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  • Claudio Silva Lazo

Claudio Silva Lazo

Periodista, Universidad Católica de Chile. Twitter: @CSSL10

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Etiquetas: , , , » Publicado: 09/09/2013

Ese Golpe y mi familia

Hace ya 41 años mi madre Regina y mi padre Claudio se casaron en Santiago. Tres años más tarde nací yo. Había pasado un poco más de dos años del matrimonio y a él se lo llevaron la tarde del 26 de noviembre de 1974 el Guatón Romo con su Grupo Halcón de la DINA. Fue 14 meses después de que los militares ejecutaran el Golpe de estado. Yo al Claudio no lo conocí.

Un día después de la detención de mi padre, la Dirección de Inteligencia Nacional que comandaba el Mamo Contreras se llevó para siempre a mi abuelo Fernando. Evidentemente tampoco pude conocerlo. Por entonces solamente tenía dos meses de gestación en el vientre de mi madre y por esas casualidades extrañas de la vida, tanto Regina como yo no caímos en las manos de la policía secreta de Augusto José Ramón. Tuve la fortuna de no quedar a cargo de los militares y luego ser robado y reubicado con otra familia, como sí le pasó a otros niños en Chile y Suramérica.

De las historias de Claudio y Fernando estuve enterado siempre. Jamás alguien evitó decirme que eran detenidos desaparecidos. Si hago un ejercicio racional diría que a mis cinco años ya lo sabía.

En las detenciones de mi padre y mi abuelo se manifestaron dos coincidencias. Ambos pudieron hablarle a sus esposas antes de no verlas nunca más. Fernando le dijo a María Inés que no se preocupara tanto y Claudio le susurró a Regina que cuidara al hijo que venía en camino. También coincidió la delación de un tío político, quien ante las amenazas de que matarían a su hija y su mujer, decidió facilitar sus capturas. El remordimiento lo hizo irse y desaparecer en mil lugares. Nunca lo vi ni he conversado con él.

Claudio Guillermo y Fernando Guillermo pasaron sus torturas y vejaciones en Villa Grimaldi, en la comuna de Peñalolén. A poco menos de un mes de su secuestro, el 24 de diciembre, a mi abuelo lo subieron a una camioneta que llevaba detenidos a los centros de torturas La Venda Sexy en Macul y Cuatro Álamos en San Joaquín. En el viaje, en un punto inexacto del camino, un militar gritó que pararían “para botar al viejo”. Nunca más nadie supo de él.

Mi padre estuvo detenido en el mismo centro hasta el 10 enero de 1975. Pasó 45 días en medio del dolor, el mismo de los otros que estuvieron ahí o en cualquier otro centro de torturas. Desde allí lo hicieron desaparecer. En ese momento yo contaba con cuatro meses al interior de Regina.

Mi padre militaba en el Movimiento de Izquierda Revolucionario, un tiempo fue chofer del equipo que transportaba a Allende y tenía abandonados sus estudios de Biología Marina en la Universidad de Chile. Cuando lo detuvieron tenía 23 años y al desaparecer sumaba 24. Su último festejo –el 21 de diciembre de 1973- lo pasó en Villa Grimaldi. No sé si se lo habrá contado a alguien para que lo saludaran, aunque su padre lo sabía. Espero que algún compañero o compañera lo haya abrazado.

Mi abuelo –apodado Willy- era ayudista del MIR, en especial de todos los conocidos de Claudio. Era decorador de interiores y confeccionaba muebles. Muchos años antes vivió con su familia como inquilino de un señor adinerado en las cercanías del Cajón del Maipo, quien le encargaba confeccionar piezas en mármol que traía de Italia. Sus orígenes familiares estaban en Viña del Mar. Al momento de desaparecer tenía 60 años.

Claudio y Fernando eran hinchas de la U. Inevitablemente yo también lo soy. Me dicen que eran cultores del humor negro y la ironía. Yo intento casi siempre seguir esa ruta. Y aunque nadie me lo enseñó, imito inconscientemente lo que ellos hacían siempre: Hago aseo sólo los días sábado.

