobierno y su programa de reformas.

Comentarios del artículo: Mi paso por el Senado - Publicado: a las 9:30 am

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 12/02/2014

La contratación de amigos

Para la administración Piñera, la lógica fue servirse del Estado y no servir a la función pública. Ya ocurrió con las más de 10 mil exoneraciones en su primer año de ejercicio y el copamiento con jóvenes y obsecuentes tecnócratas que fueron beneficiados con remuneraciones que duplicaron las de sus antecesores.

Independientemente del caso individual en que el ex alcalde y aspirante a senador, Pablo Zalaquett, aparece contratado por todo un año que luego del revuelo público se reduce a dos meses, lo que se ha puesto de manifiesto es una mala práctica política. Ésta es la de recargar por el Gobierno que termina, con contrataciones de adictos e incondicionales, las responsabilidades de asesoría directa e inmediata de los altos ejecutivos de la administración central del Estado, en un claro perjuicio al erario fiscal y al régimen que lo sucede en La Moneda.

En el fondo hay una mirada exclusivamente utilitaria y de profundo menoscabo hacia la función de la Administración Pública, lo cual fue expresado en múltiples oportunidades en el curso del Gobierno que pronto termina. Así ocurrió con las exoneraciones en un número superior a 10 mil en su primer año de ejercicio y el copamiento con jóvenes y obsecuentes tecnócratas que fueron beneficiados con remuneraciones que duplicaron las de sus antecesores en cargos similares. Invitaría a revisar las plantillas de asesoría en los gabinetes ministeriales que se elevaron a cifras superiores a 6 e incluso a 7 millones de pesos mensuales.

Había que servirse del Estado y no servir a la función pública. Tal fue la clave de la cuestión.

Este crítico balance no exonera las serias debilidades y los errores producidos en los Gobiernos concertacionistas en diversas tareas del Estado, como lo fueron el Crédito con Aval del Estado, el Transantiago o el no envío de una ley que abriera el trámite legislativo sobre una AFP estatal.

Hubo otras áreas en que lo público fue sometido a duro castigo: los servicios de salud, la inversión en capacitación laboral, las políticas de vivienda, el deterioro de instituciones destinadas a cautelar el interés general, como el INE o encargadas de reducir la pobreza, tales como la Ficha de Protección Social o la calidad de prestaciones tan significativas como las entregadas por la Junaeb.

El balance de todo ello es una mínima reducción de gastos y el ensayo de un cínico paternalismo, ejercido en ayudas directas a grupos de familias (muchas canastas con paquetes de alimentos) con fines exclusivamente clientelísticos.

Es la vieja idea de la derecha que mientras más chico sea el Estado mejor y lo poco que haya usarlo en beneficio propio.

Este crítico balance no exonera las serias debilidades y los errores producidos en los Gobiernos concertacionistas en diversas tareas del Estado, como lo fueron el Crédito con Aval del Estado, el Transantiago o el no envío de una ley que abriera el trámite legislativo sobre una AFP estatal.

En definitiva, ningún país comienza con la llegada de un nuevo Gobierno. Por el contrario, las naciones son mucho más que el turno que le corresponde a cada Poder Ejecutivo. Sin embargo, en la línea larga que muestra la conducta de los diferentes actores políticos y sociales queda perfectamente claro quién obró guiado por el afán de servicio público y quién se redujo al exclusivo límite de lo propio, de lo que convenía a sí mismo y al puñado cercano de sus incondicionales.

Comentarios del artículo: La contratación de amigos - Publicado: a las 11:00 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 29/11/2013

Una reforma tributaria imprescindible

Desde el punto de vista de los propósitos de las reformas sociales establecidos en el programa de Michelle Bachelet, este es un presupuesto escaso. No está en condiciones de cubrir los recursos que demanda la Reforma Educacional.

Ha terminado la tramitación del Presupuesto Nacional para el año 2014. Desde el punto de vista de los propósitos de las reformas sociales establecidos en el programa de Michelle Bachelet, este es un presupuesto escaso. No está en condiciones de cubrir los recursos que demanda la Reforma Educacional. Es un esfuerzo que hemos realizado como partidos de oposición para dar curso al presupuesto y aprobarlo, asumiendo nuestra responsabilidad con el país y entendiendo que esta es una ley básica para el buen funcionamiento de las instituciones democráticas.

Se pone en el centro de la agenda la propuesta de una Reforma Tributaria apenas se inicie el nuevo gobierno con el propósito de recaudar una cantidad de recursos lo suficientemente significativa como para conseguir, a partir del año 2015 en adelante, los recursos necesarios, no menos de 2.000 millones de dólares anuales, para poder financiar los ambiciosos propósitos que tiene la Reforma Educacional, que ha comprometido Michelle Bachelet con el país.

Hemos hecho valer nuestra opinión en un conjunto de materias que no fueron aprobadas. Finalmente, este presupuesto ha sido despachado con una cantidad de recursos de libre disposición que el Ejecutivo estima en 600 millones de dólares, cifra que nosotros estimamos no va a constituirse, debido a que las expectativas de crecimiento de muchos especialistas, incluido el ex presidente del Banco Central, don Vittorio Corbo, señalan que va a estar en 3,5 por ciento el crecimiento del país y no en 4,9 como es la cifra que se ha utilizado para calcularlo por parte del Ejecutivo. En consecuencia, tendríamos una cantidad considerable de menor recaudación. Es decir, en los hechos, las expectativas de menor crecimiento indican que la cifra de 600 millones de dólares no se va a constituir.

Por lo tanto, lo que se pone en el centro de la agenda de nuestra preocupación es la propuesta de una Reforma Tributaria apenas se inicie el nuevo gobierno, con el propósito de recaudar una cantidad de recursos lo suficientemente significativa como para conseguir, a partir del año 2015 en adelante, los recursos necesarios, no menos de 2.000 millones de dólares anuales, para poder financiar los ambiciosos propósitos que tiene la Reforma Educacional, que ha comprometido Michelle Bachelet con el país.

Es decir, para nosotros este presupuesto es un paso necesario, desde el punto de vista del trámite, porque así lo establece la institucionalidad del país, que a nosotros nos interesa fortalecer.

Sin embargo, lo más importante está por venir, y eso es lograr aprobar una Reforma Tributaria, que se hace imprescindible, para poder contar con los recursos necesarios que nos permita llevar a cabo la Reforma Educacional que hemos comprometido.

Comentarios del artículo: Una reforma tributaria imprescindible - Publicado: a las 2:11 pm

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 10/05/2013

A 30 años de la primera protesta contra Pinochet

El 11 de mayo de 1983 el pueblo de Chile abrió una nueva etapa en la vida del país. Al llamado del Comando Nacional de Trabajadores, articulado en torno a la Confederación de Trabajadores del cobre, se realizó la primera Protesta Nacional a la dictadura de Pinochet.

Lo imposible comenzaba a ocurrir. En medio del terror y del miedo, de la persecución y la censura, de dolores y amarguras, de cesantía y pobreza, un inesperado e incluso impensable movimiento social dado las condiciones imperantes, iniciaba un difícil camino que culminaría con la recuperación de la democracia.

Hasta ese momento se imponía en Chile, aquel trágico período que el Cardenal Silva Henríquez denominaba como “la paz de los cementerios”; desde ese día en adelante, Chile empezó a restaurar su capacidad de autodeterminación para salir del callejón sin salida que había establecido una autocracia auto perpetuada en el poder.

No fue fácil. Hubo una dura represión y numerosas víctimas que se agregaron a las que ya habían entregado su vida por la democracia en Chile.

No obstante la dura respuesta dictatorial la presencia de miles de manifestantes en las calles a lo largo del país, y los caceroleos en los barrios y poblaciones permitieron saber que el vecino también estaba descontento y que anhelaba un cambio en el régimen imperante. En ese proceso se pudo reconocer una nueva mayoría nacional.

Ese fue un impulso decisivo para la formación de una alternativa política viable. Hasta antes de las protestas nacionales la prensa oficialista hablaba de voces “disidentes”, luego de aquel 11 de mayo tuvo que ser reconocida la oposición política.

Sin reconocerse como comunidad nacional con un propósito compartido en las Protestas Nacionales, ni más ni menos, que la voluntad de decidir su propio destino, sin tal experiencia decisiva, no se habría logrado reunir más de un chileno o chilena por cada mesa de votación el 5 de octubre de 1988 para asegurar el respeto al resultado e impedir la intervención y desconocimiento del veredicto popular a través del uso de la fuerza.

Ahora bien, el movimiento social por sí solo no podía reemplazar la dictadura; para ese propósito se requería, necesariamente, lo señalado en el párrafo anterior, una alternativa política que viabilizara la conducción del país, en las nuevas condiciones que iban a constituirse con la restauración de la democracia.

Para avanzar en esa dirección, la campaña por la opción NO en el plebiscito del 5 de octubre de 1988 jugó un rol fundamental.

En febrero de ese año, se formó el Comando por el NO que fue la base de la Concertación de Partidos por la Democracia. Soy de quienes piensan que sin las Protestas Nacionales no hubiera sido posible el triunfo del No.

Para sostener esta afirmación me baso en que el movimiento que irrumpió en mayo de 1983, permitió saber que Pinochet recibía un repudio nacional, que el miedo era posible de vencer y que, además, existían las condiciones para que una alternativa política se hiciera cargo del país.

Sin reconocerse como comunidad nacional con un propósito compartido en las Protestas Nacionales, ni más ni menos, que la voluntad de decidir su propio destino, sin tal experiencia decisiva, no se habría logrado reunir más de un chileno o chilena por cada mesa de votación el 5 de octubre de 1988 para asegurar el respeto al resultado e impedir la intervención y desconocimiento del veredicto popular a través del uso de la fuerza.

De manera que la lucha social y política fueron convergentes y determinantes. Sin el valor y el coraje de quienes protestaron, el país no viviría hoy en democracia y sin la amplitud y unidad política que se forjó en ese período, tampoco ello hubiere sido posible. Ese es su valor histórico perenne.

Comentarios del artículo: A 30 años de la primera protesta contra Pinochet - Publicado: a las 5:00 pm

Etiquetas: , , , , , , , » Publicado: 03/05/2013

Auge y caída de un cometa

El término tan repentino como espectacular de la candidatura presidencial de Laurence Golborne, para ser inmediatamente reemplazado por Pablo Longueira, contiene en sí misma innumerables y persistentes señales políticas.

La primera y más evidente es que “la mujer del César no sólo debe serlo, sino que parecerlo”, pues las explicaciones del ahora ex candidato en el caso de las alzas unilaterales de las tarjetas Jumbo Más, perjudicando a más de 600 mil personas y su improvisada pero inconsistente respuesta a la no declaración de una cuenta de su propiedad, bajo el nombre de una empresa de fantasía en las Islas Vírgenes Británicas, rubricaron una campaña vacía, sin contenido, fantasmal; un modelo que emulaba la caricatura del “correcaminos”, rauda e incesante, incapaz de lograr un mínimo de quietud en algún lugar, pero sin propuesta. Un caso de completa ausencia de temas-país.

