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Álvaro Cuadra

Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP. Universidad ARCIS

Etiquetas: , , , , » Publicado: 17/12/2013

El triunfo de Michelle Bachelet

Triunfó la simpatía de Bachelet, fuera de toda duda, pero también triunfó la promesa de reformas democráticas que el país anhela. Las movilizaciones sociales de los últimos años están marcando un nuevo tiempo político en Chile y reclaman más que empatía ciudadana.

Más allá de las diferencias y tensiones que pudiera generar el triunfo más que previsible de Michelle Bachelet, lo cierto es que su candidatura y su futuro mandato concitan un amplio consenso dentro y fuera de Chile. Desde sectores empresariales nacionales e internacionales, hasta la izquierda tradicional, incluidos los comunistas, se ha respaldado un programa de gobierno que apunta a reformas de mediana intensidad en el ámbito educacional, tributario y constitucional.

Uno de los desafíos del futuro gobierno de Bachelet será, precisamente, mantener los equilibrios políticos para avanzar en su propuesta de programa, manteniendo al mismo tiempo un dialogo con los movimientos sociales.

En esta segunda vuelta electoral, la triunfadora es Michelle Bachelet, su figura y su programa. Casi como en una profecía auto cumplida, la ex mandataria fue reafirmando su liderazgo en amplios sectores de la ciudadanía, seducidos por sus “cualidades blandas” que contrastan con el talante tecnocrático de la candidata de la derecha, la ex ministra señora Evelyn Matthei.  Triunfó la simpatía de Bachelet, fuera de toda duda, pero también triunfó la promesa de reformas democráticas que el país anhela. Las movilizaciones sociales de los últimos años están marcando un nuevo tiempo político en Chile y reclaman más que empatía ciudadana.

El triunfo de Michelle Bachelet no ha sorprendido a nadie, más bien se ha confirmado lo que muchos esperaban.  Su regreso a La Moneda plantea una serie de preguntas en el medio político en torno a la profundidad de las reformas prometidas. Tales reformas son vistas como amenazas por los sectores más conservadores, mientras que a la izquierda de Nueva Mayoría se las concibe como claramente insuficientes. Uno de los desafíos del futuro gobierno de Bachelet será, precisamente, mantener los equilibrios políticos para avanzar en su propuesta de programa, manteniendo al mismo tiempo un dialogo con los movimientos sociales.

En el plano internacional, Michelle Bachelet tampoco lo tiene fácil. El clima económico a nivel global presenta algunos nubarrones que auguran una disminución del crecimiento económico durante el próximo año. A esto se agrega el inminente fallo del Tribunal de la Haya sobre los límites marítimos con el vecino Perú y una demanda en curso planteada por el gobierno de Evo Morales. Su presencia en el gobierno es un signo alentador para mejorar los nexos con los vecinos y revitalizar lazos más fuertes con algunos gobiernos regionales como Ecuador, Brasil y la Venezuela de Maduro. No olvidemos que la señora Bachelet viene ahora precedida por un prestigio mundial tras ocupar el más alto cargo en ONU Mujeres.

En esta hora de triunfos para Michelle Bachelet, una mayoría de chilenos ha confiado en ella para dirigir el país los próximos cuatro años, otorgándole de paso una mayoría parlamentaria a su coalición hace pocas semanas. Después de cuatro años de un gobierno pragmático de derechas que no logró seducir a las mayorías, hay un giro hacia la centro izquierda.  Una nueva coalición de gobierno, Nueva Mayoría, quiere dejar atrás el recuerdo de la llamada Concertación, un recuerdo agridulce de veinte años de reformas débiles, demasiado débiles y de un clima de corruptelas escandaloso, demasiado escandaloso.

Comentarios del artículo: El triunfo de Michelle Bachelet - Publicado: a las 8:02 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 09/12/2013

La hora Bachelet

Como en todo gobierno democrático, Michelle Bachelet deberá confrontar, por una parte, a una derecha desacreditada y objetivamente más débil a nivel parlamentario, pero, no por ello “fuera de juego”. Por otra parte, están los ciudadanos dispuestos a hacer oír su voz en las calles – los estudiantes, los primeros – y a demandar el cumplimiento de las promesas electorales.

La sociedad chilena se aproxima a lo que podríamos llamar “La hora Bachelet”, un cambio horario que está marcando el presente. No se trata, por cierto, de un cambio traumático, sino más bien del inicio de un proceso de reformas que ha sido postergado ya por demasiado tiempo. Podríamos esperar, entonces que “La hora Bachelet” sea la hora de las reformas. Como suele ocurrir frente a los cambios, surgen inquietudes e interrogantes nada fáciles de contestar. Hasta el presente, las líneas programáticas anuncian cambios en cuestiones tan sensibles como la legislación tributaria, la educación pública y la llamada ley binominal, entre otras.

Un factor preponderante, acaso decisivo, en el éxito de “La hora Bachelet” es alcanzar acuerdos al interior de Nueva Mayoría y extender las alianzas hacia sectores afines al espíritu de reformas que atraviesa el país. Un gobierno de Bachelet sin un “aparataje” parlamentario muy bien ajustado está destinado al fracaso.

Como en todo gobierno democrático, Michelle Bachelet deberá confrontar, por una parte, a una derecha desacreditada y objetivamente más débil a nivel parlamentario, pero, no por ello “fuera de juego”. Por otra parte, están los ciudadanos dispuestos a hacer oír su voz en las calles – los estudiantes, los primeros –  y a demandar el cumplimiento de las promesas electorales. Una situación compleja que puede actuar como catalizador para definir y profundizar algunas propuestas programáticas, todavía pintadas en matices pastel.

Es indudable que un factor preponderante, acaso decisivo, en el éxito de “La hora Bachelet” es alcanzar acuerdos al interior de Nueva Mayoría y extender las alianzas hacia sectores afines al espíritu de reformas que atraviesa el país. Un gobierno de Bachelet sin un “aparataje” parlamentario muy bien ajustado está destinado al fracaso. Por ello, la responsabilidad mayor recae, fuera de dudas, sobre los distintos partidos políticos que conforman el nuevo conglomerado y sus dirigentes y parlamentarios. Es claro que muchos de ellos comparten el descrédito con la derecha, lo que los obliga a ser muy transparentes y cuidadosos en sus actuaciones.

La pregunta que se instala en la hora presente es si acaso el proceso de reformas propuesto al país por Bachelet y Nueva Mayoría tiene respuestas claras frente a los gritos que están en aire, tales como “Nueva Constitución”, “Asamblea Constituyente”, “Educación Pública Gratuita y de Calidad”, entre muchas otras. No será tarea fácil conciliar estas demandas con los criterios del realismo político, mucho menos cuando los dos principales bloques políticos muestran en su interior tensiones y disensos mayores.

En “La hora Bachelet” asistimos a un cocktail que conjuga una propuesta de reformas con un creciente “malestar ciudadano” que se expresa en los diversos movimientos sociales. Consideremos, solo a modo de ejemplo, que muchos de los nuevos dirigentes estudiantiles no se identifican con Nueva Mayoría y, en algunos casos, ni siquiera están próximos a su política de reformas. Cuando ya hemos cumplido cuatro décadas desde el golpe militar, pareciera que este cambio horario inicia también un cambio de clima en la política chilena.

Comentarios del artículo: La hora Bachelet - Publicado: a las 10:44 am

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 03/12/2013

Del discurso del miedo al primer escalón de Bachelet

Lo que se esconde detrás del discurso de extrema derecha es el miedo, el miedo, en primer lugar, a la voluntad de las mayorías expresada en las urnas, un miedo profundo a la democracia. Un miedo paranoide al cambio y al futuro. Como no había ocurrido en cuarenta años, la derecha descubre que el neoliberalismo de su mentado “modelo chileno”, heredado de una cruel dictadura, ya no convoca a los chilenos.

Los dichos de la historiadora señora Lucía Santa Cruz  – en el contexto de un seminario en el reputado “Think Tank” del conservadurismo “Libertad y Desarrollo” – han desatado una polémica y han puesto de manifiesto lo peor del discurso de la derecha chilena. Intentar la comparación entre el programa de Bachelet y aquel que caracterizó a la Unidad Popular hace más de cuarenta años pareciera un exceso, cuando no, un despropósito.

La dictadura militar y su herencia logró congelar la situación política en el país en un “statu quo” que permitió un enriquecimiento, sin límites, sin riesgos ni responsabilidades de una elite insensible y ayuna de visión histórica. Pero el tiempo no se detiene y lo que ayer se impuso por la fuerza, es rechazado hoy por la mayoría de los chilenos.

Hasta donde se sabe, el programa de Michelle Bachelet constituye el inicio de un proceso de reformas de mediana intensidad en cuestiones tributarias, educacionales y constitucionales. Muchas de esas reformas son parte del “sentido común” en muchas democracias más avanzadas del orbe y que solo la visión ultra conservadora chilena transforma en una amenaza, un “primer escalón al socialismo”  Un discurso tal resulta ser sintomático de una elite que todavía arrastra el “síndrome Pinochet”, una visión estrecha y reduccionista de la realidad histórica, política y social que quiere prolongar la oscuridad de “Chacarillas” hasta el presente.

Nuestra sociedad anhela mayoritariamente cambios democráticos. Los reclamos de los estudiantes y de los trabajadores se hacen sentir con fuerza en las calles de nuestras ciudades, ante una derecha que se encuentra paralizada en sus miedos, carente de ideas y respuestas frente a este momento de la historia. La dictadura militar y su herencia logró congelar la situación política en el país en un “statu quo” que permitió un enriquecimiento, sin límites, sin riesgos ni responsabilidades de una elite insensible y ayuna de visión histórica. Pero el tiempo no se detiene y lo que ayer se impuso por la fuerza, es rechazado hoy por la mayoría de los chilenos.

A diferencia de la experiencia de la Unidad Popular, el mundo de hoy ya no se encuentra en la polaridad que significó la “Guerra Fría” Vivimos un presente marcado por una creciente “conciencia ciudadana” que no reclama utopías sino soluciones concretas y urgentes a los graves problemas que nos afectan, todo ello en un clima democrático que garantice los derechos de todos los chilenos. La ultraderecha insiste en un obsoleto discurso pasatista como parte de su campaña de terror para contagiar sus miedos a las nuevas generaciones y se aferra a su vetusta constitución como única garantía de sus privilegios.

Lo que se esconde detrás del discurso de extrema derecha es el miedo, el miedo, en primer lugar, a la voluntad de las mayorías expresada en las urnas, un miedo profundo a la democracia. Un miedo paranoide al cambio y al futuro. Como no había ocurrido en cuarenta años, la derecha descubre que  el neoliberalismo de su mentado “modelo chileno”, heredado de una cruel dictadura, ya no convoca a los chilenos. Tales han sido las injusticias, las desigualdades y la corrupción que amplios sectores están hastiados de los bajos salarios, del lucro codicioso y del abuso. El programa de Michelle Bachelet representa un primer escalón hacia una democracia más inclusiva y participativa, una verdadera democracia para el siglo XXI.

Comentarios del artículo: Del discurso del miedo al primer escalón de Bachelet - Publicado: a las 8:00 am

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 28/11/2013

Perspectivas de la segunda vuelta

Por último, cabe preguntarse por las reales posibilidades de cambio de un gobierno que deberá enfrentar a una derecha desacreditada, pero todavía muy significativa a nivel parlamentario. Todo ello en un escenario de movilización social y con un panorama económico internacional poco alentador. El éxito de Bachelet estará condicionado por un precario equilibrio entre las demandas y expectativas democráticas de una mayoría que la ha votado en las urnas y una derecha que pondrá precio a cada reforma.

Cuando ya la segunda vuelta en las elecciones presidenciales es inminente y su resultado más que previsible, surgen, por lo menos, cuatro consideraciones que es bueno tener presentes. El declive de la extrema derecha, la renovación que representa la incorporación de dirigentes estudiantiles al parlamento, el marcado abstencionismo y, por último, las reales perspectivas de cambio en un eventual gobierno de Michelle Bachelet.

El síntoma es preocupante, pues advierte de una mayoría ciudadana, sobre todo juvenil, alejada de los procesos democráticos en curso. Esta “desfascinación” con una institucionalidad arcaica está presente en la sociedad chilena y busca, desde hace ya bastante tiempo, cauces para expresarse.

La penosa actuación de las sucesivas candidaturas presidenciales de la derecha chilena, sumada a las fracturas políticas, cada día más evidentes, al interior del conglomerado han dado como resultado un declive objetivo de la presencia conservadora en el parlamento. Como no había ocurrido desde hace décadas, la derecha chilena se encuentra muy por debajo de su “piso histórico”, apegada a un pasado oprobioso y ayuna de un horizonte de sentido capaz de encantar a los ciudadanos.

Por el contrario, Nueva Mayoría ha logrado conformar, en efecto, una amplia mayoría parlamentaria que, más allá de los pesimismos, ha logrado hacer convivir en su seno distintas fuerzas políticas – una coalición que, además, cuenta con las simpatías de Washington –  que convergen en el presente. A esto se agrega la incorporación de jóvenes dirigentes estudiantiles que están revitalizando las ideas democráticas de cambio que animan a este sector. A diferencia de lo que fue la Concertación, la Nueva Mayoría aparece como un proyecto más inclusivo y rico en su composición.

Otro elemento que no se puede soslayar es el fuerte abstencionismo que persiste en la sociedad chilena. El síntoma es preocupante, pues advierte de una mayoría ciudadana, sobre todo juvenil, alejada de los procesos democráticos en curso. Esta “desfascinación” con una institucionalidad arcaica está presente en la sociedad chilena y busca, desde hace ya bastante tiempo, cauces para expresarse. Las elecciones en las universidades constituyen una suerte de barómetro del estado anímico que reina en las nuevas generaciones.

Por último, cabe preguntarse por las reales posibilidades de cambio de un gobierno que deberá enfrentar a una derecha desacreditada, pero todavía muy significativa a nivel parlamentario. Todo ello en un escenario de movilización social y con un panorama económico internacional poco alentador. El éxito de Bachelet estará condicionado por un precario equilibrio entre las demandas y expectativas democráticas de una mayoría que la ha votado en las urnas y una derecha que pondrá precio a cada reforma. La ecuación es compleja: Reformar el modelo político y económico para satisfacer el anhelo democrático de los más, manteniendo el crecimiento económico, la creación de empleos y un extenso etcétera. Todo ello en un clima de apertura democrática, exento de corruptelas y con perspectivas de futuro.

Comentarios del artículo: Perspectivas de la segunda vuelta - Publicado: a las 8:00 am

Etiquetas: , , , , » Publicado: 11/11/2013

Julio Cortázar: La lista negra de la dictadura argentina

Las ratas estaban en la Casa Rosada, allá en Buenos Aires, también en La Moneda cenicienta de Santiago, pero “Satarsa” estaba en otra parte, imponiendo su orden nauseabundo, lanzando personas desde los helicópteros sobre el Río de la Plata o sobre las olas del Pacífico. En brumosas noches de pleamar, los cuerpos mutilados eran arrojados como bultos por negras libélulas metálicas. Cuerpos desaparecidos para siempre, tragados por el océano.

Sin saberlo, aunque seguro lo adivinó, su nombre estaba inscrito desde hace mucho en la “lista negra” de los militares argentinos. Ellos sabían de su obstinada denuncia de los crímenes que se cometían en su país, pero también en Chile y en Centroamérica. Sus libros y su nombre estaban proscritos durante aquellos tiempos de muerte y oscuridad en muchos países latinoamericanos. Tal como imaginó en uno de sus relatos, esa rata gigante que comandaba a todas las ratas había dado con su nombre. “Satarsa” había inscrito en su hoja de terror a Julio Cortázar.

Las ratas estaban en la Casa Rosada, allá en Buenos Aires, también en La Moneda cenicienta de Santiago, pero “Satarsa” estaba en otra parte, imponiendo su orden nauseabundo, lanzando personas desde los helicópteros sobre el Río de la Plata o sobre las olas del Pacífico. En brumosas noches de pleamar, los cuerpos mutilados eran arrojados como bultos por negras libélulas metálicas. Cuerpos desaparecidos para siempre, tragados por el océano.

“Satarsa” había registrado el nombre y de su puño y letra anotó: “extrema peligrosidad” Nada molesta tanto a las ratas como las voces que denuncian sus ignominias, acostumbradas como están a las voces esclavas y al servilismo de los cobardes, nada molesta más a “Satarsa” que aquellos que conocen su nombre: Satarsa la rata, secreto palíndromo de Atar a las Ratas.  Es así, quien conoce su verdadero nombre se gana un espacio en su negra lista. Las ratas aman el olvido, quieren que el bebé arrancado de los brazos de su madre muerta en la tortura jamás conozca su historia, quieren que la sangre de sus víctimas sea lavada por el mar y el recuerdo del horror borrado por el tiempo. Las ratas aman la amnesia que oculte sus rostros y sus huellas.

Por eso, cualquier poeta inspirado por las “Musas”, hijas de la diosa de la memoria “Mnemosine”, es muy peligroso… el poeta es capaz de recordar. La secreta alquimia de las palabras, reservada al poeta, es el don de la memoria. A estos “crononáutas” les está reservada la tarea de hacer presente el otro ahora, el otrora, ese presente diferido. A veces, solo a veces, les es otorgada la gracia del “voyant”, hablar con los muertos y escudriñar el porvenir.

Julio Cortázar debía estar en la “lista negra” de los Videla, los Pinochet y otros junto a todos los artistas e intelectuales valientes de nuestra América, porque son ellos los portadores de una memoria que denuncia y acusa a “Satarsa” allí donde se aparece. Cuando la palabra deja de ser fácil lisonja para el poderoso o narcótico placer galante y comienza a ser otra cosa, una filosa memoria que trae postales del averno, entonces, “Satarsa” engrosa de nuevo su lista, su horrida retahíla de nombres, como ha hecho desde siempre, esperando su noche de barbarie y de muerte.

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Etiquetas: , , , , , , , » Publicado: 29/10/2013

Archidebates

Entre las figuras más clásicas, destaquemos aquella de la señora Michelle Bachelet y la de su contendora Evelyn Matthei. La ex mandataria se cuida de hacer notar su aura de estadista y cuasi segura triunfadora, habla como presidenta de Chile, aunque matizando sus argumentos con un tono maternal de dulzura que transmite confianza. La Matthei, por el contrario, posee rasgos más duros en su hablar, su argumentación se quiere ajustar a una lógica económica y política, pero está exenta de cualidades blandas. Si Bachelet es la mamita de muchos, la Matthei es esa tía viuda o solterona pesadita de sangre.