Lo que quedó de la familia paterna directa fue mi abuela, mi tía, mi prima, mi madre y yo. Al poco tiempo la hermana mayor de mi padre (Evelyn) y su hija (Vania) se fueron a vivir a Costa Rica. A ellas las he visto un par de veces durante todos estos años.

Regina, quien logró titularse de educadora de párvulos en la Universidad de Chile, donde conoció al Claudio, junto a otras mujeres y madres de miristas desaparecidos, de ejecutados y presos políticos hicieron fuerza común para crear la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, además de ayudar a las iglesias para fundar la Vicaría de la Solidaridad.

En esos pasillos arriba de la librería Manantial, al costado de la Catedral de Santiago, en plena Plaza de Armas, pasé gran tiempo de mi niñez. Recuerdo las arpilleras colgadas en las paredes y el movimiento de gente que iba y venía de reuniones en esos salones de techos altos, murallas blancas y pisos de madera. También que con otros niños disfrutábamos lanzando pequeñas piedras de maicillo desde la terraza de la Vicaría al interior de la Manantial. Lo mejor era que siempre tenía algún libro cerca. Mi favorito siempre fue Cuentos de la Selva del uruguayo Horacio Quiroga. Mi abuela Maruja también estuvo ahí en ese esfuerzo, aunque tengo la sensación de que con el tiempo eligió cada vez ir menos. Seguramente la tristeza le afectaba.

Mi madre y una tía política, ambas educadoras, en medio de su lucha en el origen de la AFDD, decidieron inventar un colegio para reunir a los hijos de detenidos, de ejecutados, de prisioneros. Consiguieron la parte posterior de una sede masónica en la comuna de Independencia. Fui el primer alumno inscrito. Ese esfuerzo, que con el tiempo financiaría una iglesia sueca, se llamaba Hueñicito. Ahí la enseñanza estaba en la solidaridad por sobre la competencia y el arraigo en las culturas indígenas. Ahí lo mapuche era símbolo de orgullo. Entre ellos encontré a mi primer ídolo: Lautaro.

Mi infancia fue de familia materna. En esa casa siempre se intentó construir una realidad de calma. A veces se interrumpía con fuerza cuando partíamos a las marchas, cuando acompañaba a mi madre a la Vicaría o a las reuniones con hombres y mujeres que resistían los riesgos de la dictadura. Otras tantas veces esa calma era golpeada por la huelgas de hambre en que se vinculaba Regina, las idas a Villa Grimaldi para que un militar nos mandara irnos con una metralleta bajo el brazo o los actos en las iglesias para reclamar una justicia que en demasiados casos no llegó.

De las historias de Claudio y Fernando estuve enterado siempre. Jamás alguien evitó decirme que eran detenidos desaparecidos. Si hago un ejercicio racional diría que a mis cinco años ya lo sabía. Para esa época la candidata Evelyn Matthei tenía 27 años y el postulante senatorial Iván Moreira sumaba 24; sólo por nombrar a dos personeros que nos dicen que desconocían lo que pasaba en Chile. Seguro tienen razón y yo era un privilegiado al conocer esas noticias. Ese mismo año se instauraba la Constitución del 80, que sobrevivimos hasta hoy. Pero claro, esa es otra linda historia.

En ese tiempo, entre viajes a protestar y buscar información de los nuestros, recuerdo con claridad que Juan Eduardo, mi abuelo materno, me relató el día en que puso en la mesa dos boletos de avión frente a Claudio, para que se llevara a Regina a Buenos Aires e intentaran salvarse de la represión. Me comentó que fue meses antes de que desapareciera. Mi padre le agradeció y le dijo que no podían irse porque había mucho por luchar en Chile. Juan probablemente sintió que los debió obligar a irse. Él y su mujer, Leonor Esperanza, querían en demasía al Condoro, que era como apodaban al Claudio. Hasta el día de hoy me cuentan historias lindas de mi padre.

