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Adolfo Castillo

Historiador y cientista político. Director Académico Magister en Ciencias Sociales - Universidad ARCIS

Etiquetas: , , , , , » Publicado: 10/12/2013

Derribando el muro de la guerra fría chilena

Se vive un proceso de descomposición política de la derecha pinochetista, misma que por años ha sostenido la legitimidad de las violaciones de los derechos humanos en dictadura y profitado de la usurpación de bienes públicos para su enriquecimiento durante décadas en las que se ha sostenido en el poder, primero usando la violencia terrorista apoyada por fracciones de nuestras fuerzas armadas desleales al gobierno de la Unidad Popular, y luego, gracias a la institucionalidad antidemocrática propuesta por Jaime Guzmán.

Esa derecha está en fase de colapso y sustitución, lo que abre el campo para el inicio de las transformaciones anheladas por la mayoría ciudadana.

La Nueva Mayoría, en cuanto nuevo bloque histórico, es una promesa de transformación a la vez que inicio del fin de liderazgos que fundaron su poder sea en el apego a la gobernabilidad posdictatorial o enarbolando banderas de un ciudadanismo vacío y populista desde las misma institucionalidad.

Los resultados de la elección presidencial de noviembre pasado no solo han señalado con claridad el respaldo de la mayoría nacional a las propuestas de cambiar las reglas que sostienen el actual modelo político y económico; también dan cuenta de una modificación en sus preferencias, donde se aprecia un quiebre en la continuidad del pinochetismo político, la emergencia de nuevos liderazgos de fuerte arraigo social y la conformación de un bloque político transformador de mayor amplitud que la extinta Concertación, crean las condiciones para avanzar hacia nuevos niveles de democracia y justicia social que permitan derribar el muro levantado en la guerra fría chilena.

Por cierto que el muro contra el cual han luchado cientos de miles de estudiantes, movimientos sociales locales y regionales, organizaciones sociales en múltiples temáticas, ha sido un muro formidable y de alta resistencia, sin embargo, sus bases están corroídas y su capacidad de reproducir sistemas de apoyo es menor a la requerida para su preservación, lo que abre un escenario de reformas para Chile.

El temido desmantelamiento del orden “guzmaniano” por parte de los conservadores neoliberales y cómplices pasivos de la dictadura no será un acto de fuerza ni un asalto político en medio de la noche: será resultado de una gradual y sostenida caída de una institucionalidad incapaz de legitimarse a sí misma que ha terminado por constituir una nueva voluntad democrática en el país, pudiendo afirmarse que ha sido la incredulidad social la que finalmente acabará por desmontar piezas claves del modelo neoliberal.

En este cuadro en desarrollo la Nueva Mayoría, en cuanto nuevo bloque histórico, es una promesa de transformación a la vez que inicio del fin de liderazgos que fundaron su poder sea en el apego a la gobernabilidad posdictatorial o enarbolando banderas de un ciudadanismo vacío y populista desde las misma institucionalidad. En este escenario, las reinvenciones políticas o el intento de preservar un poder precario pueden ser comprendidas como señales de la inevitable e inexorable extinción del ciclo en el cual se ha vivido.

Derribar el muro de los cómplices pasivos será tarea de millones, labor en la cual los nuevos líderes políticos que han emergido de las luchas sociales están llamados a jugar roles cruciales y desde luego  en la fuerza  creadora de la ciudadanía.

En este marco la elección del 15 de diciembre se presenta como una ocasión propicia para infligir al pinochetismo una derrota que abra paso al inicio del fin de los horrores iniciados hace 40 años y para que quienes desean proyectar sus liderazgos adopten decisiones acordes al crucial momento histórico que se vive.

Comentarios del artículo: Derribando el muro de la guerra fría chilena - Publicado: a las 11:32 am

Etiquetas: , , , , , , , » Publicado: 22/11/2013

Del Frente Popular a la Nueva Mayoría: Los desafíos del PC

El Partido Comunista (PC) vive un momento de cruciales definiciones luego que tras su respaldo a la candidata de la Nueva Mayoría y su inminente triunfo en diciembre próximo, debe decidir su ingreso al gobierno. Esta situación constituye un nuevo momento histórico en su larga trayectoria política y, a diferencia de antaño, lo hace sin referentes internacionales y en medio de una profunda transformación social.

