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Andrea Ruffinelli

Investigadora CEPPE- académica Facultad de Educación U. Alberto Hurtado.

Etiquetas: , , , , » Publicado: 07/10/2013

Más que “alto al SIMCE”, un alto al mercado educativo

De ninguna manera me parece que eliminar o mejorar el diseño y uso del Simce es la clave del mejoramiento de nuestro sistema educativo, más bien me parece que es parte de un engranaje más que hace funcionar aceitadamente nuestro sistema educativo mercantil, una pieza más de nuestra sociedad neoliberal.

Suscribí la carta “Alto al Simce”, y lo hice pensando que sólo me parecía la punta de un enorme iceberg y que era necesario partir por algún lado. A poco andar, parecen imperativas algunas aclaraciones e implicancias más profundas, pues de ninguna manera me parece que eliminar o mejorar el diseño y uso del Simce es la clave del mejoramiento de nuestro sistema educativo, más bien me parece que es parte de un engranaje más que hace funcionar aceitadamente nuestro sistema educativo mercantil, una pieza más de nuestra sociedad neoliberal. Dicho esto, creo que es preciso abordar esta situación, construida cuidadosa y estratégicamente durante 30 años, también de manera cuidadosa, integral y, por supuesto, estratégica.

“Una propuesta de cambio sustantivo del Simce, tornándola como una prueba muestral, que ofrezca luces generales de los aprendizajes que estarían logrando los estudiantes o bien eliminar el carácter público de sus resultados”.

Creo que hemos transado, y mucho, en la lógica de la política de los acuerdos, comprendo que cada momento y decisión pudo haber tenido sus razones, sin embargo, el escenario no es el mismo. Se ha fortalecido la lógica mercantil, razón por la que creo que es tiempo de asumir una postura más decidida que implica discursos y acciones de explícito desacuerdo con la estructura mercantil del sistema educativo (al menos), y con ello, todas las implicancias comprometidas. Ciertamente se trata de una tarea superlativa dado el escaso piso político que parece existir en este sentido.

Una aproximación menos holística y definitiva (que me parece poco pertinente) podría esbozarse en una propuesta de cambio sustantivo del Simce, tornándola como una prueba muestral, que ofrezca luces generales de los aprendizajes que estarían logrando los estudiantes (escenario en el que no bastaría con las pruebas internacionales) o bien eliminar el carácter público de sus resultados, entregando la información sólo a las escuelas, de manera que su uso sea interno y exclusivamente orientado al mejoramiento, opción que me parece con evidentes dificultades de prosperar puesto que uno de los objetivos principales de la existencia de la prueba Simce, tal como la conocemos hoy, es y será clasificar escuelas (discutible, por cierto) y, supuestamente, informar a las familias para tomar la mejor decisión posible (esto sin duda podemos discutirlo también). Esta premisa no considera que –pese a los esfuerzos desplegados- históricamente ha habido serias dificultades para que las escuelas usen la información del Simce para mejorar, por lo tanto, seguir invirtiendo en una política de esa naturaleza sólo con este objetivo es un despropósito.

En suma, vuelvo a la primera opción, a la necesidad de radicalizar la crítica y oponernos con firmeza -esquiva en 30 años- a las diversas expresiones o engranajes del mercado educativo. Hacer sólo modificaciones tendría un carácter cosmético dados los argumentos recién enunciados y cambiar el rumbo a muchos nos parece imperativo, más si se considera toda la evidencia acumulada respecto de los nocivos efectos de la estandarización, empobreciendo el currículum, los aprendizajes de los estudiantes y desprofesionalizando a nuestros docentes.

Comentarios del artículo: Más que “alto al SIMCE”, un alto al mercado educativo - Publicado: a las 1:34 pm

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