Hay que valorar el esfuerzo de ARCHI por implementar un Debate Presidencial con todos los aspirantes a la Moneda, en una campaña tan mezquina de ideas y más mezquina todavía de ideas novedosas. A decir verdad, cada candidato desarrolla un libreto ya conocido, con escasas variaciones. Más que a un debate en que se confronten argumentos, asistimos a una “performance” en que lo importante no es lo que se dice sino el “cómo” se dice.

Roxana Miranda, que imprime a sus palabras el tono testimonial de pobladora: ello no representa al pueblo, en su discurso ella “es” el pueblo reclamando sus derechos. Al otro lado de la vereda, Franco Parisi, se nos aparece como un ejecutivo desenfadado cuya espontaneidad lo torna simpático.

Entre los nueve candidatos, hay dos que destacan por el modo en que expresan sus ideas. Por de pronto, Roxana Miranda, que imprime a sus palabras el tono testimonial de pobladora: ello no representa al pueblo, en su discurso ella “es” el pueblo reclamando sus derechos. Al otro lado de la vereda, Franco Parisi, se nos aparece como un ejecutivo desenfadado cuya espontaneidad lo torna simpático (por lo menos a primera vista). Le juega a favor un discurso muy próximo al sentido común de centro derecha, diríase que se muestra como una “derecha casual”, en jeans y zapatillas, aunque sigue fiel a las supersticiones neoliberales.

Entre las figuras más clásicas, destaquemos aquella de la señora Michelle Bachelet y la de su contendora Evelyn Matthei. La ex mandataria se cuida de hacer notar su aura de estadista y cuasi segura triunfadora, habla como presidenta de Chile, aunque matizando sus argumentos con un tono maternal de dulzura que transmite confianza. La Matthei, por el contrario, posee rasgos más duros en su hablar, su argumentación se quiere ajustar a una lógica económica y política, pero está exenta de cualidades blandas. Si Bachelet es la mamita de muchos, la Matthei es esa tía viuda o solterona pesadita de sangre.

Los demás candidatos chapotean en diversos grados de lo gris. ME-O ha perdido ese glamour contestatario y crítico de la elección anterior, no hay pasión en su discurso, sus argumentos han perdido el filo de antaño. Marcel Claude despliega argumentos críticos fundamentados, pero que no alcanzan el valor pasional y testimonial de Roxana Miranda. Los demás candidatos no resultan del todo reconocibles, pues carecen de un “estilo” y sus discursos son fragmentarios. Así, Jocelyn- Holt, Israel, Sfeir, se inscriben más bien entre los “amateurs”  en esto de las campañas presidenciales.

Es claro que los debates no determinan las tendencias electorales, más bien sirven para reafirmar las opciones ya existentes. Esto es así porque no se trata de espacios deliberativos sino, más bien, de espacios mediáticos para contrastar estilos y personalidades. Con todo, se trata de un ritual más de las campañas políticas de aquello que llamamos, algo pomposamente, digámoslo, democracia chilena.

Comentarios del artículo: Archidebates - Publicado: a las 3:30 pm

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 01/10/2013

Romo, Mena y los otros

La ética acomodaticia de nuestra derecha se niega a aceptar que desde aquel fatídico día de septiembre de 1973 se instaló en Chile una organización criminal que incluye a miles de personas, desde generales hasta los más miserables delincuentes. La DINA-CNI fue el rostro represivo de un régimen sostenido desde su origen en la violencia homicida al servicio de los poderosos.

Los sectores de la derecha chilena han tenido una posición más que ambigua respecto a la violación de los derechos humanos. Los pinochetistas nostálgicos insisten en enaltecer a las figuras emblemáticas de la dictadura. Basta recordar el funeral de Pinochet y el reclamo de “honores de estado” para el sátrapa o las lágrimas de cocodrilo de muchos de sus personeros ante el suicidio de Odlanier Mena, ex jefe de la CNI. Todo esto matizado con lacrimógenos gestos de arrepentimiento y clamores de perdón. Un sector importante de la derecha mantiene una soterrada gratitud y respeto hacia los burócratas del crimen, asegurándoles cárceles doradas, cuando no, la impunidad.

Durante cuatro décadas, nuestro país ha debido soportar que la violación de derechos humanos siga siendo una cuestión inconclusa. Hasta la fecha hay un pacto de silencio de quienes participaron en estos hechos.

La misma derecha guarda silencio cuando aparece el rostro horrido de la tortura y la muerte. Recordemos que un personaje tan eficiente como execrable de esta industria del terror se encarnó en Osvaldo Romo Mena. A diferencia de las exequias del dictador al que sirvió, fue enterrado en la más patética soledad. Un personaje que fue capaz de defender de manera explícita y descarnada sus más crueles actuaciones, fue demasiado para la sensibilidad de sus patrones que prefieren los cómodos sillones del poder y la sonrisas pseudo democráticas.

La ética acomodaticia de nuestra derecha se niega a aceptar que desde aquel fatídico día de septiembre de 1973 se instaló en Chile una organización criminal que incluye a miles de personas, desde generales hasta los más miserables delincuentes. La DINA-CNI fue el rostro represivo de un régimen sostenido desde su origen en la violencia homicida al servicio de los poderosos.

Durante cuatro décadas, nuestro país ha debido soportar que la violación de derechos humanos siga siendo una cuestión inconclusa. Hasta la fecha hay un pacto de silencio de quienes participaron en estos hechos. Hasta el presente, los sucesivos gobiernos han venido postergando la justicia reclamada, postergando así el desarrollo mismo de nuestra democracia.

A cuarenta años de distancia no es ya aceptable seguir defendiendo privilegios e impunidad hacia quienes han protagonizado un capítulo tan vergonzoso de nuestra historia reciente. La sociedad chilena de hoy no puede soslayar un imperativo ético y político, construir una democracia que deje atrás la oscura herencia pinochetista. No es ya aceptable la ambigüedad o la debilidad ética frente a los responsables de la tragedia de Chile, sean estos civiles o uniformados.

Comentarios del artículo: Romo, Mena y los otros - Publicado: a las 12:35 pm

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 09/09/2013

Justicia, perdón y clemencia

En el Chile de hoy se ha hecho ya un lugar común “pedir perdón” Es claro que un discurso tal, si está bien inspirado, propende a la paz y cohesión social, pero también implica una renuncia frente a ofensas graves. El perdón significa renunciar al reclamo del justo castigo, aplacando cualquier ira o venganza y evitando prolongar en el tiempo una situación dolorosa y agraviante. Por ello, muchos sabios recomiendan más bien la clemencia, mas no el perdón, evitando así renunciar a la justicia.

La clemencia es la actitud benévola, no vengativa, ante quienes aparecen como causantes de una ofensa en un juicio justo. Es decir, lo primero es esclarecer las circunstancias de lo acontecido, identificando a los responsables y, eventualmente, reconociendo a los culpables de dichos actos. Se evita así que un crimen quede impune ante las víctimas y ante la sociedad. En tal circunstancia, la justicia debe obrar con clemencia, considerando atenuantes si los hubiere, aboliendo la pena de muerte si procediere, en fin, respetando en todo momento la dignidad humana del condenado.

En la sociedad civilizada a la que aspiramos, la justicia debiera ser como el aire que respiramos. Nada puede borrar los trágicos sucesos de septiembre de 1973, nada podrá resucitar a los muertos ni curar las heridas y los dolores de los torturados ni aplacar la pena de los familiares de tantos desaparecidos. Tanto dolor plantea el legítimo reclamo de justicia, solo después de ella podemos plantear la grandeza y la clemencia.

Una sociedad obligada a hacerse cargo de episodios de barbarie en su propia historia debe estatuir nuevos criterios jurídicos y morales para emprender tal empresa. Esto es, debe darse las condiciones de posibilidad para esclarecer lo hórrido, sin renunciar nunca al principio fundamental de la justicia. Conocer la verdad de lo ocurrido, observar con acuciosidad los eventos que protagonizaron víctimas y victimarios, separando con precisión conceptual y práctica lo que hemos de entender por justicia de cualquier otro enfoque pasional.

En la sociedad civilizada a la que aspiramos, la justicia debiera ser como el aire que respiramos. Nada puede borrar los trágicos sucesos de septiembre de 1973, nada podrá resucitar a los muertos ni curar las heridas y los dolores de los torturados ni aplacar la pena de los familiares de tantos desaparecidos. Tanto dolor plantea el legítimo reclamo de justicia, solo después de ella podemos plantear la grandeza y la clemencia.

El perdón corresponde al fuero interno de los ofendidos, es en aquella subjetividad herida donde se resuelve tal sentimiento. Ante las ofensas causadas a tantos compatriotas solo cabe a la sociedad encontrar los caminos de justicia real y efectiva. Corresponde a las víctimas y sus familias el perdonar o no a los victimarios, sea por razones filosóficas, religiosas o morales. A la sociedad chilena le corresponde hacer justicia allí donde muchos civiles y uniformados siguen impunes.

 

Comentarios del artículo: Justicia, perdón y clemencia - Publicado: a las 2:43 pm

Etiquetas: , , , , , , , » Publicado: 05/09/2013

Guerras del Siglo XXI

No es fácil traer al foro chileno un tema tan complejo y, en apariencia, tan distante como es la situación que afecta a varias naciones del Magreb: Túnez, Libia, Irak, Afganistán, Siria y, por estos días, Egipto. No obstante, bien sabemos que la acelerada mundialización de la economía, la política y la cultura nos exige conocer y comprender aquellos sucesos en los más diversos rincones del planeta, no solo porque de un modo directo o indirecto nos afectan sino, principalmente, porque ellos dan cuenta de un cierto “estado del mundo” del que formamos parte.

Por de pronto, constatamos en nuestra vida cotidiana que lo poco que sabemos de aquellos conflictos es lo que nos informan los medios europeos o estadounidenses. Sabemos que el poder mediático de las grandes potencias está fabricando la historia, está fabricando el presente “en vivo y en directo”. En esta era de la Híper Industria Cultural, los medios logran sincronizar sus flujos de imágenes con los flujos temporales de conciencia de millones de seres en todo el orbe.

Contra lo que pudiera parecer a primera vista, América Latina debe conocer y comprender cabalmente lo que está ocurriendo en el Oriente Próximo, pues nuestra situación no es tan distinta a la de aquellas naciones. Es en estos momentos aciagos para el mundo entero cuando se hace indispensable volver a reflexionar y debatir sobre la barbarie, la violencia y la civilización, para levantar la voz en nombre de la “paz” y la “dignidad humana” como pilares de un orden internacional más justo y pacífico en que se respete los derechos de los pueblos, sean éstos desarrollados o pobres.

Hemos asistido atónitos a las Guerras del Siglo XXI, en que la televisión occidental nos muestra presuntas proezas bélicas, muchas veces protagonizadas por ejércitos mercenarios fuera de toda legalidad, como si se tratase de una película de Hollywood o un videojuego de última generación. No se nos muestran las ciudades destruidas, los cuerpos de hombres, mujeres y niños mutilados por una tecnología del horror que incluye la robótica militar de los llamados “drones”, los satélites y las computadoras. La guerra se ha convertido en un espectáculo en alta definición y el filme se llama “Primavera Árabe”

Pareciera que a todo el mundo se le han olvidado aquellas viejas palabras que se acuñaron durante todo el siglo XX como logros de la civilización humana. El valor de la “paz” y la “dignidad humana”, el derecho de los pueblos a su “soberanía y auto determinación”, en fin, la no injerencia militar en terceros países. Todo ha sido borrado del actual imaginario político internacional en nombre de un “Nuevo Orden Mundial”, presidido por los intereses económicos y geopolíticos de potencias imperiales. Se puede afirmar que todo el orden internacional se ha degradado, haciendo inútiles las instituciones a las que confiamos la lucha por la paz. Hemos llegado a la aberración de que la Organización de Naciones Unidas ya no es capaz de asegurar la “paz” y ni siquiera la vigencia del derecho internacional.

Contra lo que pudiera parecer a primera vista, América Latina debe conocer y comprender cabalmente lo que está ocurriendo en el Oriente Próximo, pues nuestra situación no es tan distinta a la de aquellas naciones. Es en estos momentos aciagos para el mundo entero cuando se hace indispensable volver a reflexionar y debatir sobre la barbarie, la violencia y la civilización, para levantar la voz en nombre de la “paz” y la “dignidad humana” como pilares de un orden internacional más justo y pacífico en que se respete los derechos de los pueblos, sean éstos desarrollados o pobres.

Más allá de la razón utilitaria, más allá del natural sentimiento de estupor ante el horror, es necesario observar en profundidad lo que acontece en el presente, solo de este modo constatamos que la humanidad enfrenta en estos tiempos el desafío de preservar la preciosa vida humana y la de nuestro propio mundo, en este rincón del universo.

Comentarios del artículo: Guerras del Siglo XXI - Publicado: a las 11:41 am

» Publicado: 03/09/2013

Allende: El bronce

Salvador Allende nos ha dejado una gran lección a todos los chilenos: El reclamo por la dignidad humana y la justicia social se realiza en la historia, pero se fundamenta mucho más allá de cualquier circunstancia histórica. En este sentido, se trata de un mensaje que trasciende, con mucho, el acotado tiempo que le ha tocado vivir.

Hay hombres que a través de su vida van tomando conciencia de su inmortalidad histórica. De algún modo, estos hombres se saben protagonistas de una cierta épica que los trasciende. Diríase que tales figuras adquieren la pátina broncínea que convierte sus gestos y palabras en verdaderos ecos simbólicos que resuenan en otra parte y destinados a inscribirse, por derecho propio, en la mitología de sus pueblos. Así, los héroes de la antigüedad, así nuestros próceres de la Independencia, así, el presidente  Salvador Allende.

Con una sorprendente lucidez en esos momentos aciagos, el presidente les habla a los hombres y mujeres de su pueblo, a los obreros, campesinos e intelectuales de Chile, señalando un camino democrático de dignidad. Les advierte a sus seguidores de los graves peligros que se ciernen sobre ellos, pero, además, les señala un horizonte político y moral que se realizará en un porvenir que se aproxima.

La muerte misma aparece como un trámite, sangriento, es cierto, pero insignificante frente a la grandeza espiritual de quien la enfrenta en nombre de un sueño justo. Frente a la hora final, absoluta y definitiva, el gran hombre entona el único canto que le está permitido, aquel que dignifica su gesta para siempre. Se trata de consagrar en un presente ignominioso, la palabra simiente que se profiere más allá de la historia, el símbolo meta histórico que animará a muchas generaciones futuras. Las últimas palabras del presidente Allende perviven hasta hoy como denuncia y reclamo, como promesa y destino.

Toda la felonía y la traición que está en el origen de una cruenta dictadura militar están ya contenidas en las palabras del presidente Salvador Allende. En medio de un dantesco escenario donde el palacio presidencial es asediado y bombardeado por los golpistas, el presidente hace lo único que puede hacer, dirigirse a su pueblo denunciando la bajeza y la codicia de sus adversarios, un estigma que los ha acusado para siempre. Pero hay más, no se trata tan solo de denunciar los horrores de una circunstancia sino de mostrar un horizonte.

Con una sorprendente lucidez en esos momentos aciagos, el presidente les habla a los hombres y mujeres de su pueblo, a los obreros, campesinos e intelectuales de Chile, señalando un camino democrático de dignidad. Les advierte a sus seguidores de los graves peligros que se ciernen sobre ellos, pero, además, les señala un horizonte político y moral que se realizará en un porvenir que se aproxima. Salvador Allende nos ha dejado una gran lección a todos los chilenos: El reclamo por la dignidad humana y la justicia social se realiza en la historia, pero se fundamenta mucho más allá de cualquier circunstancia histórica. En este sentido, se trata de un mensaje que trasciende, con mucho, el acotado tiempo que le ha tocado vivir.

Hoy, a cuarenta años de la tragedia, en las calles Moneda y Morandé, la estatua de bronce de Salvador Allende comparte el panteón republicano junto a otros ex mandatarios, reafirmando su fe en Chile y su destino. Los inadvertidos transeúntes sumidos en sus afanes cotidianos no advierten que en esa estatua está la semilla de muchos anhelos que esperan su realización, un reclamo político y ético todavía postergado, palabras provistas de un “aura” que sigue lozana, esperando su primavera, sobreviviendo al dolor y a la vergüenza.

Comentarios del artículo: Allende: El bronce - Publicado: a las 10:03 am

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 28/08/2013

Chile post dictadura: verdades y protocolos

La historia reciente ha mostrado hasta la saciedad que el malestar salió a la calle, abriendo una vieja herida en la sociedad chilena. La receta que ha querido conjugar un capitalismo extremo con una democracia débil ha fracasado estrepitosamente en Chile y con ella la pretensión de la derecha de perpetuar un orden heredado de la dictadura. Estamos ante un nuevo proceso que apenas se inicia y del cual desconocemos sus contornos y sus plazos, pero es claro que se trata de desandar el camino que hemos venido transitando por cuarenta años.

Cada época autoriza sus verdades, legitima sus protocolos y estatuye un clima político determinado. De este modo, durante los primeros tiempos concertacionistas había una serie de tabúes en la sociedad chilena que respondían, en lo fundamental, a la mal disimulada presencia militar en todas las instituciones del país. De hecho, Augusto Pinochet ocupaba la comandancia en jefe del ejército como una sombra todavía amenazante sobre una frágil democracia.

Las nuevas generaciones de chilenos retoman el camino democratizador interrumpido drásticamente en los años setenta del siglo precedente. No se trata, por cierto, de reeditar viejas consignas y creencias, el mundo de hoy es muy otro. No obstante, la tendencia básica es la misma, mayor participación, más justicia social y un papel más preponderante del estado nacional en cuestiones económicas.

Muchas cosas han cambiado desde entonces. Cuatro gobiernos de la Concertación lograron desplazar la mirada de las masas desde la traumática brutalidad militar hacia el mundo de los negocios, el glamour y el consumo. Los años noventa del siglo pasado fueron, a su modo, años de amnesia y promesas. Nuestra democracia tomaba el tinte deslavado de un binominalismo predecible al cual una gran mayoría de ciudadanos y políticos se resignaron. Esto convirtió al país en una insípida taza de leche, más aparente que real, en que la impunidad y los buenos negocios iban de la mano. Por una parte, prometedoras cifras económicas, por la otra, bajos salarios y creciente endeudamiento.

