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Carlos Ernesto Sánchez

Escritor y presidente de ONG Centro de Estudios del Medio Ambiente y Defensa de los Animales.

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Etiquetas: , , , , » Publicado: 01/08/2012

Si, lo soy… ¿y qué?

Esta es la hora para que todos en el día a día vayamos educando, que estigmatizar a personas por su diferencia conduce a hechos repudiables, que avergüenzan, dolorosos como la muerte de Daniel Zamudio.

En el marco de la ley anti discriminación, se presentó ante la justicia el primer caso que afecta a una pareja de lesbianas. Muchachas que quisieron entrar a un motel, donde no se permitió el ingreso diciendo que allí sólo permitían parejas heterosexuales.

El administrador de dicho recinto, como argumento a su favor, plantea que tienen en su cadena de locales uno especialmente habilitado para gays y lesbianas.

En esta declaración el hombre muestra en toda su profundidad la ignorancia en el tema, y queda patente que, primero, no permitir el ingreso al motel de calle Marín es un acto agresivo y discriminatorio. Lo segundo, tener un local especialmente habilitado para gays es absolutamente discriminatorio. Expresión de algunos de querer segregar a personas por color, nacionalidad, etnia, sexo, religión u otros.

El respeto, la expresividad del amor no es patrimonio de los heterosexuales. Ser homosexual o asumir la vida desde otra mirada, no es un pecado que grite al cielo ni el fin de mundo. El pecado está en aquellos que quieren castrar los sentimientos…

Desde siempre me he negado a asistir a los locales “ghetto”, donde se permite que personas del mismo sexo vivan su conquista o amor en la oscuridad, escondidos.

A nadie escandaliza que parejas hombre-mujer muestren sus sentimientos en público. Un beso es un beso. La caricia tierna que refleja respeto por el otro y que se traduce en manos unidas, tierno abrazo, un susurro cómplice, no tiene nada de malo. Por el contrario, es la proclama testimonial de que el amor existe.

El respeto, la expresividad del amor no es patrimonio de los heterosexuales. Ser homosexual o asumir la vida desde otra mirada, no es un pecado que grite al cielo ni el fin de mundo. El pecado está en aquellos que quieren castrar los sentimientos, con resultados que vemos por ejemplo en la realidad de la Iglesia Católica. Una Iglesia que condena al silencio al homosexual que vive en su seno le impone cargas de abstinencia y represión sexual, no dejando que el individuo que siente la llamada a ser pastor y liturgo, según su fe, pueda casarse o vivir su amor desde su vereda con pleno respeto a su opción.

La ley antidiscriminación es un paso importante, aunque debe ser perfeccionada, escuchando a los movimientos que trabajan dichas temáticas, para terminar con la lacra de la discriminación, pero también debe ser instrumento para educar a sectores radicales que se expresan en partidos políticos defensores de una falsa moral, iglesias fundamentalistas, incultas y fanáticas, y otras expresiones fascistas.

También en sectores del llamado progresismo, se levanta con fuerzas la homofobia. El mismo Partido Comunista no sólo arrastra una secuela de discriminación sino que la vive hasta hoy. El gran escritor Benjamín Subercaseaux no fue aceptado en la tienda de la hoz y el martillo, por ser homosexual.

Gladys Marín no usó el movimiento homosexual con fines electorales. La dirigente comunista –de quien tuve el honor de ser su amigo- trató de abrir las puertas y construir izquierda con todos, incluyendo a los homosexuales. Nunca el PC lo aceptó ni dejó espacios para los antes nombrados. A la muerte de Marín se cerraron las puertas y no se trabajo más el tema.

Hace pocos días viví el caso, donde el encargado de control y cuadros del PC, instruyó a su hermano militante y a otro personaje, para que no trabajara con un comunicador sólo porque éste es homosexual. Al personaje cuestionado se le despidió de su trabajo temporal, hecho que esta viéndose bajo el patrocinio del Mums.

Esta es la hora, para que todos en el día a día vayamos educando, que estigmatizar a personas por su diferencia conduce a hechos repudiables, que avergüenzan, dolorosos como la muerte de Daniel Zamudio.

Las mofas, caricaturas, actos que ridiculicen como lo hizo un humorista en el festival de la canción a personas por su condición, deben ser castigadas y repudiadas.

Las muchachas que fueron ofendidas al no permitir su ingreso a un motel, por ser lesbianas, deberían ser compensadas con disculpas públicas y una reparación monetaria por el daño causado.

Los mismos que discriminan a los homosexuales son quienes sienten una superioridad frente al migrante, al bajo de estatura, al pobre o al que vive en los sectores periféricos de la ciudad.

Las elecciones municipales y luego las de congresales, son momentos privilegiados para castigar con el voto a quienes se oponen a temas de la llamada agenda valórica.

Grupos con poder económico que, aliados con sectores tradicionalistas de iglesia, imponen sus fundamentalismos atacando las propuestas serias de ONG u otras organizaciones que la sociedad se ha dado para enfrentar sus problemas. Las elecciones deben mostrar el repudio de una sociedad organizada, que no debe aceptar ninguna discriminación.

Si hoy se cuenta con una ley, que castiga la discriminación, no es por la gratuidad y generosidad de la clase dominante. Las luchas de las organizaciones han marcado una pauta, donde sangre de pobres, migrantes, mujeres, hermanos gay, recibieron palos, gases, mofas, portadas insultantes y hasta la muerte, por el derecho a su diferencia.

Hoy, junto a las muchachas lesbianas me paro desafiante, con mi bandera de amar a quien quiero, sin miedo evoco el recuerdo de quienes han dado su vida en esta lucha por el derecho a ser diferentes.

Etiquetas: , , , , » Publicado: a las 12:13 pm

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