Etiquetas: pinochet, politica » Publicado: 12/06/2012
Los aventureros que atacaron a chilenos que salían del Teatro Caupolicán de seguro no vivieron la terrible noche de la dictadura. Se debió dejar que realizaran su acto. No intervenir. Mostrar que Chile no olvida, pero no acepta provocaciones de aquellos que hicieron de la violencia su forma de vida y gobierno.
Las escenas que ocurrieron en el homenaje a Pinochet, a la salida del Teatro Caupolicán, avergüenzan. En el teatro, unas 1.000 personas gritando consignas a favor del ex dictador y su gobierno.
Marco escénico de fanáticos que voceaban con frenesí alabanzas al gobierno que, según ellos, salvó a Chile del comunismo internacional. Para ese grupo de personas, ni los mejores argumentos convencían de las torturas o de los detenidos desaparecidos. Por el contrario, leyendas ofensivas se referían a detenidos desaparecidos.
Los nombres de aquellos que la justicia determinó que eran culpables de crímenes, montajes donde se hizo desaparecer a personas, torturas y otros hechos cometidos por agentes del Estado, esos nombres eran coreados como héroes de mil hazañas que regresaron del campo de batalla.
Con la misma fuerza que condeno el homenaje a Pinochet, fustigo a los delincuentes que usaron los mismos métodos que usó la dictadura. No acepto la persecución, insultos, escupitajos, empujones en contra del ex ministro de la dictadura Alfonso Márquez de la Plata. No puedo aceptar las agresiones en contra de mujeres que llevaban la foto del ex dictador. ¿Cómo es posible que se agrediera a todo aquel que salía del acto?
Ni una sola mancha cubría el uniforme del homenajeado. Fuera de sí, mujeres gritaban frenéticas. Ni la razón ni la verdad tenían espacio en aquellos enajenados.
La exhibición de la película reforzaba sus convicciones donde todo era blanco o negro, sin matices. Un documental filmado a medida y precio de los solicitantes.
Un escenario para el rito de imponer la tergiversación de la verdad histórica. Invitados internacionales que reforzaban a Pinochet dictador y su régimen, expresión del terrorismo de Estado.
Aplaudían entusiastas representantes del franquismo que de mano del generalísimo llevo a la Madre Patria a la más feroz de las revoluciones desangrando a España. Otros aplaudidores eran cubanos en el exilio, que antes en tiempo de Pinochet usaron tierra chilena para organizar atentados y crímenes. ¿Qué hacían estos representantes del violentismo en este acto? Su presencia dejó clara la condición de dictador del general.
El acto fue una provocación. Es cierto que tenían todo derecho a realizarlo, aunque fue un acto de defensa de medios violentos, una apología de la violencia.
Con la misma fuerza que condeno el homenaje a Pinochet, fustigo a los delincuentes que usaron los mismos métodos que usó la dictadura.
No acepto la persecución, insultos, escupitajos, empujones en contra del ex ministro de la dictadura Alfonso Márquez de la Plata. No puedo aceptar las agresiones en contra de mujeres que llevaban la foto del ex dictador. ¿Cómo es posible que se agrediera a todo aquel que salía del acto?
Lo anterior recuerda los métodos que usó la dictadura en contra de aquellos que nos reuníamos en iglesias, o cuando despedíamos a uno de los nuestros en el cementerio. Todo aquel que haya vivido la dictadura, sabe lo que es la violencia.
Si luchamos en las calles, iglesias, poblaciones, sindicatos, en todo lugar en contra del régimen de facto, no fue para repetir los medios criminales que usaron. Al contrario, nuestro grito fue “no más violencia, ni crímenes, asaltos en medio de la noche”. Levantamos nuestras manos diciendo las tenemos limpias.
Derrotamos la dictadura entre otras cosas, por la fuerza moral, de hombres mujeres, jóvenes, en fin, un pueblo cansado de la violencia.
Los aventureros que atacaron a chilenos que salían del Teatro Caupolicán de seguro no vivieron la terrible noche de la dictadura.
Se debió dejar que realizaran su acto. No intervenir. Mostrar que Chile no olvida, pero no acepta provocaciones de aquellos que hicieron de la violencia su forma de vida y gobierno.
Al ver las imágenes de agresores –incluyendo algunos carabineros- destruyendo, no respetando ancianos, pregunto ¿qué hace diferente a Álvaro Corbalán de aquel que enarbolando la bandera de los derechos humanos agrede a otro que piensa distinto?
Se ofendió en las afueras del teatro, a nuestros héroes, mártires, desaparecidos, torturados, asesinados, violentados por la dictadura. Soñadores de una sociedad justa, respetuosa.
Criminales como Álvaro Corbalán, de seguro alegraron su corazón al ver escenas de violencia, donde la lógica de destruir todo se hacía presente.
Hermogenes Pérez de Arce, tiene material para seguir con la cantinela de que los adherentes de Allende y los gobiernos de la Concertación son nido de extremistas violentos.
Frente a defensores de la violencia, resulta que asumimos su lógica y vamos agrediendo, y a golpear se ha dicho.
Estos seres violentos no pueden caminar al lado de Viviana Díaz y de otras y otros dirigentes de autoridad moral en Chile. Estos hombres y mujeres de la Agrupación de Detenidos Desaparecidos, son reserva moral. Testimonios vivientes del dolor y de la lucha incansable por la verdad y el respeto a toda persona.
¡Por favor, no demos la razón a la dictadura, ellos usaron la violencia, no usemos sus métodos! ¡Respeto, respeto!
Los jóvenes deben saber que en contra de la dictadura no fue la violencia la que se impuso, fue la no violencia, la unidad.
La noche que derrotamos la dictadura, abrazados lloramos en las calles, estábamos dando pasos para derrotar la muerte. No es tiempo de volver a las llamas dantescas del dolor y la destrucción.
Etiquetas: pinochet, politica » Publicado: a las 12:30 pm
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