Mirada en perspectiva, la actual coyuntura electoral tiene amplias similitudes con el proceso que dio forma al Frente Popular en 1938, impulsado entonces por el PC, el cual nace de un pacto entre el PC, Partido Socialista, Democrático y Partido Radical, en marzo de 1936.

La pregunta que surge hoy es cuál es el rol que espera desempeñar el PC de cara a las definiciones que debe adoptar próximamente respecto de su posible ingreso al gobierno de la Nueva Mayoría, en medio de la actual fase del imperialismo donde la contradicción principal es entre neoliberalismo y democratización.

Aquella coalición política formaba parte de una estrategia promovida tras el VII congreso mundial de la Internacional Comunista, que buscaba superar la anterior fase de “clase contra clase” y trabajar para derrotar el naciente fascismo en Europa. Desde entonces, el PC en su X Congreso hace ver la necesidad de trabajar por una candidatura única y el proyecto de Frente Popular para derrotar a la derecha, haciendo alianzas con sectores de la “burguesía” de entonces con el fin de impedir el avance del fascismo en Chile.

La candidatura de Pedro Aguirre Cerda, del Partido Radical, es la carta apoyada por el Frente Popular en contra de la figura de Gustavo Ross Santa María, exponente del capital financiero en esos años. El proyecto del Frente Popular estaba dotado de un contenido nacional, democrático y popular, de carácter antioligárquico y antiimperialista, y se lo veía como un instrumento que permitiría generar un polo obrero frente a la hegemonía burguesa que representaba en esos años el radicalismo.

Esta política de alianzas que el PC desarrolló por décadas, inclusive durante la dictadura, terminó en 1977, año en que tuvo lugar un pleno del comité central que abrió paso a un cambio de línea, que en 1980 se conocería como Política de Rebelión Popular. Esa tradición iniciada en 1938 y prolongada hasta 1977, se desarrolló a través de diversas formas orgánicas siempre inmersas en la institucionalidad. Así, se crea el Frente del Pueblo, en 1952, el Frente de Acción Popular y la Unidad Popular, que levantan a Salvador Allende como candidato presidencial.

El pleno del comité central del PC de agosto de 1977, junto con hacer una dura autocrítica por los errores cometidos en la Unidad Popular estableció entre otros puntos que la revolución abriría la libertad para el pueblo y no para sus enemigos y que la correlación de fuerzas no era sólo una cuestión numérica, sino de una mayoría activa capaz de impulsar los cambios. Al trazar la política de Rebelión Popular, en septiembre de 1980, y luego de ser severamente golpeado por los aparatos represivos de la dictadura, se rompe con la tradición institucional y desarrolla una lucha por fuera y en contra del sistema establecido por el gran capital y cautelado por la fuerzas armadas, ampliando su línea política y abordando el vacío histórico de lo militar en la política.

A diferencia de los periodo 1938-1977, e inclusive hasta 1988 si se quiere, el PC estuvo inmerso en una contienda global entre capitalismo y socialismo, en el marco de la lucha antifascista y posterior Guerra Fría, y sus políticas se inscriben en procesos internacionales de luchas de liberación o democratización.

La pregunta que surge hoy es cuál es el rol que espera desempeñar el PC de cara a las definiciones que debe adoptar próximamente respecto de su posible ingreso al gobierno de la Nueva Mayoría, en medio de la actual fase del imperialismo donde la contradicción principal es entre neoliberalismo y democratización.

El nuevo Frente Popular que nace, de llegar a integrar al PC sería la mayor expresión de alianza social y política conocidas hasta hoy, que integraría desde democratacristianos hasta comunistas y que podría abrirse a nuevos sectores en la medida que despliegue una política afincada en una vocación transformadora y no meramente reproductora del orden institucional.

Ingresar al gobierno de Michelle Bachelet, que ha levantado un programa de reformas que supera a las anteriores gestiones de la ex Concertación, supone retomar la senda institucional que le caracterizó desde el Frente Popular hasta la Unidad Popular y desplegar un trabajo progresivo de lucha por democratizar el Estado y poner término a las estructuras generadoras de opresión, desigualdad e injusticia social. No obstante, ser parte de un gobierno implica responsabilidades y compromisos, lealtad y determinación. Contar entre sus filas con líderes sociales en el parlamento surgidos de luchas democráticas, al igual que los nuevos exponentes juveniles que han ingresado al congreso, es desde luego una fortaleza que puede marcar una diferencia.

