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Alfredo Sfeir Younis

Economista y miembro del Partido Ecologista Verde

Etiquetas: , , » Publicado: 16/05/2013

Nuevas formas de medir la pobreza en Chile

Sabemos muy bien quien se perjudica con la pobreza. Lo vemos, lo sentimos y lo experimentamos diariamente. Los países que no eliminan la pobreza lo hacen porque hay muchos actores económicos dominantes que se benefician con mayores niveles de pobreza.

Chile será un país rico solamente cuando no hallan más pobres de ninguna naturaleza.

Algunas consideraciones preliminares:

Primero, no se puede abordar los problemas de la pobreza sin abordar las dimensiones múltiples de la riqueza.  Es el crecimiento de la riqueza y sus patrones de distribución los que son responsables de los aumentos de la pobreza.  Lo mismo debe suceder cuando se debate el salario mínimo; éstos deben definirse paralelamente a un debate sobre los salarios máximos aceptables en nuestro país.  Este es un tema de gran importancia en los países desarrollados!

Segundo, la pobreza no es solamente un tema de dinero o salarios.  Hay muchas formas de pobreza: ingresos, cultural, ética, social,  ecológica, espiritual y de interdependencia (vivimos en soledad, aislamiento, relaciones desarticuladas y destruidas).  Todas estas formas de pobreza deben ser tomadas en cuenta integralmente antes de definir las mejores maneras de medir la pobreza en Chile.  Todo llama a una reflexión profunda sobre la visión que tenemos sobre la pobreza, incluyendo la pérdida de empoderamiento, falta de oportunidades, gran inseguridad respecto del futuro, marginalización social, burocracia y falta de información, pérdida de esperanza sobre un futuro mejor, lucha diaria para poder vivir decentemente…

Este no es un tema sólo para los expertos académicos.  Nadie sabe más de pobreza que las familias pobres y debemos crear la oportunidad y el espacio social de escucharlas.  Hoy existen sistemas de intercambio de información que podrían facilitar este proceso a lo largo de todo el país.  La tecnología de las comunicaciones permite que esta participación ciudadana sea posible.

Tercero, tenemos un interés importante de que se aborde explícitamente la pobreza ecológica.  En forma muy general, la pobreza ecológica se podría definir como una inhabilidad de alcanzar ciertos estándares de calidad de vida o de satisfacción de necesidades básicas como resultado de la degradación ambiental y de sus servicios: los desastres naturales, la escases y contaminación del agua, el cambio climático, la polución de todo tipo, el deterioro de la calidad de vida, el auge importante de enfermedades, y más.

Cuarto, muchas familias pobres tanto en áreas rurales como urbanas dependen de su medioambiente inmediato y no realmente de las grandes acciones a nivel macroeconómico.  Esto puede incluir la tierra, árboles, animales, bosques urbanos, áreas de recreación y tantos otros factores de calidad ecológica.

En estos últimos días hemos visto como reaparece el debate sobre la medición de la pobreza dentro del sistema de encuestas que se llevan a cabo en Chile, después de grandes discusiones sobre si la pobreza ha aumentado o disminuido en nuestro país –-ej. ¿Quiénes son los pobres? ¿Cómo se mide la pobreza? ¿Bajan o suben los números de personas pobres?

En este ámbito, las formas de medición de la pobreza son importantes porque determinan de una manera u otra (a) la formulación de políticas y programas para el alivio de dicha pobreza y (b) la evaluación de la gestión económica y social de un gobierno.

Buscar soluciones rápidas o soluciones parches en relación a cómo medir la pobreza no dejará en paz a la ciudadanía.  Hoy tenemos una oportunidad única de abrir este tema de la medición de la pobreza a un debate nacional con la participación de todos los actores sociales, organizaciones sociales y la ciudadanía en general, incluyendo especialmente de los ciudadanos pobres.  Sólo así podremos construir un consenso nacional de lo que es la pobreza en nuestro país y como medirla.

