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Rodrigo Castillo

Abogado y coleccionista de arte

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Etiquetas: , , » Publicado: 31/05/2012

Cuando el arte cambió

Tal vez uno de los mejores ejemplos de esta evolución sea la de un solo artista quien, qué duda cabe, logró en una vida hacer progresar el arte desde lo conocido, hasta un umbral impensable antes de su trabajo. Nos referimos a Pablo Picasso.

En una columna anterior comentaba que una de las características del arte contemporáneo es su renuncia a la capacidad y posibilidad de representar la realidad. Sin embargo, para llegar a ese punto, que se consolida de manera más o menos categórica en la década de los 60’s, necesitamos retroceder algunas décadas para establecer el momento en que el arte deja de intentar siquiera reproducir de la manera más vívida posible la belleza.

Sé que para muchos de nosotros esto parece una contradicción.

Si el arte no refleja belleza, entonces ¿qué sentido podría tener?

Como siempre, en materia de apreciación estética, la respuesta es difícil. Durante siglos el propósito más o menos declarado de las manifestaciones artísticas fue la reproducción de la naturaleza, y la técnica evolucionó para que ese intento fuera cada vez más perfecto. En contraste, en cambio, las principales polémicas se manifestaban en los temas de las obras. Temas clásicos o escenas griegas eran permitidos y apreciados. Temas profanos, como una mujer en el baño, eran considerados escandalosos, aún cuando en ambos casos lo que presenciamos es la escena de una mujer desnuda ejecutada con gran maestría.

Sin embargo, más o menos al tiempo en que se inventa la fotografía (1839), la labor del artista como perfecto “imitador” de la realidad, se ve superada por la posibilidad técnica de conseguir un retrato “perfecto” de las cosas sin la necesidad de maestría o talento artístico.

Este hecho es fundamental para la historia del arte, pues a partir de ese momento, comenzamos a observar un tránsito acelerado desde obras aún academicistas (es decir, aún basadas en criterios relativamente fijos y enunciados por academias) hacia un arte que rompe con los cánones establecidos para buscar algo nuevo, distinto. Algo que no pudiera simplemente ser captado por el lente de la cámara.

En este camino, es el “impresionismo” el primer movimiento artístico de quiebre, y la obra de Claude Monet, “Impresión: Sol Naciente” de 1872, la primera pintura “impresionista” de la historia.

A partir de ese momento, y cada vez con más fuerza, los artistas comienzan a explorar las fronteras de su trabajo, y de manera gradual aunque consistente a alejarse de la “realidad” como objeto de sus obras para centrarse en aquello que subyace a esta realidad. Lo que queda luego de haber conocido. Y lo que queda no es una “fotografía”, sino la expresión de un instante. La imagen o el recuerdo. La idea, la forma.

Es así como nos encuentra el siglo XX, con una arte que no persigue la similitud ni privilegia la semejanza con lo que existe, sino que explora cada vez más profundamente en los sentidos del espectador. Colores, texturas, imágenes inacabadas. El pincel deja de usarse con delicadeza para que el resultado sea pulcro, y por el contrario comienza a buscarse cada vez más el regreso a las formas básicas.

Tal vez uno de los mejores ejemplos de esta evolución sea la de un solo artista quien, que duda cabe, logró en una vida hacer progresar el arte desde lo conocido, hasta un umbral impensable antes de su trabajo.

Nos referimos a Pablo Picasso.

Como podemos ver en esta serie de autorretratos, desde su período azul (1901), hasta el último que efectuara poco antes de su muerte en 1973, podemos ver como evoluciona no sólo su técnica, sino especialmente su idea acerca de lo relevante. De lo que se requiere para que una pintura o un dibujo exprese la idea, el sentido, la emoción que el artista desea manifestar.

Por supuesto, muchos pensarán, y con razón, que el primero de los tres es el más bello, tanto por la perfección de la técnica como por su colorido, y sin embargo los tres son obras maestras que reflejan, en distintos momentos de un mismo genio artístico, su particular visión acerca del objeto del arte.

Como podemos ver, el arte cambió cuando la perfección ya no fue capaz de ir más lejos. Cuando el genio y el talento para reflejar la belleza de la realidad fue superado por la tecnología y el artista debió refugiarse en aquello que no es posible repetir ni copiar con el lente de una cámara.

A partir de entonces, y claramente influido por el genio de los impresionistas primero, y de las diversas vanguardias, después, el arte contemporáneo ha continuado cruzando las fronteras hasta el punto de hacerse irreconocible a sí mismo. Al punto de provocarnos, conmovernos, angustiarnos o generarnos rechazo, dolor, asco o nostalgia.

Etiquetas: , , » Publicado: a las 1:36 pm

COMENTARIOS »
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  • http://www.facebook.com/dolores.chamorro.3 Dolores Chamorro

    Efectivamente el autoretrato en azul es una pieza que me encantaría colgar en la sala de mi casa, o en algún pasillo iluminado o el otro en que se muestra, jovén, un tanto asustado y delgado espanol en el exilio. El último testimonio de su creatividad más me parece una tomadura de pelo, sin embargo, sería incapaz de copiarlo. Es cómo el dibujo de un nino que estrena lápiz y papel.

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