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  • Álvaro Medina J.

Álvaro Medina J.

Periodista – MBA. Investigador del Instituto Francisco Bilbao.

» Publicado: 04/12/2014

Los discapacitados ignorados

No sólo no existen estacionamientos para madres (sólo los hay preferentes para embarazadas, ancianos y personas con dificultades de movilidad), sino que incluso en muchos establecimientos se prohíbe el ingreso de madres con sus bebés en coche. Lo que hay en realidad detrás de esto es una cultura discriminadora y no empática.

Cuando se habla de discapacidad hay un sector de la población del que nunca se hace mención y sobre quienes ni las políticas públicas ni la publicidad han dicho nada. Se trata de los bebés, nuestras guaguas, que necesitan de otros para su transporte y, por supuesto, sus madres, que en la práctica son su medio de movilización.

En concreto, si ya es difícil que exista una conciencia social respecto de las necesidades, los accesos, el respeto que debe haber por aquellos que tienen una discapacidad física, peor aún es la condición social de quienes, viviendo la misma situación (pero debido a su condición de desarrollo biológico) no pueden manifestarse.

La situación se vive sobre todo en vía pública y el comercio, donde no sólo no existen estacionamientos para madres (sólo los hay preferentes para embarazadas, ancianos y personas con dificultades de movilidad), sino que incluso en muchos establecimientos se prohíbe el ingreso de madres con sus bebés en coche.

Esta experiencia fue compartida hace un tiempo en redes sociales por una madre a la que se le impidió el ingreso a una exposición en el Centro Cultural Gabriela Mistral por llevar a su bebé en coche. Más adelante en locales comerciales de Santiago y Providencia le pasó lo mismo. En algunos casos, se alega una “política” institucional; en otros, el temor al “robo hormiga”.

Hay que decir que el GAM ofreció sus disculpas formales y esto no sería más que el descriterio de un funcionario de seguridad.

Lo que hay en realidad detrás de esto es una cultura discriminadora y no empática. Los que impiden la entrada o dificultan la circulación de guaguas en sus coches navegan en la ignorancia, en la incapacidad de ponerse en el lugar de alguien que no puede desplazarse, y del esfuerzo de su madre por transportarlo, con un coche, con bolso con biberones, pañales y demás implementos que son necesarios, sobre todo si no tienen automóvil y deben andar en una red de Transantiago que se ufana de tener una capacidad de 6 personas por metro cuadrado.

El bebé es un discapacitado y su madre (con toda la tecnología que la acompañe) es su transporte, y ambos deben ser respetados y acogidos por la sociedad. Si ya se hacía antes de nacer, con mayor razón después de ello, cuando su traslado es todavía más complejo.

Ampliemos la mirada. Considerar a las personas como tales desde su concepción obliga a enfocarse en la etapa de la existencia en que estamos más desvalidos y necesitamos de la ayuda de otros para todo.

 

Comentarios del artículo: Los discapacitados ignorados - Publicado: a las 7:25 am

Etiquetas: , , , , , , , , » Publicado: 13/11/2014

El padrastro: El tercer papá de Nicolás

La legislación (y la sociedad), sin embargo, es tremendamente discriminadora en relación con la figura del padrastro (o la madrastra). Urge que se debata en torno a un cambio legal y cultural que proteja los derechos de éstos, especialmente cuando han pasado años a cargo de los niños y son, por lo tanto, padres de verdad.

El cuento “Nicolás tiene dos papás” no es polémico porque hable de una familia con padres homosexuales. A mi juicio, lo es porque abarca de manera incompleta la complejidad de las familias modernas y, como siempre, deja de lado aspectos de la vida del niño que deben ser obligatoriamente considerados en el contexto de su familia y de su desarrollo, así como en la discusión sobre los cambios a la legislación asociada.

En primer lugar, Nicolás no tiene dos papás… tiene tres. El padre del que no se habla es el más común en la vida familiar moderna: el padrastro (o la madrastra). Se trata de aquel que asume la paternidad de alguien a quien no engendró, con todas las obligaciones que ello implica: cariño, responsabilidad, manutención. El padrastro (o la madrastra) es aquel que ha decidido unirse a otra persona por amor y asumir el fruto de su vida anterior como propio.

Es imperativo que en el anhelado reconocimiento de roles familiares que busca el cuento “Nicolás tiene dos papás” se hable en serio sobre el tema de la nueva conformación de la familia y no se limite a la opción sexual de sus padres.