Este no es un tema sólo para los expertos académicos.  Nadie sabe más de pobreza que las familias pobres y debemos crear la oportunidad y el espacio social de escucharlas.  Hoy existen sistemas de intercambio de información que podrían facilitar este proceso a lo largo de todo el país.  La tecnología de las comunicaciones permite que esta participación ciudadana sea posible.

En el tapete de los debates está la distinción muy estrecha entre tres conceptos que definen la medición de la pobreza: subsistencia (capacidad de comprar un número determinado de calorías al día, o una composición de alimentos predefinida), necesidades básicas (incluir elementos que van más allá de la alimentación física de la personas y la familia: vivienda, hacinamiento, servicios, etc.) y privación relativa (un énfasis más elaborado de las necesidades básicas: agua, saneamiento, salud, educación, alimentación…).

No tengo dudas que todos los métodos propuestos tienen ventajas y desventajas como problemas de medición importantes.  Sin embargo, es esencial no perder el norte en este debate: la medición de la pobreza nace de un concepto de la pobreza.

Si el concepto y el entendimiento que tenemos de la pobreza propiamente tal es erróneo, naturalmente que las mediciones que la acompañan también lo estarán.  Y es aquí donde reside el problema en Chile: la definición de pobreza.

La gente pobre sabe lo que es la pobreza ya que la están viviendo y es esa experiencia de vida la que el indicador de pobreza debe captar.  Es por eso que estamos proponiendo que el índice de pobreza incluya la pobreza ecológica explícitamente.  Esto no es solamente importante en la medición de la pobreza ya que este índice también forma la base para formular políticas que saquen a la gente de esta pobreza ecológica.

De lo contrario, mayores niveles de ingreso sin una preocupación abierta por el entorno ecológico de las personas no lograrán sacar la gente de la verdadera pobreza.

Comentarios del artículo: Nuevas formas de medir la pobreza en Chile - Publicado: a las 12:40 pm

Etiquetas: , , » Publicado: 25/03/2013

Política Fiscal, Reforma Tributaria y Medioambiente

. El mercado es ciego e inmune al problema ambiental. Los precios y valores arrojados por el mercado no incluyen el verdadero costo de abordar y corregir los impactos de la contaminación.

La política fiscal no puede representar una entidad separada de las otras políticas macroeconómicas. En mi experiencia, esta separación disminuye la eficacia y eficiencia de todas nuestras políticas económicas y sociales y de los instrumentos que son utilizados. Por ejemplo, una política fiscal no puede ir por un lado y la política monetaria por otro. Lo mismo es válido para las políticas de comercio internacional, política cambiaria, política de empleo… Todas forman un todo inseparable.

El argumento principal de esta reflexión es que esas políticas macroeconómicas tampoco pueden separarse de las políticas medioambientales y de sustentabilidad del desarrollo (de la creación, crecimiento y gestión de nuestro “capital natural”). En particular, un mal manejo medioambiental tiene grandes impactos negativos en las finanzas públicas; los gastos fiscales son mayores y los ingresos fiscales son menores que los óptimos deseables y alcanzables.

En la selección de los instrumentos fiscales más eficientes/eficaces no se debe ignorar a los instrumentos fisco-ambiental disponibles. El ignorarlos disminuirá la eficiencia de todos los otros instrumentos fiscales tradicionales (impuesto a la renta, el IVA). Ejemplos de estos instrumentos fisco-ambientales son: impuestos a la contaminación (el que contamina paga), subsidios al cambio tecnológico, derechos de propiedad sobre los recursos, cuotas de contaminación (tradeable permits), impuestos al carbono, certificación de origen de los distintos sistemas de extracción de los recursos, licencias que regulan el acceso a los recursos, eco impuestos, impuestos a la importación y exportación, royalties, impuestos a la tierra (tamaño y productividad), derechos de agua, impuestos diferenciados (gasolina con y sin plomo), intercambio de deuda por naturaleza, subsidios para la inversión en recursos energéticos renovables, etc.

