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M.Estela ORTIZ ROJAS

Hija de Fernando Ortiz Letelier, detenido desaparecido en 1976.

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Etiquetas: , , , , , , » Publicado: 27/07/2012

El regreso de nuestros padres

Cuando un padre fallece, se cumple el rito sanador de acompañarlo a la última morada, se siente el dolor y se explican al interior de las familias las razones de su partida, se procesa y se continúa con la vida, pero cuando un padre demora 36 años en regresar a nosotros para cumplir con este rito, es inexplicable.

Es también inexplicable y atroz, por cierto,  conocer las causas y  detalles de la muerte que enfrentaron mi padre, Fernando Ortiz Letelier, y tantos otros padres como Horacio Cepeda y  Lincoyán Berríos. Estos asesinatos y miles más, a la luz de la historia de nuestro país,  son repudiables y condenables  políticamente.

Absolutamente nada justifica la acción misma de los asesinatos, la falta de humanidad, el silencio y complicidad de quienes ejercieron y fueron testigo del terror y de una justicia que observó indiferente nuestro recorrido en búsqueda de la verdad  durante 36 años. Este proceso por encontrar  justicia vio crecer a nuestros hijos.

El asesinato de mi padre, como lo fue el de mi compañero y padre de mis hijos el año 1985, se produjeron al amparo de un gobierno y sistema que concentró el poder  para delinquir,  asesinar y destruir las bases de una naciente nación que tuvo la posibilidad de construir un país de justicia, solidaridad, respeto y mejores condiciones materiales de vida para millones.

Fernando Ortiz Letelier fue mi padre, el militante, académico, maestro y amigo. Fue esposo, compañero y guía. Sufrió la tortura, la crueldad y la muerte a manos de hombres que ejercieron el poder para la destrucción. Y hoy que lo despido no puedo más que sentir no haber compartido más tiempo con él, que mis hijos lo hubiesen vivido.

El gobierno de la muerte, o la dictadura chilena, como muchas otras de Latino América, lideró el proceso de destrucción selectiva de honestos hombres y mujeres que dedicaron sus vidas a la construcción de nuevos y justos proyectos de sociedad. Personas dedicadas al noble ejercicio  de trabajar por un Chile de justicia. También destruyeron el presente y futuro de generaciones que tuvieron que crecer en la miseria material y cultural, porque mientras ellos se apropiaban de las riquezas del país y concentraban el poder para la destrucción humana y material, reinó la ignorancia, la falta de sensibilidad, la intolerancia, la falta de respeto por la vida y la cultura. Hoy todavía reina la complicidad.

Conocí del valor y trascendencia de acceder a la cultura,  la ciencia y el conocimiento, de un padre que entendía el desarrollo de la sociedad cuyo centro articulador eran las oportunidades para que cada mujer y hombre potenciaran y desplegaran sus capacidades. Lo hacía desde su intachable condición de militante y riguroso académico de nuestra universidad de Chile. Fue formador de jóvenes obligados a ser testigos del  horror y la muerte que desplegaron.

Los máximos exponentes  de la dictadura, de la muerte y brutalidad, tendrán que explicarles a sus hijos y nietos sus acciones, podrán decir que no pudieron hacer nada, que no sabían lo que sucedía, pero la historia y la justicia se encargarán  de señalarles sus responsabilidades directas, porque los antecedentes históricos nos indican que no existió desconocimiento, sino complicidad e indiferencia ante tanta muerte y sufrimiento.

El patrimonio de la cultura, la vida y la justicia nos embarga a quienes recorrimos pasillos, golpeamos puertas, recorrimos calles, gritamos y arriesgamos todo en búsqueda de la verdad, en la búsqueda de nuestros  padres, hijos y hermanos. Nos embarga el respeto por nuestros particulares y colectivos actos por encontrar  justicia. La dignidad de estos actos se transmite a nuestros hijos y nietos. ¿Qué le transmitirán los cómplices de la dictadura a los suyos? No dejo de sentir dolor por ello, por la injusticia que significará para tantos el saber y conocer de las conductas inhumanas de los suyos.

Hoy cuando despido a mi padre he vuelto a ser hija,  a recordar sus cálidos abrazos y sus palabras cargadas de justicia y humanidad. Recuerdo su forma de actuar, siempre asumiendo y haciéndose cargo de las necesidades de una sociedad donde no existían los otros diferentes, éramos todos en búsqueda de mejores condiciones de vida.