La legislación (y la sociedad), sin embargo, es tremendamente discriminadora en relación con la figura del padrastro (o la madrastra). Ya la palabra está cargada con supuestos y conceptos negativos y hasta aquellos pedazos de piel inservibles en la comisura de las uñas son denominados así. La madrastra está asociada a la bruja mala de Blancanieves. En los colegios, en los jardines infantiles, cuando un profesor o una educadora de párvulos se entera de que quien va a buscar al niño es un padrastro (o una madrastra) con frecuencia hay desprecio y malos tratos. El padrastro no puede buscar ni siquiera un certificado y no es bien visto como apoderado.  Pareciera que no es un padre (o una madre) de verdad. Frente a la familia biológica, no tiene el derecho ni de corregir al pequeño.

Pero es quien en el día a día está a cargo del menor, de levantarlo, de vestirlo, de procurar que haga las tareas y llegue temprano al colegio, de que se saque buenas notas.

Mientras, muchas veces los padres (o madres) biológicos tienen el goce de los entretenidos fines de semana y en la mente y el corazón de los niños éstos quedan como los héroes, los simpáticos y la ley los protege dándoles el derecho de dar o no los permisos para sacarlos a pasear fuera del país. Por protección a los niños nunca se les cuenta de lo que ha costado que los padres o madres biológicas asuman su responsabilidad y cuánto se ha tenido que luchar a veces en tribunales para que entreguen la mísera pensión de alimentos.

En definitiva, pasa una vida entera y el padrastro (o la madrastra) siempre en un segundo plano, y habiendo asumido el rol paterno en su totalidad, a veces no tiene el derecho ni de llevar al altar a su “hijastro” (o hijastra).

Urge que se debata en torno a un cambio legal y cultural que proteja los derechos de los padrastros y madrastras, especialmente cuando han pasado años a cargo de los niños y son, por lo tanto, padres de verdad.  La situación se extiende a tíos y tías, abuelos y abuelas que por diversas razones terminan criando a sus sobrinos y nietos sin tener derechos legales sobre ellos. Urge también que en el anhelado reconocimiento de roles familiares que busca el cuento “Nicolás tiene dos papás” se hable en serio sobre el tema de la nueva conformación de la familia y no se limite a la opción sexual de sus padres.

Comentarios del artículo: El padrastro: El tercer papá de Nicolás - Publicado: a las 9:51 am

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 16/06/2014

Simce: Un indicador de la segregación

Es evidente que un establecimiento que puede discriminar y elegir entre quienes poseen de manera natural esas habilidades, e incluso filtrar en el camino, dejando de lado a quienes podrían no tenerlas, tendrá naturalmente mejores resultados. Así, el Simce es un indicador de éxito respecto de su capacidad institucional de segregar, pero no es un reflejo de su calidad académica.

Los últimos resultados de la prueba Simce dados a conocer públicamente hace unos días son una demostración fehaciente de que es un indicador erróneo para medir la calidad de la educación a nivel nacional y completamente inútil para comparar las estrategias y resultados educativos entre establecimientos.

El Simce, al contrario, es una evidencia matemática de la desigualdad en el acceso a la educación y la tremenda segregación que ocurre en los colegios particulares.

A un colegio particular que se vanagloria de su resultado Simce le pediría que demostrara su calidad educativa demostrando qué hizo con los estudiantes que tenían malos resultados, qué tipo de apoyo psicopedagógico entregó, nivelaciones o normalizaciones.

En concreto, el Simce (igual que la PSU) mide conocimiento y ciertas habilidades académicas básicas. Pero es evidente que un establecimiento que puede discriminar y elegir entre quienes poseen de manera natural esas habilidades, e incluso filtrar en el camino, dejando de lado a quienes podrían no tenerlas, tendrá naturalmente mejores resultados. Así, el Simce es un indicador de éxito respecto de su capacidad institucional de segregar, pero no es un reflejo de su calidad académica.

Un colegio municipal podría tener una gran cantidad de buenos puntajes (probablemente más que el particular, pues sus cursos son más numerosos), pero su promedio será menor por los alumnos que tienen malos puntajes y que el establecimiento no puede discriminar.

A un colegio particular que se vanagloria de su resultado Simce le pediría que demostrara su calidad educativa con otros indicadores, como:

– Demuestre qué hizo con los estudiantes que tenían malos resultados, qué tipo de apoyo psicopedagógico entregó, nivelaciones o normalizaciones.

– Transparente los resultados de sus pruebas de ingreso y diga los criterios de selección.

– Haga una encuesta pública entre estudiantes y apoderados preguntando por su percepción de la calidad de servicio incluyendo variables humanas, como la acogida y el apoyo humano.

