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Augusto Cavallari Perrin

Docente de Derecho Penal en Universidad Central de Chile. Abogado Asesor Municipalidad de La Cisterna.

Etiquetas: , , , , » Publicado: 19/01/2016

Colusión: Siempre estuvieron junto a nosotros, pero nunca lo supimos

Nos hicieron creer que el mercado era su lema, pero no era así. Éste era el slogan para nosotros, a ellos nunca les importó el mercado. Ellos no creyeron en nada, salvo en su dorada ganancia.

Es curioso lo que puede despertarnos un simple viaje al supermercado para comprar productos de necesidad hogareña. En el camino, uno puede cavilar que entramos en territorio ajeno a nuestro modo de vivir, dominado por fuerzas generalmente desconocidas, aunque el recinto tenga algo de espacio, haya mucha luz y los guardias y las cajeras nos sonrían.

Un supermercado puede ser un lugar de insospechada trascendencia y, a la vez simple en su función, pero lo que sucede para que disfrutemos de este sortilegio de libertad puede ser mucho más tenebroso de lo que imaginamos, como si estuviésemos en un film de terror en el cual lo siniestro se oculta a la simple vista y puede saltar sobre nosotros cuando estemos más desprevenidos. Y siempre estamos desprevenidos, cuando nos han señalado que todo está bien. Pero justo es convenir que, realmente, no lo está.

Sin embargo, las reminiscencias con las cintas hollywoodenses no concluyen ahí. Recuerdo las películas de ciencia ficción en las cuales, nuestro mundo era atacado por especies alienígenas, que solamente pretender perjudicarnos. Sin embargo, aunque provenían del espacio exterior, desde hace mucho tiempo se encontraban entre nosotros, preparando el momento para iniciar su batalla destinada a dominar el mundo entero.

Esta revisión fílmica puede completarse con las cintas sobre la mafia, como el Padrino de Coppola o Buenos Muchachos de Scorsese, en las que los maleantes se reúnen en lugares inhóspitos o extraños a repartirse mercados, calles, precios y territorios.

Y en un supermercado chileno –quién lo hubiese dicho antes- como un realismo mágico que jamás gustó a las personas frías y racionales que, justamente, idean soluciones como éstas, están o pueden estar reunidas todas estas cintas juntas.

En primer lugar, suele estar a la entrada de cada supermercado una o dos farmacias que nos dan una bienvenida con coloridos letreros y productos en oferta, pero no es preciso caminar demasiado, por cualquier pasillo, para encontrarnos con pollos a granel o congelados, con papel higiénico o servilletas, con pescado congelado.

Y pareciera que todos estos productos están ahí porque se han cumplido las reglas para su venta sin que tengamos que abrigar que oscuros poderes han alterado su presencia y valor para incrementar sus ganancias hasta quién sabe qué límite y no precisamente por un afán de solidaridad o justicia distributiva e incluso se han comprados senadores para obtener leyes favorables en las cuotas de pesca de productos marinos.

Pudiera uno pensar que en un supermercado confluye el bien de todos: ofrecen todos los productores, en igualdad de condiciones y los clientes pueden optar por el precio y la calidad más conveniente, sin temor a un engaño, porque los productos y los precios están a la vista. Pero sería un error. Porque en nuestro país, los productos no guardan relación su precio respecto al costo más una razonable ganancia. No. A nadie le importa ser razonable. Ciertos jefes (tal como los mafiosos de las películas, solamente que aquí no usan traje cruzado ni hablan italiano) se han reunido, incluso en sitios extraños como un cuartel de bomberos, a repartirse mercados, cuotas y precios. Y si a Ud. no le quedaba un peso en el bolsillo por pagar sus precios, pues eso es lo que ellos precisamente querían.

Nos hicieron creer que el mercado era su lema, pero no era así. Éste era el slogan para nosotros, a ellos nunca les importó el mercado. Ellos no creyeron en nada, salvo en su dorada ganancia.

Son como seres alienígenas que nacieron para perjudicarnos y para apoderarse de un mundo en el que creíamos que tendríamos un lugar para elegir algo que quisiéramos comprar (éste fue el mensaje para derrotar toda ideología de izquierda, allá no había libertad alguna, aquí sí), pero era solamente un espejismo. Nunca tuvimos libertad de elegir producto o precio, todo lo controlaron ellos, como mafiosos repartiéndose nuestro esfuerzo de cada día, y desde hace un largo, largo tiempo.

Son seres verdaderamente dignos de temer, y lo increíble es que siempre estuvieron junto a nosotros, pero jamás lo supimos.