Los primeros campanazos de alerta sonaron hacia 1998 y la llamada “crisis asiática”, poniendo en evidencia, entre otras cosas, la tremenda vulnerabilidad del llamado “modelo chileno”. A esto siguió un malestar estudiantil expresado por los “pingüinos” y una nueva crisis económica en 2008. No fue hasta el 2011 que estalló la “burbuja chilena”, lo que parecía un exitoso modelo económico y social en América del Sur resultó estar podrido hasta la médula, se instaló entre nosotros lo que se ha dado en llamar “malestar ciudadano”, lo que no es otra cosa que el hastío profundo de los trabajadores y los estudiantes ante un modelo privatizador clasista, excluyente e injusto.

La historia reciente ha mostrado hasta la saciedad que el malestar salió a la calle, abriendo una vieja herida en la sociedad chilena. La receta que ha querido conjugar un capitalismo extremo con una democracia débil ha fracasado estrepitosamente en Chile y con ella la pretensión de la derecha de perpetuar un orden heredado de la dictadura. Estamos ante un nuevo proceso que apenas se inicia y del cual desconocemos sus contornos y sus plazos, pero es claro que se trata de desandar el camino que hemos venido transitando por cuarenta años.

Las nuevas generaciones de chilenos retoman el camino democratizador interrumpido drásticamente en los años setenta del siglo precedente. No se trata, por cierto, de reeditar viejas consignas y creencias, el mundo de hoy es muy otro. No obstante, la tendencia básica es la misma, mayor participación, más justicia social y un papel más preponderante del estado nacional en cuestiones económicas. Si es cierto que cada época autoriza sus verdades y protocolos, quizás ha llegado también el tiempo de llamar pan al pan y vino al vino.

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Etiquetas: , , , , , » Publicado: 19/08/2013

América Latina: Una tradición golpista

Hasta el presente, los poderes imperiales no han abandonado, en absoluto, la estrategia de “desestabilización” que abre la posibilidad de una solución militar.

A cuarenta años del golpe de estado en Chile, se puede afirmar que las intervenciones militares para derrocar gobiernos constitucionales no han sido desterradas de América Latina. Los ejemplos de intentonas golpistas, relativamente recientes, de Honduras, Venezuela, Ecuador, Paraguay y Bolivia son ya elocuentes. Hasta el presente, los poderes imperiales no han abandonado, en absoluto, la estrategia de “desestabilización” que abre la posibilidad de una solución militar.

La ausencia de una sólida reflexión en torno a una profunda “democratización” del mundo castrense, convierte, en los hechos, a las fuerzas armadas en enclaves separados del decurso histórico de sus pueblos y, en el límite, en organizaciones más afines a ideologías e intereses de potencias extranjeras que en instituciones al servicio de su patria y de su pueblo.

Allí donde un gobierno reclame su soberanía frente a las abusivas condiciones que imponen las grandes corporaciones, corre paralelo el descrédito mediático, la presión diplomática, política, económica y, en última instancia la conspiración golpista. Resulta triste admitirlo, pero en nuestro continente se ha instituido una “tradición golpista” como correlato de nuestras débiles democracia oligárquicas. Con muy contadas excepciones, la mano militar ha sido la herramienta con la cual nuestras oligarquías aplastan las demandas sociales de sus propios pueblos.

El golpe de estado chileno de 1973 se inscribe, por derecho propio, en dicha tradición. Al igual que en otras latitudes de nuestra América, los uniformados chilenos asaltaron el poder para derrocar al gobierno constitucional de Salvador Allende y restituir en el país el orden oligárquico, bajo los ropajes neoliberales según los dictados del capital transnacional. Hasta nuestros días, todo el quehacer político post dictatorial se ha enmarcado en el orden jurídico prescrito por una constitución de facto. Hasta hoy, el fantasma de Augusto Pinochet preside la política chilena.

Llama la atención que en el pensamiento político latinoamericano no se haya dado el protagonismo indispensable a la “cuestión militar” y su imprescindible inserción en proyectos patrióticos de desarrollo. En general, el tema de las fuerzas armadas ha sido concebido como un tabú y, en la mayoría de los casos, se le considera como una realidad ajena al devenir político y social en nuestras naciones. No considerar a las fuerzas armadas en el mismo nivel analítico de categorías como democracia, por ejemplo, entraña graves riesgos de volver a repetir lamentables episodios en nuestros países.

La ausencia de una sólida reflexión en torno a una profunda “democratización” del mundo castrense, convierte, en los hechos, a las fuerzas armadas en enclaves separados del decurso histórico de sus pueblos y, en el límite, en organizaciones más afines a ideologías e intereses de potencias extranjeras que en instituciones al servicio de su patria y de su pueblo. Pareciera, finalmente, que los ejércitos latinoamericanos, con pocas excepciones, visten el mismo uniforme, utilizan las mismas armas y portan la misma ideología que las potencias imperiales del mundo occidental, aunque enarbolen banderas distintas en cada caso.

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Etiquetas: , , , , » Publicado: 12/08/2013

Candidatura de Matthei y la falsa analogía de David contra Goliat

El verdadero Goliat lo constituye una derecha extrema que ha ocupado una posición de fuerza y privilegio durante ya cuatro décadas. Durante todo este tiempo ha contado con el poder de la banca, las finanzas, los medios de comunicación, la justicia, y los organismos estatales, es decir, casi todo. Esto convierte a este sector en la derecha más poderosa y abusiva de América Latina. Hasta el presente ha ejercido su hegemonía sin contrapeso, lo que le ha garantizado su enriquecimiento y su absoluta impunidad.

La candidata de la Alianza de derechas, señora Evelyn Matthei, ha evocado la mítica lucha de David contra Goliat para señalar la fortaleza de la candidatura opositora, encabezada por la ex mandataria Michelle Bachelet. Así, se quiere hacer aparecer a una derecha desvalida ante la arremetida del conglomerado Nueva Mayoría, una falacia que no resiste un análisis.

Los estrategas de la derecha pretenden, con astucia y desvergüenza, presentarse ante el país como los débiles héroes que deben enfrentar a los poderes de la oposición. Cualquier ciudadano medianamente informado sabe que la señora Matthei representa, precisamente, a los poderosos y favorecidos por el actual ordenamiento del país.

Aclaremos, el verdadero Goliat lo constituye una derecha extrema que ha ocupado una posición de fuerza y privilegio durante ya cuatro décadas. Durante todo este tiempo ha contado con el poder de la banca, las finanzas, los medios de comunicación, la justicia, y los organismos estatales, es decir, casi todo. Esto convierte a este sector en la derecha más poderosa y abusiva de América Latina. Hasta el presente ha ejercido su hegemonía sin contrapeso, lo que le ha garantizado su enriquecimiento y su absoluta impunidad.

En la hora actual, cuando con timidez se presenta al país una posibilidad de “reformas estructurales” que logren satisfacer, por lo menos, las más urgentes demandas sociales, los estrategas de la derecha pretenden, con astucia y desvergüenza, presentarse ante el país como los débiles héroes que deben enfrentar a los poderes de la oposición. Cualquier ciudadano medianamente informado sabe que la señora Matthei representa, precisamente, a los poderosos y favorecidos por el actual ordenamiento del país.

Recordemos que más allá de los ropajes “democráticos” con que hoy se visten sus personeros, lo cierto es que hemos vivido por cuatro décadas bajo el orden constitucional y económico concebido por una cruenta dictadura militar. Atrincherada en el parlamento binominal, ha impedido, hasta hoy, toda posibilidad de cambio que ponga en riesgo sus privilegios. La derecha de hoy es la heredera de tales atrocidades y su beneficiaria directa. El verdadero Goliat es el entramado de intereses económicos que han convertido a Chile en una plaza de grandes corporaciones con la complicidad de nuestra derecha en desmedro de las riquezas nacionales.

El verdadero Goliat ha sido, y por mucho tiempo, el que aplastó a David con la fuerza de las armas primero, y que hoy quiere perpetuar su poder con el engaño y el abuso. En esta circunstancia histórica, es de esperar, que se haga oír la voz democrática y ciudadana, la voz de los débiles cuyos salarios apenas alcanzan para sobrevivir. La misma voz de los movimientos sociales que es reprimida en las calles, la misma que ha sido postergada por demasiado tiempo.

 

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Etiquetas: , , , , , » Publicado: 06/08/2013

A 40 años del Golpe: La guerra de Augusto

La tarde misma del 11 de septiembre de 1973, la soldadesca desplegada por los golpistas se volcaba en todo el país hacia los barrios populares en busca del “enemigo interno”, esto es, trabajadores, campesinos, mujeres y niños que habían sido la base social del gobierno de la Unidad Popular encabezado por el presidente Salvador Allende.

La guerra interna (*)

A lo largo de la historia algunos hombres marcan el destino de sus pueblos con el delirio cruento de traición y la guerra. Como verdaderos predicadores del odio solo llevan devastación y muerte a las familias, obligando a sus huestes a la degradación y el crimen. El cronista suele reconocerlos como bárbaros, legiones que han sido el azote de los pueblos cuyo legado no es sino la destrucción y el dolor. La historia atestigua con suficiencia este tipo de tragedias donde lo que muere no es solo aquello que es, vidas humanas, sino aquello que pudo ser, los sueños y anhelos de muchos.

De tal suerte que aunque en nuestro país lo que sucedió a partir del golpe fue una masacre, una matanza, un genocidio contra un pueblo desarmado y no una guerra,  desde el punto de vista jurídico y en mérito del DL citado, sí hubo, legalmente, estado de guerra y por consiguiente los prisioneros fueron, técnicamente, todos ellos prisioneros de guerra.

 La tarde misma del 11 de septiembre de 1973, la soldadesca desplegada por los golpistas se volcaba en todo el país hacia los barrios populares en busca del “enemigo interno”, esto es, trabajadores, campesinos, mujeres y niños que habían sido la base social del gobierno de la Unidad Popular encabezado por el presidente Salvador Allende. Mientras la cadena radial trasmitía bandos y marchas militares, los uniformados allanaban universidades, poblaciones y las barriadas pobres en las ciudades de Chile. Los estadios y muchas dependencias militares fueron convertidos en campos de prisioneros. Los soldados se ensañaban contra su propio pueblo desarmado, iniciando así la pesadilla de una supuesta “guerra interna” de acuerdo a los manuales sobre “seguridad nacional” editados en Washington. La guerra de Augusto había comenzado.

Al día siguiente del golpe de estado, Augusto Pinochet decretó el “estado de guerra interna” (Decreto ley Nª 5  del 12 de septiembre de 1973), con ello se justificada el fusilamiento sin juicio simulando consejos de guerra que nunca se efectuaron. Como ha explicado el abogado de derechos humanos, Eduardo Contreras:” De tal suerte que aunque en nuestro país lo que sucedió a partir del golpe fue una masacre, una matanza, un genocidio contra un pueblo desarmado y no una guerra,  desde el punto de vista jurídico y en mérito del DL citado, sí hubo, legalmente, estado de guerra y por consiguiente los prisioneros fueron, técnicamente, todos ellos prisioneros de guerra. Así lo ratificaron además diversos fallos de la mismísima Corte Suprema de aquellos años que, avalando la acción de la dictadura, sostenía invariablemente que en Chile estábamos en guerra”

Sería esta condición de “guerra interna” la que posibilitaría los escasos juicios que se han llevado a cabo: “…al hacer aplicable la legislación de tiempos de guerra la dictadura hizo aplicables los Convenios de Ginebra, que eran ya hacía tiempo ley chilena tras su ratificación y aprobación a comienzos de la década de los años 50 del pasado siglo y cuyo artículo 3º, común a los 4 Convenios, establece la imprescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad. Es precisamente lo que ha hecho posible los procesos en curso hoy en Chile por las violaciones específicas, caso a caso, de los derechos humanos”

La guerra de Augusto no fue sino un coartada pseudo legal para justificar crímenes de lesa humanidad, una manera de cohonestar la violencia homicida escenificada en todos los rincones del país. A cuarenta años del golpe, muchos de los civiles y uniformados que protagonizaron esta “guerra interna” siguen impunes, sobreviviendo a su felonía, muchos de ellos enriquecidos, posando de demócratas. La guerra de Augusto se instala entre nosotros como una mancha de sangre en las últimas décadas del siglo XX.

 Historia nacional de la infamia

La guerra de Augusto representa para las nuevas generaciones uno de aquellos episodios que merecen un lugar principal en la “Historia Nacional de la Infamia” Instrumentalizar a las fuerzas armadas para servir a una potencia extranjera y volver las armas contra su propio pueblo, bombardeando el palacio de gobierno, sirviendo así a las elites de oligarcas temerosas de perder sus privilegios en un mundo democrático. Pocas veces en nuestra historia se ha degradado a tal punto el sentido básico de patriotismo y dignidad nacional. Sembrar un país de tumbas sin nombre, convertir los espacios públicos dispuestos para la alegría y el esparcimiento en “campos de concentración”, hacer de la vida cotidiana una amenaza constante de la “policía secreta”, hacer de la desaparición y la tortura una práctica naturalizada, tal es la guerra de Augusto.

Las calles desiertas por un “toque de queda” mantenido durante muchos años. Un país de silencios habitado por los fantasmas de muchedumbres, levantando sus puños, soñando dignidades, reclamando justicia. Es el misterio de lo ausente, oquedad infinita de lo que no pudo ser, simiente para futuras generaciones. La guerra de Augusto representó la expulsión del país de miles de chilenos, separando familias y torciendo el destino de tantos. La guerra de Augusto fue el intento más radical por detener el tiempo histórico, erradicando para siempre las luchas sociales. Fue el intento de construir un mundo ajeno al mundo y a la vida en que la paz de los cementerios ordenaría la vida de los vivos.

Chile adquirió la pátina broncínea de otrora, los altos oficiales en tenidas de gala y el dictador presidiendo actos y fiestas con sus cómplices en las páginas sociales de El Mercurio. Augusto Pinochet construyó una dictadura “pelucona”, un alambicado mundo de paniaguados y rastreros que le rodeaban, mientras la DINA, su particular organización criminal, hacía el trabajo sucio en las ciudades del país. La guerra de Augusto fue, de algún modo, la guerra de un dictador contra los relojes, como si el calendario pudiese detenerse para siempre en su hora de gloria un once de septiembre de 1973.

 A cuarenta años de la guerra de Augusto

 Entre los muchos argumentos que se esgrimen para justificar la guerra de Augusto está aquel de los logros materiales de una modernización capitalista. Este tipo de argumentación olvida que con la misma lógica se puede aducir que Adolf Hitler terminó con la cesantía en la Alemania nacional socialista, ocultando la dimensión ética de dicho régimen que llevó a la perversión el totalitarismo.

El golpe de estado en Chile se puede explicar racionalmente como un lamentable episodio de la Guerra Fría que confrontó, a escala planetaria, dos sistemas económicos y políticos. El golpe de estado puede ser interpelado desde una aproximación emocional y así nos va a conmover el abuso de tantas víctimas inocentes. No obstante, pocas veces se dimensiona la profundidad de lo acontecido, en este sentido, el golpe de estado en Chile puede ser aprehendido en su dimensión espiritual de “numinoso terror”

La muerte y el sufrimiento confronta a las sociedades al pavor y el pánico, estremecimiento ante lo irracional y la barbarie. Es esta dimensión de profundidad la que hace de estas experiencias algo que trasciende su circunstancia histórica. La guerra de Augusto alcanza así su carácter de infamia universal, crimen contra la humanidad toda. El golpe de estado en Chile constituye en todo el sentido del término una aberración que arrastró a un pueblo entero a su degradación.

A medida que el tiempo nos distancia de tan trágico acontecimiento, se advierte con creciente nitidez su significado más sutil. Es difícil encontrar las palabras para la dimensión inefable de un padecer colectivo que convierte a éstos en victimarios y a aquellos en víctimas. Solo a modo de aproximación se podría ensayar términos como estupor, vergüenza, indecible dolor. Al revisar recuerdos, testimonios e imágenes nos sobrecoge el silencio ante el mal, la locura y la muerte, cuando ya ni las lágrimas.

El presente de la historia

Suele acontecer en la historia que tras muchas décadas se vuelve en espiral al mismo punto de partida, pero en un nivel cualitativamente distinto. El caso del golpe de estado en Chile, pareciera confirmar esta sentencia. Al observar las últimas décadas se constata que las razones profundas que llevaron en su momento, a la elección de Salvador Allende y su singular “vía chilena al socialismo” nunca han desaparecido. El fundamento último de la llamada Unidad Popular fue la aspiración de una parte importante de la población de ver realizadas sus aspiraciones de justicia social frente a una democracia oligárquica por definición desigual y excluyente.

Si bien el pasado, el presente y el futuro constituyen categorías temporales lo cierto es que el imaginario histórico y social se define más bien como una “experiencia histórica” esto es, como un tiempo vivido. En este sentido, todo “ahora”, tal y como nos enseña Benjamin, actualiza su pasado histórico como un “otrora” un presente diferido que adquiere una nueva significación en una circunstancia actual. Ese “otro ahora” no ha desaparecido de la subjetividad colectiva, está allí cristalizado en recuerdos, testimonios, imágenes, en fin, está inscrito simbólicamente como una posibilidad cierta. No se trata desde luego, de reeditar experiencias históricas sino de reconocer en ella su fundamento histórico y moral.

Desde esta perspectiva, la superación de la Guerra Fría y su falsa oposición entre un socialismo de cuño soviético o un capitalismo al estilo occidental, torna más nítido el carácter histórico político de la fisura latinoamericana. En efecto, en este “ahora” del siglo actual surge con mayor claridad el imperativo de dejar atrás las formas arcaicas de una democracia oligárquica sedimentada desde los albores de nuestra independencia y cuya expresión más reciente es la constitución de facto impuesta por una dictadura militar.

La guerra de Augusto ha sido el intento más acabado de refundar un país, afirmando, al mismo tiempo, su tradición oligárquica. Esta empresa, empero, está llegando a su fin. Como señaló el mismo Allende aquel histórico 11 de septiembre de 1973: “Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos” Tales palabras adquieren hoy su sentido más pleno y profundo, pues las nuevas generaciones retoman los pasos de un proceso democrático cuyo sentido es el mismo de hace cuarenta años: el anhelo de una mayor justicia social para las mayorías.