Asimismo, ingresar a un gobierno sólo para legitimar formas de dominación que están en la base de la exclusión social imperante sería un error, por lo que debe existir un equilibrio que impida la instauración nuevamente del dominio oligárquico de máquinas de poder y corrupción.

En este sentido, la cuestión de tener un pie en el gobierno y otro en la calle no es una buena metáfora, pues abre dudas sobre su real compromiso con el proceso político en curso, y por otra parte, porque la sociedad civil ya no es una entramado de clases dóciles a los dictámenes de un partido o coalición. Por el contrario, es la autonomía de la sociedad y de sus movimientos democratizadores la principal fuente de las microrevoluciones que están teniendo lugar hoy por doquier en Chile y el mundo.

El nuevo Frente Popular que nace, de llegar a integrar al PC sería la mayor expresión de alianza social y política conocidas hasta hoy, que integraría desde democratacristianos hasta comunistas y que podría abrirse a nuevos sectores en la medida que despliegue una política afincada en una vocación transformadora y no meramente reproductora del orden institucional.

Por cierto nada garantiza que las transformaciones que se han propuesto lleguen a destino, por lo que debe restablecerse un nuevo acuerdo social que, a diferencia de la época de los miedos de postdictadura que instaló la gobernabilidad elitista marginando a la sociedad de los procesos de cambio; esta vez, tal acuerdo supone reconocer el rol gravitante de la sociedad y sus movimientos como motores de la transformación y base de la soberanía popular.

Comentarios del artículo: Del Frente Popular a la Nueva Mayoría: Los desafíos del PC - Publicado: a las 8:00 am

Etiquetas: , , , » Publicado: 20/06/2012

Bachelet frente a Marcel Claude

Cuando se agota el stock de adhesión social a un programa en política, los electores buscan nuevas propuestas, acordes a sus nuevas demandas y abandonan lo viejo, piden su jubilación. De poco sirve la ambición en ese momento, pero claro, es una de las materias primas que mueve la maquinaria del poder

Luego de conocida la decisión de la ex Presidenta Michelle Bachelet por ingresar al ruedo electoral de 2013, y del súbito alineamiento de la vieja oposición política tras su figura, es relevante preguntarse si un eventual regreso a La Moneda traerá consigo cambios anhelados por millares, y que precisamente, abandonaron en 2010 el proyecto ochentero de la alegría de unos pocos, y si de cara a un nuevo proyecto democrático que la derrote, estará disponible para brindar su apoyo en una hipotética segunda vuelta a quien la lidere.

La política está hecha de un material escaso y de emociones fuertes. El material escaso es la adhesión que la ciudadanía brinda a una propuesta, que la cautiva, le tinca, que la representa; y que un o una líder son capaces de expresar en un momento histórico. También, está hecha de la ambición de poder, ese deseo a veces irrefrenable que confunde la razón y ciega la realidad. De ello la ex Presidenta tiene de sobra y eso es bueno.

Pudiendo quedarse en la comodidad y privilegio de estar en Naciones Unidas, opta por volver a Chile y a sus miserias, tal vez con la esperanza de realizar un proyecto que no pudo por los poderes fácticos de la antigua Concertación que le infligieron una derrota a su gobierno ciudadano que en verdad nunca lo fue.

¿Qué atrae a Bachelet? ¿Cree realmente que la crisis de representatividad será resuelta con una modificación al sistema electoral que permita reelegir por enésima vez a los mismos que la provocan? ¿O que una reforma tributaria pondrá fin a las desigualdades? Ello es desde luego pueril. Es muy relevante el paso de la ex Presidenta, pues contribuye a reordenar el cuadro político en desarrollo y de paso, configura un escenario nada improbable que se viene preanunciando entre los jóvenes y redes sociales: de cara al agotamiento y fatiga de material de la Concertación, se está planteando la posibilidad de que Marcel Claude, el economista y destacado ambientalista, lidere una nueva propuesta programática y de renovación política para Chile.

