Etiquetas: etica, filosofía, negocios » Publicado: 02/05/2012
Si las personas comienzan a dudar de sus creencias y verdades, relativizando el valor de la interacción social y optando por verdades sistémicas basadas en número y estadísticas, con el objetivo de crear credibilidad y acuerdos, finalmente, desarrollaremos una sociedad que sólo se base en aquello que es capaz de comprobar y ver.
Cuando nos detenemos y observamos la naturaleza, notamos que la mentira es parte esencial en el juego por la vida. La mentira está presente como un derecho inalienable de la presa por sobre el predador. ¿Un ejemplo? El camuflaje que utilizan ciertos animales, con objeto de aparentar ser lo que no son y con ello, engañar a sus atacantes. Esto pareciera entregar un mensaje claro: “mentir o morir”.
Desde un punto de vista natural, entonces, sería válido y hasta vital el uso de la mentira.
Nietzsche, en su escrito sobre Verdad y Mentira, plantea que la verdad, es una ilusión, de la que se ha olvidado que lo es. Metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible… Plantea que, a veces, necesitamos la ceguera y debemos permitir que ciertos errores y artículos de fe no del todo ciertos, permanezcan intactos en nosotros, mientras ello nos mantenga con vida.
En otras palabras, mentir es permitido, en tanto no seas descubierto. Si la mentira está presente en la naturaleza, filosóficamente es inherente al ser humano y espiritualmente es necesaria para mantener la vida y prolongarla más allá de la misma muerte. Entonces ¡debe ser legítimo mentir! ¡Todos tienen derecho a mentir! ¿Y?, ¿qué nos queda? Finalmente, a mi juicio nos queda que relativizar las verdades, que no son otra cosa que nuestros principios, sólo nos llevará a dudar al momento de tener que tomar una posición y respecto de ella, una acción.
Luego, si no existen verdades, si al parecer son múltiples ilusiones, si la filosofía humana, relativiza y deslegitima la verdad como una sola, entonces desaparece de la cotidianeidad de nuestras vidas el valor intrínseco que otorgamos a decir la verdad.
En la lógica empresarial, en la lógica de los negocios, la mentira tiene distintos “sinónimos”. Se le conoce como puntos de vista divergentes; interpretaciones de una misma situación; o bien, diferencias de opinión respeto de los alcances. Lo cierto es, que una verdad, tiene variadas presentaciones, dependiendo de los intereses que estén en juego.
En otras palabras, mentir es permitido, en tanto no seas descubierto.
Si la mentira está presente en la naturaleza, filosóficamente es inherente al ser humano y espiritualmente es necesaria para mantener la vida y prolongarla más allá de la misma muerte. Entonces ¡debe ser legítimo mentir! ¡Todos tienen derecho a mentir!
¿Y?, ¿qué nos queda?
Finalmente, a mi juicio nos queda que relativizar las verdades, que no son otra cosa que nuestros principios, sólo nos llevará a dudar al momento de tener que tomar una posición y respecto de ella, una acción.
Si las personas comienzan a dudar de sus creencias y verdades, relativizando el valor de la interacción social y optando por verdades sistémicas basadas en número y estadísticas, con el objetivo de crear credibilidad y acuerdos, finalmente, desarrollaremos una sociedad que sólo se base en aquello que es capaz de comprobar y ver. Perderá algo más que magia, perderá la oportunidad de cimentar una sociedad basada en la confianza y honradez y con ello, se distanciará de aquellas sociedades que sí son capaces de entenderse y creerse tan sólo con la palabra.
El perjuicio que lo anterior supone, radica sin duda, en la escasa valoración que una sociedad globalizada tenga de nuestras experiencias, en otras palabras, lo que Chile diga, a nadie le importará. No debemos permitir, que el derecho a mentir de los inescrupulosos, oportunistas y egoístas, termine socavando y estropeando nuestra sociedad y con ello, la capacidad de creer los unos en los otros.
Etiquetas: etica, filosofía, negocios » Publicado: a las 12:07 pm
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