– Demuestre que se aprovechan al máximo los recursos académicos, y en especial las listas de carísimos libros de texto que (seamos realistas) no se diferencian en nada de los textos guías entregados por el Ministerio de Educación.

Si sus resultados son buenos en esos aspectos, entonces nos acercamos a la calidad de la educación. Si, por el contrario, sólo hacen propaganda con los resultados de un test, es publicidad engañosa.

Comentarios del artículo: Simce: Un indicador de la segregación - Publicado: a las 9:06 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 05/04/2013

Clamor por primarias: oportunidad de participación

El desafío primario consiste en dar el paso de poner un abanico a disposición de la ciudadanía y encantarla con el proceso mismo de toma de decisiones. A partir de eso se pueden generar compromisos de cambios más profundos, como el poner punto final al sistema electoral binominal y permitir un escenario en que otras voces (otros partidos u organizaciones distintas a los partidos) también estén representadas.

Tras las elecciones municipales y ad portas de los comicios presidenciales, el clamor popular levanta en vilo una palabra que se transforma en consigna: participación. Las personas buscan “ser- parte” de los procesos de toma de decisión, y ya el derecho a voto (la consulta cada 4 años ligada únicamente a la representación) es algo insuficiente. A nadie le basta con marcar una línea y tener la esperanza de que aquél a quien se le entregó la confianza cumpla en los años siguientes o haga lo que uno espera.

Las movilizaciones estudiantiles, ecologistas, vecinales o animalistas se han tomado la calle, porque tanto los plazos de consulta como el nivel de cumplimiento ya no bastan.

Es necesario las primarias sean obligatorias incluso para aquellos que quieren defender su cupo al interior de sus partidos y coaliciones, pues es un mensaje hacia la ciudadanía en torno a que se acaban las dinastías y los cacicazgos obligatorios e impuestos.

Ahora el sistema político, que presenta serias falencias en materia de apertura de canales de participación, tiene una oportunidad histórica de abrir una ventana a través de las elecciones primarias para elegir candidatos presidenciales y al Parlamento. Pese a que –tal como están planteadas- conllevan el riesgo de mantener y hasta consolidar un duopolio político de Alianza versus Concertación (pues es en el concierto de las coaliciones existentes donde se desarrolla la decisión) se trata de una prueba de fuego que puede permitir dar el paso hacia formas de participación más abiertas e inclusivas.

En efecto, el primer paso, aceptado incluso por la candidata con mayor aceptación en las encuestas, Michelle Bachelet, fue aceptar el mecanismo de primarias para validar una decisión en materia presidencial. El segundo, ampliar esta posibilidad a la elección de candidatos al Congreso. Y es necesario que incluso esto sea obligatorio para aquellos que quieren defender su cupo al interior de sus partidos y coaliciones, pues es un mensaje hacia la ciudadanía en torno a que se acaban las dinastías y los cacicazgos obligatorios e impuestos. Ahora más que nunca deben realizarse primarias inclusivas y abiertas en todos los distritos y ojalá que ésta sea la oportunidad de manifestar propuestas.

El desafío primario consiste en dar el paso de poner un abanico a disposición de la ciudadanía y encantarla con el proceso mismo de toma de decisiones. A partir de eso se pueden generar compromisos de cambios más profundos, como el poner punto final al sistema electoral binominal y permitir un escenario en que otras voces (otros partidos u organizaciones distintas a los partidos) también estén representadas.

Comentarios del artículo: Clamor por primarias: oportunidad de participación - Publicado: a las 1:12 pm

Etiquetas: , » Publicado: 24/02/2013

Nacer de nuevo

La alegría se saber que Rocío no sólo sobrevivirá, sino que ahora vivirá… con todo lo que ello implica, llena a todos quienes formamos parte de su familia.

Cuando Rocío Tolosa entraba al pabellón para someterse a un trasplante doble de pulmón, miró a su familia y con gesto valiente saludó. A sus 16 años, pero representando menos debido a los efectos que dejó en ella la fibrosis quística, se encaminaba a una riesgosa intervención, la única posibilidad de seguir viviendo pues se estaba deteriorando rápidamente y cada respiración se transformaba en un calvario.

Esta posibilidad maravillosa la regaló un niño porteño de 13 años, Sebastián, que -poco antes de sufrir un accidente vascular- manifestó a su familia la voluntad de donar sus órganos en caso que la muerte lo fuera a buscar. Prueba de que sólo quienes sufren pueden entender el sufrimiento de otros.