Es cierto, otros son los protagonistas, otras las voces. Es cierto, muy diversas las circunstancias del mundo y de nuestro país. Otros los matices de la historia presente, mas los gritos y demandas en las calles nos traen los ecos de ese otrora que reclama su presente. Hay un sutil hilo de seda que atraviesa el tiempo aparente, diríase un mismo espíritu que anima dos épocas separadas por tanto dolor, por tanto silencio. Es la marcha humana de muchedumbres en las calles, hombres, mujeres niños, construyendo su destino en el océano infinito de tiempo y de historia, su propia historia.

(*) Fragmento del eBook La Guerra de Augusto

 

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Etiquetas: , , , , , » Publicado: 24/07/2013

Bachelet y Matthei: Dos destinos

Ambas comparten una biografía ligada al mundo militar, los destinos de sus padres, así como los propios, no podrían ser más divergentes. La distancia que separa al general Alberto Bachelet de Fernando Matthei es el abismo que va de la víctima al victimario. En efecto, mientras uno moría en la tortura en la Academia de Guerra por haber colaborado con el gobierno de Salvador Allende, el otro llegaría a ser miembro de la junta militar presidida por Augusto Pinochet.

A veces, la historia dibuja extrañas figuras, los hilos de las vidas individuales atan nudos, tejiendo los destinos de las naciones. Así, como si se tratase de una homérica épica o una jugarreta de los dioses, hoy las dos principales aspirantes a la Moneda poseen una genealogía que las emparenta directamente con el golpe militar perpetrado hace ya cuatro décadas. Tanto la candidata de centroizquierda, Michelle Bachelet, como la candidata de derechas, Evelyn Matthei son hijas de generales de la Fuerza Aérea de Chile.

Después de cuarenta años, las hijas de los generales comparecen ante su pueblo, protagonizando un capítulo más de esta épica. Ya no es la Moneda en llamas, ya no la sangre ni la tortura, pervive en la escena, empero, el recuerdo de un otrora que reclama su presente. Acaso sin ser planamente conscientes de ello, ambas mujeres encarnan simbólicamente un dibujo inconcluso que exige su hora de término.

Si bien ambas comparten una biografía ligada al mundo militar, los destinos de sus padres, así como los propios, no podrían ser más divergentes. La distancia que separa al general Alberto Bachelet de Fernando Matthei es el abismo que va de la víctima al victimario. En efecto, mientras uno moría en la tortura en la Academia de Guerra por haber colaborado con el gobierno de Salvador Allende, el otro llegaría a ser miembro de la junta militar presidida por Augusto Pinochet.

Las actuales aspirantes a la presidencia de Chile fueron marcadas por aquella tragedia protagonizada por sus padres. Michelle Bachelet debió marchar al exilio durante varios años, mientras Evelyn Matthei hizo su vida muy próxima a los fastos del poder. Las experiencias históricas marcan a fuego las biografías personales en un sentido u otro. La señora Bachelet se formó en un entorno socialista, mientras la señora Matthei lo hizo en la conservadora familia militar.

Después de cuarenta años, las hijas de los generales comparecen ante su pueblo, protagonizando un capítulo más de esta épica. Ya no es la Moneda en llamas, ya no la sangre ni la tortura, pervive en la escena, empero, el recuerdo de un otrora que reclama su presente. Acaso sin ser planamente conscientes de ello, ambas mujeres encarnan simbólicamente un dibujo inconcluso que exige su hora de término. Cada una de ellas debe ocupar el lugar que les corresponde en esta sutil dramaturgia. Cada una de ellas, con el bagaje de una vida, debe mirar a las nuevas generaciones de chilenos.

Es así, cada presente evoca y significa los dolores pretéritos, diferidos presentes que regresan cada tanto. Sin embargo, no es menos cierto que cada presente histórico es el vértice de un porvenir que traza el horizonte de lo posible. En todo instante se conjugan la remembranza y la promesa, la evocación y el anhelo. Solo de este modo, los muertos de antaño encuentran su sosiego y tanta pena, encuentra un sentido profundo. Dos mujeres, cuarenta años después, protagonizan una escena que es, al mismo tiempo, ayer y mañana.

 

Comentarios del artículo: Bachelet y Matthei: Dos destinos - Publicado: a las 12:32 pm

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 02/07/2013

Primarias: Reformas o continuismo

La concurrencia de más de tres millones de votantes es una mala noticia para aquellas candidaturas ajenas a los pactos mayoritarios. Pareciera, en efecto, que la Nueva Mayoría es capaz de atraer a sectores de izquierda y de centro con una propuesta de reformas que incluye, por cierto, una nueva constitución y educación pública gratuita.

El triunfo de Michelle Bachelet con más con un 73.05% de preferencias por sobre sus contendores en el pacto Nueva Mayoría no es sorpresa para nadie. Lo mismo, el triunfo de Pablo Longueira sobre Andrés Allamand con un 51,3 % en la disputa de la Alianza tampoco debiera sorprender a nadie. Se han impuesto aquellas figuras que lideran sus respectivos ámbitos en la política chilena. La consolidación del liderazgo de Bachelet y el de Longueira  anuncia una campaña presidencial de alto contraste.

Lo previsible es una elección presidencial muy contrastada entre una Nueva Mayoría que apuesta a las reformas y una Alianza que insiste en el continuismo. Esto deja poco espacio para las candidaturas alternativas, esto porque sus demandas y promesas han sido absorbidas, al menos en el papel, por la candidatura de la ex presidenta.

La concurrencia de más de tres millones de votantes es una mala noticia para aquellas candidaturas ajenas a los pactos mayoritarios. Pareciera, en efecto, que la Nueva Mayoría es capaz de atraer a sectores de izquierda y de centro con una propuesta de reformas que incluye, por cierto, una nueva constitución y educación pública gratuita. En el sector de la derecha, es claro que se ha optado por un discurso que ofrece políticas sociales dentro del modelo económico y político conocido hasta aquí. Podría afirmarse que estamos ante una Alianza continuista y una Nueva Mayoría dispuesta a reformar lo obrado hasta aquí.

Llama la atención que dentro de Nueva Mayoría sea, precisamente, Velasco el mejor posicionado con un 13%, contrastado con Orrego (8.9%) y Gómez (5.1%), lo que está mostrando que en este conglomerado hay claros límites políticos a las reformas posibles que anuncia Bachelet, pero además, está dando cuenta de que son posiciones claramente minoritarias respecto del liderazgo de la ex mandataria. En la derecha, en cambio, se advierte una Alianza que tiende más bien a un equilibrio de fuerzas, lo que tendrá evidentes repercusiones políticas a la hora de plantear una estrategia parlamentaria y un programa de gobierno.

En el actual panorama y tras las elecciones primarias, lo previsible es una elección presidencial muy contrastada entre una Nueva Mayoría que apuesta a las reformas y una Alianza que insiste en el continuismo. Esto deja poco espacio para las candidaturas alternativas, esto porque sus demandas y promesas han sido absorbidas, al menos en el papel, por la candidatura de la ex presidenta La alta concurrencia a estas elecciones primarias presagia, además, una baja en la tasa de abstenciones. No obstante, el camino a la Moneda para Michelle Bachelet no será tan expedito como pudiera pensarse. Si consideramos el piso histórico de la votación de derechas y la votación de las candidaturas “no binominales”, lo más probable es que un triunfo de Nueva Mayoría se resuelva en segunda vuelta y por un margen más bien estrecho.

Por último, debemos tener presente que la continuidad o la reforma del actual modelo económico se juega en las elecciones parlamentarias. La posibilidad de cumplir el programa de Nueva Mayoría dependerá de la configuración de fuerzas políticas en las cámaras legislativas. Las elecciones parlamentarias se llevaran a cabo bajo la modalidad binominal que tiende a mantener los equilibrios entre las dos fuerzas predominantes. En consecuencia, dar cumplimiento a un programa de reformas por la vía institucional será un camino, por lo menos, complejo. Pero, como suele decirse, en política nada está escrito y los vientos de cambio que soplan en el país podrían ser un factor determinante de los próximos años.

Comentarios del artículo: Primarias: Reformas o continuismo - Publicado: a las 7:02 pm

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 29/04/2013

Golborne, un funcionario obediente

Fuera de toda duda, la imagen y las aspiraciones de este candidato, ex gerente de Cencosud, se ven debilitadas en el corto y mediano plazo. Lo acontecido es importante, pues más allá de las posibilidades reales del candidato UDI, lo que está en juego para el partido más grande del país es su presencia parlamentaria y su liderazgo al interior mismo de la derecha chilena frente a Renovación Nacional.

Un candidato a la presidencia de Chile, ex gerente de un retail, se ha visto envuelto en un bochornoso escándalo que le afecta de manera directa. Laurence Golborne alega que cuando era gerente y aplicó ciertas medidas al filo de lo legal, lo hizo en calidad de funcionario y obedeciendo las instrucciones del directorio de la empresa. Se trata de un argumento más que débil porque no basta ser un dócil y obediente funcionario para aspirar a la primera magistratura del país.

Todo el episodio ha sido desastroso para el candidato de la UDI e instala una sombra oscura sobre sus capacidades de liderazgo y, en el límite, sobre su pretendida calidad de “independiente” La cuestión que rodea todo el asunto es a qué directorio obedecería en la improbable eventualidad de llegar a ser Presidente de la República. Andrés Allamand, el otro aspirante de la derecha, tiene razón al emplazar a Golborne a dar explicaciones al país, pues lo cierto es que todos los candidatos deben dar cuenta de su trayectoria política y empresarial.

Recordemos que el nombre de Golborne adquirió cierta resonancia mediática a propósito del rescate de los mineros en su calidad de ministro, en el primer gabinete de la actual administración. En este sentido, no posee la trayectoria ni el espesor político de Allamand sino que explota más bien una cierta simpatía personal y el perfil de clase media “aspiracional” y, habría que agregar, obediente. Un candidato sonriente que irradia una sosa simpatía entre sus adherentes y habla desde “el sentido común” no es nada nuevo en la UDI, se trata de una estrategia populista que ya funcionó con Lavín.

Por el momento, resultaría prematuro dimensionar el daño de este escándalo en la candidatura Golborne. Pero, fuera de toda duda, la imagen y las aspiraciones de este candidato, ex gerente de Cencosud, se ven debilitadas en el corto y mediano plazo. Lo acontecido es importante, pues más allá de las posibilidades reales del candidato UDI, lo que está en juego para el partido más grande del país es su presencia parlamentaria y su liderazgo al interior mismo de la derecha chilena frente a Renovación Nacional. Este traspié del ex ministro bien pudiera definir su suerte en las próximas primarias de la Alianza, modificando así el cuadro político general del país.

En el universo político nacional, la ex Mandataria Michelle Bachelet sigue ejerciendo una fuerza gravitacional gigantesca, ordenando a sus satélites y eclipsando a las candidaturas más pequeñas. Hasta aquí, todo indica que el panorama político electoral estaría basculando hacia la centro izquierda, haciéndose eco de muchas de las demandas expresadas en la calle por diversos movimientos sociales. Esto es, por lo menos, lo que se deduce de los discursos.

Comentarios del artículo: Golborne, un funcionario obediente - Publicado: a las 2:36 pm

Etiquetas: , , , » Publicado: 01/04/2013

Michelle Bachelet en campaña

En lo que viene, Michelle Bachelet tendrá que definir un perfil nítido de su candidatura para aplacar ese “malestar ciudadano” que comienza a expresarse, pero al mismo tiempo, evitando caer en gestos demagógicos que pudieran espantar a los sectores más conservadores de su propio conglomerado.

La ex mandataria Michelle Bachelet será una figura importante de la política nacional los meses venideros. Todo cuanto haga, todo cuanto diga, será escrutado por los medios y será ponderado políticamente por los distintos sectores. Su nombre estará en los titulares y en las encuestas, sus palabras en cada comentario y artículo sobre las elecciones en Chile. Tras dejar ONU Mujeres, su estatura internacional se ha acrecentado, su figura trasciende hoy las fronteras nacionales. Con todo, la candidata Bachelet deberá sumirse en las cuestiones más domésticas de la política chilena, con sus particularidades y no pocas miserias. En lo inmediato, su decisión de ser candidata a la Moneda da inicio a una campaña postergada desde principios de año. Su primer desafío son las primarias en la Concertación, contienda que todos consideran un mero trámite, pero que fortalece y legitima su postulación.

Un segundo desafío, y que no es un puro trámite, es la propuesta programática de su eventual gobierno. Las tensiones a este respecto surgen tanto desde la izquierda como desde la derecha de su candidatura. Por una parte, se le endilga la incapacidad en su  pasado mandato para haber implementado reformas profundas en áreas tan sensibles como la educación o la salud privada, para no hablar del clima de negligencia y corruptela que caracterizó a su coalición en el gobierno. Esto ha producido una paradoja, pues su figura concita a una amplia mayoría ciudadana dispuesta a darle el voto en la próxima elección y, al mismo tiempo, un descrédito de la coalición que participó de su gobierno.

Un nuevo gobierno Bachelet sólo posee sentido si se plantea reformas profundas, tanto en lo económico social como en el ámbito político para avanzar hacia una democracia más plena. No obstante, sus voceros autorizados han hecho explícita su negativa a cualquier medida extra institucional. Desde la derecha, las críticas apuntan a su presunta responsabilidad política en las debilidades de su gobierno, con funcionarios envueltos en escándalos así como su propia participación en los sucesos del 27/F. Recordemos que la derecha sostuvo una ruda crítica ad hominem por largo tiempo, afirmando que la Mandataria “no daba el ancho”, es decir, que carecía de las virtudes políticas para gobernar.

En lo que viene, Michelle Bachelet tendrá que definir un perfil nítido de su candidatura para aplacar ese “malestar ciudadano” que comienza a expresarse, pero al mismo tiempo, evitando caer en gestos demagógicos que pudieran espantar a los sectores más conservadores de su propio conglomerado. Un equilibrio nada fácil en medio de una campaña que se anuncia más compleja y apasionada de las que hemos conocido desde el “retorno a la democracia”. De manera cada vez más evidente, nuestra sociedad se reencuentra con “lo político” de “la política”, con toda su carga de pugna democrática y expectativas de cambio.

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Etiquetas: , , , » Publicado: 27/03/2013

Pasto seco

La Concertación tiene ese tufillo sinvergüenza muy de clase media arribista tan proclive a la corruptela como a la demagogia. Pero bien pensado, acaso sea lo menos malo para una derecha usurera y torpe que no termina de encontrarse con un ideal democrático que merezca tal nombre.

De acuerdo a los antecedentes disponibles, es muy probable que la ex mandataria Michelle Bachelet sea elegida como Presidente de Chile. Su perfil de señora amable y hasta maternal, políticamente moderada y dispuesta a sonreír durante cuatro años atrae a un electorado nada despreciable. Es claro que, de acuerdo a sus voceros autorizados, su gobierno seguirá la misma tregua binominal, alejada de cualquier exabrupto extra institucional.

Un nuevo gobierno concertacionista representa una derrota mayor para una derecha que se había hecho ilusiones. Si bien Bachelet no representa riesgo alguno para empresarios y uniformados, los sectores de derechas preferirían ver a uno de los suyos en La Moneda. Después de todo, la Concertación tiene ese tufillo sinvergüenza muy de clase media arribista tan proclive a la corruptela como a la demagogia. Pero bien pensado, acaso sea lo menos malo para una derecha usurera y torpe que no termina de encontrarse con un ideal democrático que merezca tal nombre.

Hay síntomas preocupantes, movilizaciones masivas, alta tasa de abstención electoral y un malestar profundo, aunque todavía disperso. Para decirlo figurativamente, el pasto está lo suficientemente seco como para que una chispa cualquiera inicie un incendio de proporciones.

El panorama político chileno durante el próximo lustro se anticipa más que complejo, hay un despertar ciudadano que se expresa en las calles de todo el país. La actual institucionalidad pierde rápidamente su legitimidad ante la ciudadanía y muestra su fatiga. Pareciera que no se puede seguir girando con cargo a la herencia de Augusto Pinochet y su constitución, todo indica que habría que reinventar una derecha democrática para el siglo XXI, capaz de sobrevivir con cierto decoro a los nubarrones históricos que se presagian.

Un futuro gobierno concertacionista encabezado por Bachelet tampoco la tendrá fácil, el clima político en el Chile de esta segunda década del siglo ha cambiado mucho. Hay síntomas preocupantes, movilizaciones masivas, alta tasa de abstención electoral y un malestar profundo, aunque todavía disperso. Para decirlo figurativamente, el pasto está lo suficientemente seco como para que una chispa cualquiera inicie un incendio de proporciones. El tiempo en que bastaba un dirigente como Bustos o el despliegue de “operadores políticos” en cada organización para tener todo bajo control, va quedando atrás. Los partidos mismos y sus personeros han caído en un desprestigio severo.

No es necesario consultar una carta astral ni nada parecido para advertir el nuevo clima que se vive por doquier. Sólo una obtusa clase política es incapaz de ver lo obvio, hay un hastío generalizado en la ciudadanía que anhela cambios sustanciales en el país. Para decirlo con claridad y con sobriedad, todos esperamos una democracia de nuevo cuño, mucho más inclusiva y participativa, donde la suerte de los “rotosos” sea un problema de estado y una prioridad política nacional. El desafío histórico y político no se soluciona ni con silencios programados ni con eslóganes bonitos, el país parece plantear una urgencia que no ha sido entendida en toda su radicalidad.

 

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Etiquetas: , , , » Publicado: 18/03/2013

Bachelet: el regreso

Alcanzar un mínimo de consensos entre los suyos es para Bachelet un desafío mayúsculo. Sin embargo, mucho más difícil es lograr que su candidatura sea capaz de seducir a una amplia mayoría de chilenos que se abstuvieron en los últimos comicios. Hay un 60% de electores que no votaron.

Como en una novela por entregas, las declaraciones de Michelle Bachelet anunciando su regreso a Chile cierran un largo capítulo de espera e inauguran otro: el de la carrera presidencial. Tal y como se ha dicho, el escenario que dejó la ex Mandataria es hoy muy distinto. Durante los años de su ausencia, y de su silencio, muchos sectores sociales se han movilizado en el país, la expectativas son otras. Muchos chilenos han manifestado su malestar con el actual estado de cosas, entre ellos, estudiantes, minorías sexuales, minorías étnicas y sectores de regiones en diversas partes del país.