Comentarios del artículo: Colusión: Siempre estuvieron junto a nosotros, pero nunca lo supimos - Publicado: a las 2:00 am

Etiquetas: , , , » Publicado: 11/08/2015

Por un poco de luz o lo que queda del día

En esta columna, el académico Augusto Cavallari Perrin plantea su postura frente a los reclamos por el cambio de hora y recuerda que con el sistema antiguo jamás un chileno promedio alcanzaba a salir de su trabajo viendo la luz del día.

En nuestro país los márgenes o límites que alguien (generalmente desconocido) fije respecto de un tema determinado, son inexplicables y absurdamente respetados por los innumerables (y también anónimos) replicantes posteriores. Así, si alguien dice que tal debe ser el enfoque en tal sentido, los receptores se circunscriben a dicho enfoque como si fuese un asunto concluido. Habrá quienes aboguen a favor o en contra del enfoque señalado, pero nadie ve desde otra arista el asunto.

Esto parece ocurrir con el tema del cambio de horario en el país. Un horario único nacional mutable mediante Decreto Supremo, fue la tónica adoptada hace décadas, lo que, desde hace pocos meses, fue cambiado por un horario fijo. Y nacieron los detractores, entre ellos, las empresas, porque el nuevo horario afectaba la productividad. Y quién podría discrepar con semejantes detractores que, en su acervo infinito, señalan todo lo que debe acontecer, tarde o temprano, en el país. A ello se sumaron las declaraciones de algunos psicólogos que opinaron que el nuevo horario era inconveniente desde el ámbito psicológico.

En Europa (bien lo saben las personas que han viajado allá), en la mayoría de los trabajos se entra de noche y se sale de día, y la gente común y corriente suele alcanzar a tener un instante para sí, para ir a una plaza, para servirse un café, para hablar con un amigo. En Chile, es más importante que las empresas no pierdan productividad, pero ¿importa acaso que nosotros, la gente de la que hablan los políticos, perdamos todo el tiempo un poco de vida?

Quiero dar mi punto de vista, que quizás sea el de algunas otras personas. Con el horario fijo, todo el invierno y la primavera e incluso el final del verano, ya estaba oscuro alrededor de las 18:00 horas o un poco después. ¿Y esto qué tiene que ver con nosotros? Pues bien, como las jornadas laborales en Chile se extienden hasta después de esa hora, jamás un chileno promedio alcanzaba a salir de su trabajo viendo la luz del día. Entraba a trabajar con luz y salía de noche. Nunca un día laboral nos permitió que nuestro regreso a casa, comprar el pan o buscar un hijo al colegio se hiciese con luz solar. Y esto afecta la sensación íntima de cada uno, en el sentido de que durante la semana no existe día para nosotros. En la mañana percibimos luz solar, pero es para llegar al trabajo, por lo tanto, esa luz no es nuestra. Y al atardecer, salimos del trabajo cuando ya está oscuro, por lo que implícitamente aceptamos que el día fue para nuestro empleador.

Entonces, ¿debemos resignarnos a perder la luz del día para los demás y por siempre?

En Europa (bien lo saben las personas que han viajado allá), en la mayoría de los trabajos se entra de noche y se sale de día, y la gente común y corriente suele alcanzar a tener un instante para sí, para ir a una plaza, para servirse un café, para hablar con un amigo. En Chile, es más importante que las empresas no pierdan productividad, pero ¿importa acaso que nosotros, la gente de la que hablan los políticos, perdamos todo el tiempo un poco de vida? Incluso, cabe añadir, que (usando la frase común de siempre) al salir de noche estamos permanentemente más expuestos a los delitos. Pero, claro está, los expertos de siempre en delitos, no opinan sobre este tema, cuando se trata de la sagrada productividad que, para peor, está en baja.

¿Hay alguien (aunque seamos nosotros mismos) a quien le importe verdaderamente que un poco de luz sea lo que nos quede del día?

 

Comentarios del artículo: Por un poco de luz o lo que queda del día - Publicado: a las 7:00 am

Etiquetas: , , » Publicado: 23/06/2015

Claroscuros de la Reforma Procesal Penal

No hay duda alguna que Chile es mejor con Reforma Procesal Penal que sin ella. Pero esto no significa que el sistema no tenga errores.

Una canción de Serrat dice “quiéreme tal como soy, no escojas sólo una parte”. Dicha frase se refiere al hecho de que al considerar a una persona, que es un mundo, jamás nos aproximaremos a comprenderla si no consideramos todos sus aspectos, positivos y negativos, porque si no, nuestra visión resulta incompleta y nuestra conclusión parcial y necesariamente errada.