Pudiendo quedarse en la comodidad y privilegio de estar en Naciones Unidas, opta por volver a Chile y a sus miserias, tal vez con la esperanza de realizar un proyecto que no pudo por los poderes fácticos de la antigua Concertación que le infligieron una derrota a su gobierno ciudadano que en verdad nunca lo fue.

Marcel Claude, quien es ampliamente conocido y popular entre los jóvenes del país, ha logrado concitar una adhesión como resultado de sus disputas en contra de poderes políticos corruptos, por proponer la re nacionalización del cobre, de las riquezas básicas de Chile, por el fin del lucro en la educación, por el retorno de los dineros de los ahorrantes en fondo de previsión en manos extranjeras o de grupos económicos que se han beneficiado del modelo de la dictadura, una nueva Constitución, entre otros aspectos programáticos.

Sería relevante saber qué posición tiene la ex Presidenta frente a la nacionalización del cobre de Chile, al agua usurpada a las comunidades agrícolas, si pondría  término al sistema de AFPs, haría gratuita la educación, o más directamente, si apoyaría a un posible candidato com0 Marcel Claude, en el evento de que pasara a segunda vuelta.

Cuando se agota el stock de adhesión social a un programa en política, los electores buscan nuevas propuestas, acordes a sus nuevas demandas y abandonan lo viejo, piden su jubilación. De poco sirve la ambición en ese momento, pero claro, es una de las materias primas que mueve la maquinaria del poder.

Comentarios del artículo: Bachelet frente a Marcel Claude - Publicado: a las 1:17 pm

Etiquetas: , , , » Publicado: 11/06/2012

La disputa por los movimientos sociales

Los movimientos sociales son movimientos transformadores cuyo sentido es cambiar los sistemas de dominación y exclusión, del cual la vieja oposición es percibida como parte integrante.

Uno de los síntomas de la enfermedad que padece la política institucional de la viejas oposiciones es la repentina invocación a establecer prontas relaciones con los movimientos y actores sociales, con la esperanza de encontrar ahí las claves que permitan superar la grave crisis de legitimación social que experimenta y que bien puede llevarla a un eventual deceso, como ha ocurrido en innumerables períodos de nuestra historia. Se trata de un acto tardío e ingenuo que arranca de premisas falsas.

Durante el decurso histórico del siglo XX se articularon vínculos fuertes entre partidos, actores sociales y Estado, que hicieron posible la construcción de acuerdos entre movimientos sociales y sujetos históricos y fuerzas políticas impulsoras de proyectos de cambio social. Aquellos entendimientos estaban fundados en relaciones clientelares que hacían posible la reproducción del modelo de relaciones entre pueblo y clase política – las vanguardias de entonces – que tras el término de los escenarios de Guerra Fría se tornaron lejanos recuerdos, y que ya no constituían modalidades apropiadas para los tiempos del neoliberalismo.

Estos actores y movimientos sociales nada tienen que ver con quienes responden a un paradigma fracasado y carente de humanidad.

Cuando la vieja oposición asumió el gobierno, en 1990, no lo hizo sobre la base de un entendimiento con los actores y movimientos sociales que le brindaron apoyo, basado en un proyecto de transformación del orden establecido por las fuerzas conservadoras y contrarrevolucionarias de 1973, sino por un acuerdo con esas mismas fuerzas que aplastaron la democracia, a modo de compensar la pérdida de poder que experimentarían tras la derrota de octubre de 1988.

En rigor, los movimientos sociales fueron traicionados por quienes, una vez llegados al gobierno del Estado neoliberal, iniciaron un despliegue de políticas orientadas al implementar un programa que nada tenía que ver con los anhelos de cambio por los que se movilizaron millones de hombres y mujeres. Claro, esa vez lo hicieron utilizando la memoria de los vínculos con los actores y movimientos sociales de una época ya extinta, pero que daba resultados. Todo el disciplinamiento popular y la inoculación del ideario neoliberal en diversos ámbitos y formatos de la vida social fue el dispositivo del que se valieron quienes hoy esperan reconstruir lealtades y acuerdos con los actores de la nueva sociedad.