Dos actos de valentía que se unen y que ahora permiten la continuación de la vida. No sólo de Rocío, que ahora por fin puede soñar con vivir, con estudiar, con crecer, ser profesional y tener en el futuro su propia familia. También del generoso niño que sigue viviendo en otros, además de en la memoria de su familia y de todos quienes le seguirán agradeciendo.

rocio2Rocío es una de las personas con más coraje que conozco. Tiene una voluntad de salir delante de una magnitud ubérrima, al punto que a las pocas horas de su trasplante intentaba abrir los ojos y luchaba con la multitud de tubos con que la mantenían para tratar de hablar con su familia. Lo primero que preguntó al despertar fue por la familia del menor que donó sus nuevos pulmones, demostrando una encomiable preocupación y entrega por los demás.

Pero este hecho no fue sólo un milagro médico, también lo fue en lo referido a la realidad social que lo rodea, pues no se habría podido realizar de no ser por la fortuna de contar con los recursos económicos que lograron abrir una puerta en el sistema privado (amén de la buena voluntad de un solo cirujano que se atrevió a realizar la intervención). El mensaje que el sistema público entrega a cientos de niños con enfermedades terminales en casos como este es tomar el camino de la resignación. La política oficial parece ser la de esperar sólo a los casos de muerte inminente para poner a los enfermos en las listas de espera de órganos.

Y después –y a pesar de que en Chile por ley somos todos donantes- esperar el calvario de que las familias de quienes fallecen cumplan con aquello a que estamos obligados o con la voluntad de los deudos y no rechacen a última hora la donación. Que quede en la retina que donar los órganos es dar vida, y no hay mejor ejemplo para los demás, que un último gesto de generosidad hacia el mundo.

Y para ello se requiere una política pública decidida que no deje en letra muerta la Ley de Donaciones y que permita una cadena de distribución de los órganos que vaya más allá de la Corporación del Trasplante y la Fuerza Aérea de Chile, que ya hacen todo lo que se puede. Y que además cubra –así como se cubren con holgura los gastos de los partidos políticos- todas las intervenciones, para que ningún enfermo crónico o terminal que lo requiera, deje de tener un órgano nuevo con el que pueda seguir viviendo. Pero además, que permita la formación de nuevos profesionales especialistas en trasplantes, pues la escasez de ellos siembra el temor en muchos facultativos ante la dificultad de las intervenciones.

Hoy, la alegría se saber que Rocío no sólo sobrevivirá, sino que ahora vivirá… con todo lo que ello implica, llena a todos quienes formamos parte de su familia.

Comentarios del artículo: Nacer de nuevo - Publicado: a las 12:17 pm

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 28/10/2012

Alerta roja a la democracia

A nivel nacional, también se requiere que se legisle a favor de las nuevas expresiones sociales, para darles una voz que hoy no tienen, y pensar seriamente en el futuro de los partidos políticos, los grandes perdedores (y culpables) por la baja participación ciudadana.

La baja participación ciudadana en las elecciones municipales es más que un llamado de atención: constituye un signo preocupante del estado de la democracia y de la legitimidad del sistema político.

No parece prudente culpar a quienes postularon y votaron por la modalidad de voto voluntario, pues no por la obligación se legitiman las estructuras ni los funcionamientos sociales, sino por la capacidad de los dirigentes y de las instituciones de acoger los sentimientos y demandas ciudadanas y canalizarlas en políticas públicas que den solución efectiva a los problemas de la gente.

El desafío de legitimidad estará ahora en autoridades que no sólo escuchen más las demandas de la gente, a través de sistemas inteligentes en los que se garantice un gobierno “por el pueblo y para el pueblo”, sino también más transparencia, funcionarios más probos y dedicados y, sobre todo, más eficiencia en el uso de los recursos.

Claramente la escasa participación es una muestra de la incapacidad política y social de integrar (no sólo acoger) a los ciudadanos ya registrados y a los nuevos integrantes del padrón electoral. Más preocupante aún si se toma en cuenta que los gobiernos comunales, supuestamente, representan una mayor cercanía con las personas y con sus problemas cotidianos.

¿Qué tipo de victoria pueden cantar quienes lograron mayorías si la verdadera mayoría no se hizo sentir? Deberíamos hablar de una “mayoría silenciosa” que no ha querido manifestar su preferencia, que no quiere estar en las urnas, que no respeta ni las autoridades ni las instituciones, sino a otras manifestaciones, como se ha visto en los últimos dos años: la calle, la protesta social.

Es cierto que es llamativo el surgimiento en estos comicios de liderazgos distintos, emanados del mundo social o –como se le ha denominado eufemísticamente- de la sociedad civil, aunque todos ellos con un fuerte tinte político. Pero esa integración de lo “no militante” no ha resultado en una participación mayor.