Una situación enteramente paradojal. El partido más integrista y conservador del país con una candidatura vacía, sin bases programáticas de sustentación. En suma, una especie de holograma.

Luego de ello, la propia actitud del afectado, pensar que se puede postular a la Presidencia de la República como si ello fuera un juego, como si se pudiera hacer lo que la sola voluntad y deseo de cada cual indicara, sin responder de su trayectoria y pasado; entre tales aspectos decisivos, las resoluciones tomadas afectando a miles de personas en condición de gerente general del más importante conglomerado del retail del país.

Hay, evidentemente, una desvalorización del rol de lo público. Una suerte de “ninguneo” de la acción política entre este grupo de tecnócratas y gerentes, que se ven ellos mismos como “iluminados”, con una mirada de menoscabo y desprecio a la opinión de la comunidad, al punto que piensan que se puede actuar impunemente sin dar cuenta de sus responsabilidades recientes.

Revalorizar la política tiene como condición necesaria el restablecimiento de los valores de la ética política que son fundamentales. El “llanero solitario”, el “jovencito” intergaláctico o el corajudo policía encubierto, son personajes exclusivos de las películas. El ideal de aquel que se aventura para imponer su voluntad a los demás con su audacia y dinero es una idea y un concepto que corrompe profundamente el sentido mismo de la acción política. La razón es muy de fondo: el sentido de la política no es el beneficio personal, sea este a través del enriquecimiento propio o de la fama en los medios de comunicación; para eso es la farándula, los negocios o el deporte de alta competencia. En el fútbol de hoy, por ejemplo, un muchacho humilde puede, legítimamente, pasar a ser millonario, si tiene la destreza y el vigor físico esencial e irremplazable, así como la autodisciplina para no consumirse en el “carrete”.

La administración Piñera llegó rodeada de un anchísimo cinturón de estos elementos que despreciaban la experiencia adquirida y la participación social. Hoy, el grueso de ellos, ya se embarca en estudios, empresas y bufetes privados, sembrando la cantinela que los “viejos políticos” no les dejaron hacer las maravillas que se proponían realizar. Una suerte de refundación tecnocrática de la sociedad promovida desde el piñerismo se desploma junto a su ejecutivo más exitoso, el otrora poderoso gerente general de Cencosud.

Como es obvio, el sentido de la política apunta en otra dirección. No son ni comparables ni equivalentes. El dinero puede corromper a un político y la fama lo puede trastornar, alejándolo de las raíces profundas del sentido de su presencia en la acción política.

El episodio que denomino “auge y caída de un cometa” es, precisamente, el de la efímera trayectoria de una persona que se pensó con las aptitudes para dirigir la nación y que, muy por el contrario, se encontraba lejos de haberse dotado a sí mismo de los atributos, del bagaje y la experiencia requeridos para hacerlo. Por eso le sucedió lo que todas y todos sabemos. Un paso fugaz por el firmamento y de su tránsito por la política, en cuanto a patrimonio de ideas y de influencia intelectual, no quedará nada.

Lamentablemente, el debilitamiento de la política expone al país al surgimiento de estas situaciones. El extremo individualismo genera estas manifestaciones. Opciones personalistas que sin ningún respaldo societal, sean con militancia en un partido político o sin ella, que tienen una sola meta: generar un impacto mediático que las coloque en la nómina del próximo sondeo y de allí “a probar suerte”.

En años recientes, mucho se especuló con el llamado “paradigma de la eficiencia”, la creencia de que un grupo de “caras nuevas”, provenientes de las empresas y servicios de los conglomerados económicos, los estereotipos del individualismo pragmático vendrían a resolver los problemas de burocratización del aparato público y lo reconvertirían en un modelo de excelencia tecnocrática. Por ello, la administración Piñera llegó rodeada de un anchísimo cinturón de estos elementos que despreciaban la experiencia adquirida y la participación social. Hoy, el grueso de ellos, ya se embarca en estudios, empresas y bufetes privados, sembrando la cantinela que los “viejos políticos” no les dejaron hacer las maravillas que se proponían realizar. Una suerte de refundación tecnocrática de la sociedad promovida desde el piñerismo se desploma junto a su ejecutivo más exitoso, el otrora poderoso gerente general de Cencosud. La política fue demasiado compleja para ellos. Aquello que despreciaban resultó ser, finalmente, el factor que los derrotó, la política.

En consecuencia, para el futuro de la democracia chilena, reponer la validez de los proyectos colectivos y de la responsabilidad política se transforma en una tarea fundamental. Se trata de un proceso social, no de una iniciativa mesiánica, por muy iluminada que sea la persona que la impulse o proponga. No es, tampoco, una acción vertical, pues los males de la democracia se sanan con más democracia.

Revalorizar la política significa que el concepto mismo debe redimensionarse. Se trata de una tarea con la sociedad, que emana de un compromiso profundo con la comunidad, que se expresa en una responsabilidad fundamental hacia la correcta dirección de los asuntos públicos y que, en consecuencia, repugna y rechaza cualquier afán de aprovechamiento individualista, por el sentido mismo del compromiso político. No es una actividad de provecho personal, es una vocación de interés nacional y servicio a la comunidad. La política es un proyecto colectivo, por el bien común, la paz social y el ejercicio de la dignidad esencial que a cada persona le es inalienable y que se expresa en la búsqueda permanente de la justicia, la igualdad y la libertad.

La frivolización que hemos vivido en Chile en los últimos años, en que se pretende desde los negocios de algunos dirigir los asuntos del país, provoca un grave daño a la democracia y al sentido mismo de nuestra vida como comunidad nacional. Es un objetivo imperioso el que seamos capaces de rectificar, fortaleciendo la institucionalidad política del país y los valores éticos en que se funda el sistema democrático, como la mejor opción de estabilidad y progreso para Chile.

 

Comentarios del artículo: Auge y caída de un cometa - Publicado: a las 12:09 pm

Etiquetas: , , , » Publicado: 18/03/2013

Reformas que apremian

Una versión con celular de los antiguos “enganchadores”, un contratador que con nóminas de centenares de personas que esperan ser llamadas por estos nuevos “subpatrones” para tener acceso a faenas por tres, diez o veinte días, pero siempre por plazos que impiden negociar colectivamente, intentar organizar un sindicato y sin los derechos sociales y previsionales que el país debiese garantizar a todas las familias por su trabajo.

Al cumplirse tres años desde la instalación de las autoridades del actual gobierno, estas se prodigaron con notoria generosidad elocuentes autoalabanzas, que pudiesen enrojecer a muchos en situación semejante, pero no a quienes se han acostumbrado al elogio de sí mismos, acusando a los que se restan o manifiestan en desacuerdo con tanta autoreferencia como egoístas, mezquinos u otros calificativos que reflejan enojo e intolerancia hacia aquellos que ven el país de diferente manera.

Por lo mismo, se remarca en los dichos y hechos del gobierno, la ausencia de toda referencia a compromisos electorales, cuyo recuerdo ahora resulta sumamente incómodo. En esta laguna amnésica el tema laboral es un damnificado principal. Al parecer la autoridad está decidida a impedir que ingrese en la agenda del debate público, pues su sola presencia opacaría el desmedido triunfalismo oficialista. Más directo aún, aceptar que ha recrudecido y extendido un trabajo precario que ahoga la dignidad de las personas es una “falla” imposible de reconocer en el discurso oficialista, derrumbaría su absurda pretensión de haber alcanzado el pleno empleo en algunas regiones del país. Además, cuando se exageran manifiestamente los logros gubernativos no puede incluirse una realidad de un tipo de trabajo precario, sin estabilidad, pésimamente remunerado y sin dignidad para las familias que de el dependen; lógico, tales retrasos sociales no provocan euforia ni aplausos, sólo vergüenza.

Tras la inestabilidad e indefensión laboral asoma directamente la desigualdad que afecta a Chile. Largas jornadas, bajos salarios, abusos de todo tipo, forman parte de una realidad social que es eludida y olvidada por la estadística oficial. No hay para qué registrarla.

El dato “duro” es que como país nos hemos alejado de lo que la Organización Internacional del Trabajo define como “trabajo decente”. Los esfuerzos de años pasados se han revertido. La mentalidad que se ha reinstalado ante la pasividad de la autoridad es que la voluntad del empleador es la que importa. Una ocupación por unos cuantos días es lo que vale, el costo para las familias no se toma en cuenta. Total, el Fisco puede pagar algún Bono que ayuda, por cierto, a diferentes requerimientos de popularidad.

Vivimos una etapa en que se desprecia el valor del trabajo humano. Tanto en lo económico como en lo moral. La contratación por terceros, subcontratación, “maquila”, o como se le quiera llamar, práctica difundida en todos los rincones del país ha terminado por hacer aparecer nuevas figuras en la actividad productiva. Una versión con celular de los antiguos “enganchadores”, un contratador que con nóminas de centenares de personas que esperan ser llamadas por estos nuevos “subpatrones” para tener acceso a faenas por tres, diez o veinte días, pero siempre por plazos que impiden negociar colectivamente, intentar organizar un sindicato y sin los derechos sociales y previsionales que el país debiese garantizar a todas las familias por su trabajo. Así aparecen muchos miles de contratos, por cortos días, máximo semanas. Es la ficción de hacer creer que todos y todas tienen empleo.

El costo social es muy alto. No obstante, el gobierno no se ve interesado en actuar frente a estas condiciones leoninas, de extremos abusos, en que se olvida el sentido de la normativa laboral, cual es equilibrar o intentar equilibrar al menos, el desbalance entre la posición fuerte del empleador y la posición débil del que necesita empleo.

Este nuevo tipo de trabajadores son los temporeros de la industria, un elenco de seres humanos afectados profundamente en sus condiciones de vida y su dignidad individual y de sus familias por estas formas de superexplotación que han emergido en el país.

En el mundo político hay cómplices de estas injusticias, son los mismos que señalan que la tarea esencial de las próximas elecciones parlamentarias es evitar que la actual oposición pueda llegar a los 4/7 en el Parlamento, ya que accederá a los quórums constitucionales que harían posible las reformas que permitan enfrentar estas relaciones laborales que dan vergüenza.

Comentarios del artículo: Reformas que apremian - Publicado: a las 11:09 am

Etiquetas: , , » Publicado: 11/03/2013

El desafío de la mujer

Una sociedad democrática exige igualdad de derechos y de oportunidades para más de la mitad de los seres humanos que forman parte de ella. Hay que abrir paso a este proceso necesario, para que la dignidad de todos y todas oriente el país que queremos, liberándonos de siglos de opresión, discriminación y menoscabo hacia la mujer.

