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Carlos Ernesto Sánchez

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Etiquetas: » Publicado: 01/02/2012

No son blancas palomas

El ministro de Justicia expresó que no eran “blancas palomas”. Tiene toda razón. No son querubines en las calles de la ciudad. Son delincuentes que la mano blanda de un sistema judicial con falencias los deja libres antes de que den sus datos en la portería de Gendarmería.

Cada vez que sucede algún hecho lamentable protagonizado por reos en cárceles chilenas, con motines y resultado de muerte para integrantes de la población penal, veo a familiares y amigos de las victimas gritando y llorando a raudales, histéricos, acusando a personal de Gendarmería de cuantiosas torturas en contra de los internos. Los familiares en medio del escándalo santifican al reo con máximas aureolas de generosidad, buen vecino, trabajador, hijo ejemplar.

Nada dicen del currículum delictual que han escrito a punta de asaltos, cogoteos, robos con intimidación y otros delitos. La prensa da tribuna para que estos padres, amigos, familiares amenacen e insulten al personal que los custodia y que por el incendio, revuelta e intento de fuga, pasan para la opinión pública de delincuentes a ciudadanos víctimas del hacinamiento y de la “injusta sociedad”.

Observando imágenes del último motín, fue difícil controlar mi indignación, por el descaro de aquellos que ante la muerte de un delincuente, olvidan el peligro para la sociedad que fue la existencia de ese ser. No digo que hay que fusilarlos, pero es necesario que sientan el repudio de  la sociedad ante sus actos delictivos.

El delincuente que ingrese a la cárcel debería tener clarísimo que cada vez que se encuentra internado en un recinto carcelario, éste debe ser pagado por él o sus familiares. Nada gratis. Soy católico, acepto y soy partidario de la pena de muerte. Debe aplicarse y no quedar en manos del Presidente de la Republica la facultad de impedir la muerte del delincuente por medio del indulto.

Hoy en chat telefónicos e internet se puede constatar la presencia de delincuentes llamando o contactándose desde la cárcel. Así como se comunican por estos medios, también los usan para seguir delinquiendo.

El ministro de Justicia expresó que no eran “blancas palomas”. Tiene toda razón. No son querubines en las calles de la ciudad. Son delincuentes que la mano blanda de un sistema judicial con falencias los deja libres antes de que den sus datos en la portería de Gendarmería.

Los ciudadanos estamos cansados de vivir rodeados de cámaras. No sirven. Policías que la mayor de las veces llegan tarde a los llamados de socorro de las víctimas. Y más encima saber que nuestros impuestos dan de comer a quienes buscan en la cárcel la residencia de ocio urdidor de nuevos asaltos y atracos en todo tiempo y lugar.

El delincuente que ingrese a la cárcel debería tener clarísimo que cada vez que se encuentra internado en un recinto carcelario, éste debe ser pagado por él o sus familiares. Nada gratis. Soy católico, acepto y soy partidario de la pena de muerte. Debe aplicarse y no quedar en manos del Presidente de la Republica la facultad de impedir la muerte del delincuente por medio del indulto.

Nuestra sociedad debe hacer oídos sordos a los gritos suplicantes de los familiares del monrero poblacional como del delincuente con grado que cumple condena por sus crímenes en contra de población civil. Estos también son delincuentes aun se llamen generales.

Los berrinches quemando colchones y los intentos de fuga, le significan al Estado millones de pesos por la reparación y reposición de lo perdido. Cada una de estas escenas aplaudidas desde el exterior debiera significar fuertes aumento de condenas y multas que alcancen también a familiares.

Hoy las cárceles son espacios de ocio, de más delincuencia. Contenedores donde se vive en su más amplia expresión la naturaleza caída.

Este ambiente repugnante poco a poco va –en no pocos casos- contagiando a jóvenes que sin una fuerte formación valórica buscan la carrera de Gendarmería, pero caen en las redes del dinero y secuela conquistadora de placer fácil.

No basta formar policialmente a los gendarmes, se requiere impregnarlos de ética, espiritualidad, sentido de familia. Un joven provinciano de paso exprés por la escuela de Gendarmería no está preparado sicológicamente para vivir en este submundo.

Corriendo el riesgo de que digan que gusto de la represión hacia los encarcelados, digo que cada uno debe hacerse responsable de sus actos. Nada debe ser perdonado. Así como no transo y firmemente sostengo que los crímenes de Contreras no deben permitirle ningún beneficio y afirmo que su caso daba para aplicarle la pena capital, por sus múltiples actos salvajes donde la muerte, era la salida mejor, ante la tortura y sufrimiento infligido a sus inocentes víctimas.

Los que hemos estado en manos de delincuentes y hemos sentido la ferocidad de sus agresiones, no podemos sino esperar que la justicia aplique leyes que le permitan ser duros con sentencias ejemplarizadoras.

Las palabras de Teodoro Ribera, fuertes y claras, son  buena señal. Ante la muerte por motines o intento de fuga, no hay nada que consolar. Los delincuentes murieron en su ley. La familia aunque se retuerza en gritos y desgarros histéricos, debe asumir su responsabilidad en lo construido en ese ser. El infractor es lo que permitimos que fuera.