El desafío de legitimidad estará ahora en autoridades que no sólo escuchen más las demandas de la gente, a través de sistemas inteligentes en los que se garantice un gobierno “por el pueblo y para el pueblo”, sino también más transparencia, funcionarios más probos y dedicados y, sobre todo, más eficiencia en el uso de los recursos.

Pero a nivel nacional, también se requiere que se legisle a favor de las nuevas expresiones sociales, para darles una voz que hoy no tienen, y pensar seriamente en el futuro de los partidos políticos, los grandes perdedores (y culpables) por la baja participación ciudadana.

Comentarios del artículo: Alerta roja a la democracia - Publicado: a las 8:03 pm

Etiquetas: , , , » Publicado: 23/07/2012

Conflicto de intereses

Me pregunto qué le voy a decir a mis hijos. ¿Les puedo explicar que en una fiesta no consuman drogas, si se las ofrecen, cuando un senador dice que está OK, con total soltura?

Un senador de la República ha dicho que consume marihuana 2 veces al mes.  Un senador. Fulvio Rossi. No ha dicho de dónde la saca, a quién se la compra o si la planta solo. Reconoce, en todo caso, que no la consume con fines medicinales, a no ser “curar” algún dolor de cabeza, quizás. Pero enfermedades crónicas cuyo dolor quiera mitigar, no, nada de eso.

Es el gusto. Y si bien es cierto hay mucha gente que se da su gustito, y es muy respetable, lo cuestionable es que un senador (repito: un SENADOR), plantee abiertamente la licitud de una sustancia que no está permitida ni regulada, salvo condiciones de consumo muy específicas.

Me pregunto qué le voy a decir a mis hijos. ¿Les puedo explicar que en una fiesta no consuman drogas, si se las ofrecen, cuando un senador dice que está OK, con total soltura? En una entrevista donde admite su calidad de consumidor, Fulvio Rossi señala que “ninguna droga es buena para un menor de edad”… ¿Y para un mayor de edad sí es buena? En su calidad de médico, el senador admite lo negativo de consumir cualquier tipo de droga, incluyendo la marihuana.

En agosto de 2010, y en el marco de la discusión de una iniciativa orientada a prevenir el consumo de drogas a través de charlas obligatorias en los colegios, el mismo Rossi señaló que “es necesario enfrentar la demanda ya que en la zona norte la droga se queda y destruye vidas y familias porque la mayor parte de los detenidos en cárceles son jóvenes menores de 30 años que no terminaron el Octavo Básico y que son consumidores de droga”.

Pero incluso dando crédito a su llamado a respetar la libertad de los adultos, es cuestionable que una autoridad haga apología de algo que él mismo critica desde el punto de vista médico y cuyo origen no ha aclarado. Acto seguido, advierte que enviará un proyecto de ley (quizá una indicación a la Ley 20.000) aparentemente orientado a la despenalización del consumo. Me imagino que lo hará a través de otro parlamentario, porque podría ser conflicto de intereses que intente legislar sobre una sustancia que él mismo consume regularmente.

Comentarios del artículo: Conflicto de intereses - Publicado: a las 5:11 pm

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 16/05/2012

Transparencia para aprender

En este caso, el bien común tiene un nombre: Transparencia, en pos no sólo de que quienes conciente o inconcientemente erraron con consecuencias fatales asuman la responsabilidad que les cabe, sino también con la esperanza de aprender de ello y evitar que se repitan estas situaciones.

La madrugada del 27 de febrero de 2010 los chilenos nos asustamos. El territorio se remeció con estruendo y esperamos que los techos no se nos vinieran encima, que el suelo no se abriera, que el puente no se desplomara, que el edificio no se derrumbara, que el mar no nos tragara o arrasara lo que habíamos construido. En un momento como ese, nos aferramos a la fe, a la confianza ciega (con o sin fundamento) de que el constructor había hecho un buen trabajo en nuestra casa o edificio, el ingeniero lo había hecho en nuestros caminos y puentes y las autoridades de emergencia lo hacían para controlar la crisis y prever situaciones más graves.

Vistos los resultados, quienes confiamos tenemos el derecho mínimo a saber qué pasó, y a exigir responsabilidades a quienes estuvieron detrás del derrumbe de construcciones o vías públicas, o de los avisos (o la falta de ellos) a quienes sufrieron el maremoto. Tenemos el derecho a que se haga una investigación profunda, sin shows mediáticos y sin prejuicios que resten o incluyan arbitrariamente a nadie de las responsabilidades.

