Etiquetas: europa, grecia, internacional, mundo » Publicado: 31/05/2012
La nueva elección, más que elegir gobernantes, será un referéndum sobre el euro, toda vez que las ayudas financieras negociadas por un gobierno de tecnócratas no electos por nadie (toda una paradoja en la cuna de la democracia), o no han dado el resultado esperado o, aún peor, los ajustes y acuerdos parecen haber sido rechazados por el electorado.
¿Sobrevivirá la propia noción de la Europa unida a la crisis económica? ¿Qué pasa si no sólo Grecia, sino también otros países en dificultades se retiran o son expulsados?
La verdad es que Europa recién está empezando a hacerse esas preguntas, confundida porque nada parece estar dando resultado y, si alguna consecuencia han tenido sus políticas, es empeorar en vez de mejorar la situación.
Europa ha hecho sus tareas en forma tardía, por lo que nadie parece tener claro si lo que debe predominar es la lógica política, pero lo cierto es que ninguna de las dos parece estar funcionando.
Por cierto que abandonar el euro representará una serie de problemas de muy difícil solución. De partida, además de la cuasi imposibilidad de mantener en secreto una decisión de ese tipo, ¿cómo evita Grecia convertirse en paria para los financistas internacionales? O aún más grave, ¿cómo se impide una fuga de capitales masiva y la consiguiente imposición de un “corralito”?
Es lo que ocurrió en Grecia, donde ni siquiera el último recurso de una democracia, como es acudir a los electores, resolvió el problema, postergando todo para una nueva elección el 17 de junio. Pero, ¿qué pasa si ésta tampoco produce una respuesta clara? Lo anterior en el entendido que el deterioro no obligue a adelantar la fecha.
En definitiva, la nueva elección, más que elegir gobernantes será un referéndum sobre el euro, toda vez que las ayudas financieras negociadas por un gobierno de tecnócratas no electos por nadie (toda una paradoja en la cuna de la democracia), o no han dado el resultado esperado o, aún peor, los ajustes y acuerdos parecen haber sido rechazados por el electorado, partiendo por el apoyo a partidos que rechazan todo condicionamiento de ayuda externa, tal como el izquierdista partido Syriza, lo que fue acompañado por lo que parece ser un golpe mortal a los de apellidos que han marcado a Grecia desde el fin de la dictadura de los coroneles en 1974, ya que tanto el conservador Karamanlis como el socialista Papandreau y sus respectivas descendencias, son hoy rechazados por los electores.
Se acabó la alternancia y la previsibilidad de las decisiones, en un contexto donde, según Transparencia Internacional, Grecia es el país más corrupto de Europa, con la posición número 80, y por debajo de países como Túnez o Ruanda.
Sin embargo, lo más llamativo es que muy pocos griegos quieren el regreso a su antigua moneda, el dracma, ya que desean permanecer en el euro, al darse cuenta en forma artificial, esa ligazón les elevó el nivel de vida, por lo que en el fondo, no quieren volver a vivir como era antes de su incorporación, algo similar a lo que dicen los españoles en relación a las instituciones europeas.
Por cierto que abandonar el euro representará una serie de problemas de muy difícil solución. De partida, además de la cuasi imposibilidad de mantener en secreto una decisión de ese tipo, ¿cómo evita Grecia convertirse en paria para los financistas internacionales? O aún más grave, ¿cómo se impide una fuga de capitales masiva y la consiguiente imposición de un “corralito”? Problemas que se agregan a la logística de imprimir los billetes de una moneda ya desaparecida como el dracma y, por lo tanto, la cuasi inevitabilidad de tener que recurrir en el corto plazo a vales convertibles al dinero electrónico.
La situación es tan seria que el problema griego ha pasado a ser automáticamente el problema de Alemania y de Francia, por una razón mucho más importante que la pequeña economía griega: el posible efecto contagio, que en el día de hoy supera a economías como Portugal o Irlanda, y transforma nada menos que a España en el verdadero peligro político y económico para Europa.
El premio Nobel de Economía, Paul Krugman, considera inevitable una salida de Grecia del euro, por una razón a su juicio sencilla: ninguna de las alternativas que hoy existen trae consigo una solución. Agrega que el desastre no tiene remedio o una medicina que pueda ser tomada por pueblos hastiados de lo que él llama la “política zombie” de la Sra. Merkel.
Krugman agrega que ni siquiera Italia o España tienen soluciones, que aunque decidieran salir del ajuste y estimular economías, las decisiones relevantes sólo pueden ser tomadas en Berlín.
Y este es el tema de fondo de la tragedia europea: por no haber actuado a tiempo, en el día de hoy el gran riesgo ya no está en Grecia, sino que nada menos que en España, exactamente en aquel país que cayó de muy alto, y que con arrogancia, sintiéndose rico, empezó a dar lecciones no sólo a su propio pueblo, sino al resto del mundo, en una variedad de temas, que iban desde lo financiero a los derechos humanos.
En otras palabras y como conclusión, con una buena cantidad de bancos pequeños en quiebra técnica, el foco de la crisis se ha trasladado del problema interno griego a la complicada España. Es en ese contexto hay que tomar con toda seriedad el reconocimiento que hiciera el ministro español de Finanzas Luis de Guindos: “La batalla por el euro se librará en España” Terrible, doloroso, pero cierto.
Etiquetas: europa, grecia, internacional, mundo » Publicado: a las 1:19 pm
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