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Alejandro Formanchuk

Directivo de Formanchuk & Asociados.

Etiquetas: , , » Publicado: 07/12/2012

El trabajo: ¿una relación de hola y chao?

¿Qué pasa con la comunicación interna en un ambiente marcado por el hacer, deshacer y rehacer constante? Muta hacia formas y herramientas que tienen el mismo ritmo y dinámica: si la vida es vertiginosa, la comunicación es vertiginosa, y los medios electrónicos brindan la agilidad necesaria para enviar flujos de información y mantener la conexión más allá del tiempo y la frontera, pero al mismo tiempo borran la dimensión humana.

Aquellos que trabajamos en comunicaciones muchas veces decimos que una comunicación interna bien gestionada permite potenciar el espíritu de pertenencia del personal. Lanzar, alegremente, esta afirmación puede llegar a ser algo temerario si se considera la movilidad laboral que hoy impera, donde “hacer carrera” es ya un anacronismo.

El “sentirse parte de una organización” es una emoción que está golpeada en sus dos pilares: las empresas marcan ritmos rápidos de entrada-salida y las personas no echan raíces, ya sea porque no les dan tiempo a hacerlo o porque directamente ya no les interesa hacerlo.

Echar mano de la nostalgia no parece constructivo. Una idea de “tiempo pasado-tiempo mejor” conduce a un pesimismo que impide comprender por qué el reloj camina más rápido ahora que antes, por qué la velocidad mató al tiempo.

¿De dónde nace esta cultura del vértigo? La respuesta por ahora quizá orille más hacia el análisis de las consecuencias que de las causas. De todas formas, y a título de separar las aguas, creo que la empresa cuenta con herramientas para que este círculo no se convierta en un globo y explote.

Una de ellas es la comunicación interna, la cual no le pide al personal que “tenga sentido de pertenencia”, sino que le da buenas razones para que nazca este sentimiento. No obstante el trabajo de hoy genera una identidad cuestionada en su esencia: nadie es imprescindible, todos somos modificables y es condición de supervivencia rehacer constantemente las percepciones que uno tiene de sí mismo. Hoy se trabaja “de algo”, pero mañana se debe tener “cintura” y capacidad de adaptación para trabajar de otra cosa. Somos en resumen una “empresa unipersonal”, un “YO S.A”.

Claro que esta nueva realidad tiene tanto de bautismo como de funeral, ya que hablamos de un ser humano flexible, pero también de uno que no tiene tiempo para conocer al otro, socializar, formar una memoria, aprender y compartir códigos comunes, integrarse, comunicarse.

Una criatura cuya acción está tensada por la velocidad y la desterritorialización de sus mundos simbólicos, una tensión que lo arranca del tejido social y lo convierte en alguien que no camina sino que circula, que no se comunica sino que se conecta.

Pero… ¿qué pasa con la comunicación interna en un ambiente marcado por el hacer, deshacer y rehacer constante?

En primer lugar, muta hacia formas y herramientas que tienen el mismo ritmo y dinámica: si la vida es vertiginosa, la comunicación es vertiginosa, y los medios electrónicos brindan la agilidad necesaria para enviar flujos de información y mantener la conexión más allá del tiempo y la frontera, pero al mismo tiempo borran la dimensión humana y vivencial de la comunicación, abren distancias, como cuando dos compañeros que tienen los escritorios a un metro de distancia eligen “hablarse” durante todo el día por e-mail.

¿Qué hacer frente a este panorama? Echar mano de la nostalgia no parece constructivo. Una idea de “tiempo pasado-tiempo mejor” conduce a un pesimismo que impide comprender por qué el reloj camina más rápido ahora que antes, por qué la velocidad mató al tiempo.

Lo que sí podemos es tomar nota del espíritu de la época para saber cuáles son las nuevas formas de vivir y de narrar lo que se vive dentro de una empresa, las maneras de estar y de sentirnos juntos, de socializar y por ende de comunicarnos y expresarnos.

Comentarios del artículo: El trabajo: ¿una relación de hola y chao? - Publicado: a las 4:14 pm

Etiquetas: , » Publicado: 22/10/2012

El vértigo actual de la comunicación

El “sentirse parte de una organización” es una emoción que está golpeada en sus dos pilares: las empresas marcan ritmos rápidos de entrada-salida y las personas no echan raíces, ya sea porque no les dan tiempo a hacerlo o porque directamente ya no les interesa hacerlo.

Aquellos que trabajamos en comunicación muchas veces decimos que una comunicación interna bien gestionada permite potenciar el espíritu de pertenencia del personal. Lanzar, alegremente, esta afirmación puede llegar a ser algo temerario si se considera la movilidad laboral que hoy impera, donde “hacer carrera” es ya un anacronismo.

El “sentirse parte de una organización” es una emoción que está golpeada en sus dos pilares: las empresas marcan ritmos rápidos de entrada-salida y las personas no echan raíces, ya sea porque no les dan tiempo a hacerlo o porque directamente ya no les interesa hacerlo.

¿De dónde nace esta cultura del vértigo?

La respuesta por ahora quizá orille más hacia el análisis de las consecuencias que de las causas. De todas formas, y a título de separar las aguas, creo que la empresa cuenta con herramientas para que este círculo no se convierta en un globo y explote. Una de ellas es la comunicación interna, la cual no le pide al personal que “tenga sentido de pertenencia”, sino que le da buenas razones para que nazca este sentimiento.

No obstante el trabajo de hoy genera una identidad cuestionada en su esencia: nadie es imprescindible, todos somos modificables y es condición de supervivencia rehacer constantemente las percepciones que uno tiene de sí mismo.

Hoy se trabaja “de algo”, pero mañana se debe tener “cintura” y capacidad de adaptación para trabajar de otra cosa. Somos en resumen una “empresa unipersonal”, un “YO Sociedad Anónima”.

Claro que esta nueva realidad tiene tanto de bautismo como de funeral, ya que hablamos de un ser humano flexible, pero también de uno que no tiene tiempo para conocer al otro, socializar, formar una memoria, aprender y compartir códigos comunes, integrarse, comunicarse.

Una criatura cuya acción está tensada por la velocidad y la desterritorialización de sus mundos simbólicos, una tensión que lo arranca del tejido social y lo convierte en alguien que no camina sino que circula, que no se comunica sino que se conecta.

Pero ¿qué pasa con la comunicación interna en un ambiente marcado por el hacer, deshacer y rehacer constante?

En primer lugar, muta hacia formas y herramientas que tienen el mismo ritmo y dinámica: si la vida es vertiginosa, la comunicación es vertiginosa, y los medios electrónicos brindan la agilidad necesaria para enviar flujos de información y mantener la conexión más alládel tiempo y la frontera, pero al mismo tiempo borran la dimensión humana y vivencial de la comunicación, abren distancias, como cuando dos compañeros que tienen los escritorios a un metro de distancia eligen “hablarse” durante todo el día por e-mail.

¿Qué hacer frente a este panorama?

Echar mano de la nostalgia no parece constructivo. Una idea de “tiempo pasado-tiempo mejor” conduce a un pesimismo que impide comprender por qué el reloj camina más rápido ahora que antes, por qué la velocidad mató al tiempo.

Lo que sí podemos es tomar nota del espíritu de la época para saber cuáles son las nuevas formas de vivir y de narrar lo que se vive dentro de una empresa, las maneras de estar y de sentirnos juntos, de socializar y por ende de comunicarnos y expresarnos.

Comentarios del artículo: El vértigo actual de la comunicación - Publicado: a las 5:22 pm

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