Frente a la nueva realidad de la sociedad chilena, resulta indispensable que la candidatura Bachelet ponga sobre la mesa un programa de gobierno capaz de encantar a sus adherentes, respondiendo a las demandas de los distintos movimientos sociales. Este aspecto es ya un problema complejo nada fácil de concretar, pues supone y exige una serie de negociaciones y consensos entre los partidos que constituyen su base de apoyo político, partidos muy dispares que ya han mostrado roces entre ellos. Lo que resulta claro es que el clásico diseño concertacionista de reformismo débil y apegado al actual orden constitucional no resulta del todo satisfactorio en el momento actual.

La candidatura de la señora Bachelet deberá hacer frente a las críticas mordaces a la izquierda de su candidatura. Estas candidaturas “no binominales” tienen claro que no tienen nada que perder y mucho que ganar erigiéndose como una oposición radical al “modelo”, denunciando el binominalismo que, le guste o no, representa la candidatura concertacionista.

Alcanzar un mínimo de consensos entre los suyos es para Bachelet un desafío mayúsculo. Sin embargo, mucho más difícil es lograr que su candidatura sea capaz de seducir a una amplia mayoría de chilenos que se abstuvieron en los últimos comicios. Hay un 60% de electores que no votaron. Es cierto, una elección presidencial no es equivalente a una elección de alcaldes y concejales, pero si no hay propuestas nuevas y audaces, el hastío de gran parte de la población bien pudiera ser el mismo que ya se manifestó.

Otro desafío de la candidatura Bachelet es su capacidad para enfrentar a una derecha en el gobierno, dispuesta destrozar su figura, recordando el clima de corruptela e incompetencia que caracterizó a la Concertación durante los últimos años de su gobierno. De hecho ya se ha insistido en su responsabilidad política en lo acaecido el 27/F de 2010. La estrategia de la derecha va en una doble dirección, por una parte insistir en las propias debilidades de la candidata y, por otra parte, subrayar la falta de virtudes cívicas de su entorno.

Por último, la candidatura de la señora Bachelet deberá hacer frente a las críticas mordaces a la izquierda de su candidatura. Estas candidaturas “no binominales” tienen claro que no tienen nada que perder y mucho que ganar erigiéndose como una oposición radical al “modelo”, denunciando el binominalismo que, le guste o no, representa la candidatura concertacionista. Por el momento, la única certeza de cara a las próximas elecciones presidenciales es que el retorno la señora Bachelet marca el inicio de la carrera a la Moneda.

 

Comentarios del artículo: Bachelet: el regreso - Publicado: a las 11:18 am

Etiquetas: , , , » Publicado: 21/01/2013

El destino de los libros

Es muy probable que con ese título y las férreas ideas que lo inspiran, este libro deje muy feliz a alguna señora que desee leer algo “intelectual” durante su veraneo en algún balneario. Quizás también encuentre sosiego espiritual más de algún gerente o inversionista que descubre a un autor que tiene la valentía de afirmar aquello que él siempre había pensado sobre la desigualdad social como algo propio de la naturaleza humana.

Nuestro país ha conocido grandes plumas ensayísticas, filosas palabras y esclarecidas retóricas en infinitas páginas de nuestra historia que pocos leen hoy. Uno de los más perspicaces estudiosos de este género fue Martín Cerda (1930–1991) quien nos legara su libro “La palabra quebrada. Ensayo sobre el ensayo” (1982). Este gran ensayista y profesor nos iluminaba con sus conversaciones en la SECH a principio de los ochenta, cuando las noches eran más oscuras que lo habitual. Nos hablaba de autores poco conocidos en aquellos años en nuestro medio, como Walter Benjamin, Theodor Adorno, pero también Montaigne y Barthes y Ortega y Sartre…

Si hay algo característico de un ensayista es el carácter dubitativo, exploratorio si se quiere, del que busca a tientas entre los escombros de la historia, recogiendo fragmentos. Esto, de manera ineluctable, se plasma en una escritura discontinua y a ratos incierta, siempre a la intemperie. A su manera, Martín Cerda fue el último de una especie que portaba la memoria viva de nuestro país durante el siglo XX. En el presente, sumidos como estamos en la indigencia intelectual del consumo suntuario y la estolidez mediática, cualquier personaje de tono menor y escasas virtudes ensayísticas se atreve a lanzar un libro con afanes polémicos.

Como dijo alguna vez un gran escritor argentino residente en París, hay escritores para lectores y escritorcitos para lectorcitos. Es curioso y paradojal el destino de los libros, pues, finalmente serán los lectores los llamados a cualificarlos; así, hay veces en que lo que se propone como un cuerpo de ideas ciertas termina convertido en literatura fantástica o, peor aún,  en escalofriantes historias de terror.

Hace pocos días, el senador Jovino Novoa lanzó su libro “Con la fuerza de la libertad”, cuyo título parece plagiar intencionadamente la canción del Bicentenario 2010 y que Editorial Planeta nos ofrece con la siguiente reseña: “Rompiendo el silencio propio de su sector, Jovino Novoa se embarca en la escritura de un libro contingente, polémico y necesario. En un iniciativa valiente y muy lúcida, el senador dispara ferozmente y sin embargues a todos los sectores del panorama actual: a una Concertación cada vez más izquierdizada, a una Alianza sin identidad clara y a un Gobierno que ha izado banderas que no le son propias. De esta manera, el autor abre el debate sobre las ideas que definen a la centro-derecha, haciendo un llamado imperativo a rescatar sus valores y ponerlos delante de un proyecto político, frente al país y a la ciudadanía. Con la fuerza de la libertad es una defensa férrea tanto de la libertad y el esfuerzo personal como del modelo político y económico vigente, motor del progreso de Chile en las últimas décadas” (sic).

Es muy probable que con ese título y las férreas ideas que lo inspiran, este libro deje muy feliz a alguna señora que desee leer algo “intelectual” durante su veraneo en algún balneario. Quizás también encuentre sosiego espiritual más de algún gerente o inversionista que descubre a un autor que tiene la valentía de afirmar aquello que él siempre había pensado sobre la desigualdad social como algo propio de la naturaleza humana. Como dijo alguna vez un gran escritor argentino residente en París, hay escritores para lectores y escritorcitos para lectorcitos. Es curioso y paradojal el destino de los libros, pues, finalmente serán los lectores los llamados a cualificarlos; así, hay veces en que lo que se propone como un cuerpo de ideas ciertas termina convertido en literatura fantástica o, peor aún,  en escalofriantes historias de terror.

Comentarios del artículo: El destino de los libros - Publicado: a las 1:22 pm

Etiquetas: , , , , » Publicado: 07/01/2013

Punto de partida

Contrariamente a lo que muchos piensan, pareciera que no es hora de sacar cuentas alegres sino que es tiempo de precaución, recato y responsabilidad para acometer la tarea de una campaña presidencial que se augura más compleja de lo que aparentan las cifras hoy y que pudiera deparar más de una sorpresa.

La reciente encuesta CEP –correspondiente a los meses de noviembre y diciembre 2012-  dada a conocer por estos días, muestra que la ex mandataria señora Michelle Bachelet mantiene el primer lugar entre los aspirantes a la presidencia, seguida por el ex ministro Laurence Golborne y más atrás los candidatos Andrés Allamand y Marco Enríquez Ominami. Se trata, por cierto, de un “punto de partida” frente al cual es necesario tomar algunas precauciones.

La primera y más obvia es sobrevalorar los datos de la encuesta, pues, bien sabemos que estos instrumentos no han sido del todo fiables a la hora de contrastarlos con la realidad de los hechos. La segunda precaución es atender a una cifra inquietante que hay leer entrelíneas y es entregada por la misma encuesta: un 54% asegura que emitirá su voto en las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias. Esto significa que el factor “abstención” sigue gravitando en el imaginario del electorado chileno como un elemento de inestabilidad e incertidumbre.

Si bien la señora Bachelet aparece en un expectante primer lugar, la experiencia histórica indica que a lo largo de una campaña hay obstáculos, tropiezos, que deben ser superados: esto es válido para todos los candidatos.

En tanto “punto de partida”, esta encuesta marca un momento de un proceso que se desplegará durante el año que comienza y todo va depender de las “jugadas” de los distintos actores involucrados. Sería un exceso de confianza hacer pronósticos fáciles de ganadores o derrotados, pues, en definitiva, se trata de una partida que apenas comienza. Si bien la señora Bachelet aparece en un expectante primer lugar, la experiencia histórica indica que a lo largo de una campaña hay obstáculos, tropiezos, que deben ser superados: esto es válido para todos los candidatos. Por de pronto, algunos de ellos deben enfrentar las primarias al interior de sus respectivos conglomerados.

Por último, muy pocos parecen tomarse en serio la abstención, verdadera “deserción de las masas”, como un factor muy desestabilizador de la ecuación. De hecho, si esta conducta se mantiene en el rango que vimos en los comicios municipales, o se acrecienta, bien pudiera modificar las tendencias que indican las encuestas. Así, entonces, todas las candidaturas no sólo deben enfrentarse a sus oponentes políticos sino, y principalmente, al rechazo o apatía de una mayoría de la masa electoral.  Contrariamente a lo que muchos piensan, pareciera que no es hora de sacar cuentas alegres sino que es tiempo de precaución, recato y responsabilidad para acometer la tarea de una campaña presidencial que se augura más compleja de lo que aparentan las cifras hoy y que pudiera deparar más de una sorpresa.

Comentarios del artículo: Punto de partida - Publicado: a las 10:53 am

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 21/12/2012

Fin del mundo

Los cientos de turistas que esperan el “Fin del mundo”, instalados en cómodos “resorts” próximos a Chichén Itzá, olvidan que el verdadero apocalipsis acontece en millones de seres humanos que padecen hambre, o son víctimas de la violencia y la guerra en muchas partes del mundo.

Ante las profecías del “Fin del mundo”, inspiradas en una cierta lectura del calendario Maya, lo que llama la atención es el modo cómo los medios de comunicación son capaces de construir una noticia basados en cualquier pretexto. Como una bola de nieve, la “Híper Industria Cultural” ha logrado que en todos los rincones del planeta la muchedumbre espere con temor el solsticio de diciembre 2012. Hollywood se ha encargado de diseminar imágenes apocalípticas, mientras la televisión multiplica sus reportajes al respecto. El apocalipsis es, después de todo, un muy buen negocio para los medios y el turismo.

El espectáculo cotidiano del mundo con su carga de guerras, crisis económicas, crímenes y catástrofes medioambientales pareciera crear el clima propicio para las profecías más oscuras. Es paradojal advertir cómo frente a tanta desgracia no surge una conciencia de nuestra “responsabilidad ciudadana” sino, al contrario, el sentimiento de un fin inminente. De esta manera, las injusticias, la violencia y la crisis económica se buscan en causas exóticas, ajenas al control y la responsabilidad de los hombres y, en ningún caso, a un sistema político y económico que está –literalmente– destruyendo la vida en el planeta.

El verdadero “Fin del mundo” ya ha llegado para muchos niños en Siria o Gaza, para pueblos enteros diezmados en el África subsahariana o para aquellos asesinados en una escuela en Newtown. El “Fin del mundo” está a la vuelta de la esquina para millones de niños y adolescentes en toda América Latina, condenados a la vagancia, la prostitución, las drogas y el crimen.

Los cientos de turistas que esperan el “Fin del mundo”, instalados en cómodos “resorts” próximos a Chichén Itzá, olvidan que el verdadero apocalipsis acontece en millones de seres humanos que padecen hambre, o son víctimas de la violencia y la guerra en muchas partes del mundo. La condición humana en esta era de la “globalización” bascula entre la ansiedad y el temor, donde la sola idea de una catástrofe final consuma una “cultura de la muerte”. Desde hace ya un buen tiempo, el ruido del espectáculo mediático ha silenciado aquellas preguntas fundamentales, de modo que nuestras sociedades han perdido su capacidad de ponerse en tela de juicio.

El verdadero “Fin del mundo” ya ha llegado para muchos niños en Siria o Gaza, para pueblos enteros diezmados en el África subsahariana o para aquellos asesinados en una escuela en Newtown. El “Fin del mundo” está a la vuelta de la esquina para millones de niños y adolescentes en toda América Latina, condenados a la vagancia, la prostitución, las drogas y el crimen. Si lo pensamos bien, la verdadera catástrofe no es que una tormenta solar pudiera acabar con el mundo entero, la verdadera tragedia de la humanidad es nuestro silencio, nuestra indiferencia cómplice frente a un presente injusto, ignominioso e indigno.

Comentarios del artículo: Fin del mundo - Publicado: a las 1:57 pm

Etiquetas: , » Publicado: 11/12/2012

Chile: decoro nacional

En un país donde los pillos y sinvergüenzas se han entronizado, toda grandeza se convierte en bajeza, los derechos en negocio, lo inteligente es aquí mera astucia para enriquecerse a costa del prójimo. Esto arrastra a nuestra sociedad a un estado de indignidad y mediocridad como nunca antes, aunque insistan obstinados en mostrarnos cifras azules.

Los países, al igual que las personas, poseen una imagen que trasciende lo físico y lo inmediato. Se trata de un prestigio asociado que se deriva de sus actuaciones. Esta suerte de “capital simbólico”, por llamarlo así, es algo que debe cuidarse y, en lo posible, acrecentarse. Así como en las personas la imagen no es una cuestión de mero maquillaje o vestimenta, en los países no se trata sólo de alambicadas formas protocolares sino de la calidad y la trasparencia de sus instituciones, del nivel de dignidad de su pueblo. Esta imagen se construye y se cuida a lo largo de los años.

En el caso de Chile, como es bien sabido, hemos sufrido reveses bochornosos inscritos ya entre los pasajes más vergonzantes de nuestra historia. Así, por ejemplo, la detención de Pinochet en Londres que puso a toda la institucionalidad pos dictatorial que nos rige hasta hoy en su justo lugar. Entre las muchas miserias actuales debemos consignar el hecho de que el director de la Comisión Nacional de Acreditación encargado de fiscalizar la educación superior del país esté preso por corrupción, junto a un par de rectores de universidades.

Nuestro país parece haber perdido la capacidad de avergonzarse, en primer lugar, de sí mismo. Vivimos un estado de desvergüenza e impunidad en que se ha perdido el más mínimo sentido de la justicia y el decoro. Esto significa que cuestiones muy graves que en cualquier país moverían a escándalo se asumen en Chile como parte del paisaje en que habitamos.

Nuestro país parece haber perdido la capacidad de avergonzarse, en primer lugar, de sí mismo. Vivimos un estado de desvergüenza e impunidad en que se ha perdido el más mínimo sentido de la justicia y el decoro. Esto significa que cuestiones muy graves que en cualquier país moverían a escándalo se asumen en Chile como parte del paisaje en que habitamos. Todavía siguen pendientes muchos casos de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar. La falta de vergüenza corre paralela con la corrupción que permea a toda una sociedad. El caso “La Polar” es más que elocuente. No se puede reclamar un sentido del decoro cuando son, precisamente, los sinvergüenzas y los corruptos los protagonistas de los negociados, la política y los medios de comunicación.

En un país donde los pillos y sinvergüenzas se han entronizado, toda grandeza se convierte en bajeza, los derechos en negocio, lo inteligente es aquí mera astucia para enriquecerse a costa del prójimo. Esto arrastra a nuestra sociedad a un estado de indignidad y mediocridad como nunca antes, aunque insistan obstinados en mostrarnos cifras azules. Así, mientras los mercaderes y sus representantes hablan de estabilidad macro económica, muchos chilenos marchan en las calles del país, hastiados ya de un estado de cosas podrido hasta la médula, reclamando un Chile más justo.

 

Comentarios del artículo: Chile: decoro nacional - Publicado: a las 12:29 pm

Etiquetas: , , » Publicado: 03/12/2012

Cuando dos más dos no son cuatro

Más interesante, e importante, que los rostros que encarnen a las fuerzas democráticas es la convergencia de una mayoría capaz de cambiar el rumbo histórico del país. Para ello es indispensable plantearse un programa de cambios serios y profundos, incluido el cambio constitucional.

En política dos más dos no son cuatro, la mejor prueba de esta paradoja matemática es la actual oposición chilena. Un país donde la sensibilidad democrática y progresista ha sido mayoritaria desde hace un par de décadas, está hoy gobernado por una alianza de derechas, heredera directa de una dictadura militar. Hay muchas maneras de explicar esta situación, desde la falta de temeridad democrática para enfrentar los cambios profundos que Chile reclama hasta la falta de ideas nuevas capaces de movilizar a los votantes. Sin embargo, la más evidente es el lamentable espectáculo de dispersión de las fuerzas opositoras.

Los líderes de los diversos partidos se encuentran atrapados en una maraña de prejuicios, intereses y mediocridad que los condena, para alegría de la derecha, a una suerte de balcanización política. Sumidos en una guerrilla de declaraciones, lo único que acrecientan es su propio desprestigio.

La sucesión de escándalos que afectan tanto a los ámbitos financieros como a la acreditación educacional, entre otros, están mostrando que el “legado” pinochetista huele a podrido desde hace mucho. Chile se ha convertido en un país de negociados y corruptelas, un lugar donde las grandes empresas multiplican su fortuna y la gran mayoría de ciudadanos chapotea en la pobreza.

Los diversos “caciques” del juego político no han sido capaces de ponerse de acuerdo en cuestiones mínimas para un eventual programa que convoque a una mayoría democrática de chilenos. Por el contrario, los medios oficialistas facilitan gustosos sus páginas para darle protagonismo a toda idea corrosiva que debilite la unidad imprescindible de la oposición.

Toda la evidencia histórica nos muestra que los grandes cambios que se han dado en nuestro país han sido fruto de triunfos electorales capaces de conformar mayorías a todo nivel y que tales logros se han dado constituyendo conglomerados democráticos amplios e inclusivos. Durante el siglo XX, un buen ejemplo fue el gobierno de don Pedro Aguirre Cerda que inaugura un largo periodo modernizador. Los movimientos sociales no sólo constituyen un síntoma de los graves problemas que nos aquejan sino que también están dando un ejemplo de unidad y amplitud en su despliegue. Mientras los partidos políticos se debaten en bizantinas discusiones, los estudiantes y otros movimientos en el seno de la sociedad chilena adquieren inusitado protagonismo.