A propósito del Día Internacional de la Mujer, conmemorado el 8 de Marzo, se abrió un debate en torno al progreso o retroceso de las políticas públicas que promueven los derechos de la mujer y la equidad de género en nuestro país. Vale la pena hacer una evaluación, porque tenemos una realidad de fuertes contrastes entre los avances registrados en el ámbito económico-social, respecto de lo ocurrido en el aspecto político-institucional.

Hoy la mujer chilena es protagonista en todas las áreas de la vida nacional; su contribución es relevante en el sector productivo, financiero y de servicios, a través de trabajadoras y profesionales de primer nivel que remarcan la validez de su incorporación al mercado laboral; su aporte es también decisivo en el ámbito cultural y comunicacional, así como su presencia en la esfera judicial, en las instituciones castrenses y policiales se ha ido haciendo cada vez más significativa.

Con ocasión de la sesión solemne conmemorativa del Bicentenario de Senado, he propuesto al gobierno la idea de una ley de cuotas que garantice un mínimo de un 40% para cada género en ambas Cámaras del Congreso Nacional. Hasta hace poco, en lo personal tenia una opinión diferente, pero observo que el estancamiento que se ha producido con la participación política de la mujer obliga a la implementación de medidas que resulten inesquivables para los actores políticos.

En lo deportivo su inserción es una realidad creciente y hay figuras sobresalientes. Pero en el vértice direccional de los Poderes del Estado hay un considerable retraso.

Asimismo, la retribución que recibe la mujer como género, expresado en cada una de ellas individualmente, por ese aporte al país y sus familias se ve disminuido por diversas formas de discriminación y menoscabo. La mujer soporta una desigualdad estructural. Es así que por actividad profesional y/o productiva su remuneración es mucho menor, sufre duramente la amarga condición de víctima preferente de la violencia intrafamiliar y, en la sociedad se reproduce una cultura sexista, que la trata con morbo mercantil para aumentar el consumo masivo y el endeudamiento, utilizando por grupos ultraconservadores, cuya codicia mercantilista no tiene escrúpulos, la imagen femenina como oferta que se pueda comprar si sólo se tiene algo de dinero.

El impulso hacia la equidad de género que significó la Presidencia de Bachelet se ha detenido y esta administración no registra nuevos avances, pero no por ello se debe dejar llevar por la ofuscación y caer sin decoro alguno en una funesta campana de desprestigio hacia una personalidad que es patrimonio de chilenas y chilenos. En los hechos “prácticos” la reforma previsional del periodo de Bachelet, de modo especial, el bono por niño o niña nacido vivo, y luego el enorme esfuerzo del país, iniciado en su gobierno en salas cunas y jardines infantiles, hablan de lo absurdo de los ataques oficialistas.

Por el contrario, la autoridad debiese promover soluciones de fondo a los temas pendientes; por eso, con ocasión de la sesión solemne conmemorativa del Bicentenario de Senado, he propuesto al gobierno la idea de una ley de cuotas que garantice un mínimo de un 40% para cada género en ambas Cámaras del Congreso Nacional. Hasta hace poco, en lo personal tenia una opinión diferente, pero observo que el estancamiento que se ha producido con la participación política de la mujer obliga a la implementación de medidas que resulten inesquivables para los actores políticos, de modo de forzar un cambio en esta situación.

Ante la magnitud del desafío, cultural e institucional, que enfrenta la sociedad chilena en lo referente a las políticas de genero, no hay que amilanarse. Una sociedad democrática exige igualdad de derechos y de oportunidades para más de la mitad de los seres humanos que forman parte de ella. Hay que abrir paso a este proceso necesario, para que la dignidad de todos y todas oriente el país que queremos, liberándonos de siglos de opresión, discriminación y menoscabo hacia la mujer.

Comentarios del artículo: El desafío de la mujer - Publicado: a las 10:20 am

» Publicado: 05/03/2013

Una nueva etapa

Tras la contundencia de la mayoría social bacheletista se abre un periodo de reagrupamiento de los demócratas chilenos para hacer todas las reformas necesarias de hacer, aquellas que el país comparta y apoye, profundizando la vía de cambios institucionales que a Chile le ha permitido tener estabilidad y progreso.

En medio de los ajetreos del reinicio de las actividades educativas y laborales posteriores al verano, se repone también la acción política. No obstante, el oficialismo trató de adelantarse lanzando una fuerte ofensiva mediática, antes de que terminara febrero. El ariete central o el “caballito de batalla” de la misma fue, una vez más, el llamado 27-F; es decir, la inmensa tragedia del megaterremoto y sunami de hace tres años. Sin embargo, tales propósitos no pudieron hacerse realidad, lo impidió la falta de argumentos y el contenido ilícito y repudiable de los ataques personales a la ex Presidenta Bachelet, así como, la exacerbación de la conflictividad entre las candidaturas que disputan el favor del respaldo gobiernista, cuyo “descueramiento” mutuo anuló los planes tan largamente preparados.

El tan acariciado propósito de “golpear a Bachelet”, de lograr desgastar su imagen y mermar decisivamente su convocatoria se colapsó, sin pena ni gloria. Estoy convencido de que, transversalmente, se ha lamentado ver que la autoridad se involucre en tan deplorable e ilegítima operación política.

Esa es la clave: actuar con la suficiente mirada estratégica para hacerse cargo del dilema-país de este periodo, que no es otro que enfrentar la desigualdad que aflige a nuestra sociedad, pero también con la sagacidad política y el espíritu práctico para viabilizar tales reformas, articulando la mayoría requerida para realizarlas.

La afirmación que hago respecto de la ilegitimidad de este fracasado diseño, con el que se intenta quebrar el prestigio de la ex Presidenta radica en la defensa de un valor esencial en la política democrática: el fin no justifica los medios. Cuando ello se pierde de vista se genera una confrontación arbitraria, antojadiza, que polariza las diferencias y que conduce exclusivamente a la agudización de controversias artificiales. Al final se produce el negativo escenario de figuras políticas subsumidas y ensimismadas en sus pugnas y querellas, atrapadas en una burbuja inconducente. Los ataques de la derecha nos pretenden atrapar en esa esfera que sólo acentúa y promueve el distanciamiento de las personas frente a la acción política.

Por lo demás los ataques derechistas a Bachelet han sido un boomerang para sus autores. He sido testigo de ello al impulsar la campana de recolección de firmas: “Yo apoyo a Bachelet” que ha comenzado en la región de Los Lagos. En las poblaciones de Puerto Montt, Osorno, Frutillar, Ancud, Castro y muchas más, en que este esfuerzo se ha realizado, con los voluntarios que dan vida a esta iniciativa nos hemos encontrado con un respaldo multitudinario a la ex Presidenta, de una transversalidad y masividad que despeja cualquier duda o elucubración respecto al liderazgo que tiene y quiere el país para dirigir el Estado de Chile en el próximo periodo. La figura de Bachelet no tiene contrapeso.

En lo personal me alegro profundamente de esta situación. El país sabe que al producirse la derrota de la Concertación en la ultima elección presidencial, hubo un especial empeño, alentado con astucia pero sin timideces desde la derecha, para quebrar y liquidar el entendimiento estratégico que dirigía el país desde 1988 en adelante.

Tal propósito fue protagonizado por un grupo de personas que se ufanaba con la denominación de díscolos, que se plantearon con audacia temeraria la descalificación del conjunto de la tarea de reconstrucción democrática levantada y ejecutada desde 1990, por cuatro gobiernos democráticos sucesivos, que asumieron un desafío que se sembró trabajosamente en las duras batallas sociales y políticas contra la dictadura. No me refiero a las diferencias políticas legítimas que alejaron a muchos, sino que al afán casi obsesivo de “lucirse” encontrando malo todo lo hecho en democracia, en que destacaron ciertos actores políticos que se han dedicado a ensuciar su propio nido. Lamentablemente, algunos olvidaron demasiado fácilmente que en Chile, se llevo a cabo una transición democrática que llegó por momentos a estimarse inviable, dado el enorme poder que concentraba en sus manos el ex dictador.

En ese contexto, fuimos testigos de una estéril y extraviada competencia, cuál díscolo recibía el mas entusiasta aplauso de la derecha en el esfuerzo de desacreditar y descalificar la tarea realizada.

Es valida la pregunta: ¿Para qué tanto empeño?, existía un propósito explícito: instalar una nueva conducción de facto, sin los eventos democráticos y participativos que así lo decidieran. ¿Con qué respaldo se asumía y empujaba ese propósito?  Con la exclusiva retórica de cada cual, autootorgándose representaciones democráticas que no se poseían. Lo más paradojal y absurdo es que se llegaba a pedir, digámoslo derechamente, a dedo, la proclamación del nuevo núcleo dirigencial de “iluminados”. Se arguía que las “máquinas” impedían un cambio como el que se demandaba, para excusar una solicitud tan fuera de las normas democráticas, como es la idea que la minoría mande a la mayoría.

Tales intentos no prosperaron. En suma, las fuerzas concertacionistas han soportado la prueba. No se pudo echar por la borda un patrimonio histórico que explica por que Chile pudo avanzar paulatinamente en el desplazamiento y en la derrota, finalmente, de la concepción ultraderechista de la “democracia protegida”.

Ahora se abre una nueva etapa. No para solazarse ni hacer más de lo mismo, sino que para que el país tenga una conducción política capaz de dirigirlo y de encabezar con sentido constructivo el proceso de reformas que Chile necesita.

Esa es la clave: actuar con la suficiente mirada estratégica para hacerse cargo del dilema-país de este periodo, que no es otro que enfrentar la desigualdad que aflige a nuestra sociedad, pero también con la sagacidad política y el espíritu práctico para viabilizar tales reformas, articulando la mayoría requerida para realizarlas, manteniendo el crecimiento económico y robusteciendo la estabilidad del país, a través del impulso de las transformaciones institucionales que permitan fortalecer la participación social y afianzar el Estado democrático que debe estar en constante evolución, y no caer en aquellas propuestas que no son mas que saltos al vacío, cuyo efecto no es otro que reducirnos a la condición de una minoría ruidosa pero impotente.

En este sentido, tampoco se debe olvidar tan fácilmente, que el proyecto de poder de la dictadura fue liquidar el Estado, salvo en lo represivo, para imponer el poder de los centros financieros hegemónico, por la vía de un mercado sin regulaciones en que prevalece exclusivamente el mas fuerte. Por eso, se trata de avanzar, paso a paso, en la configuración de un Estado social y democrático de Derecho, para nuestra patria.

Vivimos desde el 2010 hasta hace pocos meses años duros, en que las fuerzas proclives a la dispersión estuvieron no sólo presente sino que muy activas; ahora bien, tras la contundencia de la mayoría social bacheletista se abre un periodo de reagrupamiento de los demócratas chilenos para hacer todas las reformas necesarias de hacer, aquellas que el país comparta y apoye, profundizando la vía de cambios institucionales que a Chile le ha permitido tener estabilidad y progreso, ahora con el objetivo de reducir decisivamente la brecha de la desigualdad y alcanzar un país con inclusión y justicia social.