 Al no controlar la contaminación con un impuesto como “el que contamina paga” habrá más enfermedades pulmonares y estomacales, incluyendo el cáncer en sus distintas manifestaciones.  Esta situación agravará y aumentará fuertemente la demanda de los servicios de salud (médicos, hospitales).

Ninguno de estos instrumentos fiscales deber ser visto, o evaluado, aisladamente de los otros instrumentos fiscales existentes. Estos instrumentos no deben separarse institucionalmente de las cuestiones de la política fiscal, la competitividad económico-social, las políticas de comercio internacional, y la promoción del crecimiento económico y del empleo.

Por lo tanto, cuando se proponga una reforma tributaria esta requiere de un enfoque incluyente, tomando en cuenta (a) la política de manejo y conservación de nuestros recursos naturales y servicios ambientales y (b) los instrumentos fisco-ambientales que existen.

Hoy, la mayor parte de los actores económicos chilenos (gobierno, empresariado), piensa que las políticas medioambientales no tienen nada que ver con lo fiscal y que éstas representan más bien (i) una amenaza a la competitividad de las empresas existentes, (ii) un alza desmesurada de las estructuras de costos a todo nivel (costos de producción, transacción, y consumo) y, por ende (iii) un impacto fiscal negativo o una política fiscal agresiva contra los consumidores y productores del país. No hay evidencia empírica que esto sea el caso.

Contrario a esto, una reforma tributaria debe incluir la contribución de las inversiones en nuestro “capital natural” y los instrumentos fisco-ambientales. Las inversiones en nuestro “capital natural” tienen incidencias en la demanda por servicios fiscales ‘-cantidad y composición de esa demanda- y en un aumento del gasto fiscal. El uso de los instrumentos fisco-ambientales tiene incidencias en los ingresos fiscales propiamente tal y en la asignación de los recursos en la producción, comercio y consumo.

Entre los instrumentos fisco-ambientales, hay algunos que son de carácter tributario directo como es el impuesto a la contaminación “el que contamina paga”. Sin embargo estos tienen beneficios adicionales que los instrumentos fiscales tradicionales no poseen (ej. impuesto a la renta y el IVA).

Los instrumentos fisco-ambientales poseen un impacto de carácter doble: (i) la generación de ingresos fiscales directos y (ii) la inducción de un cambio en la asignación de los recursos a favor de una economía limpia. Este segundo impacto se produce como resultado, por ejemplo, de un impuesto a un insumo productivo –-ej. Un impuesto al uso indiscriminado de carbón. Este impuesto disminuirá el uso del carbón y obligará a las empresas a usar otros recursos energéticos. Por lo tanto ignorar estos beneficios adicionales implica ineficiencias considerables en el aparato fiscal.

Además, hay que considerar como regla fundamental que los impuestos e instrumentos fiscales en general son mutuamente interdependientes, tanto en un sentido positivo como negativo.  Por lo tanto, dejar afuera la materia fisco-ambiental es un error. Una reforma tributaria de esa naturaleza sería incompleta, sesgada y marcadamente rudimentaria.  En un lenguaje económico, la exclusión de instrumentos disminuye drásticamente lo que se llama la “efectividad fiscal” (o impositiva). Es por eso que una verdadera reforma tributaria debería estar sujeta a un proceso (evaluación) donde se busquen todas las alternativas fiscales (impuestos, subsidios) que contribuyan más eficazmente a los objetivos de desarrollo económico y social de nuestro país.

Este debate de la inclusión fiscal no deja de lado la evaluación tradicional de cada instrumento o estrategia fiscal: eficiencia, equidad, y competitividad.  No se trata de solamente promover nuevas formas impositivas y de fiscalización, sino también de evaluar los impactos en la inequidad/desigualdad fiscal, para no permitir que en Chile que aquellos que tienen más, paguen menos. Esto demanda un debate sobre la ‘progresividad’ (donde el pobre paga menos que los ricos) o la ‘regresividad’ (donde los pobres pagan más que los ricos) de los impuestos.

