Etiquetas: casen, pobreza, sociedad » Publicado: 24/07/2012
¡Basta, los pobres no pueden esperar! Buena frase del papa polaco. No pueden esperar, ni permitir ser reducidos a un número.
Basta dar una mirada a la cruda realidad de nuestros barrios, para que la pregunta en torno a si han disminuido los pobres en Chile sea respondida. El hacinamiento, el medio comer, viajar colgados de las micros a trabajos con sueldos de miseria. No tener derecho a salud ni educación de calidad, vivir bajo la amenaza de la violencia, que se toma barrios y calles donde la droga es la reina de la realidad.
Los pobres no han disminuido. Úsese el método para medir que sea, la respuesta es la misma, los pobres siguen allí. Son la realidad de todos los días en un Chile que duele, ante tanta desigualdad.
Es escandaloso ver en programas de televisión cómo los pobres son tratados como un número que sirve para propagar los éxitos del gobierno de turno, o para descalificar al anterior. Los curas gritan condenando las desigualdades, pero no abandonan los colegios exclusivos para las clases adineradas. Es cierto que algunas congregaciones ejercen su apostolado entre los pobres de los pobres. Un asistencialismo necesario pero que no conduce a la organización de los marginales exigiendo sus derechos.
Los pobres en Chile escarban la basura. Y desde esos tachos seleccionan lo comestible para luego hundirse en el alcohol y así soportar los fríos de la noche, la soledad y el abandono.
Los pobres no son un número, son la realidad que golpea por las noches, cuando en las puertas de los bancos, arrinconados, ebrios, semidesnudos, hambrientos, duermen capeando el frío.
No hay que enfrascarse en grandes peleas para constatar que no se puede decir que ha bajado el número de pobres, cuando las noticias nos muestran la cara violenta de la marginalidad. La injusticia de sobrevivir, de mirar por medio del consumismo en la vitrina burlesca de la televisión, hace que la violencia se desate en calles asaltando, robando, asesinado.
He dicho muchas veces que mientras la injusticia ejerza su reino en medio de los pobres, no habrá paz.
Son demasiadas las familias en Chile que viven con una taza de té y un pan, y de vez en cuando un poco de arroz blanco, con pino de cebolla o huevo. Ese es el alimento de grandes sectores de la población. Viviendo en departamentos pequeños de 2 dormitorios, de pequeñez que no permite más que una cama pequeña. Edificios donde no se vive la intimidad, colgados de la energía para calefaccionarse con estufas eléctricas, sin patios, rodeados de narcotraficantes, y con contaminación acústica que aturde la nefasta realidad que se vive.
Los pobres en Chile escarban la basura. Y desde esos tachos seleccionan lo comestible para luego hundirse en el alcohol y así soportar los fríos de la noche, la soledad y el abandono.
Me violenta que se diga que algunos abandonaron la condición de pobres, porque así lo determinó una estadística. Tal vez, esos que abandonaron la pobreza según las cifras hoy puedan comer un poco mejor, porque todos en esa casa trabajan. Padre, madre e hijos, todos por las mañanas colgando en un bus en busca de pesos mal pagados que ayudan al presupuesto familiar, eso con el costo de hijo que debe trabajar y no estudiar, que la madre abandona el hogar dejando a la suerte de la calle a niños menores. Que nadie de esa casa debe soñar con comprar un libro, o ver una película en cine, o viajar para conocer nuevas realidades. Están condenados a la vida del sueldo mínimo y a ser la excusa, para que los políticos sigan hablando y pontificando en nombre de ellos. La pobreza da dividendos políticos.
Estos pobres de pan y vivienda y escaso dinero, tienen que vivir la dura realidad del día a día, pero también vivir la esperanza que en la organización en los temas que los atañe, pueden generar soluciones de poder frente a un Estado y políticas egoístas diseñadas desde los poderosos para mantener sus privilegios de clase.
Hay otros pobres que son los que van corroyendo los cimientos de la sociedad, los políticos profesionales que para mantenerse en el poder, pasan sobre toda norma ética, amparados en el cargo que ostentan. Ministros con acciones en universidades cuyo fin es el lucro, políticos que luego se enriquecen haciendo lobby para grandes empresas, congresales que invierten en sus reelecciones para seguir abultando sus bolsillos de dinero. Estos son los pobres de espíritu, los que delinquen con la elegancia de la impunidad.
Son los que ayer se presentaron con el discurso y el apoyo, que hoy borran con el codo. Los que no conocen el trabajo con horario, sino el discurso lo baten como la herramienta para mantener vigente su profesión de parasito de las grandes mayorías empobrecidas.
¡Basta, los pobres no pueden esperar! Buena frase del papa polaco. No pueden esperar, ni permitir ser reducidos a un número.
Los pobres, sujetos de respeto, a quienes debemos sacar de su situación, sin mayores tardanzas. No son una cifra sino una realidad que debería avergonzarnos.
Si la educación, pilar de todo progreso, en Chile está en manos de inescrupulosos que lucran con nuestros niños y jóvenes ¿qué más podemos esperar?
Etiquetas: casen, pobreza, sociedad » Publicado: a las 6:05 pm
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