Cerca de un año después de ese gesto, el 12 de junio de 1975, La Segunda estrenaba su histórico: “Exterminados como ratones”, cuento de ficción creado por la DINA que luego conocimos como Operación Colombo. En esa lista de 119 personas estaban Claudio y Fernando. Mi madre embarazada iba en micro a la universidad cuando vio el titular colgado en un kiosco, durante una detención por un semáforo en rojo. Inmediatamente se bajó, se olvidó de un examen y partió al Comité Pro Paz. Es posible que ese día muchas de esas mujeres comenzaron a entender que a sus hijos, maridos, hermanos, sobrinos, amigos o compañeros jamás los volverían a ver.

En ese ejercicio de inteligencia y terror que duró aproximadamente un mes, también participaron con agrado El Mercurio, La Tercera y Las Últimas Noticias. En medio de esos tensos días decidí nacer un lunes pasadas las tres de la mañana. Lo hice en una clínica del barrio alto. Mi familia materna había decidido no ahorrar dinero alguno y así evitar algún indetectable problema médico en el parto o que luego alguien pudiera llevarse al recién nacido. Eran los locos tiempos de la dictadura.

La primera en conocerme fue mi abuela Esperanza, quien convenció a una enfermera para que me mostrara a través de un vidrio. Era el primer nieto de la familia materna. Luego vendrían cuatro más y mucho después tres bisnietos. Con toda esa linda familia nos vemos de cuando en vez.

Con pocos años, aún niño, y con mi hermana Catarina compartiendo la pieza, por las noches aparecía Regina para cantarnos su adaptación de “Duerme duerme negrito” y leernos las historias del charrúa Quiroga, con preferencias por “El Loro Pelado”, “La Tortuga Gigante“ o “El paso del Yabebirí”. Con la luz ya apagada y casi dormido, en mi cabeza conversaba con Claudio. Le contaba sobre los días y le prometía cosas como cuidarlas a ellas. Un día, no sé por qué, dejé de hacerlo.

Ninguna de todas estas mínimas historias, las contadas y las guardadas, las cambiaría por nada.

En pocos días más se cumplen 40 años de la arremetida violenta en contra de un esfuerzo colectivo que buscaba modificar la historia a favor de las trabajadoras y los trabajadores de nuestro país. Ese mismo día se iniciaba el proceso que dejaría a mi familia cortada en trozos. Con la distancia, el dolor presente y la conciencia sin perder la memoria, en lo único en que no logro dejar de pensar es que llegará el día en que tendré un hijo y que sí o sí se llamará Claudio.

Etiquetas: , , , » Publicado: a las 8:00 am

COMENTARIOS »
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  • Ramon Roman

    Sería inutil agregar un comentario a esta historia. Mi solidaridad y mi agradecimiento por tu vivencia.

  • Ramme

    Y aun asi…existen. Estupidos y degenerados mentales…que defienden…a esa dictadura maldita…mi solidaridad con ud. Y su familia…

  • Jose Javier Gacitua Basulto

    Bastante penosa la historia, pero si tu padre y tu abuelo eran del movimiento de izquierda revolucionario, no creo que hayan sido unas blancas palomas, no justifico en nada que los hayan detenido y menos hecho desaparecer,pero en ese momento eran del otro bando, o acaso el MIR no tenia su brazo armado,no hacían atentados, no colocaban bombas, o como era en contra de los militares estaban autorizados a matar y nadie debe juzgarlos,si lo miras de tu punto de vista es respetable tu historia, pero cuantos claudios y fernandos militares murieron y sus hijos y nietos hoy día solo tienen que recordarlos en silencio ya que lamentablemente no son de izquierda.

    • Lautaro Peredo

      Hay una diferencia básica entre unos y otros : unos armados con armas de guerra y en gran número, los otros, en su mayoría, desnudos, amarrados y vendados. No trates de empatar, basura asquerosa. Yo lo viví y no hablo de oídas.