Resumiendo lo que se ha dicho hasta ahora, nos deberíamos estar haciendo algunas preguntas fundamentales:

¿Cuál es el impacto fiscal neto en un país que no posee una política ambiental extensa e incluyente?

¿Cuáles serían los impactos fiscales –en términos de beneficio/costo neto para el fisco- como resultado de no controlar la contaminación del aire y del agua, de la sobre explotación de los recursos marinos, de la degradación de los suelos y del agua, de un desorden espacial del crecimiento económico, o de tantos otros resultados del modelo económico existente?”

Por ejemplo, al no controlar la contaminación con un impuesto como “el que contamina paga” habrá más enfermedades pulmonares y estomacales, incluyendo el cáncer en sus distintas manifestaciones.  Esta situación agravará y aumentará fuertemente la demanda de los servicios de salud (médicos, hospitales).  A su vez, este aumento de la ‘demanda agregada’ por servicios de salud tiene que ser financiado por el fisco (una disminución de los recursos fiscales existentes), lo que significa que (i) se deberán utilizar recursos escasos (que están o podrían estar asignados a otros sectores como la educación (es decir estos recursos fiscales tienen un costo de oportunidad mayor que cero), (ii) que va a surgir la necesidad de conseguir más recursos fiscales (a través de un aumento de los impuestos, demanda de más capital humano—médicos, enfermeras), o (iii) decidir en la práctica no proveer un servicio de salud adecuado.

Es decir, una falta de política medioambiental a través de la contaminación ahoga los recursos del fisco a través de un aumento significativo de la demanda agregada de los servicios del Estado y, por ende, se traduce en una explotación irracional de los ingresos fiscales.

El aumento de los impuestos a la renta, a las ganancias de las empresas, o el IVA  no disminuirán dicha contaminación y, por lo tanto, ellos no modificarán en forma eficaz la demanda agregada de los servicios de la salud. Estos impuestos no contribuyen, o contribuyen muy poco, a cambiar la demanda agregada de los servicios fiscales.

Este tema tiene gran importancia ya que las propuestas tradicionales de reforma tributaria están sólo enfocadas en un aumento de los ingresos fiscales.  Esto no es suficiente.

Esos impuestos generales (renta, IVA) están muy lejos de cambiar la asignación de los recursos de aquellos que contaminan (industrias), o de promover cambios tecnológicos que disminuyan la contaminación y la demanda agregada por los servicios de salud pública y privada.  Son impuestos directos a las personas o a los actores económicos, con impactos muy indirectos para la resolución del problema medioambiental.

Alguien se podría preguntar: “¿Es el “mercado” capaz de dar las señales adecuadas para una óptima implementación de este nuevo horizonte tributario, sin incluir las dimensiones fisco-ambientales?”. La experiencia demuestra que el mercado no tiene  esta inteligencia tributaria. Es el gobierno quien debe definir la amplitud de este debate, en diálogo abierto con todos los chilenos.  De lo contrario, todo este proceso puede fracasar por diseño, o por una falta flagrante de inclusión de temas fundamentales para el país. El mercado es ciego e inmune al problema ambiental. Los precios y valores arrojados por el mercado no incluyen el verdadero costo de abordar y corregir los impactos de la contaminación.

Hay que decir que los mercados son ciegos porque la conciencia de aquellos que participan en esos mercados es muy baja e insensible al tema medioambiental.  Si los consumidores exigieran al mercado las señales que andamos buscando, el mercado respondería. Pero quien consume lechuga generalmente no se pregunta sobre los impactos negativos en la producción de la lechuga, ni quién es el que debe pagarlos. Si el consumo de la lechuga produce tifus, alguien termina pagando ese costo que no está incluido en el precio de la lechuga.  Este costo es real y demanda de recursos concretos para abordarlo.