Preocupa, por tanto, la miopía política y social y la incapacidad de enfrentar el juicio público que, por lo demás, es inevitable, toda vez que el video en cuestión ha sido transmitido por la prensa masiva y por diversas fuentes de internet. Preocupan las reacciones destempladas y la falta de respeto, no sólo entre autoridades, sino frente a la ciudadanía, que espera soluciones y espera la verdad…

Por ello, causa una sensación negativa el enfrentamiento político en que se ha derivado luego de conocerse la existencia de un video extendido sobre la actuación de las autoridades en las dependencias de la Onemi la madrugada del 27-F. Pareciera que quienes se empeñan en este enfrentamiento, en este blindaje-versus-ataque (que ha llegado ahora hasta el boicot al diálogo entre poderes del Estado y la amenaza de manifestaciones en el Congreso Pleno el 21 de mayo), no han leído las encuestas, no han tomado el peso al malestar ciudadano ante los arreglos de camarillas y zancadillas egoístas, ante la búsqueda de beneficios partidarios por encima del bien común.

En este caso, el bien común tiene un nombre: Transparencia, en pos no sólo de que quienes conciente o inconcientemente erraron con consecuencias fatales asuman la responsabilidad que les cabe, sino también con la esperanza de aprender de ello y evitar que se repitan estas situaciones. En ese sentido, se trata de estar dispuesto a revisar, con hidalguía y de cara a los chilenos, todos los hechos que constituyeron las decisiones públicas, los diálogos, las dinámicas de resolución de la crisis durante el 27-F. Ante eso no puede haber secretos, más aún cuando fueron las mismas autoridades presentes las que dieron su aprobación a la presencia permanente de un camarógrafo. No se trata de un video oculto, sino de un registro plenamente autorizado y, por lo tanto, la revisión exhaustiva de ese material no debiera constituir problema para nadie, pues no lo fue para quienes estaban presentes en la Onemi esa noche. ¿Para qué se hizo ese video la noche del terremoto? ¿Acaso para esconderlo? Pues es evidente que no.

Preocupa, por tanto, la miopía política y social y la incapacidad de enfrentar el juicio público que, por lo demás, es inevitable, toda vez que el video en cuestión ha sido transmitido por la prensa masiva y por diversas fuentes de internet. Preocupan las reacciones destempladas y la falta de respeto, no sólo entre autoridades, sino frente a la ciudadanía, que espera soluciones y espera la verdad, de manera que –enfrentados a una situación similar- no temamos que los sistemas fallen y podamos depositar nuestra fe en que las construcciones sí resistirán, en que los puentes y caminos no colapsarán bajo nuestros pies, y en que alguien nos avisará a tiempo para evitar que el mar se nos venga encima.

Comentarios del artículo: Transparencia para aprender - Publicado: a las 1:39 pm

Etiquetas: , , , » Publicado: 17/04/2012

La dignidad ante todo

La dignidad del cargo, por lo tanto, implica saber cuál es el límite de su cargo, hasta dónde llega. Entender en este caso que lo que esperan los ciudadanos es el estudio concienzudo de los proyectos y las materias, y que esperamos que se gasten los fondos en asesores de lujo, expertos, no en oficinas distritales que suplen a las instancias comunales de apoyo social .

El incidente del rey Juan Carlos de España me hace pensar en un concepto que viene adosado a las jerarquías, sobre todo aquellas que tienen responsabilidades públicas: la dignidad del cargo. Tiene que ver con el cuidado de las maneras, con los comportamientos que eviten disonancias cognitivas, con la coherencia entre lo que se supone que debe hacer alguien en un puesto determinado y lo que hace en realidad.

A un rey (y su entorno) se le achaca entre otras cosas que no ha cuidado la “dignidad del cargo”, dado que organizó una escapada junto a una dama que no era su esposa para una actividad (cazar elefantes) que a la que supuestamente se oponía, dada su posición en una ONG ligada a la defensa de la naturaleza.

La labor parlamentaria está revestida de una dignidad que les obliga a la responsabilidad de asistir a las sesiones, a estudiar los proyectos, a presentar iniciativas propias (sin hacer uso del copy paste de internet, por favor), a hacer uso racional de los recursos, a no viajar –ausentándose de su puesto- sin necesidad (pues no tienen función de representación del país, para eso está la Cancillería), a no mostrarse en programas de farándula, a no aparecer en las páginas sociales al mismo tiempo que grandes empresarios que buscan su presencia para favorecer sus intereses, a no usar sus influencias para obtener favores familiares o partidarios. Eso, al menos.