Más interesante, e importante, que los rostros que encarnen a las fuerzas democráticas es la convergencia de una mayoría capaz de cambiar el rumbo histórico del país. Para ello es indispensable plantearse un programa de cambios serios y profundos, incluido el cambio constitucional. La sucesión de escándalos que afectan tanto a los ámbitos financieros como a la acreditación educacional, entre otros, están mostrando que el “legado” pinochetista huele a podrido desde hace mucho. Chile se ha convertido en un país de negociados y corruptelas, un lugar donde las grandes empresas multiplican su fortuna y la gran mayoría de ciudadanos chapotea en la pobreza.

 

Comentarios del artículo: Cuando dos más dos no son cuatro - Publicado: a las 4:29 pm

Etiquetas: , , , , » Publicado: 07/11/2012

Yes we can, yes we try

Si Obama ha triunfado esta segunda vez, no es porque es el mejor sino, más bien, porque se trata, en términos generales y en el contexto local, del mal menor. De ambos candidatos es el único que asegura una mínima sensibilidad hacia las reformas y prestaciones sociales y una preocupación por el déficit fiscal de su país frente a poderes que superan el poder democrático del presidente.

El triunfo de Barack Obama, actual presidente de los Estados Unidos, pone en evidencia que, pese a todo, la oposición de derechas sigue siendo muy importante en esta primera potencia mundial. Por su importancia para los asuntos mundiales, hay un suspiro de alivio por esta prórroga en el mandato de Obama, pues su contendor Mitt Romney se advertía como una figura más amenazante y agresiva en cuestiones tan cruciales como el Oriente Medio o la actual crisis europea. El Obama 2012 ha perdido el “aura” que nimbaba su figura. Pero, por lo menos, todavía se le puede reconocer como un presidente que ha encabezado un gobierno sensato y sobrio que contrasta con las desmesuras republicanas del último Bush y con las propias declaraciones del aspirante Romney.

Se reconoce que la actuación del gobierno federal frente a la catástrofe provocada por la tormenta “Sandy” ha sido uno de los factores inesperados que el presidente Obama supo aprovechar con mucha astucia para adquirir una posición de liderazgo frente a su oponente. No obstante, es claro que muchas de las esperanzas y expectativas que se habían levantado en torno al líder demócrata han quedado atrás. Ya no estamos ante la promesa de un “Yes We Can” sino más bien ante un tímido intento de administración y reformas en medio de una crisis: “Yes We Try”.

Es claro que muchas de las esperanzas y expectativas que se habían levantado en torno al líder demócrata han quedado atrás. Ya no estamos ante la promesa de un “Yes We Can” sino más bien ante un tímido intento de administración y reformas en medio de una crisis: “Yes We Try”.

No podemos esperar grandes cambios en la política de Washington en los próximos meses. El de Obama es, ahora, un gobierno menos ambicioso e idealista, tanto en el plano doméstico frente a los republicanos como en el plano internacional, asediado por un horizonte de recesión mundial. La disminución de los gastos en defensa a través de la modernización de sus fuerzas armadas, la lucha contra el desempleo y la reactivación económica serán los grandes temas.

En la arena internacional, la cuestión más candente se va a resolver en Siria – Líbano, Israel e Irán, así como las relaciones con la eurozona. No se prevé un cambio fundamental respecto al gigante chino y todo indica un largo período de negociaciones comerciales y políticas. Desde esta perspectiva, América Latina está lejos de ser una cuestión sensible, salvo por el tema migratorio, considerando que el voto latino en varios estados ha sido decisivo en el triunfo de Obama; y, desde luego, la lucha contra los cárteles del narcotráfico apenas al otro lado de la frontera. Sin embargo, es innegable que esta parte del mundo ha dejado de ser una prioridad en la agenda del gobierno estadounidense. Ni siquiera Venezuela, tras la reelección de Chávez, aparece ya como una urgencia.

Si Obama ha triunfado esta segunda vez, no es porque es el mejor sino, más bien, porque se trata, en términos generales y en el contexto local, del mal menor. De ambos candidatos es el único que asegura una mínima sensibilidad hacia las reformas y prestaciones sociales y una preocupación por el déficit fiscal de su país frente a poderes que superan el poder democrático del presidente. Barack Obama, a pesar de todo, es todavía un presidente que goza de simpatías en el mundo y, quizás, lo más importante, es alguien con quien los más diversos líderes del mundo se pueden sentar a conversar sin sentirse avergonzados, y eso no es poco.

 

Comentarios del artículo: Yes we can, yes we try - Publicado: a las 4:48 pm

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 29/10/2012

La deserción de las masas

Si se quiere revestir de un mínimo de legitimidad las elecciones venideras es urgente introducir cambios importantes y radicales en nuestra institucionalidad. Hemos llegado a un punto de no retorno. Chile quiere otra democracia más participativa y justa.

La abultada cifra de abstenciones en la reciente elección municipal que supera las previsiones más pesimistas, no es un accidente ni un comportamiento caprichoso del electorado; se trata, qué duda cabe, de un inquietante síntoma político y social en el Chile actual. Es innegable que la cláusula del “voto voluntario” y la expansión del padrón electoral han contribuido a que se exprese con mayor fuerza un malestar difuso ante el presente estado de cosas en nuestro país.

No obstante, lo cierto es que antes de que se aprobara esta nueva modalidad había ya una masa muy significativa de no inscritos en los Registros Electorales, especialmente en los sectores juveniles. Más allá, entonces, de las explicaciones “técnicas” no se puede soslayar la cuestión de fondo: algo huele mal en nuestra “democracia” y desde hace mucho tiempo.

Hemos asistido a un terremoto político que no puede dejarnos indiferentes, pues nos guste o no, el malestar ciudadano va a buscar cauces de expresión tarde o temprano.

La idea ingenua de que el voto le ganaría a la calle ha sido desmentida por los hechos. La voz de la calle comienza a reflejarse en el rito eleccionario de una institucionalidad malsana, y lo hace, paradojalmente, como silencio, ausencia y deserción. Quienes se abstuvieron lo han hecho porque se sintieron obligados a escoger entre candidatos designados por mafias políticas: el acto mismo de votar se ensució y perdió toda dignidad democrática en el actual orden constitucional. La abstención amplia marca un punto de inflexión que debiera hacer meditar a la clase política, pues las actuales reglas del juego ya no satisfacen a una amplia mayoría.

El panorama que se abre ante las presidenciales del próximo año es más que inquietante e incierto. Si se quiere revestir de un mínimo de legitimidad las elecciones venideras es urgente introducir cambios importantes y radicales en nuestra institucionalidad. Hemos llegado a un punto de no retorno. Chile quiere otra democracia más participativa y justa que nos represente a todos y no este adefesio pinochetista que nos ha conducido a la nefasta situación en que está sumida la política entre nosotros. Insistir en mantener el actual orden constitucional sólo profundiza el divorcio entre la sociedad y una clase política que dice representarla.

La cifra de abstención es una suerte de sismógrafo que muestra el grado de desprestigio en que han caído los políticos y la política tal y como se practica en Chile hoy. Hemos asistido a un terremoto político que no puede dejarnos indiferentes, pues nos guste o no, el malestar ciudadano va a buscar cauces de expresión tarde o temprano. El veredicto de la ciudadanía es claro y rotundo: el diseño político inaugurado en los noventas y que se ha proyectado hasta la fecha ha dejado de funcionar y ya no convoca a las mayorías. Cuando una mayoría importante de ciudadanos le vuelve la espalda a la clase política que quiere representarla, como ha acontecido hoy, es hora de pensar en una nueva democracia con una nueva constitución.

 

Comentarios del artículo: La deserción de las masas - Publicado: a las 3:26 pm

Etiquetas: , , , , » Publicado: 19/10/2012

Las callecitas de Buenos Aires

Como suele ocurrir, la riqueza de un país no radica en sus instalaciones ni en su rica arquitectura, el verdadero tesoro de un país es su gente. La gran riqueza de este gran país es su hermoso pueblo.

Sí, hay que decirlo, la ciudad de Buenos Aires tiene “algo” que no es fácil asir y, mucho menos, descifrar. Cada ciudad es un mundo, con sus esquinas, sus bares y cafetines, pero sobre todo, con su gente. La postal de la capital argentina es el Obelisco o la noche iluminada de Corrientes; es la Casa Rosada, Palermo y el barrio de la Boca. Son sus sabrosos lugares de pizza y bife chorizo, es el Fernet amargo que como tantos tangos nos recuerdan que estamos en la París de América.

En esta capital se mezclan los tiempos, hay algo de nostalgia en su atmósfera. El Tortoni ofrece no sólo un buen café sino un pequeño museo de las figuras literarias que alguna vez lo visitaron desde hace ya más de un siglo. Al fondo, un Borges añoso y cabizbajo comparte la mesa con la Storni y, cómo no, Carlitos Gardel, todos muy bien vestidos y sonrientes… Buenos Aires multiplica sus recuerdos en coloridas estatuas que parecen materializar un imaginario que se respira; así, en un balcón de la Boca, Evita y Perón comparten el estrado con el Diego.

Argentina ha querido ser desde siempre el espejo de Europa entre nosotros. En busca de su sueño ha llegado a ser lo que es, Argentina: Fútbol, tango y Borges y Cortázar y Sábato y Piazzolla y Evita y el Diego y Charly (cuento aparte); un país con matices únicos, irrepetibles, originales y queribles. Argentina.

Un poco más al norte, Palermo despliega esa elegancia de estilo europeo que contrasta con el nuevo espíritu neoliberal que se erige insolente en Puerto Madero con sus rascacielos y locales cosmopolitas. Ya en el centro, los teatros dan vida a la calle Corrientes donde un Gasalla nos invita a su último estreno, abajo en la esquina, algo nos parece familiar… es TVcompras (www.llameya.com). Buenos Aires de noche nos encanta con sus luces de colores, aunque en muchas de sus callejuelas no es raro adivinar bultos que duermen entre cartones y basura.

Al alejarnos un poco de la ciudad, el encanto seductor de París va cediendo su lugar a una realidad que nos resulta mucho más conocida. Cientos de edificios habitacionales alejados del centro y de los sueños, entre ellos, la otra ciudad, la Ciudad Oculta, donde los cientos de miles de “villeros” hacen su dura vida y su destino. Una advertencia: “Yuta, si entrás, no salís”. Finalmente, volvemos a sentir que estamos en América Latina y que más allá del sueño parisino de primer mundo, lo cierto es que los pobres abundan y la mayoría son hinchas de Boca Juniors.

Como suele ocurrir, la riqueza de un país no radica en sus instalaciones ni en su rica arquitectura, el verdadero tesoro de un país es su gente. La gran riqueza de este gran país es su hermoso pueblo. Hay que ser argentino para “bancarse” su confusa política, pero basta estar entre ellos para sentir su “actitud”, su buen humor, su amistad. Hay algo que aprender de los argentinos. Argentina ha querido ser desde siempre el espejo de Europa entre nosotros. En busca de su sueño ha llegado a ser lo que es, Argentina: Fútbol, tango y Borges y Cortázar y Sábato y Piazzolla y Evita y el Diego y Charly (cuento aparte); un país con matices únicos, irrepetibles, originales y queribles. Argentina.

Comentarios del artículo: Las callecitas de Buenos Aires - Publicado: a las 1:53 pm

Etiquetas: , , , » Publicado: 05/10/2012

Perfume de mujer

No es necesario consultar el horóscopo para advertir que las movilizaciones sociales han llegado para quedarse y que el clima político en nuestro país está cambiando drásticamente.

Resulta interesante constatar cómo un tema político, desdeñado hasta hace muy poco como algo irrealizable, ha adquirido carta de ciudadanía en amplios sectores sociales: la Asamblea Constituyente. Cuando un tema de este calibre se instala en la agenda política del país, todos los actores relevantes se sienten obligados a pronunciarse en un sentido u otro, convirtiéndose en una de las cuestiones insoslayables que deberá ser abordada por los próximos candidatos presidenciales de todos los signos.

En esta segunda década del siglo XXI, es claro que aquel orden constitucional concebido para la eternidad ha comenzado a dar muestras de fatiga. El diagnóstico es compartido por distintos sectores de izquierda, centro e, incluso, de derechas: la política en Chile está funcionando mal y ha generado una aversión de gran parte de la población hacia la política y hacia los políticos. El tinglado institucional de nuestro país ha puesto en evidencia su incapacidad para hacer frente a los complejos problemas que comienzan a manifestarse por doquier.

La derrota de la Concertación, finalmente, ha significado el más rotundo fracaso de un régimen de “mediación” que prolongó el diseño político institucional dictatorial y el modelo neoliberal en un marco democrático de muy baja intensidad. La pretensión de reeditar este diseño político, sería una suerte de “remake” con perfume de mujer, cuyo horizonte no puede ser otro que postergar los reclamos democráticos expresados en las calles. En el mediano plazo, una Asamblea Constituyente pareciera una solución viable y necesaria…

Ante los preocupantes síntomas que se advierten, lo sensato es tomar la iniciativa y abrir caminos hacia una asamblea de ciudadanos. Una nueva constitución es la oportunidad para profundizar la democracia, legitimar sus instituciones y abrir cauce a una real modernización en Chile. La actual institucionalidad impuesta por un régimen de facto no es viable en el largo plazo; si bien no resulta del todo evidente para algunos, la única cuestión política inteligente en torno a un cambio constitucional es el “cuándo”.

El proceso puede ser dilatado por algún tiempo mediante la demagogia y reformas cosméticas, pero no nos engañemos, la historia ya ha señalado una tendencia nítida: Chile reclama otra democracia más inclusiva y más justa. No es necesario consultar el horóscopo para advertir que las movilizaciones sociales han llegado para quedarse y que el clima político en nuestro país está cambiando drásticamente. Es paradojal que haya sido necesario un gobierno de derechas para advertir en toda su magnitud y profundidad la debilidad del reformismo concertacionista.

La derrota de la Concertación, finalmente, ha significado el más rotundo fracaso de un régimen de “mediación” que prolongó el diseño político institucional dictatorial y el modelo neoliberal en un marco democrático de muy baja intensidad. La pretensión de reeditar este diseño político, sería una suerte de “remake” con perfume de mujer, cuyo horizonte no puede ser otro que postergar los reclamos democráticos expresados en las calles. En el mediano plazo, una Asamblea Constituyente pareciera una solución viable y necesaria para cambiar la historia de Chile en el presente siglo.

Comentarios del artículo: Perfume de mujer - Publicado: a las 1:08 pm

Etiquetas: , , , , » Publicado: 21/08/2012

Camila, yo te amo

Como en todas las empresas históricas, y esta lo es qué duda cabe, se mide la estatura política de sus líderes. Saber que detrás de estos dirigentes estudiantiles están las siluetas de miles de niños de familias pobres que esperan mucho más de su país le confiere a las protestas estudiantiles una estatura moral que no hemos visto en el país por varias décadas.

Cuando una nación está gobernada por unos pocos, unas cuantas familias poseedoras de gran parte de la riqueza, se puede hablar con propiedad de una forma política oligárquica. Advirtamos que riqueza no es sinónimo de capital, por tanto ha habido en la historia oligarquías no capitalistas. De hecho, en la historia de Chile durante la segunda mitad del siglo XIX se produce una apropiación y reinvención del imaginario burgués “moderno” que había cristalizado en París, precisamente, por una oligarquía que podríamos calificar de pre-capitalista, dando como resultado un híbrido que se ha llamado “modernidad oligárquica”. Lo interesante de la cuestión es que, aun cuando lo oligárquico es una forma política reconocida desde la antigüedad, es también un imaginario histórico social que atraviesa toda la cultura de una sociedad.

En nuestro país se puede rastrear el “imaginario oligárquico” en la prensa periódica de la época, pero también en la disposición espacial de barrios y en la arquitectura de la capital como una cierta “ecología de clases” que separa un Santiago ilustrado, cristiano y opulento de aquellos arrabales que don Benjamín Vicuña Mackenna calificó como un verdadero “potrero de la muerte”. La ciudad pobre no es concebida sino como un “injerto”, sólo sujeta a medidas de higiene, control policial y al negocio inmobiliario. Fue este imaginario el que adquirió plena vigencia a fines del siglo XIX, tras la derrota de Balmaceda, y hasta las primeras décadas del siglo XX. Entre nosotros, la oligarquía se expresó a través del llamado “mito aristocrático”, una narrativa que limita con el “ocio”, el “buen tono”, el “dinero”, el “linaje”, el “apellido”, la “raza” y una visión muy particular del poder como una extensión natural de sus prerrogativas.

En el Chile de hoy, se puede afirmar que, efectivamente, estamos sumidos en un “neoliberalismo oligárquico”, donde un puñado de familias concentra el poder y la riqueza del país. Los vértices de la narrativa de derechas siguen siendo, en lo fundamental, los mismos; todavía importa entre nosotros el apellido, la raza y, desde luego, el dinero.

El “imaginario oligárquico”, sin embargo, nunca nos ha abandonado del todo, al igual que la pátina en las estatuas de bronce, se adhiere de modo natural a cierto pensamiento conservador hasta nuestros días. De algún modo, la dictadura militar de Pinochet, alimentó e instrumentalizó este imaginario en el seno de una oficialidad, tan arribista como ritualista, para investir la ignominia de un “aura” de imposible decencia. En el Chile de hoy, se puede afirmar que, efectivamente, estamos sumidos en un “neoliberalismo oligárquico”, donde un puñado de familias concentra el poder y la riqueza del país. Los vértices de la narrativa de derechas siguen siendo, en lo fundamental, los mismos; todavía importa entre nosotros el apellido, la raza y, desde luego, el dinero.

La misma “ecología de clases” que detectamos en el paisaje urbano como ordenamiento topológico se advierte en la distribución de los establecimientos educacionales y en lo que podríamos llamar una “ecología educacional de clases”, una historia que está por escribirse. La educación en nuestro país, es, ha sido y sigue siendo un sistema educacional marcadamente clasista, subordinada a un cierto “imaginario oligárquico” que bajo nuevos rostros sigue excluyendo a quienes no se reconocen entre los privilegiados. Esta exclusión opera tanto a nivel de jardines infantiles, colegios básicos, secundarios y universidades. La educación prescribe un trayecto para los oligarcas, un trayecto para sectores medios y otro para pobres. Si bien existen prácticas filantrópicas para tranquilizar las conciencias públicas y privadas, lo cierto es que estamos muy lejos de ser una “sociedad abierta” donde la movilización social sea una realidad. Como en un régimen de “castas”, se estudia para gerente, se estudia para funcionario, se estudia para trabajador en el mejor de los casos.