Este es un sesgo inminente del sistema neoliberal. El neoliberalismo arrojará sólo los resultados que emanan de nuestra consciencia colectiva. Por el momento, en esta consciencia sólo prima la competencia, el materialismo y el individualismo.  Un tema de no menor en importancia para nuestro país.  Es en este sentido que dejo algunas conclusiones a considerar:

·         La política fiscal no debe excluir la sustentabilidad del desarrollo como uno de sus objetivos primordiales.

  • La política fiscal no debe hacer caso omiso a las grandes enfermedades que existen en Chile como resultado de las variadas formas de contaminación ambiental, higiene ambiental, seguridad ambiental…
  • La política fiscal no debe ignorar los instrumentos fisco-ambientales que aceleraran el cambio tecnológico apropiado para disminuir los impactos medioambientales negativos que resultan del crecimiento económico y el comercio internacional.
  • La política fiscal no debe ignorar los instrumentos fisco-ambientales y esperar que los impuestos tradicionales hagan la labor de sustentabilidad, sin que haya un debate sobre la eficiencia fiscal de dichos impuestos tradicionales en relación al mejoramiento ambiental y calidad de vida en el país.
  • La política fiscal no debe ignorar las inequidades ecológicas y medioambientales del país y por lo tanto ignorar el aparato fiscal que debería erradicar dichas formas de inequidad.

El aparato fiscal no es tan sólo para cargar financieramente a las personas. Es también para enviar señales de cambio en la asignación de nuestros recursos escasos y para generar información clave para todos los actores económicos y sociales.

No vale la pena sacrificarse pagando los impuestos tradicionales si nuestra calidad de vida no aumenta significativamente. Los instrumentos fisco-ambientales llevan en si esa contribución positiva a nuestra calidad de vida. Esto reclama un aumento importante de nuestra conciencia colectiva como nación y un cambio interno de la lógica de nuestro desarrollo.  En su expresión más directa: “no se trata de pagar más impuestos sino de no contaminar”.

Comentarios del artículo: Política Fiscal, Reforma Tributaria y Medioambiente - Publicado: a las 1:26 pm

Etiquetas: , , , , » Publicado: 15/03/2013

10 razones para integrar espiritualidad y política

Una espiritualidad que está fuera de la política, constituye meramente una teoría o una lógica mental. Y una política vacía de espiritualidad es totalmente ilegítima. Y es en el fondo esta ilegitimidad por lo que nuestra población ve en la política, y decide no votar.

La mayor parte de los chilenos, y también muchos ciudadanos del mundo, manifiestan su desagrado abierto en contra de la política y los políticos. Simplemente, la forma en que se practica la política hoy en día no satisface a nadie.

Esto se manifiesta de muchas maneras, pero la más clara es la abstención de millones de votantes. Esta abstención masiva es la fuente más fuerte de debilitamiento de nuestra democracia. Si la abstención en las próximas elecciones presidenciales es igual a la de las elecciones de alcaldes y concejales, una mayoría solamente significaría un poco más del 20% del electorado. Una soberanía ilegítima.

Esta situación tiene que cambiar de raíz. Debemos humanizar a la política, y debemos hacer que los procesos políticos sean realmente ciudadanos.

Personalmente pienso que debemos poner mucha más atención a nuestra espiritualidad como nación: nuestra conciencia colectiva, sentido de identidad, sentimiento de pertenencia, reconocimiento de quiénes somos y hacia dónde vamos, prácticas de crecimiento interior, reconocimiento de que buscamos un bienestar tanto material como espiritual, y mucho más.

En nuestro caso como chilenas y chilenos, debemos saber que nuestra Constitución Política, en su Artículo 1º establece que el Estado debe “crear las condiciones sociales que permitan a todos y cada uno de los integrantes de la comunidad nacional su mayor realización espiritual y material posible, con pleno respeto a los derechos y garantías…”. Es decir, debemos tener un sistema político que asegure la realización material y espiritual de todos los chilenos. Esta es una garantía constitucional básica para nuestro mundo multi-religioso y el mundo de importantes grupos de búsqueda interior.