Pues bien, en Chile tenemos un caso parecido, con la autoasignación de 2 millones de pesos al presupuesto mensual de cada senador, para los gastos “operacionales” ligados a su labor en terreno. En finanzas, los gastos operacionales están relacionados con los estipendios directamente vinculados a la operación del negocio. ¿Y cuál es el negocio de los parlamentarios? Producir leyes que favorezcan a los chilenos. Eso es lo que dice la Constitución en cuanto a la misión: concurrir a la formación de leyes. Al ver el Reglamento del Senado tampoco aparece ninguna alusión a estar en terreno, sino que se limita a establecer las normas en las sesiones dentro del Congreso.

Así, no parece ser parte de la labor cotidiana de los parlamentarios las visitas de distritos y circunscripciones (que no son otra cosa que mantener una campaña permanente), en las que es vox populi que su función es más de asistencia social.

La dignidad del cargo, por lo tanto, implica saber cuál es el límite de su cargo, hasta dónde llega. Entender en este caso que lo que esperan los ciudadanos es el estudio concienzudo de los proyectos y las materias, y que esperamos que se gasten los fondos en asesores de lujo, expertos, no en oficinas distritales que suplen a las instancias comunales de apoyo social y que se dedican a repartir camisetas entre clubes de fútbol locales.

La labor parlamentaria está revestida de una dignidad que les obliga a la responsabilidad de asistir a las sesiones, a estudiar los proyectos, a presentar iniciativas propias (sin hacer uso del copy paste de internet, por favor), a hacer uso racional de los recursos, a no viajar –ausentándose de su puesto- sin necesidad (pues no tienen función de representación del país, para eso está la Cancillería), a no mostrarse en programas de farándula, a no aparecer en las páginas sociales al mismo tiempo que grandes empresarios que buscan su presencia para favorecer sus intereses, a no usar sus influencias para obtener favores familiares o partidarios. Eso, al menos. Puede ser una larga lista de prohibiciones, pero para evitar las disonancias es mejor ser precavido.

Comentarios del artículo: La dignidad ante todo - Publicado: a las 4:25 pm

Etiquetas: , , » Publicado: 04/04/2012

Acompañar no es lo mismo que consolar

Usted, que quiere una sociedad no discriminadora, ¿qué le va a decir a sus hijos? ¿”mira ese desgraciado, lo que dice, deberían matarlo”? Si le dice eso, también le enseñará a odiar lo que es distinto de sí mismo.

En los últimos días, y especialmente con motivo de la muerte de Daniel Zamudio, la Iglesia Católica de Chile ha estado nuevamente en el banquillo de los acusados. Esta vez, no por la actuación de alguno de sus sacerdotes, sino por una conducta institucional que ha permeado lamentablemente a ciertos sectores de la sociedad y que necesariamente debe revisarse a la luz de la evolución de los comportamientos sociales.

En una declaración oficial, el arzobispo de Santiago, monseñor Ricardo Ezzati, afirmó que la Iglesia Católica había “acompañado” a la familia de Daniel Zamudio mientras el joven agonizaba producto de una golpiza, y que ese acompañamiento se expresó en las visitas que hizo en su nombre el vicario de la Esperanza Joven, además del envío de un ejemplar de la Biblia. Destacó el prelado que dicha presencia fue “sin prensa”.

No puede haber una sociedad inclusiva (es decir, no discriminadora) mientras los fundamentos de sus creencias y su cultura descansen en dogmas, en principios inamovibles que no se pueden cuestionar, en ideas que se escriben en piedra y que se transforman en plataformas desde las cuales algunos se sienten con derecho a pre-juzgar y condenar a los demás.

Pues bien, se ha de aclarar que eso no es un acompañamiento. El intento de brindar un consuelo espiritual a la familia de un moribundo no es acompañamiento. Que alguien se acerque a darme unas palabras de apoyo o a rezar un rosario por mí cuando estoy pasando por un momento de aflicción personal, no significa que me acompañe. Para sentir una compañía en todo el sentido de la palabra se debe manifestar una comunión emocional, empatía, sabe que aquel que se acerca siente lo mismo que yo. Una visita no es acompañamiento.

El acompañamiento esperable de una organización con raigambre y liderazgo espiritual como es la Iglesia Católica era un mensaje potente contra el sentimiento discriminador que persiste en la sociedad chilena, una voz de condena que expresara con claridad que ni en la enseñanza ni en el catecismo católico se apoya este tipo de conductas, de violencia no sólo física sino social hacia aquellos que son distintos.