Comentarios del artículo: Una nueva etapa - Publicado: a las 2:43 pm

» Publicado: 28/02/2013

“Adolfo Zaldívar enorgullece al Senado”(*)

El senador Adolfo Zaldívar era un hombre apasionado y, en consecuencia, en el debate de ideas era una persona aguda, un polemista severo, un interlocutor complejo, difícil. Precisamente, por eso fue un gran político chileno.

Es una tarea difícil para mí, como actual presidente del Senado, despedir a un senador que me antecediera en esta responsabilidad hace tan corto tiempo. No hace mucho, Adolfo Zaldívar, en su condición de senador por la región de Aysén, ocupó esta responsabilidad, circuló por estos pasillos, trató y conversó con los funcionarios y funcionarias, intervino desde la presidencia, hizo uso de la palabra en la Sala del Senado, argumentó con pasión sus opiniones, defendió sus puntos de vista y ejerció cabalmente su condición de representante de una región apartada de nuestro país y su condición de senador como chileno auténtico y trabajador.

Son muy duras estas circunstancias. Como ustedes saben, coincidí y discrepé con el senador Adolfo Zaldívar. Pero como presidente del Senado me corresponde, especialmente, reconocer, su aporte y su contribución a entregar a nuestra institución un sentido nacional, una mirada de nación, con la que estuvimos en acuerdo o desacuerdo, con la que pudimos confluir o divergir, pero que tenía esa especial capacidad de mirar a la nación en su conjunto y de no consumirse en lo exclusivamente episódico o accidental.

El senador Adolfo Zaldívar era un hombre apasionado y, en consecuencia, en el debate de ideas era una persona aguda, un polemista severo, un interlocutor complejo, difícil. Precisamente, por eso fue un gran político chileno.

Me duele que nos haya dejado en estas circunstancias. Era un chileno que estaba en condiciones de aportar mucho más todavía a nuestra nación.
No oculto ni ocultaré que tuvimos diferencias y debates, que lesionaron nuestra amistad. Más allá de los deseos individuales, en el debate de ideas hay circunstancias en que los epítetos se escapan y las personas se hieren involuntariamente.

Hoy se enjuicia de manera muy fácil el ejercicio de la política y se pierde de vista la voluntad y la capacidad de personas que entregan su vida al servicio público, a pensar en la comunidad y a presentar alternativas para la dirección del Estado y de la sociedad.

Naturalmente, no somos infalibles. Esta es una actividad que más que otras está expuesta al error. Y, efectivamente, son muchas las ocasiones en que nos equivocamos, en que nuestras opiniones no se ajusten con lo que la sociedad está pensando o lo que la nación requiera.

Pero, tener la pasión, la energía y la fortaleza para pensar en el país como lo esencial es lo que distingue a chilenos y chilenas de la singularidad que tuvo el senador Adolfo Zaldívar.

En una ocasión como esta no es fácil el equilibrio. No quisiera que de mis palabras se desprendiera la idea de que, en política, somos personas refractarias al enjuiciamiento de nuestras acciones y, por lo tanto, la valoración que quisiera hacer del senador Adolfo Zaldívar tiene como propósito rescatar su profunda humanidad, su compromiso con Chile, su convicción y su voluntad que podemos y debemos ser una nación mejor.

Como socialista quisiera agradecer su lucha por los derechos humanos. Quisiera reconocer acá el paso que diera cuando era difícil hacerlo, para ir y defender en los Tribunales, intervenidos el año 1973, a Clodomiro Almeyda Medina, canciller del gobierno depuesto y prisionero en la Isla Dawson. Había que ser valiente y le agradezco a su familia por esa conducta.

Quisiera también compartir con ustedes el haber palpado su pasión por la integración de América del Sur y por el entendimiento estratégico entre Chile y Argentina. Tuve la posibilidad de acompañar, junto con el senador Adolfo Zaldívar, al ex Presidente Ricardo Lagos en visita de Estado, cuando asumía la primera administración del Presidente Kirchner en Argentina. Ya entonces, hace diez años aproximadamente, pude conocer cómo él miraba el futuro de Chile hermanado al futuro de Argentina, no como una definición protocolar, no como palabras de buena crianza en el ámbito diplomático, sino como una tarea crucial del futuro de nuestra nación, de la perspectiva de crecimiento económico del país, el estrechamiento de lazos que, efectivamente, logren fundir una perspectiva común.
Hace poco, en noviembre, con un coraje sin igual, venciendo la crueldad de su enfermedad, estuvo acá en el Senado de la República., para compartir exactamente esta misma convicción, en el sentido que tenemos que avanzar en el camino de la integración.

También miramos la necesidad que Chile se haga cargo de la desigualdad que agobia a nuestra sociedad. Lamentablemente, no coincidimos en el camino para hacerlo. Pero teníamos la misma convicción. Su idea de “rectificar el modelo” que lo distinguió en un momento significativo e importante del debate de ideas en Chile era, en mi opinión, la expresión de una mente profundamente inquieta y de un ser político vital, que miraba que las actuales desigualdades y los abismos que separan a unos chilenos de otros, no configuran bases estables y de largo plazo para fortalecer los cimiento de nuestra nación.
Era un hombre que no caía en una mirada fácil, rutinaria, de lo que es nuestra realidad como país. Era un hombre exigente, sabía que estamos en condiciones de tener una nación y un país mejor.

Me duele que nos haya dejado en estas circunstancias. Era un chileno que estaba en condiciones de aportar mucho más todavía a nuestra nación.
No oculto ni ocultaré que tuvimos diferencias y debates, que lesionaron nuestra amistad. Más allá de los deseos individuales, en el debate de ideas hay circunstancias en que los epítetos se escapan y las personas se hieren involuntariamente.

Pero, por encima de esas circunstancias, puedo afirmar, como presidente del Senado, que el senador Adolfo Zaldívar Larraín distinguió a esta institución, que aportó y contribuyó a su debate, al intercambio de ideas, a la búsqueda de alternativas de solución a los dilemas que tiene nuestra patria, que fue un impulsor del entendimiento latinoamericano desde su profunda condición de chileno; y que cuando a veces, en la angustia, muchos caen en el desencanto y en la tentación de desprestigiar la política, el senador Adolfo Zaldívar Larraín constituye un político auténtico, una figura nacional, que enorgullece al Senado de la República.

(*) Discurso de despedida del presidente del senado, Camilo Escalona, al ex senador Adolfo Zaldívar (QEPD) en el salón de honor del Congreso Nacional de Santiago, 28 de febrero de 2013.-

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Etiquetas: , , , » Publicado: 18/02/2013

El Estado y las empresas sanitarias

En las ultimas semanas, se han vivido horas de incertidumbre en millones de familias. En mi opinión, estos días de angustia, respecto si habrá o no agua potable en el hogar son suficientes. Debiese realizarse un amplio debate nacional del cual pudiese surgir un calendario de reinversión del Estado en las empresas sanitarias que restablezca el carácter del sector publico como controlador.

Para evitar equívocos, parto informando a los más jóvenes o a las personas que no lo saben, que como Presidente del Partido Socialista, en el periodo 94-98, estuve en contra de la privatización de las empresas sanitarias; no por razones ideológicas, sino que al constituir este un servicio básico, de uso fundamental para la población, de carácter monopólico, ya que no pueden ingresar, distintas empresas, dos o tres cañerías por casa o edificio, su privatización se iba a constituir en un punto de debilidad estructural para las políticas públicas, dado que la exigencia de responder por la rentabilidad de los conglomerados controladores, no podía sino que finalmente desatender sus obligaciones esenciales para la vida de la comunidad

Era un periodo que en la sociedad chilena pesaba fuertemente el dogma repetido por la derecha, durante casi dos décadas de dictadura, satanizando el Estado y asociando lo publico a la ineficiencia y el atraso, de modo de justificar un discurso unidireccional para exaltar y valorizar lo privado como lo eficaz y de “excelencia”. En ese contexto, la opinión de quienes rechazábamos la privatización no fue prevaleciente. Perdimos esa lucha. No por que no nos esforzáramos, la verdad hay que decirla tal cual es, muchos desautorizaron la defensa de las empresas publicas de agua potable y servicios dependientes alegando que era una defensa de estatismos “ya superados”. Hoy, algunas de esas opiniones “vienen de vuelta” y se autodefinen “a la izquierda”, lo que indica que la defensa que hiciéramos de las sanitarias del Estado no era tan trasnochada como se dijo entonces.

La llamada crisis sub prime del 2008-2009, generó abundante información respecto de como ciertas elites tecnocráticas que, asumen la dirección ejecutiva de diferentes grupos de accionistas controladores, se autonomizan a tal punto de los propios propietarios de los conglomerados que pasan a ejecutar una acción empresarial fundada exclusivamente en beneficios particulares y en la rentabilidad de corto plazo. Se configura además un complejo dispositivo de venta de las imágenes corporativas, que son un tramado que impide centrar la atención en los problemas que efectivamente se deben resolver y en las inversiones que son indispensables que se realicen. Por ello, el marco regulatorio y la acción del Estado son ineludibles. De modo especial, cuando la salud y la convivencia de la comunidad están en el centro del problema.

Ahora bien, la experiencia es clara. Hay servicios esenciales que deben ser dirigidos por el Estado, en su condición de representante del “interés general” de la nación.

No se trata de propiciar una propiedad exclusivamente estatal, también es valida para el propósito planteado una propiedad mixta, en que el rol del Estado sea preponderante y tenga la calidad de socio controlador.

En las ultimas semanas, se han vivido horas de incertidumbre en millones de familias. En mi opinión, estos días de angustia, respecto si habrá o no agua potable en el hogar son suficientes. Debiese realizarse un amplio debate nacional del cual pudiese surgir un calendario de reinversión del Estado en las empresas sanitarias que restablezca el carácter del sector publico como controlador y, en consecuencia, como el rector y orientador de este servicio esencial para la población.

Ello requiere una ley orgánica constitucional para lo cual debemos conseguir la mayoría parlamentaria necesaria, si es posible, en el curso de este año, aunque con las definiciones que se conocen en la composición actual del Parlamento, lo más probable sea trabajar para obtener la mayoría requerida en las elecciones de noviembre próximo, de manera que chilenas y chilenos puedan tener la completa seguridad que se actuará con un criterio de largo plazo, capaz de asegurar el abastecimiento del agua potable con las inversiones requeridas y con una gestión que deberá entender que la atención a la población es la exigencia primordial de este servicio básico en una sociedad democrática.