El parto de nuevos actores y sujetos sociales que ha producido el orden carente de legitimidad que padece la mayor parte de la sociedad chilena, no sólo ha creado nuevos consumidores como gusta remarcar a los neoliberales, sino que  ha creado sujetos críticos que han comprendido que este modelo de sociedad va en rumbo de múltiples colisiones, en primer lugar con la preservación de la vida en el planeta, y con la preservación de la propia sociedad, resultado de las injusticias sociales, las desigualdades extremas, y el abuso de unos pocos desconocido hasta ahora. Estos actores y movimientos sociales nada tienen que ver con quienes responden a un paradigma fracasado y carente de humanidad.

Los movimientos sociales son movimientos transformadores cuyo sentido es cambiar los sistemas de dominación y exclusión, del cual la vieja oposición es percibida como parte integrante. Al menos  les pedimos  un poco de creatividad al  bacheletismo,  pues tarde o temprano  deberán responder a los mapuches, los  jóvenes,  los ambientalistas,  las minorías,  los pobladores, los trabajadores, los temporeros, los pescadores,  los campesinos, los  estudiantes, entre tantos otros.

Comentarios del artículo: La disputa por los movimientos sociales - Publicado: a las 12:30 pm

Etiquetas: , , » Publicado: 05/06/2012

La nueva oposición

En medio de este proceso de descomposición está naciendo una nueva oposición política, que nada tiene que ver con el gatopartismo de quienes desean conservar posiciones de privilegio, ni se prosterna ante los poderosos del mercado en el Estado.

Tras una prolongada agonía del modelo de democracia de elites que se había mantenido y que persistirá por algún tiempo, la sociedad percibe que la realidad política se ha modificado profundamente tras la llegada a La Moneda de los responsables del orden productor de malestares e injusticias y el alejamiento de quienes lo administraron por casi  20 años.

Esa sociedad intuye que ya no volverá a los tiempos de los 2 bloques que cohabitaron en el modelo dictatorial sobre la base de acuerdos mutuamente convenientes; ni aquella franja que había votado religiosamente por la Concertación, y que estuvo dispuesta a los mayores sacrificios, al mal menor, con tal de impedir que los hijos de Pinochet y sus adláteres llegaran al gobierno, ni tampoco aquella otra fracción social que, enfrentada a la dura realidad, ha visto y experimentado que sus líderes, a quienes vio esforzarse por conquistar La Moneda tras casi 60 años, sólo trabajan para los amigos y sus empresas y que las penurias del día a día siguen siendo las pesadillas reales que los aliancistas no tienen mayor interés en enfrentarlas.

Se trata de una oposición cultural de enorme arraigo juvenil y popular llamada a jugar roles cruciales en el nuevo Chile que está naciendo.

Más allá de las cifras transitorias que alimentan la imaginación de estrategas y operadores, lo cierto es que la democracia chilena sigue padeciendo una enfermedad crónica, cuyos síntomas más visibles son el descrédito de las instituciones políticas y la enorme distancia que separa a las cúpulas que usufructúan de poder y sus privilegios de la inmensa mayoría de Chile, sin haber distinción de los tan cacareados bloques que aún conservan cargos de representación y fingen representar al país.

En medio de este proceso de descomposición está naciendo una nueva oposición política, que nada tiene que ver con el gatopartismo de quienes desean conservar posiciones de privilegio, ni se prosterna ante los poderosos del mercado en el Estado. Se trata de una oposición cultural de enorme arraigo juvenil y popular llamada a jugar roles cruciales en el nuevo Chile que está naciendo.

La nueva oposición busca recuperar las riquezas naturales para Chile, gestionar los sistemas de seguridad social, de salud,  y de educación conforme a criterios de bien común y no a las reglas del mercado y el beneficio de los mismos de siempre, aspira a que las fuerzas armadas cumplan un rol garante de las derechos sociales y de la voluntad popular y no de privilegios de minorías, y anhelan que Chile sea reconocido como un país donde impera la justicia, y la democracia sea el efectivo gobierno del pueblo.

Comentarios del artículo: La nueva oposición - Publicado: a las 1:06 pm

Etiquetas: , , , , » Publicado: 16/05/2012

La nueva situación política

Diversas señales dan cuenta de la nueva situación política, que supone y exige a la vez de una nueva política. Es decir, quienes han creído que las cosas pueden seguir como antes se equivocan, pues se evaporan velozmente las certezas sociales sobre el orden que se ha intentado erigir.

