Etiquetas: américa latina, argentina, espionaje, gran bretaña, malvinas » Publicado: 09/02/2012
Para los que militamos en las filas de la no violencia y la paz activa, cada hombre o mujer que ha llegado a otro país, dio pasos en la larga fila de la vecindad. Todos buscamos prosperidad y paz. Los muchachos que murieron en las Malvinas, no sólo pertenecen a Argentina, son nuestros jóvenes del idioma común que gritamos nuestro repudio a la guerra.
Una verdadera sicosis, desarrollan autoridades peruanas, buscando espías chilenos, donde no los hay. Lo único que consiguen es titulares que enardecen a masas vociferantes nacionalistas que quisieran en cada momento enrostrarle a Chile un pasado no muy glorioso para nuestros hombres de armas.
Ninguna guerra es honrosa, menos cuando los actores de la misma fueron dejando una secuela de tropelías contra mujeres, ancianos y niños.
Los vecinos del barrio están inquietos. Por un lado Perú y este permanente recordarnos que no olvidan. Por otro Argentina denunciando urbit et orbi que los ingleses están militarizando y provocando con el tema Malvinas.
Es cierto, la presencia del Príncipe –heredero de una monarquía bastante escandalosa, que perdió hace años lo que constituye el ser del linaje real: el respeto y la autoridad moral- no ayuda a la paz. Menos con un portaaviones gigante recordando que tienen el poderío y que su presencia en el lugar es la reafirmación de que las Malvinas son su propiedad por ubicación estratégica y el petróleo que puede ser abundante.
No me gustan los argentinos. No entono mi voz para cantar tangos con ellos. La grandilocuencia y avasalladora personalidad me tira en cara el escupitajo que somos pequeños en personalidad, cultivadores del diminutivo y sobriedad de cementerio o de deudor compungido. Pero en este conflicto por las Malvinas, milito en la causa de la paz, y enarbolo la bandera a favor de Argentina.
No me gustan los argentinos. No entono mi voz para cantar tangos con ellos. La grandilocuencia y avasalladora personalidad me tira en cara el escupitajo que somos pequeños en personalidad, cultivadores del diminutivo y sobriedad de cementerio o de deudor compungido. Pero en este conflicto por las Malvinas, milito en la causa de la paz, y enarbolo la bandera a favor de Argentina.
No olvido y tengo claro que los gorilas uniformados argentinos iniciaron la guerra para cubrir e incendiar de nacionalismo la dictadura que se vivía en las tierras de Borges. Militares cobardes que iniciaron un conflicto bélico, enviando jóvenes sin preparación y con nada, donde se enfrentaron a uniformados preparados, con historial de participación en conflictos, además de material militar que los argentinos no poseían.
Estoy con Argentina y el llamado a la Paz de la Presidenta Cristina Fernández.
Una amiga dice que los amores se viven de a dos. Es cierto. Nuestra declaración de amistad y apoyo de parte del gobierno a Argentina, debe profundizar más los lazos entre los países. Ser constructores permanentes de la paz.
La amistad en el barrio no es sólida. Bolivia cada cierto tiempo lanza un reclamo por la salida al mar, tema que no debe salir de la mesa de diálogo. Dar paso al populismo buscando votos, no es carril para una solución al tema marítimo.
Perú, Bolivia, Argentina, Chile y otros países tienen por las calles a miles de hombres y mujeres que buscan fuera de las fronteras donde nacieron una oportunidad para lograr los sueños de vivir mejor.
Para los que militamos en las filas de la no violencia y la paz activa, cada hombre o mujer que ha llegado a otro país, dio pasos en la larga fila de la vecindad. Todos buscamos prosperidad y paz.
Los muchachos que murieron en las Malvinas, no sólo pertenecen a Argentina, son nuestros jóvenes del idioma común que gritamos nuestro repudio a la guerra.
La presencia del Príncipe en las Malvinas no es para destacarlo, su sólo merito es ser nieto de la soberana. Ha destacado en la prensa sensacionalista por sus escándalos y amoríos, pero no por inteligencia ni una cultura sólida.
Inglaterra tiene en su larga historia capítulos de aporte a la humanidad. También hay episodios hasta hoy de colonialismo y presencia en territorios que buscan ser libres.
Las pantallas del séptimo arte, ponen estos días el tema de Margaret Tatcher, la dama de hierro, quien no puede ni debe entrar en las páginas gloriosas de Inglaterra. Mujer extremadamente conservadora. Aniquiladora de sindicatos y movimientos sociales. Defensora de un dictador como Augusto Pinochet, a quien protegió hasta el momento de su libertad.
La sra. Tatcher escribió páginas a vergonzantes para los súbditos de su majestad y para los hombres libres y honestos del mundo.
En la hora que la paz se ve amenazada. Que los ingleses confían más en las armas y la prepotencia, levanto mi voz y escribo solidarizando con Argentina.
Los vecinos que tienen fija en la memoria la palabra “espías”, deben bajar la guardia y mirar bien a Chile. Verán miles de compatriotas que han hecho de esta tierra un lugar para vivir y trabajar en busca de progreso.
Para nosotros no son espías ni ciudadanos de segunda clase. Son hombres y mujeres libres, con derechos y deberes.
Crear un clima de paz es una obligación que tienen con su pueblo las autoridades peruanas. Una parte importante esta en Chile. Y eso de debe ser motivo de reflexión, al buscar, acusar y procesar a chilenos por espías. ¡Qué vamos a espiar, si en el barrio todos nos conocemos!
Etiquetas: américa latina, argentina, espionaje, gran bretaña, malvinas » Publicado: a las 1:03 pm
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