Etiquetas: allamand, defensa, seguridad » Publicado: 31/08/2012
El camino fácil era firmar el decreto y promulgarlo, como se hacía antes, pero se prefirió que recoger la visión de todos los sectores. Es de esperar que demos muestra de nuestra madurez política e institucional y debatamos en serio estos temas.
Las últimas semanas hemos presenciado un interesante debate en torno a la Estrategia de Seguridad y Defensa presentada por el gobierno a fines de junio, en consulta al Senado y a la Cámara de Diputados. Al respecto, es necesario recoger algunos de los elementos en discusión sobre el fondo de dicho documento.
Creo que el principal mérito de la Estrategia es comenzar a tratar los temas de seguridad y defensa en clave de política pública. El amplio debate que se desarrolla da cuenta de que, a diferencia de ejercicios anteriores como los Libros Blancos de la Defensa, restringidos a grupos de expertos y funcionarios de gobierno, hoy la discusión es abierta, participativa y más democrática. En los gobiernos anteriores, las autoridades y funcionarios discutían con miembros de las FF.AA. y arribaban a consensos limitados sobre materias y conceptos relativos a la defensa. Aún más, las diversas adquisiciones realizadas en los gobiernos de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet no obedecían a una política de defensa definida claramente por los civiles, ni menos a una Estrategia como la que se propone ahora.
Lo positivo es que por primera vez en Chile discutiremos a fondo estos temas en el Congreso Nacional, en la sociedad civil y en el mundo académico. Ello, gracias a que el Presidente de la República y el ministro Allamand optaron por el camino que a veces se ve como el más difícil: dialogar, discutir y buscar consensos en materias sensibles.
El debate que se abre con la presentación de este documento dice relación con aspectos de importancia capital, como la colaboración de las FF.AA. en materias de seguridad distintas a la seguridad exterior. El mérito del concepto de seguridad ampliada, acuñado por el documento, es reconocer que los desafíos de seguridad de Chile trascienden lo estrictamente militar, asumiendo que la situación estratégica del país es distinta a la vivida, por ejemplo, en los 70’ y 80’. Las denominadas nuevas amenazas a la seguridad, como: el crimen organizado; narcotráfico, déficit energético severo; distintas formas de conflictividad internacional; ingobernabilidad e inestabilidad política en la región; proliferación de armas, entre otras, son cada vez más demandantes en el escenario de seguridad que enfrentan los países de la región y el mundo en el Siglo XXI.
Lamentablemente, parlamentarios, ex funcionarios de la Concertación y algunos analistas han cuestionado la “seguridad ampliada”. Estimo que dicha crítica es infundada por tres motivos. Primero, porque fueron los mismos gobiernos concertacionistas que fueron articulando una visión más amplia de la seguridad nacional en diversas instancias y documentos suscritos por el país, como la Asamblea de la OEA de Bridgetown y la Conferencia Especial de Seguridad de México de 2003, sólo por mencionar algunos.
En segundo lugar, la crítica es equívoca porque las FF.AA. han cumplido, en los gobiernos democráticos desde 1990, funciones más allá de la defensa del territorio, apoyando a las autoridades civiles en catástrofes, incendios, labores de interdicción marítima, alerta frente a posibles ataques terroristas y diversas tareas policiales, como las realizadas por la Armada y la Fuerza Aérea. A ello se agregan las operaciones de cooperación internacional, como Haití.
En tercer lugar, si revisamos las Estrategias publicadas por otras democracias, apreciamos que todas plasman una visión de la seguridad que excede lo militar y la defensa del territorio. Documentos como el de España, Brasil, Reino Unido, Canadá y Holanda, entre muchos otros, dan cuentan de una mirada integral a los desafíos de seguridad que enfrentan. Nadie en esos países cuestiona ex profeso esta visión amplia y moderna de la seguridad, porque entienden que los problemas que amenazan la seguridad de los individuos y los estados son de naturaleza multidimensional, y ya no pueden ser enfrentados de forma aislada por los Estados.
Con todo, lo positivo es que por primera vez en Chile discutiremos a fondo estos temas en el Congreso Nacional, en la sociedad civil y en el mundo académico. Ello, gracias a que el Presidente de la República y el ministro Allamand optaron por el camino que a veces se ve como el más difícil: dialogar, discutir y buscar consensos en materias sensibles. El camino fácil era firmar el decreto y promulgarlo, como se hacía antes, pero se prefirió que recoger la visión de todos los sectores. Es de esperar que demos muestra de nuestra madurez política e institucional y debatamos en serio estos temas.
Etiquetas: allamand, defensa, seguridad » Publicado: a las 4:58 pm
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