Comentarios del artículo: El Estado y las empresas sanitarias - Publicado: a las 2:25 pm

» Publicado: 12/02/2013

Que vuelva el tren

Se entiende que la demanda haga subir los precios, pero es inaceptable el grado de abusos que algunos realizan aprovechando su posición dominante en el mercado, impidiendo la competencia, exprimiendo el trabajo de los conductores, haciendo de las carreteras no un medio de conectividad, sino que un instrumento de una codicia sin freno.

Cada fin de semana de este nuevo periodo estival ha sido testigo de los abusos que se cometen con los veraneantes, de modo especial, con aquellos que se trasladan en bus o avión; se abusa con ellos en las reservas, los horarios, la calidad de los servicios y los precios, en el caso de quienes usan los buses estos suben dos, tres o cuatro veces respecto de su valor habitual. Muchas veces al pasajero no se le traslada, se le despluma.

Hay que invertir para reponer un buen tren de pasajeros, con ello sería posible contrarrestar la primacía de un sector abusivo y generar una alternativa que alivie esas vías congestionadas que se transforman en unas horas de rabia provocadas por tacos interminables.

Por su longitud, este es también para Chile un propósito esencial. Lamento que los esfuerzos realizados para reinstalar Ferrocarriles del Estado no lograran los frutos deseados. Sin embargo, Chile requiere un potente sistema de trenes, que movilice adecuadamente cubriendo amplias distancias y que sea un instrumento de integración entre las regiones, frente a un centro elefantiásico que demanda recursos ilimitadamente.

El tren de pasajeros y de carga puede potenciar la integración y la inclusión de la geografía económica y social de Chile, así como contribuir a desahogar la propia capital del país.

El enorme gasto que exige el Transantiago, los gigantescos volúmenes de inversión en la red del Metro y de autopistas en la ciudad capital del país, sin reparar en que se atropella el sentimiento de las comunidades, arrancando las raíces de los barrios y de los asentamientos humanos, aumentando la plusvalía del sector de altos ingresos a costa de todo el país, conlleva una política pública errada, elitista, que acentúa y profundiza la desigualdad. Las autoridades se solazan con anuncios que, como hemos dicho, agravan los problemas del megacentralismo, denotando su falta de visión-pais.

Permanecen insertos en el circuito de los autoelogios y las alabanzas mediáticas.

El tren de pasajeros y de carga puede potenciar la integración y la inclusión de la geografía económica y social de Chile, así como contribuir a desahogar la propia capital del país.

Ojalá que la gente no se olvide de los malos ratos que se pasan en tacos y atochamientos; la misma buena memoria debiera existir respecto de la intranquilidad que se pasa en buses averiados y de precios vergonzosos.

Hay que impulsar un movimiento por la vuelta del tren a Chile.

Comentarios del artículo: Que vuelva el tren - Publicado: a las 11:38 am

» Publicado: 07/02/2013

La responsabilidad política

Desde el punto de vista constitucional, la responsabilidad política puede ser ejercida por el Presidente de la República cuando hace efectiva la renuncia de un alto ejecutivo del aparato del Estado que está en tales tareas como funcionario de su exclusiva confianza y que incumple gravemente sus labores o que, sencillamente, no está a la altura del desempeño que su investidura requiere.

También la Cámara de Diputados puede tramitar y dar curso a una acusación constitucional por notable abandono de deberes, es decir, por incumplir con la responsabilidad que emanan de su cargo; en tal caso, corresponderá al Senado aprobar o rechazar, lo que significa que en el primer caso votar a favor, el alto funcionario es destituido.

La actitud del Gobierno y sus partidarios hacia la ex Presidenta Michelle Bachelet escapa al criterio constitucional; evidentemente, se trata de una lamentable acción mediática que preocupa al ser lanzada desde la Moneda por la propia vocera del Ejecutivo. Es penoso ver la ausencia de estatura política en quienes se embarcan en esta operación. Esto es explicable en caso de figuras oficialistas de segundo o tercer nivel que buscan algún espacio mediático para congraciarse con sus jerarcas, pero en quienes tienen la responsabilidad de gobernar y en líderes de alcance nacional resulta ser un espectáculo penoso.

Los ataques a la ex Presidenta reflejan un “enanismo” político, una pertinacia para lograr una descalificación personal, en una actitud que tiene hastiada a la opinión pública.

Me pregunto, cómo estas personas de las que se espera un mínimo de criterio y solvencia política no se dan cuenta que sus dichos son repudiados masivamente, ya que es inocultable en ellos el intento de enlodar y dañar la figura de Bachelet. Es un caso verdaderamente asombroso, que no reparen en que estos ataques  desnudan dramáticamente su mezquindad y su falta de perspectiva–país; el mismo país que apoya de manera inmensamente mayoritaria a quien es atacada y que ellos tratan de manchar y enlodar en su prestigio personal.

Los ataques a la ex Presidenta reflejan un “enanismo” político, una pertinacia para lograr una descalificación personal, en una actitud que tiene hastiada a la opinión pública. Que lástima que el Presidente de la República autorice a la vocera de su Gobierno a tan insensata como estéril conducta.

Comentarios del artículo: La responsabilidad política - Publicado: a las 12:19 pm

Etiquetas: , , » Publicado: 29/01/2013

Éticamente inaceptable

Esta situación que lesiona de manera tan grave la fe pública, es decir, la confianza o descrédito con que ciudadanas y ciudadanos observan y enjuician la acción del Ejecutivo, a través del Director del SII, en materia tan trascendente como la recaudación tributaria, no tiene otra alternativa que no sea la destitución del funcionario afectado.

La vocera de gobierno, señora Cecilia Pérez, manifiesta que “no existe ningún tipo de ilegalidad”, al referirse al artículo de la revista “Qué Pasa” en que se entrega la información que el director del Servicio de Impuestos Internos (SII) tiene un contrato con el conglomerado del retail Cencosud, propietario de Jumbo, Santa Isabel y otros, que le reporta –según se da a conocer en dicha revista- 22 millones de pesos mensuales, por el arrendamiento de un terreno.

El asombro del público ante esta situación radica en su misma existencia, confirmada por la propia ministra aludida en su conferencia, al establecerse este vínculo comercial en la persona de un Jefe de Servicio, cuestionado por la rebaja de una deuda tributaria a la empresa Johnson, por un valor cercano a los 120 millones de dólares, que gatilla inmediatamente su compra por Cencosud, el mismo actor empresarial que mantiene el contrato con el funcionario Director de Servicio que ha rebajado dicha cantidad de recursos que, a su vez, facilita su compra y absorción por Cencosud y, en consecuencia, la ampliación de activos del conglomerado en más de mil millones de dólares.

El gobierno no puede actuar sobre la base del exclusivo autoelogio de su accionar; también debe hacerse cargo de las situaciones que no tienen sostén ni justificación ante los ojos de la Nación en su conjunto.

Este hecho lesiona el principio de probidad, establecido en el artículo 8º de la Constitución, así como en el artículo 62, números 1, 2 y 5 de la Ley Orgánica Constitucional de Bases de la Administración Pública. Así mismo, daña el principio contenido en el artículo 71 del Código de Ética del Colegio de Abogados, al no inhibirse en un asunto en el cual tenía interés. Posiblemente, lo más grave sea que este hecho puede revestir carácter de delito, pues daña al Fisco en más de 60.000 millones de pesos, como lo señalan los artículos 240 y 240 bis del Código Penal. De manera que existe fundamento para insistir con responsabilidad, de acuerdo con nuestra obligación legal y constitucional, que se vulneraría el principio de legalidad que debe regir la conducta y la acción de las autoridades del país.

Es evidente el conflicto de interés. Ese es el tema de fondo, se trata de una conducta éticamente inaceptable.

Ese es el motivo del reclamo de la oposición. La excusa de la señora vocera, en el sentido que la Concertación gobernó, según dijo, más de dos décadas y, por lo tanto, los funcionarios de la administración Piñera no pueden sino provenir del sector privado, es un argumento que asoma como una excusa sin consistencia ni fuerza jurídica. Precisamente, se trata que tales personas hubiesen sido capaces de separar sus propios intereses privados del servicio de bien común, al cual se obliga un funcionario público al adquirir la condición de tal.

El gobierno no puede actuar sobre la base del exclusivo autoelogio de su accionar; también debe hacerse cargo de las situaciones que no tienen sostén ni justificación ante los ojos de la Nación en su conjunto.

Desde mi punto de vista, esta situación que lesiona de manera tan grave la fe pública, es decir, la confianza o descrédito con que ciudadanas y ciudadanos observan y enjuician la acción del Ejecutivo, a través del Director del SII, en materia tan trascendente como la recaudación tributaria, no tiene otra alternativa que no sea la destitución del funcionario afectado. En mi opinión, esa es la decisión que el país espera de parte del Presidente de la República.

Si así ocurriera, millones de chilenos y chilenas respirarían con alivio.

 

Comentarios del artículo: Éticamente inaceptable - Publicado: a las 3:55 pm

Etiquetas: , , » Publicado: 17/01/2013

Primarias abiertas

La realización de primarias abiertas constituye una correcta contribución al fortalecimiento institucional de la democracia chilena, mediante la ampliación de la base de sustentación de los aspirantes a las diferentes responsabilidades de representación popular; ello, naturalmente, con las garantías adecuadas a los participantes en las mismas.

Una encuesta entregada a la opinión pública por el Centro de Estudios Públicos y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo señala que el 61% de los consultados, es decir, una mayoría considerable, se pronuncia por las primarias abiertas como el mecanismo más aceptado para la designación de las diferentes candidaturas en los comicios que enfrentará el país en los próximos meses.

Este criterio mayoritario está directamente relacionado con el severo debilitamiento del sistema político que se ha registrado en Chile en los últimos años. En la misma medición se establece que el 62% de las personas no tiene simpatía alguna hacia las organizaciones partidistas. En este contexto, tanto el bloque de gobierno como el de oposición se ven disminuidos en su convocatoria ante las exigencias que se presentan al país.

Resulta paradojal y, al mismo tiempo, irritante y violento que quienes se empeñaron en empequeñecer el Estado, cada vez que el mismo resulta impotente o “no da el ancho” para acometer sus desafíos sociales, se apresuren a propiciar y acometer nuevos esfuerzos para ahondar y acrecentar la debilidad del Estado.

No soy de los que buscan una respuesta fácil haciendo recaer todas las culpas de los males de este mundo en los partidos políticos, satanizándolos a un extremo grotesco, buscando ventajas fáciles y oportunistas, cuando muchos de esos críticos interesados provienen del mismo tronco del cual ahora reniegan y condenan con una facilidad asombrosa. Por el contrario, se trata de una situación estructural, el Estado mínimo, en la concepción de los “Chicago Boys” que implementó la dictadura, dejó en una situación de postración el aparato estatal, sin herramientas potentes y eficaces para regular, fiscalizar e imponer el interés general de la nación.

