Etiquetas: arte, bohemia, cultura, valparaíso » Publicado: 28/08/2012
La sensación de que es una verdadera tontería preferir el Mall a un viaje algo más largo, un poco más de una hora puerta a puerta en auto, para que la luz del puerto nos viste, nos despeje y (perdonen la redundancia) nos ilumine.
En años de ir y venir por el Cerro Alegre (el teatro es así, no da dinero, pero da viajes) me he encontrado en estos últimos fines de semana haciendo el monólogo de EL LOCO DE CERVANTES en un teatro que lleva sólo meses de funcionamiento, el Teatro Montealegre, situado en la plazuela San Luis, en la cima del cerro.
Alguna vez fue una bomba de bencina, hasta que una emprendedora nata, Carmen, anestesióloga de origen, creadora de raza de oficio, quien ya había creado un restaurante y un hotel (La Colombina) y se había unido a tantos más con ganas de embellecer el puerto de Valparaíso.
Ella dice que no le gustaba el teatro y que sólo elegía obras cortas, pero su olfato le hizo coronar Cerro Alegre con un edificio de estilo industrial con dos pisos, combinando material de demolición, antigüedades y una vista increíble al mar y a los cerros vecinos con un segundo piso de amplios ventanales que en la noche deja ver la miríada de luces de sus alrededores.
Me encuentro con artistas, arquitectos, gastrónomos, la mayoría porteños de pura cepa, que han decidido transformar los cerros a punta de PYMES y que el sol hace inolvidable un paseo entre esas calles almorzando en LE FILOU DE MONTPELIER, el ABTAO, el VINILO, las pizzas del Malandrino o la carta enriquecida espectacular del tradicional Café Turri por nombrar menos del 10%.
El Teatro Montelaegre aparece tan sólo como un paso más en la transformación de un territorio que ha pasado de un estado dudoso y hasta degradado a convertirse en sitio obligado de turistas y comensales con ganas de algo distinto. Han proliferado los lugares de alojamiento, desde los caros con todo tipo de comodidades hasta varios hostales o sencillos Bed & Breakfast que saben colmarse los fines de semana largos y las fiestas de guardar. Caminamos por sus calles comprobando el mejoramiento de sus veredas y la aparición de tiendas exquisitas como LA BELLE EPOQUE o TOURING CHILE y varias más, donde encontrar mucho del mapa gourmet de este país, galerías de arte como BAHIA UTOPIA o CASA E que además se alió con la librería Metales Pesados ofreciendo un mesón de títulos de lujo para cualquier ciudad.
A poco estar en el Cerro ya no dan ganas de bajar al plano ni menos acercarse a Viña que se convierte en sosa, pelolais y aburrida, sin estas calles hermosamente retorcidas de los cerros desde donde todas las vistas son bellas. Por mucho caminar se quedan cosas pendientes, la transformación de la Cárcel en Centro Cultural, el Cementerio de los Disidentes, los miradores y paseos desde donde, en un café cualquiera, leer el periódico a la luz transparente y amable de un asomo de primavera.
Tal vez sea de los sitios más interesantes de nuestro país aunque levante (cuándo no) polémica entre los mismos porteños. Hay quien dice que se siente en algo artificial, como Las Vegas, que acaso quién vive entre cafés y restaurantes. Hay quien acusa que se han alejado los porteños auténticos que antes ocupaban el Café con Letras y se ha llenado de una elite intelectual santiaguina. Lo de Las Vegas no lo veo. Nadie ha venido a construir moles de cemento decorado y se han conservado las antiguas casas quizás ahora con una función múltiple que tal vez no sea la habitacional. Si hay solo una elite no porteña no lo distingo.
Me encuentro con artistas, arquitectos, gastrónomos, la mayoría porteños de pura cepa, que han decidido transformar los cerros a punta de PYMES y que el sol hace inolvidable un paseo entre esas calles almorzando en LE FILOU DE MONTPELIER, el ABTAO, el VINILO, las pizzas del Malandrino o la carta enriquecida espectacular del tradicional Café Turri por nombrar menos del 10%.
Prima la imaginación y eso se contagia en belleza, en rescate de espacios, en la necesidad tal vez de salvarse del síndrome Bellavista (barrio algo sobresaturado de comida que ha desplazado al arte) enriqueciéndose con sitios culturales o cada vez mejores tiendas donde más que shopping se tenga una dimensión estética.
En Santiago estamos felices con el florecimiento del barrio Lastarria o el sector de la Avenida Italia. Son espacios hermosos de esparcimiento. Quizás para adultos, quizás para ciertos recursos, pero sin duda hermosos. Cerro Alegre, Cerro Concepción, los aledaños, son sitios de selección. Están realmente llenos de sorpresas.
En todos esos días trabajando en el Teatro Montealegre, no movimos el auto, fuimos y venimos a pie de todo, nos dejamos perder y encontrarnos. Cierto, la luz ayudó mucho pero también las chimeneas del hotel o las ventanas colmadas de color. La gente espléndida, los amigos contentos. La sensación de que es una verdadera tontería preferir el Mall a un viaje algo más largo, un poco más de una hora puerta a puerta en auto, para que la luz del puerto nos viste, nos despeje y (perdonen la redundancia) nos ilumine.
Etiquetas: arte, bohemia, cultura, valparaíso » Publicado: a las 12:36 pm
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