Etiquetas: abuso infantil, abuso sexual, abusos, fiscalía, justicia » Publicado: 31/08/2012
La defensa del Estado democrático de derecho exige, a veces, no seguir las percepciones populares, máxime cuando ellas sólo apuntan a la vindicta privada.
Me llamó la atención una noticia de la semana pasada: un padre, movido por la ira, quemó el automóvil de una persona sindicada como autora del delito de abuso sexual. Al preguntársele el motivo de su actuación expresó: “Lo hice por mi hija y por las otras niñas abusadas”. El fiscal decidió no pedir la prisión preventiva porque había actuado, como padre, movido por ” motivaciones pasionales “.
Mi columna no será popular. Y no lo será porque me referiré a “pariente pobre” de la historia: la presunción de inocencia.
¿Es que acaso el sindicado por el delito de abuso no goza de este derecho? Lamentablemente, para los partidarios de quien quemó su vehículo, sí tiene ese derecho, tanto como quien comete un homicidio, un robo o maneja en estado de ebriedad. ¿Por que, entonces, parece no tenerlo? Me atrevo a dar una respuesta: porque los operadores jurídicos son sensibles a eso que La Tercera denominó las “percepciones ciudadanas” sobre lo justo o injusto.
Alguien podría pensar que las motivaciones del padre, abrumado por el presunto delito, lo autorizan a ejecutar ese hecho. Pero ¿no esgrimió o esgrimen los criminales motivos cuál mas profundos para la ejecución de estos hechos? “El infierno esta empedrado de buenas intenciones”, afirma la sabiduría popular acertadamente.
Pero ¿qué sería de nuestro Estado democrático de derecho si tales percepciones triunfaran en este ámbito? En mi humildísima opinión, sería el mayor retroceso cultural y político en años. Si cada cual enarbolase la potestad de decidir los conflictos significaría el retorno a eso que los abogados denominamos rimbombantemente los “antecedentes jurisdiccionales” que tienen un carácter excepcionalísimo, la auto tutela, la venganza privada.
Alguien podría pensar que las motivaciones del padre, abrumado por el presunto delito, lo autorizan a ejecutar ese hecho. Pero ¿no esgrimió o esgrimen los criminales motivos cuál mas profundos para la ejecución de estos hechos? “El infierno esta empedrado de buenas intenciones”, afirma la sabiduría popular acertadamente.
Otros afirmarán que el actuar del padre tiene razón “en lo humano”, en el sustrato más íntimo que tienen los seres humanos, en eso que no es jurídico ni legal. Yo replico a ello: Si hemos llegado a las democracias actuales es porque hemos hecho imperar, por sobre todas estas razones “no jurídicas”, la razón del derecho. Si el padre incendiario tiene razón, no es él ni este es el momento para declarar la culpabilidad del presunto abusador.
La defensa del Estado democrático de derecho exige, a veces, no seguir las percepciones populares, máxime cuando ellas sólo apuntan a la vindicta privada.
Etiquetas: abuso infantil, abuso sexual, abusos, fiscalía, justicia » Publicado: a las 5:07 pm
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