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David López

Doctor en Derecho y Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales. Investigador Responsable del Proyecto Fondecyt 11130188.

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Etiquetas: , , , , , , , , » Publicado: 31/10/2015

Cómo actuar con responsabilidad en el mundo virtual

Cada vez más trámites deben operarse a través de Internet, y la confianza en la red es un valor donde la clave es fijarse en señales como las que describe en esta columna el académico español David López.

El comercio electrónico crece a un ritmo imparable. Las cifras que, a nivel mundial, mueve son de vértigo. Chile no es una excepción a esta sugerente tendencia. Lo queramos o no, las tecnologías han llegado para quedarse. Debemos adaptarnos a ellas, aunque, obviamente, no a cualquier precio.

Cada vez más trámites deben operarse a través de Internet. Recurrimos a la Red para buscar información, comunicarnos con nuestros contactos, o, simplemente, enviar un correo electrónico. Cuando efectuamos tales actividades, mediante nuestro computador, tablet o smartphone, estamos, de manera simultánea, siendo destinatarios de publicidad –adaptada a nuestros gustos y preferencias-. Las probabilidades de que decidamos contratar un determinado bien y/o servicio son, en este último caso, elevadas. Repárese que es una publicidad personalizada que tiene en consideración nuestro perfil. Una cuestión aparte serán las repercusiones que ello supone sobre nuestra privacidad.

Ahora bien, aunque los anuncios que visionamos en la red despierten necesidades, pues la persuasión con la que operan es elocuente, debemos ser prudentes de con quién contratamos. En efecto, no ha de perderse de vista que tratamos con interlocutores que no vemos, ni sabemos dónde están, ni tenemos seguridad de que lo que dicen es real. Las dudas que nos asaltan son cuantiosas. Las estafas en Internet se suceden día tras día. Quizás, nos digamos a nosotros mismos, resulte demasiado bonito para ser verdad.

Este problema puede evitarse si, como consumidores, contratamos con empresarios adheridos a algún sistema de autorregulación. Nos referimos al hecho de que el proveedor manifieste, en su sitio web, que está comprometido con un código de buenas prácticas o exhiba un sello de confianza (acreditativo de que cumple un código de conducta). Tales aspectos, que pueden pasar desapercibidos, por desconocimiento, son relevantes. Se dice que quien evita el riesgo evita el peligro. Pues bien, en este caso, pasa lo mismo. Podremos tener más garantías de que el empresario con quien contratamos es fiable. No es una cuestión que deba infravalorarse. Nótese que en el caso que cuando compramos manejamos datos vinculados con las tarjetas bancarias, damos datos personales y, en suma, están en juego las ilusiones y expectativas puestas sobre ese bien o servicio.

Si se nos permite el símil, en el caso de que pudiéramos comparar Internet con una gran aldea global, en la que no supiéramos qué calles resultan verdaderamente seguras, la autorregulación –a través de los códigos de conducta y sellos de confianza- permitiría al ciudadano, en este caso consumidor y/o usuario, conocer cuáles sí lo son.

Si tuviera lugar alguna diferencia con el empresario con quien contratemos, que no cumpla con lo prometido, existirá un organismo que se ocupará de resolver las disputas. Todo ello, además, de forma gratuita para el consumidor y en un tiempo muy breve. No olvidemos que las compras por Internet generalmente son de escasa cuantía y acudir a los tribunales de justicia no resulta rentable. Los litigios judiciales, además de costosos, se demoran en el tiempo.  Hay quien dice que es mejor un mal arreglo que un buen juicio. Sin ser extrapolable a todos los eventos que se suscitan, en la práctica, tal afirmación parece acertada en este caso. Además de por la cuantía, los miembros integrantes del organismo extrajudicial de resolución de litigios suelen estar especializados en la materia. Si el empresario incumple con sus compromisos adquiridos, a los que se obligó, mediante la adhesión al código de buenas prácticas, y el organismo extrajudicial dicta una resolución desfavorable para el mismo –susceptible de ser publicitada en la Red-, podría resultar seriamente afectada su reputación. La confianza se erige en un valor difícil de alcanzar, pero muy fácil de perder. Por ello, muy pocos empresarios estarán dispuestos a asumir dicho riesgo.

En el caso concreto de Chile, desde hace algún tiempo, funciona, de manera exitosa, el código de buenas prácticas en materia de comercio electrónico de la Cámara de Comercio de Santiago. Un buen número de empresas están comprometidas con el mismo.

Si se nos permite el símil, en el caso de que pudiéramos comparar Internet con una gran aldea global, en la que no supiéramos qué calles resultan verdaderamente seguras, la autorregulación –a través de los códigos de conducta y sellos de confianza- permitiría al ciudadano, en este caso consumidor y/o usuario, conocer cuáles sí lo son. En definitiva, a la hora de contratar en Internet, debemos fijarnos en esas pequeñas señales que hemos descrito de forma somera.

Etiquetas: , , , , , , , , » Publicado: a las 7:00 am

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