Hoy, muchos neoliberales con altos cargos en el gobierno se ufanan, se congratulan entre sí y culpan a las cuatro administraciones concertacionistas de cuanta ineficacia propia y del aparato estatal se produce, olvidando que en numerosas ocasiones en veinte años se ha tratado de modificar este esquema y ellos se han opuesto tenazmente. A la derecha le sirve el Estado inoperante e ineficaz, es funcional a su manera de pensar y comprender la desigualdad existente en el país, como un hecho “natural”, como una fatalidad inesquivable.

Resulta paradojal y, al mismo tiempo, irritante y violento que quienes se empeñaron en empequeñecer el Estado, cada vez que el mismo resulta impotente o “no da el ancho” para acometer sus desafíos sociales, se apresuren a propiciar y acometer nuevos esfuerzos para ahondar y acrecentar la debilidad del Estado. En ello, los neoliberales piensan como los anarquistas, mientras menos aparato estatal exista mejor, así lo entienden desde su concepción minimalista del bien común.

En el próximo período estaremos ante una urgencia inescapable: restablecer la legitimidad y prestigio del sistema político, porque, además, en sus mismos protagonistas existe la fuerte y riesgosa tentación a la “salvación” individual, a través de dudosos mecanismos como conductas farandulescas, caudillistas o demagógicas que no hacen sino que aumentar la confusión y el desprestigio en el escenario nacional, acentuando la débil convocatoria del sistema político.

De manera que la realización de primarias abiertas constituye una correcta contribución al fortalecimiento institucional de la democracia chilena, mediante la ampliación de la base de sustentación de los aspirantes a las diferentes responsabilidades de representación popular; ello, naturalmente, con las garantías adecuadas a los participantes en las mismas, haciendo uso de la legislación recientemente aprobada para ello en el Parlamento, en la ley de primarias legales abiertas. Ante partidos políticos debilitados, la más amplia inclusión y participación será una contribución esencial al robustecimiento democrático del país.

Comentarios del artículo: Primarias abiertas - Publicado: a las 12:07 pm

Etiquetas: , , » Publicado: 19/11/2012

El valor de la unidad

Si se promete lo que no se va a cumplir es pura demagogia, si se plantean cambios sólo superficiales no habrá respaldo social para dinamizar el país y la gestión política del próximo periodo.

El balance favorable que han realizado las fuerzas de oposición al gobierno en torno a los resultados de los comicios municipales, ha coincidido en resaltar el factor de la unidad como una de las claves de tan valorado desenlace.

Qué bueno que así sea, que se aprecie el alto valor político de la unidad opositora.

Por lo mismo, hay que ir mas allá de las apariencias en tan importante cuestión. Seamos francos. Hubo unidad a medias en la presentación de candidaturas a las alcaldías; en todo caso, con la excepción de opciones marginales, no por ello menos perjudiciales, como el caso de Ñuñoa, en que hubo quienes se dieron el gusto de restar exactamente los votos necesarios para ganar. Pero, pasando por encima de la unidad para las alcaldías, en las propuestas para los Concejos en los municipios hubo, a lo menos, 2 listas opositoras, de manera que no cristalizó, no se solidifico en una única y potente opción, el enorme potencial que se había configurado en la sociedad chilena hacia la oposición al gobierno de la derecha.

Lo que se requiere es actuar con los niveles mínimos de lealtad necesarios para configurar un proyecto político conjunto. Cuando se está en una posición de debilidad no se puede pretender actuar sin los límites exigibles a todo quien diga que forma parte del mismo objetivo. La competencia no puede ser para la destrucción o el canibalismo político.

Es decir, hubo unidad pero también separación. Comprendo que “no se podía mas”, de modo que ahora cuando se revalora la dimensión política del factor unidad para la oposición, hay que saber establecer la situación exactamente como fue: concurrimos a la justa electoral con posibilidades mermadas por nuestros déficits unitarios, en especial ante la insistencia de un enfoque cuyo centro de gravedad era constituirse en el “sepulturero” de la Concertación, pensando mas allá de su superación en una nueva mayoría social y política, en el desconocimiento de la tarea democratizadora realizada durante mas de 20 años, desde antes, incluso, de la derrota política del régimen dictatorial.

La unidad nunca parte de cero. Las posturas refundacionales que surgen cuando hay dificultades incurren, habitualmente, en el mismo error, en la creencia de que los procesos comienzan con los recién llegados. No es así. El patrimonio histórico se hace presente de una u otra manera, en la memoria de los movimientos sociales, en las redes organizativas, incluso en el apellido de las personas que, a veces, dice más que muchos discursos. Intentar hacer tabla rasa de la experiencia y la trayectoria de las luchas sociales es un gravísimo error.

Para configurar una alternativa sólida, la unidad debe ser más que retórica. Ahora se inicia el debate de la futura lista parlamentaria del bloque opositor y las primeras manifestaciones que se escuchan indican que está presente la formulación de demandas desmedidas, lo que hace prever, sin gran esfuerzo imaginativo, que si se cae en el uso del “tejo pasado”, o sea, peticiones maximalistas, hay razones para temer un triste espectáculo de pugnas “por los cupos”, en un ejercicio que, amplificado mediáticamente por la derecha, provoca una de las imágenes que más aleja a la gente de la política.

Ante ello, se trata de no echar por la borda la generosidad que ha tenido el pueblo chileno de apoyarnos una vez más. No hagamos del forcejeo por los “cupos” un espectáculo deplorable.

En el ámbito de las futuras presidenciales también hay síntomas inquietantes; se observan personas que no tienen otra dedicación o propósito que no sea horadar el liderazgo de la ex Presidenta Bachelet, lo que nos lleva al mismo tema latente en el dilema anterior, para una alternativa de gobierno creíble y sólida no basta decir que se respetarán los previsibles resultados de las primarias. Eso es obvio. Lo que se requiere es actuar con los niveles mínimos de lealtad necesarios para configurar un proyecto político conjunto. Cuando se está en una posición de debilidad no se puede pretender actuar sin los límites exigibles a todo quien diga que forma parte del mismo objetivo. La competencia no puede ser para la destrucción o el canibalismo político.

Por eso, aplaudo que se invoque la unidad sin la cual no es posible conformar una mayoría nacional que realice reformas que cumplan dos requisitos difíciles de articular: que sean profundas y que sean viables. Esa es la clave. Si se promete lo que no se va a cumplir es pura demagogia, si se plantean cambios sólo superficiales no habrá respaldo social para dinamizar el país y la gestión política del próximo periodo. Entonces, la unidad y su enorme valor político debiese ser un insumo poderoso para hacer política en serio, para darle a Chile el proyecto de cambios que está ahora en el centro de la agenda nacional.

Comentarios del artículo: El valor de la unidad - Publicado: a las 12:11 pm

Etiquetas: , » Publicado: 12/11/2012

Desafíos comunes

Se trata de impulsar reformas sociales y económicas por vía institucional, una mayoría nacional capaz de rectificar en los acentuados grados de desigualdad que se viven en nuestra sociedad y de corregir el rumbo con un golpe de timón hacia la justicia, la cohesión social, la probidad y la transparencia.

Acontecimientos internacionales de enorme trascendencia han capturado la atención pública: hace pocas semanas fueron los comicios en Venezuela, en los cuales fue reelecto el Presidente Hugo Chávez, ratificándose el rol esencial que tienen las elecciones libres para entregar plena garantía de legitimidad a las instituciones y gobernantes en este periodo de globalización.

Luego, fue la expectación creada por la imagen de fuerte competitividad que se generó por las elecciones en los Estados Unidos. Sin embargo, el claro triunfo del actual Presidente, Barack Obama eliminó toda duda respecto de dónde está la mayoría de los ciudadanos en ese país: están por la no discriminación, la no persecución a los inmigrantes, la integración social y por una sociedad inclusiva y no confrontacional.

Los que se pongan a prometer sin decoro ni control no conseguirán que los respalden para sus propósitos meramente mezquinos. Pero también, quienes carezcan de voluntad reformadora no tendrán el respaldo necesario.

Inmediatamente después, Hu Jing Tao, Presidente de China, en su Informe al Congreso del Partido Comunista, única fuerza permitida, rectora del sistema político en ese país, señaló que la corrupción puede llegar ni mas ni menos que “a causar el derrumbe del Partido y la caída del Estado”; frase que por el peso económico de China causo un inmediato impacto global.

En Europa, no hay ninguna opinión que desconozca que se atraviesa un periodo complejísimo, la “crisis” de variados manifestaciones y carácter, especialmente financieros, ha pasado a constituirse en la más severa prueba de los gobiernos desde la misma formación de la Unión Europea.

Hay una etapa de replanteamientos y nuevas exigencias a las fuerzas políticas. Las naciones pueden crecer lo suficiente o no hacerlo en absoluto, pero los gobernantes no deben mentir ni engañar a sus pueblos, no cometer abusos ni tolerar tropelías y, sobretodo, no pueden robar ni enriquecerse a costa de las penurias y escasez en sus países.

A veces surgen voces desde figuras políticas que pretenden resolver los desafíos civilizacionales que afectan la humanidad asumiendo promesas y adoptando objetivos inalcanzables. Cuando no los alcanzan agravan los problemas intentando manipular los sentimientos populares. Ante ello, los pueblos más se distancian y, rápidamente, aumenta el desencanto.

Para los desafíos institucionales que enfrenta la democracia nada más nocivo que la demagogia, la violación de la verdad, la retórica descomprometida de lo que ocurrirá inmediatamente después que los efectos de las palabras se evaporen y la realidad continúe siendo igual o peor. En consecuencia, la lucha contra la desigualdad y por una sociedad justa requiere de medidas prácticas y decisiones concretas que incrementen la participación de los que menos tienen en la distribución de la riqueza social. La sociedad está saturada de los abusos de grupos de financistas inescrupulosos, pero no los quiere reemplazar por los abusos de autoridades que continuamente dicen aquello que no van a hacer.

Como se ve, no es fácil el puzzle y la tentación de recurrir a la demagogia habitualmente está cerca. No obstante, los que se pongan a prometer sin decoro ni control no conseguirán que los respalden para sus propósitos meramente mezquinos. Pero también, quienes carezcan de voluntad reformadora no tendrán el respaldo necesario.

Ante ello, se trata de impulsar reformas sociales y económicas por vía institucional, una mayoría nacional capaz de rectificar en los acentuados grados de desigualdad que se viven en nuestra sociedad y de corregir el rumbo con un golpe de timón hacia la justicia, la cohesión social, la probidad y la transparencia, reinstalando la participación social, renovando las fuerzas políticas y revigorizando las instituciones democráticas, las mismas que necesitan una urgente y potente labor legitimadora para cumplir su tarea esencial e irremplazable de bien común.