Para eso debemos integrar a la espiritualidad y la política. Una espiritualidad que está fuera de la política, constituye meramente una teoría o una lógica mental. Y una política vacía de espiritualidad es totalmente ilegítima. Y es en el fondo esta ilegitimidad por lo que nuestra población ve en la política, y decide no votar.

En la práctica cotidiana, hay muchas razones por las cuales debemos integrar la espiritualidad y la política:

  1. La mayor parte de las decisiones y desafíos que confrontan los gobiernos y los gobernantes poseen una gran dimensión de carácter ético o moral. Es muy poco usual ver a los políticos envueltos en decisiones meramente de contenido técnico. Aún más, muchas decisiones que aparecen estar dentro del área económica, son en la práctica de tipo humanistas, institucionales, de derechos, sociales, éticas, morales y espirituales.
  2. La espiritualidad dentro de la política, y los valores colectivos que la envuelven, representan un freno a las pérdidas cuantiosas de los recursos destinados al desarrollo económico y social. Estudios internacionales sobre la productividad de los recursos asignados al desarrollo demuestran que cerca del 25% de todos esos recursos financian distintas formas de corrupción. Esto lo sabe y lo siente la mayoría de los ciudadanos (“ellos están en la política para robar”).  ¡La ciudadanía quiere ver otra manera de hacer política!  Una política transparente y responsable envolviendo los valores de interdependencia, cooperación, solidaridad, justicia, equidad, amor y compasión.
  3. Las distintas formas de hacer política –con o sin espiritualidad- conllevan diferentes formas de liderazgo. A medida que la conciencia humana evoluciona también evolucionan las formas de liderazgo. Es así como las definiciones de un buen líder, o de lo que constituye un buen liderazgo, han cambiado. Se busca al líder político integrador  y no separador, con un alto carácter colectivo para todos –una esencia fundamental de la política-. Es un liderazgo de nación y no sólo de partidos políticos. La semilla espiritual de la política es el servicio.  La espiritualidad y el desarrollo interno de los ciudadanos son esenciales para una nueva forma de hacer política.
  4. La espiritualidad solamente tiene sentido cuando está inmersa en la realidad humana y los seres vivientes. La espiritualidad no puede estar separada o ser practicada como algo ajeno a la pobreza, desigualdad, destrucción ambiental, marginalización…  Como la espiritualidad es la cuna de nuestra identidad y su autorrealización individual y colectiva, la espiritualidad es y debe ser el centro neurálgico de todas las decisiones políticas/públicas, y transformarse en el camino a la integración de las necesidades que van más a allá de lo material. No somos números, ni debemos ser tratados simplemente como factores de la producción (mano de obra).
  5. Las tendencias que se necesitan hoy marcan una evolución política que debe ir en la dirección de un sistema político y social basado en los valores que le ganan al poder y el ego. No podremos concebir en el futuro una política vacía de valores. Todos debemos estar envueltos en crear esta arquitectura de valores, dándole una prioridad a los valores colectivos, internos, y espirituales.  Estos valores de naturaleza colectiva no son solamente palabras sino “estados del ser” que debemos auto realizar; de lo contrario perdemos el verdadero norte de la política.
  6. La realidad es que nuestro pueblo demanda una nueva forma de gobernar, que sea más compasivo, humanitario, justo, protector, solidario,…, particularmente cuando se promueve un sistema de economía neo-liberal. La frustración ciudadana aparece como resultado de ver que la política no se ve como la forma más eficaz para combatir, por ejemplo, la pobreza y desigualdad, integración, respeto a los pueblos originarios, realización de los derechos humanos y apoyar fuertemente la protección social y la defensa ciudadana. Queremos ver a la política más allá de la economía y finanzas. Se requiere un cambio del saber, tener y hacer política al SER de dicha política.
  7. La política es el espejo directo de la conciencia colectiva, la que juega un rol preponderante en la vida y el bienestar de una nación. La conciencia colectiva determina la agilidad, el flujo, la calidad y la sabiduría de la política, la cual no es solamente el poder de un grupo político. Esto llama a la no-discriminación e inclusión, y abrazar formas diferentes y beneficiosas de interacción humana para todos y no para una elite. La espiritualidad fortalece la identidad colectiva y actúa como un vehículo eficaz para aumentar nuestra consciencia colectiva.
  8. Las personas saben que los resultados materiales de las propuestas hechas por la mayor parte de los políticos no han dado los resultados esperados. Este es casi un fenómeno universal. Hay un descontento generalizado que se ha traducido en más estrés social, enfermedades derivadas de ese estrés y contaminación ambiental, violencia y muchos otros efectos negativos de la política. La solución a este fenómeno es traer a la política nuevas formas de identidad, un nuevo sentido de pertenencia, mejores plataformas de nuestra ciudadanía, y una interacción amplia y colectiva. Muchas de las soluciones a problemas críticos como son la inseguridad, violencia, drogas, paz, etc., tienen sus fundamentos en las conciencias de la ciudadanía y no en el poder político.
  9. La integración de la política y la espiritualidad conlleva cambios profundos en las definiciones y nociones de bienestar humano y de todos los seres vivos.  En una política sin espiritualidad prima una noción estrictamente aritmética y material del ser humano y de los procesos de gobernabilidad traducida, por ejemplo, en puntos de producto geográfico bruto per-cápita, asignaciones presupuestarias y nociones tradicionales de eficiencia económica y competitividad.  Esta noción material no es suficiente para saber cómo está la población como resultado de la política.  Índices de satisfacción, felicidad, pertenencia, integración y otros, deben ser incorporados a la política.
  10. La esencia es que una política con espiritualidad debe imperar sobre una política sin espiritualidad. La política con espiritualidad pondrá atención a la creación, al vecino, a las generaciones futuras, a los de la tercera edad, a las mujeres, a la naturaleza, y a los valores colectivos. Esa política vacía de la espiritualidad es responsable de: la pobreza profunda en nuestros países; la exclusión de nuestros pueblos originarios y otras etnias, profesiones y géneros; la discriminación de varias formas incluyendo lo económico, social, institucional y político; la violación constante de los derechos humanos y de los animales; la destrucción ambiental acelerada; la falta de justicia en todos los ámbitos; la inseguridad y falta de oportunidades; la violencia de todo tipo y las violaciones del protocolo de la vida; y mucho más. Es imposible practicar la política sin espiritualidad. No todo es materia.

