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Agustín Cabré Rufatt

Sacerdote CMF.

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Etiquetas: , , , , , » Publicado: 11/11/2014

Me mandaron una carta

A propósito de la carta de los laicos a favor de los sacerdotes José Aldunate, Mariano Puga y Felipe Berríos, el religioso claretiano Agustín Cabré escribió este texto donde asume que la iglesia chilena está viviendo una crisis y defiende a sus colegas acusados porque “están planteando las cosas desde la óptica de la gente”.

Me mandaron una carta

por el correo temprano
y en esa carta me dicen
que acusaron a mi hermano…

Estamos asistiendo en Chile (¿solamente en Santiago?) a un despertar de laicos católicos que piensan, opinan, discuten, critican, proponen y actúan. Es bueno saber que ante un procedimiento sumamente discutible del nuncio apostólico, poniendo bajo observación a tres curas emblemáticos y queridos por la mayoría ciudadana, se hayan puesto de pie, sacado la voz y hasta golpeado la mesa.

Hacía falta. Desde muchísimo tiempo una actitud así hacía falta. Quizá el anterior hecho rebelde de resonancia fuerte haya sido la toma de la catedral por la llamada Iglesia Joven, el 11 de agosto de 1968. Fue la ocasión en que el cardenal Raúl Silva, quien estaba contento por haber impreso un ritmo acelerado a la renovación eclesial en Santiago, exclamó con tristeza: “hemos sido castigados en nuestra soberbia”. La parte más dinámica de su grey quería algo más.

Decir que la iglesia está en crisis es decir que se le terminó la época rural e idílica en la que unos mandaban (el clero) y otros obedecían (las bases).

Hoy día la situación no es igual, pero es sintomática: cada vez que los laicos actúan, la iglesia gana en fidelidad evangélica y en trasparencia.

Liderados por la revista Reflexión y Liberación, un centenar de cristianos del mundo cultural ha escrito una carta abierta dirigida al papa Francisco. En ella, y con el argumento de defender a sus curas, plantean su inquietud por la crisis que está viviendo la iglesia chilena.

Porque de haber crisis, la hay. Una crisis tiene varios sentidos: es crecimiento, es novedad, es búsqueda, es oportunidad, es derrumbe. Toda crisis lleva elementos negativos (involutivos), per también elementos evolutivos o de búsqueda de expresiones nuevas de los valores en los que se cree.

Decir, entonces, que la iglesia está en crisis es decir que se le terminó la época rural e idílica en la que unos mandaban (el clero) y otros obedecían (las bases). Recién ahora, después de cincuenta años, se empieza a tomar conciencia de lo expresado en el Vaticano II: la iglesia es el pueblo de Dios que vive su experiencia de fe, esperanza y solidaridad en este mundo concreto. Todo lo demás está en función de esa vida. La jerarquía, con su clero, su organización, su doctrina, sus medios, está al servicio del pueblo de Dios.

Un tema peliagudo es el tema ético y en este tiempo, con el Sínodo de la Familia que ha propuesto Francisco, habrá que conversarlo. Si la moral católica no está para ayudar a las personas a vivir y a crecer como tales, no sirve.

Los curas cuestionados por el Nuncio apostólico, por sus declaraciones en temas candentes, están planteando las cosas desde la óptica de la gente.

El actuar de los laicos en esta ocasión al mandar una carta abierta a Roma pidiendo que Francisco envíe una persona adecuada para ver lo que está pasando en la iglesia de Santiago, es una petición noble surgida desde su vocación cristiana.

El Vaticano II sepultó la moral casuística, que se había separado de la sana teología. Terminó con los argumentos de autoridad. Hoy día la moral debe estar centrada en la persona de Jesucristo (no en la idea de Jesús, sino en su persona). Por lo tanto debe ser una moral alegre que supere la moral esclavizante de la ley. Una moral abierta al Espíritu y su actuar en la historia de la gente. Una moral centrada también en la persona humana, ya que la finalidad de la moral es la realización plena del ser humano.

Cuando Francisco repite en sus homilías que la misericordia es la característica de la predicación de Jesús al pueblo, está diciendo una verdad evangélica profunda. Era la sinagoga, con sus maestros de la ley, con sus liturgos, con sus sacerdotes, los que cargaban a las espaldas del pueblo los fardos legales que ellos no llevaban y no ayudaban a llevar. La comunidad de Jesús era otra cosa.

Por eso el actuar de los laicos en esta ocasión al mandar una carta abierta a Roma pidiendo que Francisco envíe una persona adecuada para ver lo que está pasando en la iglesia de Santiago, es una petición noble surgida desde su vocación cristiana. No hay que temer a una visita de ese carácter. Hay que temer mostrar una iglesia apocada, sin personalidad y que no ofrece bondad ni misericordia.

Etiquetas: , , , , , » Publicado: a las 9:00 am

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