Una de las paradojas que vive el país bajo un gobierno de derechas es, justamente, la imposibilidad de avanzar hacia el despliegue de todas las fuerzas productivas del capitalismo que, dicho en términos marxistas, significaría una “revolución democrática burguesa”, por sus limitaciones culturales ancladas en la mitología conservadora. El “imaginario oligárquico” no sólo significa la imposición de condiciones miserables hacia los trabajadores y el mantenimiento de formas políticas arcaicas heredadas de una dictadura sino, y muy especialmente, un lastre a la posibilidad misma de dinamizar su propio proyecto tecno económico, y la imposibilidad de avanzar hacia diseños políticos más democráticos. Esta contradicción cultural del “neoliberalismo oligárquico” lo torna políticamente inepto e incapaz de ir más allá de sus propios límites y prejuicios. Esta parálisis congénita de la que adolece la derecha le impide concebir la educación como un derecho de todos los chilenos.

La nueva percepción y participación política

Llama la atención que mientras la noción de “clase” ha sido expurgada del imaginario de la masa de consumidores, cualquier especialista en marketing conoce de memoria la categorización de “públicos” ABC 1, C2 etc. Esto significa que subjetivamente no hay una conciencia plena del lugar social que se ocupa, ese lugar ha sido reemplazado por la autoconciencia de tipo narcisista, exaltando el “individualismo”; aunque objetivamente, somos sujetos de estrategias altamente estratificadas de mercadeo. Este fenómeno psicosocial se traduce en la emergencia del llamado “consumidor” que desplaza del espacio público al “ciudadano” De este modo, los nuevos públicos se comportan como “consumidores” en un mercado incluso frente a las elecciones políticas. Por ello, la propaganda política adquiere la fisonomía del “marketing político” en el cual, como se sabe, un candidato es un producto y un partido una marca. La gran masa de “consumidores” sumergidos en el nuevo imaginario y despojados de una conciencia social e histórica del lugar que ocupan, instituyen un clima de aparente de “individualismo igualitario”, el llamado “homo aequalis”

Si todos somos “consumidores”, todos somos iguales. De alguna manera, el espacio público se ha transformado en un gran “supermercado”. Esto posee consecuencias inmediatas en el ámbito político, no solo en relación a los procesos electorales sino en los comportamientos relativos a los reclamos y demandas. Los reclamos de los “consumidores” ya no obedecen a grandes relatos ideológicos y mucho menos a una regimentación partidista, se constata más bien una fragmentación en lo diverso y un flujo laxo que adquiere densidad episódica frente a puntos concretos. Si bien algunos signos de antaño persisten, lo hacen solo como guiño estético contestario; así, el rostro del Ché estampado en una camiseta o cierta música “contestataria rétro” que inunda algunos ambientes.

Ante una realidad como la descrita es fácil confundirse y decretar sin más una desaparición de lo político y el fin de la historia. Nada más alejado de la realidad. Digamos, de partida, que la situación actual es, en primer lugar, un momento histórico que entraña, de suyo, una dimensión política y social. La mejor muestra de ello, lo constituye, precisamente, el desarrollo de las manifestaciones estudiantiles. La cuestión, entonces, es establecer la “singularidad” política y social de este momento. La pregunta adecuada debiera apuntar hacia las nuevas condiciones creadas cuando el capital se hace lenguaje, cuando sus imágenes prescriben y ordenan la nueva subjetividad de los “individuos”, esculpiendo un nuevo “carácter social” en el Chile actual.

Un principio de respuesta a la interrogante planteada la han entregado las movilizaciones estudiantiles. Las nuevas generaciones de estudiantes han irrumpido en el escenario nacional “seduciendo” y “comunicando”  sus demandas y con ello “lo político” hoy. Notemos cómo las cualidades inmanentes a los productos del mercado, su condición de “efímeros” o de temporada que exigen el cambio constante, su capacidad de “seducción” y, por último, la “diferenciación marginal” o la cualidad de novedosos, todas están contenidas en las protestas de estudiantes. Las protestas estudiantiles han “invertido” la lógica del “marketing”; las movilizaciones invierten el vector utilitarista y mercantil, “des – automatizando la percepción y la participación política”. Si el mercadeo “domestica” a la muchedumbre, “automatizando” su percepción y regimentando su imaginario, la protesta procede de manera exactamente inversa. Si antaño lo político se manifestaba desde el discurso deliberativo, sintagmático, apelando a la “convicción”, en el presente, la acción y la imagen de la acción es “seducción”  Esto nos lleva a la inquietante sospecha de que lo político bien puede cristalizar, ya no como un discurso lógico-argumentativo sino como “experiencia estética radical” “Happening”, nueva forma de percepción y participación política.

Camila yo te amo

Cada vez que en las movilizaciones de estudiantes escuchamos los gritos por una educación pública, gratuita y de calidad, se está impugnando una “ecología educacional de clase” que, en nuestro país, tiene ya más de 2 siglos de existencia. Si establecemos la analogía con el espacio urbano, podríamos decir que existe una ciudad opulenta, cristiana e ilustrada en que un estudiante tiene asegurada una educación de calidad desde el “Kindergarten” hasta alguna prestigiosa universidad europea o norteamericana, en tanto que en el “potrero de la muerte”, la deserción escolar, el embarazo precoz y la drogadicción son el preámbulo de una vida mínima y marginal. Hasta hoy, las diversas medidas en el ámbito educacional no han hecho sino reproducir en cada nueva cohorte las mismas desigualdades, el trágico destino de miles de niñas y niños de este país al que se les ha negado sistemáticamente cualquier otra posibilidad. En el límite, se trata de una decisión política postergada desde siempre y moralmente inaceptable.

La aparición de una figura emblemática como Camila Vallejos ha logrado darle un rostro tan hermoso como lúcido al reclamo estudiantil. Ella junto a sus compañeros tienen todavía un largo camino por recorrer, un camino no exento de riesgos y dificultades. Sin embargo, las movilizaciones estudiantiles constituyen ya un primer paso en la dirección correcta. Como en todas las empresas históricas, y esta lo es qué duda cabe, se mide la estatura política de sus líderes. Saber que detrás de estos dirigentes estudiantiles están las siluetas de miles de niños de familias pobres que esperan mucho más de su país le confiere a las protestas estudiantiles una estatura moral que no hemos visto en el país por varias décadas. Despertar a un pueblo para restituir la justicia social allí donde ha sido pisoteada es una de las cotas más altas a la que puede aspirar un ser humano. Camila yo te amo.

Comentarios del artículo: Camila, yo te amo - Publicado: a las 2:14 pm

Etiquetas: , , , » Publicado: 14/08/2012

Movimiento estudiantil: del liceo a las redes

El movimiento estudiantil ha puesto sobre el tapete la condición esquizofrénica en la que estamos sumidos; por un lado, una clase política que administra un modelo de país por más de dos décadas en un mundo cada vez más distante y ajeno a la realidad cotidiana de la mayoría de la población y, por otro lado, la irrupción de un movimiento social que muchos se resisten a ver.

Los estudiantes chilenos están dando cuenta de profundos cambios culturales en el seno de una “sociedad de consumidores” que, lejos de abolir lo político, más bien transforman su modalidad de expresión cuyas aristas lindan con la performatividad, la visualidad y el espectáculo mediático. Así, la comunicación y el consumo constituyen los elementos centrales de cualquier análisis del presente. Las manifestaciones estudiantiles se han convertido en espacio de expresividad, espacio de lo diverso.

Es interesante tomar nota sobre la escenificación de las protestas de estudiantes. En ella comparece, desde luego, todo el aparato policial dispuesto para ello. Destacamentos uniformados, motorizados, una verdadera  tecno burocracia cuya “expertise” no es otra que la represión. De este modo, piquetes especializados, reconocidos como “Fuerzas Especiales” (FFEE) o como “Grupo de Operaciones Policiales Especiales” (GOPE), constituyen las herramientas policiales antidisturbios que despliegan la autoridad ante los estudiantes. Éstos, por su parte, no reconocen ningún “Dress Code” prescrito para la ocasión. La mayoría se inscribe en la lógica del “Jeans” y el “Hoodie”, ambas prendas se encuentran en cualquier escaparate y responden más bien a cierta “moda juvenil” promovida por la publicidad. Sin embargo, el “Hoodie”, un polerón con capucha, ha llegado a convertirse en un símbolo global de la rebeldía y la protesta.

Las protestas estudiantiles han mostrado una clara tendencia hacia la radicalización, alejándose de la tradición partitocrática. Tanto así que el indiscutible liderazgo de Camila Vallejos ha sufrido más de un traspié entre sus pares. No obstante, no todo está dicho y el propio desarrollo político del movimiento estudiantil decantará nuevas tendencias y líderes en el futuro. Lo que resulta claro, y hasta indiscutible, es la estatura de la demanda. Movilizar a más de cien mil jóvenes en pos de una educación pública gratuita y de calidad  frente a un estado subsidiario y cautivo de la hegemonía neoliberal es, fuera de discusión, un logro histórico.

El código vestimentario que opone a la policía y los estudiantes pareciera mostrar algo mucho más profundo que una manera de presentación. Al observar estudiantes sin uniforme, se advierte una renuncia a la uniformidad en todos los dominios. En otras palabras, la muchedumbre variopinta da buena cuenta de dos fenómenos concomitantes: una protesta contra la burocratización uniforme de un sistema educacional normalizado y, al mismo tiempo, el reconocimiento tácito de la individualidad como instancia de legitimación.

La renuncia al “uniforme” es, en el caso de los estudiantes un gesto político, mientras que en el aparato policial es, apenas, una astucia cada vez que algún “funcionario de civil” se infiltra entre los estudiantes como parte de su trabajo de inteligencia. Los estudiantes y la policía se yuxtaponen como dos vectores culturales que apuntan en direcciones opuestas. De una parte, “Orden y Patria”, esto es: territorialidad, estado nacional, burocracia verticalista, orden dirigista, fuerza; de la otra, desterritorialización, mundo global, asambleísmo, participación y movimiento estudiantil.

Las instituciones políticas, y las policiales en particular, hablan desde la Declaración que estatuye, impone y defiende un presunto orden o ley. Los estudiantes se instalan en el plano de la Expresión, esto es, aquellas formas que privilegian la subjetividad, el diálogo y la participación. Esta misma oposición se hace extensiva a los diversos partidos políticos que, en tanto instituciones políticas adscriben a la lógica burocrática de la militancia y el carácter declarativo que lo constituye.

Del liceo a las redes

La divergencia entre las instituciones sociales, la “polis”, y una cierta atmósfera cultural o “ethos” pone en evidencia, en primer lugar, la profunda asimetría que se está produciendo en nuestra sociedad entre el dominio cultural y el orden político. La cuestión admite muchas lecturas posibles, sin embargo, se podría argumentar que las instituciones sociales han sido superadas por la dinámica cultural.

En principio, las instituciones existen para ordenar y regular las prácticas sociales en determinados periodos históricos. Sin embargo, durante los últimos años ha emergido un nuevo espacio en que se verifica un nuevo tipo de prácticas y relaciones sociales. Este desplazamiento ha dejado obsoletas a las instituciones y ha instituido “prácticas inéditas” y en el límite, “nuevos modos de socialización”  Nos asiste la sospecha de que en una sociedad en que la “Comunicación mediada por computador” (CMC) se va tornando hegemónica, irrumpen nuevas maneras no sólo de comunicarse-relacionarse sino, también, matrices inéditas de organización, participación y movilización social.

Si nuestra hipótesis está en lo correcto, la comunicación centralizada y vertical de antaño, el llamado “modelo comunicacional Broadcast” propio de la Guerra Fría, alimentó una cultura del mismo jaez. En la actualidad, el “modelo comunicacional Podcast” plantea más bien la horizontalidad, la personalización y el diálogo de todos con todos. Esto explicaría, en parte, el hecho de que las movilizaciones estudiantiles no se fraguan ni se coordinan en los vetustos liceos sino en las redes sociales digitalizadas. Podríamos aventurar que las nuevas matrices culturales derivadas de los modos relacionales en red se plasman en nuevas formas de organización juvenil, más proclive al asambleísmo Podcast que a la tradición burocrática de los partidos políticos.

El liceo en Chile y en gran parte de América Latina se inscribe en la tradición napoleónica quien creó en 1802 el “Lycée” con el claro propósito de formar a la élite de la nación. El liceo adquirió pertinencia en nuestro continente como parte del proyecto ilustrado republicano, convirtiéndose en un dispositivo central de la llamada “modernidad oligárquica”. Hasta bien entrado el siglo XX, tales instituciones de enseñanza administraron el sistema educacional secundario, extendiendo lentamente su cobertura desde las familias aristocráticas hacia una creciente clase media.

Se trataba de establecimientos públicos y laicos de dependencia estatal que regulaba la tímida movilidad social de aquellos años. Lo que nos interesa destacar es que se trataba de instituciones sociales verticalistas y dirigistas, centralizadas en una rectoría que sustentaba un orden. Durante la primera mitad del siglo XX y en el contexto de lo que se ha llamado un Estado Nacional Democrático Popular, la organización de los estudiantes cristalizaba en los Centros de Alumnos y en una Federación de Estudiantes Secundarios. Hagamos notar que tales formas de organización eran, por lo general, tuteladas por los diversos partidos políticos representados a través de su rama juvenil, al punto de que muchos dirigentes políticos actuales se iniciaron en la FESES.

Si bien en la actualidad subsisten formas de organización estudiantil análogas a las de otrora, no es menos cierto que su quehacer ha sufrido grandes mutaciones. Se constata un debilitamiento de la relación entre la organización estudiantil y los partidos políticos, asimismo se advierte una expansión de expresiones radicales que afirman el carácter performativo del movimiento. Las nuevas formas de relación–participación estudiantil se verifican en el ciberespacio, es allí donde coordinan las acciones y se establecen los nexos que luego se escenifican en el espacio urbano. Las redes sociales constituyen, de hecho, una suerte de “asamblea permanente”,  garantizada por la horizontalidad y la conexión constante. De tal manera que la irrupción de nuevas modalidades comunicacionales prefiguran nuevas prácticas sociales y políticas que movilizan a cientos de miles de estudiantes en el espacio público.

No al lucro

La resistencia a militancias duras no significa, en absoluto, que los estudiantes no expresen con meridiana claridad sus puntos de vista políticos. Se advierte una proliferación de movimientos a la izquierda de la izquierda tradicional. Más que una “enfermedad infantil del izquierdismo”, como advirtiera Lenin, más bien estamos ante una modalidad de pensar y hacer política que excede los marcos normativos de un partido más tradicional, una modalidad performativa. Si observamos el énfasis en el despliegue de la subjetividad y el anhelo de acción sin dilaciones ni mediaciones, se entiende por qué las posiciones más radicales de corte anarquista, fundamentadas en una matriz liberal, adquieren inusitada relevancia entre los estudiantes, en clara oposición a las tesis tradicionales de la izquierda ortodoxa.

Las protestas estudiantiles han mostrado una clara tendencia hacia la radicalización, alejándose de la tradición partitocrática. Tanto así que el indiscutible liderazgo de Camila Vallejos ha sufrido más de un traspié entre sus pares. No obstante, no todo está dicho y el propio desarrollo político del movimiento estudiantil decantará nuevas tendencias y líderes en el futuro. Lo que resulta claro, y hasta indiscutible, es la estatura de la demanda. Movilizar a más de cien mil jóvenes en pos de una educación pública gratuita y de calidad  frente a un estado subsidiario y cautivo de la hegemonía neoliberal es, fuera de discusión, un logro histórico.

El reclamo estudiantil no puede ser resuelto en el marco judicativo que nos rige actualmente. Es claro que mientras se mantenga vigente la constitución sancionada por la Junta Militar en la década de los años 80 del siglo pasado, no existe posibilidad alguna de modificar sustancialmente el sistema educacional chileno. Esto no es un secreto para nadie, por lo tanto, la demanda estudiantil resulta ser el más radical desafío al orden neoliberal vigente, en cuanto pone en entredicho todo el andamiaje constitucional en que se sostiene el Chile actual. En este sentido, el movimiento estudiantil es visto como una amenaza no solo por el gobierno de derechas sino, también, por el resto de la clase política que se ha constituido a la sombra de la herencia dictatorial.

Se ha pretendido comparar este movimiento estudiantil con aquel de París 1968, se sostiene que alcanzado cierto ingreso per capita surgen demandas de país “desarrollado” como en la Francia de los sesenta. La comparación resulta más que forzada y falaz, pues a diferencia de la Europa de aquellos años en nuestro país vivimos, apenas, una democracia de muy baja intensidad y un sistema económico que excluye a la mayoría de la población. Chile es un país de gente modesta en que más del 60% de su población sobrevive difícilmente. No hay punto de comparación entre el mundo desarrollado y las precarias condiciones en que se desenvuelve la mayoría de los chilenos, incluido el sistema educacional. Contrariamente a lo que se pretende, Chile muestra los signos de una sociedad profundamente desigual e injusta en que un puñado de familias concentra gran parte de la riqueza, una sociedad, a diferencia de la francesa, donde el estado ha abandonado funciones tan relevantes como la salud, la previsión social y, ciertamente la educación. El meollo del malestar de los estudiantes, y así lo han proclamado, es entender un derecho fundamental como un “bien de consumo”, esto es, la consagración del lucro y la mercantilización de los derechos básicos de un pueblo.

El movimiento estudiantil chileno no es un plagio ni ha nacido de “torpedos”, es una experiencia histórica nueva que nace de un contexto histórico muy concreto, la perpetuación de un orden injusto creado por una dictadura que se prolonga con la complicidad de sus herederos. De allí la tremenda importancia del reclamo juvenil, pues, en definitiva, es la más clara demanda política planteada estos últimos años y que supera con creces el clima de corrupción y demagogia que caracteriza a nuestra clase política: No al lucro

Examen final

No es tiempo de apresurar conclusiones, los movimientos sociales no se despliegan ni se desarrollan de manera mecánica. Por ahora, contentémonos con caracterizar sus singularidades y celebrar la justicia y estatura de sus demandas. Las protestas estudiantiles convocan a un país entero, la cuestión planteada es sobre la educación, según hemos señalado, nos lleva a la pregunta de fondo sobre qué país queremos vivir en el porvenir.

