Etiquetas: internacional, medio oriente, siria » Publicado: 01/02/2012
Después de la interpretación flexible que Occidente dio a las resoluciones sobre Libia cabe suponer que Moscú vetará un voto que facilite un cambio de régimen en Siria. Así la trágica crisis de la nación árabe no tiene visos de concluir.
Siria vive profundas convulsiones sociales desde mediados de marzo. Todo indica que las fuerzas del gobierno del Presidente Bachar el Asad tienen el control relativo del país. Sus opositores, con considerable apoyo externo, han logrado mantener una resistencia contra el régimen pese a enfrentar la poderosa máquina militar de Damasco. Se ha llegado así, luego de millares de muertes (5.400 según estimaciones de Naciones Unidas), a una suerte de empate transitorio: el oficialismo no puede aplastar a la oposición en tanto que ésta no es capaz de deponer al régimen.
El dilema sirio es que el país, como muchas naciones árabes, es un mosaico de grupos étnicos y religiosos. La amplia mayoría de los 22 millones de sirios, un 75%, son musulmanes sunitas. Le siguen los kurdos, que suman 2 millones que viven en el norte, próximos a la frontera turca. Luego están los alauitas, que constituyen una rama del Islam chiíta como gran parte de Irak e Irán. Asad, al igual que parte importante de la oficialidad de las fuerzas armadas, pertenecen a esta denominación que suma 8% de la población.
Siria está sometida a enormes presiones internacionales. De un lado, Occidente y parte del mundo árabe encabezado por Arabia Saudita y Qatar militan por un cambio de régimen. Esto es casi un prerrequisito para, en algún momento no distante, enfrentar a Irán. Damasco es el único aliado solido de Teherán. Además, Siria es la retaguardia para la organización político militar Hezbolá que controla el sur del Líbano. También brinda apoyo decisivo a Hamas, la organización palestina que rige en la Franja de Gaza.
Los cristianos, ortodoxos griegos y católicos, suman 10% del país. Luego se sitúan grupos menores como son los drusos y los ismaelitas, ambos más próximos de la tradición chiíta. En su conjunto suman 1 millón de personas o sea 5% de la población.
Ante semejante diversidad -a la cual es necesario agregar las disparidades regionales y diferentes tradiciones- era esperable que la oposición, representada en el Consejo Nacional Sirio, muestre profundas divisiones. Es una constante que la unidad del poder es superior a la de sus opositores.
Como si todo lo anterior fuera poco, Siria está sometida a enormes presiones internacionales. De un lado, Occidente y parte del mundo árabe encabezado por Arabia Saudita y Qatar militan por un cambio de régimen. Esto es casi un prerrequisito para, en algún momento no distante, enfrentar a Irán. Damasco es el único aliado solido de Teherán. Además, Siria es la retaguardia para la organización político militar Hezbolá que controla el sur del Líbano. También brinda apoyo decisivo a Hamas, la organización palestina que rige en la Franja de Gaza.
La caída de Asad sería un golpe maestro para Israel que vería debilitados a sus enemigos inmediatos en las fronteras norte y sur y, por lo tanto, tendría mayor margen de maniobra para enfrentar a Irán. Rusia, por su parte, defiende su antigua alianza con Siria a la que le ha vendido buena parte de su arsenal. Además Moscú tiene, por tratado, el uso del puerto de Tartus, el único del cual dispone en el Mediterráneo. Después de la interpretación flexible que Occidente dio a las resoluciones sobre Libia cabe suponer que Moscú vetará un voto que facilite un cambio de régimen en Siria. Así la trágica crisis de la nación árabe no tiene visos de concluir.
Etiquetas: internacional, medio oriente, siria » Publicado: a las 4:36 pm
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