Etiquetas: africa, islam, mali, salafismo, tombuctu » Publicado: 11/07/2012
El fanatismo salafista ha llevado a la destrucción del patrimonio cultural de una de las grandes culturas africanas que data del siglo XIV, en especial en lo que toca a su tradición escrita y arquitectónica. Hoy son quemados documentos del mayor valor histórico y son demolidos monumentos que forman parte del patrimonio de la humanidad.
Tombuctú ha entrado a la lengua castellana como sinónimo de un lugar recóndito. La ciudad en el norte de Malí, país situado en la región del Sahel o la amplia franja que separa las arenas del Sahara de las regiones meridionales, fue escenario de combates y ahora vive una pesadilla. Finalmente, los tuareg salafistas expulsaron a las tropas del gobierno maliense y ejercen en todo el norte del país la ley islámica, la sharia. El fanatismo salafista ha llevado a la destrucción del patrimonio cultural de una de las grandes culturas africanas que data del siglo XIV, en especial en lo que toca a su tradición escrita y arquitectónica. Hoy son quemados documentos del mayor valor histórico y son demolidos monumentos que forman parte del patrimonio de la humanidad.
Los tuareg suman unos 1,2 millones de individuos de la etnia bereber, agrupados en cientos de tribus nómades que circulan por el sur de Argelia, Libia, Malí, Níger y Burkina Faso, con sus ganados de cabras y camellos. Los tuareg nunca aceptaron las arbitrarias fronteras impuestas por las potencias coloniales. Tampoco han mostrado mayor respeto por los estados que emergieron tras la independecia.
“Son, en el sentido propio, los ‘integristas’, hostiles a toda innovación, descrita como ‘interpretación humana’. El proceder de los salafistas recuerda a los talibanes en Afganistán que en marzo de 2001 dinamitaron los famosos budas gigantes, algunos de 55 metros, esculpidos en roca en Bamiyán.
Ahora, sin embargo, la ancestral lucha de los tuareg es liderada por el grupo islámico salafista Ansar Dine que considera a las diversas ramas del Islam como impías y acreedoras a la destrucción de sus reliquias históricas. Sandá Ould Bou Amama, el líder del Ansar Dine, es explicito sobre la materia: “Vamos a arrasar con todo. Y habremos terminado pronto. No hacemos más que aplicar la sharia”. El salafismo, que en árabe significa compañeros (en este caso, del profeta Mahoma), desde mediados del siglo XIX predica el regreso a las tradiciones ancestrales. Ello en un rechazo al colonialismo europeo que impuso en el mundo árabe su cultura e ideología. El analista francés Gilles Kepel describe a los salafistas: “Son, en el sentido propio, los ‘integristas’, hostiles a toda innovación, descrita como ‘interpretación humana’. El proceder de los salafistas recuerda a los talibanes en Afganistán que en marzo de 2001 dinamitaron los famosos budas gigantes, algunos de 55 metros, esculpidos en roca en Bamiyán. Los integristas argumentaron que la demolición respondía a los preceptos religiosos que prohíben toda reproducción del cuerpo humano.
En lo que toca a los habitantes Tombuctú el terror es generalizado. Un testigo narró que la gente salió proteger los monumentos históricos entre los que se contaban mezquitas. Ante esto “los salafistas dispararon con sus kalachnikov y nos amenazaron con degollarnos si nos interponíamos”. La consolidación de Ansar Dine en el norte de Malí y otros países de la región ofrece un “hinterland” o retaguardia segura para una serie de organizaciones islamistas que han hecho suyo el método terrorista. Así constituyen una amenaza para las poblaciones locales por su violenta intolerancia y a nivel internacional por sus vínculos con grupos yihadistas.
Etiquetas: africa, islam, mali, salafismo, tombuctu » Publicado: a las 4:44 pm
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