Comentarios del artículo: Desafíos comunes - Publicado: a las 3:17 pm

Etiquetas: , , , » Publicado: 07/11/2012

Preocupación por Chile

Luego de leer con atención la Carta Abierta de la Gran Logia de Chile, reitero con el más pleno convencimiento que el dilema de la desigualdad es la tarea central del desarrollo humano del Chile de las próximas décadas.

Hace pocos días, la Gran Logia de Chile ha entregado una Carta Abierta a Chile, mirando con profundidad y, a la vez, preocupación el curso de la situación actual en nuestro país, constatando que de manera paralela al “salto social y económico” de los últimos años “prevalece una protesta que se ha venido generalizando”; según la misiva, tales circunstancias podrían “encaminarse” en una dirección inconveniente, ya que aunque se señala no estamos en medio de una crisis política ni institucional, se hace necesario “asegurar la estabilidad social” y “encauzar la insatisfacción”, “comprometiendo adecuadas reformas”.

Hay, además, una crítica muy severa al “decaimiento de la política”, reclamando “un nuevo estilo de conducción que pueda avanzar con unidad, sin descalificaciones, sin violencia y sin temores”.

Con las enormes distancias que separan a unos de otros de nuestros compatriotas, inevitablemente se afecta la estabilidad de la vida nacional. Ello es así, porque lo ocurrido en la convivencia cotidiana es que ya no sólo se registra una diferencia insalvable entre fortunas de dimensiones ilimitadas con la pobreza y la escasez en que viven numerosos grupos familiares.

Comparto en sus aspectos medulares tales reflexiones que, coinciden, en su esencia –en mi opinión- con los puntos de vista entregados al país en la Carta Pastoral de la Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica.

Se registra en la ciudadanía un clarísimo cansancio hacia malas prácticas presentes de la actividad política, expresadas en el intervencionismo electoral de altos cargos públicos; en la pésima costumbre de prometer sin la voluntad de cumplir; de conductas demagógicas y populistas que provocan enormes expectativas que, luego, se ven defraudadas; al exacerbado personalismo de discursos autocomplacientes y se ha extendido la búsqueda del exclusivo beneficio individual, abandonando el sentido social y de bien común que debiese guiar la acción política.

Sin embargo, estamos ante un desafío no sólo radicado en las formas políticas, sino que hay un verdadero dilema civilizacional para Chile. Se trata de una encrucijada ineludible, es el tema de la desigualdad.

Con las enormes distancias que separan a unos de otros de nuestros compatriotas, inevitablemente se afecta la estabilidad de la vida nacional. Ello es así, porque lo ocurrido en la convivencia cotidiana es que ya no sólo se registra una diferencia insalvable entre fortunas de dimensiones ilimitadas con la pobreza y la escasez en que viven numerosos grupos familiares. Ello ha traspasado las barreras tradicionales entre ricos y pobres y se manifiesta en la ausencia de movilidad social que condena a un horizonte de menoscabo y sometimiento a una franja significativa de nuestra sociedad. La privatización de los servicios públicos, especialmente, del sistema de enseñanza ha fracasado en asegurar el crecimiento en la escala social de los sectores de menores ingresos. Por el contrario, han sembrado injusticia y desigualdad. En sectores populares, condenados a una subordinación por generaciones, se extiende el lumpen, la delincuencia, el alcoholismo, la drogadicción, la pérdidas de la dignidad de cada cual.

Por ello, luego de leer con atención la Carta Abierta de la Gran Logia de Chile, reitero con el más pleno convencimiento que el dilema de la desigualdad es la tarea central del desarrollo humano del Chile de las próximas décadas.

Comentarios del artículo: Preocupación por Chile - Publicado: a las 4:51 pm

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 05/11/2012

La lección que importa

No cabe duda que el cambio de gabinete es importante. La expectativa no es menor: deben acabar las malas prácticas. Se requieren seguridades que no se repetirán. Si no fuera así, en el Ejecutivo recaerá la responsabilidad política por una nueva conducta de intervencionismo que altere y enerve el clima nacional en el curso de la contienda presidencial.

El Presidente de la República decidió permanecer en Isla de Pascua para alejarse del “ruido infernal” de la política, según su propia definición. No saca nada con descalificar a “políticos” y “periodistas”, pues ello no le ayudará en nada a las soluciones que busca para paliar, aunque sea en parte, la derrota en las recientes elecciones municipales.

En torno a ellos valdría la pena preguntarse, en primer lugar, por qué el resultado golpea tan duramente al gobierno, desplazando del epicentro del huracán a los protagonistas directos, los partidos políticos de la derecha y sus candidaturas. Por la sencilla razón que el gobernante cometió un doble grave error en el ejercicio de sus atribuciones y en la conducción estratégica de su bloque político.

Cuando los altos cargos pasan a ser usados como trampolín para ganar la próxima elección no se puede realizar un buen gobierno.

El primero de ellos fue su decisión de intentar encapsular o “entubar” la carrera presidencial de la derecha en el gabinete ministerial. Para contener el protagonismo “por fuera” de los aspirantes aliancistas recurrió a una fórmula explosiva, meterlos a todos a cargo de un ministerio; decisión aplaudida por sus amigos y recibida con obsecuencia por los jefes de partidos oficialistas y elogiada por ciertos articulistas como una gran “movida” estratégica. En La Moneda se respiraba la autocomplacencia por esta aparente “visión de Estado”.

Desde la oposición advertí el conflicto que se iba a desatar por el uso de las funciones ministeriales para lograr la tan preciada candidatura presidencial. Dicho de manera directa: esa decisión política propicio lo que acaba de ocurrir: el intervencionismo electoral en gran escala, lo que malamente se ha llamado “presidencializar” las municipales.

Cuando los altos cargos pasan a ser usados como trampolín para ganar la próxima elección no se puede realizar un buen gobierno.

El segundo gran error fue hacer causa común con la UDI en la idea de instrumentar el hiperactivismo que permiten los ministerios para afirmar las candidaturas en apuros. Con ello se ganaría la “lealtad” de los ediles por los favores concedidos. El presidenciable sellaría una imagen de “salvador”.

Esa sería la mística donde no la hay. Entonces se dio “manga ancha”. No había que reparar en gastos, ya que en realidad lo que pretendían decidir eran las futuras presidenciales. En la cúspide del poder se vivió en una burbuja. Hoy no sacan nada con “echarle la culpa al empedrado”. Para rectificar hay que reconocer el error.

El “ruido infernal” que debe terminar es el que provoca el intervencionismo electoral desde el gabinete. Solicitamos no más ministros en campaña.

No cabe duda que el cambio de gabinete es importante. La expectativa no es menor: deben acabar las malas prácticas. Se requieren seguridades que no se repetirán. Si no fuera así, en el Ejecutivo recaerá la responsabilidad política por una nueva conducta de intervencionismo que altere y enerve el clima nacional en el curso de la contienda presidencial.

Que el buen espíritu republicano sea lo que prevalezca, es lo que Chile espera.

Comentarios del artículo: La lección que importa - Publicado: a las 1:52 pm

Etiquetas: , , , » Publicado: 29/10/2012

La soberbia fue derrotada

Tenemos ahora los opositores que actuar con la humildad y la serenidad para no caer en el mismo error, y llevar adelante las tareas en los municipios, y desde el 2014 en adelante en el gobierno de la nación, para responder a las esperanzas de los más humildes y de la mayoría de la nación chilena.

Ayer domingo el pueblo de Chile votó por los alcaldes y concejales del país. Triunfó la Oposición; el Gobierno fue derrotado. ¿Por qué ha ocurrido un resultado tan categórico? En mi opinión, por las promesas sin cumplir y por la soberbia de un gobierno triunfalista, que ha estado lejos de alcanzar las expectativas que sembró en el corazón y las esperanzas de millones de chilenos y chilenas, que se han visto defraudados.

Sin duda que ahora la Oposición tiene que actuar con la responsabilidad y serenidad necesaria para no caer en los mismos errores que llevaron a la derrota al piñerismo, actualmente en el gobierno.

Sin duda que ahora la Oposición tiene que actuar con la responsabilidad y serenidad necesaria para no caer en los mismos errores que llevaron a la derrota al piñerismo, actualmente en el gobierno.

¿Qué significa ello? Que debemos actuar con tranquilidad para no caer en la misma soberbia. Esto significa hacer efectivos gobiernos comunales que trabajen en beneficio de los más humildes y de la comunidad en su conjunto. No caer en la arrogancia; no caer en menospreciar a las personas; no caer en la insensibilidad e indiferencia frente a los problemas. Tratar con todos los medios posibles que tengan los municipios, de trabajar siempre en beneficio de las personas que lo necesitan.

Al mismo tiempo, tenemos que trabajar para tener un programa de gobierno, de acuerdo a las necesidades que tiene el país, para tener una alternativa capaz de entregar una mayoría nacional en las elecciones presidenciales, que no me cabe duda será encabezada por Michelle Bachelet, podrá iniciar las tareas que este gobierno interrumpió cuales son las de estructurar en Chile un Estado protector, que sí esté en condiciones de garantizarle una vida digna y de respeto a millones de chilenas y chilenos.

Dicho de otra manera y en pocas palabras, la soberbia fue derrotada, y en consecuencia tenemos ahora los opositores que actuar con la humildad y la serenidad para no caer en el mismo error, y llevar adelante las tareas en los municipios, y desde el 2014 en adelante en el gobierno de la nación, para responder a las esperanzas de los más humildes y de la mayoría de la nación chilena, respecto de un nuevo gobierno, que sí efectivamente sea capaz de cumplir y no sólo de prometer.

Comentarios del artículo: La soberbia fue derrotada - Publicado: a las 11:50 am

Etiquetas: , , » Publicado: 05/10/2012

En torno al NO

Sin la lucidez y el talento de la estrategia política del “NO”, la victoria no habría llegado; y sin la imaginación excepcional de los intelectuales y creadores las condiciones para doblarle la mano al inmenso aparato de poder dictatorial, tampoco hubieran existido.

Ganarle a la dictadura “con un lápiz” fue, en rigor, una proeza de las fuerzas democráticas y del pueblo de Chile. Un desenlace muy difícil de creer antes que así ocurriera; es decir, se dio aquella situación imprevista de que un dictador organizara un plebiscito para perderlo. Muchos pensaron que era imposible. Incluso muchas figuras de peso global así lo creían.

En la política, fue un acuerdo amplio y decisivo, entre las fuerzas de centro y de izquierda; que fue capaz de proyectarse al ámbito organizacional, instalándose en el país una estructura de control de la votación que impidió que se materializara un fraude, que hubiera dado el triunfo a Pinochet. Asimismo, el imán que se generó desde una amplísima unidad de la oposición, en lo social fue absoluto y en lo político casi total, se creó un polo de atracción con una fuerza formidable, capaz de agrupar a los mejores intelectuales y creadores del país, a las personalidades de la cultura y del arte con una potencia apabullante que hizo un uso formidable del tímido espacio televisivo de la franja del NO.