La democracia se fortalece cuando se ataca con fuerza. La delincuencia  busca instalar su reino de terror en esta loca geografía. Una buena forma de empezar es decir con todas sus letras que los muertos en las cárceles, murieron en su ley; son delincuentes y no blancas palomas.

Etiquetas: » Publicado: a las 4:04 pm

COMENTARIOS »
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  • Rodolfodelosreyes

    La verdad, que lo que se dice son verdades a medias. Que pasa con esos otros delincuentes de “cuello y corbata” que roban más que todos los cogoteros juntos de Santiago y destruyen miles de familias y no pisan un solo dia la cárcel. ¿Los estigmatizamos como delincuentes? Y esos señores de uniforme que cometieron atroces crimenes contra la humanidad y están en hoteles cinco estrellas? Y se quejan… La verdad que en una soicedad injusta y desigual la ley no funciona igual para todos, y aveces esos reos pueden ser menos peligrosos que muchos individuos que andan sueltos y tienen poder.

  • Juan Bongo

    TOTALMENTE DE ACUERDO

  • Jaime

    No muy católico su comentario. Además, asume de antemano que estas personas son culpables a priori y que por lo tanto, merecen morir. Bien católico…

  • David Bahamondes

    Oiga, y si es que salen “libres antes de que den sus datos en la portería de Gendarmería” como usted dice, ¿Cómo es que están dedicados al ocio y a la delincuencia adentro de las cárceles? Y le recuerdo que la pena que se les ha impuesto es de privación de libertad, no de hacinamiento… ni tampoco que mueran ahí dentro.
    Por cierto, ni Contreras ni Krasnoff viven en las condiciones de los reos comunes. Peor aún, los sinvergüenzas que defraudan y profitan de un sistema económico que condena a millones a la pobreza, son prósperos empresarios y algunos llegan a muuuy altos cargos políticos.
    Lamento que haya sido víctima de delito pero por lo mismo haga un esfuerso para tener un poco más de objetividad.

    • David Bahamondes

      Fe de errata: “esfuerzo” va con z como el zorro. (Demasiado cerca la “s” de la “z”)

  • Luis José

    Asesinos y Cadena Perpetua: a una Isla del extremo sur, en medio del mar. Arreglensela como puedan.
    Ladrones: rehabilitación. sin resultados, trabajos para la Comunidad.
    Violadores de niños-as: muerte.
    Está bueno de que nosotros tengamos que pagar mediante los impuestos,
    los años de ocio de estas lacras.

  • Jovitabarriga

    estoy de acuerdo de que no son blancas palomitas hay dicho que dice “como pecas paga”

  • ecco

    Creo que estoy muy de acuerdo con las opiniones anteriores,pero tambien quisiera agregar que la ley deberia ser iguales para todos y es ahi donde esta el problema,pues aquellos delincuentes de guante blanco,aquellos crim,inales de uniforme ,aquellos politicos sinverguenza que usan su status de honorable para cometer todo tipo de sinverguenzuras y abusos,ellos tambien deberian de estar alli donde estan los delincuentes comunes o ellos los delitos que cometen estan en otro Codigo Penal .En la medida que empecemos a dejar la doble moral,podria empezar a empezar a poder a mirar con otros ojos la justicia chile.El delincuente que entra a una carcel sale despues de un periodo con un Titulo Profesional mucho mas amplio de el que tenia cuando entro.No quisiera tampoco ser injusto en mi apreciacion ya que si bien es cierto,tambien hay personas que estan ahi por esas cosas de la vida que nos juega una mala pasada,pero eso son los menosEl resto son carne de presidio pues su vida va entre entrar y salir de presidios pues hacen de las carceles su segundo hogar.

  • Anallul

    Acá, ocho años después de un asalto, con lesiones de por vida, debí escuchar, recien el 2011, que mi asaltante “se había rehabilitado”, sólo porque nunca compareció, obtuvo trabajo en una minera y pudo pagar una fianza de 200 lucas, mientras yo sigo anclada en mi sueldo de 250, porque las lesiones no me permiten desempeñarme ya en mi profesión. El estado le otorgó defensor y por cierto, conocí a cinco fiscales distintos en ocho años, que más puedo decir, ese es el sistema de justicia, atencion a victimas y testigos demoró tres años en fijarse en que necesitaba los apoyos…saquen sus conclusiones, la verdad, la justicia da para un manual de la burla al ciudadano común, esta es la república de los flaites, empingorotados o del rotaje, da lo mismo, ellos y ellas ganan…lo demás es pseudo humanismo y nada más

  • Cristina Soto Céspedes

    Sé que hay cosas que no se deben decir para no quedar de inhumano, poco cristiano o poco democrático, pero que cansados estamos muchos chilenos que tratamos de sacar a nuestros hijos adelante, con poca poca plata y mucho esfuerzo, de que estos delincuentes tengan tomado este país y vivamos a sobresaltos, sin saber si nos van a saltar a la vuelta de la esquina, si un depravado puede dañar a nuestros hijos amparado en el silencio, si un perro de “raza peligrosa” nos ataca a plena luz del día, sin un borracho al volante nos quita la vida. Esta democracia se está pareciendo a una dictadura de delincuentes, de ladrones, de pedófilos. No sé que más podemos esperar si la concertación ni la derecha se quieren poner los pantalones.

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