En poco tiempo se han desarrollado los elementos centrales que configuran una nueva situación política, que anuncia una recomposición del campo de fuerzas y se comienza a establecer los límites de lo posible y necesario en este ciclo democratizador que nace y que recompone y recrea las esperanzas de avanzar a un nuevo proyecto democrático para las mayorías.

Desde que las fuerzas oligárquicas usurparán a sangre y fuego el poder legítimo a un Presidente electo democráticamente, en 1973, y llevaran adelante un proyecto depredador, anti nacional y anti popular, una intensa confrontación ha tenido lugar desde entonces, conflicto que en ocasiones ha sido abierto, y otras larvado, soterrado.

Ese conflicto ha permanecido oculto en medio de los dolores de la sociedad, y ha estado latente como una esperanza siempre renovada de que Chile puede ser distinto, donde a sus jóvenes se les quiera, se les brinde educación de calidad y accesible a todos, sin tener que endeudarlos por décadas; en establecimientos educacionales que se inspiren en el bien de Chile y no el lucro; donde a los adultos mayores se les trate con dignidad y vivan una vejez feliz acorde a los esfuerzos de toda una vida, o que los niños y niñas puedas vivir y crecer saludablemente en barrios acogedores, donde imperen de verdad los derechos humanos. Un Chile donde se garantice la seguridad futura, y las riquezas naturales sean de todos los chilenos y no de dos o tres familias y de empresas transnacionales. Esas esperanzas han estado presentes siempre en el Chile transicional que doblegó a muchos a través del miedo y los hizo abdicar de sus esperanzas de construir un Chile verdaderamente para todos.

Vivimos el desarrollo acelerado de una nueva situación política, donde los jóvenes serán determinantes en el Chile que irá emergiendo de la destrucción y saqueo al que ha sido sometido. Con seguridad los cantos de sirena ya no ejercerán el embrujo del mito de la alegría que venía en 1988, o del blufeo del desalojo que prometía el oro y el moro.

De todos esos cuentos de un Chile diferente, singular, exitoso, la gente no quiera saber nada más, y los datos que a borbotones aflorar día a día anuncian la recuperación de la dignidad tantas veces pisoteada por quienes han intentado corromper a la sociedad y buscado demostrar que se vive en el mejor de los mundos.

Diversas señales dan cuenta de la nueva situación política, que supone y exige a la vez de una nueva política. Es decir, quienes han creído que las cosas pueden seguir como antes se equivocan, pues se evaporan velozmente las certezas sociales sobre el orden que se ha intentado erigir.

Basta con mirar los hechos de los últimos días para concordar en la inminencia del cambio que tiene lugar: el movimiento estudiantil se reinstala como un actor protagónico de la política, que habla por la sociedad hastiada de los engaños de concertacionistas y aliancistas; en el PPD, la fracción oficialista es aplastada por el girardismo en un intento por escapar del destino que avizoran; el eje DC – PS se aferra a la figura de Bachelet como última esperanza de futuro, en un espectáculo grotesco, como crónica de una muerte anunciada; la encuesta CEP sigue ratificando lo que el país padece, que las instituciones del Estado ya no representan a las mayorías confirmado la sensación de vivir bajo un cautiverio permanente y al arbitrio de una constitución ilegítima que se reproduce gracias a los privilegios de una minoría que le rinde diaria pleitesía.

Por otro lado, los liderazgos que emergieron han perdido el encanto de un momento y desvanecido en el aire. En este marco, el triunfo de Josefa Errázuriz, en Providencia, marca la señal más potente de la crisis, pues no sólo es barrido el candidato del oficialismo concertacionista, sino el liberalismo ciudadano, ambos con incomparables poderes frente a la líder social. Se siente en el aire que algo cambió muy profundamente esa noche de la victoria ciudadana y democrática.

Vivimos el desarrollo acelerado de una nueva situación política, donde los jóvenes serán determinantes en el Chile que irá emergiendo de la destrucción y saqueo al que ha sido sometido. Con seguridad los cantos de sirena ya no ejercerán el embrujo del mito de la alegría que venía en 1988, o del blufeo del desalojo que prometía el oro y el moro.

Como nunca es un momento para releer los procesos de continuidad y memoria histórica, para sacar las lecciones de lo que nos ocurrió y prepararnos para defender las conquistas democráticas que se avecinan.

 

Comentarios del artículo: La nueva situación política - Publicado: a las 8:36 pm

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