Casi un cuarto de siglo después, no hay que cansarse de insistir en que, el desenlace a favor de la restauración democrática, el 5 de octubre de 1988, en una situación institucionalmente tan desfavorable, fue lo que efectivamente merece el nombre de hecho histórico, que abrió una nueva etapa en Chile…

A propósito de la reciente película sobre el “NO”, se ha tratado de buscar diferencias en el grado de la contribución hecha desde la política o de los creadores de la franja. En mi opinión, tales ejercicios son innecesarios. Si no hubiera existido la unidad política que se dio en tal jornada no se habría reunido la fuerza intelectual que dio vida al concepto de “la alegría ya viene”, así como, sin el aporte esencial de esa capacidad creadora tampoco el entendimiento político hubiese alcanzado la profundidad de la convocatoria nacional que cobró vida en el país, con un alcance insospechado e imparable.

Fueron ambos factores insustituibles. Sin la lucidez y el talento de la estrategia política del “NO”, la victoria no habría llegado; y sin la imaginación excepcional de los intelectuales y creadores las condiciones para doblarle la mano al inmenso aparato de poder dictatorial, tampoco hubieran existido.

Chile enfrenta un nuevo desafío: reducir y superar la desigualdad que separa socialmente el país que, inevitablemente, afecta su convivencia interna, proyectando una indeseable sombra sobre el futuro de la nación chilena, constituyéndose como una severa encrucijada que el sistema político deberá ser capaz de abordar, sin eludirla, ya que postergarla indefinidamente no hará más que agravar la situación. Ante ello, hacer revivir el espíritu y la voluntad del “NO” en una amplísima convergencia de fuerzas que configuren un nuevo Pacto Social por un Chile más justo, es una tarea esencial para alcanzar las reformas institucionales que cristalicen en un Estado Protector de la dignidad de las familias chilenas. Esperamos, en consecuencia, que renazca el “NO” en este nuevo reto que vive la comunidad chilena.

Casi un cuarto de siglo después, no hay que cansarse de insistir en que, el desenlace a favor de la restauración democrática, el 5 de octubre de 1988, en una situación institucionalmente tan desfavorable, fue lo que efectivamente merece el nombre de hecho histórico, que abrió una nueva etapa en Chile, esta tierra que tanto amamos, de reencuentro, ejercicio de las libertades y progresos de las mayorías postergadas. Sin tales avances la convivencia de nuestra comunidad nacional habría caído en una senda de deterioro, polarización y paulatina confrontación. Ha sido el reconocimiento de los derechos de todas y todos lo que abrió el camino hacia la renovación, fortalecimiento y revitalización de la nación chilena.

Comentarios del artículo: En torno al NO - Publicado: a las 12:50 pm

Etiquetas: , , , » Publicado: 01/10/2012

Otra vez el lucro

La Carta Pastoral de los obispos es un estímulo valioso y alentador hacia esa amplia confluencia de fuerzas y sectores apuntando hacia un acuerdo nacional por la superación de la desigualdad en Chile.

La Carta Pastoral, entregada el 27 del presente, por la Conferencia Episcopal de Chile, es una mirada a la situación del país que no puede desatenderse.

¿Por qué razón? Porque de la carta de los obispos se desprende claramente la urgencia de avanzar hacia una Agenda de reformas de la vida del país que sean capaces de abordar “el lucro desmesurado” y la desigualdad que debilita la paz social.

La Carta Pastoral sugiere con su solo título una orientación a largo plazo: “Humanizar y compartir con equidad el desarrollo de Chile”. Esta es una carta de navegación que requiere no sólo la definición de las políticas públicas que se hagan cargo de ese desafío-país, sino que necesitan la modificación del texto constitucional que impone un mercado desregulado y un Estado subsidiario; tales modificaciones deben impulsarse con vistas a la materialización de reformas institucionales que vayan instalando un Estado social y democrático de derechos en Chile.

La Carta Pastoral de los Obispos apunta al corazón de las transformaciones que son demandadas para un futuro en armonía y no con una confrontación estéril en el país.

Ante el “lucro desmesurado” debiese configurarse la unidad social y política necesaria para reponer una acción política con auténtico sentido histórico para asegurar la estabilidad futura de la nación chilena.

No obstante, lo hace con la sagacidad de situarse por encima de la contingencia partidista propia de un periodo electoral; con ello sus conclusiones hacen aun más inequívoca su convocatoria fundamental: un criterio de buen gobierno para el Chile del próximo periodo aconseja acometer rectificaciones de fondo en el modelo de desarrollo cuya centralidad desmesurada es el mercado. En mi opinión, construir la mayoría nacional para asumir esa tarea debiera ser el propósito central del bloque de oposición.

No se trata de retornar a la discusión política de los años previos al Plebiscito de 1988, en torno a la legitimidad de la Constitución como el tema fundamental y la supuesta línea divisoria entre la política correcta y la incorrecta. La historia ya zanjó ese debate. Hemos avanzado por un camino de sucesivos cambios democráticos institucionales, conformando paso a paso las inescapables mayorías requeridas a dicho objetivo. De lo contrario, el triunfo del NO nunca hubiese ocurrido.

Nuevamente se trata de avanzar gradualmente, de manera de alcanzar las reformas constitucionales que permitan un nuevo marco institucional que haga posible rectificar la estrategia de desarrollo del país, en un esfuerzo que por su envergadura, configurar un Estado protector y regulador, se puede proyectar por toda la primera parte del siglo XXI. Intentar rutas aceleradas puede ser simplemente un escapismo ante la magnitud de la tarea planteada.

Insisto en ello, ya que la encrucijada que enfrenta Chile no tiene ante sí una sola alternativa y un único interlocutor, esto no es así.

Además, está la derecha de la que algunos de forma voluntarista se olvidan, que para comenzar el debate hay que recordar que está en el gobierno, cuyo potente aparato mediático nadie osa desconocer y que ocupa un lugar decisivo en el actual escenario.

En efecto, la derecha es el soporte de las fuerzas libremercadistas que pretenden acentuar la centralidad del mercado y debilitar aun más el Estado, pues desde su punto de vista, este último, el Estado no debe “interferir” afectando el despliegue de la potencia de las fuerzas económicas con entorpecimientos “burocráticos”.

El uso que hacen de las políticas de Salud así lo confirma claramente, ya que utilizan los recursos públicos para potenciar el sector privado ¿Cómo? Subejecutan el Presupuesto (así fue el 2011 y así es otra vez el 2012) y traspasan pacientes a las Isapres que nunca habían obtenido las elevadas rentabilidades que tienen, según la propia Superintendencia de Salud.

La derecha, ante cualquier espacio que se produzca, sobre todo si la oposición se desvía hacia debates fuera de la Agenda, promoverá y provocará nuevas reformas ultra liberales que profundicen las que implantó Pinochet y anulen las que logro materializar la Concertación. Su criterio esencial sigue siendo el “chorreo”, si hay excedentes fruto de los gigantescos niveles de acumulación de los conglomerados controladores del aparato económico, habrá como aliviar y enfriar la irritación social que se ha extendido por el país.

Con este enfoque, si la actual oposición carece de un Programa de transformaciones prácticas, definidas y materializables hacia un Estado Protector, de reformas económicas y sociales que regulen, redistribuyan y reorienten el esquemas de acumulación hacia los fines de una sociedad inclusiva y cohesionada, si ello no se realiza, y ese necesario Programa reformador se reemplaza por consignas voluntaristas se arriesga una frustración social y política de largo alcance, ante la ausencia de una carta de navegación eficiente que impulse y dinamice un gobierno reformador del país desigual de hoy.

Ante el “lucro desmesurado” debiese configurarse la unidad social y política necesaria para reponer una acción política con auténtico sentido histórico para asegurar la estabilidad futura de la nación chilena.

En todo caso, la Carta Pastoral de los obispos es un estímulo valioso y alentador hacia esa amplia confluencia de fuerzas y sectores apuntando hacia un acuerdo nacional por la superación de la desigualdad en Chile.

Comentarios del artículo: Otra vez el lucro - Publicado: a las 12:28 pm

Etiquetas: , , » Publicado: 28/09/2012

Construyendo futuro

Se recordó en este encuentro que ambas naciones pudieron caer en la confrontación fratricida hace ya casi 34 años, cuando no había democracia en nuestra tierra; sin embargo, tal designio parece ya una situación de un pasado tan remoto que no empaña los avances obtenidos en los últimos años. Con la llegada de la democracia se consolidó la paz.

En Puerto Varas ha tenido lugar, los días 26 y 27 del presente, un nuevo encuentro binacional de autoridades de Chile y Argentina, de las regiones vecinas correspondientes a las provincias que cubren desde Concepción hasta Palena, aproximadamente, con el objetivo de fortalecer y dinamizar la integración y las relaciones de confianza mutua entre los gobiernos regionales, los diferentes servicios públicos y las entidades pertenecientes ala Armada, Carabineros e Investigaciones y sus respectivos pares de la nación hermana.

Se trata de un proceso que refleja una nueva etapa en la perspectiva común de nuestros países. Esta es una interdependencia inesquivable para la política exterior de Argentina y Chile. En la globalización, el dinamismo de las relaciones internacionales ha adquirido un vigor sin precedentes; no obstante, el interés común entre ambos vecinos no sólo no se debilita sino que se ha hecho más necesario e insustituible.

En lo personal, tengo la convicción que nuestra política de Estado, aquella que atraviesa con su perdurabilidad en el tiempo a los gobiernos de turno, comienza con el entendimiento esencial entre Chile y Argentina. Nunca dejaremos de ser vecinos y no dejaremos, en consecuencia, de estar interconectados. Bloques mundiales que parecían inamovibles han desaparecido. A pesar de ello, perdura la necesidad de entendimiento entre Chile y Argentina. De manera que debiésemos ser capaces de hacer un lado los obstáculos que retrasan o entorpecen una misión común de ambas naciones para actuar de conjunto en el escenario global y de resolver, adecuadamente,  con efecto de beneficio recíproco las controversias que pueden surgir en el camino.

Las dificultades, obviamente, no desaparecen ni desaparecerán en el curso de las próximas décadas, son propias del desarrollo. Es por ello que debemos estar siempre preparados para resolverlas con espíritu constructivo y mirando el interés común.

Se recordó en este encuentro que ambas naciones pudieron caer en la confrontación fratricida hace ya casi 34 años, cuando no había democracia en nuestra tierra; sin embargo, tal designio parece ya una situación de un pasado tan remoto que no empaña los avances obtenidos en los últimos años. Con la llegada de la democracia se consolidó la paz. Por ello, debemos robustecer las tendencias positivas que se han hecho preeminentes. Mientras más afirmemos esta senda de colaboración, más robusta será la paz y el entendimiento entre nuestras naciones hermanas.

Comentarios del artículo: Construyendo futuro - Publicado: a las 2:02 pm

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