Si esto es válido para una persona, ¿por qué una política pública debería focalizarse parcialmente y, en consecuencia, solamente verse desde un prisma crítico o bien desde un enfoque que solamente ensalce sus virtudes y bondades?

La Reforma Procesal Penal es la gran reforma de nuestro derecho en los últimos 100 años y sus efectos todavía no resultan comprendidos ni todos sus aspectos favorables debidamente ponderados.

Esta reforma era imprescindible de manera incuestionable y debió ser implementada como una necesidad (aunque en los hechos, se impulsó para favorecer la suscripción de un tratado internacional que trajo beneficios económicos a quienes obtienen beneficios económicos de los tratados). Pues bien, no hay duda alguna que Chile es mejor con Reforma Procesal Penal que sin ella. Para muestra, un botón: los bullados casos Penta, Soquimich y Caval, nunca habrían tenido lugar bajo el alero del Código de Procedimiento Penal, cuyo procedimiento, construido bajo el dogma del secretismo y la práctica de actuarios que suplían al juez, hacía que todo fuera posible.

Algunos han dicho que hoy nuestro país está envuelto en la corrupción, como si no supiéramos que la corrupción es una constante en toda sociedad organizada, porque es un problema de las personas que participan en el sistema (cualquiera este sea) y no un defecto del sistema en sí. Pero hoy la corrupción ha quedado al descubierto y puede ser perseguida. Un lujo de sociedades desarrolladas. El verdadero lujo que Chile puede hoy exhibir y que lo vemos, para variar, como defecto.

Pero esto no significa que la Reforma Procesal Penal no tenga errores, que no sólo son variados, sino también perjuiciosos, especialmente para aquellos que son alcanzados por la potestad del sistema.

Los medios de comunicación y los grupos de presión, así como múltiples francotiradores políticos sacan provecho del problema penal, porque es una fuente inagotable de entretención, sintonía, alineación “política correcta” y, en definitiva, de votos.

Se dice que los delincuentes tienen “puerta giratoria”, eslogan que acuñó un político y que la masa repite como mantra o como un rezo dirigido a Dios. Pero no es verdad. El sistema pretende dar garantías (que valen para cualquiera, no solamente para el delincuente habitual), pero que se cuestionan, se suspenden por reformas de agenda corta o, simplemente, se dejan sin efecto por resoluciones de jueces que acogen todo lo que dice el Ministerio Público como si fuera una voz divina.

Incluso el propio Ministerio Público tiene un principio o deber de objetividad que muy rara vez ha cumplido. Casi nunca ha investigado, lo que perjudica o agrava las responsabilidades. Y esto, por cierto, ha llevado a la desprotección de muchos imputados, sencillamente porque lo que debió decirse, ya lo dijo el Ministerio Público. Pero esto nos aleja del deber ser de un sistema que debió configurarse bajo estándares acusatorios y bajo una estructura de igualdad entre los intervinientes.

Y como si fuese insuficiente, los medios de comunicación y los grupos de presión, así como múltiples francotiradores políticos sacan provecho del problema penal, porque es una fuente inagotable de entretención, sintonía, alineación “política correcta” y, en definitiva, de votos.

Pero, desde otro punto de vista, el propio Ministerio Público demuestra un ostensible desinterés en la persecución de delitos que no parecen preocupar especialmente a la comunidad, como los delitos de apropiación por medios inmateriales (estafas) y otros tipos que afectan la propiedad o el patrimonio, como la usurpación. En estos casos es ciertamente muy difícil que el órgano persecutor pretenda obtener una sanción penal, con la consiguiente desilusión de las víctimas de tales ilícitos

En todo caso, la Reforma Procesal Penal decanta en establecer la forma mediante la cual se determine si algo se cometió, quién lo cometió (y si quien lo cometió resulta responsable de lo hecho) y, de ser así, cuál es la sanción aplicable. No obstante, la reforma no se ha podido liberar de todas las interferencias que desvían su actuar ni de los defectos derivados de las políticas institucionales que ha escogido el órgano persecutorio.

A pesar de todos estos defectos, saludamos y celebramos un nuevo aniversario de la Reforma Procesal Penal. Sin embargo, clamamos por un análisis objetivo que considere todas sus aristas y aspectos. No había otra solución que la Reforma Procesal Penal, pero no nos limitemos a una parte de ella, simplemente veámosla tal como es.

Comentarios del artículo: Claroscuros de la Reforma Procesal Penal - Publicado: a las 9:00 am

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