Etiquetas: daniel zamudio, discriminacion, iglesia » Publicado: 04/04/2012
Usted, que quiere una sociedad no discriminadora, ¿qué le va a decir a sus hijos? ¿”mira ese desgraciado, lo que dice, deberían matarlo”? Si le dice eso, también le enseñará a odiar lo que es distinto de sí mismo.
En los últimos días, y especialmente con motivo de la muerte de Daniel Zamudio, la Iglesia Católica de Chile ha estado nuevamente en el banquillo de los acusados. Esta vez, no por la actuación de alguno de sus sacerdotes, sino por una conducta institucional que ha permeado lamentablemente a ciertos sectores de la sociedad y que necesariamente debe revisarse a la luz de la evolución de los comportamientos sociales.
En una declaración oficial, el arzobispo de Santiago, monseñor Ricardo Ezzati, afirmó que la Iglesia Católica había “acompañado” a la familia de Daniel Zamudio mientras el joven agonizaba producto de una golpiza, y que ese acompañamiento se expresó en las visitas que hizo en su nombre el vicario de la Esperanza Joven, además del envío de un ejemplar de la Biblia. Destacó el prelado que dicha presencia fue “sin prensa”.
No puede haber una sociedad inclusiva (es decir, no discriminadora) mientras los fundamentos de sus creencias y su cultura descansen en dogmas, en principios inamovibles que no se pueden cuestionar, en ideas que se escriben en piedra y que se transforman en plataformas desde las cuales algunos se sienten con derecho a pre-juzgar y condenar a los demás.
Pues bien, se ha de aclarar que eso no es un acompañamiento. El intento de brindar un consuelo espiritual a la familia de un moribundo no es acompañamiento. Que alguien se acerque a darme unas palabras de apoyo o a rezar un rosario por mí cuando estoy pasando por un momento de aflicción personal, no significa que me acompañe. Para sentir una compañía en todo el sentido de la palabra se debe manifestar una comunión emocional, empatía, sabe que aquel que se acerca siente lo mismo que yo. Una visita no es acompañamiento.
El acompañamiento esperable de una organización con raigambre y liderazgo espiritual como es la Iglesia Católica era un mensaje potente contra el sentimiento discriminador que persiste en la sociedad chilena, una voz de condena que expresara con claridad que ni en la enseñanza ni en el catecismo católico se apoya este tipo de conductas, de violencia no sólo física sino social hacia aquellos que son distintos.
Y en ese sentido, la Iglesia Católica debe dar un paso reconociendo que gran parte de ese odio hacia lo distinto, lo desconocido, proviene de su propia formación basada en dogmas. No puede haber una sociedad inclusiva (es decir, no discriminadora) mientras los fundamentos de sus creencias y su cultura descansen en dogmas, en principios inamovibles que no se pueden cuestionar, en ideas que se escriben en piedra y que se transforman en plataformas desde las cuales algunos se sienten con derecho a pre-juzgar y condenar a los demás.
Las declaraciones del abogado Jorge Reyes son una derivación de esa enseñanza. No son palabras aisladas de una persona aislada.
Por otra parte, y tomando en cuenta que el odio hacia lo que no está de acuerdo con uno es parte de nuestra sociedad, quienes abogan por un mundo sin discriminación, inclusivo, tolerante, deben ser los primeros en dar el paso hacia ello. Odiar a aquellos que odian lo que uno defiende, es otra cara de la misma moneda. Usted, que quiere una sociedad no discriminadora, ¿qué le va a decir a sus hijos? ¿”mira ese desgraciado, lo que dice, deberían matarlo”? Si le dice eso, también le enseñará a odiar lo que es distinto de sí mismo.
Etiquetas: daniel zamudio, discriminacion, iglesia » Publicado: a las 11:22 am
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