      • Jose Javier Gacitua Basulto

        Desnudos,amarrados y vendados estaban para la internacion de armas en carrizal bajo, los que estaban disparando desde los edificios hacia abajo el 11 de septiembre también estaban desnudos y amarrados, los que mataron al intendente Carol Urzua estaban desnudos,amarrados y vendados, el atentado a la comitiva en el melocotón, fue con armas de juguete,basura asquerosa y mentirosa.Yo también lo viví y no hablo de oídas.

        • Lautaro Peredo

          Nunca hemos reclamado por nuestros caídos en combate, por eso digo ” en su mayoría “.¿ Puedes negar eso, imbécil ?

          • Jose Javier Gacitua Basulto

            Caídos en combate, y que ahora de seguro que los recuerdan como héroes,no te trato de imbécil,para no seguir aumentando tu odio y resentimiento.

          • Karina Sepúlveda

            Lautaro, no vale la pena intentar conversar con gente que en ese entonces vivía en una burbuja, inconscientes totales de la realidad verdadera de los trabajadores, de la gente de esfuerzo. Obviamente su percepción está alterada y por esa misma razón nunca comprenderán el sufrimiento que causaron, pues para ellos todas las “medidas tomadas” están totalmente justificadas. Lamentablemente como este personaje hay miles aun en nuestro pais, aparecen en televisión y estan aun bien acomodados en esta sociedad. Solo espero que los que no vivimos dentro de esa burbuja, podamos seguir recordando y transmitiendo, ahora sin miedo, la versión real de todo lo que sucedió… Con mucho cariño…

          • Jose Javier Gacitua Basulto

            Que burbuja ni que ocho cuartos,inconscientes ni nada, mis padres eran trabajadores y gente de bastante esfuerzo, y lo que consiguieron fue gracias a ese esfuerzo,sin envidia ni deseando lo que tiene el del lado,ni tampoco esperando ayuda del cielo o que el estado me lo resuelva todo.Este periodo negro de nuestra historia, nunca debió haber ocurrido,no tienen porque matarse entre hermanos,pero si queremos contar la versión real de todos los hechos a nuestros hijos debemos ser imparciales, contando porque sucedió y como sucedió,sin estar imponiendo mis ideales…..lo digo esto con mucho cariño.

  • Lorenzo Edmundo Parra Tapia

    Hola Claudio,desde hace muchos años que dejé de creer en las casualidades,si es que alguna vez lo hice,entre sincronías y evocaciones de un mundo lleno de luces llegamos a este 40 año del comienzo que cambió nuestras vidas.Debo haber vivido algunos años cerca de este Jardín y también estuve un par de veces con Evelyn,a quien desde la partida de su madre nunca supe más….en una ocasión recuerdo que frente a La Moneda nos presentaron…ojalá un día muy pronto pudiéramos tomarnos un café.En la historia de tu tía tengo una página chiquita,al mismo que con tu padre y abuelo,que están
    presentes en el intento por ser dignos.

  • Kelle Valdivia

    Chucha madre, cuánta emoción me invade, y se ratifica en mí el hecho que la tortura y años de cárcel no don nada frente a otros casos como el de Claudio. Ni olvido ni perdón… Sólo Justicia.

  • Kelle Valdivia

    Adelante, Siempre!!!

  • camila villalon

    Que lindo Claudio!!!

  • Adrian

    Paso frecuentemente por la villa grimaldi y por el hotel 5 estrellas del regimiento de telecomunicaciones de Peñalolen…expresiones abyectas de la dictadura que nos hacen preguntarnos cuanto de ella aún subsiste. Grande Claudio ojalá tu testimonio no hubiese sido nunca y hubieses tenido una vida relativamente normal, con un padre presente, pero se nos cruzó a todos en el camino el primitivismo, la ignorancia, la vileza…

  • Lautaro Peredo

    Claudio, tu manera de narrar tu historia afecta los ojos de este viejo compañero de tu padre.
    Tal vez nunca nos encontramos, o tal vez sí, en la vorágine de esos días cuando fuimos lo mejor de nosotros mismos, cuando nos lanzamos con todo lo que éramos a intentar la construcción de un mundo mas justo y solidario. Fueron tiempos de coraje y honestidad.
    Tu hijo se llamará Claudio. Algún día habrán muchos Claudios porque los pueblos los paren cuando los necesitan.
    Un abrazo fraterno como me hubiese gustado dar a tu padre.