Y en ese sentido, la Iglesia Católica debe dar un paso reconociendo que gran parte de ese odio hacia lo distinto, lo desconocido, proviene de su propia formación basada en dogmas. No puede haber una sociedad inclusiva (es decir, no discriminadora) mientras los fundamentos de sus creencias y su cultura descansen en dogmas, en principios inamovibles que no se pueden cuestionar, en ideas que se escriben en piedra y que se transforman en plataformas desde las cuales algunos se sienten con derecho a pre-juzgar y condenar a los demás.

Las declaraciones del abogado Jorge Reyes son una derivación de esa enseñanza. No son palabras aisladas de una persona aislada.

Por otra parte, y tomando en cuenta que el odio hacia lo que no está de acuerdo con uno es parte de nuestra sociedad, quienes abogan por un mundo sin discriminación, inclusivo, tolerante, deben ser los primeros en dar el paso hacia ello. Odiar a aquellos que odian lo que uno defiende, es otra cara de la misma moneda.  Usted, que quiere una sociedad no discriminadora, ¿qué le va a decir a sus hijos? ¿”mira ese desgraciado, lo que dice, deberían matarlo”? Si le dice eso, también le enseñará a odiar lo que es distinto de sí mismo.

Comentarios del artículo: Acompañar no es lo mismo que consolar - Publicado: a las 11:22 am

Etiquetas: , , » Publicado: 20/01/2012

Tolerancia 1.000

No existe manifestación de opinión que sea condenable porque eso atenta contra la libertad de expresión. Me remito a Voltaire, cuando decía que no estaba de acuerdo con las ideas de alguien, pero estaba dispuesto a dar la vida para que ese alguien ejerciera su derecho a expresarlas.

El caso de Inés Pérez, la vecina de Chicureo que fue virtualmente linchada en las redes sociales por haber opinado a través de Chilevisión que era impensable que las nanas y los maestros de la construcción caminaran por las mismas calles que sus hijos, da para una reflexión profunda, especialmente después de la “rehabilitación” que vivió gracias a la filtración de la entrevista completa.

En primer lugar, se puede concluir que nuestra sociedad está enferma. No existe manifestación de opinión que sea condenable porque eso atenta contra la libertad de expresión. Me remito a Voltaire, cuando decía que no estaba de acuerdo con las ideas de alguien, pero estaba dispuesto a dar la vida para que ese alguien ejerciera su derecho a expresarlas. Puede ser reprochable el contenido de lo que se diga, pero no puedo prohibir que se diga ni menos atacar en su dignidad o sus derechos a quien lo diga.

En cada sociedad hay quienes no saben expresarse o lo hacen ofendiendo, pero eso no los hace merecedores del paredón. Cuando más de una querella. El que cree en la democracia (el que cree de verdad), no puede dejar el camino de la tolerancia y eso implica manifestar el rechazo por canales formales e institucionales, no por la violencia física o verbal.

Por más que moleste el clasismo (morigerado en alguna forma de paternalismo, como en el caso descrito en Chicureo), su expresión no puede ser generador de odio. Por lo demás, es tan clasista el que no quiere que sus hijos se mezclen con “rotos”, como el que replica tratando a los demás de “cuicos” (con apellido), como si esa condición fuera maldita y fruto de pura maldad.

El principal síntoma de enfermedad social es que ante cualquier declaración (por más sin sentido que sea) la reacción sea desmedida y virulenta. No defiendo a unos sobre otros. El respeto ha de ser mutuo, pero si alguien rompe la cadena, debe haber otros dispuestos a no continuar con los tratamientos indignos. Lo contrario es permitir espirales de odio y resentimiento. En definitiva, es admitir que en cada sociedad hay quienes no saben expresarse o lo hacen ofendiendo, pero eso no los hace merecedores del paredón. Cuando más de una querella. El que cree en la democracia (el que cree de verdad), no puede dejar el camino de la tolerancia y eso implica manifestar el rechazo por canales formales e institucionales, no por la violencia física o verbal.

Pero hay otro síntoma preocupante y es la actitud de un medio de comunicación que corta la entrevista, sesgando el sentido general de las palabras de la entrevistada. A ver: Inés Pérez dijo lo que dijo y su sentido general puede ser reprochable, pero la edición (un acto intencional de seleccionar una parte del contenido) le dio tal acidez a sus palabras que la convertía en un receptáculo de odios. El medio no puede exponer así a un ciudadano por el simple hecho de manifestar una opinión. Revela prejuicio en la edición y la intención de dañar a una persona.

Es imperativo que se genere un espíritu distinto, en que se entienda que el respeto parte por la tolerancia, y que ese espíritu permee las redes sociales y los medios de comunicación, hoy por hoy, convertidos en una selva verbal.

Comentarios del artículo: Tolerancia 1.000 - Publicado: a las 5:23 pm

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