La política separada de la espiritualidad nos lleva a una dualidad entre lo que hacemos, sabemos, y tenemos, con lo que somos. Somos seres espirituales viviendo una experiencia material y no seres materiales viviendo una experiencia espiritual.  Hoy sabemos que lo de afuera refleja mucho nuestro estado interno, y vice-versa. Una nación libre y soberana debe alcanzar altos niveles de libertad y soberanía externa e interna de sus ciudadanos.

No todo es dinero. La materia y el dinero representan energías espirituales profundas como son la confianza, el intercambio y el bienestar que arrojan. No hay ningún acervo material que no tenga una contrapartida espiritual.

La política sin espiritualidad aliena al individuo, conlleva sufrimiento y dolor, destruye la familia y divide nuestra sociedad. Política con espiritualidad unirá a Chile, fortalecerá todas nuestras instituciones y nutrirá la felicidad de todos. Sin una espiritualidad colectiva podemos seguir siendo un país pero nunca seremos una  nación. Necesitamos una forma de política que asegure una transición pacífica cuando Chile experimente un cambio en los patrones de la globalización y la forma actual de hacer economía.

Chile debe alcanzar un balance entre la transformación material y la transformación espiritual, entre la transformación individual y colectiva, y entre la transformación externa e interna.

No queremos un Chile que sea materialmente rico y espiritualmente pobre.

Comentarios del artículo: 10 razones para integrar espiritualidad y política - Publicado: a las 2:02 pm

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