Fernando Ortiz Letelier fue mi padre, el militante, académico, maestro  y amigo. Fue esposo, compañero y guía. Sufrió la tortura, la crueldad y la muerte  a manos de hombres que ejercieron el poder para la destrucción. Y hoy que lo despido no puedo más que sentir no haber compartido más tiempo con él, que mis hijos lo hubiesen vivido. Nos arrebataron parte de nuestras vidas, pero sobrevivimos para hacer justicia y denunciar a aquellos que todavía se niegan a otorgarla.

Fernando Ortiz junto a sus hijos Estela, Pablo y Licha

Etiquetas: , , , , , , » Publicado: a las 7:02 pm

COMENTARIOS »
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  • http://twitter.com/paula2silvadiaz Paula Silva Diaz

    ay Estela, que injusta y feliz la suerte de muchos al contar aun con nuestros padres. nunca he sabido decir esto pero te acompaño en tu dolor, que por fin te permitirá cumplir un duelo

  • jaime bravo

    un abrazo, pero tus hijos tienen miles de abuelos que se le parecen, miles de padres que se le parecen, todos ellos luchadores que sobrevivimos al horror, tube la suerte de ser amigo de jode Manuel…me hace falta, siempre.
    Jaime Bravo

  • http://www.facebook.com/wilson.cespedes.7 Wilson Cespedes

    Gloria eterna para nuestros mártires. Creyeron que los mataban y están más vivos que nunca.
    Fernando Ortiz ,Horacio Cepeda y Lincoyán Berríos Mil veces Venceremos !

  • http://www.facebook.com/profile.php?id=712853530 Ricardo Casado

    Felicitaciones por su carta de despedida, tan clara y justa. Su padre no cayó en el olvido, él y su combate por mas justicia y un Chile mejor. Un gran abrazo.

  • http://www.facebook.com/profile.php?id=1303273588 Eduardo Toro

    Un saludo de amor, amistad y solidaridad con su familia . Somos muchos los que nunca le hemos dado la mano o un abrazo a quienes como ustedes les ha tocado el dolor de perder a un ser querido de esta forma en unos de los periodos màs oscuros de nuestra historia . Creame que el nombre de su padre asi como de su compañero estàn en la conciencia colectiva de miles de chilenos …Un largo abrazo

  • Gabysal

    María Estela, pude compartir tu trizteza, tuya y de Licha, al despedir a tu padre, ser humano especial y maravilloso! Un abrazo cariñoso!!

  • Carlos F Garcia Bustos

    Su memoria continuará luchando en la construcción persistente de nuestra historia patria.
    El mundo actual ha vigilado nuestra historia para purificarla y evitar el contrabando de colgar en sus gloriosas páginas a los indeseables traidores culpables de las desapariciones, torturas, asesinatos, persecusiones, etc.
    La Gran Traición con sus odiosos aúlicos o compinches que todavía defienden lo indefendible quedará en la historia como un pasaje cruel y tenebroso donde los hijos y nietos de esos traidores y sus compinches deberán encarar en el futuro la vergüenza de los actos de sus contumaces progenitores.

    Mientras nosotros insistimos en la búsqueda de nuestros seres queridos. Los nietos e hijos (y todos sus descendientes) de la Gran Traición ellos los repudiarán con el olvido y sentirán la gran vergüenza.

  • Pedro Amaro y Zinaida Reyes

    Estela,si nuestras palabras de apoyo pudieran darte la paz y calmar en parte tu dolor,recuerda que hay millones de amigos y compañeros junto a tí.

  • http://www.facebook.com/Mabealci53 Maria Altamirano

    Emocionante despedida.
    Que quieres que te diga, si todos estamos unidos por un mismo dolor,nos quitaron lo que mas amabamos, la libertad, pero jamas nuestros ideales, con lucha y constancia la recuperamos despues de 17 años, compañera todavia nos queda camino por andar.
    Hoy que somos mujeres, vamos por el mundo contando la crueldad que sufrio nuestro pueblo por pensar y desear un mañana mejor . . .Un abrazo calido, de hermana de lucha, no estas sola, somos miles las personas que sentimos tu dolor.

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