  • El Chalo Mardones

    NO PERDON Y NO OLVIDO

  • Caro

    Claudio, a pesar de que no te conozco, me emocionaron mucho tus palabras. Espero con toda el alma que algún día tu familia y todas las personas que vivieron esos momentos terribles de tortura puedan sanar de alguna forma ese dolor y encontrar paz en su corazón. Un abrazo grande.

  • Cristián Mallol

    Bueno. Todo esto es muy triste.

    Yo conocí a Claudio Silva Peralta (el padre del muchacho que escribió el blog de arriba) en Grimaldi. Cuando yo llegué allí, muy malherido, el llevaba unas dos semanas allí, detenido junto a su padre Fernando. Claudio era muy jóven y tenía aspecto de niño

    Era un muchacho generoso y tierno y desde que yo salí de los interrogatorios se acercó para cuidarme, limpiar mis heridas de bala, darme agua, alimentarme….Su padre era un viejo enmudecido, que deambulaba con dificultad en medio de una gran tristeza..Yo encontraba terrible ese trance tan dramático para padre e hijo, e imaginaba lo insoportablemente doloroso que hubiera sido para mi estar con mi papá allí. A don Fernando se lo llevaron con el grupo de la navidad del 74, unos veinte detenidos, entre ellos mi cuñado Luis Jaime…Les dijeron que los llevaban a libre plática y hubo entre todos nosotros un estallido de alivio y alegría…Hoy, todos, todavía están desaparecidos.

    Después, yo mucho más recuperado de mis heridas, nos llevaron a con un grupo a otra celda, que quedaba frente a la pieza de la tortura. Escuchábamos día y noche los alaridos desgarradores de mujeres y hombres en manos de sus despiadados verdugos. Creíamos que íbamos a enloquecer. Fue entonces que con Claudio empezamos a hablar de nuestros hijos. Yo de Carola y él de la guagua que venía en camino. Pasábamos horas y horas, días y días, imaginando el futuro, el como los educaríamos, los juegos con ellos, etc. Inventábamos cuentos que alguna vez les contaríamos y nos los contábamos repetidas veces….Eso no mantuvo anclados a la vida y a la esperanza.

    Un día de enero se lo llevaron. No lo vi más. Nunca más.

    Ocho meses después, en el Campo de Concentración de Tres Álamos me llaman para la visita. Ese día yo no esperaba visita. Me sacan junto a los otros hacia donde esperaban las visitas. Me quedé sólo, esperando. Después de un rato veo que se acerca a mi una muchacha. Era muy joven y venía con una guaguita. Me saludó con cariño…..Era la compañera de Claudio. Venía con ese hijo que Claudio tanto soñó e imaginó. Me puse a llorar desconsoladamente. Ella me abrazó y me pasó al bebé. Quería que yo lo conociera y que le hablara de los últimos momentos de Claudio. Me costó mucho, pero pude hablarle de amor, de ese inmenso amor que Claudio sentía por ellos, por ella y….por su guaguita.

    Te quiero mucho Claudio. Gracias por tu ternura y tu sonrisa.

  • Andres Shertzer

    Claudio, viejo amigo y compañero de años en aulas masónicas. Sin saber como llegue a leer estas lineas históricas de una realidad que lamentablemente te tocó vivir de la vereda más dura, también caí en ojos vidriosos al leer con admiración tu extraordinaria narración. Pasada tres lineas del inicio de mi lectura, la historia que no conocía a cabalidad, me pareció tan cerca, ya que te eras tú!!! Claudio !!!! El increíble periodista que narra de manera majestuosa y conmovedora su nexo con estos 40 años de historia desde una perspectiva muy intima y con un sentimiento sutil. Gracias por compartir estas lineas.
    Un fuerte abrazo, Andrés Shertzer Rivas

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