El movimiento estudiantil ha puesto sobre el tapete la condición esquizofrénica en la que estamos sumidos; por un lado, una clase política que administra un modelo de país por más de dos décadas en un mundo cada vez más distante y ajeno a la realidad cotidiana de la mayoría de la población y, por otro lado, la irrupción de un movimiento social que muchos se resisten a ver. Dos visualidades en competencia, un país oficial construido por los medios ad nauseam, imágenes idílicas de consumo exentas de cualquier contenido político donde un estudiante es sinónimo de delincuente… Un país no oficial, el país de las nuevas generaciones, hastiadas ya de tanta demagogia.

Comentarios del artículo: Movimiento estudiantil: del liceo a las redes - Publicado: a las 4:30 pm

Etiquetas: , , , , » Publicado: 08/08/2012

Ecuación política

Después de las movilizaciones sociales del año pasado, se puede afirmar que algo ha cambiado en el ánimo y las expectativas políticas de los chilenos. Aquellas candidaturas que logren mayor empatía con las demandas de cambio expresadas en las calles serán, muy probablemente, las más favorecidas.

La figura de Bachelet sigue siendo la incógnita de una ecuación política que sigue pendiente. La incertidumbre no se puede resolver hasta que la ex Mandataria se pronuncie de manera abierta sobre su intención de participar en las próximas elecciones presidenciales. Sin embargo, se pueden hacer algunas consideraciones ante tal eventualidad que bien debieran ser tenidas en cuenta por sus seguidores y por sus detractores.

Pareciera indispensable que el nombre Bachelet debiera ser sancionado por elecciones primarias al interior mismo de la Concertación. Con ello se disiparía la sensación de que todo se trata de un arreglo cupular sin el consentimiento explícito de las bases. Una segunda cuestión tiene relación con el emplazamiento de la ex Presidenta en el actual panorama político chileno. Las encuestas indican que el desprestigio del actual gobierno de derechas no significa, de buenas a primeras, un fortalecimiento de la oposición.

Es claro que la Concertación de Partidos por la Democracia aparece hoy como un conglomerado dividido, debilitado y de baja convocatoria. En síntesis, la actual Concertación no es, precisamente, una agrupación que dé garantías de gobernabilidad democrática.

Desde otro punto de vista, hay dos claras tensiones en la eventual candidatura de la señora Bachelet. La primera puede enunciarse como la dicotomía Bachelet–Concertación. En efecto, la actual funcionaria de la ONU aparece con un apoyo del 42% en los últimos sondeos, pero es claro que la Concertación de Partidos por la Democracia aparece hoy como un conglomerado dividido, debilitado y de baja convocatoria. En síntesis, la actual Concertación no es, precisamente, una agrupación que dé garantías de gobernabilidad democrática.

La segunda tensión se relaciona con el carácter “retro” de la gestión concertacionista. De hecho, se puede alegar que muchas de las demandas expresadas por los movimientos sociales hoy no son sino el resultado de aquello que no hizo la Concertación durante 20 años en el gobierno. De este modo, el nombre Bachelet deberá superar la idea de un “retorno al pasado”, con toda su carga de malas prácticas. Este punto es clave si consideramos que en las próximas elecciones  se suman varios millones de nuevos electores al padrón electoral.

Después de las movilizaciones sociales del año pasado, se puede afirmar que algo ha cambiado en el ánimo y las expectativas políticas de los chilenos. Aquellas candidaturas que logren mayor empatía con las demandas de cambio expresadas en las calles serán, muy probablemente, las más favorecidas. Si bien las encuestas se focalizan en las figuras de algunos personajes, quizás haya llegado el momento de introducir el primer cambio y volver a los “programas de gobierno”. Finalmente, los temas en discusión, reformas constitucionales de fondo en los dominios de la educación, la tributación, la salud y la regionalización, entre tantos, no se resuelven, por lo menos no del todo, con la sonrisa maternal de una candidata.

Comentarios del artículo: Ecuación política - Publicado: a las 2:24 pm

Etiquetas: , , » Publicado: 02/08/2012

El eclipse de Venus

En nuestra retina hay “un punto ciego” del cual no somos conscientes. Del mismo modo, en el fondo de nuestro pensamiento existe un punto oscuro que al igual que el planeta Venus se nos aparece, a veces, eclipsando la altiva razón.

La magia de las nuevas tecnologías ha hecho posible observar un fenómeno celeste en “vivo y en directo”. Hemos visto transitar el planeta Venus frente al sol, alineado con la Tierra el 5 de junio de este año. Apenas un punto negro recortándose contra la luz enceguecedora del sol. No es necesario ser astrónomo para saber que no somos nada distinto. Nuestro planeta entero es, también, observado desde Marte, un punto oscuro que atraviesa nuestra estrella.

Hay un extraño sentimiento, no exento de secreto pavor, saberse el habitante de un punto suspendido en el vacío, vagando alrededor de la luz. Rara vez pensamos estas cosas, sumidos como estamos en el despertador, las cuentas por pagar o aquella reunión tan importante que nos reclama a primera hora. La curiosidad y el deslumbramiento extático lo hemos relegado a nuestros primeros años. Es en la infancia cuando asistimos embobados al espectáculo del mundo y nos hacemos esas preguntas fundamentales, la mayoría de las cuales solo tienen como respuesta un signo de interrogación.

Observo aquel lejano planeta que nos recuerda nuestro lugar en este universo y vuelvo, sabiendo que una parte de mí se quedó en otra parte y que ya no volveré a ser el mismo, sí, vuelvo a mis tareas cotidianas…

Es en la infancia, empero, cuando cristaliza en nosotros la conjunción de un pensar-ver, pensar-imaginar, pensar-sentir… Es la niñez la que nos regala las preciosas horas en que el pensamiento nos lleva al límite y nos muestra con nitidez el prodigio de prodigios, la capacidad humana de instalarse, precisamente, “allí”. Esta “experiencia fundamental” será más tarde pervertida por la cultura en la que nos toca nacer, convirtiendo en mero discurso ese universo vasto que avizoramos un día. Así, todo dogma encarcela el precioso tesoro que late en cada uno de nosotros. Sin embargo, detrás de tanto discurso pseudo espiritual, en rigor, discurso político, se esconde una verdad sublime.

Cada ser esta provisto de la capacidad para arribar a un ámbito superior de existencia y percepción, cada ser puede acceder a la experiencia de “lo fino y espiritual”.  Venus nos muestra la danza de los astros en un universo sin tiempo y sin límites, una imagen que conjuga extrañamente la dimensión estética y ética de lo que somos en este diminuto planeta. Hay algo muy difícil de comunicar que está “allí” y que se nos entrega como un dulce caramelo para nuestra fruición. Cuando el tiempo desaparece, irrumpe la presciencia de lo otro.

En nuestra retina hay “un punto ciego” del cual no somos conscientes. Del mismo modo, en el fondo de nuestro pensamiento existe un punto oscuro que al igual que el planeta Venus se nos aparece, a veces, eclipsando la altiva razón. Ese punto es lo “No Humano” que abre las puertas al Mundo de Alicia, donde conejos y relojes, sobre todo relojes…

Observo aquel lejano planeta que nos recuerda nuestro lugar en este universo y vuelvo, sabiendo que una parte de mí se quedó en otra parte y que ya no volveré a ser el mismo, sí, vuelvo a mis tareas cotidianas: Encender la pipa y escuchar a Vivaldi que lo repite por enésima vez, como en una feria, Gloria in excelsis Deo. Vuelvo a  hojear distraídamente ese delicioso libro de Aforismos de Georg Lichtenberg: “ Un reloj que, al dar un cuarto, dijera siempre a su propietario: …, al dar la media: tú eres…,los tres cuartos: tú eres un…, y al dar la hora: tú eres un hombre”.

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Etiquetas: , , » Publicado: 17/07/2012

14 de julio: Nobleza obliga

Detrás de esa plebeya “sociedad de consumidores” que es la Francia actual, late agazapado más de un tesoro que a esta altura debiera ser considerado “patrimonio de la humanidad” y que no debe ser confundido con mera “décadence”: Siglos de pensamiento, arte y cultura.

Se ha dicho que si España es la “Madre Patria” de nuestro continente Indo-Afro-Hispanoamericano, no es menos cierto que Francia ha sido una suerte de “Tía Abuela”. Como se sabe, París constituyó la Ville Lumière, verdadera capital de la prehistoria moderna y modelo obligado de las incipientes burguesías latinoamericanas. La segunda mitad del siglo XIX testimonia la proximidad de la cultura francesa en nuestra arquitectura, en nuestras letras, en las ideas e instituciones republicanas, en fin, en el imaginario histórico y social que constituyó nuestros países.

Las grandes ideas de la cultura burguesa gala encontraron tierra fértil entre nosotros. Nociones tan centrales como la idea misma del “bourgeois”, en el orden tecno-económico, o el “citoyen” como sujeto político, e incluso la concepción misma de individuo (Moi). La cultura francesa fue el original que ha sido traducido como “modernidad oligárquica” en tierras americanas. Una cultura y una institucionalidad que se encuentra mixturada todavía como impronta de nuestras culturas y de nuestras instituciones.

Francia se ha convertido en una carta postal asediada por una grave crisis económica de la Eurozona que pierde presencia internacional ante la arremetida económica y tecnológica de países del lejano oriente. Hasta la francofonía va cediendo el lugar que alguna vez ocupó frente al inglés como nuevo “trade language” de un mundo global.

En el presente, Francia y su lengua aparece más bien como una referencia nostálgica o un esnobismo, algo que circula entre intelectuales, cine arte, nombre de perfumes, acaso como exótico nombre de algún motel o cabaret. América Latina, hoy, está inmersa en la “zona dólar” y habla “spanglish”. Las nuevas burguesías de nuestro continente ya no peregrinan a París ni se educan en la Sorbona. En la actualidad viajan a Chicago –la ciudad de Al Capone– y se convierten en fríos “Businessman”. La llamada “mass culture”, delimita hoy los contornos del imaginario latinoamericano. Las nuevas “élites” políticas han olvidado hace mucho aquellas viejas palabras que inspiraron a sus ancestros: “Liberté” “Fraternité” “Égalité”.

La misma Francia se ha convertido en una carta postal asediada por una grave crisis económica de la Eurozona que pierde presencia internacional ante la arremetida económica y tecnológica de países del lejano oriente. Hasta la francofonía va cediendo el lugar que alguna vez ocupó frente al inglés como nuevo “trade language” de un mundo global.

Y sin embargo, detrás de esa plebeya “sociedad de consumidores” que es la Francia actual, late agazapado más de un tesoro que a esta altura debiera ser considerado “patrimonio de la humanidad” y que no debe ser confundido con mera “décadence”: Siglos de pensamiento, arte y cultura. La mundialización hace extemporánea, desde luego, cualquier idea euro centrista. No obstante, es conveniente saludar –cada 14 Juillet-  a los parientes. Especialmente cuando se trata de una glamorosa tía abuela a la que hemos olvidado por tanto tiempo: Noblesse oblige.

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Etiquetas: , , » Publicado: 06/06/2012

Aylwin, el político

El ex Presidente Patricio Aylwin ha encarnado, finalmente, lo que Chile es y no lo que debiera ser. Desde esta perspectiva, “Aylwin, el político” no ha sido mejor ni cívicamente superior de lo que ha sido la actividad política este último medio siglo entre nosotros.

Una distinguida caricaturista polaca llamada Pawla Kuczynskiego (1976), ha alcanzado premios y reconocimiento internacional por sus lúcidas sátiras del mundo actual. Su estilo nos trae reminiscencias de Magritte, mas su mirada crítica es muy contemporánea. Entre sus muchas obras, está aquella que retrata al político de un modo tan nítido como elocuente. Una imagen que entre nosotros los chilenos ha adquirido una especial significación desde el llamado “retorno a la democracia” hace ya más de dos décadas.

Las recientes declaraciones del ex Presidente, señor Patricio Aylwin, y su anunciado libro de memorias no hacen sino actualizar lo que es y ha sido la clase política desde hace muchos años en nuestro país. No es casual que la actividad política en la actualidad se encuentre tan degradada y desprestigiada. En este sentido, la equívoca figura del ex mandatario, no podría ser más apropiada como retrato del típico político del Chile republicano de la segunda mitad del siglo XX.

Un acérrimo opositor al gobierno de la Unidad Popular encabezado por Salvador Allende que llevó a su partido, la Democracia Cristiana, como aliado en el CODE a apoyar el golpe de Estado de 1973. El mismo, sin embargo, que encabezó el primer gobierno democrático “en la medida de lo posible”, tras la dictadura del general Augusto Pinochet.

Como muchos de sus coevos, este personaje posee la impronta del dios Jano, y al igual que éste tiene –a lo menos– una doble faz. Un acérrimo opositor al gobierno de la Unidad Popular encabezado por Salvador Allende que llevó a su partido, la Democracia Cristiana, como aliado en el CODE a apoyar el golpe de Estado de 1973. El mismo, sin embargo, que encabezó el primer gobierno democrático “en la medida de lo posible”, tras la dictadura del general Augusto Pinochet.

Para hacerle justicia a este actor de la política chilena habría que decir que no ha sido ni el primero ni el último. Comparte con su generación todas las ambigüedades y debilidades de la clase política. Es más, pareciera que son sus defectos y no sus virtudes el legado principal a sus herederos dentro de su partido y fuera de él. Para expresarlo con claridad: en la política actual sigue imperando una debilidad moral que mezcla los buenos negocios con el oportunismo, la demagogia, la corrupción y la bajeza.

El ex Presidente Patricio Aylwin ha encarnado, finalmente, lo que Chile es y no lo que debiera ser. Desde esta perspectiva, “Aylwin, el político” no ha sido mejor ni cívicamente superior de lo que ha sido la actividad política este último medio siglo entre nosotros. Esto no lo exculpa de ninguna responsabilidad en este ámbito. No obstante, hay una expresión de “Aylwin, el ciudadano” que bien merece una reflexión aparte: “El dolor enseña”. Si es verdad que ciertas figuras encarnan las miserias y grandezas de sus pueblos en ciertos momentos históricos, sería importante que esta enseñanza estuviese a la orden del día entre los políticos de hoy.

Comentarios del artículo: Aylwin, el político - Publicado: a las 4:40 pm

Etiquetas: , , » Publicado: 05/04/2012

Partidos políticos

La cuestión de fondo en el Chile actual es cómo canalizar políticamente estas demandas sociales: una tarea pendiente para los partidos políticos.

Entre los muchos gritos que se escuchan en diversas manifestaciones en el país, llama la atención aquel que reza: “El pueblo unido avanza sin partido”. Si bien la primera parte de la frase nos resulta más que familiar, conviene detenerse en la segunda parte. Es claro que hay un divorcio entre los emergentes movimientos sociales y los partidos tradicionales de todo el espectro político. Dicho con toda franqueza, los partidos no están de moda o, peor aún, han perdido toda su “aura” como instituciones portadoras de grandes valores. Esto resultaba impensable en nuestro país hace algunas décadas donde lo político era administrado, precisamente, por los diferentes partidos. Esta suerte de partitocracia desplazó del imaginario chileno, con escasas excepciones, los movimientos autónomos.

Con todo, sería precipitado decretar el ocaso del partidismo en nuestra sociedad. Lo que sí podemos afirmar es que la relación entre los partidos políticos y los diversos movimientos se ha tornado mucho más laxa y de baja intensidad. Las causas de este fenómeno son variadas y se pueden encontrar en los nuevos contextos locales y globales en que se inscriben los partidos y los movimientos sociales en la actualidad. El mundo de hoy es muy otro respecto de aquel orden republicano e ilustrado que presidió lo político en nuestro país durante buena parte del siglo pasado.

En el presente, los partidos políticos se ven constreñidos a entidades administrativas portadoras de una “marca” o, en el mejor de los casos, de una “memoria” que no siempre capaz de “seducir” a las nuevas generaciones. Un mundo de consumidores que tiende a abolir la “convicción” en favor de la “seducción” es, en principio, adverso a militancias estrictas. Un mundo, en fin, que va dejando atrás la masificación “broadcast” en favor de la personalización “podcast”, no es un mundo propicio a grandes partidos políticos sino, más bien, a extensas “redes sociales” virtualizadas.

En el caso específico de nuestro país, es indudable que el bombardeo e incendio de la Moneda –macabra metáfora de una tragedia-  marca un antes y un después para los partidos políticos. Recordemos que la dictadura militar se ocupó, muy especialmente, de reprimir y desarticular tanto los movimientos sociales como los partidos políticos opositores, utilizando el asesinato y el terror. Este hecho traumático pone fin a un orden económico y político, pero al mismo tiempo inaugura un tiempo alterno que permanece obstinado en el orden institucional plasmado en una constitución apenas maquillada.

En el presente, los partidos políticos se ven constreñidos a entidades administrativas portadoras de una “marca” o, en el mejor de los casos, de una “memoria” que no siempre capaz de “seducir” a las nuevas generaciones. Un mundo de consumidores que tiende a abolir la “convicción” en favor de la “seducción” es, en principio, adverso a militancias estrictas. Un mundo, en fin, que va dejando atrás la masificación “broadcast” en favor de la personalización “podcast”, no es un mundo propicio a grandes partidos políticos sino, más bien, a extensas “redes sociales” virtualizadas.

Lo interesante del momento actual es que los anhelos y demandas de las mayorías siguen siendo, en gran medida, las mismas de antaño. Amplios sectores de trabajadores han visto acentuada la precariedad en sus empleos, los bajos salarios y la privación de sus derechos. Los estudiantes sienten en carne propia los costos que significa para ellos y sus familias una educación mercantilizada. Por último, cualquier ciudadano sabe que el actual estado de cosas no garantiza en absoluto el acceso a la salud o la previsión social. En suma, la cuestión de fondo en el Chile actual es cómo canalizar políticamente estas demandas sociales: una tarea pendiente para los partidos políticos.

Comentarios del artículo: Partidos políticos - Publicado: a las 3:30 pm

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